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¡Hola! .o./ Aunque estoy en exámenes eso no impide que quiera venir a dejarles miel… 7v7)r la verdad es mi escape también. xD Espero les guste este cap porque a mí me gustó mucho escribirlo... porque bueno, en época de estrés necesito darles amor a mis bebés... Dx Y… woooow… No puedo creer que esto llegara a 400 comentarios porque es un fic simple lleno de fluff… QwQ ¡De verdad muchas gracias a todos! Cada uno de sus comentarios me ha hecho feliz y lo agradezco demasiado. ¡Gracias, gracias, gracias! ¡GRACIAS, GRACIAS!
¡Espero lo disfruten! NwN/
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Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. La historia extraña y dulcemente empalagosa es totalmente mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamientos»
Narración.
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Capítulo Vigésimo Cuarto
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~El Antojo~
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Las letras parecían bailar ante sus ojos y se pasó las manos por la cara.
De verdad no se le antojaba estudiar ese día.
Gajeel cerró el libro de historia y dejó la lap top de lado, ni siquiera quería pensar que al día siguiente tenía un examen de prueba en uno de los cursos que tomaba en línea y que no había avanzado más de dos páginas desde el día en que recibió la tutoría con Levy, pero bueno, no podía evitarlo. Levy hacía las lecciones increíblemente interesantes con sus adorables gestos, su tierna voz y su severidad al regañarlo cuando él fingía no entender para que ella repitiese alguna parte en que sus gestos eran más graciosos que adorables. Cuando rompía a reír después de hacerla repetir todo una tercera o cuarta vez, la joven de cabellos celeste le pegaba con algún libro en la cabeza y le ponía un cuestionario para la siguiente media hora.
Pero el castigo valía la pena.
Gajeel miró el reloj, apenas iban a ser las nueve de la noche, Rogue estaba dormido, la casa estaba en silencio, su estómago estaba hambriento pero sus ganas de cocinar eran mínimas, sin embargo se arriesgó a ir a la cocina a ver si encontraba algo fácil de hacer, para su sorpresa cuando abrió el microondas encontró varios emparedados de mantequilla de maní preparados para él.
Su pequeño hermanito se había preocupado por él.
Rogue nunca lo dijo en voz alta, pero desde la primera vez que lo vio estudiando se mostró orgulloso de él, Gajeel lo supo por la manera en que lo observaba e intentaba serle de ayuda pasándole libros, haciéndole alguna merienda o con comentarios sutiles de ánimo cuando lo veía golpeándose la cabeza contra la mesa al quedarse dormido leyendo algún libro que le interesaba poco.
Gajeel estaba orgulloso de ser un orgullo para Rogue.
Y por eso tomó los emparedados, una caja de leche y volvió a los libros.
Había prometido pasar todos los exámenes en el primer intento.
Cuando volvió a sentarse en la mesa, una video llamada se mostró en la laptop.
Gajeel sonrió.
―Hey, enana ―saludó a la joven de cabello celeste y mejillas carmín al otro lado de la señal―. Estaba estudiando como dije que haría hoy en la noche antes del examen de práctica mañana, así que no me regañes.
―Hey… ―dijo ella insegura de ese saludo tan casual―, yo… no dudaba que estabas estudiando ―se defendió con las mejillas infladas―. ¡Y no soy enana!
―Claaarooo… ―dijo divertido comiéndose casi que por completo el primer emparedado de un solo mordisco.
Levy soltó un resoplido.
―Oe, enana, no te enojes… ―dijo con la boca medio llena para luego bajar el segundo emparedado con media caja de leche.
―No me enojo… ―dijo con otro puchero y luego inhaló y exhaló para dejar de lado el tema―. Yo… bueno, llamaba para ayudarte.
―¿Ayudarme? ―Gajeel dejó la caja de leche y se limpió la boca con la manga de su pijama.
―Sí… ―Levy miró hacia otro lado, luego a la pantalla y luego hacía abajo―, como me dijiste que el examen era de historia y es tu punto débil pensé que… yo…
―¡Gee hee! ―Gajeel se enderezó en su silla y dejó un beso en la cámara de su lap top sorprendiendo a la joven―. ¡Eres mi ángel de la guardia!
Levy ya no pudo controlar su sonrojo pero igual sonrió entusiasmada.
…Una clase en línea llena de coqueteos, empezó…
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~°0°~
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La venda sobre sus ojos dejaba que la luz traspasase.
Erza sabía por qué.
Era obvio para ella que Jellal había elegido usar una tela translucida como esa y así evitar dejar su mundo en oscuridad, eso, a pesar de que ella ya le había dicho que cerrar los ojos o tapárselos no causaba que su miedo se desatase, sin embargo Jellal era así.
Amable, atento y protector.
―Más… ―pidió ella en un susurró, a pesar de la venda ella era perfectamente capaz de ver su sombra―, Jellal…
Él cumplió su petición.
―¡Pimienta rosa! ―dijo emocionada y lo escuchó reír.
―De verdad tienes un gran paladar ―Jellal puso otro condimento en la punta de la cucharilla―. Es un gran misterio que de verdad te cueste cocinar.
