Nota: Hola, chicas/os, ¿cómo estáis? La verdad es que, hace un mes o dos (o más), cuando me fui, no quería volver a publicar por aquí, pero en todo este tiempo sin publicar me ha dado tiempo a recapacitar y, con todos los riesgos, creo que el día que me fui estaba bastante cabreada con la página y la gente que hace las normas. Pero he pensado bastante, y creo que no siempre todos están de acuerdo con lo que pensamos, además, no hay que darles el placer de que quitemos nuestras historias o las dejemos sin terminar, y por supuesto, vosotras/os, lectoras/es, no merecéis ni los cabreos sin sentido de los fickers ni que dejemos colgada una (aunque sólo sea aquí) una historia que os gusta. Igualmente, voy a seguir publicando en fanfic. es, así que si algún día me banean, ya sabéis, os veo por allí. ¡Un gran saludo a todas/os!
En el capítulo anterior: En una habitación de hotel, Neji y Hinata finalmente consuman la pasión que les corroe, pero alguien da el aviso y la prensa los persigue. Ahora Hinata está en el punto de mira, a punto de ser descubierta.
20. Contracorriente
La prensa, por todos lados, impedía que avanzaran con tranquilidad. Corrían como un par de locos huyendo, intentando no ser atosigados por los periodistas. Fue entonces cuando notó como su prima reducía la marcha. Estiró de su brazo, azuzándola a caminar, pero ella no se movió. Harto, se giró, y nervioso, vio como la prenda sobre su cabeza había desaparecido y lo único que cubría su rostro eran algunos mechones de cabello y su mano.
Joder, no podía perder la calma. Alguna solución habría para aquello. Sin pensarlo mucho, con el único fin de proteger su identidad, Neji arrastró a su prima hasta su pecho, ocultándole el rostro. La notó muy quieta, respirando con prisa.
—Dejadme pasar —dijo, cuando un par de micrófonos se posicionaron cerca de su cara. Su mirada era de advertencia—. No me jodáis.
—¿Quién es tu novia, Neji, o quizá es tu clienta? —le preguntó uno de ellos, con una sonrisa—. ¿Sabe tu familia que haces esto?, ¿cómo llevas los rumores?
Neji dio unos pasos y le miró tan mal que el periodista se apartó un poco, temiendo que se le ocurriera darle un puñetazo.
—Apártate del camino.
Los periodistas y paparazzi continuaron siguiéndoles hasta que, muy juntos, Hinata y Neji llegaron al parking, donde éste último tenía el coche.
—¿Puedes conducir? —preguntó Hinata, mientras Neji abría el coche y ella se metía en el asiento de detrás con rapidez.
—¿Tú qué crees? —al parecer, a él la retórica le gustaba. Neji abrió la puerta delantera y se introdujo en el coche.
—L-lo digo por la resaca —Hinata bufó, sintiéndose estúpida. Se tapó la cara, asegurándose de que no la vieran.
—No te preocupes tanto —contestó, arrancando el motor—. No hace falta.
Hinata suspiró y sin más, el coche comenzó a deslizarse por el parking. En el exterior, se podía escuchar a los periodistas quejándose de no haber logrado cruzar con el "famoso" Neji Hyuuga más que unas pocas amenazas. Conforme se fueron alejando, una calma tensa se adueñó del lugar, como diciéndoles que a pesar de la tranquilidad, algo no estaba del todo bien.
—¿Tienes hambre? —preguntó Neji cuando estuvieron fuera del alcance de los periodistas.
—S-sí —respondió Hinata con timidez. Por primera vez se daba cuenta de lo que le resonaban las tripas, cuando lo único que se había comido era el desayuno y... ejem, lo otro mejor no lo decía.
Pararon en una de aquellas cadenas de auto servicio de comida rápida y pidieron lo primero que se les ocurrió para saciar el hambre. Ambos odiaban esa clase de comida pero ni siquiera se lo dijeron el uno al otro. En ese momento no importaba.
En vez de comérselo en ese momento, Neji condujo un buen rato hasta encontrar un lugar apartado, que resultó ser un descampado de lo más solitario . A aquella hora, en aquella época del año, oscurecía pronto, así que cuando Neji paró el motor aquello parecía la boca del lobo. Hinata, nada inocente, pensó que aquello se parecía a aquellos típicos picaderos donde las parejitas iban a tener sexo.
Le miró, azorada, y todo su cuerpo se estremeció al recordar la aventura de la tarde.
