Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina
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Capítulo 11
Emma estaba escondida en la habitación de Treasure arrullándolo para que durmiera y mantenerlo oculto de ellos, podía escuchar a sus padres del otro lado discutiendo con Bella y Edward, exigiendo que la sacaran de donde sea que la tuvieran escondida, su nana y su abuelo también estaban ahí, podía escuchar a su nana murmurando algo sobre comportarse como unos niños.
Bella la había mandado a la habitación después de que comenzara a llorar, ni siquiera entendía por qué había llorado, pero Bella le dijo que podía salir cuando estuviera calmada y preparada, no dejaría que Rosalie ni Emmett la presionaran cuando aún no estaba lista.
Ahora estaba ahí, escuchando a través de la puerta, sin tener ni una pizca de valor para salir y enfrentar a sus padres.
Había pasado un mes sin una llamada de ellos ni nada que le dijera que, aún si hubiera estado embarazada, la apoyarían.
—Es nuestra hija, tú no eres nadie para decirme qué puedo o no hacer con ella.
Emma acercó el calentito cuerpo de Treasure a su pecho.
—No estoy diciendo nada de eso, Rosalie, solo que no puedes ponerte a exigir cuando fuiste tú quien dejaste a mi bebé sin ningún tipo de remordimiento.
—Ella no es tuya.
—Siempre será mía, aunque te pese, fui yo quien la llevó nueve meses y la parí.
—Me la entregaste.
—Y tú me la devolviste.
Nada más que la verdad, ellos la dejaron y Bella y Edward aprovecharon la situación.
—Déjense de infantilismos. Edward, trae a la niña de inmediato —ordenó su nana—, no puedes…
—Tú no puedes aparecer en mi casa y comenzar a exigir como si tuvieras autoridad aquí.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa forma?
—Los dejé pasar porque no quería un escándalo en recepción, así que les sugiero que se calmen o llamaré a seguridad para que los saque del edificio.
—No me iré de aquí sin mi hija —escuchó decir a su padre—, bien puedo llamar a la policía y acusarlos de secuestro.
—Llámalos, estoy seguro que a servicios infantiles le encantará saber que abandonaron a una niña menor de edad hace un mes y no han hecho ni una sola llamada para saber cómo se encuentra.
Emma olió el cabello de Treasure, necesitando calmarse.
—Iré por la niña —continuó Edward—, será ella quien decida si quiere irse hoy o mañana.
—No tengo tiempo para tonterías, a diferencia de ti, hermanito, no despilfarramos el dinero.
—Estoy seguro que no es tu dinero el que está pagando este viaje.
Emma miró a su hermanito, sus ojitos cerrados, por fin dormido, tan ajeno a todo el caos, cuánta envidia le tenía en este momento.
Escuchó revuelo detrás de la puerta, el grito de su abuelo, la protesta de su nana, la amenaza de Edward y el llanto de Tommy, seguido de los gritos de su madre repitiendo su nombre.
Se pegó a la pared aún con su hermanito en brazos.
Todo estaba tan jodido.
Besó la cabecita de Treasure y lo dejó en la cuna.
Salió de la habitación encontrando a Edward y Bella apartados, simplemente dejando que sus padres hicieran escándalo.
Su padre fue el primero en verla.
—¿Pero qué te has hecho en el cabello?
Su madre la miró y pudo ver el enojo brillando en sus ojos azules.
—¿Para eso la quieren? —preguntó mirando a Bella que no apartó la vista—. Ni siquiera saben ponerle límites, solo un mes estuvo con ustedes y ya tiene el cabello pintado, ¿qué seguía? ¿Una perforación? ¿Un arete en la nariz? ¿Quizás en el ombligo? ¿O tal vez un tatuaje?
—Solo es pintura, mamá.
—No estoy hablando contigo, Emma. —La miró aún más molesta—. Ve por tus cosas, nos vamos ahora mismo.
—No —se cruzó de brazos—, mañana tengo mi segundo ultrasonido y quiero ir con Bella.
Los ojos de su madre brillaron, ella definitivamente estaba a punto de explotar.
—Sabemos que nunca estuviste embarazada, así que deja esa tontería.
—Claro, porque si lo hubiera estado ni siquiera estarían aquí. —Rodó los ojos.
—Emma —le reprendió su abuelo, él casi no hablaba, pero cuando lo hacía era momento de cerrar la boca y obedecer.
Su padre suspiró cansado.
—Emma, solo ve por tus cosas, es hora de ir a casa.
Emma miró a Bella y Edward, ambos le sonrieron de manera comprensiva.
Por mucho que lo quisieran, sabían que no se quedaría con ellos, no la juzgaban, simplemente aceptaban el lugar que les correspondía en su vida.
Y el lugar a donde ella pertenecía era Forks, junto a sus padres, abuelos y hermano.
Nueva York era un buen lugar, pero no estaba lista para vivir ahí.
—Está bien, ¿puedes ayudarme…?
—Claro que sí, nena —dijo su abuela acercándose.
—Quiero la ayuda de Bella.
Su nana gruñó y su madre iba a protestar.
—Es mi casa —habló Bella salvándola a ella—, lo último que quiero es a ustedes husmeando por ahí.
Emma dio media vuelta y Bella la siguió en silencio.
Ya en su habitación, se dejó caer en la cama y comenzó a sollozar, Bella se acercó a consolarla.
—Está bien sentirse confundida, preciosa.
—Es que... es que… —No podía articular palabras, solo sollozaba mientras Bella la consolaba.
—Ellos son tus padres.
—Me dejaron.
—Lo sé, sé que duele, pero han venido por ti, puedes ir a casa con ellos y hablar, arreglar las cosas, sé que las cosas mejorarán.
