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¡Holo! .o./ Acá paso dejando cap, estoy llena de nostalgia porque se acaban las Olimpiadas… QwQ)9 ¡Y no me hablen del final de BLEACH! Una de mis OTPs se fue al caño y me lastima… por eso, un poco de dulce para pasar la pena. U,U
Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. La historia extraña y dulcemente empalagosa es totalmente mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamientos»
Narración.
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Capítulo Treceavo
~La Lluvia~
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Su lección no iba como esperaba.
Se suponía que ese día iba a recibir ―por fin― una verdadera y completa lección de cocina luego de las muy básicas que le había dado Jellal debido al malentendido que habían tenido, pero no estaba sucediendo como pensó.
¿Quién diría que Mirajane se mostraría tan interesada en su tutor?
Pues la pelirroja que los miraba con los ojos entrecerrados mientras lavaba lechugas nunca lo esperó.
―Entiendo… ―la mujer albina se llevó un dedo a la mejilla―, así que ese es el truco para los profiteroles…
―Así es, no es nada difícil en realidad ―respondió amablemente el pastelero; quien, a decir verdad, estaba asombrado de que Laxus fuese capaz de decirle a esa mujer "Demonio" porque en realidad se le hacía la mar de amable y encantadora.
―Lo pondré en práctica la próxima vez ―sonrió divertida―, y pensar que Laxus no nos había presentado, pude haber aprendido esto desde hace mucho tiempo.
―Laxus me había contado que usted, su prometida, era una gran amante de la cocina, creo que debió decir que además era una gran conocedora ―respondió el peliazul.
―Ara, puede tutearme y llamarme Mira ―replicó―, algo me dice que nos llevaremos muy bien.
―Eso sería todo un honor, usted… es decir, tú también puedes llamarme por mi nombre.
Erza infló las mejillas.
Desde que se habían presentado encontraron varios temas afines y no habían dejado de conversar entre ellos, al punto de que Jellal le había dicho a Erza que hoy harían una ensalada griega, de esa manera no había tenido que darle mayores instrucciones más que:
"Lee la receta"
"Prepara los ingredientes"
"Prepara los materiales"
"Lava la lechuga"
"Corta la lechuga con las manos"
"Lava los tomate cereza"
Y en cambio con Mirajane hablaba de lo más cordial, le daba trucos de cocina de nivel avanzado ―que le debería estar dando a ella―, y aparte ya se tuteaban y ella aún tenía que luchar para que lo hiciese con ella.
¡La injusticia!
―Y apenas se conocen de hace una hora… ―murmuró y apretó con tanta fuerza que unos inocentes tomates cereza terminaron hechos puré.
―¿Cómo vas con la ensalada, Er Chan? ―interrogó la albina al escuchar un murmullo inentendible venir de la mujer pelirroja.
―M-muy bien… ―tartamudeó y echó en el triturador del lavadero los tomates que había arruinado.
―Luego tiene que cortar el pepino, el pimiento verde y la cebolla ―instruyó el azulado―, con el queso feta puedes trocearlo o rallarlo aunque es preferible la primera opción por estética. ¿Alguna duda, señorita Scarlet?
―No, ninguna Profesor Fernandes…―barbulló sarcástica y el tutor elevó las cejas en sorpresa por el tono, en cambio la albina contuvo al sonrisa que se quería expandir en su rostro.
―¿Se encuentra bien, señorita Scarlet? ―se levantó de la silla del desayunador y se dirigió a la zona que la albina había apodado "Rinconcito del desastre". El único lugar donde Mirajane le permitía a la peli-escarlata cocinar.
―Estoy muy bien ―contestó cortante y echó los tomates sobrevivientes en el tazón de la lechuga recién lavada y cortada―. Muy, muy bien… no se preocupe y siga hablando con Mira, parecen tener mucho en común… ―terminó mientras tomaba el cuchillo y troceaba el pepino con habilidad y rapidez envidiable.
De momento usar cuchillos era su más grande habilidad.
―Er Chan es una mujer muy hábil, Jellal ―la ojiazul se acercó a ellos―, sin duda no quiere que te preocupes. Mejor cuéntame sobre tus hermanas. ¿Es verdad que eres su tutor legal?
―Sí, eso… ―el azulado miró extrañado como la cebolla desaparecía finamente cortada bajó el filo implacable del cuchillo ―arma mortal― que empuñaba la peli-escarlata.
―No se preocupe, profesor ―terminó con la cebolla y tomó el pimiento―, no seré buena para dar sazón pero cortar es mi fuerte… puede seguir hablando.
―Señorita Scarlet, tenga cuidado, por más hábil que sea podría cortarse y…
―Ya le dije que estoy bien…
―Pero lo que digo es que tenga cuidado porque…
―¡Aaay! ―como si de una profecía se tratase la estudiante de cocina soltó el cuchillo cuando éste mordió la carne de su dedo medio― ¡Demonios!