Una mezcolanza de emociones se había adueñado de la mente de Hikari Hyuuga al ver aquellas imágenes en la pantalla: su hija junto a su sobrino, en un hotel, más de ocho horas… Tenía suficiente. Ya no quería oír más.
—No voy a dejar que sigáis insultando a mi sobrino. ¡Él nunca ha hecho algo así! —Hikari se levantó del sofá echa una furia—. ¡Me voy! No voy a seguir aquí perdiendo el tiempo.
Sin decir nada más, se encaminó hacia la salida del plató, dejando a todos los presentes boquiabiertos.
Cuando entró a la mansión aquella noche, vio a su madre sentada en el sillón, quien se giró al verla: parecía estar esperándola. Neji se había quedado fuera, dejando el coche en el garaje, así que en ese momento las dos estaban solas. Hinata se removió, inquieta. ¿Acaso había salido ya en televisión o las revistas lo que ellos habían hecho? Se quedó mirándola, como esperando el veredicto de su juicio, que la definiría como culpable o inocente.
—He estado en un programa de televisión esta noche por vosotros. Con el único fin de que no hablen de vosotros más mal de lo que ya lo hacen —comenzó, con voz suave—. No te voy a decir que no me sorprendió el reconoceros en televisión.
—¿Has ido...?
Su madre la interrumpió, elevando el tono de voz.
—¡Ocho o nueve horas en una habitación de hotel! ¡Quién coño se cree que habéis estado quietecitos sin hacer nada! —Hinata se sorprendió por las palabras de su madre—. Yo no, por supuesto. ¡Y con tu primo, tu sangre!
Su madre estaba furiosa. No la había visto así nunca con ella, sólo aquella vez, cuando su padre le había pegado, ella había estado así de enfadada con él.
—T-Tú no puedes hablar mucho sobre eso… —objetó su hija, mirando hacia el suelo.
Hikari abrió mucho los ojos al saber a lo que ella se refería. ¿Cómo se atrevía?
—¡Yo no soy su sangre! —exclamó—. ¡No puedes comparar una cosa con otra!
—¡No he hecho nada malo! —exclamó Hinata, defendiéndose. Los ojos le quemaron, llenos de lágrimas traicioneras.
—¿Qué esperas de Neji? ¡Él no siente nada por ti! —gritó su madre, cogiéndola por la pechera—. ¡Él no puede sentir nada por nadie!, ¡Sólo te ha usado!
Entonces, como una presa que se va llenando de agua, Hinata decidió que ese era su límite:
—¡Y tú qué sabes! —gritó, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Y a ti qué te importa lo que yo haya hecho, no es tu problema!, ¡Él tampoco te quiere, y lo sabes!, ¡Por eso me tratas así!
Los ojos de Hikari refulgieron con ira y su mano voló hasta la mejilla de Hinata, quien se cubrió la boca con las manos al notar el picazón, respirando con dificultad. Tanto tiempo aguantando, sin hablar, sin soltar todo lo que sentía. Todo aquello acababa pasando factura.
—¡No me vuelvas a pedir nada en la vida! —y diciendo esto, Hikari Hyuuga se marchó escaleras arriba—. ¡La próxima vez que veas a tu padre, te aclaras con él, seguro que ha visto "tus aventuras" con tu primo!
Hinata se estremeció al oír hablar de su padre. Él era algo que no podría evadir. Se sentó en el sofá, mirando hacia abajo, temblorosa. ¿Qué iba a hacer con eso? Se limpió las lágrimas como pudo, pero volvieron a salir más, silenciosas y calientes.
Vio a su primo pasar al comedor, y éste le echó una mirada muy intensa. Quizá en otro momento se hubiese derretido pero después de aquella discusión con su madre, no tenía ganas de nada, ni siquiera para soportar los juegos de Neji.
—No me mires así, todo esto es tu culpa.
—¿Quién te dice que no eres igual de culpable que yo?
Neji entró al cuarto de su tía, descubriéndola apoyada en el marco de su ventana, que estaba abierta de par en par. No entraba para disculparse, simplemente es que la curiosidad se lo estaba comiendo. ¿Qué había llevado a su tía a decir semejantes cosas abajo? En su interior, muy en su interior, podía comprenderlo. Caminó hasta donde ella estaba, recargándose él también en el marco de la ventana.
—¿No tienes frío? —preguntó, calmado.
—Vete, no quiero verte —Hikari miraba a un punto fijo en el horizonte, con el ceño ligeramente fruncido.
—He escuchado todo lo que le has dicho abajo.
Hikari giró la cabeza, mirándole con una intensidad poco propia en ella, cuando lo habitual era que estuviera calmada.
