EASY

Capitulo 12:

Cuando me detuve por gasolina a mitad de camino al campus, le envié a Ishida un mensaje diciéndole que había decidido regresar temprano.

Mi teléfono sonó, antes de que incluso regresara a la carretera interestatal.

Ishida.

Tomé una respiración profunda y apagué el estéreo antes de contestar.

—¿Ya te fuiste? Pensé que te irías mañana. Pensé que íbamos a hablar esta noche.

Suspiré, queriendo golpear mi cabeza contra el volante, lo cual no era la mejor idea mientras conduces a ciento diez kilómetros por hora.

—No entiendo qué es lo que quieres hablar, Ishida —

Me preguntaba si había sido ciego a la cantidad de veces que había estado preparada y dispuesta a hablar y la multitud de posibilidades que él había ignorado descuidadamente.

—Creo que cometí un error, Hime —Malinterpretando mi silencio atónito, añadió—. Digo, Orihime. Lo siento, creo que va a tomarme un tiempo…

—¿Qué quieres decir, con que cometiste un error?

—Nosotros. Romper.

Guardé silencio otra vez, las palabras se pegaban mientas intentaba entenderlas, digerirlas. Había evitado chismes en campus tanto como me fue posible, pero había escuchado y visto lo suficiente como para saber que Ishida no había sido ningún santo en las semanas que habíamos pasado separados.

Tampoco había tenido ninguna escasez de participantes dispuestas. Pero las chicas dispuestas a compartir su cama no eran iguales a las chicas dispuestas a aguantar sus cambios de humor de mierda, escuchar sus opiniones jurídicas exhaustivas o apoyar las metas de tu vida de la manera en que lo haría alguien que te ama. No… ése había sido mi papel. Y había sido despedida.

—¿Por qué?

Él suspiró y me imaginé lo que hacía, miraba hacia al techo, peinando el cabello de su frente y dejando allí su mano, apoyando el codo. Él no podía ocultar su habitual manierismo de mí, incluso por el teléfono.

—¿Por qué cometí un error, o por qué creo que fue un error? —

También lo sabía, que contestar una pregunta con una pregunta era su manera de comprar tiempo, mientras razonaba la manera de salir de una situación problemática.

— Esta conversación habría sido más fácil en persona…

—Estuvimos juntos casi tres años, y tú sólo rompiste conmigo… sin siquiera…no había… —Tartamudeaba. Me paré y tomé una respiración profunda—. Tal vez no fue un error.

—¿Cómo puedes decir eso? —Tuvo el descaro de sonar herido.

—Oh, no sé —espeté—. Tal vez de la misma manera que tú tan fácilmente rompiste en primer lugar.

—Hime…

Mi dietes rechinaron juntos.

—No. Me. Llames. Así.

Guardó silencio, y todo lo que escuché fue el ruido de la calle mientras mi camioneta comió los kilómetros de nada entre el último pueblo y el siguiente. La mayoría de los campos a ambos lados de la carretera se encontraban inactivos, dada la época del año, pero un enorme selector verde hacía su camino a través de un campo de algodón, y me quedé viendo.

No importaba lo que le sucedía a alguna persona individual, la vida pasaba en otros lugares. La primera vez que Ishida me besó, estaba a la razón de que al mismo tiempo, otras personas se separaban. Y la noche que Ishida rompió mi corazón, en algún lugar —tal vez justo allí en mi dormitorio, otras personas se enamoraban.

—Orihime. No sé qué es lo que quieres que te diga.

En cuestión de segundos, había pasado a través de una ciudad que contaba con un centro comercial de tamaño considerable a las afueras. Cada milla me llevaba más lejos de Ishida.

Cerca de Ulquiorra.

Me estremeció la noción de que Ulquiorra era alguien al cual ir, antes de darme cuenta de que él había sido esa zona de seguridad para mí desde el momento en que nos conocimos.

—Nada —respondí—, no quiero que digas nada.

Mi ex tenía el sentido para saber cuándo había alcanzado un punto muerto. Él me dio las gracias por haber ido el jueves y dijo que estaría en contacto una vez que consiguiera volver a la escuela, lo cual no concordé.

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"Orihime,

Parece que él quiere hacer una copia, o al menos, quiere algo más que amistad. La pregunta es, ¿tú qué quieres?

Mi familia sólo somos mi papá y yo. Tuvimos viejos amigos para el día de acción de gracias, así era más conversacional que él habría sido lo contrario.

Cuando somos sólo nosotros dos en esa casa, tendemos a pasar horas sin hablar.

Sin contar "perdón" y "pásame la sal", ese tipo de cosas, el silencio puede abarcar días enteros.

Papá es propietario de un barco de pesca. No pasa mucho en esta época del año en la bahía, aunque organiza viajes de pesca en alta mar o tours de observación de aves nativas durante el invierno. Él había programado uno para hoy, así que nos despedimos a las 5am, y aquí estoy, en mi lugar justo después del mediodía.