―Je vous l'avais bien dit! ―suspiró el pastelero quien con un rápido movimiento ya había tomado la mano de la mujer en la suya― Tenía aún las manos húmedas por lavar los vegetales, por eso le recordé al inicio de la importancia de las toallas de cocina para secarse las manos ―la regañó con el ceño fruncido en tanto examinaba el dedo―, pero usted es tan terca que no hace caso…
―Er Chan nunca le hace caso a nadie ―secundó divertida la albina al ver como la pelirroja ni chistaba ante la reprimenda del cocinero, algo que era toda una novedad de ver.
Erza Scarlet raramente se quedaba callada ante alguien.
―¿Le duele cuando hago esto? ―preguntó el tutor con evidente preocupación pero con un tono lleno de reproche por no haberle hecho caso.
―N-no… ―respondió la mujer que se sentía tonta por cometer un error tan latoso―, no fue mucho, es solo un rasguño…
―¿Un rasguño? ―dejó de mirarle la herida para enfrentarla cara a cara.
―He recibido peores en las filmaciones, además…
―Además nada ―contundente la detuvo el hombre quien abrió la llave del agua y metió debajo el dedo de la peli-escarlata―. No sé cómo permiten que usted salga siempre lastimada ―continuó algo más molesto que antes―, se supone que deberían cuidar a sus trabajadores…
―Es verdad ―asintió la albina―. Aún recuerdo cuando te desmontaste el hombro porque querían una toma realista en la caída de Purgatory desde la Colina del Averno…
―Par Dieu! ―la mirada del azulado pasó a ser de incredulidad― ¿Esa toma no fue con doble? ―la mujer negó apenada y sintió el agarre de la mano de Jellal apretarse más― ¿Qué acaso están locos?
―F-fue mi idea hacerlo yo misma… ―admitió apenada y desvió la mirada―. No fue culpa de nadie más que mía… ¡Además es mi trabajo brindar realismo! ―trató de defenderse pero Mirajane sabía mejor que nadie que ese intento había sido patético tratándose de Erza.
Y eso le agradaba bastante.
Desde que llegó se había dedicado a conocer al tutor de su amiga, al amigo de su prometido, al pastelero del restaurante de dos de las personas que más quería y; a cómo iban las cosas, tal vez debería considerarlo parte de su futura familia.
No que estuviese contando los pollos al nacer.
Mirajane Strauss ―entre sus muchas cualidades―, tenía una habilidad especial para ver la esencia de las personas, muchos decían que ella era capaz de ver el alma de la gente, y eso lo reflejaba a la hora de componer sus canciones por lo cual era muy cotizada en el mundo artístico, otros decían que ella era capaz de apoderarse de las almas y hacerlas suyas, pero eso era un rumor nada más, aunque Laxus insistía que eso se debía a que ella era un hibrido de demonio ―algo que muy pocas personas se atreverían a decir de la siempre sonriente Mirajane―. Lo que sí era cierto de ella ―y había sido confirmado muchas veces―, es que nunca se equivocaba cuando decidía jugar al papel de la casamentera, y ese papel lo estaba jugando con su amiga y el cocinero desde que le propuso lo de la apuesta.
Y por eso sonreía complacida.
Porque le complacían varias cosas:
Por ejemplo, el ver la preocupación genuina del hombre por su amiga y no amedrentarse al regañarla, porque Erza necesitaba muchas veces que alguien hiciese eso debido a su terquedad infinita.
O al observar como la buscaba proteger de ella misma, aunque la situación fuese así de absurda y pequeña.
Y al ver también la manera en que le trataba la herida con cuidado, casi con ternura, porque para Mirajane lo que más necesitaba su amiga en la vida era alguien que la tratase así, con dulzura y cariño.
Alguien que la entendiese y la ayudase a desahogar lo que traía dentro.
Algo que la pelirroja no se permitía con nadie.
Y además, debía de admitirse para sí misma que el tal Jellal Fernandes no solo era un hombre envidiable a nivel laboral, familiar e intelectual, en su plática hizo acopio de muchas datos interesantes sobre los hobbies, intereses y estudios del joven, eso agregado a que ya antes había investigado ―vía su pikachu― otras cosas, sino que también el tutor de su amiga era de muy buen ver ―de bastante buen ver―, y sí en dado caso ―aunque ella no tenía duda alguna―, su amiga prácticamente hermana se casaba con él, traerían al mundo a unos niños muy hermosos, y, a sabiendas que el ADN de ella misma y el de Laxus se conjugarían a las mil maravillas, también tendría lindos hijos, así que ya podría empezar a planear ser la consuegra de su amiga al casar al menos a uno de su progenie con uno de la progenie de la actriz y el cocinero.
Sus ojos azules chispearon de emoción.
En especial porque luego de imaginar la boda entre sus hijos pudo observar como las mejillas de Erza estaban coloreadas de carmín al ser su dedo envuelto en una bandita y como el azulado tutor sonreía encantado y burlón ante su puchero para luego sonrojarse cuando una divertida ―y vengativa― Erza se ponía de puntillas, le plantaba un rápido e inocente beso en la mejilla y le daba las gracias.
―Pero esto apenas empieza… ―susurró y dejó la cocina en silencio.
Ya le mandaría un mensaje a su amiga diciéndole que Laxus la llamó repentinamente.
Por el momento era mejor dejar el caldo hervir solo.
