EASY

Capitulo 8:

Una vez más, Ulquiorra se acercó a una chica al final de la clase. ¿Qué demonios? ¿Cada chica de nuestra clase siente necesidad de conversar con él? Pero entonces un hombre se acercó a su lado, su brazo rodeando los hombros de la chica. Alarmada, me di cuenta de lo que mi reacción visceral implicaba: celos.

Incluso con un chico que apenas conocía, con quien había intercambiado más saliva que palabras.

Al pasar el último pasillo, Ulquiorra me dio una sonrisa forzada con una ligera elevación de la barbilla y desvió su atención de nuevo a la pareja delante de él.

En conflicto conmigo misma, me sentía dividida en partes iguales, aliviada y decepcionada.

Le pedí consejos a Rukia durante el almuerzo.

—Él mantiene sus opciones cerca. —Almorzando un típico batido de Jamba Juice, ella reflexionó las posibles causas de su silencio—. Es casi como si... se resistiera a sentirse atraído por ti. No me malinterpretes, pero los chicos generalmente se alejan, pero usualmente pasa hasta que hayan conseguido algo —me miró fijamente—. ¿Estás segura que nada más sucedió la noche del viernes?

Solté un suspiro y golpeé mi frente con la palma de mi mano.

—Oh claro, olvidé por completo esa parte donde tuvimos sexo salvaje toda la noche.

Ella rodó los ojos, y luego levantó las cejas.

—Hola. ¿Qué pasa si él tiene una novia?

Fruncí el ceño. No había pensado en eso.

—Supongo que eso es posible.

Mi mente viajó hacia un pensamiento que no podría decir: ¿Qué pasa si lo que sucedió la noche que nos conocimos le pareció tan patético y absurdo como yo ya me sentía, y no pudo superarlo? Esos minutos aterradores me obsesionaban todavía, y Grimmjow hace unos días sólo amplificó la amenaza.

No sería la última vez que lo vería.

Él estaba en la misma fraternidad de Ishida. Era amigo de Rukia e Ichigo, y todo mi círculo de amistades. Era casi inevitable.

—Una novia definitivamente golpea nuestros planes —reflexionó Rukia.

De la nada, me preguntaba si Usagi tenía una novia. No había mencionado una, pero ¿por qué habría de hacerlo? No había ninguna razón para que escribiera "Oye, por cierto, tengo una novia" en uno de nuestros intercambios de correos electrónicos. No podía encontrar la forma de preguntar.

Parecía tan sincero como yo, estaba segura de que me iba a responder.

—¿Orihime? —La voz de Rukia interrumpió mis pensamientos.

—¿Eh? Lo siento.

Ella arqueó una ceja, sorbiendo lo último de su licuado.

—¿En qué estás pensando? Conozco esa mirada calculadora, y como tu oficial al mando, necesito conocer cualquier cosa que estés tramando.

Mordí el sándwich en mi mano, tirando los tomates fuera y colocándolos en la esquina de mi bandeja. Yo no podría decirle acerca de Grimmjow. Pero podía confesar mi creciente interés en Usagi.

—¿Conoces a mi tutor de economía?

Ella asintió con la cabeza, confundida, y de repente, me di cuenta que era sólo una atracción online. Dado que asistimos a una universidad donde hay miles de chicos solteros parece la cosa más ridícula en la historia de las cosas ridículas.

—Bueno, a veces parece que estamos coqueteando. Y una vez, dijo que Ishida era un idiota.

Ella arqueó una ceja.

—¿Él sabe de Ishida?

—No, quiero decir, él dijo "tu ex es un imbécil". No creo que realmente lo conozca. Era más bien una declaración... un elogio, para mí. —Mordí mi sándwich de pavo, tocino y guacamole.

—Hmm —Rukia se inclinó y apoyó ambos codos sobre la mesa entre nosotros—. Bueno, es un hecho que no puede ser tan caliente como Ulquiorra. Pero él es un profesor, por lo que debe ser inteligente. Dios, él debe conocer todos los callejones. ¿Él es lindo en todo?

—Er… —le dije, todavía masticando.

Ella entrecerró los ojos.

—Oh, Dios mío. Tú nunca lo has conocido, ¿verdad?

Cerré los ojos y suspiré.

—No exactamente.

—¿No exactamente?

—Está bien, bueno no del todo. No tengo ni idea de cómo luce, ¿de acuerdo? Pero él es inteligente y divertido. Y ha sido muy agradable, y me ayudó mucho, estoy casi atrapada en la clase, excepto por ese proyecto.

