EASY

Capitulo 14:

Después de una semana de Ulquiorra ignorando mi existencia mientras estábamos en clase, no estaba segura de qué esperar el lunes por la mañana. La alteración fue leve, pero innegable. Cuando entré en el aula, sus ojos se encontraron con los míos, la más mínima sugerencia de una sonrisa en su boca.

Todo en él se había vuelto familiar. La noche en que bailé con él, sus rasgos se habían fusionado entre un chico digno y excepcionalmente aplastante. Ahora, tenía la mandíbula y la barbilla afilada en ángulo fuerte, la nariz con el más mínimo indicio de una ruptura previa. Una cicatriz en forma de medialuna se asentaba en lo alto del pómulo.

Los flecos de su cabello despeinado eran lo suficiente largos como para suavizar el conjunto; si alguna vez se lo cortaba, se vería como un hombre completamente diferente.

Volvió su atención hacia su siempre presenté cuaderno de dibujo, y miré hacia el frente en un esfuerzo de no caerme por las escaleras. Solamente horas antes, él había sostenido mi cara en sus manos, me había presionado contra la puerta de mi camioneta y me había besado como si hubiéramos hecho lo que yo había querido. Yo había conducido de nuevo a mi dormitorio en un estado desconcierto de lujuria.

Deslizándome en mi asiento al lado de Hikaru, soporté la tentación de mirar sobre mi hombro. Si él no estaba mirándome, me sentiría decepcionada. En cambio, si lo hacía, estaría atrapada.

La muchacha a mi derecha, como todos los lunes por la mañana, estaba dando el resumen de su fin de semana a su compañera… y a las otras dos o tres docenas de personas que podían oírla.

Hikaru la imitó perfectamente, aunque un poco dramático, y fingí un ataque de tos para ocultar mi risa. Por desgracia, la tos le llamó la atención.

—¿Te estás muriendo o algo así? —Preguntó ella, afectando una burla perfecta cuando sacudí mi cabeza—. Bueno, escupir un pulmón en público no es para nada tan atractivo, sólo digo.

Mi cara ardía, pero luego me incliné hacia Hikaru y hablé a mí alrededor.

—Um, ¿darle a la mitad de la clase un resumen exhaustivo cada lunes por la mañana, en detalle espeluznante, de cuán alcohólica promiscua eres? No es nada atractivo, tampoco. Sólo digo.

Ella abrió la boca cuando las personas cercanas rieron, y me apreté mi labio inferior entre los dientes mientras trataba de mirar hacia delante.

Afortunadamente, el Doctor Aizen entró entonces, y comenzó la clase, y estuve cincuenta minutos intentando olvidar la presencia de Ulquiorra a tres filas y cinco asientos atrás.

—Así que… nueve días hasta el final. —Hikaru llenó su mochila y sonrió con satisfacción hacia mí mientras empaqué la mía.

—Mmm-hmm.

—Nueve días hasta no más… restricciones. —Hice rodar mis ojos directamente a él cuando sus cejas bailaron arriba y abajo—. ¿Eh? ¿Eh?

No pude evitar comprobar para ver si Ulquiorra estaba todavía en el salón.

Estaba hablando con la chica Zeta, la que había hablado antes, pero me miraba por encima de su cabeza.

Hikaru se deslizó por su camino hasta el pasillo, una media sonrisa en su rostro.

—Voy a tomar Tutores Calientes por 200 dólares—dijo él con una voz extrañamente femenina antes de empezar a tararear la canción de Jeopardy.

Todavía estaba tarareando cuando sonrió hacia Ulquiorra justo antes de salir.

Esperaba no seguir sonrojada cuando Ulquiorra se puso a caminar conmigo, pero ninguno de los dos habló hasta que estuvimos fuera. Aclarándose garganta, hizo un gesto hacia la espalda de Hikaru con un hombro.

—¿Él, um, sabe? ¿Acerca de…?

Mordió su labio inferior y el pequeño arete, tenía el ceño ligeramente fruncido en su rostro.

—Él, de hecho, fue cómo me di cuenta de… quién eres.

—¿Oh? —Me acompañó hacia mi clase de español, como lo había hecho una vez.

—Él se había fijado en nosotros… mirándonos uno al otro. —Me encogí de hombros—. Y me preguntó si yo iba a tus sesiones de tutoría.

Cerrando los ojos por un instante, tomó un respiro.

—Dios. Lo siento mucho. —

Esperé, deseando que me dijera el motivo de la farsa Usagi/Ulquiorra, por fin. Hicimos una excursión a través de las colinas del campus en silencio durante un minuto o dos, cada paso llevándonos más cerca de mi clase. Sin una sola nube en el cielo, el sol nos calentaba en parches directos de la luz, mientras que nos congelábamos en la sombra proyectada por los árboles y edificios.

