Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina


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Epílogo

Emma dejó los papeles sobre la mesa, sentía sus ojos comenzar a picar.

Sabía que era prácticamente imposible, sus notas realmente no eran tan altas, ni tenía un enorme portafolio para mostrar, tan solo hacía un año había comenzado a prepararse, no había sido tiempo suficiente, era demasiado pronto y se estaba arriesgando demasiado, había personas mucho mejores que ella.

Sintió la primera lágrima deslizarse por su mejilla justo cuando el iPhone junto a ella se iluminó con el rostro de Bella.

Se limpió lo mejor que pudo y respondió la llamada.

La imagen de Bella con Treasure recargado en su pecho apareció.

—Hola, preciosa, lamento no haberte llamado ayer, el resfriado nos mantuvo en vela.

—Sí, no hay problema.

Intentó ocultarlo, lo intentó con todas sus fuerzas, pero la sonrisa de Bella desapareció.

—Bebé, ¿qué ocurre?

—California me rechazó —se encogió de hombros—, no cumplo con el perfil.

—Amor…

—También lo hizo Nueva York. —Por más que lo intentó se quebró su voz al final de la oración.

—¡Edward! —gritó llamándolo—. Preciosa, esas universidades no son importantes, ellos se lo pierden, tú eres grandiosa y…

—Me aceptó Seattle —dijo haciendo que Bella guardara silencio y pareciera que iba a vomitar, incluso Treasure levantó la cabecita para mirarla—. Mamá está haciendo planes.

—Oh, bueno… yo…

—¿Qué pasa? —preguntó Edward apareciendo en la pantalla con la banda para el sudor en su cabeza que usaba cuando hacía ejercicio.

—La aceptaron en Seattle.

—Oh, vaya… eso… eso es bueno.

—Sí, me dieron una beca también.

—Qué bien, hermosa —dijo Bella intentado aparentar tranquilidad—, estamos muy orgullosos de ti.

—Claro que lo estamos.

Emma asintió antes de suspirar.

—Me aceptaron en otra, pero es muy costosa —dijo sintiendo sus ojos picar aún más.

—Cubriremos la cuota, preciosa —habló Bella demasiado rápido—, si no quieres quedarte en Seattle cubriremos la cuota en donde desees.

—Lo haremos, y… —comenzó Edward entendiendo que había una posibilidad de que ella pasara los siguientes cuatro años lejos de ellos.

—Fordham University.

Los dos guardaron silencio, se quedaron en blanco por unos cuantos segundos.

—¿Fordham como en Manhattan? —preguntó Edward intentando no sonreír.

—De hecho, Ross Hill está en el Bronx.

—Fordham —murmuró Bella.

—No recibí ninguna beca y la matrícula es algo costosa, además de que aún estoy esperando la respuesta de Mississippi.

—No aplicaste a Mississippi —respondió Bella sonriendo abiertamente.

—Lo sé —bufó al mismo tiempo que limpiaba sus mejillas—. Entonces, ya que no iré a California y aunque no entré a la UNY, ¿la oferta de vivir con ustedes sigue vigente?

—Siempre lo estará, preciosa —respondió Edward al mismo tiempo que abrazaba a Bella—. Tienes que enviarnos toda la información y comenzar a enviar tus cosas.

—¿Pueden aparentar no estar tan emocionados? —cuestionó ante la evidente emoción de ambos.

—No —dijeron al mismo tiempo, ocasionando que Treasure riera.

—¿Por qué no nos dijiste que aplicaste? —preguntó Bella—. Ni siquiera sabía que estabas interesada en asistir ahí.

—Tenía que tener un plan de emergencia.

—¿Por qué necesitarías un plan de emergencia?

Emma apartó la vista del teléfono y miró a su madre que entraba a la cocina acompañada de su nana y de Tommy, habían regresado de hacer las compras.

—¿Te llamamos después? —preguntó Bella sin perder la sonrisa de su rostro.

—Claro, déjenme a mí el trabajo difícil.

—Podemos hacerlo, si es lo que quieres —dijo Edward.

La oferta era tentadora, pero debía enfrentarse a sus padres ella misma y decirles los nuevos planes.

—Lo tengo controlado.

—De acuerdo, pero por si acaso comenzaré a ver vuelos, en caso de que lo necesites.

Emma se rio al mismo tiempo que terminaba la llamada y volvía a ver a su madre que no estaba nada contenta.