US"

Ulquiorra se encontraba a diez minutos de mí. Luché con las ganas de mandarle un mensaje y decirle que también había vuelto. Sabía que no ganaría esta batalla por mucho tiempo.

Desempaqué y lavé mi ropa sucia. Las máquinas en nuestro piso eran de fácil acceso con tan pocos de nosotros de vuelta, pero no sería el caso mañana, cuando todos regresaran. Había elegido ropa que no me exigiera ir arriba o abajo. Evitando la escalera totalmente se había convertido en uno de mis caprichos. No iría por ningún motivo, incluso en un grupo.

Mi subterfugio funcionaba con todos excepto Rukia, que se me quedó viendo con los ojos entrecerrados la segunda vez que lo usé:

—Se me olvidó algo en mi habitación… te veo abajo.

Una noche, me preguntó directamente:

—Te da miedo de entrar en el hueco de la escalera, ¿Cierto?

Pintaba mis uñas de un rojo sangre, y miré el cepillo pequeño y trataron de mantener mi mano en movimiento. Desde la cutícula, deslizar. Desde la cutícula, deslizar.

—¿No lo tendrías tú?

—Sí —respondió.

La siguiente vez, fue Rukia la que dijo:

—Oh mierda, dejé mi bolso en mi habitación. I, ábreme, ¿Si? —En cuanto a los demás, dijo—: Oigan, nos vemos abajo en cinco minutos ¿Vale?

—Sí —respondieron.

Yo: Ya estoy de regreso.

Ulquiorra: No pensaba que estarías de regreso sino hasta mañana.

Yo: Cambié de idea.

Ulquiorra: Así lo veo. ¿Estás libre esta noche?

Yo: Sí.

Ulquiorra: ¿Cena?

Yo: sí.

Ulquiorra: Te recojo a las 7.

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—Nunca he tenido a un chico cocinando para mí antes.

Sonrió desde el otro lado del mostrador, picando verduras crudas y rociando algo sobre ellas que él sólo había mezclado.

—Bien. Eso efectivamente debe bajar tus expectativas. —

Vació los ingredientes sobre un pedazo de papel de aluminio, lo enrolló y lo puso en el horno con el resto de la cena.

Inhalé a través de mi nariz.

—Mmm, no, huele bien. Y parece que sabes lo que estás haciendo allí. Tengo miedo de que mis expectativas sean anormalmente altas.

Ajustó un temporizador, lavó y secó sus manos y dio vuelta a la esquina, tomando mi mano y llevándome al sofá.

—Tenemos quince minutos.

Nos sentamos lado a lado, y examinó mi mano, sus dedos se sentían fríos mientras trazó las uñas cortas que no interferían con mi bajo, su pulgar acariciaba el dorso de mi mano.

Girándola suavemente, su dedo índice pasaba hacia arriba y abajo, dentro de los valles sensibles entre mis dedos. Dibujó una espiral en mi palma, moviéndose lentamente hacia el centro y era hipnotizante verlo y sentirlo tocándome tan suavemente.

Sus dedos se deslizaban entre los míos, palma con palma, y me jaló para que me tirara sobre su regazo, presionando sus labios en la base de mi garganta. Cuando el temporizador sonó unos minutos más tarde, estaba más allá de mi capacidad el poder escucharlo.

La comida que él había preparado se encontraba encerrada en paquetes individuales de papel aluminio: verduras, papas al horno y pargo rojo que había capturado hace dos días. Francis maulló como una alarma de incendios hasta que le dio su propia porción de este último.

—Así que supongo que ¿Estás acostumbrado a cocinar para uno? —le pregunté mientras nos trasladamos a la mesa pequeña empujada contra la blanca pared.

Él asintió.

—Durante los últimos tres años, más o menos. Antes de eso, cocinaba para dos.

—¿Tú cocinabas? ¿No tu mamá o tu papá?

Él aclaró su garganta, recogiendo papa con su tenedor.

—Mi mamá murió cuando tenía trece años. Antes de eso, sí, ella cocinaba. Después... bueno, o bien era aprender a cocinar o a vivir de pan y peces… lo cual sospecho que hace papá cuando no estoy en casa, aunque intento hacerlo comprar fruta o algo verde ocasionalmente.

Oh. Su historia se ajustaba con la de Usagi —viviendo con su padre, no hermanos— y debe haber sido consciente de ello. También había sido un chico que había perdido a su madre, y era demasiado consciente de acusarlo de duplicidad en ese momento.

—Lo siento.

Él asintió una vez, pero no ofreció nada más.

Después de comer, dejó salir al gato, volvió a la mesa y tomó mi mano y me llevó a su dormitorio. Nos acostamos sobre nuestros costados, en el centro de su cama, uno frente al otro, sin decir nada. Su toque era casi insoportablemente suave, susurrando sobre mi mandíbula, bajando por un lado de mi cuello, antes de soltar los botones de la blusa blanca que había escogido, uno por uno.

