EASY

Capitulo 15:

Ishida estaba esperando fuera del salón de clases la mañana del miércoles. Evitando el contacto visual, traté de caminar hacia el interior del aula, pero él me alcanzó cuando pasé a su lado.

— Orihime… habla conmigo.

Dejé que tirara de mí unos metros hacia la izquierda de la puerta, y me enfrenté al salón para poder ver cuando Ulquiorra llegara.

Mantuvo la voz baja y apoyó uno de sus hombros en la pared de azulejos lisos.

—Ichigo dice que tú y Momo presentaron ayer informes a la policía.

Me esperaba ira o desesperación, pero no vi ninguna de ellas.

—Lo hicimos.

Se pasó un par de dedos por el impecable mentón sin afeitar, un hábito que me hacía querer hacer lo mismo.

—Deberías saber que Grimmjow está diciendo que la cosa con Momo fue de mutuo acuerdo, y que la cosa contigo no ocurrió en absoluto la noche que tú dices que lo hizo.

Abrí y cerré la boca.

—¿La "cosa" con Momo? ¿La "cosa" conmigo?

Haciendo caso omiso a mi indignación, agregó—: Aparentemente se olvidó de que le dijo a Ichigo y, por lo menos, a una docena de otros chicos que ustedes dos se enrollaron en la camioneta, justo después de la fiesta, antes de que lo asaltaran.

Sabía que Grimmjow había difundido rumores, pero no había oído los detalles.

— Ishida, tú sabes que yo no haría eso.

Se encogió de hombros.

—No le creí, pero no estaba seguro de cómo estabas reaccionando ante nuestra ruptura. Hice algunas, umm, cosas poco aconsejables después de... Pensé que tenías derecho a lo mismo.

Recordé la OFCM —la solución de Rukia y Rangiku a mi caída en picado después de la ruptura— y concedí —para mí misma— que él no estaba completamente equivocado.

Todavía me preguntaba si me conocía en absoluto.

—¿Así que pensaste que podía estar tan molesta por haberte perdido que empezaría a revolcarme con chicos al azar en los estacionamientos?

Se pellizcó el puente de la nariz.

—Por supuesto que no. Quiero decir, la mayoría asumió que estaba exagerando. No tenía ni idea de que haría... —Su mandíbula se apretó y sus ojos azulados se abrieron—. Nunca se me ocurrió que él haría eso.

Me estaba empezando a cansar y enfermar ese sentimiento.

Vi a Ulquiorra acercarse al mismo tiempo que él me vio. Sin detenerse, se dirigió directamente hacia nosotros, y se detuvo junto a mí.

—¿Estás bien?

Ya me había vuelto adicta a esa frase suya, y la forma en la que la decía, su voz como el acero en terciopelo. Asentí con la cabeza.

—Estoy bien.

Asintió también y le dio a Ishida una rápida mirada que prometía una lesión letal si le parecía conveniente causarla.

Ishida parpadeó y miró sobre su hombro para ver a Ulquiorra entrar en el aula.

—¿Ese tipo está en nuestra clase? ¿Y qué diablos fue esa mirada? —Se volvió para examinarme más de cerca el rostro mientras observaba a Ulquiorra desaparecer por la puerta—. Ichigo dijo que un tipo estaba en el estacionamiento esa noche. Que fue quién venció a Grimmjow, no un par de chicos sin hogar, como él dijo. —Hizo un gesto con el pulgar—. ¿Es ese tipo de quien hablaba?

Asentí.

—¿Por qué me dijiste que sólo te escapaste?

—No quiero hablar de esa noche, Ishida. —Contigo, añadí en silencio.

Tendría que hablar de ello muy pronto, cuando tuviera que dar una declaración a la defensa, y de nuevo cuando fuéramos a juicio.

—Me parece justo. Pero no fuiste exactamente honesta conmigo la otra noche.

—Fui sincera; simplemente no estaba completamente abierta. No sé ni siquiera por qué te conté lo ocurrido, sobre todo después de que me pidieras que retirara los cargos para que la fraternidad pueda salvar su cara.

—Eso fue un error. Uno que ha sido rectificado.

—Sí, por un grupo de chicas de una hermandad de mujeres mucho más valiente que tú. Momo estuvo a punto de ceder ante la presión, y si hubiese dejado caer su caso, yo no habría tenido oportunidad en absoluto. Tú más que nadie sabes eso. Así que gracias, Ishida, por tu apoyo —Suspiré—. Mira, agradezco tu charla con Grimmjow, y para lo que vale, sé que tú realmente no querías hacerme daño. Pero tiene que ir a la cárcel, no sólo ser desvestido por uno de sus compañeros y arrojado fuera de la fraternidad. —Me di la vuelta para entrar en el aula y me detuve cuando me llamó por mi nombre.

