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¡MUY FELIZ AÑO NUEVO!

Que todas vuestras metas se cumplan y hermosas sorpresas lleguen a vosotros este nuevo año.

*w*/

¡Gracias por todo su apoyo!

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Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. La historia extraña y dulcemente empalagosa es totalmente mía.


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración.

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Capítulo Vigésimo Segunda

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~El Consejo~

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Se terminó de echar crema en las manos y se acostó.

Laxus no tardó en acostarse a su lado.

¿Qué estás tramando, demonio? ―le dijo luego de abrazarla por la espalda y besar su hombro.

Ara, ¿por qué estaría yo tramando algo?

Porque conozco esa sonrisa que has tenido pintada en la cara desde que fuiste con Erza a ver lo del vestido ―Mirajane se volteó en sus brazos y le besó la barbilla.

¿Sabes que me gustan los hombres observadores?

Lo sé, por algo te vas a casar conmigo ―sonrió ladinamente y le robó un beso rápido―. Y también soy el tipo de hombre que ya no puedes distraer con esos cambios de tema, ahora dime.

Mirajane hizo un puchero.

No creo que quieras o debas saber.

Dime.

No sé… ―la delicada mano de la albina acarició su mejilla―. Es algo que debo resolver yo.

¿No sé supone que compartimos las cosas? ―alzó una ceja―. No me tragué todo el sermón del viejo sobre el matrimonio para no aprender al menos algo. Dime, ya sabes que puedo resolver cualquier cosa ―apuntó con suficiencia y algo de arrogancia propia de él, algo que Mirajane aceptaba de buena gana porque esa parte de Laxus siempre le había atraído mucho.

O al menos cuando superó su etapa de pelear con él.

Bien… ―Mirajane soltó un suspiro―. ¿Pero de verdad piensas ayudarme?

Lo prometo ―repitió rodando los ojos.

Bueno ―Mirajane dejó fluir una sonrisa antes de decirle―. Creo que tu amigo pastelero está totalmente enamorado de tu prima actriz.

¿Jellal de Erza? ―preguntó―. ¿Estás segura? ¿No es una simple atracción? ¿No sé conocen hace poco?

Como si esas cosas necesitasen de un tiempo en concreto ―refutó Mirajane―. Todas las parejas tienen su tiempo para caer en las redes del amor.

Mira ―Laxus se aguantó la risa―, a ti te gusta emparejar personas, y desde el principio me dijiste que esos dos se te hacían una "bonita pareja" y se podría decir que te he seguido el juego, pero, ¿no estarás imaginando el romance por eso?

No ―negó rotundamente―, te digo que así es ―frunció el ceño―. Puedo ver que él ve a Er Chan de manera muy diferente que al inicio, puedo ver como las semillas de la atracción mutaron en algo más dulce que la pastelería que le prepara a Er Chan

Laxus soltó un bufido.

¿Ya no podré sacarte esa idea de la cabeza, verdad?

No~ ―sonrió angelicalmente y Laxus se rindió.

¿Vas a tratar de forzar las cosas? ―le miró autoritario.

Yo no haría eso ―refunfuñó indignada.

Claro que no… ―soltó sarcástico haciendo sonrojar a su futura esposa, y eso fue toda una victoria para él.

Eres invivible ―Mirajane volvió a voltearse pero no le importó que Laxus la volviese a abrazar por la espalda―. Además Er Chan no sabe lo que siente, y ya sabes cómo es ella, es difícil cuando se trata de estas cosas, muchos piensan que ella no confía en los demás pero es en ella misma en quien no confía. Dudo que entienda lo que está sintiendo y dudo que se lo llegue a decir a alguien.

¿Si ya sabes cómo es para qué te quieres meter? ―de cierta manera Laxus entendía lo que decía, hasta ese día ni él ni Mirajane conocían la razón detrás del miedo a la oscuridad de la actriz, de hecho, si no hubiese sido porque una vez la encerraron en el sótano del abuelo Makarov como una broma de esa época en que se vivían peleando, jamás se hubiesen enterado de tal cosa, esa noche cuando sacaron a una Erza temblorosa que no se podía ni poner en pie y con la cara embargada de lágrimas entendieron el mal que le habían hecho y desde ese día la relación entre ellos tres comenzó a volverse una amistad sincera.

La hermandad que era ahora.

No quiero que ella se pierda de lo que nosotros encontramos ―susurró Mirajane bajito y Laxus prestó toda su atención en escucharla―. No quiero que ella siga sola por pensar que no merece la compañía de alguien más.

Nunca te metiste cuando ella tuvo su primer novio, ni el segundo.

Esos no eran novios ―Mirajane chasqueó la lengua―, eso solo era la Er Chan curiosa viviendo su nueva libertad y su vida en la farándula. Eran buenos chicos pero ni ellos la veían cómo la ve Jellal a ella ni ella los veía cómo lo ve a él.

¿Y cómo ve esa pelirroja violenta al pastelero jodidamente terco? ―preguntó divertido.

Como yo te veía a ti… antes de saber que me había enamorado ―confesó apenada y Laxus no pudo evitar sonrojarse también.