—¿Qué es lo que hiciste esta vez?

La tranquilidad en casa estaba a punto de terminar

—Me iré a estudiar a Nueva York.

¿Para qué decirlo con delicadeza? Sin importar con cuánta delicadeza lo dijera, se iban a molestar con ella, por lo menos haría que valiera la pena el enojo, y por lo pálida que se puso su nana y cómo su madre parecía que le iba a explotar la cabeza por lo roja que se estaba poniendo, iba a recibir más que unos pocos gritos.

Terminó de cerrar la maleta con sus pertenencias, era raro ver su habitación sin la mayor parte de sus cosas, los muebles, algunas fotografías y ropa que definitivamente no podía usar en Nueva York era lo que estaba dejando, el resto de sus cosas importantes estaban ya en Nueva York o empaquetadas y dentro del coche que la llevaría al aeropuerto.

Habían sido meses difíciles.

Sus padres se habían negado a aceptarlo, pero no podían hacer nada para evitar que ella se marchara a Nueva York.

Amenazaron con no pagar la matrícula, pero Emma les recordó que Bella y Edward tenían toda la intención de hacerlo, al igual que si intentaban con la opción de no apoyarla financieramente.

Habían hecho de todo para evitar que se marchara, incluso la llevaron a una excursión a UDub para que viera lo mucho que le gustaría y lo beneficioso que sería poder conducir a casa cada vez que se le antojara.

Que una parte de sus amigas y conocidos fueran a asistir a UDub les daba puntos, no estaría completamente sola, ni comenzaría de nuevo con todo el proceso de presentarse ante desconocidos.

El que nana y su madre le dijeran que podía llevar su ropa para que la lavaran en casa y ofrecieran abastecerla de todos los productos básicos fue una oferta tentadora.

Bella y Edward habían hablado con ella y, si bien cubrirían por completo sus necesidades de techo, comida y sus materiales para las clases, eso no significaba que iba a estar sin hacer nada.

La motivaron a conseguir un trabajo de medio tiempo para cubrir los gastos extras que ella iba a tener.

Después de todo no estaba esperando que Bella pagara la gasolina del auto que ella iba a estar usando.

Pero su decisión había sido tomada y estaba lista para marcharse a Nueva York, lo estuvo aún más después de la ultima cena en familia que tuvieron tan solo una semana antes de que se marchara.

—Te botarán, solo eres un capricho, el juguetito nuevo que…

—Soy su hija —cortó la palabrería de su madre a mitad de la cena—, si no me han olvidado en todos estos años, no lo harán cuando me vaya con ellos, ustedes, por el contrario, no lo sé.

—Eres nuestra hija.

—Solo porque no estoy embarazada.

—Dijimos que lo sentíamos.

—Pero no lo sientes realmente, te justificas diciendo que fue el enojo del momento, pero no es así, nunca ha sido así, solo han esperado que heredara el talento de Edward o el cerebro de Bella y han estado frustrados al ver que no es así.

—Es suficiente, Emma —dijo su madre visiblemente molesta.

—No, no lo es, porque no fue suficiente para ustedes y nunca será suficiente, porque sin importar lo que haga o lo mucho que lo intente nunca será suficiente.

—Eso no…

—Exactamente como nana y el abuelo trataron a Edward y como los Swan trataron a Bella.

—Emma…

—¿Crees que solo porque tú no quieres hablar, ellos no lo hacen? ¿No me cuentan su versión? ¿No la pasaron mal? Ustedes solo se encerraron en su pequeña burbuja de egoísmo, exigiendo como si ellos no tuvieran sentimientos.

—Tú no sabes nada.

—Sé que los manipularon —declaró haciendo que su nana se pusiera de pie con toda la intención de marcharse—. Manipulaste a tu propio hijo, nana, ¿y por qué? Porque no podías aceptar que él tuviera otras metas.

—¿Una meta es un embarazo adolescente? —preguntó encarándola, ella estaba furiosa.

—No, pero quedarse con su bebé sí lo es, pero para ustedes eso simplemente no estaba permitido, para ti yo solo podía ser de Emmett o desaparecer de la vida de Edward.

—No es así.

—¿Ah, no? Entonces, ¿por qué mentiste? ¿Por qué los mantuviste alejados el día que nací? Porque si no era lo que ustedes querían, entonces no estaba bien e hicieron todo lo posible para obtener el resultado que esperaban.