―No es un misterio, es una maldición ―aseguró ella con una gran sonrisa y él volvió a reír, el favor de Jellal había sido probar una nueva receta que estaba ideando antes de que ella llegase y escogiese solo con el sabor cual versión sabía mejor, luego habían estudiado más recetas para la apuesta y de un momento a otro la venda volvió a los ojos de ella y entre risas habían empezado ese juego de degustación. Erza no imaginó nunca que cuando Jellal le dijo acerca de aprovechar los "beneficios", el pastelero se refiriese a algo así, pero bueno, todo era culpa de su mente alterada con los escritos de Madame Pegasus que leía.
La verdad había imaginado una cosa muy diferente.
Pero no se quejaba para nada de cómo había resultado todo.
Esa noche de domingo había estado llena de diversión y deliciosos sabores.
―Veamos este… ―Erza abrió la boca, frunció el ceño al probar y sonrió.
―Vamos, pon una difícil, cualquiera reconoce la canela. ¿Me estás subestimando?
―Considerando que ya has adivinado el noventa por ciento de mis condimentos y especias no creo que sea que te esté subestimando.
―¿Eso quiere decir que el juego se acabó? ―hizo un puchero, ella no quería que acabase porque eso significaba que tendría que irse, y definitivamente no tenía ganas de despedirse de Jellal.
―No ―Jellal rió y acercó de nuevo la cuchara―, aún no ―la cuchara se abrió paso en la boca de Erza y derramó su contenido en su lengua, un poco se escapó de sus labios y Jellal apresuró su dedo pulgar para limpiarla con gentileza, la actriz lamió su pulgar por impulso.
―Mi-miel… ―carraspeó apenada y Jellal retiró el dedo lentamente―. ¿A-acerté?
Ambos recordaron su primer beso en la cocina del restaurante.
―Acertaste… ―el azulado acarició su mejilla y se quedó observando sus reacciones, si bien todo había iniciado con una idea repentina y había mutado en un juego, lo cierto era que a cada momento las ganas de besarla y mucho más que eso lo asaltaban, especialmente cuando sus mejillas se sonrojaban pero aún más cuando sus labios mostraban la hermosa sonrisa que justo le daban ahora.
Mejor terminaba con la tentación.
―El siguiente será el último ―dijo tratando de centrarse.
―¿Ya te aburriste?
―Ya van a ser las diez, ¿no tienes hambre?
―¿Con todo lo que he comido? ―ella rió y el corazón de Jellal se aceleró―. Pero si tú tienes hambre…
―La verdad no ―respondió sincero―, estuve probando todo lo que cocinaron en la clase de cocina y luego probando esa nueva receta contigo. No tengo apetito.
―¿Nada de apetito? ―levantó una ceja preocupada por él.
―No… ―se alegró de que ella no viese su sonrojo porque él solo estaba sintiendo una clase de apetito y ese apetito era más un antojo de algo que no tenía que ver con comida―. Iré a buscar el último… ―el azulado se levantó de donde estaba hincado y se dirigió a la nevera, la verdad tenía muchas cosas a su disposición en el desayunador en donde habían estado jugando, pero necesitaba enfriarse un poco luego de sentir la lengua de Erza acariciar la yema de su pulgar.
Él era un simple mortal para tanta tentación.
―¿Jellal? ―cuando Erza le llamó minutos después el azulado tomó una fresa y volvió junto a ella.
―Lo siento, estaba inseguro sobre que escoger ―se disculpó, mejillas frías a causa del tiempo con la cara casi dentro del refrigerador.
―¿No es nada raro, verdad?
―La verdad no creo que lo adivines ―dijo misterioso y ella frunció la nariz.
―No estoy segura si quiero adivinar este… ―la joven se llevó una mano a la boca como una niña haciendo berrinche.
―¿No me digas que lo que estoy viendo es a Erza Scarlet huir de un reto? ―repuso con seriedad burlona y cuando ella frunció el ceño y quitó la mano, Jellal soltó una carcajada.
Ella nunca huía a un reto.
―Más te vale que no sea algo raro… ―murmuró indignada y abrió la boca, Jellal aguantó otra carcajada y se hincó frente a ella, acercando la fresa poco a poco, ni siquiera llegó a sus labios cuando Erza sonrió victoriosa.
―¡FRESA! ¡Es una fresa!
Jellal le miró divertido.
Así de fácil ella identificaba su fruta favorita.
―Correcto ―iba a dársela pero una travesura cruzó por su mente―, y ya que lo adivinaste no necesitas probarlo.
―¡Hey! ―reclamó ella intentando alcanzarlo con su mano sin éxito ya que el azulado apartó la fresa con rapidez―. ¡No es justo!
―¿Por qué no es justo? Ya adivinaste y francamente es sorprendente.
―¡Pero no la probé!
―Ya lo adivinaste. ¿Para qué quieres probarla?
―Yo… Quiero probarla para… ―dudosa jugó con sus dedos― ¡Asegurarme! ―dijo con una idea repentina―. ¿Qué tal si me estás mintiendo? ¿Qué tal si es una fresa especial? ―se cruzó de brazos bajo el pecho y Jellal se mordió la mejilla para no romper a reír.
―¿Por qué te mentiría para dejarte ganar?
―Porque… ―su ceño se profundizó buscando una razón lógica―, no lo sé… ―bufó luego de un rato―. Jellal… por favor… ―el azulado ya no pudo divertirse más a su costa.
Ay, qué tan idiotamente enamorado estaba.