—¿Sí? Pues bien, ahora ya lo sabes —respondió—: Me has usado. Nos has usado a las dos.
—No, no entiendes nada.
—No. Sí que lo entiendo, Neji. Entiendo que es cierto lo que decían sobre ti —Neji agachó la cabeza un poco, pensativo—: eres… uno de esos que van por el dinero.
Una chispa de desdén cubrió la faz de su sobrino.
—Creo que te he demostrado con creces que eso no es verdad —se defendió.
La expresión de Hikari se relajó. Caminó hacia él y le cogió de las manos. Neji apartó la mirada.
—¿Qué te llevó a hacer algo así, acaso no nos tenías a nosotros para pedirnos ayuda? —Hikari le miró casi rogándole—. ¡No tendrías que haber hecho algo así, Neji, había otras opciones!
—No lo entiendes —Neji liberó sus manos de las de su tía con fiereza—. No podrías.
—Puedo intentarlo —dijo, comprensivamente.
—No, no lo entiendes… —mientras hablaba, Neji no se había dado cuenta de que su tono había ido subiendo gradualmente, volviéndose más hosco—. No había opciones, ninguna para mí... —en esta última frase pareció dudar.
Hinata se limpió las lágrimas mientras subía a su habitación. Oyó voces en el cuarto de su madre, y por pura e inocente desconfianza, se acercó. A pesar de parecer una cotilla, escuchó:
—¿Qué te llevó a hacer algo así, acaso no nos tenías a nosotros para pedirnos ayuda? —oyó—. ¡No tendrías que haber hecho algo así, Neji, había otras opciones!
—No lo entiendes... No podrías.
Hinata se quedó anonadada. Al leer aquellos papeles hacía poco o al escuchar todas aquellas noticias no se había creído lo de su primo pero, ¿es que acaso él estaba afirmando todo lo que se decía de él?
—Puedo intentarlo —dijo su madre, comprensiva.
—No, no lo entiendes… —le oyó subir el tono de voz—. No había opciones, ninguna para mí... —en esta última frase pareció dudar.
Hinata abrió la boca, sorprendida. No sabía qué pensar ni qué decir.
—Neji, sabes que haría cualquier cosa por ti —replicó su madre—. No entiendo cómo has podido hacerme eso, y con Hinata...
—No digas eso—murmuró Neji.
—¿Quizá no he sabido darte lo que querías? —preguntó ella, culpabilizándose—. ¿O es que...?
—Tú no has hecho nada —oyó—. Sólo que... —Neji pareció dudar de sus propias palabras—. No es lo mismo que contigo.
—¿Qué quiere decir eso? —preguntó su madre—. Maldita sea, Neji, ¡habla sin tapujos!
—Que el sexo no es lo único que ella me hace desear.
Aquella frase fue como una bomba para los sentidos de Hinata. Su corazón casi se salió de su sitio al oír aquella afirmación. Casi no podía creer en aquellas simples palabras. Por un momento, todo lo anteriormente dicho por Neji se esfumó y sólo quedó su sistema nervioso, atascado por impulsos que no supo cómo definir.
—¿Qué? —se oyeron unos pasos por todo el cuarto y la voz de su madre—. Repítelo, porque creo que no lo he entendido —la risa de su madre se oyó a través de la puerta—. ¿Va en serio?
—Sí —contestó el chico.
Por unos minutos, en el cuarto reinó el silencio. Después, la voz de su madre resonó en la habitación con rabia. —¿Te gusta, es eso? No me hagas reír, Neji. La quieres para lo mismo que a mí, y cuando te canses, ¡te buscarás a otra! —en esta última frase subió el tono de voz—. ¿Sabes qué? No eres más que una basura, ¡vete a la mierda!
Hinata se estremeció. La puerta se abrió en sus narices, dejando ver a una furiosa Hikari, quien al verla la miró con cara de muy pocos amigos. Por su rictus, se notaba que no estaba de muy buen humor, pero cualquiera con dos dedos de frente lo hubiese notado habiendo escuchado toda aquella conversación. Sin decir nada, la cogió de la camisa y la empujó al cuarto, haciendo que diera un traspiés y cayera al suelo.
—¡Mira, aquí la tienes: fóllatela, haz lo que quieras con ella! —dijo, señalándolo con dedo acusador. Los miró a ambos con unos ojos que expresaban su rabia—. ¡No quiero que volváis nunca a hablarme ni a pedirme nada!