…Y dejar que los lazos tutor-estudiante se fortaleciesen…
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~°0°~
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Cuando las primeras gotas cayeron pensó que no era problema.
Después de todo el joven de azabaches cabellos que ahora ingresaba húmedo en ese hostal de carretera ya imaginaba que la lluvia se haría presente en el desvío que había previsto antes de ir a Magnolia. Era algo obvio puesto que las condiciones de la zona norte del país tendían a un clima menos cálido entre más kilómetros se avanzase; y aunque su misión era un poco más al norte de donde se encontraba, había tenido que detener su viaje, puesto que cuando se orilló a ponerse su capa para la lluvia se topó con la sorpresa de que había desaparecido de su mochila.
Un objeto más a la lista de desaparecidos.
Fastidiado al darse cuenta de tal hecho se subió de nuevo en la moto y condujo hasta uno de los hostales que solía visitar con su madre cuando era apenas un niño que soñaba con aventuras cada vez que viajaba con su madre por las carreteras del país.
Pero él ya no era así.
Desde hacía ya bastante tiempo que sus ideales de niño se habían enfriado en su pecho y apenas y se ponía a pensar en que era lo que realmente deseaba hacer con su vida, es decir, tenía su trabajo de doble ―y era muy bueno en ello―, pero no era algo que lo llenase o al menos no sentía que lo llenase del todo, eso sin contar la situación con el hombre al que debía llamar padre y con el hijo de éste, o sea, su medio hermano.
Ni siquiera quería pensar en él.
―¿Tienen habitaciones libres? ―preguntó con su tono usual y que la mayoría de las personas encontraba tan cálido como una ventisca de invierno.
―S-sí ―contestó intimidado el hombre de la pequeña recepción que consistía en un viejo escritorio y una pared llena de llaves.
―¿Tienen alguna habitación con baño privado?
―Sí, señor ―abrió el libro de llegadas―, tenemos en la primer y segunda planta…
―Quiero una habitación en la segunda planta y con baño, por favor ―pidió en tanto se quitaba la mochila de la espalda y buscaba su billetera que ya había comprobado seguía allí y no perdida misteriosamente―, ¿podría ingresar mi motocicleta al garaje?
―Sí, señor. Por supuesto.
―Gracias ―asintió con la cabeza cuando el hombre le extendió la pluma para que se registrase.
―A su servicio ―habló más relajado ahora que veía que el chico a pesar de parecer intimidante no era agresivo o maleducado―, servimos la comida en el salón aquí a la derecha ―le señaló con la mano el lugar y luego añadió orgulloso―, es comida simple pero le aseguro que la disfrutará.
―Claro ―su semblante pareció relajarse un poco―, sin duda bajaré a comer.
―Aquí tiene, son las llaves del garaje. La puerta está un poco oxidada así que debe de golpearla un poco.
―Entiendo. Gracias de nuevo ―tomó ambas llaves y se encaminó a al garaje y hasta le resultó agradable el patear la bendita puerta atorada a pesar que le tomó casi un cuarto de hora lograr su objetivo. Luego de guardar su motocicleta volvió a entrar al hostal y se dirigió a su habitación a bañarse y a cambiarse de ropa antes de atrapar un resfrío y aunque en su mochila faltaban varias prendas, al menos habían las suficientes para los días que duraría su viaje al norte, ya cuando llegase donde Erza y Mirajane podría lavar las que le quedaban.
No era un hombre que ocupase de mucho.
Ya bañado y vestido, además de gratamente sorprendido de haber olvidado lo fría que era el agua de esa zona, bajó a la sala comedor, donde un par más de personas se encontraban en las pocas mesas esparcidas en el lugar. Gray decidió imitarlos y observar las llamas de la chimenea central, no recordaba mucho de ese hostal, generalmente cuando su madre y él se detenían era en la noche ―cuando él ya estaba más dormido que despierto― y se iban al amanecer, pero de alguna manera la esencia de ese lugar se le hacia familiar y agradable.
―Disculpe… ¿Desea cenar? ―una señora de baja estatura le preguntó sacándolo de sus recuerdos de carretera.
―Sí ―contestó parpadeando para ubicarse―. ¿La cena está lista?
―Tardará un poco más, tuvimos un problema en la cocina ―sonrió apenada―, espero no sea un molestia para usted, en una hora tal vez ya la podré servir…
―No hay problema ―respondió justo cuando tres hombres con pinta de ciudad entraban al salón y se sentaban en la mesa al lado suyo comenzando a hablar con molestia evidente sobre la lluvia que caía indolente en la región―, ¿hay algún problema con que vaya allá? ―señaló la puerta trasera en la que imaginó habría un patio.
―No, claro que no, adelante…
―Entonces volveré más tarde ―la señora asintió con alivio evidente y Gray se dirigió a su destino, ver a más gente entrar de alguna manera se le hizo fastidioso, si había hecho el desvió al norte era para pasar un rato tranquilo y esos hombres quejándose y hablando como gallinas lo irritaban.
Al menos en el patio estaría solo.
O eso pensó.