—Orihime… Lo siento.

Rukia estaba en lo cierto. Las disculpas podían llegar demasiado tarde. Asentí con la cabeza, aceptando su perdón en honor a todo lo que alguna vez habíamos sido, pero nada más.

El Dr. Aizen ya había iniciado la lectura, así que me deslicé en mi asiento, aceptando la sonrisa de Hikaru como saludo, y me di crédito a mí misma por convertirme en una sobreviviente.

Había sobrevivido a la decisión de Ishida de poner fin a nuestra relación. Había sobrevivido a lo que Grimmjow trató de hacerme. Dos veces. E iba a sobrevivir si Ulquiorra no podía —o no quería— confiar en mí sobre sus demonios personales.

Los árboles habían cambiado de frondosos a desnudos sin que me diera cuenta de ello. El cambio siempre fue una cosa rápida aquí, nunca una larga y multicolor transformación, como sucedía más al norte. Aún así, había estado demasiado preocupada como para observar la alteración que se había producido.

Parecía como si un día los árboles eran gruesos y verdes, y al siguiente las hojas se habían desvanecido por completo, excepto por los pequeños montones, muertos y atrapados en las esquinas de las terrazas y capturados bajo los bordes de los cercados.

Los días de calor ocasionales habían desaparecido también. Ulquiorra y yo nos encontrábamos encorvados en nuestros abrigos, y mi bufanda estaba enrollada alrededor de mi cuello dos veces, usurpando mi cara. Exhalé sobre ella y saboreé ese calor que duró alrededor de dos segundos.

Ulquiorra tiró de su gorro más bajo.

—¿Quieres que vaya contigo esta tarde? Puedo conseguir que alguien cubra mi turno en Starbucks.

Volví la cabeza para mirarlo, pero mi bufanda no giró conmigo.

—No. Los padres de Momo están aquí. Van a asegurarse de que todo esté bien para las dos. Incluso se ofrecieron a conseguirme una habitación de hotel… Estarán manteniendo a Momo allí con ellos durante la próxima semana, y luego la llevarán directamente de vuelta a casa, después de los finales. Su padre moverá sus cosas fuera del dormitorio esta noche. Rukia dice que podrían retirarla de forma permanente.

Frunció el ceño.

—Supongo que no servirá de nada señalar que esto podría haber ocurrido en cualquier otro lugar.

Negué con la cabeza.

—Tal vez algún día consigan superar el shock. Sin embargo, Momo no querrá volver aquí, incluso si eso es cierto.

—Comprensible —murmuró, mirando al frente mientras caminábamos.

Nos quedamos en silencio hasta que llegamos a la pequeña construcción donde se encontraba mi clase de español.

—Me gustaría poder faltar de nuevo hoy, pero tenemos las presentaciones orales que cuentan como parte del final.

Sonrió, extendiendo la mano para despejar un mechón de pelo testarudo que se había aferrado a mi labio. No lo hubiera conseguido con mis dedos enguantados. Su índice estaba ligeramente gris, y supuse que había estado dibujando en clase hoy.

—Me gustaría verte, antes de que te vayas a casa. Fuera de la clase del sábado, quiero decir. —Su dedo recorrió mi mandíbula, sumergiéndose en la piscina de mi bufanda y metiéndolo por debajo de mi barbilla.

Sentí que mi estómago caía a mis pies. Me había familiarizado con las despedidas no verbales recientemente, y el adiós estaba en sus ojos. No me encontraba preparada para verlo.

—Tengo una actuación en solitario para una calificación final esta noche, un recital obligatorio al que asistir el viernes, y mi grupo se presenta este sábado. Sin embargo, puedo verte mañana por la noche, si tú quieres.

Él asintió, mirándome fijamente a los ojos, como si fuera a darme un beso.

— Quiero. —Los estudiantes todavía se empujaban hacia sus clases a nuestro alrededor. Todavía no llegaba tarde. Puso la bufanda de nuevo en su lugar, sobre mi mentón, y sonrió—. Te ves como una momia parcial. Como si alguien se hubiese interrumpido mientras te cubría.