Después de decir estas palabras, bajó a toda prisa las escaleras, no tardando mucho en dar un portazo al cerrar la puerta de la mansión. Poco a poco, los ojos de Hinata se llenaron de lágrimas, y sin poder evitarlo, rompió a llorar silenciosamente, secándose las lágrimas con los dedos inútilmente. Poco después, unas reconfortantes manos se posicionaron en su espalda, bajando hasta sus brazos y aprisionándolos un poco.
—No llores más —dijo con voz suave al oído—. Tú tienes la culpa, por ser una maldita voyeur.
Pasear por los bajos fondos de Tokio nunca había sido buena idea, a pesar de ir vestido casualmente y no con el habitual traje y corbata. Pero era la única manera de encontrar a alguien dispuesto a asustar, y si podía ser, hacer daño a una persona en concreto. No creía que un asesino a sueldo fuese lo ideal en este caso, además, no creía tener bastante capital para eso. Pero tenía otra cosa mucho mejor: la oficina de su tío estaba abierta durante toda la noche.
Bastaba con que Neji recibiese una buena paliza, de esas que te hacen repensarte las cosas. Se la merecía, simplemente, por amargarle la existencia, y sobre todo, por obtener las cosas antes que él.
Recorrió callejones, hasta encontrar lo que buscaba: un edificio antiguo escondido entre las callejuelas. Un lugar con bastante encanto a pesar de su situación. Su tío, a pesar de tener lo necesario para cambiar de lugar, se empecinaba en conservar aquel lugar para que sus chicos durmieran y trabajaran.
Al entrar, el lugar estaba ambientado con tenues luces, chicos apostados en sillones de piel granates exhibían sus encantos y olía a incienso de flores y a marihuana, dejando el ambiente cargadode erotismo. Caminó hasta el fondo del lugar, evitando mirar a los chicos y subió unas escaleras hasta la planta de arriba. Sabía perfectamente que podía entrar con confianza, así que abrió y vio como su tío se estaba encendiendo un cigarrillo.
—Mi querido sobrino —le saludó su tío en cuanto le vio entrar por la puerta—. ¿Qué te trae por aquí, Sasuke?
Su tío, Madara Uchiha, no tendría más de cuarenta años y desde la muerte de su padre, regentaba el negocio familiar. Sin embargo, aquel no era un negocio cualquiera: la prostitución con chicos jóvenes y guapos siempre vendía. Era muy lucrativo.
—Madara… Sólo quiero un favor. Necesito a unos cuantos de tus chicos para encargarme de alguien —habló, serio.
Su tío pegó una calada a su cigarrillo, se reclinó en su butaca y, muy resuelto, dijo:
—Entonces te prestaré a algunos de mi escolta personal.
—No, no quiero algo tan profesional… —Sasuke se dio prisa en negarse a aquello y sonrió, divertido—. Quiero algo como una paliza; nada de muertes.
Madara volvió a darle otra calada a su cigarrillo y bufó, entrecerrando los ojos. —Qué poco divertido entonces —sentenció—. Bueno… en ese caso…¿de quién se trata?
—Lo conoces: es Neji Hyuuga.
—¿Y qué te ha hecho el chico? —preguntó, con los ojos más abiertos—. Me acuerdo que el chico no hablaba nada cuando trabajaba aquí, pero siempre dejaba a los clientes satisfechos.
Sasuke compuso una mueca de asco, pero decidió ignorar deliberadamente las palabras de su tío referidas a Neji.
—Lo que pasa es que ha tocado algo mío —su mirada se ensombreció al hablar de Hinata—. Y no se lo voy a perdonar.
—Ah… A esa preciosidad que te han cedido, ya veo —bajó la vista y echó la ceniza del cigarro a un cenicero que estaba en su impecable mesa. Después subió la cara y sus ojos tenían un brillo peligroso—. Yo de ti lo mataría.
—Ya llegará ese momento. De momento no quiero ni molestarme en eliminar su patética presencia. Lo único que necesito es a esos chicos.
—Eso está hecho, sobrinito.
Sasuke abandonó el despacho de su tío con un ligero asentimiento de cabeza, salió del bar y volvió a perderse en las oscuras calles de aquel barrio.
Quiso reír, pero las lágrimas se lo impidieron. Obviamente, él estaba bromeando. Aquella palabra, voyeur, le recordó muchas de las cosas que había visto por su curiosidad. Olvidado un poco el llanto por aquellos recuerdos, sintió el aliento de su primo en su cuello produciéndole escalofríos y sus recuerdos viajaron hacia dos días antes, en aquella habitación de hotel. Aún en el suelo, se giró poco a poco, como gateando y él la atrajo hacia sí, trasladando sus manos de sus hombros a su espalda en un abrazo. Las manos y la cabeza de Hinata reposaron en el pecho de Neji, ansiando por tocar o mirar aunque fuera un centímetro de su piel pero sin atreverse.