Deslizándola de mi hombro, tocó con sus labios mi piel desnuda, y cerré mis ojos y suspiré. Mis manos lo empujaron por debajo de su camiseta hasta que se sentó, sacándola por sobre su cabeza y arrojándola en un sólo movimiento, se recostó sobre mí y me besó.

Su boca era demandante, sus labios separaron los míos y su lengua entró en mi boca. Creí sentir un temblor pasar a través de él cuando mi mano se apoderó del lugar en su costado donde se encontraban inscritas las palabras.

Me hizo rodar hasta estar sobre él y empujó la camiseta de mi hombro opuesto, dejándola allí, a la mitad, mientras trasladó su atención a la piel por encima del sujetador, mi cuerpo entero se estremecía como si una carga estática me atrajera hacia él.

Sin ninguna duda o explicación, se detuvo en la línea que había dibujado la semana pasada. Hablando se limitaba allí y Dios y oh. Y entonces nada excepto gemidos y sonidos ininteligibles que sólo podrían interpretarse como sí, sí, sí.

—Debo regresarte. —Su voz fue brusca.

No habíamos hablado en al menos una hora. El reloj de su escritorio mostró que el tiempo se había colado cerca de la medianoche.

Me entregó el sostén y se volvió a poner su camisa. Cuando me puse de pie, sostuvo mi blusa mientras metía mis brazos por las mangas, y luego me dio vuelta, abrochó los botones y se inclinó hacia abajo para besarme cuando terminó, sus manos enmarcaban mi cara.

De pie junto a su moto, me ponía los guantes cuando la puerta trasera de la casa se abrió y surgió un hombre, sosteniendo una bolsa de basura. Abrió el cubo de basura con ruedas y la arrojó adentro. Cuando se dio vuelta para entrar, me di cuenta de que Ulquiorra aún no se movía, quedó congelado, viéndolo.

Como si hubiera sentido nuestros ojos sobre él, el hombre se volvió bajo el foco de la puerta de atrás. Era el Dr. Aizen.

—¿Usagi? —dijo, y ninguno de nosotros se movió o respondió—. ¿Orihime? —añadió confundido.

Al mismo tiempo, pareció registrar qué hora era y el hecho de que los dos habíamos acabado de salir del apartamento de su inquilino. No podría haber ninguna tutoría como excusa… no es que fuera apropiado que nos reuniéramos en el apartamento para tutoría, sin importar la hora del día.

Nadie habló durante un largo momento, y luego los hombros del Dr. Aizen cayeron. Él suspiró antes de aclararle a Ulquiorra con una expresión decidida.

— Necesitó que me encuentres en la cocina cuando regreses. No más de treinta minutos, por favor.

Las manos de Ulquiorra se apretaban alrededor del casco. Dio un guiño al Dr. Aizen antes de ponérselo. Cuando se volvió para asegurarse de que el mío había sido atado correctamente, nuestros ojos se encontraron una vez pero él no dijo nada y tampoco yo.

Durante el paseo de diez minutos de regreso, ninguna claridad llegó. Ni palabras mágicas, ni exoneración de sus mentiras. No podía pensar en nada qué decir o hacer más que esperar a que me dijera por qué.

Llegamos y me bajé de detrás de él, torpemente retiré el casco y arreglé mi cabello con los dedos enguantados. Todavía sobre la moto, retiró su casco también y los encajó juntos como si no tuviera planes de ponerse el suyo otra vez.

Cuando me puse frente a él, miraba sus manos, sujetando con fuerza el manubrio.

—Ya lo sabías, ¿Verdad? —Su voz era baja, pero no podía deducir su estado de ánimo.

—Sí.

Levantó la vista, frunciendo el ceño y buscando mis ojos.

—¿Por qué no dijiste nada?

—¿Por qué no lo hiciste tú? —contraataqué.

No quería responder preguntas. Quería respuestas a mis preguntas, y tenía la impresión de que iba a hacerme preguntarlas.

— ¿Por lo que tu nombre es Ulquiorra, pero Aizen te llama Usagi? Y esa chica… otras personas también te llaman Ulquiorra. ¿Cuál es?

Su mirada volvió a sus manos por un momento, y mi ira se expandió como un globo inflado debajo de mis costillas. Parecía estar decidiendo qué decirme y qué guardarse.

La Harley se encendió suavemente, lista para salir disparada como un cohete en cualquier momento.

—Es ambos. Usagi es mi primer nombre, Ulquiorra es el segundo. Voy por Ulquiorra... ahora. Pero, el Dr. Aizen, me ha conocido durante mucho tiempo.

Él todavía me llama Usagi —Sus ojos oscilaron hasta los míos—. Ya sabes, creo, lo difícil que es conseguir que algunas personas dejen de llamarte como siempre te han llamado.