Porque justo cuando divisó una cómoda banca de metal debajo del pequeño techo del corredor del patio se dio cuenta que había alguien más ahí, torció el gesto fastidiado y estaba por irse en silencio cuando la persona de larga cabellera celeste en la banca volteó a verlo con sorpresa que se hizo muy evidente ya que se abrazó a sí misma y pareció querer hundirse en el gran abrigo gris que traía puesto.
«Tal vez es mejor irme a la habitación» se aconsejó a sí mismo, pero en su lugar se encaminó a la banca ya que se dio cuenta que si se iba de ahí sería bastante ridículo de su parte porque el lugar era lo bastante grande como para que dos personas lo compartiesen sin molestarse.
―¿Te molesta si me quedo? ―preguntó mientras se acercaba a la mujer y ésta negó tímidamente con la cabeza y sin dejar de observar la lluvia caer como lo había estado haciendo cuando él salió.
Y Gray no obtuvo más respuesta que esa.
Y esto le causó curiosidad al azabache puesto que usualmente las féminas no lo ignoraban como lo estaba haciendo ella en ese momento, aunque no le importaba, además la mujer no estaba tan bonita como para que fuese un insulto hacia él.
¿O tal vez si debía ser un insulto?
No claro que no, él no era así.
Así que solo se sentó en silencio en el extremo totalmente opuesto de la banca.
―¿Atrapada en el mal tiempo? ―comentó de la nada y sin entender porque lo hacia ya que él había ido ahí a estar solo y alejarse del ruido y de la nada ahora estaba entablando conversación con una extraña melancólica en una banca apenas resguardada de la lluvia.
¡La ironía!
La chica se limitó a asentir sin apartar la mirada nostálgica de las gotas que caían, Gray lo tomó como una indirecta para que la dejase tranquila así que decidió fijar su atención a un charco cerca de sus pies en donde se reflejaban ambos, un gran descubrimiento porque a pesar de las ondulaciones que se producían al caer las múltiples gotas, le permitían tener un imagen bastante abstracta de la chica, así que pudo observar como la mujer de largo cabello celeste se llevaba una mano a la mejilla en lo que él adivinó era para secarse lágrimas traicioneras.
«Demonios…» pensó, él no era metiche, él no era sociable, y tampoco es que fuese la epitome de la cordialidad y la amabilidad, pero las ver mujeres llorando era su debilidad y por una muy grande razón.
Porque muchas veces vio a su madre hacerlo.
Siempre sola y en silencio.
Su lengua se accionó sola.
―¿Tsk… estás bien? ―intentó sonar amable pero al final le salió más frio de lo normal y obtuvo como respuesta que la chica voltease a verlo extrañada y nerviosa «Eso me gano por metiche» se regañó cuando la mujer se le quedó observando sin emitir una sola palabra y Gray empezó a pensar o que era muda o que de verdad él estaba siendo una reverenda molestia, aunque al menos ahora podía observarla mejor.
Y no estaba tan mal como pensó al inicio.
Había pensado que era una mujer mayor, pero ahora que estaba más cerca se daba cuenta que solo era que usaba demasiado maquillaje, desde el delineador corrido por las lágrimas hasta el labial demasiado oscuro y por alguna razón no calzaba con ella esa pinta de mujer de vida nocturna que daba a entender el exceso de pintura, además de que se notaba le habían aplicado algo para hacerla ver más pálida y acrecentar el efecto del maquillaje.
En pocas palabras, parecía saturada.
No que él fuese un experto es cosméticos, claro que no, pero trabajaba para el medio artístico y más de una vez había tenido que ser maquillado o ver el proceso en otras caras y se sentía con la capacidad para señalar el error ―horror― que cometía ella con sí misma al maquillarse de esa manera.
Estaba seguro que sin maquillaje se vería mejor.
Entre tanta falsedad podía percibir rasgos finos y hasta podría decir que ¿dulces?
―Juvia… ―empezó a hablar en el momento en que la lluvia comenzó a caer más fuerte y él la observó atento acercándose un poco hacia ella, si no fuese por la capa de polvos blancos tal vez hubiese visto el sonrojo en su rostro―, Juvia hace todo mal…
―¿Eh? ―frunció el ceño al escuchar la manera tan peculiar en que hablaba pero no entendió del todo por el ruido de la precipitación― ¿Podrías repetirlo?
―Juvia es un desastre, siempre… arruina todo… ―se arrebujó en el gran abrigo gris en que estaba enfundada.
―¿No te gusta la lluvia? ―cuestionó intrigado y le pareció curioso ver un asomo de diversión en ella al escucharlo.
―Juvia… yo… ―a ella le pareció divertido que el confundiese su nombre con las gotas que caían, pero luego dejó salir un suspiro con algo parecido a la decepción―. No…
―Pues a mí me gusta la lluvia… ―continuó él sin entender la confusión entre la inclemencia climática y el nombre de la muchacha― Creo que limpia el ambiente, hace crecer las cosas también… ―se llevó una mano al cabello y se lo revolvió incómodo al no saber que decir―, puede parecer triste pero en realidad hay mucha vida en ella…
La chica parpadeó abochornada.
―Pero es que Juvia… ―comenzó pero se calló al ver que él se levantó de la banca.