Una sonrisa plena era extraña viniendo de Ulquiorra. Acostumbrada a su sonrisa fantasma, a su oscuro frunce de ceño y a sus miradas intensas, me quedé tan atontada que mi respiración se tambaleó. Y luego le devolví la sonrisa, e incluso si él no podía verme la boca, sabía que las arrugas alrededor de mis ojos duplicaban aquellas que se encontraban en los de él, el gris de los míos conectándose con el verde de los suyos.

—Tal vez le di un golpe de martillo- puño y su nariz sangró antes de que pudiese terminar con toda esa cosa horrible de momia sobre mí.

Se rió suavemente, manteniendo una cálida sonrisa en su lugar, y me incliné hacia él como una flor a la luz solar.

—Estás aficionándote a ese golpe.

—Tal vez no tanto como Rukia a todos esos golpes relacionados con la ingle.

Se rió de nuevo y se inclinó para besarme en la frente, dejándome ir con rapidez y mirando alrededor. Su sonrisa se desvaneció, y pensé que probablemente estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para que regresara.

— ¿Me mandarás un mensaje cuando termines esta tarde?

Asentí.

—Lo haré..

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No estaba segura de lo que iba a encontrar cuando busqué en Google el nombre de Ulquiorra el miércoles por la noche. Tenía la esperanza de que un obituario me diera un punto de partida, y eso fue lo que encontré. Al igual que muchos obituarios, el de la mama de Ulquiorra no daba ni una pista sobre cómo había muerto. Ningún "en lugar de flores por favor envíe una donación a…" con el nombre de alguna horrible enfermedad que mata a jóvenes madres al final.

Busqué su nombre en Google sin esperar nada —pero varios artículos aparecieron, todos fechados hace ocho años. Los títulos me dejaron sin aliento. Elegí uno y lo cliqueé —mi corazón latiendo con tanta fuerza que podía distinguir cada latidos—mientras deseaba que esos comentarios fueran de otra persona y no de su madre.

Alguien a quien no conocía.

DOS MUERTOS EN UN ASESINATO-SUICIDIO.

Las autoridades confirmaron los horribles detalles de un asesinato-suicidio que tuvo lugar durante un allanamiento de morada ocurrido en las primeras horas de la mañana del martes.

La policía dice que Kaname tousen, un personal de mantenimiento local, irrumpió en la casa de Sora y Hana Schiffer a través de una ventana trasera, a las 4 am de la mañana del martes. El Dr. Schiffer se encontraba en un viaje de negocios.

Después de encerrar a su hijo en su habitación, Kaname violó en repetidas ocasiones a Hana Schiffer antes de degollarla. La causa de la muerte fue pérdida masiva de sangre a partir de múltiples heridas cortantes. Luego, Kaname se disparó fatalmente. Las armas encontradas en la escena incluyen un cuchillo de caza de siete pulgadas y una pistola de 9mm.

Kaname era uno de los contratistas que trabajaron en la casa de los Schiffer a principios de este verano. No parece haber habido ninguna otra conexión entre Kaname y los Schiffer, salvo por algunas fotos de vigilancia hacia la familia, que los investigadores encontraron ayer en la casa de Kaname.

La policía cree que Kaname era consciente de la ausencia del Dr. Schiffer.

No pudiendo entrar en contacto con su esposa o hijo durante la noche del martes, Sora Schiffer pidió a los amigos de la familia, Aizen y Misaki Sosuke, que comprobaran si se encontraban bien. Aproximadamente a las 7 pm, la pareja descubrió a Hana Schiffer en su dormitorio, cubierta de sangre, con Kaname cerca de ella, muerto de un disparo auto-infligido en la cabeza.

El hijo, menor de edad, fue llevado al hospital del condado y tratado por deshidratación, shock y lesiones de menor importancia relacionadas con el encierro, pero por lo demás, sano y salvo.

Aizen hizo una breve declaración esta tarde, solicitando a la prensa y la comunidad que le permitieran a Schiffer y a su hijo un poco de privacidad para procesar la impactante manera en que ambos perdieron a su esposa y madre de 38 años de edad.

"Estuve en el ejército. Fuerzas Especiales. He visto algunas atrocidades. Pero ésta fue la peor cosa que he encontrado, y siempre me arrepentiré de llevarme a mi esposa conmigo esa noche", dijo Aizen.

Los Sosuke y los Schiffer han sido amigos cercanos durante dieciséis años.

"Hana era una adorable mujer y madre, una amiga cariñosa y maravillosa. La extrañaremos terriblemente".

.