Muy lógico. Todo. Excepto la parte donde pretendió ser dos chicos diferentes conmigo.

—Pudiste habérmelo dicho. No lo hiciste. Me mentiste.

Apagó la moto y pasó sus piernas por un lado, parándose delante de mí y sujetándome por mis hombros.

—Nunca te mentí. Hiciste suposiciones… basadas en como el… Dr. Aizen me llamó. Mira nuestros correos. Nunca me llamé a mi mismo Usagi.

Me zafé de su alcance.

—Pero me permites llamarte Usagi.

Sus manos cayeron pero me miró fijamente, impidiéndome mover.

—Tienes razón, esto fue mi culpa. Y lo siento. Te quería, y esto no podía suceder como Usagi. Cualquier cosa entre nosotros es contra las reglas, y las rompí.

Tragué pesadamente, luchando para no ahogarme. Escuché lo que no dijo, sin embargo. Me decía que había terminado, simplemente así. La terrible realidad de la traición que Ishida había comenzado semanas antes de que regresara corriendo, como si una presa se rompiera, y sin notar que me ahogaba en ella.

Mis padres me habían abandonado, Ishida me había abandonado, mis amigos, excepto por Rukia y Rangiku, me habían abandonado.

Y ahora Ulquiorra—y Usagi. Dos relaciones diferentes, las cuales se habían convertido en importantes.

—Así que se terminó.

Él me miró y no pude haberlo sentido más si sus dedos hubieran recorrido mi rostro.

—De lo contrario tus calificaciones podrían estar en juego. Aceptaré la responsabilidad de ello, esta noche, cuando regrese. Dr. Aizen no te tomara como responsable.

—Así que se terminó —repetí.

—Sí —dijo.

Me di la vuelta y caminé hacia el edificio y no escuché el motor de la Harley retumbar a la vida hasta que mi pie estuvo en la escalera de la parte inferior.

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— Srta. Inoue, por favor véame un momento después de la clase.

Alcé la vista para cumplir con la mirada el Dr. Aizen al final de la conferencia del lunes, y asentí con la cabeza mi aprobación.

—Ooohhh —dijo Hikaru—. Tú pequeña problemática —Su sonrisa se cayó cuando vio mi cara—. ¿Qué pasa? No estás realmente en problemas ¿verdad? —

Él miró a la parte posterior del salón de clases, enfocándose en la única razón por la que podría estar en agua caliente con el profesor—. ¿Acaso él descubrió… ya sabes? —

Inclinó la cabeza en la dirección de Ulquiorra.

Sus ojos se abrieron y bajó la voz.

—Oh, mierda, ¿en serio? ¿Cómo?

Negué con la cabeza.

—No importa. Él se enteró, y se acabó.

Fijando sus labios, metió su cuaderno en la mochila y suspiró.

—Oh, hombre. Lo siento. —Sus ojos castaños se mostraban llenos de simpatía. —¿Puedo hacer algo?

Negué con la cabeza otra vez, necesitando redirigir la conversación.

—Voy a estar bien. ¿Cómo estuvo la salida?

Con una amplia sonrisa, mantuvo los brazos abiertos.

—Cómo puedes ver, todavía estoy en una sola pieza, con todas las partes esenciales en su sitio —Él movió las cejas, arrojando su mochila sobre el hombro después de que le di un empujón—. Fue bueno. Conseguir sacar todo fue un alivio para los dos, creo.

—Bien. —

Me sentía feliz por él, aunque no había tenido la misma experiencia con las recientes revelaciones públicas. No miraría hacia atrás a Ulquiorra. Él había mirado su cuaderno de dibujo, cuando entré en el salón de clase, resueltamente en contra de siquiera mirarme.

—Oye, Orihime. —Ishida sonrió al pasar en el pasillo, como si estuviera orgulloso de sí mismo por finalmente recordar mi nombre.

—Hola —repliqué, deslizándome de él en mi camino hasta la parte delantera de la sala de conferencias.

Cuando me detuve en el escalón más bajo, el Dr. Aizen miró por encima de las cabezas de los estudiantes agrupados en torno a él y me pidió que vaya durante horas de la tarde a su oficina a recoger mi papel. Su expresión firme dijo que no era una invitación tanto como una directiva. Con mi cara caliente, le dije que estaría allí.

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—No has hecho nada malo, así que no tienes nada de qué preocuparte. Probablemente, sólo quiere asegurarse de que Ulquiorra-Usagi-Bob Patiño- quienquiera carajo que sea, no se aprovecha de ti.

Aprecié las palabras tranquilizadoras de Rukia, aunque podrían ser equivocadas.

Tendida de espaldas sobre la cama, colgando las botas al final, miré el cuadrado de cielo plomizo visible desde nuestra sencilla ventana de cuatro por cuatro. Incluso en nuestro cuarto extremadamente caliente, me estremecí.