―Bueno, no tienes que estar de acuerdo ―levantó los hombros y la miró con verdadera amabilidad― Desde pequeño me gusta la nieve y la lluvia, mi mamá decía que tal vez sea porque soy… gris… ―bromeó como ―para su fastidio en esa época― solía hacer su madre utilizando su nombre para verlo molesto―. Lamento hacerte importunado, pero si de algo sirve ―miró hacia el cielo para evitar sentir más vergüenza por la tontería que estaba por decir―, luego de la lluvia el cielo siempre parece más brillante… ―el azabache se encaminó a paso tranquilo pero rápido hacia dentro del hostal dejando a la mujer de la banca con una mirada sorprendida pero agradecida.
―Gracias, Gray Sama… ―susurró a la nada y acarició el abrigo que traía puesto. Era más que obvio que él no la recordó, ahora se arrepentía de no haberle contestado antes por vergüenza a que él la reconociese pero sin duda agradecía esas palabras, aunque no se refiriesen a ella realmente de alguna manera la calmaron y le dieron nueva energía― Tal vez debí devolverle su abrigo… ―susurró y parpadeó azorada ahora que lo pensaba era algo maravilloso el haberse encontrado también allí a Gray Fullbuster― ¡Y la camisa! ¡Juvia le causó problemas al tomarlas…! ―se palmeó las mejillas avergonzada de su accionar.
Debía enmendar esa situación.
…Y allí viendo la lluvia caer, la mujer que lloraba volvió a sonreír…
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~°0°~
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Habían pasado un par de días desde su encuentro con la albina.
Había sido curioso como la peli-escarlata se había tomado como ofensa el que la pusiese hacer una ensalada ese día, pero luego, cuando se dieron cuenta que la albina se había retirado sin que ellos se diesen cuenta ―él en especial al quedar como idiota ante el beso en la mejilla de la actriz―, le explicó que lo había hecho para que su amiga se confiase en la apuesta.
Era mejor mantener los ases debajo de la manga.
Erza le había dado toda la razón, alegando a una supuesta mente maquiavélica de la albina de la que debían cuidarse, algo que Jellal pensó que era una exageración por parte de la actriz propia de su trabajo en el medio del entretenimiento.
Él aún tenía muchas cosas que aprender.
Por otra parte, conforme los días pasaban y dejando ciertas vergüenzas atrás, disfrutaban tanto de enseñar como de aprender que habían avanzado en varias cosas, de hecho ahora Erza era capaz de freír, eso sí, Jellal se encargaba de encender la cocina y el extinguidor de incendios siempre estaba junto a ellos por sí, "La Maldición" de Erza decidía hacer explotar algo, por suerte Mirajane le había dejado dicho con la actriz que él tenía permiso de usar la cocina al completo y hasta podía usar los electrodomésticos que ella había comprado aparte de la pelirroja.
Ahora tenían siempre un reemplazo a mano.
Y eso ayudaba a avanzar con las clases.
Así como avanzaban en otras cosas.
―¿Sigue eligiendo un nuevo proyecto para película? ―le preguntó el azulado mientras le instruía a preparar la mezcla de las galletas de chispas de chocolate que su mère le había confiado a él hacía muchos años. De alguna forma ella había logrado que él ―el estricto chef Fernandes― se saltease un par de clases básicas y le enseñase a hacer galletas, se había dicho a sí mismo que había accedido porque el clima estaba frio y hornear siempre animaba el ambiente, además de que las podían acompañar con chocolate caliente cuando estuviesen listas, pero no se engañaba, la actriz siempre lo podía convencer por muy inflexible que él quisiese mostrarse.
¿Pero que tanto podía resistirse un hombre si ella le pedía tal cosa con dos tiernas coletas y un adorable delantal verde con volantes?
Ciertamente él ―tanto el escrupuloso tutor Fernandes como el fanboy Jellal― no podía hacerlo por mucho tiempo viendo un par de ojos tímidos y un encantador mohín de la boca de la actriz de sonrojadas mejillas.
Suspiró derrotado al verla concentrada en la mezcla.
―Oh, espera… ―terminó de mezclar y por fin respondió la pregunta de su tutor― Sí, así es, aún estoy de vacaciones pero quiero tener listo los libretos para cuando vaya a grabar, pero ―hizo una mueca de decepción―, a diferencia de la serie basada en el libro de Crime Sorcière, ninguno de los roles para película me llama especialmente la atención, todos parecen la repetición de mis papeles anteriores.
―¿A qué te refieres con repeticiones?
―Lo mismo, una heroína experta en algún arma que gana cada batalla y que es respetada por sus seguidores ―dejó de batir su propia mezcla de galletas que por alguna razón estaba mucho más liquida que la de su tutor―, es frustrante. Aunque creo que fue mi culpa, dejé que me encasillaran…
―Supongo que sí, aunque ya sabes de primera mano que a mí me gustan todas esas películas ―dijo sincero y se ganó una sonrisa de ella.
Y le encantó eso.
Había notado que la actriz apreciaba ante todo la sinceridad de los demás y en esos días Jellal había tratado de ser más abierto y más sincero con ella, así como ella había tratado de no ser tan imponente en sus decisiones o planes, algo que Jellal sabía que de verdad le costaba puesto que la mujer llevaba el liderazgo arraigado probablemente en su mismo ADN, pero el azulado pastelero estaba seguro que aún más arraigado en ella ―probablemente en su alma misma― era su amabilidad.