―Bien, bien, te la daré para que pruebes ―Erza sonrió contenta y partió sus labios para él, Jellal tragó hondo y a último momento su lado atrevido lo poseyó y en lugar de llevar la fresa con sus dedos, colocó la mitad en sus propios labios y los acercó a ella.
Y ella los aceptó.
Aunque al principio la alegría de la fresa la tenía emocionada, cuando sintió los labios de Jellal su corazón se aceleró, su lengua acarició la fruta y cuando la mordió se aseguró de que Jellal no se alejase de ella extendiendo su mano, tanteando, hasta encontrar su camisa, sujetándola y apegándolo a ella, pronto el jugo de la fresa impregnó su paladar y los labios de Jellal acapararon sus otros sentidos hasta que las manos de él se colocaron en su cintura y uno de sus dedos acarició un trozo de su piel que no estaba cubierto por la blusa.
―Jellal… ―suspiró y poco a poco se bajó de la silla que habían puesto en lugar de las banquillas altas del desayunador para que así ella no viese lo que él había colocado ahí para el juego, el azulado se sentó por completo en el piso y cuando Erza se colocó a horcajadas sobre su regazo no puedo evitar gruñir, deslizar una de sus manos por su espalda, peinar su sedoso cabello escarlata y luego enredarla con el cabello en su nuca para apegarla más a él y así sentir cada curva de su cuerpo contra el suyo.
Estaba perdiendo todo el control.
Y por eso se detuvo.
―¿Jellal?
―L-lo siento… ―se disculpó tratando de regular su respiración así como lo hacía ella, su aliento de fresa y miel abanicaba su rostro y lo tentaba a continuar―, me dejé llevar… ―para su sorpresa Erza sonrió, sus ojos aún vendados le impedían saber el verdadero significado de esa sonrisa.
―¿Y qué tiene de malo? ―con cuidado Erza acarició la mejilla de su tatuaje―. ¿No sé supone que esto forma parte de ser… amigos con beneficios? ―Jellal no pudo evitar el calor que lo invadió más―, o tal vez no estás interesado en mi de esa manera… ¿es eso?
Jellal no pudo evitar reír por eso.
―¿Me estás preguntando eso en serio, Erza?
―¡P-por supuesto que sí!
―No puedo creer que de verdad te lo preguntes…
―¿Te gusto o no te gusto de esa manera?
―Me gustas de muchas y de todas maneras… ―soltó en un murmulló inaudible para ella y luego permaneció en silencio. Erza soltó un bufido e intentó levantarse de su regazo pero Jellal la sujetó por la cintura impidiéndoselo―. Sí ―dijo después de respirar profundamente, su mano se elevó a su rostro, acarició su mejilla y luego desató la venda que cubría sus ojos―. Me gustas de esa manera, Erza, mucho… ―los ojos de ella brillaron de una manera tan especial que lo hicieron sonreír atontado―. Pensé que era más que obvio desde que viste tu póster en mi habitación.
Erza rió y negó.
―No iba a tomar eso como ese tipo de atracción, Jellal. Lo veía más como admiración a lo que representa ese personaje ―Erza se relajó en su regazo.
―Es eso, sí, principalmente ―aceptó dejando la pena de lado―, pero también es porque eres increíblemente hermosa, Erza ―la mano del pastelero se enredó en un mechón de su cabello y sus ojos se fijaron en los de ella―, y una mujer sumamente atractiva, no puedo creer que dudes que puedas volver loco a un simple hombre como yo…
Incapaz de enfrentar su mirada sincera llena de deseo, Erza se escondió en su cuello y soltó una risa tonta mientras inhalaba su particular aroma de pastelería, madera y cítricos.
Se sentía tan abrumada y alegre de resultar tan atractiva para Jellal que sentía vergüenza de sí misma.
Pero además, ahora entendía una cosa…
―Es por eso… ―soltó en un murmulló y luego dejó su escondite para mirarlo traviesa y no perderse su reacción―, ¿por eso pusiste una almohada entre tú y yo cuando dormimos juntos?
La cara de Jellal ardió sin compasión y Erza rompió a reír.
―E-eso f-fue… ―el balbuceo de él y su cara apenada la conmovieron y se acercó para besarle la nariz.
―Eres todo un caballero, Jellal…
―La verdad no creo serlo… ―respondió él aún apenado.
―Lo eres ―le aseguró con otro beso en la nariz y él no pudo evitar sonreír un poco―, otro se habría aprovechado.
―Tal vez lo hice y no te diste cuenta ―alzó una ceja y Erza entrecerró la mirada y luego negó.
―No podrías con la culpa si lo hubieses hecho ―las mejillas de Jellal volvieron a calentarse y Erza sonrió triunfal.
―Es verdad ―aceptó con un suspiro, se quedaron un rato en silencio y Erza repasó el tatuaje en su mejilla con su dedo.
―¿Entonces? ―preguntó, la punta de su dedo en el final del diseño―. ¿Incluimos esto en los beneficios? ―esperó la respuesta con los nervios en la mano, si era sincera con ella misma se sentía extraña al ser tan directa pero a la vez le alegraba poder ser así.
Le emocionaba poder ser clara con sus deseos por él.
―¿Estás totalmente segura de esto? ―sus ojos buscaron los de ella para ver la más mínima duda, por más que desease a Erza en ese sentido jamás pondría eso sobre el bienestar de ella.