—Orihime ¡No puedes morir por un chico sin verlo! ¿Qué pasa si como él luce rompe el acuerdo? Él podría parecer… —ella escaneó el comedor y se concentró en un chico de aspecto espeluznante con una andrajosa camiseta, que pasaba por delante de nuestra mesa — ese chico.

Me crucé de brazos, ofendida en nombre de Usagi.

—Ese tipo se parece a un marginado social. Usagi es demasiado inteligente como para parecerse a eso.

Se cubrió los ojos y sacudió la cabeza.

—Está bien. Vamos a hacer un Plan B para Usagi —me miró, usando su teoría de la expresión conspiradora, la de ojos entornados y labios fruncidos.

—¿Qué es lo que realmente sabes acerca de ese tipo Usagi?

Me eché a reír.

—Mucho más de lo que sé sobre ese chico Ulquiorra.

—Excepto lo que se ve y se sabe —movió las cejas.

—¡Ugh! Rukia. Tienes una mente tan cochina.

Ella sonrió maliciosamente

—Yo prefiero pensar que es directa.

Nos saltamos Starbucks como parte del plan de Rukia, aunque ella se lamentaba del sacrificio que hacía en mi nombre por no tomar su café.

Dejándome con instrucciones estrictas de no textos o correos electrónicos a cualquiera de ellos, me dio un abrazo rápido antes de ser tragada por un grupo de sus hermanas de fraternidad, las cuales actuaban como si fuéramos conocidas lejanas.

Hace un mes, me habían sancionado como la novia de Ishida GDI, y ahora yo sólo era la pobre, no griega, compañera de cuarto de Rukia.

La lavandería se encontraba en cada piso de la residencia, pero como todo el mundo en mi piso decidió realizar cargas al mismo tiempo, las lavadoras estaban llenas.

Dejando la bolsa en un escalón, bajé las escaleras saltando de uno en uno con la esperanza de que los residentes de piso de abajo, fueran más tranquilos con la limpieza, por lo menos esta noche.

Diez minutos después, me dirigía a mí habitación con la bolsa vacía. Parada justo en el interior del hueco de la escalera, mi teléfono sonó. Respondí el mensaje de Rangiku donde me recordaba que debía enviarle un correo electrónico con un link para una tarea de español que estábamos haciendo juntas.

Sentía picazón por enviar un texto a Ulquiorra, o un mail a Usagi, así que empujé el teléfono lo más profundo que pude en mi bolsillo delantero. Le había prometido a Rukia que no lo haría. Ella sabía cómo pensaban los chicos mientras que mi año de experiencia con Ishida me dejaba muy mal preparada para este tipo de maniobras complejas.

Francamente, las reglas para vincularse no parecen mucho menos complicadas para mí, que las reglas para la búsqueda de una relación, pero ¿qué podía saber yo?

La puerta de abajo se abrió y se cerró, mientras doblaba la esquina y escuché los pasos ascendentes, estos sonaron detrás de mí.

Había cientos de residentes en mi edificio y aunque todos utilizan los ascensores o las escaleras principales para ir y venir del edificio, la mayoría de nosotros empleábamos permanentemente el húmedo hueco de la escalera cuando nos desplazábamos entre dos pisos.

Con los pelos de punta, y la sensación de claustrofobia que era algo que sentía siempre, me obligué a mí misma a no correr a toda velocidad hacia la puerta en la parte superior.

Me detuve bruscamente cuando me di cuenta que me estaba moviendo hacia adelante, pero mi bolsa de ropa no. Suponiendo que se me había enganchado en la barandilla me volví para liberarla y me encontré cara a cara con Grimmjow. El extremo de la bolsa estaba atrapado en su puño.

Di un grito ahogado y mi corazón se detuvo, todo suspendido en cámara lenta, y mi corazón comenzó a golpear en mi pecho igual que una maquinaria pesada. Se acercó a la escalera justo debajo de mí, y se burló mirándome desde arriba.

—Hola, Hime. —La bilis subió por mi garganta con el sonido de su voz y yo la tragué.

—Oh, no. Supongo que ahora eres Orihime, ¿cierto? ¿No es eso lo que dijiste? Una rosa con cualquier otro nombre olería tan dulce... —Cuando él se acercó más a mí, traté de subir las escaleras y tropecé, tumbada utilicé la oportunidad de trepar hacia la puerta, pero él se agachó y tiró de mí con facilidad, con sus dos manos agarrando mis hombros.

—No me toques —me atraganté.