Sincera amabilidad.
Una amabilidad que él había experimentado de primera mano desde que la conoció y como ―probablemente muchos otros―, también malinterpretó en muchos momentos, pero ahora estaba seguro que lo que ella hacía, lo hacia movida por sus ganas de ayudar.
―¿Por qué están tan diferentes? ―la mujer se acercó a su tutor y miró de su cazo al de él, Jellal tuvo que parpadear para entender lo que le decía― ¿Por qué el mío está más liquido si es la misma receta? ―hizo un puchero infantil esperando la respuesta.
―¿Estás segura que seguiste cada paso? ―levantó la ceja permitiendo que ella fuese la que se diese cuenta de su error, porque también había notado que cuando ella misma era la que se daba cuenta de sus errores no volvía a cometerlos.
―Yo… hmmm ―dejó de batir la mezcla y se mordió el labio de manera pensativa a lo que el pastelero decidió desviar la mirada y concentrarse en su propia mezcla, porque, por más que ahora considerara a Erza una persona normal más que él ser idealizado de antes, ella seguía siendo la hermosa mujer que era, y además…
¿Además?
Tal vez ahora estaba más que seguro que lo que era realmente Erza era mucho más atractivo que lo que él tenía idealizado antes.
―Hermano ―la pequeña Wendy que estaba anteriormente en la biblioteca de la pelirroja haciendo la tarea llegó a la cocina―, ¿puedo llamar a Meredy?
―¿A Meredy? ―le miró extrañado pero asintió―. Mi móvil está en el bolso, salúdala de mi parte y dile que más le vale estar comiendo bien ―la niña asintió nerviosa―. ¿Estás bien, Wen? ¿Hay algo que te esté costando? Sabes que puedes preguntarme si no entiendes algo ¿Cierto? ―preguntó preocupado.
―Lo sé, hermano ―sonrió agradecida―, estoy bien, es solo que la tarea es más larga de lo que pensé, por eso quería llamar a mi hermana para desearle suerte en su examen de mañana ahora y no cuando termine porque será muy tarde ―se explicó con tranquilidad.
―Entiendo, es buena idea. Dile que le deseo ―sintió un débil codazo de la peli-escarlata y agregó divertido― Dile que le deseamos―recalcó la palabra frotándose la zona golpeada y la mujer puso los ojos en blanco porque apenas y lo había rozado con el codo― que todo salga bien.
La azulina asintió más animada luego de esa escena entre los adultos y salió de la cocina, pero el azulado se le quedó viendo extrañado, Wendy había estado actuando de manera un poco inusual en los últimos días.
―Profesor Jellal ―el hombre volvió su atención a su alumna―, bueno… ―ella se llevó una mano al cabello y se puso unos mechones detrás de la oreja.
―Dígalo, señorita Scarlet… ―ya conocía ese tic en Erza y estaba seguro de que ella quería decirle algo que tenía que ver con cosas personales y familiares.
―Bueno, ¿no le parece que Wendy ha estado un poco extraña? ―vio a su tutor abrir los ojos sorprendido y ella continuó nerviosa― También parece un poco pálida…
―¿Pálida?
―Sí, bueno ―continuó batiendo―, eso me parece…
Jellal se quedó observando a el movimiento de la mano de la mujer mientras cavilaba lo que le había dicho, tal vez él no estaba imaginando cosas y aunque no había recibido otra llamada de la escuela como cuando se desmayó, era posible que él hubiese dejado pasar ese tema muy rápido.
Definitivamente hablaría con Wendy al llegar a su casa.
―¡Ya sé! ―escuchó la exclamación de la mujer y salió de manera abrupta de sus pensamientos al punto de casi soltar su cazo―. ¡No medí apropiadamente la leche! ¿Fue eso, cierto? ―le miró emocionada por descubrir su propio error.
―Sí, usted lo hizo sin medida y echó casi el doble ―se sentó en la butaca alta y le pasó su propia mezcla―, como lo dije la última vez, la repostería es cuestión de medidas perfectas.
La mujer dejó su cazo en el desayunador y tomó la mezcla que le daba el hombre y levantó el cucharon comprobando de nuevo la diferencia con la de ella.
―Hmm… ―soltó un suspiro―, lo siento…
―Está bien ―el pastelero removió la pasta para galletas de ella―, esto se puede arreglar.
―¿De verdad? ―le miró emocionada.
―Sí, un poco más de harina, chispas de chocolate y mantequilla y estará bien, aunque ―alzó una ceja―, espero que no le moleste que al final sean más de las que teníamos planeadas…
Y él sabía que no le molestaba.
Pero verla emocionarse por la noticia era algo que le gustaba hacer.
―¡Claro que no me molesta! ―aplaudió dos veces y trajo una cuchara pequeña, la introdujo en la mezcla perfecta del azulado y comió de ella en tanto su tutor arreglaba el desastre de ella.