—Tú no has ido con los tuyos en años —le recordó—. ¿Cómo sé que mejorarán las cosas? ¿Que es lo correcto irme? ¿Que no estoy cometiendo un error? Quizás lo mejor es no volverlos a ver como tú has hecho.
—Mi situación es distinta, preciosa —limpió sus lágrimas—, mis padres me dieron a elegir, o Edward o ellos, o tú o ellos, o lo que yo deseaba o ellos, solo tenía una opción, eran ellos, siempre tenía que escogerlos a ellos cuando eran ellos quienes tenían que escogerme a mí por sobre todas las cosas.
—Pero…
—A veces los extraño, quizás debí permitirles volver a mi vida cuando lo intentaron hace años, yo tomé la decisión de no hacerlo, de no querer escucharlos, nunca he sabido si se han arrepentido de haberme alejado de ti o de no apoyarme en mi depresión, o en mi decisión de casarme con Edward, no sé y tampoco lo sabré porque yo no les di esa oportunidad, porque para mí eso era lo correcto, ya no los quería en mi vida, no podía aceptarlos, había mucho daño hecho de por medio, enojo que aún prevalece, pero sé que tú quieres regresar con ellos.
—Pero tú vas a estar triste.
—Estaré triste si tú estás triste y sé que quieres volver a Forks, además no es que vayamos a dejar de hablar, sabes que siempre estaré disponible para ti.
—¿No estás enojada o Edward?
—No lo estamos, te tuvimos por un mes con nosotros, más tiempo del que alguna vez logré imaginar que podríamos pasar juntas, y ahora que sabes la verdad no hay razón para mantenernos alejadas. Quiero que entiendas que esta siempre será tu casa, puedes venir e irte cuando quieras, nosotros siempre te recibiremos.
Besó el tope de su cabeza.
»Siempre estuvimos aquí para ti, aun cuando tú no nos conocías, siempre pensamos en ti —la tomó de las mejillas—, en darte todo nuestro apoyo si llegabas a necesitarlo. Ahora que sabes la verdad, nunca olvides que esta será tu casa y siempre estará tu lugar esperándote.
¿Cómo es que habían pasado de estar viendo películas a empacar sus cosas porque regresaba a Forks?
La vida era realmente complicada.
Bella la ayudó a empacar sus cosas, guardó su ropa nueva, pero dejó algunas prendas en el armario, no queriendo renunciar a ellos, ya no podía hacerlo, eran parte de ella, de lo que representaban.
Emma suspiró y tomó la maleta, una vez que Bella la ayudó a cerrarla, era hora.
Salieron de la habitación y se dirigieron a la sala en donde todos estaban en el mismo sitio, parecía como si nadie hubiera hablado ni movido.
Notó que su nana miraba a Edward demasiado mientras él la ignoraba, no le sorprendía, Edward no sabía que la nana tenía prácticamente un altar en su honor en casa.
Imaginó que tampoco cambiaría las cosas si le dijera, Edward y Bella tenían su vida ahí, una vida a la que no permitían que sus abuelos ni los Swan se acercaran.
—Estoy lista.
—Entonces vámonos.
Su nana intentó acercarse a Edward, pero este se alejó en dirección de Bella y ella.
—Siempre tendrás las puertas abiertas, preciosa, siempre estaremos aquí para ti. —Le tendió una tarjeta dorada—. Es tuya, es la tarjeta de acceso, la contraseña del elevador es tu fecha de cumpleaños, podrás entrar al edificio cuando te plazca, esta es tu casa también.
Emma tomó la tarjeta, para el enojo de sus padres, y la guardó en el bolsillo de su pantalón.
»Te vamos a extrañar, preciosa.
—Y yo a ustedes.
Emma los abrazó, sabiendo que quizás ellos lo necesitaban más, era el primer abrazo que ella comenzaba.
Si fuera otra persona viendo las cosas desde otra perspectiva, parecería cruel que ella los dejara y regresara a Forks, pero la vida no era sencilla. Una parte de su mente le decía que se quedara con Edward y Bella, era lo más sensato, ellos la entendían más, la comprendían y querían, durante las semanas anteriores habían hecho el esfuerzo de incorporarse a su vida pero también que ella se adaptara a la suya, sabía que si tuvieran más tiempo la relación de los cuatro mejoraría y se haría más fuerte.
Pero una parte de su corazón le decía que regresara a su hogar, con su familia, amigos y conocidos, al lugar que ella conocía y en donde era feliz, en donde estaba su vida, su historia y sus raíces.
La otra parte de su corazón estaba también de acuerdo con regresar a Forks, Bella y Edward la recibirían en cualquier momento, incluso si llamaba en la madrugada pidiéndoles regresar con ellos harían hasta lo imposible para que estuviera lo más pronto posible en Nueva York.
—¿Puedo llamarlos?
—Estaríamos encantados de que lo hicieras —respondió Edward contra su cabello, sin estar listo para terminar el abrazo.
—¿Me mandarán fotos de Treasure?
—Claro que sí, todos los días —respondió Bella con lágrimas en los ojos—, pero también tienes que mandarnos fotos y mantenerte en contacto, ¿de acuerdo?
—Está bien.
Les dio un último abrazo antes de que su madre carraspeara, se separaron y Emma se dirigió al ascensor junto a sus padres y abuelos.
Mientras la puerta del ascensor se cerraba, el llanto de Treasure y la reacción inmediata de Bella a dar media vuelta e ir a buscarlo, hizo que su nana abriera los ojos al igual que su abuelo, ambos intentaron detener el ascensor, pero les fue imposible.
—¿Es-es... un bebé?
Emma no dijo nada, Treasure era de los tres y así se quedaría.