Pues bien, no iba a discutir contra eso.

¿Y entonces? ―El rubio besó de nuevo su hombro―. ¿En qué quieres que te ayude?

Déjame hablar a solas con él este sábado, en tu oficina ―la sonrisa angelical que indicaba que la casamentera empedernida tenía un plan volvió a su rostro―. Yo me encargo del resto.

Supongo que ya no me puedo negar… ―bufó, no estaba seguro si le divertía o le daba pena que Jellal estuviese por conocer al demonio real que era su esposa.

No, ya lo prometiste, mi Pikachu… ―dijo burlona y Laxus frunció el ceño.

¡Hey! ―se elevó en un codo para enfrentar su mirada divertida y llena de malicia demoniaca―. ¿No te negaste a decírmelo al principio solo para hacer que te prometiese ayudarte?

Ara, que cosas feas piensas de mí, yo sería incapaz de algo así ―la albina se elevó y le robó un beso apasionado que lo hizo olvidarse de la pregunta cuando el beso los llevó a meterse debajo de las sabanas.

El sábado a las diez… ―susurró contra sus labios mientras elevaba la camisola de seda hasta la cintura de su futura esposa.

Mira solo continuó besándolo.

Ella ya había dejado de lado ese asunto…

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~°0°~

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La copa estaba casi igual que cuando la sirvió.

Jellal soltó un suspiro.

Si bien era cierto que había estado muy seguro de poder intentar enamorar a Erza Scarlet, ahora, luego de que la adrenalina y el remolino de sentimientos encontrados se habían calmado, se daba cuenta que no tenía ni idea del cómo lograr tal cosa.

Tal hazaña.

¿Por qué se iría a enamorar de mi estando rodeada de todos esos famosos y gente exitosa? ―se preguntó así mismo, o al menos al reflejo que se formaba en el cristal de la copa llena hasta la mitad de vino tinto―. Si al menos yo fuese un chef en toda la ley y pudiera hacerme un nombre por mi cuenta, quizá yo… ―negó, de nada valía estar pensando en que no pudo finalizar del todo sus estudios en Francia, no valía la pena pensar en algo que solo podría lograr cuando Wendy terminase los de ella y para eso faltaban más de diez años.

En eso estaba tan estancado como en su plan de conquista.

Bebió un sorbo de la copa.

Se suponía que debía de estar más alegre, no solo ahora había escalado una posición en esa extraña relación con la actriz, sino que ella se veía increíblemente feliz con ello, y la verdad mientras estuvo con ella en la tutoría hablando y besándose libremente mientras escogían el menú para la boda, él había estado bastante feliz, pero luego de llegar a casa y acostarse en su cama sus dudas lo embargaron y no pudo dormir, pensó en bajar al sótano y cansarse un poco golpeando la vieja bolsa de boxeo, pero entonces recordó las botellas de vino que Laxus le regaló y decidió ahogar sus penas en caro y fino vino por el cual él no había pagado.

Era un lujo que no le pesaba darse.

Y ahora, a casi las once de la noche seguía igual de perdido.

¿Por qué el amor no puede tener una receta? ―interrogó con el ceño fruncido a la botella de vidrio verde, la verdad no estaba borracho como para creer que le contestaría, pero soltar sus quejas en voz alta era otro lujo que se estaba permitiendo.

Hasta que sonó su móvil con un mensaje de texto.

»Estoy afuera, abre

Jellal levantó la ceja ante la orden en tres palabras pero igual se levantó a abrir.

¡Que frío! ―la joven no esperó a ser invitada a entrar.

¿Te pasó algo? ―Jellal cerró la puerta y siguió el camino de su invitada sorpresa hasta la cocina.

Nada, solo quería pedirte un favor, como vi las luces encendidas aproveché ¡Oh, este vino es caro! ―le miró con una sonrisa de medio lado―. No sé qué me sorprende más, verte a ti tomando un lunes o que te atrevieras a comprarte algo como esto. ¿Tan bien te están pagando?

Sí, no, sí ―contestó sentándose de nuevo en el banquillo del desayunador y reclamando con la mirada al verla verter un vino de lujo como ese en una taza para café.

Explícate ―pidió tomando un trago y suspirando al sentir el sabor―. Da lo mismo en taza o en copa ―contestó el reclamo silencioso y Jellal negó.

Sí, es raro verme tomando un lunes. No, no lo compré yo, fue un regalo de mi jefe. Sí, siempre me han pagado bien, y no, la copa permite que el vino respire mejor y eso mejora el sabor. Ahora dime qué favor ocupas, Ultear. ¿Acabas de salir del trabajo?

A pesar de su cara de matón ese jefe tuyo es bastante bondadoso como para regalarte algo así ―la mujer de azabache cabellera extendió su taza a él―. Brindemos por su generosidad, y, sobre el vino respirando, da igual ―bebió un trago antes de continuar―, dicen que mi personalidad es asfixiante, que el vino también lo sufra.

Jellal soltó una pequeña risa y chocó su copa.