Rukia y yo descubrimos el pasado invierno que la antigua calefacción central podía bombear aire caliente en nuestra pequeña habitación hasta que era un sauna, tan sólo apagar y reanudar un lento descenso de vuelta al frío antes de reiniciarlo de nuevo al sauna. Fue un milagro que no hubiera terminado con neumonía en febrero.

—Usagi fue el tutor perfecto. Lo que hay entre Ulquiorra y yo, no es asunto de nadie.

—Excepto mío —bromeó Rukia.

Volví la cabeza y sonreí a medias.

—Excepto tuyo.

Ella añadió los toques finales a una cubierta de purpurina, un cartel temático de la hermandad.

—¿A qué hora se supone que debes estar allí?

—Entre las 3:30 y las 4:30.

—Es mejor que te largues. Me estoy yendo a trabajar tan pronto como termine esto. Envíame un texto y hazme saber si tengo que patear el culo de alguien. No olvides, mañana vamos a conseguir vestidos para la Fiesta de este fin de semana.

La capacidad de cambiar de tema rápidamente de mi compañera de cuarto era legendaria.

—Lo recuerdo.

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El Dr. Aizen me miró desde el otro lado de la mesa por segunda vez en este semestre, y yo luchaba por no retorcerme en la silla. Nunca había sido una niña que se ganaba la desaprobación de los docentes; encontrarme en esta posición dos veces en cuestión de semanas era increíble.

Él no me había mirado desde que me invitó a tomar asiento. Rebuscó en un montón de carpetas y papeles, sacó mi trabajo de investigación murmurando:

— Ah, ja.

Mis manos se crisparon en mi regazo, mientras él lo examinaba, hojeando las páginas grapadas. Me pregunté si ya había escrito una nota, o si lo que dije o no diría en los próximos minutos influiría en él.

Se aclaró la garganta y me estremecí.

—He hablado con el señor Schiffer, lo que supongo sabes.

Tomé una respiración nerviosa.

—No, señor. No hemos hablado.

Alzó las cejas, los ojos muy abiertos.

—Ya veo —Él frunció el ceño como si estuviera confundido—. Bueno. Te preguntaré lo que le pregunté a él, y me gustaría tu honestidad, por favor. ¿Le ayudó en la producción de este trabajo?

Le devolví una mueca perpleja, sin saber qué, exactamente, me preguntaba.

—Él me dio algunas pistas sobre las fuentes de investigación. Y leyó el artículo terminado y señaló algunos errores que necesitaba corregir antes de entregarlo. Pero el trabajo es mío.

Él asintió con la cabeza y suspiró.

—Está bien. ¿Existe también una cuestión sobre un examen en el que pudo haber dado algunos... digamos un aviso... por adelantado a los otros estudiantes?

Tragué.

—Me sugirió que haga la hoja de cálculo que él había enviado —El Dr. Aizen me examinó con una mirada directa y unas elevadas, cejas tupidas, y corregí—. Sugirió muy firmemente que lo haga. Pero nunca me dijo que iba a ser un examen, y, francamente, pensé que estaba siendo mandón, ni siquiera detecté cualquier indicio. —

Mierda.

—Él ha asumido la completa responsabilidad por su error de criterio, Srta. Inoue.

No podía respirar, mis pensamientos revueltos. Desde el primer momento que lo vi —enfrentando a Grimmjow en el estacionamiento y, tirarlo lejos de mí— había estado protegiéndome. ¿Se encontraba en peligro de ser despedido de su trabajo debido a nuestra relación, lo que sea que haya sido?

Me acerqué, mi mano sobre el escritorio.

—Ulquiorra no lo hizo, no se aprovechó de mí de ninguna manera. Fue muy servicial, como tutor. Tengo otra clase durante sus sesiones de grupo, así que no podía asistir a ellas, pero él me envió por correo electrónico las hojas de trabajo —Sin aliento, me detuve, no quería hacer esto peor de lo que ya era. No podría parecerme a una chica enamorada o mis declaraciones no tendrían ningún peso en absoluto—. No debería estar en problemas por mi culpa.

Mi profesor se quedó mirando mi trabajo, todavía en sus manos. En todo caso, parecía más preocupado que hace unos momentos. Con la frente arrugada, levantó los ojos y me miró un momento.

—También dijo que usted no era consciente del hecho, de que el chico que... veía... era su tutor. Que su relación académica se llevó a cabo a través de correo electrónico solamente.

Asentí, no queriendo contradecir nada de lo que Ulquiorra dijo.

Suspiró de nuevo, recostado en sus pensamientos, tapándose la boca con una mano. Por último, deslizó el papel encima de la mesa para mí.

—Su investigación y las conclusiones fueron impresionantes para una estudiante universitaria. Buen trabajo, Srta. Inoue. Si lo hace bien en el final, la calificación en el curso no debería sufrir de los, eh, trastornos emocionales a los que se enfrentó a mitad de semestre. Un consejo, sin embargo. Esta no será la última vez que tenga que lidiar con algo en la vida que la lanza fuera de su juego. En los próximos cursos, así como en el mundo real—tal como es—los profesores y empleadores no siempre serán complacientes. Todos tenemos que, ¿cómo es la terminología de mi hija? aguantar y tratar.