Sonrió complacida al sentir el dulzor envolver su paladar, especialmente cuando las chispas de chocolate preparadas por Jellal en el restaurante se derritieron en su boca como si fuesen copos de nieve llenos del más delicioso placer del mundo.
―¡De-li-cio-so! ―exclamó llena de placer y probó de nuevo la masa de galletas.
―¡Si come la mezcla le va a dar dolor de estómago! ―la regañó el hombre evidentemente orgulloso de la satisfacción de ella al probarla.
―Oh, vamos… ―se rió ella―, usted sabe que es mentira, solo lo dicen los grandes para que los niños no lo hagan ―le sacó la lengua.
―Pues déjeme decirle que si su mère le decía eso es porque era cierto, debería hacer caso a los consejos que le dieron cuando era una niña ―rebatió divertido él y se extrañó de como la peli-escarlata solo negó y dejó la cuchara en la mesa.
―Ella no cocinaba bien ―compuso una sonrisa fingida―, supongo que la maldición se extiende en cada generación ―bromeó y se dirigió a buscar las bandejas enharinadas y enmantequilladas en las que colocarían las galletas.
Y luego ella no habló más.
Usando de excusa el emplear la mezcla para llenar la bandeja de pequeños y uniformes montoncitos que se convertirían pronto en dulces galletas, la actriz no lo miraba y apenas respondía cuando él le daba indicaciones.
Y él no sabía qué hacer.
Estaba claro que había tocado un tema sensible, aunque no pensó que lo fuese dada la fotografía que Erza mantenía de ella y su madre en la sala, por supuesto sabía ―como todo fanboy que se precie―, que la madre de la mujer había fallecido hacía muchos años, al igual que la de él, pero no imaginó que a la actriz aún le resultase difícil tal tema.
―¡Terminé! ―le informó ella con un falso tono de alegría que lo hizo sentirse un poco molesto, después de todo habían aclarado que la sinceridad era algo importante para ambos― ¿Enciende el horno usted?
―Oui… ―contestó tomando la bandeja, encendiendo el horno e introduciendo la bandeja.
―Aquí traje las otras ―informó la mujer y se las fue pasando para que el experto ―y sin maldición― del lugar las colocase.
―Erza… ―comenzó Jellal luego de levantarse y limpiarse las manos con una toalla―, yo, lo que…
―¡Oh, mire! ―interrumpió ella― ¡Está lloviendo! ―extrañada se dirigió a la doble puerta de vidrio que conectaba a la cocina con el jardín interior.
―Eso parece ―le respondió Jellal, sabedor de que ella lo hizo para evadir hablar del tema.
―Y parece que lloverá bastante ―continuó mientras abría las puertas, salía un par de pasos hasta donde el techo terminaba y extendía la mano fuera de la protección del tejado hacia a las gotas gruesas y frías.
―Y cuando llegue a casa sabré si en mi techo hay nuevas goteras que arreglar antes de que entre el invierno. Demons! ―medio en broma medio en serio fue la declaración en tono lastimero del azulado al llegar a su lado pero igual logró que ella soltase una pequeña carcajada.
―Nada que no se pueda reparar, dramático…
―No es drama cuando es usted quien debe subirse al viejo tejado a repararlas.
―Sé que le gusta ser el protector de la casa ―le miró divertida―, no se haga el mártir…
―Ya lo dijo usted, protector y mártir, no el héroe que acaba lastimado ―clavó su mirada en ella y observó el cambió en los iris chocolate de la peli-escarlata―, Erza yo… no sabía…
―A ella le encantaba salir y jugar bajo la lluvia ―interrumpió ella ya que no quería que él se disculpase por algo en lo que no tenía nada de culpa―, era una mujer muy sencilla…
―Suena a una mujer encantadora.
―Lo era ―aseguró con una sonrisa triste―, era delicada, detallista e ingenua… ¡Y me encantaba cuando me dejaba jugar con ella bajo la lluvia!
―Eso es algo irresponsable ―recriminó el hombre.
―¡No es cierto! Es solo que usted es un adulto estirado, nada va a pasar por un día bajo la lluvia, aunque siendo sincera no lo he vuelto a hacer desde… ―se detuvo y su gesto pareció amargarse―, hace mucho… Apenas y lo recuerdo, apenas y la recuerdo a ella…
―Debió usted estar muy niña ―acotó gentil y notó como ella bajó la mirada, ocultó su ojos bajo el flequillo y asintió.
Estaba intentando no llorar.
Jellal se decidió.
Pasó un brazo por los hombros de la mujer y junto con ella ―obligándola a ella―, caminó lo que faltaba para quedar ambos bajo la lluvia y a cambio recibió la mirada de asombro de Erza por su acción.
Sus ojos húmedos de lágrimas que trataba de no derramar.
―Para que vea que no soy un adulto estirado ―le sonrió retador mientras las frías gotas los empapaban a ambos, y con su mano libre Jellal le quitó con delicadeza los húmedos mechones escarlatas que se apegaban a su rostro triste―, y tal vez porque debajo de la lluvia le sea más fácil recordarla…
Ella asintió y de nuevo bajó la mirada.
Ahora nadie podría saber si eran gotas de lluvia o de tristeza.
―Jellal… ―susurró con voz un poco rota y apenas audible― gr-gracias…
Él apretó con cariño su hombro.