Y respondiendo a tus preguntas, sí, vengo de una larga reunión, la compañía está a punto de cerrar un trato jugoso y estaba reunida con mis jefes, si esto se logra tal vez logre un gran ascenso.

Vaya ―Jellal dejó la copa en el desayunador―, entonces el favor que ocupas tiene que ver con eso ¿No?

Que bien me conoces ―los labios rojos de Ultear se estiraron en una falsa sonrisa cordial―. Pero tranquilo, no es como que te vaya a pedir que construyas una torre o me ayudes a revivir a algún ente maldito.

La verdad no me extrañaría una petición tuya de ese tipo ―dijo completamente sincero―, pero dime lo que ocupas, que des tantos rodeos me pone nervioso.

¡Tsh! Como quieras ―reclamó falsamente ofendida―, lo que quiero es una mesa VIP en tu restaurante este jueves a las siete para una cena de negocios, eso es. Sé que es difícil conseguirlas con tan poco tiempo de reserva, pero quiero impresionar a esos tipos ―Ultear bebió de su vino esperando la respuesta.

Bien ―fue la simple respuesta de él que casi hizo atragantarse a la mujer.

¿Así de sencillo? ―se limpió la boca con la mano.

Siempre hay una o dos mesas VIP sobrantes por si ocurren visitas importantes repentinas, no creo que Laxus ni Capricorn tengan problema con eso.

Oh… ―Ultear llenó de nuevo la taza―, aunque no lo creas pensé que dirías que no y estaba preparando todo un plan para hacer que aceptaras.

Lo que me cuesta creer es que apenas lo estuvieses planeando, estoy seguro que ya tenías más de un método para lograrlo.

Ultear fingió apenarse.

Que bien me conoces.

Jellal soltó un bufido y bebió un sorbo de su copa.

Y ahora es tu turno de recibir mi ayuda y bendición ―La joven golpeó con la mano el desayunador con fuerza―, dime que sucede en tu atribulado corazón.

Esta vez fue Jellal quien casi se ahoga con el vino.

N-nada ―negó buscando una servilleta de papel para secar el vino que escupió.

Vamos, con esa reacción no puedes creer que te vaya a creer ―con inocencia se llevó un dedo a la mejilla y el contraste con su sonrisa malévola fue casi espeluznante―. Te lo dejaré fácil, ¿qué sucede entre tú y tú amada actriz? ―el pastelero dejó de limpiar y la miró con el ceño fruncido.

¿Quién te lo dijo?

No puedo decir, hice una promesa de meñique ―levantó el dedo en otra falsa actitud inocente.

Meredy… ―Jellal se desacomodó el cabello frustrado.

Fuese ella o no, tarde o temprano me hubiese enterado ―Ultear alzó los hombros―, ya una de tus vecinas me había contado que te vio entrar a la casa varias veces con una chica guapa ―Jellal le miró sorprendido―. Barrio chico infierno grande, Jellal ―le explicó y él volvió a bufar― y como sé que no eres un mujeriego, imagino que tal joven es la actriz disfrazada para no ser reconocida, si Mer no me lo hubiese dicho yo me las habría ingeniado para caer de sorpresa en tu casa durante alguna de esas visitas ―le cerró un ojo cómplice.

Así que fue Meredy… ―fue la única respuesta de él porque no quería ―ni tenía que― explicar porque Erza había estado en su casa tantas veces.

Ups… ―la azabache señaló la taza―, no vale como promesa rota, estoy tomando suero de la verdad.

Jellal no pudo evitar reír con eso.

Está bien, no le diré nada a Meredy, solo te pido que…

¡Oh, vamos! Nadie podría sacarme un secreto a mí, no tienes ni que pedírmelo ―Jellal asintió ante eso―. Ahora sí, dime, ¿qué pasa con ella? ¿Quieres conquistarla?

Jellal miró su vino en silencio por un rato.

No estaba seguro si realmente debía pedir consejo en ello o no, no quería exponerse a sí mismo y mucho menos a Erza, pero por otro lado, tal vez un tercero podría ver un mejor ángulo en esa situación.

¿Valía la pena exponerse?

Más bien… enamorar ―soltó de pronto y Ultear casi deja caer la taza.

Sí, por Erza valía todo.

Valía la pena el arriesgarse, el exponerse y pedir consejo a una de las personas más peligrosas, metiches y manipuladores que conocía.

Ultear Milkovich

¿Y bien? ―preguntó ansioso luego de un largo silencio de su amiga.

Yo ―carraspeó y se sirvió más vino―, lo siento, creí que había imaginado cosas o que la pócima de la verdad se había vuelto el brebaje de las alucinaciones.

Si la burla es lo que me vas a recetar, olvídalo ―el pastelero hizo a levantarse pero Ultear lo hizo sentarse colocando una mano en su hombro.

No, no, no me estoy burlando, de verdad siempre pensé que tu política era de no enamoramiento, igual que yo.

Jellal finalmente se relajó un poco.