Él sonrió como si estuviera hipnotizando a su presa, atrapada. Estaba jugando conmigo.

—Vamos, Orihime, no seas así. Tú siempre has sido realmente linda para mí. Sólo quiero que seas un poco más agradable, eso es todo.

Sus palabras no se arrastraron en esta ocasión. Él estaba sobrio y firme, y la maldad en sus ojos me dijo que pagaría por mi fuga de la noche de la fiesta. Yo pagaría por lo que Ulquiorra había hecho.

Negué con la cabeza.

—¡No! Estoy diciendo que no, Grimmjow. Igual que la última vez.

Sus ojos se estrecharon, yo apenas pude oír la maldición que él siseó, con la sangre circulando en mis oídos. Corre. Corre. Corre, parecía decir, y me habría gustado obedecer. Solté la bolsa, que cayó a nuestros pies.

—Yo sé que lo que pasó esa noche no fue tu culpa —se encogió de hombros—. Eres una chica bonita, y, obviamente, ese tipo tenía la misma idea que yo. Él solo ganó ese asalto debido a que yo estaba tomado. —Su aliento cayó en mi cara, caliente, sin rastro de alcohol. —Entonces, ¿él te folló en su auto o te llevó de vuelta a tu habitación y te tomó ahí? Sé que Rukia estaba con Ichigo esa noche. Igual que esta noche.

Me estremecí con sus palabras vulgares. Yo no le había enviado un texto a Rukia aún, pero no era imposible que ella se estuviera quedando con Ichigo esta noche.

Uno de sus brazos rodeó mi cadera, apretando dolorosamente. El dolor no era nada en comparación con la degradación de ser manoseada en contra de mi voluntad.

—La escalera es un poco incómoda, pero factible. ¿Por qué no vamos a tu habitación? Voy a hacer que te guste, cariño.

Su amenaza era evidente. Si decía que no, el me violaría aquí.

—Alguien puede entrar por el hueco de la escalera en cualquier momento.

Se echó a reír

—Es cierto. Lástima que no estés usando esa pequeña falda que tenías la otra noche. Yo podría ponerte contra la pared y hacerlo en dos minutos, sin tener que quitarte nada.

La cabeza me daba vueltas. Me apreté contra la escalera, tratando de avanzar, aunque sea un poco, pero no pude.

—No sería la primera vez que he sido sorprendido con una ardiente chica en una posición contra la pared. Y Hey —como bonus— si quieres puedes conseguir vengarte de Ishida por haberte abandonado, luego te convertirías en la chica que hace lo que sea, donde sea, con quien sea. Eso sería una locura —se encogió de hombros—. Tú ya empezaste con ese pedazo de mierda y ¿quién sabe quién más? Así que, podemos hacerlo aquí, si eso es lo que quieres.

—No —dije, reteniendo las lágrimas—. Mi habitación. —Mi respiración jadeante, inestable esperando que no me haya equivocado con la evaluación del guisante que debía ser su cerebro.

Él sonrió, y casi vomité. Nunca he querido vomitar tanto como ahora, pero mi cuerpo lo reprimió por instinto.

Su brazo rodeó mi cadera, se giró hacia la puerta en la parte superior, agarrando la bolsa de ropa sucia del suelo. Me pregunté si me animaría a hacer lo que estaba a punto de hacer. Si estaría dispuesta a gritar, luchar y arañarlo en el pasillo, humillarme delante de todos, con la esperanza de que él no fuera a tener éxito en llevarme a mi habitación. Si lo hacía, estaba acabada.

Las paredes no eran a prueba de sonido, pero todo el mundo estaba acostumbrado a escuchar todo tipo de ruidos que emanaban de las habitaciones vecinas. Si alguien, incluso escuchaba algo sobre su música, televisores y juegos de video, probablemente pensarían que no era nada.

Salimos al pasillo, y evalué a las personas en las que estaba a punto de confiar.

Mi habitación estaba a seis puertas de la escalera. Dos chicos en el extremo opuesto de la sala estaban practicando kick-flips en un monopatín. Misaki estaba en el centro de la sala, hablando con Jiro, un chico de la cuarta planta.

Cuando nos vio, su boca se abrió y antes de que la cerrara, Jiro miró sobre su hombro, saludó a Grimmjow, y se volvió hacia ella con una risa ahogada. Esto era malo.

Rose quien tenía su habitación dos puertas más abajo, entró en el pasillo con su ropa. Me detuve. Era ahora o nunca. Grimmjow dio un paso adelante antes de darse cuenta que no me movía. Se volvió hacia mí.