—¿Ahora eres tímida? —al parecer, él tampoco se había olvidado de aquellos recuerdos y ella enrojeció al comprobar que era como si hubiese leído sus pensamientos.
Delicadamente, Hinata fue subiendo sus manos por su cuello hasta rodearlo por completo y su cabeza descansó en el hueco de su clavícula. Suspiró levemente. Por mucho que él hiciera, por mucho que oyera aquellas cosas… había algo que la hacía quererle. Se odiaba por ese masoquismo pero para ella era inevitable. Aquel, "el sexo no es lo único que ella me hace desear", podía significar muchas cosas, así que no quería hacerse ilusiones, pero su corazón ya latía con ansia. Quería a Neji. Podría preguntarse si él la quería de la misma manera, pero sabía la respuesta y no quería pensarlo de momento. Cerró los ojos. Ahora mismo tenía bastante con estar así.
Hikari corrió por las calles de la urbanización sin pararse a pensar hacia dónde se dirigía. Sólo pensaba en correr, alejarse de la mansión a como diera lugar. ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Por qué su hija, a quien ella había dado todo, tenía que usurpar de su lado a quien más amaba? Ella amaba a Neji. Lo amaba con todas sus fuerzas. Merecía tenerle.
¡Maldita fuera, su hija podía tener a otros, pero ella ya no! Y aquel aborto... quizá debió seguir adelante con aquel embarazo, no ser tan buena de dejar a Neji sin ninguna responsabilidad. Habría dado igual que Hiashi o toda la prensa se enterase, porque ella le tendría a su lado ahora. Siempre. Aquellos pensamientos oscuros, irracionales, llegaban a su mente. De repente, su hija era su enemiga y, totalmente enamorada, tendría que luchar por su objeto de amor con todo lo que tenía.
Lunes, finales de octubre
Cuando le vio el lunes en la universidad, Hinata se sorprendió. Después de todo lo ocurrido con él, y a pesar de las escenas del sábado, se alegró. De que al fin saliera, de que no se acobardara ante los que le insultaban o miraban mal.
En cuanto a todo lo demás: su madre seguía sin hablarle. El día anterior y este, se había cruzado con ella más de dos veces, y ni siquiera la saludaba o le dirigía alguna palabra. No era el fin del mundo, lo podía soportar, pero le dolía el pecho cada vez que la veía. A pesar de no haberla visto en años, aquellos dos meses le habían dado para conocerla mejor, para quererla como algo parecido a una madre.
Aquella desconfianza, aquellos celos, dolían más que muchas cosas más terribles. Sabía que también ella era culpable, que también había sentido celos de su madre… pero no se puede evitar el sentir tales cosas, y aquello no era una competición. ¡Madre e hija no podían pelear por un hombre!
Le habían estado observando durante todo el día, pero al salir de clase aquella tarde, la sensación se intensificó. Lo notaba en su piel, casi como una huella impresa a fuego. De camino a la salida del edificio, vio una luz encendida en el aula de informática, y por pura curiosidad, se asomó dentro del aula: allí estaba su prima, tecleando compulsivamente en un ordenador de sobremesa. Probablemente algún trabajo o práctica de los que se hacían en primero.
Tragó saliva sin querer, resopló y avanzó un paso adentro, pero algo le paró, una voz:
—¿Eres Neji Hyuuga? Se dio la vuelta, y a su lado había un hombre de pie, con un traje de chaqueta y un peinado bastante formal. Si era un profesor, debía ser nuevo, porque no lo recordaba en absoluto.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—¿Puedes venir? Necesito charlar contigo unos minutos.
Con algo de desconfianza, Neji le siguió y juntos caminaron por un pasillo hasta las escaleras que conducían al piso de arriba. A cada paso, Neji se sentía más desconfiado y extrañado, pero decidió no prestarle atención hasta llegar a donde quería. Por fin, se pararon en el piso de arriba, y Neji habló:
—¿De qué querías hablar?
Entonces, varios hombres con hierros salieron de entre los pasillos y avanzaron hacia ellos.
—¿Qué es esto, una fiesta de bienvenida? —preguntó Neji, confirmando sus sospechas.
—¿Te gusta, puto maricón? —preguntó uno de ellos. Neji no le prestó atención.