—Es suficiente, Emma. —Alzó la voz su padre quien mantenía las manos hechas puño sobre la mesa.

—Sí, es suficiente —coincidió asintiendo y apartándose de la mesa—, ya ha sido suficiente el tiempo que hemos estado separados.

Salió del comedor con el grito de su padre exigiendo que volviera.

A partir de la cena, las cosas estuvieron tensas.

Les había contado lo ocurrido a Bella y Edward, ambos la reprendieron por exaltarse de esa forma, no es que estuvieran molestos con ella o en desacuerdo con lo que dijo, simplemente no querían que se marchara de Forks con toda su familia molesta.

—Es tu familia, bebé —dijo Bella, había tomado la costumbre de llamarla de esa manera, aunque la mayor parte del tiempo seguía llamándola preciosa—, sé que los quieres, estar molesta está bien, pero no puedes simplemente hablar para lastimarlos, aun cuando ellos son los que comienzan.

—Creo que eres demasiado blanda con ellos.

—Posiblemente —se encogió de hombros—, pero te estoy recuperando, preciosa. Sé que me he perdido un montón de cosas en tu vida, pero te tendré conmigo por los siguientes años, no puedo estar tan molesta.

—Pero lo estás.

—Lo he estado por mucho tiempo, ahora solo quiero disfrutar de mi tiempo contigo.

Por fin había llegado el día.

Sus padres no estaban en casa, demasiado molestos con ella, además desde que Tommy les había preguntado si él también tenía otros padres y cuándo los conocería, habían estado aún más molestos con ella.

Cerró la última maleta y salió de su antigua habitación.

¿Estaba triste y enojada? Sí, bastante.

Se estaba marchando a la universidad y no había nadie ahí para despedirla.

Su abuelo se había despedido la noche anterior, diciéndole que siempre estaría ahí para ella y que esperaba que no se olvidara de él.

El resto de su familia no estaba, sabía que iba a pasar, incluso Bella y Edward se ofrecieron a ir por ella hasta Forks, pero se negó a que lo hicieran, no los expondría a regresar a Forks.

Se sentía bastante protectora con ellos.

Aunque eso no evitó que Edward consiguiera la camioneta que la llevaría al aeropuerto.

El chofer la esperaba afuera junto a dicha camioneta, un hombre alto y muy serio tomó su maleta y la colocó en el maletero junto a las demás, para después abrirle la puerta trasera del auto.

Miró una última vez la casa a la que llamó hogar por dieciocho años, la misma casa que guardaba demasiados secretos.

Todos los días los hubiera llegaban a su mente, aún seguían y posiblemente no desaparecerían en el corto plazo.

Estaba construyendo una relación con Bella y Edward, pero, aunque le agradaba estar con ellos y se estaban conociendo, aún había un abismo descomunal que los separaba.

La amaban, de eso no tenía duda, se lo repetían constantemente, no dudaban en decirle lo felices que estaban de que hubiera decidido estudiar en Nueva York y quedarse en casa con ellos, porque bien pudo aceptar quedarse en el campus o preferir su privacidad en algún loft, pero aún había mucho que sanar, perdonar y aprender. Tenían que conectarse entre ellos.

Su lealtad paterna estaba quebrada, estaba rota y veía imposible volver a tener una buena relación con sus padres, ya no confiaba en ellos y eso era una mierda.

Si no se puede confiar en los padres, ¿en quién sí?

Con un último suspiro subió a la camioneta.

El chofer condujo en silencio bajo la suave lluvia que caía.

Era imposible no mirar las calles y preguntarse qué era lo que había pasado por la mente de Bella y Edward mientras esperaban que naciera.

Conocía la historia de ambos, cuánto habían pasado, hecho y vivido para llegar a donde estaban ahora.

Sabía que Edward no pudo dormir esa primera noche en casa y estuvo toda la noche en el auto.

Sabía sobre la profunda depresión de Bella durante ese primer año, que tan solo la llevó a atentar contra su vida.

Era consciente de lo difícil que fue vivir ese primer año juntos como esposos, Bella seguía culpándolo, Edward no podía tocarla, ambos demasiado dañados para ayudarse, pero sin querer alejarse uno del otro.

Conocía los medicamentos que Bella tuvo que tomar.