―No ―le contestó sincera, cuando imaginó esa parte de sus beneficios siempre había un temor de que ese paso arruinase su amistad con Jellal―, pero en la vida no siempre hay que actuar cuando se está seguro del todo. A veces hay que arriesgarse… y dejarse llevar ―decidida en esa idea, la actriz se levantó de su regazo, ofreciéndole una mano para que él se levantase, Jellal la aceptó y se puso de pie frente ella, cerró los ojos cuando ella se acercó y besó su mejilla y luego bajó por su mandíbula que se tensó con el paso de sus caricias y entonces Erza se detuvo a milímetros de sus labios―. ¿No crees?
Jellal abrió los ojos y observó su mirada llena de brillo.
Ya no había otra respuesta.
―Sí… ―y ambos no pudieron evitar sonreír antes de volver a besarse y acercarse más él uno al otro, las manos de Jellal sintieron esa nueva libertad y por ello no tardaron en acariciar los costados del cuerpo de Erza ganándose suspiros de ella, las manos de Erza fueron más atrevidas y se colaron bajo su camisa para, después de acariciar su duro abdomen, bajar a desabrochar su pantalón de mezclilla ganándose un delicioso gruñido de su parte― Erza… ―suspiró el pastelero cuando ella se apartó un poco de él.
Ella solo sonrió traviesa, lo besó y succionó su labio inferior de manera juguetona antes de apartarse de él y caminar hasta la refrigeradora.
―¿Erza?
―Esto ―dijo ella tomando algo y volviéndose a él, Jellal sonrió al ver una fresa en una mano y jarabe de chocolate en la otra―, interrumpiste el beso de fresa y una vez interrumpieron un beso de chocolate ―le recordó lo que había pasado cierta tarde noche colmada de lluvia―, y se me acaba de antojar cobrarte por ello ―Jellal rió y aceptó gustoso la fresa con chocolate que Erza colocó en sus labios―, y además… ―la mujer le puso un dedo en el pecho y lo empujó hasta la pared en la que una vez lo había arrinconado para convencerlo de dejar de ser tan terco y dejarse ayudar y en otra ocasión él la había arrinconado para culparla por robo de chocolate y terminaron besándose.
Jellal entendió y aceptó la pared detrás de él.
Sin perder más tiempo, el pastelero tomó la mano de Erza en su pecho y de un jalón gentil pero firme la apegó a él, su otra mano se cerró en su cintura y sus labios junto con la fresa descendieron a ella quien los aceptó sin dudar, el chocolate y la fresa llenaron sus paladares pero pronto pasaron a segundo a plano, sus manos viajaron bajo la blusa de Erza, acariciaron su piel y luego la apartaron un poco para quitársela, Erza, a pesar de sus mejillas rojas levantó sus manos permitiéndole hacerlo; y, para balancear las cosas y aprovechar el momento, hizo lo mismo con la camisa del pastelero, mordiéndose el labio al ver de nuevo el atlético torso del pastelero.
Mejor que a como lo recordaba.
Y una de las razones por las que era mejor era porque ahora podía pasar sus manos libremente por ese cuerpo, manos de dedos llenos de chocolate frío que hicieron al pastelero sentir un escalofrío contra su piel caliente, y ella aprovechó porque ahora podía besarlo y gemir al sentir su piel caliente contra la suya, sus labios lamieron el chocolate de sus pectorales y fuerte cuello y se deleitó en sentir la respiración de él tan agitada como la suya.
¿Cómo pudieron haber tardado tanto en decidirse?
Erza dejó cualquier pensamiento atrás cuando las manos de Jellal desabrocharon su sostén el cual cayó al suelo y luego, esas mismas manos la giraron para que fuese ella quien ahora estuviese contra la pared, los labios de él bajaron por su clavícula así como sus dedos hábiles en la cocina desabrocharon sus pantalones y comenzaron bajarlos mientras Jellal envolvía con la humedad cálida de su boca la cumbre de sus pechos haciéndola arquear su espalda y enredar sus dedos en sus azulinas hebras para apegarlo más a ella y sentir más de esas exquisitas caricias que la hacían sentir electricidad en cada fibra de su piel.
―J-Jellal… ―gimió cuando él se alejó de sus pechos, subió por su cuello y succionó su piel, sus ojos se cerraron con fuerza cuando los dedos de él acariciaron sobre sus húmedas bragas, deseando más que eso ―y con una necesidad que nunca había sentido antes―, Erza enredó sus brazos en los hombros del pastelero, se quitó los zapatos uno a uno y luego ayudó a Jellal a bajar sus propios pantalones hasta los tobillos, allí, con un brinquito los dejó en el suelo junto al resto de su ropa y con otro brinquito y la ayuda de las fuertes manos de Jellal en sus caderas enredó sus piernas en él.
Soltando otro gemido al sentir su dureza contra ella.
El pantalón de mezclilla de él estorbaba entre ambos pero aún así el roce de esa tela dura contra la delicada de sus bragas era deliciosa e incitante, el pastelero bajó su boca de nuevo a sus pechos y movió sus caderas hacia ella y Erza casi perdió todo su aliento con esa falsa embestida, sus manos se movieron solas y ayudaron a Jellal a liberarse de su pantalón.