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—Gracias por verme fuera del horario de oficina. —Tomé una respiración profunda y me senté, con las manos apretadas en mi regazo—. Necesito hablar con usted sobre Ulquiorra. Hay algo que necesito de él.

Las cejas del Dr. Aizen se juntaron.

—No estoy seguro de qué puedo divulgar. Si es de carácter personal, debería preguntárselo a él.

Temía que dijera eso, pero necesitaba saber más antes de ver a Ulquiorra otra vez. Necesitaba saber si esa noche había sido el catalizador para las cicatrices en sus muñecas, o si había algo más.

—No puedo preguntarle. Se trata de... lo que pasó con su madre.

El Dr. Aizen se veía como si lo hubiera golpeado.

—¿Le contó sobre eso?

Negué con la cabeza.

—No. Googleé su nombre en busca de su obituario. Cuando éste no me dio una idea sobre cómo murió, busqué su nombre. Usted estaba en el artículo que encontré.

Frunció el ceño.

—Señorita Inoue, no estoy dispuesto a hablar de lo que pasó con Hana Schiffer sólo para aplacar la curiosidad morbosa de alguien.

Di otro suspiro entrecortado.

—Esto no es curiosidad. —Me deslicé hasta el borde de la silla—. Sus muñecas… ambas tienen cicatrices. Nunca he conocido a nadie que haya intentado... eso, y me da miedo decir algo equivocado. Usted lo ha conocido de toda su vida. Yo sólo lo conozco hace un par de semanas, pero me preocupo por él. Mucho.

Lo pensó por un momento, y sabía que estaba sopesando lo que me diría, mirándome fijamente por debajo de sus espesas cejas. Era difícil imaginar que esa suave y pastosa voz perteneciese a un hombre que había sido miembro de las Fuerzas Especiales. Era difícil imaginar que él había sido quien descubrió a una de sus más cercanas amigas, salvajemente asesinada.

Se aclaró la garganta, y no me moví.

—Me hice muy amigo de Sora Schiffer en la escuela de posgrado. Los dos estábamos rumbo al doctorado, pero mientras yo planeaba tomar la ruta de la enseñanza y la investigación, Sora se dirigía a una más lucrativa, no académica.

—Asistimos a una pequeña reunión en la casa de uno de nuestros profesores, cuya hija era estudiante. Era increíble, su pelo y ojos, claro, así que cuando pasó de camino a la cocina, Sora se levantó con la excusa de conseguir hielo, y yo lo seguí. Él era mi mejor amigo, pero no iba a dejarlo reservarse a una chica así. Era un sálvese quien pueda. —Rió en voz baja.

—Cinco minutos más tarde, me sentía totalmente seguro de mis posibilidades. Le había preguntado su carrera, y cuando ella respondió: "Arte", Sora le espetó: "Tu padre es el Dr. Ulquiorra, una de las mentes más destacadas de la economía moderna, ¿y tú estás estudiando arte? ¿Qué diablos vas a hacer con un título en arte?

Sonrió, sus ojos se desenfocaron, recordando.

—Ella se acercó, con los ojos brillantes, y le dijo: "Voy a hacer el mundo más hermoso. ¿Tú qué vas a hacer? ¿Ganar dinero? Estoy muy impresionada". Se dio la vuelta y salió de la cocina. Durante días, Sora estuvo furioso por no haber formulado una réplica mientras ella todavía estaba de pie allí.

—Una semana más tarde, me la encontré en la cafetería. Me preguntó si yo era tan anti-arte como mi amigo. No soy tonto, así que exclamé: "¡De ninguna manera! ¡Sé cómo el arte es esencial en la expresión de la condición humana!"

Así que ella me invitó a una exposición que estaba teniendo, y me dijo que podía llevar a Sora. Inmediatamente me arrepentí de decirle nada, porque él estaba decidido a impartir esas réplicas inteligentes que había estado formulando desde la noche en que se conocieron.

—La galería estaba ubicada entre una tienda de licores y un lugar de alquiler de muebles. Mientras caminábamos hacia la puerta, Sora hizo un comentario sobre el "mundo más hermoso" que ella no estaba construyendo, y me quise patear de nuevo por llevarlo.

—Hana se acercó con un vestido de gasa, el cabello retorcido, muy al estilo estudiante de arte. Con ella se encontraba una rubia bien vestida, muy del tipo de Sora, a quien presentó como su mejor amiga, también estudiante de finanzas.

