Cap. 16

La oportunidad de ir al templo Hyuga fue interrumpida por una repentina reunión a la que mandaron a llamar a todos incluyendo a ella.

Como siempre en la sala se sentaron sobre el escalón de madera los ancianos y Neji mientras que el resto del clan descansaba sobre el tatami. Hanabi también estaba en la sala junto a Neji ocupando el lugar de la rama principal.

-Os hemos reunido aqui con el motivo del asesinato de Tokuma. La policía de Konoha ha sido incapaz de encontrar al asesino de Tokuma por lo que nosotros nos ocuparemos de resolverlo. Por lo que ninguno de nosotros saldrá de esta mansión y mucho menos hablará con la policía.

Hinata sintió la presión de la mirada de Neji sobre ella, haciéndola sentir más inquieta de lo que ya estaba, ahora no sólo debía preocuparse de la policía de Konoha sino que también de su propio Clan. Suspiró cansada, solo esperaba que esto se acabará pronto.

Trato de pasar desapercibida durante todo el día, limpiando la mansión y cuidando de Hanabi.

-Aqui estabas Hinata alguien te está buscando en la puerta. Pero no tardes mucho.- le dijo Natsu

-Nee-chan ¿a dónde vas?- pregunto Hanabi agarrándola de su ropa- Neji se va enfadar mucho.

La cara de preocupación en la niña caló en ella, Hanabi no era estúpida sabía que a veces su hermano no controlaba su ira y la pagaba con Hinata.

-No te preocupes no tardaré.- respondió Hinata con una sonrisa tranquilizadora.

Fue a la puerta encontrándose con la sorpresa y desilusión de que allí estaba Shisui. Ella creía que se iba a encontrar con Itachi pero no fue así ¿Por qué se preocupaba tanto por no verlo? Ella tenía muchas cosas más importantes de lo que preocuparse.

-Buenos días Shisui-kun.

-Hola Hina-chan ¿Cómo estás?

Hinata asintió y antes de que el muchacho de cabellos revueltos preguntara lo obvio ella hablo.

-Lo siento, Shisui-kun pero no puedo hablar ahora mismo. Si supieran que estoy conversando con un Uchiha me castigarán.

Y por supuesto que la iban a castigar con golpes o peor aún con el sello maldito.

Shisui lo entendió a la perfección y no quería causarle problemas a su amiga.

-Lo sé, pero he venido a entregarte esto de parte de Itachi.- Saco de su bolsillo una pluma negra, la de un cuervo, y se lo entrego a ella.- Dijo sobre guardarla o algo así, ya sabes que no suelo terminar de escuchar las conversaciones de Itachi, son tan aburridas...

Aquello saco una risa a Hinata, ya conocía lo monótonas y técnicas que podían llegar a ser las conversaciones de Itachi. Estaba claro que las relaciones personales no eran su fuerte.

-Sonreiste, hace tiempo que no veo esa sonrisa.

-Gracias Shisui y también a Itachi. Adiós.

Hinata hizo una reverencia antes de cerrarla puerta.

Hinata atesoraria aquella pluma. Volvió con Hanabi como la había prometido y paso la tarde jugando con ella.

Esa madrugada cuando todos fueron a dormir se escabulló al templo Hyuga, dejo un señuelo en su habitación por si a alguien se le ocurría entrar a su habitación. Su padre había tenido razón cuando dijo que el Byakugan no iba a encontrar nada. Trato de recordar la conversación con su padre, él le había dicho que se encontraba escondido a la vista de cualquier ojo blanco. Desactivo su doujutsu, tanteo toda la habitación en busca de algún pergamino o información sin encontrar nada, hasta que por error derribo uno de los tazones sagrados con ofrenda a Hagoromo y este abrió el suelo bajo sus pies mostrando unas escaleras por las que Hinata rodó.

Llegó hasta el final adolorida y la trampilla por la que había caído se cerró inmediatamente dejándola a oscuras ni siquiera con el Byakugan podía ver algo de aquella habitación y mucho menos el exterior. Estaba atrapada.

-Menos mal que deje una copia de mi misma.- murmuró.

Decidió hacer un jutsu de fuego para alumbrar la habitación encontrándose de golpe con la estatua de piedra de una mujer con cuernos. Hinata debía admitir que era realmente hermosa, nunca había visto una belleza como esa, menos mal que solo era una estatua. La habitación era realmente pequeña y guardaba varias capas de polvo. A los pies de la estatua había algunos platillos con algo que Hinata supo que tuvo que haber sido comida, también había una inscripción labrada en la piedra que ponía: Progenitora del chakra.