―Jellal… ―susurró ella contra su oído y él dejó un camino de besos húmedos por su cuerpo hasta tomar de nuevo su boca, acomodarla mejor contra su cuerpo y la pared y descender sus manos hasta el medio de sus muslos, apartar sus bragas y adentrar uno de sus dedos en ella haciéndola soltar su placer en gemidos agudos que murieron asfixiados con sus besos apasionados―. Amh… ―uno de sus gemidos escapó en completa libertad y el azulado introdujo otro dedo, aumentando la velocidad, sintiendo su propio empalme casi doler contra la tela de su bóxer, la actriz lo sorprendió cuando ella misma eliminó esa prisión, Jellal dejó sus labios y fijó sus ojos en ella, pidiendo un permiso mudo que Erza respondió llevando su grosor hacia ella.
Allí donde ambos deseaban que estuviese.
Jellal se adentró en ella con lentitud, sabía que no era la primera vez de Erza pero de todas maneras no quería apurarse y también quería disfrutar de la sensación de ser envuelto poco a poco por su deseo. Erza cerró los ojos ante la sensación y un pequeño surco se formó en medio de sus cejas y Jellal la besó allí, ella sonrió y abrió los ojos, lo besó con ternura y apretó el abrazo de sus piernas, elevándose un poco y creando un movimiento que hizo al pastelero perder la sonrisa por un gesto de tanto placer que ella se sintió tan dichosa de poder observarlo que no pudo evitar repetirlo una y otra vez mientras dejaba pequeños besos en su rostro.
Luego de eso, Jellal dejó lo último de su control perderse.
Sujetando a Erza con un brazo y colocando una mano contra la pared, comenzó a mover su cadera en medio de las piernas de ella, llevando a profundidad toda su henchida longitud y disfrutando sin vergüenza alguna como sus gruñidos se mezclaban con los gemidos de ella, disfrutando como Erza lo aceptaba dentro de ella y disfrutaba de sus embestidas cada vez más rápidas y cada vez más profundas.
Disfrutando como sus cuerpos se tocaban, como su sudor se mezclaba y como ella, por el placer, estrechaba más y más su miembro mientras sus uñas se clavaban en su espalda.
Gemidos y gruñidos de placer entre ambos.
Pronto todas las sensaciones, la humedad, el calor y los sonidos casi lascivos los llevaron a ambos a un lugar en donde solo el placer reinaba.
El de ambos.
Sus respiraciones agitadas se mezclaron, una de sus manos en su cintura y cuerpo aprisionándola por completo contra la pared mientras su antebrazo se apoyaba allí también, buscando de esa manera un apoyo para sí mismo, la frente de ella descansaba sobre uno de sus hombros mientras el besaba su sien en tanto intentaba recuperar algo de fuerza.
Ambos necesitaban recuperarla.
―¿Estás bien? ―preguntó él en un susurro contra su oído.
―De maravilla ―contestó ella divertida haciéndolo reír, alejándose de su hombro para besarlo con suavidad, toda la experiencia había sido mucho mejor de lo que alguna vez se atrevió a pensar.
O a fantasear.
―Erza… yo… ―Jellal se separó un poco de ella, pasó un brazo bajo su trasero para acomodar mejor su peso y su otra mano apartó algunos mechones de húmedo cabello escarlata de su rostro.
―¿Dime? ―inquirió ella curiosa de la expresión de sus ojos, se sintió atrapada por ellos a la vez que su corazón latía dichoso.
―Quédate… ―no era eso lo que quería decirle realmente, pero pensó que era lo mejor por el momento―. Quédate a dormir…
Erza lo dudó por un momento, pensó que no sería muy apropiado hacerlo ya que se suponía que era todo algo casual y dormir juntos después de todo eso podía ser interpretado de otra manera.
Lo pensó, y lo re pensó.
Pero no pudo decirle que no a esa mirada.
No quería decirle no.
―Bien… ―aceptó y la sonrisa que se formó en los labios de Jellal y el beso cariñoso que depositó en sus labios al escucharla la hicieron sentir que había hecho lo correcto―, pero debes saber que ahora sí que me estoy muriendo de hambre…
Jellal rió, peinó su flequillo escarlata con sus dedos y besó su mejilla sonrojada.
―Ya me encargaré de eso… ―susurró contra sus labios con una sonrisa antes de besarla con exquisita fuerza de nuevo.
Erza aceptó gustosa esa respuesta.
…Aún tenía mucho apetito por él…
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~°0°~
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La comida llegó a la mesa y ambos suspiraron con alivio.
La reunión con los abogados había sido muy larga, con muchos papeles que leer a detalle antes de firmar y por eso apenas habían podido ir a cenar en un pequeño restaurante de comida rápida que abría 24/7.
Algo perfecto siendo la hora que era.
―Esto se ve bien ―Gray tomó su hamburguesa, la abrió y vertió más salsa de tomate adentro―, ¿estás segura de que quieres tomar eso? ―le preguntó a la chica señalando su batido de helado y galleta.
―Juvia estaba antojada de volverlo a probar desde que Gray Sama se lo compró aquel día en que volvió a comer papas fritas ―aseguró ella―. ¿Gray Sama piensa que está mal?
―No ―alzó los hombros―, solo lo preguntaba porque tiendes a evitar las bebidas muy frías y las comidas muy picantes o ácidas o muy calientes por tu garganta ―Juvia se sonrojó al entender que el chico prestaba atención a sus hábitos.