La cantidad de veces que Edward estuvo en emergencias debido a una lesión que él mismo se provocó, aunque lo hizo parecer un accidente.

Sabía de la demanda que estuvieron a punto de presentar para obtener nuevamente su custodia.

Y había visto el acta de nacimiento, esa primera acta en donde solo Bella figuraba como madre de una pequeña Swan.

El auto se detuvo a mitad de la carretera, frunció el ceño sin entender qué era lo que pasaba hasta que vio justo enfrente de ellos a Treasure usando un impermeable amarillo.

Abrió la puerta del auto y bajó sin importarle mojarse por la llovizna.

—¿Qué hacen aquí?

—Venir por nuestra bebé —respondió Edward dando un paso al frente para cubrirla con el paraguas.

Emma lo intentó, pero realmente no fue un gran intento, así que al sentir el nudo en su garganta comenzó a llorar.

Sintió los brazos de Edward alrededor de ella, seguidos de los de Bella y el pequeño piecito de Treasure chocar contra su espalda.

Era un punto decisivo en su vida.

Las palabras de Edward tenían más peso de lo que quizás él había querido.

No era solo su partida a la universidad.

Por dieciocho años ella estuvo ahí, perteneciendo a alguien más, siendo parte de otra familia, mientras que ellos estuvieron lejos, resignados a no pertenecer a su vida, pero por una confusión ellos estaban recuperando lo que hacía tanto tiempo atrás dejaron aquí.

Primero siendo coaccionados, después para no lastimarla a ella y por último por temor a ser rechazados.

Pero ahora estaban ahí.

Por una confusión, el destino los había vuelto a unir dándoles una nueva oportunidad de estar juntos.

—¿Vamos a regresar a Nueva York en auto? —preguntó contra el pecho de Edward.

—Pensamos que un viaje recorriendo las carreteras, solo los cuatro, antes de instalarte, sería buena idea —respondió Bella—. A menos que no estés de acuerdo.

Emma se separó del abrazo para mirar a ambos, Treasure estiró sus manitas hacia ella demandando que lo sostuviera, Emma lo hizo encantada.

—Me parece bien siempre y cuando mantengan los pañales sucios de T lejos de mí.

Los tres se rieron y se dirigieron al auto, Emma no supo en qué momento la camioneta que la había llevado hasta ahí se había marchado, tampoco cuestionó sobre sus maletas o la falta de estas, supuso que Bella se habría hecho cargo de eso.

Tampoco dijo nada cuando la patrulla del jefe de policía pasó a un costado de ellos y frenó de golpe a unos cuantos metros por delante, pudo ver a Bella tensarse e inclinarse un poco más hacia Edward.

Los cuatro subieron a la camioneta, Emma colocó a Treasure en su asiento de bebé y ajustó las correas, mientras no pudo evitar levantar la vista y ver el pasmado rostro del jefe Swan.

Besó la cabecita de Treasure y se acomodó en su asiento poniéndose el cinturón.

Le sonrió a Edward, quien la veía a través del retrovisor.

No solo era ella mudándose con ellos a la universidad, sino que con su partida estaban cortando el último lazo que los unía a Forks.

Y Emma estaba bien con eso.


Hola!

¿Han pasado por ese momento en donde ustedes planearon las cosas y parece como si todo a tu alrededor conspirara para no dejarte hacer tus planes? pues así me sentí al no poderles tener a tiempo el Epilogo que merecía esta historia.

Pero mi lema es, mejor tarde que nunca, así que aquí les traigo la actualización.

Realmente fue una sorpresa para mi que les gusstara esta version de Es Nuestra cuando en el primer capitulo muchas me hicieron saber su descontento, así que ver que les gusto me emociono muchisimo.

Con respecto a alargar la historia...realmente no lo sé, tendria que meditarlo mucho y ver si Emma, Bella, Edward y Treasure quieren compartir un poco más de su vida.

Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión del capitulo y por acompañarme a lo largo de la historia y apoyarme cuando te Conte que estaba pensando publicar esta versión.

Mis preciosas y amadas acosadoras, las super adoro y muchas gracias por darme ánimos y presionarme por los capítulos jajaja saben que tienen un pedazo de mi corazón.

Déjenme un comentario, opinión, critica, teoría o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Recuerden que aun falta un outtake, que es desde el punto de vista de Edward.

Nos vemos pronto