Sora apenas se dio cuenta de la otra chica. "¿Dónde está tu material?", le preguntó a Hana. Su pregunta pareció llevarse una parte de ella. Estaba inquieta a medida que nos llevaba hacia la pared que mostraba sus pinturas de acuarela. Todos esperaban, tensos, a que Sora pronunciara su sentencia.

—Examinó cada pieza sin comentarios, y entonces él la miró, y dijo: "Son preciosas. Creo que nunca deberías hacer nada que no sea esto". Ella se graduó tres meses más tarde, y él tuvo un anillo en su dedo esa noche. Una vez que terminó su doctorado, se casaron, y él comenzó su carrera como una venganza que siempre había planeado.

—Por extraño que parezca, yo terminé con la linda estudiante de finanzas, nos casamos poco después de que ellos lo hicieran. Los cuatro quedamos como amigos cercanos. Usagi es como el primo mayor de nuestros tres hijos.

El Dr. Aizen se detuvo, tomando un hondo y triste respiro. Mi inquietud regresó.

—Sora estaba trabajando para la FDIC. Tenía muchos viajes. Yo estaba dando clases en Georgetown, vivíamos a unos veinte minutos el uno del otro. Cuando no pudo ponerse en contacto con ellos esa noche, Misaki y yo los fuimos a ver. Encontramos a Hana en su habitación con el cuerpo de Kaname, y a Usagi en su cuarto. —El Dr. Aizen tragó y yo no podía respirar—. Estaba ronco de gritar, tanto que no podía hablar, y sus muñecas estaban atadas al poste de la cama. Se había arrastrado con ella hasta que se topó con los demás muebles y no pudo ir más lejos. Tenía las muñecas laceradas, tratando de soltarse de los lazos para llegar a su madre. Había sangre seca en sus brazos y en la esquina de la cama. De ahí es de donde las cicatrices provienen. Había estado así quince, o dieciséis horas.

Mi estómago se revolvió y las lágrimas corrían por mi cara, pero la voz del Dr. Aizen era plana. Supe que se estaba apartando de su memoria tanto como podía. Me sentí cruel por hacerle revivir una noche tan horrible.

—Hana era el corazón emocional de los tres. Sora la adoraba, y perderla de esa manera, cuando él no estaba allí para protegerla... Se cerró. Había hecho grandes avances en su carrera, pero dejó todo. Se trasladaron a la casa de su padre en la costa, regresó a la barca de pesca con la que había estado tan decidido a no tener ninguna relación cuando se fue de casa a los dieciocho años. Su padre murió un par de años más tarde, le dejó todo.

—Usagi se cerró de una manera diferente. Misaki y yo tratamos de decirle a Sora que no debían desarraigarse de todo lo que sabían, que sin duda necesitaban terapia, pero Sora estaba fuera de su mente por el dolor. No podía soportar estar en la casa o en la misma ciudad.

Entonces, él me miró, ofreciéndome una caja de pañuelos que tenía en un cajón del escritorio cuando se dio cuenta de mi expresión.

—Creo que necesita saber el resto de Usagi, quiero decir, Ulquiorra. Cambió su nombre por el segundo, el nombre de su abuelo, cuando vino a la universidad. Tratando de reinventarse a sí mismo, supongo. Un hábito de dieciocho años es difícil de romper, y no me ha hablado sobre él lo suficiente en los últimos tres años. —Me miró y suspiró—. Ojalá nunca la hubiese visto salir de su apartamento. Por lo que a mí respecta, las restricciones de estudiante/tutor se han terminado. Así... así que ya sabes.

Me sequé los ojos con un pañuelo y le di las gracias.

Las restricciones de la Universidad eran la menor de mis preocupaciones.

.

.

Eres un buen cocinero —agarré los vasos vacíos y seguí a Ulquiorra hasta el fregadero.

Enjuagó los restos de los platos y se giró para tomar los vasos que sostenía.

—La pasta es fácil. La versión universitaria de un buen partido es impresionar a tu cita con tus habilidades culinarias.

—Así que, ¿Esto es una cita? —Antes de que él pudiera retractarse, agregué—: Y tú hiciste el pesto desde cero, te observé. Eso es impresionante por sí solo. Además, nunca has vivido en un dormitorio, donde una única pasta que comes es de sopa instantánea, se compran dos sopas a precio de una y ocasionalmente, comida precocinada. Créeme, tus habilidades son bastante impresionantes.

Se echó a reír, dedicándome una sonrisa plena que adoré.

—¿En serio?

Le devolví la sonrisa, pero se sintió falso, como si alguien más hubiera estirado las comisuras de mis labios para representar más felicidad de la que en realidad sentía.