—¿Qué queréis? —los hombres rieron y el que hablaba le señaló la barra de hierro, dándole a entender lo que iba a hacer con ella. Neji sonrió un poco, y mirándoles con ironía, dijo—: ¿Y de verdad crees que lo vas a lograr?
Sin mediar una palabra más, Neji se fue a dar la vuelta para bajar por la escalera, pero, demasiado tarde, la vara zumbó en el aire, estrellándose contra su hombro derecho. Neji ahogó un gemido de dolor y se mordió la lengua como acto reflejo, viendo las estrellas. Con irritación, se lanzó hacia el tipo y esta vez la vara le dio en las costillas. Poniendo algo de distancia, se repensó lo que hacer: eran tres contra uno, suficientes para darle una buena paliza y hacerle lo que fuese. Quizá con uno sí habría podido, pero hacía tiempo que no se peleaba y tampoco se había pasado la vida peleándose para saber defenderse bien.
—¿Ahora no eres tan chulo, eh, maricón? —habló el sujeto. Lo único en lo que Neji se fijó es en que llevaba una gorra azul celeste—. Te podríamos pagar por chupárnosla, pero sería más normal que nos pagases a nosotros por pegarte una paliza.
—Qué comentarios tan ingeniosos —Neji se preparó para defenderse— Pero a mí no me ganas a eso.
Hinata Hyuuga siempre era una de las primeras en salir de clase (menos en contadas ocasiones), pero hoy se había quedado a hacer un trabajo extra en el ordenador, por ello salió mucho más tarde de lo previsto. Guardó el archivo que estaba editando y apagó el ordenador. Antes de levantarse de la silla, se desperezó, estirando los brazos por encima de su cabeza. Mientras caminaba por el pasillo del segundo piso, oyó las voces que gritaban insultos. Se alarmó, y su curiosidad la llevó a seguir las voces que insultaban, esperando poder hacer algo.
Parecía imposible que ningún profesor hubiese puesto ya orden en aquello. Subió las escaleras que conducían al piso superior, dobló la esquina y allí los vio: cuatro o cinco hombres de espaldas a ella, con unos palos en las manos, delante de una figura solitaria. Uno de ellos se lanzó hacia el que estaba solo, con el palo en ristre, y entonces le vio:
—¿Neji?
En aquel momento no pudo pensar con mucha inteligencia. No llevaba teléfono encima, no había nadie alrededor a quien pedir ayuda, y lo peor, su primo estaba indefenso contra aquellas personas. Todo pasó muy rápido: sin pensar, Hinata se lanzó hacia ellos, corriendo como una desesperada. Pasó veloz ante los ojos sorprendidos de los presentes, reunió fuerza en sus piernas y con la parte superior de su cuerpo, empujó al tipo que iba a darle a Neji, que cayó hacia un lado. No pudo disfrutar de su victoria durante mucho tiempo, pues uno de los otros la atizó con uno de los palos en el abdomen, produciéndole un dolor tan intenso que quiso echar los intestinos por la boca. Un alarido surcó el aire. Hinata se sujetó el abdomen y se tambaleó un poco, cerrando los ojos.
—La muy puta... —oyó pronunciar a uno de ellos—. ¿Ahora mandas chicas para que te defiendan?
La vara atizó con fuerza en su espalda, produciéndole quemazón. Esta vez, apretó los dientes y contuvo el grito, esperando el siguiente golpe. Pero no llegó. Abrió los ojos y vio la mano de Neji agarrándola por el antebrazo y arrastrándola hasta la pared, justo detrás de él.
—El problema es conmigo, ¿no? —al oír aquellas palabras, su corazón palpitó con fuerza.
Se oyeron algunas risas provenientes de aquellos hombres. No iban a salir de aquel problema tan fácilmente. Sin embargo, cuando lo creía casi todo perdido, la voz de su primo la sacó de sus pensamientos:
—Vamos, cógeme de la mano —hablaba en voz muy baja, suficiente para que ella le escuchara y sus enemigos no—. Prepárate, cuando te lo diga salimos corriendo.
—¿Y por qué no la íbamos a tocar? —sonrió uno de ellos.
—Porque sólo puedo tocarla yo.
Entonces, sin más, ambos salieron corriendo. Aprovechando una pequeña debilidad en la muralla de hombres, corrieron por el pasillo bajando las escaleras a toda prisa. Ambos corrían cogidos de la mano, bajando todas las escaleras que encontraban de dos en dos, sin pensar en nada más que en escapar de sus agresores. Una vez fuera, Hinata paró un momento para devolver el aire a sus pulmones.