…Algo que para ella fue más cálido y dulce que las galletas que se cocinaban adentro…
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¿Review?
:D Sus reviews ahora deciden cual historia actualizo primero D:
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Aclaraciones:
Crime Sorcière: El guión/libro en el que Erza está interesada es un fanfic multipairing de la genial escritora DanaLovesOhana, y sí, en ese fic Erza es la detective y Jellal el capitán mártir de la comisaria que desde adolescente está enamorado de ella. Es uno de mis fics favoritos y bueno, creo que Dana lo sabe porque le cansó diciéndoselo. 7u7)r Te dije que mencionaría a CS en uno de mis fics. Se los recomiendo encarecidamente, y seréis bendecidos si la animan con reviews. *w*
Je vous l'avais bien dit! : (Fránces) ¡Se lo dije!
Par Dieu!: (Fránces) ¡Por Dios!
Oui: (Fránces) Sí.
Demons!: (Fránces) ¡Demonios!
Recomendaciones:
Softly: ¡Sheriff, marshalls, vaqueros y bandidos! ¡Gruvia, Jerza, Gale y Nalu! ¿Qué más os puedo decir? Este longfic de romance situado en el viejo oeste y que recién comienza os va atrapar desde su primer capítulo. ¿A quién le ofrecieron a Gray en una apuesta? ¿A quién encontró Lucy casi muerto en el suelo? ¿Qué significan los sueños de Erza? ¿A quién recuerda en ellos? 7u7)r De manos ―dedos―, de la gran Liraaz AKA: Banana Sama, esta historia les está esperando y os ruego que si os guste le dejéis un review para animarla y hacer que la historia continúe. NwN/ Se los agradeceré de corazón.
Rincón De La Escritora En Proceso:
Bueno, ¿Qué tal? Juvia y Gray tuvieron escena… 7u7r ¿Qué piensan? Dejen sus teorías que amo leerlas. xD Y Jellal y Erza… pues ya ven… su amistad se hace más cercana. NwN Y no se preocupen, Mira ya meterá sus demoniacas garras, para cocinar se necesita de paciencia. EwE)b ¿Qué le pasa a Wen? DD: ¿Qué creen?
En el próximo cap habrá GaLe :x Y por cierto, si se preguntan, empezaré a actualizar las historias dependiendo de cuales reciben más apoyo, algo así como fanservice, después de todo los que dejan reviews merecen que actualice las historias que más les gustan primero y Dulce Destino recibe mucho apoyo, así que le daré prioridad a partir de ahora y mientras siga recibiendo su amabilidad de tomarse un ratito para comentar. NwN/
¡Gracias por su apoyo!
Agradecimientos:
Adorables reviewistas con cuenta os respondo por PM:
Lady Werempire
Bluewater14
IBLWE
MinSul6011
FletchS
DanaLovesOhana
Rirukasabe
Crystalmeow Chan
Stormy Night Of Rain92
Artemisa Neko Chan
RossValderrey
Mariamiau
The Queen Of Nightmare
La Amiga de Queen Of Nightmare
Adorables reviewistas sin cuentas os respondo por acá:
MASTER VIVI: ¡FTBO es la ostia! xDD Mira engaña con su apariencia. Lady Irene también la veo más como su hermana mayor o gemela. :x Me alegra haberte alegrado el día. QwQ Por eso amo escribir, para hacer aunque reír un poco a alguien más. Gracias por decírmelo. NwN/ Beshos.
BlueMoonDaugther: Mira tiene claro sus objetivos y eso significa que… ¡Ay! Tiemblen todos. XD Amo al equipo de la cocina, y aunque en este cap no apareció sin duda son de los principales para mí, Macbeth lleva el romance la sangre. 7u7r Y sí, Laxus está siendo bueno al avisarle pero es que Mira engaña hasta al FBI. xD Gray y sus problemas de familia, pero bueno, al menos Silver lo intenta. Erza ataca con su pijama adorable y Jellal resiste ¡Apenas! D: Ya caerás, pastelero… 7w7)r
Ojalá te puedas dar la vuelta en la historia de Dana porque es una de las mejores de FF y una de mis favoritas. ¨*w* En este mundo el que no tiene el listo el móvil pierde, Mira lo sabe y por eso siempre lo tiene a mano. EwE
Espero te haya gustado el cap. *w*/ Gracias mil por leer. ¡Beshos!
KaNiMF: ASDASDASD ¡Me alegra que te gusten varias de mis historias! *w*/ Seguro que te doy problemas con mis demoras, U,U pero lamentablemente no puedo actualizar tan rápido como quisiera. Y Mashima nada que nos dice sobre la relación Erza/Irene Dx ¡Es tan cruel! Espero te guste la conti. *w*/ ¡Gracias mil por leer y comentar! ¡Beshos y abashos!
Mei: ¡Holi! Me alegra que te resulte romántico y espero te gustase la aparición de Gray en éste cap. Ojalá también te haya gustado el fic recomendado. NwN/ ¡Gracias mil por leer y comentar!
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Favs. Follows. Lectores Tímidos.
Gracias mil por leer.
¡Adieu!
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