—Vamos, I—dijo.

—No. Tú no vas a entrar a mi habitación, Grimmjow. Quiero que te vayas ahora.

El shock dibujado en su rostro. Rose, Misaki y Jiro se quedaron inmóviles, esperando conocer de primera mano lo que estaba a punto de ocurrir.

La palma de Grimmjow estaba en mi codo.

—Eso no es lo que dijiste hace unos minutos, nena. Vamos a tener esta conversación en privado —trató de empujarme hacia adelante, pero solté mi brazo de su carnosa mano.

—Quiero que te vayas. Ahora —lo fulminé con la mirada, estaba agitada.

La indecisión se dibujó en su rostro. Cinco personas estaban viendo. Alzó ambas manos, las palmas hacia fuera.

—No te enojes, ¿de acuerdo? Traté de decirte que esa pared sería fría y áspera. No es mi culpa que no pudieras esperar cinco minutos. —Lanzando la bolsa encima de su hombro dijo—: Llámame más tarde, cuando te enfríes, niña bonita —golpeó los puños con Jiro y se acercó a la escalera, yo esperé hasta que desapareció por la puerta para moverme.

Mi cara ardía, abrí mi puerta, mientras que Misaki susurraba no tan discretamente detrás de mí.

—Ay, Dios Mío ¿Ellos sólo lo hicieron en el hueco de la escalera? Ella tenía un chico en su habitación la noche del viernes. Me pregunto si estaba jodiendo con Ishida y es por eso que…

Cerré la puerta, y me apoyé, deslizándome hasta el suelo, temblando. Las lágrimas caían sobre mi rostro, mi respiración se estremeció, dejando mi pecho dolorido. Quería salir corriendo, irme a casa. Olvidarme que me habían dejado, que rompieron mis sueños. Olvidarme de la constante sensación de ser demasiado inexperta y estúpida para hacer frente a mi propia vida.

Esta vez había sido más lista que Grimmjow, haciendo que dos veces no obtuviera lo que quería, y él estaba enojado. Popular y bien parecido, podía elegir a la chica que quisiera, y por lo que había oído y visto, utilizaba esa ventaja al máximo. Yo no era tan bonita como Misaki, a quien constantemente se le lanzaban chicos en su camino.

No había ninguna razón para que él se fijara en mí.

Había existido cierta rivalidad desde el principio entre Grimmjow e Ishida, pero no podía recordar qué era. Al parecer algo sucedió entre ellos. ¿Me acosaba debido a algún rencor en contra de mi ex?

Él creía que podría remplazar a Ishida para lograrlo.

Iba a decirle a Rukia. Ella se pondría furiosa conmigo por mantener esto para mí misma, y temía su reacción, pero no tuve otra opción. Ya no más.

Yo: Tengo que hablar contigo.

Rukia: ¡Necesito hablar contigo, también! Nos vemos en nuestra habitación después de tu clase.

.

.

—¿Orihime, te reuniste con Grimmjow anoche? —siseó Rukia cuando la puerta de nuestra habitación se cerró detrás de ella.

Sentí la sangre abandonando mi rostro.

—¿Dónde has oído eso?

Hizo un sonido de pshh.

—¿Cuándo no oigo? ¿Por qué no me lo dijiste esta mañana durante astronomía? ¿Y por qué Grimmjow de todas las personas? Quiero decir, él es caliente y todo…

—No lo hice —tragué con dificultad, y mis ojos se llenaron de lágrimas—. No lo hice, Rukia.

Ella parpadeó al ver mi expresión y cruzó la habitación en tres zancadas, agarrando mis brazos

—I, ¿qué te pasa? ¿Qué pasó?

Me tiré en mi cama y ella se sentó conmigo, sus ojos muy abiertos.

—Yo... tengo que decirte algo.

—Bueno... estoy escuchando...

¿Por dónde debía iniciar? ¿Ayer por la noche? ¿Hacía dos semanas?

—Cuando me fui de la fiesta de Halloween temprano hace par de semanas atrás, Grimmjow me siguió —masticaba un pedazo suelto de piel en mi labio y sabía que estaba sangrando. El sabor de la sangre hizo que el recuerdo esa noche fuera más vívido—. Estaba borracho. Él me empujó dentro de mi camioneta —me obligué a que las palabras salieran de mi boca.

—¿Qué? —Su agarre estaba haciéndose más apretado.

—Él iba a vi-violar-m-e.

—¿Iba?