—Vamos, date prisa —la apremió Neji, mirando muy nervioso hacia las escaleras.
—Es… Espera un momento… —dejó ir, resollando—. No… No estoy acostumbrada a esto.
Mientras se recuperaba, pudo sentir como él la alzaba y la cargaba en su espalda.
—¡Oye! —exclamó, poniéndose como un tomate.
—No hay tiempo.
Entre las miradas alucinadas de algunos alumnos que aún rondaban por el campus, Neji salió corriendo con su prima en brazos. Hinata cerraba los ojos, queriendo que se la tragara la tierra.
—Creo que es la segunda vez que salimos corriendo así.
Hinata se masajeó los hombros. Iban a la máxima velocidad permitida con el coche, y no es que los siguieran, sino que su acompañante parecía muy serio y nervioso.
—¿Qué es lo que pasa?
—¿Por qué te has metido?—preguntó con cierto reproche—. ¿Sabes lo peligrosa que es esa gente?
—¿Los conocías acaso? —preguntó sin pensar mucho—. Es más, ¿es que acaso te importa algo de lo que pase?
En sus últimas palabras se vio reflejada su rabia. Neji, por su parte, no dijo nada. Sólo la miró de reojo, serio, apretando el volante con ambas manos. Luego volvió la mirada hacia la carretera de nuevo. Hinata se puso bien en su asiento, algo intranquila. No le gustaban las miradas de su primo, porque siempre significaban algo. Y ese algo no era precisamente bueno. Prefirió cambiar un poco de tema:
—¿No tendríamos que ir a la policía?
—No podemos —negó él. Fue disminuyendo la velocidad del automóvil.
—¿P-Por qué? —reclamó, y se recriminó a sí misma por tartamudear, que era algo que últimamente hacía muy seguido—. Te han hecho daño.
A ella misma le seguía doliendo el estómago y la espalda a causa del golpe. Neji aparcó el coche en un sitio libre y giró la cabeza, cruzando las manos sobre el volante:
—Muy bien, nos han hecho daño, todo lo que tú quieras —habló, serio—. Pero no podemos decir nada ni ir a ningún sitio. De ningún modo.
—No entiendo el por qué.
—Mejor que sigas en la ignorancia.
Neji salió del coche y Hinata se dio prisa en imitarlo. Entraron al bar y se sentaron en una de sus mesas de madera desgastada y no muy limpias. La pintura blanca de las paredes estaba desconchada y varios cuadros de artistas famosos colgaban de ella. Con algo de reparo, Hinata limpió su parte de la mesa con una servilleta y volvió a mirar a su primo, que tenía los ojos puestos en la barra y las botellas que colgaban arriba. El tabernero fue hacia ellos llevando consigo una bayeta y limpiando la mesa donde ambos estaban.
—¿Qué vais a tomar? —preguntó, rascándose la mejilla.
—Una cerveza.
—Un zumo de piña, por favor.
El hombre se fue y en dos minutos regresó con ambas bebidas. En cuanto se fue, Hinata insistió una vez más:
—Por favor, cuéntamelo —Hinata apoyó ambos brazos en la mesa, mirando a su primo directo a los ojos, a lo que él echó la vista a un lado, evitándola.
—No voy a hacerlo.
—¿Por qué?
—No te importa.
Hinata resopló delicadamente. No podía creer que fuera tan cabezón en algo como eso. Decidió no forzarlo a contar nada. Cuando él quisiera, ya le contaría el porqué de tanto secretismo.
Cuando Neji y Hinata volvieron aquella tarde, una sorpresa les esperaba allí: su padre estaba sentado en uno de los sillones de la mansión. Su madre estaba junto a la ventana, sin decir nada.
—Pa-padre... —pronunció Hinata al verle, temerosa.
—Veo que pensáis que podéis hacer lo que os de la gana por ser de esta familia —una chispa roja pareció brillar en los ojos de Hyuuga Hiashi cuando pronunció estas palabras—. Yo soy quien os mantiene, quien os da de comer… ¿y así me lo pagáis?
Hinata apretó los puños, mirando al suelo. Por el contrario, la mirada de Neji estaba fija en su tío, como esperando el veredicto.
—Hinata, te voy a sacar de la universidad, te vas a casar, vas a ser una mujer de provecho… y tú, Neji, te vas a ir de esta casa. Ya has humillado bastante a esta familia.
Al oír aquellas decisiones, tomadas sin consultar por su padre, Hinata levantó la vista sorprendida y, por primera vez, no pudo reprimir sus quejas:
—¿P-Por qué?—podía sentir el temor adueñarse de ella, sus nervios correr libres hacia su voz. Pero no cejaría en su empeño de enfrentarse a él ante aquella injusticia. Aunque, como siempre, en presencia de su padre, las palabras no salieron como ella quería—. ¿Dónde va a ir Neji, y por qué tengo que dejar de... estudiar?
—¿Por qué, por qué, por qué? —su padre sonrió, irónico— Después de lo que tu madre me ha contado, ¿esperas que te deje salirte con la tuya, niñata?
Hinata miró a su madre, con la duda en el rostro, pero la susodicha seguía mirando por la ventana, sin abrir la boca para nada. Entonces le quedó claro: se lo había contado todo. Se tocó el pecho, donde empezaba a notar pinchazos. Las lágrimas, traidoras, asomaron a sus ojos. La persona que más cariño le había profesado, su apoyo... Su madre. ¿Por qué? ¿Por qué todo aquello por un hombre? Quiso echarse a llorar allí mismo, hundirse en el suelo y no salir jamás. Pero debía ser valiente, no podía dejarse vencer y echarse a llorar como una niña pequeña.
—Qu-Quiero seguir en la universidad —dijo con un hilo de voz—. Sólo te pido eso. ¿Y qué tiene que ver Neji en esto?, ¿Acaso es culpable de lo que dicen de él?
—No me discutas. No necesitas estudiar para lo que vas a hacer.
Con rabia, Hinata se mordió el labio y algunas lágrimas acudieron a sus ojos, desbordándose. A pesar de eso, siguió hablando como pudo.
—¿Pero por qué? —preguntó, por primera vez mirando a su padre a los ojos—. ¿Por qué me tengo que casar, por qué tengo que dejar de estudiar, por qué tiene que irse Neji?
Dejó ir todo esto con rabia, soltando todo lo que tenía metido dentro por primera vez. Pero no tuvo recompensa. Su padre alzó las manos hacia ella, ésta intentó apartarse, pero él la cogió del pescuezo de la camisa y la acercó a su rostro. Por instinto, Hinata cerró los ojos.
—Como vuelvas a hablarme así vas a saber lo que es bueno —la chica pudo sentir su aliento azotando su cara. Muy en el fondo, aunque fuese su padre, pensaba que era una persona horrible.
Cuando la soltó, sus piernas temblaban, y si no llega a ser por Neji, que hizo las veces de muro, habría caído de bruces al suelo.
—¿Sabes qué, Hiashi? —Neji habló bajo, sibilino—. Me voy a ir, pero no porque me lo mandes, sino porque no aguanto un minuto más en esta casa. Por mucho dinero que tengas, siempre vas a ser lo que siempre has sido: un egoísta que sólo piensa en sí mismo.
Neji se marchó aquella misma noche, con su ordenador portátil y algo de ropa en una mochila. Cruzó el jardín, e iba a coger la verja para abrirla, pero notó una presión en la espalda y se giró: su prima le miraba con ojos brillantes junto a la puerta de entrada. La vio avanzar hacia él a paso rápido, como temiendo que se marchara. Cuando estuvo a su lado, se paró, sin atreverse a acercarse más.
—Lo siento —le dijo, con voz llorosa—. Me gustaría ir contigo.
—Tú no tienes remedio.
Entonces, como si esas palabras dieran pie a todo lo demás, ella le abrazó por los hombros. Durante un momento se quedó estático para después devolverle el abrazo. Ella le transmitía toda su angustia, su miedo y su pesar. La sentía pequeña y desconsolada entre sus brazos. Algo en su interior se removió al saber que ella se quedaría sola entre aquellos buitres: Sasuke y sus tíos. Desde hacía poco había comprendido que su prima no estaba hecha de la misma pasta que ellos, que ella era diferente... Cerró los ojos durante un momento, y se fijó en que en la puerta, sus tíos los miraban abrazarse. Apretó más a Hinata entre sus brazos y acarició su espalda con suavidad, separándose de ella poco a poco.
—Nos vemos en la universidad, primita —dijo, mirándola fijamente. Tal como hacía antes de que su prima le interrumpiese, terminó de abrir la verja y desapareció tras ella, alejándose de la mansión Hyuuga.
Continuará...
Agradecimientos especiales a:
Diana Carolina, Azkaban, Anna04, Ina Minina, Mitchel 0420, Flordezereso, Veronika-BlackHeart, Hinatalove14, Stephygrock, Elisa Hyuuga, Gambacho, A-Satoshi, Lady Darkness-chan, AndreaStars95 y Guest.