-Kaguya...

Había estudiado la historia de su ancestro Hagoromo y sabía que Kaguya había sido su madre ¿Pero porque guardaban semejante estatua en un lugar así?

Su pregunta fue contestada al encontrar pergaminos en la pared, quizás ellos le pudieran responder o tal vez darle información sobre el Tenseigan. Agarro el primer pergamino y se sumergió en la lectura

Mientras tanto su clon se levantaba de la cama y hacia las labores domésticas que le habían encomendado, en todo el día nadie se había percatado del cambio y era un gran alivio. Estuvo jugando casi todo el día con Hanabi, la niña se había decidido a enseñarle todos sus nuevo movimientos de taijutsu y después la había casi exigido con su vocecita a hacer unos muñequitos de tela y bueno quien era ella para decirle que no.

Después de tenerla todo el día de un lado para otro por fin Hanabi cayó como una piedra ante el sueño, había sido un día agotador pero mereció la pena cada minuto con Hanabi la hacía olvidar de sus problemas y la hacía sentir feliz aunque sea por unos instantes.

Así como todo lo bueno llegaba a su fin Hinata vio por la ventana, aunque fue tan solo por un segundo la imagen de un ambu sobre uno de los árboles cercanos a la mansión. Espero a que llegará el cambio de guardia y escapo de la mansión.

Una vez fuera no tuvo que buscar mucho para encontrarse con el ambu que la guío sigilosamente hasta una zona apartada de Konoha tras la montaña con los rostros de los Kages, Hinata no tenía ni idea de que había unas instalaciones ocultas allí pero prefirió permanecer callada sin avergonzarse. Era un edificio de apenas una planta pero la sorprendió ver las interminables escaleras que iban hacia abajo.

El ambu no dijo absolutamente nada en todo el trayecto hasta que llegar a una habitación apenas alumbrada por una bombilla de baja luz con Danzo dentro. Esperándola.

El ninja cerró la puerta tras de ella dejándola a solas con el sujeto, empezaba a creer que había sido mala idea seguir a aquel ambu.

-Siempre pensé que eras estúpida pero parece que te encanta rayar los límites de estos.

-¿Que desea Danzo-sama?- pregunto ocultando la molesta que estaba por su comentario.

-Quiero que me lo entregues.

-Lo lamento pero no entiendo a qué se refiere.

-Quiero el Byakugan que le arrancaste a tu primo.

Así que él lo sabía, estaba bastante segura de que el Hokage no tenía ni la más menor idea de lo que había hecho Hinata y mucho menos las intenciones siniestras de el hombre.

-No sé que le hace pensar que aún mantengo los ojos de Tokuma.

-No te me hagas la estúpida. Entregamelos.

-Aunque los tuviera que razón tendría para dárselos, esos ojos pertenecen al clan Hyuga.

-No trates de hacerte la santa después de lo que hiciste, esos ojos ya no os pertenecen. Yo soy el único que podría darle buen uso ese doujutsu. Pero ¿Que pensaría Hiruzen sobre ti después de saber que asesinaste a un primo tuyo y que incluso trataste de deshacerte del cuerpo?

-Y usted ¿Que haría el Hokage cuando sepa sus intenciones con el Byakugan?- contraatacó Hinata.

Danzo se abalanzó hacia ella agarrándola del cuello de la chaqueta y golpeándola contra la pared.

-El único motivo por el que ustedes Hyuga siguen vivos se debe a mi benevolencia.

-En algo está usted equivocado, la única razón por la que no ha podido se debe a que no les puede tocar sin provocar una guerra de la que estoy segura que Konoha tiene las de perder.. -Sentía su corazón palpitar con fuerza en su pecho por la adrenalina de enfrentarse a Danzo.- Conseguir el Byakugan no cambiará nada.

Fue un golpe directo lo que hizo que el clon de Hinata desapareciera en una cortina de humo.

-Esta bien si tu no me los darás solo tendré que esperar a que asesines a tu familia para robarselos.

Hinata acababa de terminar el último pergamino cuando la memoria de su clon llegó a ella.

Ahora que había encontrado la forma de desarrollar el Tenseigan solo le quedaba esperar el momento para dar fin a a todo pero antes tenía que salir de ese sitio.