—Te noté en la primera semana —Su voz era suave—. No sólo por lo bonita que eres, aunque, por supuesto, que eso jugó en todo. —Sonreí, mirando a nuestros pies, como emparejamos nuestros pasos—. Fue la forma en que te apoyabas en tus codos cuando escuchabas en clase, cuando algo capta tu interés. Y cuando te ríes, nunca es para llamar la atención, es sólo… risa. La forma en que obsesivamente metes el pelo detrás de la oreja en el lado izquierdo, pero dejas que en el lado derecho caiga como una pantalla. Y cuando estás aburrida, golpeas con el pie sin hacer ruido y mueves tus dedos en el escritorio como si estuvieras tocando un instrumento. Quería dibujarte.

Nos detuvimos y permanecimos en un cuadrado de sol, bien lejos de la entrada sombreada al edificio de artes del lenguaje.

—Casi cada vez que te veía, estabas con él. Pero un día, te acercaste al edificio sola. Yo sostenía la puerta para varias muchachas delante de ti, y esperé a que me alcanzaras. Cuando me alcanzaste, parecías contenta, y un poco sorprendida. A diferencia de las otras, no esperabas que la puerta fuera sostenida para ti, por un chico al azar. Sonreíste y me dijiste: "Gracias". Eso fue el colmo. Rogué para que nunca fueras a una sesión y no con él. No quería que supieras que era el tutor.

—Él te dio por hecho, incluso cuando estabas junto a él, sosteniendo su mano. Como si fueras un accesorio. —Frunció el ceño, y recordé sentirme exactamente igual con Ishida. A menudo—. Nunca quise que te lastimaran, pero quería apartarte de él. Constantemente tuve que recordarme que no importaba si fueras suya o no, porque estabas en el otro lado de una línea que no podía cruzar. Y luego no te presentaste el día del intermedio, o el siguiente, o el siguiente. Me preocupé que algo te hubiera sucedido. Él fue muy reservado los primeros días. A finales de la semana, las chicas le coqueteaban antes de la clase, y la forma en que respondió me dijo lo que había sucedido.

—Estaba seguro de que habías dejado la clase, lo que me hizo egoístamente eufórico. Sin saber siquiera qué hacía, empecé a buscarte en el campus. —Miró en mis ojos y bajó la voz aún más—. Y luego, la fiesta de Halloween.

No podía respirar.

—¿Estuviste allí? ¿En la fiesta?

Asintió con la cabeza.

—¿Cómo? No estás en una hermandad, ¿o sí?

Él negó con la cabeza.

—Había arreglado las casas de A/C la noche anterior. El mantenimiento no hace esas cosas que no son una emergencia de noche o fin de semana, pero soy mano de obra contratada, así que accedí a hacerlo. Cuando no quise tomar propina, un par de chicos me invitaron a la fiesta. Sólo dije que sí porque tenía la esperanza de que podrías estar allí. Habían pasado dos semanas, y este campus es tan grande que estaba empezando a pensar que nunca te vería. —Rió entre dientes y se frotó una mano en la parte posterior de su cuello—. Vaya, eso suena totalmente acosador.

O totalmente caliente. Dios.

—¿Por qué no me hablaste esa noche? Antes de…

Él negó con la cabeza.

—Estabas tan retirada y miserable. Casi todos los hombres que se acercaban a ti, fueron rechazados sin una segunda mirada. No había manera de convertirme en uno de ellos. Bailaste con un puñado de chicos que ya conocías… y él era uno de esos.

—Grimmjow.

—Sí. Cuando te fuiste, te siguió, y pensé que tal vez… tal vez ustedes dos habían decidido salir temprano juntos, sin que nadie lo supiera. Encontrarse afuera o algo así.

Vi a un trío de mis compañeros entrar en el edificio.

—Es el mejor amigo del novio de mi compañera de cuarto. Bueno, el mejor amigo de su ex, ahora. Era una persona conocida. Un amigo, pensé. Vaya, sí que me equivoqué.

Asintió con la cabeza, frunciendo el ceño.

—Yo estaba a punto de salir… mi moto estaba estacionado en el frente. Algo no se sentía bien, pero luchaba con el mismo deseo de llevar a cabo lo que había sentido la mitad del semestre con tu novio, así que cuestioné mis propios motivos. Pedí un minuto discutiendo conmigo mismo, y lo siento por eso. Finalmente decidí que, si ustedes dos estaban ligando, sólo me daría la vuelta, subiría a mi moto y acabaría de una vez con ello. Contigo.

—Pero eso no es lo que pasó.

—No.

De repente consciente de la falta de gente vagando alrededor de nosotros, saqué mi teléfono. Eran las diez y dos minutos.

—Mierda. Llego tarde.

—Uh-oh. ¿No es el profesor que te pone de ejemplo si llegas tarde?

Impresionante.

—Lo recuerdas. —Gemí, empujé mi teléfono en mi bolso—. Me siento como con ganas de faltar ahora.

Su boca se elevó hacia un lado.

—¿Qué tipo de empleado de la universidad sería, al animarte a faltar a clase la última semana del semestre?

—Solamente repasamos. Tengo un A. Realmente no necesito la revisión.

Nos miramos el uno al otro.

Incliné mi cabeza y miré directamente a sus ojos claros.

—¿Tú no tienes clases?

—No hasta las once. —

No por primera vez, la sensación de su fija mirada derivando sobre mi rostro fue como una brisa suave, o el toque más suave posible. Se detuvo en mi boca.

Mis labios se separaron, mi respiración más lenta que mi ritmo cardíaco acelerado.

—Nunca me dibujaste otra vez.

Sus ojos se lanzaron a los míos, pero no contestó, así que pensé que tal vez no se acordaba de su petición por mensaje.

—Dijiste que tenías dificultades para hacer memoria. Mi mandíbula. Mi cuello…

Él asintió con la cabeza.

—Y tus labios. Dije que necesitaba más tiempo mirándolos y menos probándolos.

Asentí. Dios mío, ¿Qué no se acordaba?

—Una cosa muy tonta de mi parte por decir, creo. —Tenía la vista fija en mi boca de nuevo.

Mis labios cosquillearon por su enfoque. Quise frotar mis dedos a través de ellos. O rozarlos con los dientes para detener la sensación de cosquilleo. Cuando los humedecí con la lengua, él contuvo el aliento.

—Café. Vamos a tomar un café.

Asentí, y sin decir una palabra, caminamos hacia el centro de estudiantes, el lugar más concurrido en el campus a esta hora del día.

—Así que usas lentes, ¿eh? —Nos habíamos sentado en una mesa diminuta, bebiendo a sorbos nuestro café y aguantando un silencio decididamente incómodo, así que solté la primera cosa viable que entró en mi cerebro.

—Um. Sí.

Genial. Acababa de traer a relucir esa noche. Pero, ¿Debería no traer esa noche? ¿No deberíamos hablar de ello? ¿No debería preguntarle si me alejó porque era el tutor de la clase, o debido a esas cicatrices en sus muñecas?

—Uso lentes de contacto. Pero mis ojos se cansan de ellos al final del día.

La imagen mental de Sasuke empujando la puerta, la aprehensión en su rostro, los lentes transformándolo en funcionario mientras el pijama producía un efecto contrario. Me aclaré la garganta.

—Se ven muy bien en ti. Los lentes. Quiero decir, podrías usarlos todo el tiempo, si quieres.

—Son una especie de molestia con el casco de la moto. Y el taekwondo.

—Oh. Sí, puedo imaginarlo.

Nos quedamos en silencio otra vez, con cuarenta minutos hasta su clase y mi reprogramado tiempo para practicar con el bajo.

—Podría dibujarte ahora —dijo.

Sin ninguna razón, mi cara ardió.

Por suerte, él metía la mano en su mochila, retirando su bloc de dibujos, y dando vuelta a una página en blanco. Tomó el lápiz de su oreja antes de mirar a través de la mesa en mí. Si notó mi color aumentado, no lo mencionó.

Sin decir una palabra, él se reclinó en su silla, el almohadón sobre sus rodillas, y empezó a dibujar, el lápiz haciendo los arcos sin esfuerzo, de alguien que sabe lo que está haciendo. Sus ojos se movieron desde el bloc a mí y de vuelta, una y otra vez, y yo me senté en silencio bebiendo, viendo su cara.

Mirando sus manos.

Había algo íntimo acerca de modelar para alguien. Me había ofrecido como un modelo una vez en mi clase de arte de primer año, para el crédito suplementario. Con una falta grave de habilidades en dibujo, salté a la oportunidad de dos puntos adicionales, sin detenerme a considerar que iba a estar sentada arriba de una mesa por un período de clase entero.

Darle a una clase de chicos adolescentes, rienda suelta a mirarme por una hora fue todo un nuevo nivel de torpeza completamente. Especialmente cuando el novio de Ume,

Ryuuji, comenzó su retrato con mi pecho. Se quedó mirando descaradamente, haciendo gala de sus esfuerzos artísticos a sus compañeros de mesa mientras me ruboricé y fingí que no podía oír sus bromas acerca sobre pellizcos y escote y como deseaba que perdiera la camisa totalmente… o al menos desabotonarla.

—La mayoría de los artistas comienzan con la cabeza —dijo la señora Rin mientras miraba por encima del hombro.

Ryuuji y los demás chicos en la mesa soltaron un bufido de risa mientras yo ardía con humillación y la clase entera miraba.

—¿Qué estás pensando?

No quise retransmitir esa historia.

—La secundaria.

El pelo que caía sobre su frente oscureciendo el pliegue que sabía que estaba allí, pero sus labios se apretaron.

—¿Qué? —pregunté, pensando en el cambio que esas dos palabras trajeron.

Rodeados de conversaciones, música y sonidos mecánicos, el rasguño del plomo a través del papel era inaudible en la cafetería. Vi la danza del lápiz en su mano, preguntándome qué parte de mí dibujaba, y qué partes podría querer dibujar. ¿Cómo fue él cuando tenía dieciséis años? ¿Dibujaba en ese entonces? ¿Salía con otros chicos de su edad? ¿Se había enamorado? ¿Se había roto su corazón por alguna chica cruel? ¿Había ya puesto esas cicatrices en sus muñecas, o estaban por llegar?

—Dijiste que habías estado con él durante tres años. —Habló lo suficientemente fuerte para que pudiera oírlo, mirando hacia abajo en el cuaderno mientras el lápiz trabajaba de ida y vuelta.

No había pregunta en su voz. Él asumió que pensaba en Ishida.

—No estaba pensando en él.

Su mandíbula se apretó, sus labios comprimidos otra vez. ¿Celoso?

La culpa me arrastró cuando me di cuenta que quería que sintiera celos.

—¿Cómo fue la secundaria para ti? —pregunté y luego, quise retirarla.

Sus ojos se dirigieron a los míos y su mano se detuvo.

—Muy diferente de lo que fue para ti, me imagino. —Sus ojos todavía recorrían mi cara, pero ya no dibujaba, y su expresión era tensa.

—¿Oh? ¿Cómo? —Le sonreí, esperando traernos a esta cornisa, aferrarnos a esta posición, o empujarnos sobre el borde.

Levantó la mirada hacia mí entonces y se quedó mirando.

—Para empezar, nunca he tenido novia.

Pensé en la rosa por encima de su corazón, y el poema inscrito en su costado izquierdo.

No quería que ese amor sea reciente.

—¿En serio? ¿Ni una?

Negó con la cabeza.

—Yo era… inestable, se podría decir. Conecté con chicas. Pero no tuve ninguna relación. Me saltaba las clases tanto como me molestaba en aparecer. Celebraba fiestas con los locales y los turistas de playa. Me metía en peleas a menudo, en la escuela y fuera. Fui suspendido o expulsado con tanta frecuencia que cuando me despertaba por la mañana no estaba muy seguro de si se suponía que debía ir o no.

—¿Qué pasó?

Su rostro quedó en blanco.

—¿Qué?

—Quiero decir, ¿cómo entraste en la universidad y te convertiste en este… —hice un gesto hacia él y me encogí de hombros—… estudiante serio?

Se quedó mirando el lápiz en su mano, el pulgar raspando sobre el plomo, afilándolo.

—Tenía diecisiete años, a punto de reprobar por última vez, preparado para trabajar en el bote con mi padre por el resto de mi vida. Una noche, fui de fiesta con algunos amigos. Hicimos una fogata en la playa, lo que siempre atraía a los niños turistas, y ellos siempre querían conectar. Uno de mis amigos era un comerciante. Nada de materia grande, sólo drogas en fiestas. Él vendía caro, de modo que nosotros pudiéramos disfrutar un poco sin necesidad de pagar a su distribuidor por ello.

—Su hermana le siguió esa noche. Estaba enamorada de mí, pero tenía catorce años. Totalmente inocente. No era mi tipo. Ella no tomó el rechazo bien, y empezó a coquetear con los chicos que financiaron nuestra noche, por así decirlo. Su hermano idiota estaba tan drogado, no la miraba en absoluto. Mi cabeza no estaba mucho más despejada, pero cuando el chico con el que ella estaba bailando la empujó hacia abajo en la playa, parecía que estaba tratando de zafarse lejos de él.

—Recuerdo ir tras ellos, pero todo después es turbio. Me dijeron que rompí la mandíbula del tipo. Fui arrestado, se presentaron cargos. Probablemente habría terminado en la cárcel, pero la familia de Aizen estaban de visita esa semana, y Aizen hizo algo para que todo desapareciera.

—Él y mi papá discutieron. Lo siguiente que supe es que estaba inscrito en clases de artes marciales. Era lo suficientemente estúpido como para ver el beneficio de manera equivocada de ser capaz de moler a golpes a las personas aún mejor de lo que ya podía, por lo que no me opuse. Lo que no vi venir fue cómo ello me centraría por primera vez en mucho tiempo. Antes de irse, Aizen me sermoneó como papá nunca lo hizo. No me gustaba decepcionarle. —Me miró estrechamente—. Aún no.

Bebimos nuestro café y esperé, sosteniendo mi lengua, sabiendo que había más.

—Me dijo que tiraba mi futuro a la basura, que yo era mejor que las drogas y las peleas. Me dijo que mi madre estaba pendiente, y me preguntó si quería que estuviera orgullosa o avergonzada. Luego, prometió que me ayudaría a entrar en la universidad, tirando cada cuerda que pudiera tirar, si tan sólo lo intentara. Él sabía que buscaba un escape, y me dio una segunda oportunidad.

Un escalofrío recorrió mi espalda por sus palabras.

—Es bueno al ofrecer eso.

Él sonrió, apenas.

—Sí. Lo es. Lo tomé. Mi último año lucía bien, pero casi arruino todo mi GPA antes de eso. No sé cómo consiguió que me acepten, aunque condicionalmente. Papá no puede pagarla, por supuesto, así que esa es la razón de todos los trabajos extraños. Puedo pagar el alquiler del apartamento, pero no pude conseguir una cama en el garaje de alguien, por lo que me cobra.

—Es como un ángel de la guarda para ti.

Alzando la vista, con sus ojos desconcertante en los míos, dijo:

—Ni te imaginas.

.

.

Parpadeé hacia Rukia, confundida.

—¿Qué quieres decir con que probablemente no testificará?

Mi compañera de dormitorio cerró de golpe el teléfono en su escritorio. Dio un portazo a nuestra mini-nevera tras coger una botella de agua. Se quitó los zapatos de una patada y lanzó uno de ellos a través de la habitación donde rebotó contra la pared encima de su cama y aterrizó en el centro.

— Llegaron hasta ella. Ishida, Starkk. La convencieron, o casi convencieron, de que manejarían a Grimmjow. Que acabaría con la fraternidad y quizás con todo el sistema griego si testifica.

—¿Qué?

—La están haciendo sentir culpable. ¡Por haber sido violada! —Nunca había visto a Rukia tan enfurecida—. Esto es una jodida mierda. Voy a llamar a Riruka.

Me levanté y crucé la habitación, cogiéndola del brazo para evitar que marcara.

—Rukia, no puedes contarlo si Momo no quiere que lo cuentes.

Me miró de cerca.

—S, ya sabes cómo funciona el sistema griego. Todo el mundo lo sabe.

—Oh. Cierto.

Marcó el número, y escuché mientras le contaba a la presidenta de su hermandad lo que pensaba de la propuesta de encubrimiento.

—Bien, estaré allí en una hora, con Momo. —Colgó el teléfono, su expresión más calmada y calculadora. Sentándose en mi cama, me cogió la mano—. Tienes que venir con nosotras, S. Tienes que contarles lo que te hizo.

De alguna manera, testificar ante un grupo de chicas de hermandad era más aterrador que el pensamiento de denunciar a Grimmjow a la policía o hacer una declaración al fiscal del distrito.

—¿P-Por qué? —farfullé—. No soy una de ustedes, Rukia. No les importa-

—Eso muestra un precedente.

Cuántas veces había oído a Ishida usar esta jerga legal—una de sus favoritas.

—¿Estás segura de que un intento fallido conmigo muestra un patrón? Sólo es la segunda vez…

Sus ojos se encendieron.

—Orihime…

—Tienes razón, tienes razón… Dios, ¿qué estoy diciendo? —Las manos me temblaban mientras me las pasaba por la cara, y Rukia las bajó gentilmente.

—Tenemos que asegurarnos de que no haga esto otra vez.

Asentí, sabiendo que tenía razón, y le mandó un mensaje de texto a Momo.

Rukia había abierto la cerradura del Volvo cuando escuché mi nombre y me volví para encontrar a Ishida corriendo a través del lote de dormitorios.

—Hola, Orihime. Rukia. —Cuando le dio una sonrisa tensa y seria, ella le frunció el ceño. Se volvió hacia mí—. Necesitamos hablar.

Le miré.

—¿Sobre qué? ¿Sobre ti ayudándoles para que Momo no presente cargos, cuando sabes lo que me hizo a mí?

Suspiró con cansancio.

—No es así.

—¿Oh? ¿Y cómo es?

—¿Podemos hablar en privado? ¿Por favor?

Miré a Rukia y ésta frunció los labios y le dio a mi ex una mirada cínica antes de volver su atención a mí.

—Voy a recoger a Momo, ¿y nos encontramos en la casa? —

Estaba preocupada por dejarle que me hablara sobre esto, tan enfermizamente fácil como lo había hecho.

Miré a Ishida y supe que convencerme de abandonar la alegación contra Grimmjow estaba en su agenda.

—¿Me llevarás allí? ¿Ahora? Es la única manera de que hable contigo.

Frustrado y puede que un poco confundido por mi contraataque, accedió.

—Claro. Te llevaré allí, si hablas conmigo durante el camino.

Miré por encima del techo del Sedan a Rukia.

—Nos vemos allí.

Ella asintió, con una inquebrantable esperanza en sus ojos, y seguí a Ishida hacia su coche.

Después de ajustar el reproductor hasta dejarlo como música de fondo, condujo despacio, con una muñeca apoyada en la parte superior del volante forrado de piel.

—Gracias por aceptar hablar conmigo. —Miró más allá de mí, sus ojos deslizándose lejos de los míos y fijándolos en la carretera—. Quiero que sepas que creo, al cien por cien, todo lo que me dijiste el sábado por la noche. Sé que Grimmjow es un cabrón, sólo que no sabía cuánto. Hemos empezado los procedimientos para expulsarlo.

—Expulsarlo, ¿de la fraternidad? ¿Ese es su castigo? —Cerré los ojos y sacudí la cabeza para aclararla.

—Grimmjow vino a este campus pensando que iba a ser el presidente de la clase, que ascendería rangos, dirigiría toda la fraternidad y quizá el consejo su último año, y ahora va a estar fuera, con o sin papi. Es un castigo malditamente justo.

Jadeé.

—Ishida, violó a una chica.

Tuvo la gracia de retroceder.

—Lo entiendo, pero…

—¡No hay ningún, pero! ¡No hay ningún maldito, pero! —Mi pecho se hinchó con el esfuerzo de apretar mis manos en mi regazo en lugar de golpear su presumida cara—. Se merece un tiempo en prisión, y voy a hacer todo lo posible para que lo obtenga. —

No pude evitar pensar que, si habían enviado a Ishida para alejarme de testificar, entonces esta discusión había producido el efecto contrario.

Se detuvo frente a la casa y aparcó. Aferró el volante con ambas manos.

— Orihime, tienes que entender algo. Grimmjow ha estado diciendo mierdas sobre conectar contigo desde hace semanas. Otros han corroborado su versión. Todo el mundo lo sabe. Nadie más se cree tu historia de él-también-intentó-violarme, ahora. Es un poco tarde para eso.

Me quedé sin respiración, mi garganta se cerró, y el dolor se disparó por mis brazos a las yemas de mis dedos. Cerré los ojos y peleé contra el mareo y las lágrimas, y tan furiosamente que literalmente vi todo rojo a través de mis párpados cerrados.

—¿Mi… historia?

Sus ojos encontraron los míos.

—Te lo he dicho, te creo. —Le miré a los ojos, a este chico que había conocido tan íntimamente durante tres años.

Podía ver que me creía, pero esa confianza estaba en conflicto con su obligación de salvar la cara. No iba a hacer lo correcto.

—Me crees, pero estás ahí sentado, tratando de disuadirme de la idea de convencer a alguien más para que me crea.

—Orihime, es más complicado que eso…

—Un infierno que lo es. —Abrí la puerta y salté fuera.

Cerrando de un portazo en furiosa protesta, me giré y dirigí con paso fuerte hacia la casa de la hermandad de Rukia y Momo. Estaba temblando de ira y miedo, y algo más:

resolución.

En la reunión había menos de veinte chicas: Rukia, Momo, las directoras de la hermandad y yo.

Como presidenta, Riruka presidía la larga y pulida mesa. A sus dos lados se sentaban las directoras de último año; reconocí a la hermana mayor de Melony como una de ellas. Melony y ella podrían haber sido gemelas, se parecían mucho —hasta la mueca maliciosa.

—Momo, cariño, nadie te está culpando —dijo, su voz goteando con una falta de sinceridad que contradecía sus palabras—. Pero el hecho es que fuiste a su dormitorio con él. Quiero decir, la expectativa estaba ahí, ¿sabes?

Rukia puso su mano en mi muslo cuando contuve la respiración —un aviso para que no contestase todavía. Exhalé por la nariz y me enfurecí en silencio. Era una intrusa. Podía ser echada fácilmente, y eso no sería bueno para Momo.

Necesitaba todo el apoyo posible.

—Tampoco eras como, virgen, ¿verdad? —dijo otra chica.

—Dios, Mila, esa no es la cuestión —dijo otra.

Mila se encogió de hombros.

—A mí me importaría.

Momo estaba pálida y parecía que o iba a vomitar o a desmayarse. Rukia se inclinó hacia ella y le susurró.

—Respira, cariño.

Varias chicas dijeron más cosas estúpidas, y otras dijeron cosas razonables, y finalmente parecía que todas habían dado su opinión excepto Riruka, Rukia y las dos personas que al final tenían el destino de Grimmjow en sus manos: Momo y yo.

Finalmente, Riruka golpeó con el mazo suavemente, deteniendo toda la conversación y haciendo volver todas las cabezas en su dirección. Su postura era tan perfecta que podía haber sido una reina llevando una corona pesada; fijó su mirada en mí.

—Hime, ¿tengo entendido que alegas que Grimmjow intentó violarte la noche de la fiesta de Halloween?

Un par de chicas murmuraron y una realmente se rió. Apreté mis manos en puños en mi regazo y las ignoré, tragué saliva y asentí con la cabeza.

—Sí.

—Bien, lo siento, ni siquiera sé por qué está aquí —dijo una representante de la clase junior—. Si él no lo hizo realmente.

—Tuvo la intención de hacerlo —dijo Rukia con los dientes apretados—. Solo que fue detenido antes de que tuviera éxito.

La otra chica se echó el cabello por encima del hombro.

—Pero no lo denunció esa noche. ¿Por qué no? ¿Y por qué ahora? Quiero decir, ¿cómo sabemos que esto no es una táctica para llamar la atención? ¿O alguna clase de venganza contra Grimmjow?

Rukia gruñó a mi lado.

—Lo detuvo un tipo que vio todo el asunto y está deseando hacer una denuncia oficial conmigo. —Mi voz vaciló, y debajo de la mesa Rukia cogió mi mano derecha y me la apretó—. En cuanto a por qué ahora y no entonces… ese fue mi mal juicio. No se me ocurrió que le haría esto a alguien más. —Miré a Momo, una disculpa en mis ojos, y luego a Riruka—. Pensé que sólo era yo.

—¿Qué tipo? ¿Uno de los hermanos? Porque tía, no van a testificar contra Grimmjow —dijo Mila, y varias chicas asintieron.

—No. Ulquiorra Schiffer.

—Oh, lo conozco —dijo la hermana de Melony—. Está bueno…

—¿Es el chico no-fraternidad que estaba en la fiesta de Halloween sin disfraz? ¿Botas de vaquero? ¿Pelo oscuro? ¿Ojos increíbles? ¿Totalmente caliente? —preguntó la chica que estaba a su lado.

—Sí, ese es él.

—Momo —interrumpió Riruka—, tengo entendido que, ¿Starkk e Ishida Hablaron contigo ayer?

Momo asintió, con los ojos, todavía enrojecidos, muy abiertos.

—Quieren que retire los cargos. Dijeron que lo iban a manejar.

Las cabezas pivotaron de un lado a otro entre la presidenta de la hermandad y la promesa de primer año mientras ellas se lanzaban preguntas y respuestas.

—¿Cuáles son tus planes ahora?

—No lo sé. Estoy muy confundida.

Riruka la consumió con la mirada.

—¿Grimmjow hizo lo que dices que hizo?

Los ojos de Momo se llenaron de lágrimas, y cuando asintió, se derramaron por sus mejillas.

—¿Entonces qué demonios es lo que te confunde?

Todas se sentaron en un silencio aturdido por un momento, hasta que la chica que había declarado a Ulquiorra como totalmente caliente exclamó—: ¿Estás diciendo que debería presentar cargos?

—Absolutamente.

Alrededor de la mesa se oyeron jadeos, y estaba tan atónita que no me podía mover.

—Pero esto se verá mal para…

—¿Sabes lo que se ve mal? —Le cortó Riruka—. Un grupo de mujeres que no se apoyan las unas a las otras cuando un hombre tira una mierda como esta. Hace menos de una hora, le he dicho a Starkk. por donde se podía meter su maldita reputación fraternal. —Se levantó y se inclinó hacia delante, apoyando sus manos en la mesa—. Déjenme contarles una historia chicas, corta y dulce. En el instituto, era una joven animadora saliendo con un chico de último año que intentaba conseguir una beca de fútbol. Me acosté con él varias veces, queriendo. Una noche no estaba de humor, pero él sí. Así que me agarró y me forzó. Las pocas personas a las que se lo conté, incluyendo a mi mejor amiga, señalaron lo que le pasaría si lo contaba. Hicieron hincapié en el hecho de que no era virgen, que estábamos saliendo, que habíamos tenido sexo antes de eso. Así que me quedé callada. Ni siquiera se lo dije a mi madre. Ese chico me dejó moretones en el cuerpo. Lloraba y le pedía que parase y no lo hizo. A eso se le llama violación, señoritas.

Se irguió y cruzó los brazos por encima del pecho.

—Así que Grimmjow puede disfrutar sentándose en una celda contemplando cómo hizo estallar su vida. Esos gilipollas hirieron a dos personas sentadas en esta mesa. ¿Y estás preocupada por quién quedará mal si ellas hablan? Que le jodan a eso. Ichigo, Starkk. e Ishida y todos los chicos de fraternidad de este campus pueden ir a joderse ellos mismos. ¿Somos hermanas o no?

.

.

"Orihime,

Te envío adjunta la revisión que repartiré el jueves. Supongo que técnicamente prefiero dártelo un par de días antes, pero ya te dije que eres mi favorita, después de todo.

US (aka Ulquiorra, aka Usagi, aka Mr. Schiffer)"

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"Mr. Usagi Ulquiorra Schiffer,

Se siente raro recibir emails de economía de ti. Como si no fueras realmente la misma persona (me acabo de acordar de que te pregunté si necesitabas ayuda en economía. Iba a recomendarte como tutor para ti mismo. Debiste haber pensado que estaba totalmente despistada). Gracias por la hoja de trabajo. Ni siquiera lo miraré hasta el jueves. Así no tendrás que sentirte culpable por dármelo antes. Momo y yo rellenamos las denuncias en la comisaría de policía. Rukia nos llevó. Era la primera vez que le daba a alguien un reporte detallado de todo el asunto. Estaba temblando y llorando para cuando terminé, y me sentí débil y estúpida otra vez. Momo estaba aún peor que yo; el trabajador social dijo que puede que necesitara ser tratada de Estrés Post-Traumático. Nos dijo a las dos que fuéramos a la oficina del consejo de la escuela o a un terapeuta privado. Momo llamó a sus padres en el camino de vuelta al campus, y estarán volando hacia aquí por la mañana. Ni siquiera se me ocurrió contárselo a los míos. No creo que pudiera tratar con otro discurso "Ya te lo dije" de mi madre. No sobre esto. Le di a la detective tu información, y dijo que te llamarían cuando quieran que vayas. No estoy segura de lo que pasará después.

SH (aka Orihime, aka O, aka Ms. Inoue, aka Hime –pero usaré el entrenamiento de auto-defensa si me llaman así)"

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"Ms. Orihime (no Hime) Inoue,

Nunca pensé por un momento que no tuvieses ni idea. Me quedé atrapado en mi propio engaño, y me sentía cada vez más podrido al respecto. Me alegro de que lo descubrieses, y siento no habértelo dicho. Si alguien estaba despistado, era yo. Me siento como un gran asno por haber dicho algo alguna vez que te hiciese pensar que cualquier parte de aquella noche fue culpa tuya. Estaba tan enfadado con él. Si no hubieses hecho ese ruido en la camioneta, creo que podría haberlo matado. ¿Rellenaron las dos una orden de restricción?

Ulquiorra."

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Yo: ¿Podemos cambiar a los mensajes?

Ulquiorra: Claro, sin problemas.

Yo: Tenemos la documentación para presentar una orden de restricción temporal mañana por la tarde.

Ulquiorra: Bien. Si te sientes amenazada, quiero que me llames. ¿Vale?

Yo: Vale.

Ulquiorra: Mañana es mi última clase de economía. El Dr. A va a hacer una revisión el viernes.

Yo: Obviamente, no lo necesitas. Pensé que eras un estudiante vago. Sentado en la última fila, dibujando, sin prestar atención a la clase.

Ulquiorra: Supongo que doy esa impresión. Este es mi tercer semestre como tutor, y el cuarto sentándome en clase. Conozco el material bastante bien.

Yo: Así que, después del miércoles, ¿no tendremos clases juntos? Y después del examen final del próximo miércoles, ¿entonces qué?

Pasaron varios minutos, y supe que había hecho una pregunta la cual él o no quería o no sabía responder.

Ulquiorra: Navidades. Hay cosas que no sabes sobre mí. Me dije a mí mismo que no te mentiría otra vez, pero no estoy listo para sacarlo todo. No sé si puedo. Lo siento.

Las vacaciones de invierno empezaron un viernes —el último día de los exámenes finales de otoño. Estaba obligada a salir de la residencia durante las vacaciones, y el semestre de primavera no empezaría hasta dentro de siete semanas. Mucho podía cambiar en ese espacio de tiempo.

En sexto curso me caí de un árbol y me rompí el brazo. No pude tocar el contrabajo o trenzar mi propio pelo durante siete semanas. Cuando tenía quince años, mi mejor amiga Tatsuki fue a un campamento de verano durante siete semanas.

Cuando volvió, era la mejor amiga de Yuki. Continué siendo amiga de las dos, pero las cosas nunca volvieron a ser igual entre Tatsuki y yo.

Siete semanas después de que empezase el semestre de otoño, Ishida rompió conmigo, y siete semanas después, me di cuenta de que lo estaba superando. Siete semanas lo podían cambiar todo.

Rukia volvió del trabajo antes de que pudiese escribir mi respuesta a Ulquiorra, si es que había alguna. Atípicamente callada y con una expresión distraída, se quitó la ropa del trabajo con cuidado, metiéndolas en el cesto de la ropa sucia sin su usual tendencia a lanzarlas.

—¿Rukia? ¿Está todo bien?

Se dejó caer sobre su cama y miró al techo.

—Ichigo estaba cerca del coche cuando he salido esta noche. Sosteniendo flores.

No veía ninguna flor, así que sólo podía imaginarme qué les había pasado. Probablemente nada bueno.

—¿Qué quería? —Sabía exactamente lo que quería.

Supe lo que quería el sábado pasado. Lo que probablemente ha querido desde que había sido lo suficientemente tonto como para elegir la polla de su mejor amigo por encima de su novia.

—Se ha disculpado. Se ha humillado. Ha dicho que se disculparía y se humillaría ante ti si yo quería. Ha jurado que nunca hubiese pensado que Grimmjow recurriría a "eso" para conseguir una chica, porque las chicas siempre se tiran a sí mismas a sus brazos. Le dije hace tres semanas que no es sobre sexo. Es sobre dominación. —Se apoyó en sus codos para mirarme—. No me escuchó entonces. Y ahora, cuando a Grimmjow lo van a arrestar y culpar de violación, ahora está escuchando.

Me encogí de hombros.

—Supongo que los hombres que nunca harían algo así les cuesta creer que otro hombre lo haga —dije, pero podía ver su punto de vista.

La conciencia y las disculpas estaban bien, pero podían llegar demasiado tarde.

Espero disfruten la lectura

Lariilu