—En serio.

En cada minuto, he luchado con el creciente temor sobre lo que aprendí en Internet la noche anterior y lo del Dr. Aizen horas antes. Ulquiorra ha atravesado un infierno y no lo comparte con nadie, por lo que sé. Dijo que había cosas que no sabía sobre él, que nunca sería capaz de revelar, y en lugar de respetar sus secretos, yo los descubrí.

Quería ser alguien a quien permitiera entrar en su vida, pero mi interrupción fácilmente podría convertirse en una excusa para cerrarme la puerta.

—Supongo que arruinaría mi intachable reputación como chef si te dijera que tengo una caja de brownies como postre —su expresión era seria.

—¿Estás bromeando? —Rodé mis ojos—. Amo los brownies en cajas. ¿Cómo lo supiste?

Él trataba de mantener una actitud seria y falló.

—Está llena de contradicciones, Srta. Inoue.

Lo miré y arqueé una ceja.

—Soy una chica. Está en mi naturaleza, Sr. Schiffer.

Secó sus manos en un paño de cocina y lo arrojó sobre la mesa, tirando de mí hacia él.

—Soy muy consciente del hecho de que eres una chica —sus dedos se entrelazaron con los míos y él atrapó mis dos manos detrás de mí, con suavidad, presionándolas en mi espalda baja.

Mi respiración se aceleró junto con mi ritmo cardíaco mientras nos mirábamos el uno al otro.

—¿Cómo podrías deshacerte de esta prisión, Orihime? —sus brazos rodeándome y mi cuerpo inclinado hacia el suyo.

—No me gustaría salir de aquí —susurré—. No quiero.

—Pero si tuvieras que hacerlo. ¿Cómo lo harías?

Cerré mis ojos y visualicé.

—Podría darte un rodillazo en la ingle. Pisar con fuerza tu empeine. —Abrí mis ojos y calculé nuestras diferencias de estatura—. Eres demasiado alto para darte un cabezazo, creo. A menos que salte, como nos enseñaron a hacer en el campo de fútbol.

Una de las esquinas de su boca se curvó.

—Bien —se inclinó, nuestros labios separados por unos centímetros—. ¿Y si te beso y tú no quieres?

Quería con tantas ansias que lo hiciera, mi cabeza daba vueltas.

—Y-yo te mordería.

—Oh, Dios —respiró, sus ojos cerrándose—. ¿Por qué eso suena tan bien?

Me incliné hacia él, parándome de puntillas tanto como pude, pero sus labios aún se encontraban fuera de mi alcance y mis brazos atrapados detrás de mí, no podía utilizarlos para tirar de él.

— Bésame y averígualo.

Sus labios eran cálidos. Me besó con cuidado, mordisqueando y succionando mi labio inferior. Dibujé el borde de sus labios con la punta de mi lengua, hasta que llegué a su delgado anillo, gruñó y tiró de mí tan fuerte que apenas pude respirar. Mis manos fueron liberadas de repente y él tomó mis caderas, levantándome hasta el mostrador para que así nuestros ángulos se invirtieran.

Pasando mis dedos por su cabello, adentré mi lengua en su boca, con cautela, trazando sobre el duro paladar justo detrás de sus dientes mientras envolvía mis brazos y piernas alrededor de él. Succionó mi lengua dentro de su boca y jadeé. Nunca nadie me había besado así; nunca había sido besada así.

Una mano detrás de mi cuello, dirigiéndome, la otra equilibrándome en el borde del mostrador, me incitaba a hacerlo nuevamente y cuando lo hice, él acarició mi lengua con la suya, sus dientes mordiendo mi labio inferior cuando me retiré.

—Santa mierda —Jadeé antes de que él volviera a introducir su lengua en mi boca, finalmente, mis manos se deslizaron por todas partes, queriendo tocarlo.

Apartándome del mostrador, me llevó a su habitación y caímos en su cama, mis piernas aun envueltas. Apoyado sobre mí, me besó profundamente, acariciando el interior de mi boca hasta que me retorcí debajo de él. Se detuvo, quitó mi suéter y desabroché su camisa. Dejándola colgar abierta, comenzó a desabrochar mis vaqueros, deteniéndose para escanear mi rostro.

—Sí —No hubo vacilación en mi voz.

Bajó la cremallera lentamente, observándome; sentí la presión de su deseo mientras estaba acostada, jadeando en voz baja, levanté mi mirada hacia él. Una mano en mi muslo y la otra todavía en la base de mi cremallera, murmuró:

— No he intentado esto con nadie… importante, en mucho tiempo. Nunca lo había sentido.