Me resistí de voltear a la última página para ver mi calificación.

—Sí, señor — Sabía que debería ponerme de pie, agradecerle, y salir de su oficina, mientras todavía esté sobre su lado bueno. No podía hacerlo—. ¿Y Ulquiorra? ¿Está en problemas? ¿Él...va a perder su trabajo?

Él negó con la cabeza.

—No parece que se haya hecho ningún daño real, aunque he recordado a Usagi—er, Ulquiorra—que a veces, cómo es percibida una situación, carga más peso que la realidad de la cuestión. Con esto en mente, le sugerí que se limite a adecuadas interacciones de tutoría para la duración del semestre.

Ulquiorra no había mencionado la posibilidad de futuras interacciones. Su respuesta acerca de si habíamos o no terminado fue concluyente, y no me había enviado correos electrónicos o mensajes de texto que lo contradigan, ni había mirado mi camino en la clase de hoy, que yo sepa.

—Gracias, Dr. Aizen . —Esperé hasta que estuve fuera para comprobar la calificación que había recibido, un 94.

Sin lugar a dudas mejor de lo que lo hubiera hecho en el parcial, si hubiera estado presente durante el mismo.

Ignoré a Ulquiorra en mi camino a mi asiento antes de la clase del miércoles y el viernes, y lo ignoré una vez más al salir, especialmente cuando encontré a Ishida esperando en el pasillo para acompañarme en los dos días. El miércoles, mi ex me preguntó cómo iba la tutoría.

—¿Qué? —Me tropecé en el siguiente paso y él agarró mi codo.

—¿Eran dos estudiantes de octavo grado o dos en el noveno grado que tuvieron un gran enamoramiento contigo? —Se rió, volviendo las cabezas de dos chicas que pasaban por el camino externo, típico de Ishida, él no parecía darse cuenta—. ¿O es que todos tienen un flechazo contigo ahora?

Ah… las lecciones de bajo, no las tutorías de economía. Metí mi barbilla en mi bufanda peluda y tiré de la cremallera de mi abrigo hasta mi garganta cuando doblamos la esquina del edificio y una ráfaga de aire helado nos golpeó, y él se subió el cuello y metió sus manos en los bolsillos del abrigo.

—No tengo ni idea de lo que están pensando, la mayor parte del tiempo. Son todos un poco hoscos.

Me miró y sonrió, ese hoyuelo cautivando mi atención, que ya la tenía desde la primera vez que lo vi y desde allí, sus hermosos ojos Azulados. Me golpeó con el codo ligeramente.

—Mal genio es evidencia sólida de que todos están enamorados de ti.

Con el ceño fruncido, me enfrenté hacia adelante y tomé el ritmo. No me podía imaginar a dónde iba con eso, pero no lo seguí.

—Te veré más tarde, Ishida. Tengo que llegar a español.

Él me tomó del brazo.

—¿Rangiku dijo que ibas a venir a la Fiesta el sábado?

Asentí con la cabeza. Rukia y yo pasamos cuatro horas de compras para los vestidos y los zapatos la noche del martes. Ella daba lo máximo en su intención de hacer a Ichigo lamentar cualquier decisión que él había hecho que no incluía la adoración a sus pies.

—¿Qué pasó con 'Me encanta la caza'? —

Yo le había pedido que descarte el décimo o undécima vestido de coctel no-del-todo-perfecto antes de que baile dentro en un poco de tela plateada con un tajo en el muslo alto.

Sonriendo en el espejo con resolución depredadora, ella había esperado a que le subiera el cierre y examiné su cuerpo en el traje reflectante que hacía resaltar su pelo rubio como si fuese el sol.

—Oh, estoy cazando ¿Bien? — ronroneó.

Me separé de Ishida sin mirar atrás, y él llamó: —Te veo más tarde, Orihime.

Consideré y rechacé todas las excusas que pude inventar de porqué necesitaba retirarme, tardíamente, deseando nunca haber accedido a acompañar a Rukia a la fiesta anual. Mi compañera de cuarto normalmente sana, se había decidido a hacer la vida de su ex novio un infierno por lo menos durante una noche. En la cena del viernes, dijo:

—Tengo que hacer esto. Por el cierre. —

Rangiku arqueó una ceja hacia mí desde el otro lado de la mesa. Entre el drama Rukia/Ichigo, los intentos de Ishida para revertir nuestra separación, y la probable presencia de Grimmjow, la noche del sábado no podía estar tan cerca sobre mí.

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Evitar el contacto visual durante la clase de defensa personal de la mañana del sábado resultó más difícil que esquivarnos durante la de economía, pero Ulquiorra y yo lo conseguimos durante la primera hora. La parte más rara de la semana pasada fue las hojas de trabajo que continuó enviando, pero sin ninguna nota más allá.