―Juvia… Juvia piensa que una vez de vez en cuando no es problema ―Gray asintió con una pequeña sonrisa ladeada que la hizo feliz a ella.
―También pienso así ―dijo él antes de morder con ganas su primera hamburguesa―, además los batidos de helado son una de las cosas más…
― ¡Perfectas de la vida! ¿Cierto? ―la tercera voz hizo a Gray casi atragantarse y Juvia se apuró a pasarle su bebida para evitar tal evento catastrófico―. Tu madre solía decir eso.
Gray frunció el ceño, se limpió la boca con una servilleta y miró molesto a su padre.
―Me sorprende que recuerdes algo de ella ―frío, respondió.
Silver solo sonrió.
―Recuerdo todo de ella, Gray ―sin darle importancia a su mal genio, Silver se sentó en la silla vacía a su lado.
―Nadie te invitó a sentarte.
―¿Y si no lo hago quién pagará la cuenta? Hasta donde sé estás desempleado ―dijo burlón y llamó a la mesera con un gesto de su mano.
―Tengo suficiente dinero como para no necesitar de tu ayuda ―el chico terminó su primera hamburguesa y tomó la segunda―, y eso es algo bueno porque esperarla sería mucho que pedir.
Silver soltó un largo suspiro.
―Gray…
―No quiero saber nada ―negó él, estaba tan concentrado evitando a su padre que no había notado lo nerviosa que se había puesto Juvia.
Eso sí lo notó su padre.
―¿Dónde están mis modales? ―dijo Silver de pronto observándola y extendiendo su mano―. Mi nombre es Silver Fullbuster, el padre de este chico rebelde ―le desacomodó el cabello a Gray en un gesto paternal y se ganó una mirada mortal―. Un placer conocer a una amiga de mi hijo.
Juvia le miró nerviosa, estaba segura de que el padre de Gray la había reconocido aquel día en el ascensor.
Incluso la había llamado Gotitas.
―La estás asustando, viejo ―le dijo Gray al ver a Juvia de esa manera, le pareció extraño, pero si algo era cierto, es que muchas cosas de Juvia eran extrañas, incluso el día que fue despedido le pareció que su padre había reconocido a la cantante pero cuando le quiso preguntar a Juvia a esta la llamaron y no pudo hacerlo y terminó olvidándolo, luego solo se habían vuelto a ver hasta ese día y entre tantos abogados y búsqueda de empleo en los últimos días no recordó preguntar sobre eso.
Pero ahora que su padre se presentaba todo parecía un error de interpretación de su parte.
―Ju-Juvia… ―respondió la chica extendiendo su mano a él―. Juvia Loxar.
―Loxar… ―el señor mayor asintió estrechando su delicada mano―. No es un apellido común.
―No ―negó ella y agradeció que la mesera llegara a la mesa a tomar la orden del padre de su Gray Sama que curiosamente terminó siendo igual que la de su hijo.
Hamburguesas sin mayonesa ni pepinillos con queso extra y tocineta.
A Juvia le causó gracia.
A Gray no.
―Este lugar es un buen sitio para comer ―dijo Silver al ver la mala cara de su hijo―. Y está cerca del trabajo así que cuando me toca trabajar hasta tarde vengo aquí.
Gray se concentró en su tercera hamburguesa, ahora se acordaba que fue precisamente su padre quien le mostró ese sitio.
―Tsk… ―dijo entre dientes, Juvia observaba disimuladamente de uno a otro mientras se comía sus papas fritas, si fuese una situación normal le habría gustado intervenir para quitar esa sensación fría en la mesa, pero aún estaba extrañada con el padre de su Gray Sama.
¿De verdad no la reconocía?
―Gray, sobre tu trabajo, creo que pued-
―Voy al baño ―el chico se hizo el desentendido y se levantó de la mesa dejando a su padre con la palabra en la boca―. Y no la fastidies a ella ―lo miró seriamente y Silver asintió con una sonrisa, al parecer su hijo se tomaba muy en serio proteger a la chica, algo raro en él.
No que fuese raro que protegiese a alguien o algo, sino que lo raro era que lo demostrase tan abiertamente.
―Es un buen chico… ―dijo en voz alta para sí mismo y cuando de reojo vio a la chica asentir completamente de acuerdo se volvió hacia ella con la misma sonrisa que Juvia recordaba en él.
Ella tragó grueso.
Sí la recordaba.
―Te recuerdo, Gotitas, pero al parecer no quieres que él recuerde que te conoce ―Silver robó un par de papas fritas de su hijo antes de continuar―, ¿por qué?
Juvia respiró hondo antes de hablar.
―Ese día… Gray Sama lloraba mucho y no quería que nadie lo viera, Juvia… Juvia no quiere recordarle ese día… ―la joven bajó la cabeza recordando la primera vez que vio a Gray, el dolor que sintió al verlo llorar a pesar de que en ese entonces era un extraño.
Silver sonrió paternalmente.
―Gray ya es todo un hombre, no creo que ese recuerdo lo dañe ahora ―el hombre se silenció cuando la mesera le trajo su orden.
―Señor Silver, su orden.