Traté de frenar la muy evidente incredulidad en mi tono de voz.

—¿No has tenido sexo antes?

Cerró sus ojos y suspiró, sus manos moviéndose para agarrar mi cintura desnuda.

—Sí. Pero no con nadie que me importe o… conozca. Eso es todo —sus ojos se encontraron con los míos.

—¿Esa es toda la historia?

Sonrió tristemente, sus dedos bajando por mi cintura.

—No es que hubiera cientos de chicas. Hubo muchas antes, en el instituto, no tantas desde que estoy aquí.

No sabía cómo responder a eso. No podía concentrarme en nada más que el tacto de sus dedos enganchados en la pretina de mis vaqueros.

—¿Ulquiorra? dije sí y lo dije en serio. Quiero esto, siempre y cuando tengas protección. Quiero hacer esto, contigo. Así que, está bien —balbuceaba preocupada de que esto terminara antes de comenzar. Exhalé un suspiro y hablé en un susurro—: Por favor, no me pidas decirte que te detengas.

Mirándome, se apartó y levanté mis caderas. Mis pantalones se deslizaron por mis piernas y los arrojó a un lado, se quitó la camisa y se deshizo de sus vaqueros.

—Quiero que esto sea mejor que bien. Te mereces algo mejor que "bien" —Después tomó un condón de una caja en su buró y lanzó el pequeño cuadrado en la cama, se colocó entre mis piernas. Yo temblaba, no tenía ninguna experiencia en esto—. Estás temblando, Orihime. ¿Quieres…?

—No —puse mis dedos temblorosos en su boca—. Tengo un poco de frío—y estoy muy nerviosa.

Apartó la colcha debajo de mí y la levantó por encima de nosotros. Su peso se presionaba sobre mí, me besó profundamente antes de mirarme a los ojos, sus dedos deslizándose en mi rostro.

—¿Mejor?

Tomé una respiración profunda, mis miedos se disolvieron con su toque, la anticipación creció más rápido, que lo ocurrido hace unos minutos en la cocina.

—Sí.

Mientras su pulgar acariciaba mi sien, las yemas de sus dedos se adentraban en mi cabello. Sus ojos eran tan claros de cerca que podía ver cada faceta fragmentada—. Sabes que puedes decirlo —su voz fue baja, suave—. No quiero presionarte.

—Bueno —respondí, levantando mi rostro para capturar sus labios, mis manos subiendo sobre los duros músculos de su espalda antes de enterrar mis uñas en el centro de sus omóplatos hasta regresar a sus caderas.

Su vacilación anterior desapareció, removió los últimos restos de tela que vestíamos, colocó el condón en su lugar, me besó con fiereza y se deslizó dentro de mí.

Si esto hubiera sido con Ishida, habría terminado en un par de minutos.

Fue mi último pensamiento coherente, mientras Ulquiorra se tomaba su tiempo besando, tocando cada parte de mí que podía alcanzar y mi cuerpo se arqueó hacia el suyo, era oh… así que, así era como se debía sentir.

Nos encontrábamos cara a cara, acurrucadas bajos las sábanas, nuestros hombros sobresaliendo. Observé su mirada deslizarse por mi rostro, deteniéndose en cada rasgo como si estuviera memorizándolo: oído, mandíbula, boca… mentón, garganta, la curva de mis hombros.

Regresó su mirada a mis ojos, levantando su mano y trazando cada atributo individual, mientras observaba mi respuesta. Cuando sus dedos trazaron mis labios, frotó mi labio inferior, tragué y me concentré en respirar. Sus ojos se posaron allí y me miró por un largo rato antes de trazar mi cuello, acercándose a mí y besándome tan suavemente que fue difícil sentirlo, hasta que la delgada conexión me atrapó y me atravesó, curvando los dedos de mis pies como una corriente.

Suspiré y nuestras respiraciones se mezclaron. Apartando los cobertores hasta mi cintura, me indicó que me colocara sobre mi espalda para que su mano continuara su lectura. Mi piel expuesta debió haber sentido frío, pero estaba excitada bajo su examen.

—Quiero dibujarte así —su voz fue tan suave como su toque, ahora bordeando a través de mi clavícula, de ida y vuelta, antes de moverse más abajo.

—¿Puedo asumir que no terminará en la pared?

Sonrió hacia mí.

—Er, no, esto no terminara en la pared, por muy tentadora que sea la idea. He hecho algunos dibujos tuyos que no van a la pared.

—¿Los tienes?

—Mmm.

—¿Puedo verlos?

Se mordió el labio inferior, sus dedos trazando las curvas de mi pecho y luego bajando a cada costilla.

—¿Ahora? —su cálida mano se curvó alrededor de mi cintura y tiró de mí más cerca.

Lo miré a los ojos mientras yacía sobre mí. —Quizás, dentro de un rato…

Se escabulló más abajo.

—Bien, porque tengo un par de cosas que hacer primero.

Se puso su bóxer negro antes de ir a la cocina. Escuché una puerta abrirse y cerrarse, su voz un murmullo mezclado con los insistentes maullidos de Francis.

Regresó con un enorme vaso de leche y un plato de brownies.

Me entregó el plato, tomó un sobre de leche antes de colocar el vaso en el buró. Me senté con la sábana cubriendo mis pechos y lo observé moverse a través de la oscura habitación. Él encendió la luz del escritorio y tomó el cuaderno de dibujo. Apilados en una esquina del escritorio, había más cuadernos como el que sostenía.

En el centro de su espalda estaba una cruz de aspecto gótico, no era lo suficiente grande como para llegarse a ver por el cuello de una camisa. Había pequeñas letras unidas en secuencias que se unían en torno a la cruz, no podían ser leídas desde la distancia, al igual que el poema en su costado izquierdo. Su piel era más clara del lado de su hombro izquierdo. Girándose, me pilló estudiándolo —No pude apartar la Mirada, así que no escondí mi apreciación.

Caminó de regreso a la cama, quitó las almohadas y se colocó detrás de mí, sus piernas a ambos lados de mis caderas debajo de las sábanas.

Mientras me recosté contra su pecho y mordisqueé el brownie, abrió su cuaderno de dibujo y hojeó las páginas, algunas contenían solo líneas, formas vagas y otros tenían retratos detallados de personas, objetos o escenas. Algunos estaban terminados y con fecha, pero la mayoría parcialmente completos.

Finalmente, abrió el primer dibujo mío, el cual debió haberlo hecho durante clases, cuando me senté al lado de Ishida. Mi barbilla apoyada en mi mano, el codo en el escritorio. Tomé el cuaderno y navegué página tras página, lentamente, sorprendida de su habilidad.

Dibujó dos viejos edificios de la universidad, un chico patinando en la calle, y un mendigo en las afueras del campus hablando con un par de estudiantes. Era una mezcla de ilustraciones y rostros.

Giré la página a otro dibujo mío, este era más de cerca los rasgos faciales y la forma de mi cabello. Garabateado en la esquina inferior estaba la fecha, dos o tres semanas antes de que Ishida me botara.

—¿Te molesta… que estuviera observándote antes de que me conocieras? —su tono fue precavido.

Era imposible molestarme por algo en este justo momento, abrazada por él como lo estaba. Negué con la cabeza.

—Sólo eras un observador y por alguna razón me encontraste como un tema interesante. Además, has dibujado a una gran cantidad de gente que no sabía que los observas tan de cerca, supongo.

Se rió y suspiró.

—No sé si eso me hace sentir mejor o peor.

Inclinándome hacia un lado, apoyé mi cabeza contra su brazo tatuado, y lo miré. Aun agarrando la sábana en mi pecho con una tardía modestia, o inseguridad, vi su mirada ardiente deslizarse allí antes de subir a mi rostro.

—No me molestó que no me dijeras que eras Usagi. La única razón por la cual me enojé fue porque pensé que jugabas conmigo, pero era todo lo contrario a eso —dejé la sábana caer, y su mirada ardiente bajó a ese lugar.

Levantando mis dedos, acaricié la suave piel de su mandíbula. Debió haberse afeitado justo antes de regresar—. Nunca podría tener miedo de ti.

Sin decir alguna palabra, tomó el plato de mi regazo y el cuaderno de mi mano antes de levantarme y girarme en su regazo. Sus brazos me rodearon, su boca se movió sobre mi pecho mientras mis manos se enredaban en su cabello.

Ignoré el reproche en mi mente, el que insistía que estaba reteniendo información y aunque no temía de Ulquiorra directamente, temía de su rechazo si le decía lo que sabía y cómo lo supe.

Inhalando su ahora familiar aroma, deslicé mis dedos a través de las palabras y diseños de su piel mientras me besaba, desterrando muy lejos mi dolorosa punzada de conciencia.

Espero disfruten la lectura

Lariilu