El correo electrónico completo, consistió en: Nueva hoja de cálculo adjunta US.

—Donde una patada es más probable que sea mal calculada por la víctima o evadida por el perpetrador, un golpe de rodilla es de corto alcance y ejecutado con mayor facilidad, así que nos vamos a centrar en esta primera defensa —La voz de Omaeda me trajo de vuelta a la clase de defensa personal—. Y supongo que ustedes señoras saben a lo que están apuntando con la rodilla.

Divididos en dos grupos, como estábamos hace dos semanas, fui a pararme en el grupo de Nnoitra y siguió Rukia. Él sostuvo un cojín grueso con correas en su antebrazo muscular para mantenerlo en su lugar, explicando lo básico del golpe de rodilla y pidió un voluntario para ayudar a demostrar, al que Rukia fácilmente respondió.

Me sentí orgullosa de su rotundo ¡NO! mientras ella agarró los hombros de Nnoitra y estrelló su rodilla contra la almohadilla. Reconocí el movimiento de Ulquiorra por haberlo usado en Grimmjow —aunque lo había golpeado en la barbilla en lugar de la ingle. Grimmjow había ido directamente al suelo. Y se quedó allí.

Cuando llegó mi turno, mis vacilaciones autoconscientes desaparecieron con el estímulo vocal de mi grupo y los "¡Otra vez!" de Nnoitra entre cada ataque.

Estimulada, me dirigí de nuevo a Rukia con los ojos abiertos y temblando de adrenalina. Ella se rió y dijo:

—Lo sé, ¿verdad?

Progresamos a patadas, y cada vez que di una, oí un gruñido gratificante de Nnoitra , mi temor de que nunca podría replicar esto en la vida real disminuyó.

Yume —la mujer de pelo blanco, que sin saberlo, me había dado el coraje para permanecer en la clase hace dos semanas— preguntó cómo, incluso si golpeamos el lugar correcto con la fuerza suficiente, podríamos ganar contra un hombre de su tamaño.

Nnoitra nos recordó que no tenía que ganar una pelea, sólo tenía que escapar.

—Cada segundo te compra tiempo para correr.

Cuando Omaeda anunció un breve descanso, miré de reojo a Ulquiorra. Sobre las cabezas de dos chicas, una de las cuales hablaba con él, sus ojos se encontraban puestos en mí, su glacial verde a través del cuarto brillante. Después de la actividad física de la mañana, mi respuesta fue abrumadora.

Mi respiración pasó a superficial y rápida, ninguno de los dos se dio la vuelta hasta que Rukia enganchó su brazo con el mío y tiró de él.

—Vamos, amante —murmuró, inaudible para nadie más que yo.

Me sonrojé y dejé que me llevara al pasillo, hacia el vestuario. Inclinada sobre el fregadero, me eché agua en la cara y miré al espejo, preguntándome qué vio Ulquiorra cuando me miró. Lo que Ishida vio. Lo que Grimmjow vio.

—¿Estás muy enamorada, no es cierto? —Rukia me entregó una toalla de papel y frunció los labios, inclinando la cabeza mientras observaba mi rostro en el espejo, también. Sus ojos violetas encontraron los míos—. Debería haber sabido que la terapia de consuelo no iba a funcionar contigo. Si te hace sentir mejor, él no se ve menos interesado que tú.

Rodé mis ojos, acariciando el agua de mis mejillas.

—Lo creas o no, eso no hace que me sienta mejor.

Arqueó una ceja, su mirada se trasladó a su propio reflejo, mientras se alisó una imperfección imaginaria en el labio y se ajustó su salvaje cola de caballo.

— Mmm-hmm.

—Estamos listos para aprender los últimos movimientos durante la siguiente hora más o menos, la defensa contra agarres y estrangulaciones. La próxima semana, vamos a integrar lo que han aprendido en todos los escenarios posibles —Aplaudiendo con sus manos juntas, Omaeda añadió—. Divídanse y vamos a empezar.

Después de que doce de nosotros se habían automáticamente separado en nuestros grupos anteriores, Asuma se dirigió a los hombres, que se encontraban acolchados parcialmente, incluyendo el casco.

—Nnoitra, Ulquiorra, vamos a tener que desconectar dos para esta parte. Mezcle las tácticas de los atacantes un poco.

Oh, Dios. Tanto para evitarnos entre sí.

Aunque yo sabía que no evitaba esto, mi cerebro trató de buscar cualquier manera de tener los brazos de Ulquiorra cerrados a mí alrededor en frente de todos.

El primer ataque fue llamado el abrazo de oso, y la intrépida, de pelo blanco Yume se ofreció a ayudar, para demostrar la defensa en cámara lenta en su contra. Miré con Rukia y las otras tres damas de mi grupo, mi respiración irregular y mi corazón palpitaba como si estuviera tratando de salir de mi caja torácica. Él ni siquiera me había tocado.

La necesidad de casco se hizo evidente cuando él explicó el uso de cabezazos —la nuca de la víctima, impactando en la boca o la nariz del agresor. También hubo en el empeine pisando fuerte (todo el mundo se rió cuando Ulquiorra pidió que se abstengan de pisar fuerte sus pies sin protección —con mucho gusto él iba a reaccionar como si lo hubiéramos hecho con fuerza), el codo a la cintura, y un movimiento llamado por Omaeda la cortadora de césped, que se acercó para comprobar nuestro progreso.

Moviéndome para pararme frente a Ulquiorra, dijo:

—Esto va a ser otro paso que preferiríamos que nadie intente en serio sobre nuestros valientes instructores—Él se volvió y golpeó el hombro de Ulquiorra—. No queremos dejar a nuestros niños incapaces de paternidad —

Mientras las mujeres se echaron a reír, Ulquiorra se sonrojó ligeramente de color rosa y se quedó mirando el suelo, sus labios atornillados en una sonrisa desconcertada—. En un ataque de la vida real, si tienen una mano libre y baja, alcanzarán atrás y agarrarán los bienes, girando y tirando hacia fuera como si estuvieran dando arranque a una cortadora de césped.

Demostró, completo con un efecto de sonido del arranque de una cortadora de césped, e incluso el grupo de Nnoitra veía y reía. Ulquiorra se mordió los labios y sacudió la cabeza.

Uno por uno, los seis de nosotros fuimos a pararnos frente a él, enfrentando al grupo, esperando a que los agarre para que pudieran practicar las técnicas.

La cortadora de césped fue un favorito de las señoras mayores, y todas ellas lo utilizaron, junto con el efecto de sonido. Con ojos brillantes, Rukia usó toda la defensa individual que acababa de aprender, una tras otra, cabezazo, pisar los pies, rasguñar las canillas, el codo en el abdomen con un brazo y el arranque de la cortadora de césped con el otro. Las señoras de nuestro grupo aplaudieron y Ulquiorra dijo:

—Buen trabajo. Él va a estar en el suelo rogándote que huyas en este momento.

—¿Primero debo darle una patada? —preguntó completamente seria.

—Uh... si él no está haciendo un movimiento hacia ti, entonces, corre. No quieres que agarre tu pie y te derribe —Rukia asintió con la cabeza y se dirigió de nuevo a mí, apretándome la mano cuando llegó a mi lado.

Me miró a los ojos mientras me acercaba. Miré hacia atrás, dándole la espalda a él cuando lo alcancé, tratando de concentrarme en lo que se suponía debía hacer a continuación.

De repente, sus brazos se encontraban a mi alrededor, como bandas, pero más suave que lo que cualquier atacante sería nunca. Sus brazos musculosos eran sólidos y rígidos.

Desconcertada, me olvidé de todas las defensas que acababa de aprender y luché inútilmente contra su fuerza.

—Golpéame, Orihime —dijo en mi oído—. Codo.

Le di un codazo a su cubierto abdomen acolchado y gruñó.

—Bien. Písame.

Lo actué, con cuidado.

—Cabezazo.

La parte superior de mi cabeza apenas le llegaba al mentón acolchado, pero lo embestí.

—La cortadora de césped —Su voz era suave y entrecortada, y no pude, ni siquiera recurriendo a cada pedacito de imaginación que poseía, verme tocándolo allí para hacerle daño.

Hice el movimiento, sin el efecto de sonido, ruborizándome por completo, y él me soltó. Tropezando hacia Rukia, me habría sentido tonta, pero por el hecho de que todas las mujeres en la sala estaban haciendo exactamente lo que yo acababa de hacer.

Excepto que no con un hombre cuyo contacto, hacía que sus entrañas se tornaran calientes y líquidas. No con un tipo que la hacía querer girarse y envolverse en esos brazos.

Mi grupo sonrió y me palmeó en los hombros y me elogió como si no me hubiera congelado por completo al principio.

El abrazo de oso frontal, fue peor, pero por la forma en que los ojos de Ulquiorra se dilataron ligeramente cuando me miró, mi pecho presionado contra el suyo. Como Rukia dijo, no se veía sin afectar—un conocimiento que me hizo sentir mejor y peor.

Las estrangulaciones fueron más fáciles, y las hice sin sus indicaciones verbales.

Y luego la clase había terminado, con Omaeda animándonos a la práctica — cuidadosa— durante la próxima semana.

—La próxima semana los chicos estarán cubiertos de cuerpo entero, y serán capaces de molerlos a palos, sin tabúes.

Rukia y Yume chocaron los cinco, y Omaeda les sonrió a las dos, frotándose las palmas de las manos.

—Sanguinario y despiadado. Exactamente lo que quiero ver.

Espero que disfruten la lectura

Lariilu