Después de todo tenía razón, tanto él como Ultear siempre vieron el enamoramiento como algo ajeno a ellos, incluso su breve noviazgo de adolescentes fue un arreglo extraño de pocos días, simplemente ambos entendían el dolor del otro por perder a sus madres y creyeron que cervezas antes de la edad permitida y besos torpes solucionarían ese dolor, pero no fue así, luego de días de intentar llevar una relación de ese tipo e intentar volver a besarse ―fallando miserablemente ya que cada que lo intentaban se sentían casi incestuosos―, terminaron toda posibilidad de ellos dos siendo un algo más que "amigos casi hermanos", y en cuanto a sus demás años; Ultear, al igual que él, solo había mantenido relaciones superficiales con varias personas que no pasaban de un par de horas en la noche luego de una fiesta llena de los excesos que no se permitieron de jóvenes.

Así que sí.

La sorpresa en Ultear era más que valida.

Yo también lo creí ―dijo por fin, tomando un trago de la copa y llenándola de nuevo―, pero ya ves…

Ya veo ―la joven lo analizó un momento―, así de fuerte te llegó ―subió los hombros―, como decía tu Mère: Cést la vie!…

Pensé que ibas a decirme que esto solo se debía a mi fanatismo por ella como actriz y mil y un más alegatos en contra ―subió una ceja.

¡Ja! Conociéndote ya le diste la vuelta a esa posibilidad miles de veces y hasta al cansancio luego de eso, si dices que estás enamorado es porque irremediablemente lo estás, sin duda sería más difícil convencerte a ti mismo de que estás en ese estado crítico que convencer a alguien más. ¿Y lo estás, no?

Lo estoy ―afirmó de nuevo, ya no había manera de negarlo―, pero no sé qué hacer.

¿Y ya se lo dijiste a ella?

No, verás ―el azulado colocó un codo sobre el desayunador y apoyó su cara casi que con derrota en la palma de su mano―, hay un pequeño problema.

¿Ella está enamorada de otro?

No.

¿De otra?

No.

¿Te ve solo como amigos?

Amigos con beneficios, para ser exactos.

¡Vaya! Jellal Fernandes, te mueves rápido ―exclamó más alto y más alegre de lo que debería y se acercó a palmearle con fuerza el hombro―. ¿¡Entonces qué demonios te preocupa!?

Jellal aprovechó a pensar sobre lo que podía decirle mientras se sobaba el hombro.

Erza, ella… tiene ciertos asuntos que no le permiten pensar en tener una relación como esa.

¿La fama? ¿El dinero?

No, a ella no le importa eso.

¿Entonces Erza comparte la política de relaciones sin complicaciones del corazón?

Podría decirse…

Ummm… ―Ultear tomó asiento en el banquillo al lado de él―. Veamos, ¿te acepta como tutor, como amigo y como una especie de juguete sexual pero no como pareja, cierto?

¡No soy una especie de juguete sexual! ―casi tan rojo como el vino tinto que bebían la corrigió.

Así que aún no lo eres… ―le sonrió maliciosa.

¡Y no lo seré!

Apuesto que si te lo pide le permites usarte a su gusto ¿No?

Ultear… ―Jellal le quitó la botella de las manos―. Sabes qué, no más vino, ni mesa para ti.

¡Ya, ya! ¡Lo siento! Era una broma, entiéndeme, ¡estoy en shock todavía!

En shock o no ―rodó los ojos―, dame un consejo o vete a dormir, vas a despertar a Wen y tiene clases en la mañana.

¡Bien, bien! ―dijo de mala gana―. ¿Y cómo hacías para enamorar chicas en Francia?

Yo no enamoraba chicas en Francia, Ultear.

¿Cómo las seducías?

Jellal soltó un bufido divertido y Ultear puso los ojos en blanco.

Me avergüenzo de mí por preguntar eso ―negó con la cabeza la mujer―. Es obvio que eres del tipo que no ocupa trucos para eso, con tu apariencia es suficiente. Las pobres victimas venían hacia ti, te pagaban los tragos y hasta el hotel, ¿Me equivoco?

Jellal aguantó una carcajada.

No era del todo falso, pero tampoco era tan cierto.

No sé de qué hablas.

Claro que lo sabes, pero como sea, escucha, según los reportes de mis informantes que a partir de ahora y por secreto de confidencialidad del meñique llamaremos "Pinkidy" y "Bluedy"―Jellal rió por eso―, te has comportado como un caballero con ella, la has ayudado, apoyado, enseñado y cuidado, y hasta puedo suponer que la has besado y todo lo que compete a primera base, pero ¿has coqueteado realmente con ella?

¿Coquetear realmente?

Sí, ya sabes, un toque aquí, un toque allá, palabras al oído, hacerle sentir que estás tras ella como una mujer.

Ultear ―Jellal se sentó de nuevo correctamente―, te estoy diciendo que ya somos amigos con beneficios.

Sí, ya escuché, pero escucha tú ―lo señaló con su larga uña―. Ella puede pensar que es a causa de una ligera atracción o incluso de un pequeño juego entre amigos, una especie de novedad para ambos.

Erza no es así.

Jellal… ¿qué tanto es un amigo con beneficios? ¿Besos más atrevidos? ¿Llegar a segunda o tercera base? ¿Un revolcón? Si no le haces ver que tan en serio te lo tomas, tal vez ella simplemente lo deje pasar como un mero juego. Hazle ver eso, que tanto estás dispuesto a dar de ti, poco a poco ella también puede que vaya dando más de sí, ¿así comienzan las relaciones normales, no?

Jellal se quedó pensativo.

Ultear tenía razón.

Cabía la posibilidad de que Erza terminara con su nuevo status así como había acabado con el reto de besos, de verdad debía demostrarle que su interés por ella iba más allá de eso.

En lo físico y especialmente en lo sentimental.

Eso sí, no te olvides de lo romántico o ella podría pensar que solo quieres sexo, aunque obviamente es parte de lo que buscas ―Jellal frunció el ceño y Ultear rió, su amigo estaba más enamorado de lo que él mismo se daba cuenta―. Una salida al cine, una docena de rosas, un baile, ¡aprovecha a que tu Mère te enseñó a bailar! ―el pastelero asintió nostálgico―. Una cena romántica a oscuras y velas…

Eso sería muy improbable ―murmuró ante lo último, Erza no soportaría algo así, la oscuridad no era su aliada en ese momento.

¿Eh?

No, yo… ―tomó de la copa―, no esperé esos ejemplos de ti, no sabía que tu buscabas esas cosas también.

¿¡Yo!? ―le miró con asco―. No. ¡Iack! Solo te digo lo que veo en los doramas, ya te dije que yo soy política anti enamoramiento.

Te recuerdo que yo también lo era.

Es diferente ―se señaló a ella misma y luego a él―. Somos diferentes. Tú mereces alguien que te quiera de esa manera, alguien que esté a tu lado, te apoye y te haga feliz, siempre lo has merecido, eres una muy buena persona y un gran partido.

¿Y tú no? ―preguntó algo preocupado por su amiga.

El problema conmigo, Jellal―dijo terminándose todo el vino en la taza de café―, es que nadie me merece a mí ―le cerró un ojo y le palmeó un hombro haciendo reír a su amigo, prácticamente hermano―. En fin, que descanses, ¡y no olvides lo de la mesa el jueves a las siete de la noche!

No lo olvidaré ―el pastelero se levantó para acompañarla hasta su auto―. ¿Estás segura que puedes conducir?

No tomé ni media botella ―le restó importancia con la mano―, y además solo es media cuadra.

Ten cuidado, igual.

Sí, y tú también ―le miró sería, con la mirada de hermana mayor que hacía tiempo no usaba en él―. El amor es algo… jodido

Intentaré ser precavido ―aceptó el consejo.

Intentaré―soltó burlona―, sabes qué, olvídalo, ya estás jodido.

Jellal rió, la observó subir al auto, arrancar y no volvió a entras hasta su casa llegar hasta que vio a Ultear entrar a la de ella.

Así como ella se preocupaba por él, él se preocupaba por ella.

Era parte de su familia.

Tiene razón ―se dijo así mismo luego de lavar la copa y la taza y subir a su habitación―, ya estoy jodido.

Y lo estaba.

Un jodido enamorado con un plan a medias.

Pero a pesar de eso, no podía dejar de sonreír…

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~°0°~

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Pasó por tercera vez por su oficina y miró disimulado.

La pequeña editora seguía ocupada.

Gajeel soltó un suspiro y se dirigió de nuevo al otro lado del pasillo, llevaba días sin hablar o ver a Levy ya que la joven había estado hasta arriba de trabajo, la agencia de talentos de Gildarts había iniciado un concurso de guiones originales para teatro de escritores novatos a petición de Levy, y ahora ella tenía que encargarse de leerlos y seleccionar los diez guiones que leería la junta directiva y algunos jueces especiales, por tanto ella no tenía tiempo nada más que para leer y supervisar las adaptaciones que la empresa necesitaba.

Si quieres hablar con Levy solo entra, chico ―un manazo en la espalda casi lo hace caer―. Se valiente, a una chica le gustan los hombres valientes.

Me sorprende que digas eso si todos conocemos a tu marido, Bisca ―Gajeel se sobó lo mejor que pudo el golpe, era más que obvio porque la peliverde y Erza eran amigas―. Alzack no es el ejemplo de valor viril.

¿No? ―Bisca le mostró su mano―. ¿Qué acaso no tengo un anillo en el dedo?

Bueno, sí, pero eso fue porque…

Porque mi Alzack disparó directo a mi corazón ―terminó por él―, por eso ahora él está casado con una belleza como yo y tú estás paseándote como león hambriento fuera de la oficina de la pequeña Levy ―su sonrisa maliciosa era tan peligrosa como un revolver cargado, y Gajeel sabía que esas balas iban directas hacía él―. Así que, ¿a quién le hace falta valor viril?

Balazo directo.

Bah… ―fingió lo mejor que pudo―, no sé de qué hablas.

¿Acaso intentas engañar a una actriz consagrada como yo con esa actuación tan mala? ―se burló haciéndolo ponerse rojo―. Te falta mucho, chico ―se hizo para atrás su largo cabello verde―. Escucha, te ayudaré a dar un disparo directo.

No necesito tu ayuda para conquistar a la enana, Bisca ―la detuvo.

¡Así que si la quieres conquistar, ehhhhhhhhhhh~! ―su sonrisa burlona lo volvió a poner rojo, las mujeres que conocía eran cosa sería.

C-como sea… ―Gajeel se dio media vuelta y se encaminó al pasillo que daba al ascensor, solo había ido a las oficinas centrales a dejar guiones que Erza había leído y no le interesaban, ya se había quedado más de lo debido.

No ha ni desayunado ―escuchó a Bisca decirle apenas dio dos pasos―. Yo que tu hago mi disparo en ese blanco.

Cuando Gajeel se volteó, Bisca ya no estaba.

Estas mujeres… ―susurró para sí pero sonrió mientras volvía a encaminarse al ascensor.

Había obtenido buena información.

Media hora más tarde volvía a estar frente a la puerta de la joven.

¿Puedo? ―dijo al abrir un poco la puerta para meter la cabeza.

¡Oh! ―la chica le miró con sorpresa y se sonrojó―. Claro, pasa… ―aceptó bajando el libreto en sus manos, acomodándose disimuladamente el cabello.

¡Gee hee! ―entró con una bolsa en la mano―. Me dijeron que no has comido y bueno, como le digo a Rogue: "Quién no como no crece y se queda enano como tú".

¡Hey! ―infló las mejillas, falsamente indignada, eso lo revelaban sus labios que se contenían en sonreír, ya tenía más que claro que eso Gajeel lo decía con cierto matiz cariñoso.

Así que te traje esto ―colocó la bolsa en la mesa, el aroma de la comida la hizo inhalar hondo y Levy fue invadida por un hambre que no sabía que tenía y que ahora su estómago le reclamaba con gruñidos al haberlo ignorado por tantas horas―. Parece que de verdad tu estómago quiere que crezcas, enana ―la chica se puso roja como los tomates que traía la ensalada que venía en esa bolsa.

Yo… ―Levy iba a negar pero ya era absurdo hacerlo, así que afirmó con la cabeza―. Muchas gracias, Gajeel Kun…

No es nada ―le restó importancia―. Entonces te dejo comer ―se dio media vuelta y Levy se levantó de su silla dejando caer varios libretos que terminaron en el suelo.

¿Me… me acompañarías a comer…? ―pidió apenada por su impulso, desde hace días quería verlo y hablar con él, pero estaba con tanto trabajo que no había podido―. Po-podemos compartir lo que trajiste…

¿Compartir? ―Gajeel negó y se encaminó hacia la puerta, Levy bajó la mirada al ver rechazada su propuesta, que ella quisiese verlo y hablar con él, no significaba que Gajeel quisiera lo mismo―. ¿Para que compartir si aquí traigo lo mío? ¡Gee hee! ―cuando Levy subió la mirada se encontró la sonrisa de tiburón de Gajeel con otra bolsa de comida en la mano que había dejado fuera de la oficina, la felicidad de saber que él había ido para comer con ella la embargó―. Además, tenemos que hablar sobre cuando iniciarán tus clases para conducir.

Levy asintió llena de nueva energía y ni siquiera había comido aún.

El almuerzo fue increíblemente sabroso y divertido…

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~°0°~

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Tres días llevaba sin verla.

Y la verdad sentía que habían sido más días.

Jellal se preguntaba si eso no era un mensaje del cielo para que no siguiese creándose falsas expectativas y deseando más de lo que debería atreverse a desear en la vida, todas esas y más cosas rondaban en su mente cuando Erza abrió la puerta y le extendió los brazos a él con una hermosa sonrisa llena de felicidad al verle.

El pastelero enamorado dio un paso hacia ella.

¡Wendy, te extrañé! ―Jellal se detuvo avergonzado, los brazos extendidos y la sonrisa no eran para él, eran para su hermanita que en ese momento se lanzaba en un tierno abrazo hacia la mujer que no había visto en tres días porque de nuevo su compañía representante había requerido de su presencia.

Tres largos días.

Y, para empeorar todo, se pasó debatiendo los tres días entre mandarle algún mensaje o llamarla para saber cómo estaba y generar conversación, no sabía si eso Erza lo podía interpretar como un exceso en su relación de amigos con beneficios y arruinar sus oportunidades.

¿Habría estado bien no mandarle ni un mensaje siendo que eran amigos?

Jellal no lo sabía.

Había buscado excusas para comunicarse con ella pero a todas les encontraba fallos, y la verdad fuese dicha, cuando venían en el auto esa tarde, su pequeña hermana había dado con una excusa perfecta que a él debió ocurrírsele, después de todo, Wendy tenía razón, debió llamarla para preguntarle si había encontrado alguna receta para la boda de Mirajane que le llamara la atención ya que aún no habían definido el menú que prepararían.

«¿Por qué no se me ocurrió?» Se regañó a sí mismo y soltó un largo suspiro.

Wendy tiene razón, estás suspirando mucho, ¿te encuentras bien? ―preocupada le puso una mano en la frente.

E-estoy bien… ―Jellal dio un paso atrás―, solo estaba pensando en algo que… debí haber hecho y no hice.

Oh, ya veo ―Erza bajó la mano.

Pero ya no importa ―sonrió y al ver que ella le devolvía la sonrisa se olvidó de sus culpas y reclamos―, me alegra verte de nuevo, Erza ―la manera en que sus mejillas se encendieron lo hizo recordar el consejo de Ultear.

Coquetear y seducir.

Así que dejó que una de sus manos sucumbieran a la tentación de tomar un mechón escarlata de cabello de uno de sus hombros casi desnudos, para luego permitir que las yemas se deslizasen por esa piel, por sobre la tela del tirante del vestido y terminase su recorrido gentil hasta su mejilla, para alzar su rostro hacia él, inclinarse poco a poco y darle un beso lento en el que trató de imprimir los que perdió en los días anteriores.

Todos y cada uno de esos días.

Cuando Erza suspiró contra sus labios, Jellal olvidó que ese era parte de un plan ya que cada pensamiento en su mente solo se enfocaba en las sensaciones que Erza le generaba.

Y se sentía tan bien y tan extraño.

Pero entonces recordó que no debía exagerar con el contacto físico y se separó un poco de ella.

A mí también me alegra… verte de nuevo, mucho… ―le respondió ella parpadeando algo aturdida por ese beso, no se lo esperaba, aunque sí que había estado deseando poder besar de nuevo a Jellal durante todos esos días sin verlo.

Jellal sonrió dichoso ante esa respuesta y entonces recordó a su hermanita, avergonzado miró hacia todo lado solo para darse cuenta que había caminado sin darse cuenta hasta la sala de la actriz y que su hermana no estaba en ningún sitio.

Wendy está en mi oficina ―le dijo divertida al verlo de esa manera―, llevas un buen rato perdido en tus pensamientos, Jellal.

Oh… ―apenado por eso carraspeó incomodo―. Lo siento.

No tienes por qué disculparte ―Erza se acercó a él y tomó su mano―. ¿Cómo te fue en el restaurante? ¿Hoy hicieron más de diez mil trillones de pétalos? ―la cita que hizo de las quejas de Macbeth hizo reír y relajar al azulado.

¡El quíntuple de eso! ―continuó la broma―. Laxus en este momento está nadando entre todos esos pétalos rosa.

¡Vaya imagen mental! ―Erza rió y negó con la cabeza― ¿Pero no eran púrpuras?

Desde el martes tuvieron la idea de usar un color diferente para cada día. Hoy tocaba el rosa.

¿De verdad? ―su voz llena de emoción no lo hizo darse cuenta que Erza ya había tomado ambas de sus manos―. ¿Qué colores? Me habría encantado verlas.

Jellal se abofeteó mentalmente.

Contarle sobre eso e incluso mandarle fotos de las rosas habría sido la excusa perfecta para comunicarse a diario con ella.

«¡Tonto, tonto, tonto!» continuó regañándose mentalmente.

¿Jellal?

Amh… sí, lo siento, purpura, naranja, verde, negro y hoy rosa con dorado ―contestó con rapidez.

¿De verdad estás bien? ―lo observó seriamente―. Si necesitas ir a revisar o encargarte de algo, puedes ir, pareces muy preocupado por eso que dices que no hiciste.

De verdad estoy bien ―negó y volvió a sonreír―, ya me quedó la experiencia de mi error ―Erza le miró extrañada pero no le preguntó más―. Y, ya que hablamos de las rosas… ―el pastelero se soltó con gentileza de las manos de la peli-escarlata que volteó a ver hacia otro lado sin ninguna razón aparente, extrañado siguió con su tarea de sacar una pequeña cajita―. Esto es para ti.

¿P-para mí? ―a pesar de la pena que sentía por haberse dado cuenta como lo había estado sujetando de las manos, Erza tomó la cajita―. ¿Puedo abrirlo? ―Jellal asintió y la actriz no perdió tiempo―. ¡Ya veo! ¡La rosa roja original de tu boceto! ―emocionada la tomó con cuidado, la rosa de azúcar era tan realista que engañaría fácilmente a cualquiera―. Es hermosa.

Me alegra que te guste, ahora eres la única que comerá la rosa original, pero eso sí, no es roja.

¿No? ―le miró como si estuviese intentando engañarla.

No ―Jellal llevó sus dedos al cabello de ella, con una sonrisa ladeada y un hoyuelo casi criminal se inclinó a ella para susurrar a su oído―. Es escarlata, por ti la ideé de este color, originalmente….

Erza sintió que su corazón perdió un par de latidos.

Y de alguna manera, disfrutó esa sensación.

Así como disfrutaba el brillo en los ojos miel del pastelero.

¿Eso era parte de su relación de amigos con beneficios?

No estaba segura, pero no era algo que le levantase queja o molestia alguna, mucho menos luego de tres días sin verlo a él.

Cuando Jellal se inclinó hacia ella para besarla de nuevo, Erza solo cerró los ojos para entregarse al momento, mas las pisadas de alguien la hicieron dar un repentino paso atrás, al igual que hizo el pastelero.