Cerré los ojos. Lamiendo la sangre de mi labio.

—Ulquiorra apareció de la nada. Él se lo impidió.

—¡Oh mi puto Dios!

El silencio siguió, por fin abrí los ojos. Rukia todavía apretaba uno de mis brazos mientras miraba a la alfombra gastada bajo nuestros pies.

—¿Me crees? —Las malditas lágrimas no dejaban de salir, aunque me sentía segura de que me secaría pronto.

La última vez que lloré, antes de que Ishida rompiera conmigo, y antes del mes pasado, había sido hace más de un año atrás, cuando me fracturé el fémur practicando snowboard. Antes de eso, cuando nuestro perro viejo, Cissie, murió.

—Orihime, ¿cómo puedes….? ¡Por supuesto que te creo! ¿Qué clase de pregunta es esa? —me miró, ofendida—. Y por cierto, ¿por qué diablos no me lo dijiste antes? ¿Por qué pensaste que no te creería? —Su labio temblaba, la transformación de su expresión fue de ofendida a herida.

—Ichigo y Grimmjow son los mejores amigos, y yo pensé que sólo...

—¡Orihime, esta es exactamente el tipo de cosas que las mujeres deben compartir con otras! Me importa una mierda si estaba borracho.

—Hay más.

Se sentó, mirándome fijamente y en silencio.

—Ayer por la noche, me sorprendió en el hueco de la escalera. —Los ojos de Rukia parecían globos inmensos y negué con la cabeza—. No pasó nada. Yo lo engañé para que subiera, diciendo que podía ir a mi habitación. Cuando entramos en el pasillo, y con otras personas alrededor, le dije que se fuera. —Me cubrí la cara con las manos, ahogando el resto—. Él lo hizo sonar como si lo hubiéramos hecho en el hueco de la escalera. Misaki escuchó…

—Me imagino —dijo Rukia, tomando mis manos—. Esa puta chismosa no tiene derecho a difundir rumores sobre nadie. No me preocupo por ella. Pero sé honesta conmigo, I. Te hizo daño, ¿verdad? —Sus ojos brillaron.

Negué con la cabeza.

—Sólo me asustó.

Ella suspiró, con la frente arrugada y luego se enderezó.

—Espera. ¿Así que ese hijo de puta mentiroso se topó con los puños de Ulquiorra varias veces, no con un grupo de matones?

—Sí.

El dolor se deslizó por su cara, podía verlo en sus ojos.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Mis hombros se deslizaron hacia arriba y hacia abajo, de manera casi imperceptible.

—Yo no lo sé. Lo siento.

Su respuesta fue abrazarme.

—¿Y Ulquiorra? ¿Lo conocías antes de todo esto?

Me apoyé en ella, metiendo mi cabeza debajo de su barbilla.

—No. Yo nunca lo había visto antes de aquella noche. Nuestra clase de economía era enorme, y no es como si estuviera mirando a otros chicos. Tenía a Ishida —mis manos palmearon mi regazo—. O mejor dicho, creo que lo hice.

Los brazos de Rukia se tensaron.

—Por supuesto que sí..

.

Asistes a las clases de tutoría? He ido un par de veces, pero no recuerdo haberte visto allí. —La voz de Hikaru lanzó mi atención lejos de Ulquiorra.

—¿Huh?

Rió e introduje mi libro de economía en la mochila a mis pies, avergonzada de haber sido atrapada mirando a Ulquiorra.

De nuevo.

—¿Las sesiones de tutoría? Desearía poder ir, pero tengo otra clase a la misma hora. Aunque nos hemos estado enviando correos, necesitaba ayuda para ponerme al día luego de mi hiato de sensatez que duró dos semanas.

De pronto, me di cuenta de que si Hikaru había asistido a las clases de tutoría, eso significaba que había visto a Usagi.

También había deducido, luego de algunos comentarios deliberadamente transparentes, que Hikaru era gay. Por lo que podía que no se opusiera a responder preguntas como cuán exactamente ardiente era el tutor de economía.

—Así que, has asistido a un par de sesiones, ¿no?

Asintió y decidí comenzar con algo mucho más fundamental.

—¿Hay alguna manera de que el tutor sea, ya sabes, gay? —sostuve mi aliento, esperando por su respuesta.