―Gracias ―Silver le extendió un par de billetes―, para la cuenta de ellos y lo mío, déjate lo que sobre como propina ―la joven asintió contenta y se retiró, el padre de Gray tomó las hamburguesas, colocó una en el lugar de Gray y se echó las otras en las bolsas de su saco, con papas y bebida en mano se levantó ―. Dile a Gray que hablamos después. Nos vemos, Gotitas.
―Juvia… ―la chica asintió insegura―, claro…
―Y Juvia ―el señor volvió a sonreírle―, ese día fuiste de gran ayuda para él y para mí aunque tú también estabas muy triste, sigue cuidándolo, te lo pido como un padre preocupado, justo como aquel día.
Ella asintió un poco más segura.
―Juvia hará lo que pueda, Silver Sama.
El hombre se retiró mucho más tranquilo de lo que esperaba, esa chica parecía delicada y frágil pero sus ojos eran firmes y sinceros.
Y era muy valiente, eso lo sabía de primera mano.
Su hijo estaba en buenas manos.
―¿Y mi viejo? ―preguntó el azabache cuando volvió del baño.
―Silver Sama se fue. Juvia piensa que aún tenía muchas cosas que terminar. Le dejó saludos a Gray Sama y dejó dicho que hablarían después.
Gray soltó un largo suspiro.
―Siempre fue así conmigo y con mi madre, parece que no está y de pronto está y cuando parece que está en realidad no está… ―Juvia no supo si lo dijo para ella o para sí mismo así que decidió no responder a eso―. ¿Y esto? ―tomó la nueva hamburguesa en su bandeja.
―Silver Sama la dejó para usted ―le sonrió entusiasmada―. Y también pagó la cuenta.
―Tsk, siempre haciendo cosas innecesarias… ―Gray frunció el ceño y habló con frialdad, pero Juvia vio claramente la sonrisa que ocultó mientras mordía la hamburguesa.
Juvia sonrió también.
…Tal vez ocultar su primer encuentro era una tontería…
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Debía despertarla pero no quería hacerlo.
Como ella no había planeado quedarse a dormir no había traído nada de lo que ocupaba para ir ese lunes a tomar las fotos del postre del día y por tanto debía de volver a su casa por su disfraz y el equipo de fotografía, él amaba su trabajo pero esta vez sintió algo de resentimiento contra él porque provocaba una separación que no quería.
Pero el deber era el deber.
Jellal continuó sentado en la cama admirándola respirar tranquila por un par de minutos más, envuelta nada más que con sus sabanas, la luz del sol sacando destellos de su hermoso cabello y abrazada a su almohada, esa imagen de ella merecía ser grabada en su memoria.
Eso y todo lo que habían hecho y sentido la noche anterior.
Algo que aún le parecía irreal.
―Erza… ―la llamó con suavidad y ella frunció un poco el ceño, de ser por él no la despertaría pero de verdad debía hacerlo―. Erza, ya son las seis… ―acarició su mejilla y ella sonrió―. Hay eclairs de fresa para desayunar, como te lo prometí… ―el pastelero acercó uno de los dichosos dulces a la nariz de ella y aunque ella se resistió al principio comenzó a abrir los ojos poco a poco―. Pero si no los quieres…
―Los quiero… ―dijo adormilada, restregando su rostro contra la almohada para quitarse un poco el sueño―. Sí los quieee- ―repitió pero un bostezo la interrumpió, luego de eso se levantó poco a poco de la cama, se pasó las manos por el rostro y estiró sus brazos por sobre su cabeza, la sabana resbaló de su cuerpo mostrándola desnuda de nuevo ante él, Jellal miró hacia otro lado al entender que Erza no se acordaba que ella no estaba vestida.
Después de todo se habían ido a dormir con pijama.
Y luego las pijamas de ambos habían terminado en el suelo.
―¡Ah! ―las escuchó exclamar al darse cuenta de su condición―. ¡L-lo siento!―la escuchó disculparse apenada y él no pudo evitar reír mientras le pasaba la camisa de pijama que él le había prestado la noche anterior.
La misma que le había prestado la primera vez.
―Créeme que no tienes nada de que disculparte ―la volteó a ver, ella ya tenía su camisa puesta y la sabana apretada contra sí misma, Erza, aún apenada le sonrió divertida cuando él le extendió un pequeño plato con un tentador eclair y una taza de té de menta―. Solo hiciste mi mañana más hermosa….
―Supongo que es un poco tonto que me apene… ―soltó un bufido luego de aceptar su desayuno, Erza mordió el eclair con una sonrisa que aumentó cuando sintió la fresa y la crema con la que estaban rellenos.
―No ―le dijo él acomodando un mechón de cabello escarlata tras su oreja mientras ella bebía del té―, de cierta manera es normal. No es como que sea usual que hagas… hagamos… esta clase de cosas… ―Erza observó las mejillas del pastelero ganar algo de color y se sintió más cómoda con todo lo sucedido.
Ambos estaban sin saber cómo actuar realmente.
La noche anterior habían desatado sus deseos y luego habían cenado, limpiado la cocina, reído y peleado con almohadas para caer de nuevo en el deseo después de bañarse y acostarse a dormir mientras hablaban de la comida de la apuesta, y ahora que el sol brillaba de nuevo ambos entendían que debían comportarse a la altura de su relación y no como adolescentes tímidos.
Eran adultos y amigos con beneficios después de todo.
Y amigos, ante todo.
―Supongo que tendremos que… ―jugó nerviosa con el dije de estrella de la pulsera en su mano después de terminarse el eclair― acostumbrarnos… ―dijo ella intentando parecer casual y fallando miserablemente al sentir el calor en su cara porque ese "acostumbrarnos" dejaba muy claro que ella había disfrutado de todo eso y quería repetirlo de nuevo y por supuesto más de una vez, el pastelero en cambio solo asintió en silencio y tomó la taza de té y el plato donde ya no quedaba nada y eso la calmó un poco.
―En la cocina hay más si quieres ―dijo él con tranquilidad, como si esa escena entre ellos fuese algo normal―, y espero que sí porque la verdad te estaba esperando para desayunar y tengo mucho hambre y pocas ganas de comer solo ―con un reclamo divertido esperó su respuesta.
Erza lo observó atenta.
Su cabello húmedo, sus labios en una sonrisa, su ropa para ir a trabajar impecable bajo uno de los delantales que ella le regaló.
Y entonces cayó en cuenta de algo muy importante.
Algo que debió haber notado desde el principio.
―¡OH NO! ―Erza se llevó las manos a la cara y en un movimiento rápido se metió debajo de las sabanas.
―¿Erza? ―Extrañado el joven pastelero colocó el plato y la taza de té en la mesita de noche de ese lado de la cama y luego intentó quitarle la sabana de encima sin éxito―. Hey, ¿qué sucede? Erza…
―¿Sabes lo injusto qué es que estés tan presentable a esta hora de la mañana y yo esté así? ―dijo en un murmullo en el que Jellal pudo adivinar el puchero que debía estar formando en sus labios y él rompió a reír― ¡No te rías!
―Es que… ―Jellal intentó detenerse pero no pudo así que se tiró a la cama junto a ella― Oh, Erza…
―Es injusto… ―repitió ella y se volvió hacia él aunque no se quitó la sábana de encima―, es injusto que aparte de ser tan atractivo siempre estés listo e impecable cuando me despierto y yo…
―Y tú siempre estás hermosa ―terminó él por ella dándole un beso sobre la sábana.
―¡No trates de camelarme!
―No lo hago ―volvió a reír―. Te lo dije ahora, verte hizo mi mañana más hermosa ―Jellal la abrazó y dejó besos de forma azarosa sobre la sábana hasta que ella comenzó a reír―. No miento, Erza. Si no me crees puedes verme para que veas que no es mentira, tu sabes ver cuando miento ¿no?
Jellal esperó un momento y entonces Erza descubrió su rostro un poco.
―La verdad no quiero saber si mientes… ―dijo en un susurro, observando los ojos de él que chispeaban en sinceridad, cariño y diversión miel y verde gracias a la luz que entraba por la ventana.
No supo que era ese sentimiento que la embargó al verlos.
―Pues no lo hago ―aseguró él, terminando de retirar la tela que cubría su rostro, limpiando un poco de crema de fresas que había quedado en el labio de la actriz y acercándose a ella hasta rozar los labios de ella con los suyos al hablar―, je le jure…―cuando Erza aceptó su beso con una sonrisa y enredó sus dedos en su cabello para atraerlo más hacia ella, Jellal sintió tanta esperanza en que algún día ella compartiría sus mismos sentimientos, que por primera vez en su vida ninguno de sus muros llenos de dudas se alzaron para proteger su corazón.
Y la verdad no se le antojo levantar ninguno.
…Y sí, sintió miedo, pero no le importó…
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¿Reviews?
Gracias por la amabilidad de leer y comentar, animan a continuar.
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Aclaraciones:
Je le jure: ( Francés )Lo juro.
Rincón De La Escritora En Proceso:
¡Jojojo! ¿Escuchan el "Aleluya"? xDDD Ya iba siendo hora, pero bueno, eso es lo bonito de los fics "slow burn". xDD Y pronto se viene la apuesta, el cumple de Jellal, la boda, el secreto de Erza, el secreto de Juvia y OMG! Todo… lo… demás… :x
¡Muchas gracias por leer! NwN/
Agradecimientos:
A vosotros adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:
Akane Scarlet
Alicia Melo Angel29
Artemisa Neko Chan
Bluewater14
Miraxus1302
Willivb
Not My Phone
Banana Sama
A vosotros adorables reviewistas sin cuenta os contesto por acá:
Luna Blue: Sí. QwQ Fanfiction está troll y no avisa a veces. Me alegra que te gustase el cap, en particular he disfrutado escribiendo estos últimos caps. :D Gracias mil por tus lindas palabras, espero que te gustase el nuevo cap. Un beso. NwN/
Guest 01: ¿Si le pegó el título al cap pasado? Yeeeeey, me hace feliz. *w* Espero te guste el Gale de este cap. Un besazo y mil gracias por comentar. NwN/
Guest 02: e hace muy feliz que te haya gustado la historia y que te animaras a comentar. QwQ *shora de felicidad* Esta historia es una de las primeras que hice y significa mucho para mí. Espero que la sigas disfrutando y que lo que se viene con respecto a Erza sea de tu agrado. D: Mil gracias por leer y tus lindas palabras. Saludos. NwN/
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Favs. Follows. Lectores Tímidos.
Gracias mil por leer.
¡Adieu!
.o./
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