¿Sucede algo, Wen? ―intentando mostrarse normal preguntó el azulado.

Es que… ―la pequeña miró al piso y luego a él―. Mañana tengo una tarea y no la he hecho.

Entonces deberías hacerla, y luego, si te queda tiempo haces las cartas ―Erza asintió totalmente de acuerdo.

Pero, el cuaderno que ocupo está en casa. Tendríamos que ir y tú tienes que darle la clase a la señorita Erza, perderían mucho tiempo. Lo siento ―continuó con obvia culpabilidad en la voz, de alguna manera a Erza le recordó a la forma de ser de Jellal.

Cargando culpas y responsabilidades innecesarias.

Erza se acercó a ella y le revolvió el cabello.

Está bien, Wen. No te preocupes, aún nos quedan varias clases antes de mi propio examen―la animó―. Tu escuela está primero ―sus palabras eran sinceras a pesar de la desazón que sentía por tener que despedirse de Jellal tan pronto luego de la larga ausencia.

Luego de ese beso arrebatador de hacía unos minutos.

Luego de ese hermoso gesto de la rosa.

Luego de esa manera en que su respiración acarició su oreja.

¿Qué tal si… ―dijo de Jellal sacándola de sus pensamientos―, vienes con nosotros?

¿Y-yo? ―Erza miró de un hermano a otro.

―continuó Jellal, la idea fue repentina y la quiso desechar de inmediato porque la creyó un tanto descarada, pero de alguna manera su mente le recordó lo tonto que había sido antes por no llamarla y entonces su boca se abrió sola―. En mi casa… hay muchos más libros de cocina, así tal vez podamos montar el menú por completo. Claro, si no le molesta conducir y tener que devolverse más tarde ―agregó para que no creyese que él lo hacía con otros motivos, porque de verdad no lo hacía por eso, simplemente quería pasar más tiempo con ella.

Mucho más tiempo.

Creo que es una buena idea… ―sonrió entusiasmada con la idea―. ¿Qué dices, Wen?

La niña asintió sin ninguna duda.

¡Y mejor aún! Se puede quedar con nosotros a dormir, como la otra vez. ¿Verdad, hermano? ¿Puede la señorita Erza quedarse a dormir en nuestra casa? ―tomó a Erza de las manos―. Puede dormir en mi cuarto, o en el de mi hermano.

Ambos adultos se pusieron rojos porque su mente también adulta los hizo pensar en cosas que obviamente Wendy no estaba pensando, sus miradas enlazadas fueron obvias la una con la otra sobre lo que habían imaginado.

Exactamente lo mismo.

―… y también su cama es más grande…―escucharon a Wendy continuar―, además a mi hermano no le importaría dormir en el sofá

E-en el sofá, claro ―dijo Jellal tratando de centrarse―, por supuesto, si ella quiere puede quedarse. Es bienvenida, siempre lo será ―extendió su mano a ella―. ¿Qué dices, Erza? Además, hay varias cosas importantes que debemos platicar.

Por supuesto, su nuevo status necesitaba ser platicado a profundidad.

Los limites, las reglas, los beneficios…

Erza ni siquiera pudo pensar en alguna razón para no ir.

Quiero… ―su sonrisa y su respuesta parecieron responder a más de una pregunta.

¿A cuáles otras preguntas?

Las imaginaban.

Y a ambos les tentaban…

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¿Reviews?

Gracias por la amabilidad de leer y comentar, animan a continuar.

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Rincón De La Escritora En Proceso:

¡Jojojo! La verdad disfruté mucho escribir el Brotp entre Ultear y Jellal. :D Espero que les haya gustado. En el próximo cap sabremos más del Gruvia, es que no me cabe todo en un cap. XD

¡Muchas gracias por leer! NwN/


Agradecimientos:

A vosotras/os amables lectores con cuenta os respondo por PM:

JBadilloDavila

AZULMITLA

CristianDavid

Bluewater14

Rirukasabe

Artemisa Neko-Chan

FletchS

Sakom Raiya

A vosotras/os amables lectores sin cuenta os respondo por acá:

Guest 1: xD No, no eran amigos con derechos, tenían un juego de besos, algún día podré actualziar todo lo que escribo. D: Por el momento, espero que disfrutes este cap. NwN/ Besos.

Guest Churumbel: ¡Bienvenida de vuelta! Me alegra que estés bien, y sí, como ves. No hay quien me pare en esto de escribir, creo que es un problema grave (¿) El fluff no sale de mi, por más que lo saque de mi interior se multiplica xDD El lemon está por llegar, es que me estoy comportando bien malvada en este fic. 7v7)r Esperemos que pronto se den cuenta para dar el paso definitivo, espero… Ya sabes que adoro tu churumbel de hormonas que dejás en los reviews y me hace mucha ilusión que sigas disfrutando de esta historia. QwQ Un besazo para vos, bella y a la hermosa España. Saludos. O3O/

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Favs. Follows. Lectores Tímidos.

Gracias mil por leer.

¡Adieu!

.o./

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