—¿Qué? ¿Insinúas que le hago recompensas? —Se rió cuando parpadeé, preocupada de haberlo ofendido—. Sólo juego contigo. Estoy bastante seguro que no juega para mi equipo. Y aunque lo hiciera, estaría un poco fuera de mi alcance —aspiró aire profundamente y luego le dio golpecitos a su estómago, el cual se hizo algo plano por el esfuerzo—. Nada que un par de semanas en el gimnasio y dejar el pan por los fines de semana, no pueda arreglar.

Rodé mis ojos.

—Cállate.

Suspiró.

—Amo ser un chico. ¿Necesitas perder dos kilos? No comas salsa de tomate por un par de semanas. Problema resuelto.

Colocamos las mochilas sobre nuestros hombros y nos dirigimos hacia las escaleras.

—De verdad te odio en estos momentos.

Se rió, aún más, cuando mis ojos escanearon el espacio entre el asiento de Ulquiorra y la puerta. Ya se había ido.

—Así que, intercambian correos e intensas miradas durante la clase. Apuesto a que no eres la única chica, o chico, en la clase de Aizen que piensa que el tutor es tan ardiente como un tamal, pero puede que seas la única por la cual el sentimiento es mutuo.

Escuché sus palabras al bromear, pero mi mente no registró nada más luego de que hice la conexión que estuvo frente a mí todo el tiempo

—¿Ulquiorra… es el tutor?

Hikaru se detuvo conmigo, ambos siendo golpeados por las personas caminando a nuestro alrededor.

—No conocía su nombre, pero sí.

Santa mierda

Me arrastró por el pesado flujo del tráfico

—¿No sabías que él era el tutor? —sonrió—. Supongo que ahora irás a la sesión, ¿huh? Es decir, técnicamente, estás fuera de los límites, pero no eres la única en ese juego de miradas o no estaría bromeando contigo —inclinó su cabeza hacia abajo y me miró a los ojos— ¿Orihime? ¿Qué demonios?

Consideré los correos que me escribía como Usagi y las miradas de Ulquiorra, sus mensajes… y lo más notable, los bocetos y la sesión de besos de hace cinco días. Luego de la cual no me había escrito. O enviado un correo. ¡No me había dicho que era Usagi!

—No lo sabía. —Como si necesitara otra jodida cosa para hacerme sentir más como una completa idiota.

—Hola, Señorita Obvia, ya había deducido eso por tu expresión confundida y atontada. ¿Quizás pensó que lo sabías?

Sacudí la cabeza.

—Sabía que no tenía idea —fruncí el ceño— ¿Y a qué te refieres, con que estoy fuera de los límites?

Levantó un hombro.

—Mi compañero de habitación hizo tutoría en la clase de química de primer año. Los tutores deben atender a la clase en donde hacen las sesiones, pero no se les permite que, ya sabes, fraternicen con esos estudiantes. Conflicto de intereses. No es tan grave como con los profesores y asistentes graduados, a quien se les aconseja no enredarse con ningún estudiante. De todas maneras, no es como si no sucediera. Todos somos humanos.

Miré hacia el piso.

—¿Acaso soy completa y jodidamente despistada? ¿Cómo es que no lo sabía?

Hikaru colocó un dedo bajo mi barbilla.

—Um. Estoy captando la distintiva sensación de que hay algo de fraternización sucediendo —suspiró al ver la expresión en mi rostro—. Mira, si nunca has asistido a una sesión de tutoría y ninguno de sus alter egos te dijo que era el mismo chico, ¿cómo es, exactamente, que se supone que debías saberlo?

La tensión en mis hombros se esfumó un poco.

—Supongo que tienes razón.

—Por supuesto que la tengo. ¿Ahora qué?

Mi mandíbula se tensó.

—No tengo idea. Pero una cosa si es segura, no le voy a decir que lo sé.

Hikaru sacudió la cabeza, con un brazo alrededor de mis hombros mientras marchábamos de nuevo hacia la ola de estudiantes. Cuando me registré para economía, no tenía idea de que presenciaría este nivel de drama perteneciente al estilo reality show. Era como un extra súper gigante.

Rukia: Nos inscribí para una clase de defensa personal

Yo: ¿Qué?

Rukia: Hecha por los oficiales del campus. Los sábados desde las nueve hasta el mediodía, comenzando esta semana, saltando el fin de semana de acción de gracias y luego dos más.

Yo: De acuerdo.

Rukia: ¡Podremos sacarles la mierda a los chicos en esos grandes trajes bombachos! Siempre he querido sacarle de verdad las entrañas a algún tipo grande. ¡Ahora puedo hacerlo sin ninguna culpa!

Yo: Estás enferma, chica.

Rukia: Completamente culpable. (: