Hola, Hola, Lu presentandose de nuevo.

Esta vez le traigo este fan fic que tengo en la cabeza desde hace mucho tiempo, es obviamente un Kakasaku pero un kakasaku diferente (Creo) ahhahah que creo y siento que les va a gustar.

y bueno, Naruto-kun no me pertenece es obra de Kishi, lo unico que me pertenece es el contenido de la historia.

SUMMARY: A Kakashi le asignan una misión en particular con tres hiperactivas Genin y la entrega de un irrelevante rollo en una aldea no muy lejana de Konoha, el trasfondo de la misión es mucho más profundo, ese era el último intento de la familia Haruno -y de Tsunade-sama incluso- de sacar a Sakura del agujero negro en el que se había sumergido tras la separación del equipo 7 y Kakashi no podía negarse a eso, ya había perdido a Sasuke y a Naruto, no podía perderla a ella también.

De cómo como Kakashi y Sakura se hicieron una promesa que prevalecerá por el resto de sus vidas y de cómo a Kakashi nunca más le volvieron a asignar una misión que involucrara a esas tres pequeñas kunoichis endemoniadas.

RATING: T por contenido un tanto fuerte.

PAREJAS: Kakasaku, Sasusaku y Kakarin.


Try

Entonces te veo parado allí

Queriendo más de mí y todo lo que puedo hacer es intentar

Entonces te veo parado allí

Soy todo lo que nunca seré

Y todo lo que puedo hacer es intentar.


Kakashi no imaginó verse envuelto en esa situación otra vez sentado en el pequeño comedor del apartamento de la familia Haruno, con el señor Haruno sirviéndole sake por cuarta vez, la señora Haruno servía la cena con una cantarina risa y él tratando de responder la sonrisa de vez en cuando de la manera más cordial posible.

Era la segunda vez que se encontraba ahí y eso no le hacía sentir menos raro, al menos la primera vez había sido en compañía del Sandaime y habían tomado té en vez de sake, él no era muy bueno para el alcohol, tenía muy poca tolerancia para absorberlo y al parecer el señor Haruno era de ese tipo de personas que podían beber litros de alcohol sin siquiera sentir un mareo, lastimosamente, Kakashi no era uno de ellos y ya para la quinta copa sintió un abrumante calor quemando sus entrañas y una tonta sonrisa adornó su rostro enmascarado, la cual se fue aflojando poco a poco, sintiendo como el calor se expandía por todo su cuerpo hasta quemar con furia sus mejillas.

—Realmente, ya no sabemos que hacer, Kakashi-sensei— mencionó la señora Haruno y pronto las risas tontas se acabaron, convirtiéndose en un ambiente pesado y lúgubre, Kakashi lo había presentido desde el momento en que se topó con el señor Haruno en la calle y había visto las ojeras en sus ojos y su postura medio encorvada, lo confirmó con la señora Haruno y su falsa sonrisa, su cuerpo también se miraba cansado justo como su propio cuerpo desde que su equipo se rompió y él no pudo hacer nada para enmendarlo.

Y la ausencia de Sakura en esa mesa hacía mucho más grande el hueco que se había formado entre su pequeña familia, sintiéndose, de repente arrastrado en él.

—Ella perdió su brillo—. Dijo el señor Haruno, llevando otra copa de sake a sus labios—. Sabemos que la Godaime la está entrenando y ella estaba muy feliz yendo todos los días al hospital, entrenando sin cansancio, pero de un momento a otro se apagó, dejó de asistir al hospital y se la vive encerrada en su habitación.

—Sakura no quiere hacer caso, la Hokage-sama nos ha mandado a llamar—manifestó Mebuki, retorciendo sus dedos nerviosa—. Está muy molesta por el bajo rendimiento de Sakura, desde que la regañaron, Sakura ha estado yendo al hospital y ocasionalmente a unos entrenamientos, pero...

—Su brillo se ha apagado—terminó el señor Haruno por su esposa, ambos mirando con pesadez hacia sus platos, sumidos en sus propios pensamientos.

Kakashi, entre el mareo por las cinco copas de sake y sus propios pensamientos también se vio envuelto en esa molesta pesadez, él no era la persona indicada para que los padres de su estudiante se desahogarán, desde que Naruto se había marchado algo dentro de él también se apagó y esa sensación de calidez que una vez sintió se fue convirtiendo en una gran decepción que día a día se expandía en su pecho, decepción por él mismo, decepción por las expectativas que todos habían puesto en él, decepción que por ratos se transformaba en furia y muchas veces en tristeza, pero siempre, siempre volvía a él como una abrasadora llama quemando por dentro, haciéndole sentir decepcionado de todas las decisiones que había tomado en su vida.

Lo había arruinado todo...una vez más.

Era el primer grupo que él aprobaba, era su primer equipo al mando y se había desmoronado de una forma que jamás imaginó, él sabía que no servía pare eso, que la enseñanza no era para él, que acunar a tres niños y encaminarlos por el camino ninja, sin evitar que se rompieran en el proceso no era lo suyo, simplemente no lo era...

Y las consecuencias de esa absurda decisión estaban mermando no sólo en él, si no en todos los involucrados del equipo siete, especialmente en él y en el camino que pensó sería el adecuado par aldea...

Sasuke le había dado la espalda a Konoha...

Sasuke, al único que él dedicó todo su tiempo y esfuerzo, al que le enseñó su propia técnica, misma que había utilizado para atacar a Naruto aquella tarde a ellos, especialmente Sasuke, el niño en el que él se vio reflejado.

Sasuke...

Sasuke se había marchado de laen el hospital, y si no hubiese sido por él, quizás la única persona muerta que hubiese resultado sería Sakura y no sólo por Sasuke si no por el Rasengan del mismo Naruto.

¿De verdad en eso había convertido a sus alumnos?

Y para continuar su lista de decepciones, Sasuke no se había detenido, hubiese matado a Naruto de haberlo querido y sabía que nada de lo que él hiciera lo detendría, él, el reflejo de su propia niñez, el niño que lo había perdido todo, así como él, el niño en el que él deseaba con todas sus fuerzas que no cayera en esa vorágine de oscuridad como él una vez cayó, fallando estrepitosamente, dándose entre los dientes, fallándose no sólo a el mismo, si no ese solitario niño que había preferido el camino más doloroso por el que nadie quisiera atravesar.

Y ahora, Naruto se había marchado con Jiraiya-sama, quien lo estaba entrenando contra la inminente amenaza de los Akatsuki y con Sakura…a penas y la miraba, desde que ella le había comunicado su deseo de ser la aprendiz de Tsunade-sama, él simplemente se había alejado, dedicándose a sus misiones, dando la vida por ellas, o dejándose ir poco a poco en ellas, encontrándose ocasionalmente con ella, siendo el último encuentro con ella el que le hizo alejarse casi por completo.

Y así él se había quedado solo, completamente solo, con los pedazos del equipo que se le había asignado, con las manos vacías y un agujero en el pecho al saber que había fallado, que le había fallado a esos tres niños, le había fallado al Sandaime, a Minato-sensei y a Kushina por no proteger a Naruto y a sí mismo.

Así como le había fallado a Obito por no proteger a Rin.

Así como le había fallado a Rin...o tal vez Rin le falló a él, justo, así como su padre al cometer suicidio, al menos él no había utilizado su propia técnica para matarse...

Su cabeza punzó y de repente ya no quería estar ahí, otra copa de sake fue colocada frente a él y él la bebió casi con necesidad y furia, queriendo quemar con el ardor del alcohol en su garganta todos esos pensamientos que cruzaban por su cabeza, borrar todos esos malditos recuerdos dolorosos que pululaban constantemente en su vida.

—Nosotros tenemos una idea, Sensei—comenzó la señora Haruno, viendo un tanto nerviosa a su esposo, su estómago revuelto se tensó y las náuseas aumentaron, tenía mucho tiempo sin interactuar con Sakura, tenía tanto tiempo sin interactuar con la gente en general, lo único que se había dedicado desde que Naruto se había marchado era completar misiones a lo estúpido, como siempre había hecho desde que su padre se suicidó, solo que ahora, justo en ese momento, a Kakashi no le importaba que le hirieran de más, no le interesaba que atravesaran su cuerpo cortándole de tal manera que le hacían gemir de dolor, caer de rodillas con chorros de sangre golpeando contra el suelo, deseando que esa herida provocara una hemorragia que le desangraría hasta la muerte.

Sin embargo, no pasaba...

Nunca moría, porque fuera como fuera, había algo que le impedía, no podía hacerlo con su propia mano-por mucho que lo hubiese intentado- y tampoco podía permitir que alguien más terminara el trabajo por él, quizás era muy cobarde para morir y muy valiente para vivir y estar en ese limbo, le atormentaba como nunca antes le había pasado.

—Sakura, cumple catorce años en dos semanas—continuó el señor Haruno por su esposa, sirviendo la séptima copa de sake, Kakashi vio la copa con horror, quizás el señor Haruno lo estaba emborrachando para que dijera que si sin hesitar a lo que fuera que le pidieran por Sakura y Kakashi estaba seguro a ese punto que él aceptaría sin pensar—. Y ella no quiere nada, pero, tenemos planeado un regalo que sabemos que lo va a disfrutar y quizás así su ánimo por seguir su camino ninja vuelva a ella.

—Pero antes de hablar con la Hokage-sama, queríamos saber si podemos contar con su apoyo.

Kakashi contuvo un suspiro, escuchando atentamente lo que los señores Haruno tenían planeado para su hija.


Kakashi respiró profundo y vio aterrorizado las gradas de la residencia Haruno que dirigían a la calle, eran diez o doce grandes escalones que lo separaban de la calle, gradas que tendría que bajar completamente borracho.

El señor Haruno había servido la octava y novena copa de sake cuando él había accedido a ayudar a Sakura y supo, mientras tragaba el amargo líquido de su última copa que toda función en su cerebro había muerto por completo por completo, dejándole en ese odioso estado de ebriedad que le desinhibía todos esos pensamientos que el tanto odiaba y asimismo le relajaba a tal punto que no importaba nada, su sonrisa se había aflojado aún más y apenas había comido, quizás por estar entretenido con las historias que contaba el matrimonio Haruno y luego con el álbum familiar donde mostraban fotos de Sakura desde bebé hasta en la graduación de la academia, Kakashi nunca había tenido nada de eso, quizás unas cuantas fotografías, una de su madre cargándolo a él de bebé, otra de sus padres en su boda y una más de los tres juntos en familia, antes de que su madre falleciera, luego de eso, su padre nunca más volvió a tomarse una fotografía con él y a él no le había importado...

Hasta ahora.

Ahora que estaba borracho y trataba de bajar las gradas sin trastabillar, su cuerpo, pesado y mareado se fue de lado cayendo sobre la pared, Kakashi cerró su ojo visible con fuerza sintiendo como todo a su alrededor daba vueltas, ¡Odiaba beber! ¡Odiaba tanto beber! Odiaba tanto ese horrible líquido que desinhibía sus oscuros pensamientos, retardaba sus reflejos, alteraba sus sentidos y le hacía hablar, hablar lo que nunca se atrevía a hablar incluso consigo mismo, a ser estúpidamente honesto, a soltar lo que no se atrevía a soltar por miedo a mostrarse débil ante los que estaban a su alrededor, por miedo a perder al abrir su corazón.

Sin mucha delicadeza y totalmente derrotado, se dejó caer sobre la grada número cinco, viendo imposible llegar hasta el final con todo a su alrededor dándole vueltas, apoyó sus codos sobre sus piernas y dejó caer su cabeza sobre sus manos, apretándola levemente, queriendo detener las ganas de vomitar y el helicóptero dentro de su cabeza.

¡Como odiaba al señor Haruno en ese preciso momento!

Y en ese deplorable estado, Sakura le encontró.

—¿Kakashi-sensei?

Kakashi sintió como la chica cortaba la distancia entre ellos deteniéndose unos dos escalones más abajo que él, quedando seguramente más o menos a su altura, su pequeña mano colocándose en su hombro, apretándole.

—Kakashi-sensei, ¿Se encuentra bien?

Él, viéndose interrumpido en su momentáneo momento de paz alzó su cabeza casi con brusquedad, encontrándose con la mirada extrañada de su alumna, Kakashi, con su visión borrosa la observó en silencio, tenía meses sin verla, dentro de él aún recordaba esas pupilas esmeraldas viéndole como le miraron la última vez que estuvieron juntos, Kakashi podía recordar como esos expresivos ojos se vieron envueltos en preocupación, tristeza, entendimiento y dolor, quizás el mismo dolor que ella a tan corta edad estaba sintiendo y luego el sonrojo en sus mejillas y el brillo encendiéndose una vez más en sus iris al ver su rostro sin la máscara por primera vez, tornándose sus iris esmeraldas en algo más que él no quiso identificar ni darle nombre.

Kakashi corrió su mirada de sus orbes apagados, recorriendo su menuda figura, llevaba puesta una bata blanca de doctor, seguramente no se la había quitado para lucir a la gente que era la aprendiz de la Hokage, o algo así, su cabello rosa estaba amarrado en una coleta alta y pudo apreciar como varias hebras de cabello salían de su improvisado peinado, su cuerpo estaba más delgado que la última vez que la vio, debajo de sus ojos se marcaban dos grandes ojeras negras, su semblante viéndose totalmente derrotado, reconociéndose a él mismo en la figura de ella.

Y su brillo...

¿Dónde estaba el brillo que él siempre había visto en ella?

Kakashi estiró una mano deteniéndola en el mentón de ella y con el poco tacto que le caracterizaba la atrajo hacia él, Sakura contuvo el aliento ante el repentino movimiento, sus mejillas sonrojándose de nuevo, sus pupilas esmeraldas abriéndose de golpe ante la proximidad de su rostro con el de él, arrugándose en consternación ante el escrute de su único ojo visible, que observaba con detenimiento sus orbes apagados.

El brillo se había apagado.

—¡Eww!—exclamó la chica arrugando ahora su rostro y contrayendo sus labios en una mueca de disgusto— Kakashi-sensei, apesta a alcohol.

—Es culpa de tu papá—musitó él, soltando el rostro de su estudiante y volviendo a enterrar su cabeza entre sus manos—. Sakura—la llamó, aún con su cabeza escondida, sus labios apretando la palma de su mano y el inevitable deseo de soltar lo que le quemaba por dentro, tenía que decirlo, tenía que sacarlo de su sistema, aunque seguramente recibiría un puñetazo de la aprendiz de la Hokage, ¡Necesitaba decirlo! de verdad que el alcohol le hacía hablar de más y reír de más, como lo odiaba.

—¿Sensei?

—Te ves horrible.

Y también le hacía ser completamente honesto...


—Tu padre es una persona horrible, Sakura-chan.

Sakura mordió su labio inferior tratando de contener otra risotada ante la queja lamentosa de su sensei, aunque ciertamente, su padre era un hombre muy tolerante al alcohol cuyo hobby era el de emborrachar a las personas, era una lástima que su sensei no le hubiese preguntado eso antes de sentarse a beber con él, sin embargo, no entendía que hacía él en la casa con sus padres, no era una casualidad en lo absoluto, considerando que él había dejado de hablarle algunos meses atrás y conociendo perfectamente a sus padres, sabía que algo estaban tramando y ese algo involucraba a su -ya no sabía en realidad si seguía siendo-maestro.

¿Estarían planeándole una fiesta de cumpleaños, quizás?

Sakura miró de reojo a Kakashi-sensei, su cuerpo encorvado, sus brazos apoyados en sus rodillas, su mirada fija en una grada y suaves lamentos saliendo de sus labios enmascarados, sus burlas se ahogaron en su garganta cuando él una vez más alzó su cabeza y su pupila dilatada por el alcohol se perdió una vez más en ella, su iris de hierro brillando ante ella, nuevamente, sintió ese extraño calor en sus mejillas y perdiéndose en su ojo recordó aquel día en que también sus orbes se perdieron en los de él, pero en esa ocasión, ese brillo plateado se había apagado, mostrando una mirada cansada, derrotada...vacía, viéndose en él a ella misma, sintiendo un dolor que ni ella misma sabía de dónde venía.

Ese había sido el primer día en que ella, por primera vez, había visto a su maestro sin máscara, había conocido su triste sonrisa y se había sumergido en él, extraviándose en cada detalle de su rostro, en las pequeñas cicatrices, en lo suave que se miraba su piel, en sus dientes (atreviéndose a tocarlos incluso, provocándole una carcajada, ocasionando que sus caninos vibraran contra sus dedos pulgares, mandándole chispas a todo su cuerpo) y cuando sus ojos se detuvieron en los de él, su iris oscurecido y su sharingan abierto, observándola fijamente, contrayéndose levemente, hipnotizándola con el suave movimiento de sus tomoes alrededor del iris negro en medio de su pupila roja, hundiéndose en el dolor que transmitía su iris grisáceo y las extrañas sensaciones que provocaban el sharingan expuesto ante ella.

Ese día, y a su corta edad, Sakura supo dos cosas: que su sensei le había provocado un extraño agujero en su estómago, un molesto y acelerado latido en su corazón y un odioso calor que se acumulaba en sus mejillas cada vez que se acordaba de eso.

Asimismo, supo, que las heridas en su pecho y estomago tenían un trasfondo mucho más oscuro de lo que él quiso aparentar en esa ocasión.

Trasfondo que ella sentía como suyo propio.

—Ma, Sakura, tu padre es horrible.

Kakashi-sensei picó con considerable fuerza su mejilla derecha con su dedo índice, haciéndole perder el equilibrio por unos segundos y por poco caer de trasero al suelo siendo totalmente ignorada por él, quién había vuelto a fijar su mirada al suelo, Sakura, comprendió que el lamentoso barboteo de su superior era debido a que no podía bajar las gradas por sí mismo, suspirando y no queriendo estar tan cerca de él, le ayudó a colocarse de pie, acumuló un poco de chakra para acomodar su peso contra el de ella, pasando un brazo por su espalda y colocando el brazo izquierdo de él sobre su hombro, comenzando a bajar con lentitud el resto de gradas que hacían falta para llegar a la calle principal.

—!Wow¡, Sakura-chan, eres tan fuerte...

Sakura rodó los ojos, obviamente era fuerte, era la aprendiz de la Hokage después de todo...


Habían logrado caminar unos cuantos minutos en dirección a su apartamento, cuando el pidió que pararan, sintiéndose incapaz de continuar con su caminata, Sakura lo arrastró unos cuantos metros y lo sentó en una banca, él una vez más escondió su rostro entre las palmas de sus manos y ella se sentó a su lado, acariciando su cabeza como a un niño pequeño que había enfermado del estómago por comer mucho dulce, quizás su papá sí se había pasado un poquito de la mano con su sensei.

—Déjame aquí, Sakura, ya no recuerdo donde vivo, sólo déjame acá—musitó él en un tono dramático que le hizo rodar los ojos, Kakashi—sensei borracho era un gran dramático.

—Kakashi-sensei, no sea tan exagerado, yo si recuerdo donde vive, llegará sano y salvo a casa.

—Ves, Sakura-chan, por ese eres mi alumna preferida.

—No lo soy—soltó ella con cierta amargura que no supo reconocer de donde salió, sintió como el cuerpo de Kakashi se tensó y sus sollozos lastimeros pararon de inmediato, ella quiso enmendar su error, soltar alguna broma o cualquier cosa que aligerara el ambiente, pero, simplemente no sabía que decir, algo dentro de ella se había secado sin realmente percatarse de ello, y el recelo que había sentido cuando Kakashi-sensei se desvivió por los chicos, enfocándose más en ellos, dejándola a ella prácticamente de lado, resonó en ella, haciéndole sentir esa molesta punzada en el pecho que la golpeteaba cada vez que no recibía nada sobre quien se suponía era su sensei.

—¿Kakashi?

Sakura se exaltó ante la suave y preocupada voz prominente a unos cuantos pasos de donde ellos estaban sentados, de inmediato, quitó su mano de la cabeza de su sensei, él se enderezó y aflojó otra tonta sonrisa al reconocer a Asuma-sensei y Kurenai-sensei dirigiéndose hacia ellos.

Sakura pasó una mano por su desordenado cabello, tratando de aplacar su rebelde cabello, Kakashi-sensei le había dicho que se miraba horrible, no quería que más adultos vieran su horrible apariencia después de pasar casi un día entero en el hospital, reponiendo las horas que había perdido por no querer salir de su habitación y de la misma manera, aplacando a la ira de su shishou por faltar al hospital y entrenamientos.

—Sakura—llamó él en un tono quedito, acercándose confidente a ella, sus labios enmascarados pegados a su oreja, provocándole un alarmante escalofrió que sacudió su cuerpo de una forma que ella nunca había registrado—. Vienen de una cita—dijo en secreto, soltando otra risita tonta provocándole a ella una pequeña carcajada, Kakashi-sensei borracho era bien divertido—. Pero no le digas a nadie, es un secreto.

—Oi, Kakashi, ¿Qué diablos te pasa? — inquirió Asuma con una sonrisa divertida al ver la postura desparramada del gran ninja que copia sobre la banca.

—Mi papá lo emborrachó—contestó Sakura por él, su sensei simplemente se inclinó hacia ellos arrugando su ojo sospechosamente, justo como cuando descubres un jugoso secreto que no debe ser compartido con nadie.

Asuma-sensei soltó un chiflido y Kurenai-sensei le miró con cierto pesar, Sakura se extrañó ante la reacción de los adultos, seguramente no era algo nuevo ver a su sensei de esa manera, quizás Kakashi-sensei tenía cero tolerancia con el alcohol.

—Voy hacia mi apartamento—dijo él con total seguridad, después de un rato—. Pero, uh, Sakura, mmm...¿Dónde está mi apartamento?

Sakura abrió la boca para dar la dirección siendo interrumpida por una fuerte carcajada por parte de los dos adultos frente a ella, Kakashi-sensei comenzó a reír también, ignorante que era de él que se estaban burlando, ella, soltó otra carcajada, de verdad que era muy divertido verlo intoxicado.

—Vamos, vamos, nosotros te llevaremos—dijo Asuma-sensei entre risas, acercándose hacia su sensei tomándolo de un brazo y alzándole sin mucha delicadeza, Kurenai-sensei lo tomó del otro lado y él aprovechó para tirar la cabeza hacia atrás dejando que sus compañeros lo arrastraran por completo.

—Yo sé que estaban en una cita—canturreó Kakashi-sensei lo que había dicho en secreto hacía unos cuantos minutos atrás—. No sé porque lo mantienen en secreto...todo lo sabe, Si lo saben, ¿no? Hasta Sakura lo sabe, Konoha entera lo sabe, ya tengan bebés mejor.

Asuma-sensei soltó otra carcajada, Kurenai-sensei le dio unas cuantas palmadas en la espalda de su derrotado sensei, Sakura escuchó atenta, apuntando mentalmente todos los detalles de la relación de su sensei con Kurenai-sensei para contárselos a Ino.

—Kakashi eres tú el que debería de tener bebés ya—comentó Kurenai-sensei con una ligera sonrisa.—. Ya estas tan viejo.

— ¿Viejo? ¿Bebés?

—Muchos bebés, viejo—continuó Asuma-sensei, ante la entera confusión de Kakashi—. Ya sabes, hacen falta un par de Hatakes para hacerle imposible la vida a las nuevas generaciones.

—No, no, no—dijo él, arrastrando la voz con preocupación, su lengua pesada queriendo soltar ese cumulo de emociones que venía cargando desde hacía ya tanto tiempo—. Yo no puedo tener bebés, todo lo que está a mí alrededor termina muerto...

Sakura no pudo evitar estremecerse ante al "inocente" comentario hecho por su sensei, sus pupilas esmeraldas ligeramente engrandecidas ante la triste confesión de su maestro se detuvieron en su abatida figura siendo cargado por los dos jonin que habían parado de reír ante la abrupta confesión.

—Kakashi, eso no es cierto—musitó Kurenai-sensei lo suficientemente fuerte para que ella pudiera escuchar, su mano acariciando la espalda de él con delicadeza y afecto, Sakura mordió su labio inferior, deseando ser ella la que estuviera consolándole.

—Tú—dijo él, enfocando su nublada mirada en ella para luego voltear su cabeza casi de inmediato en dirección a Asuma—. Y tú saben que es cierto, todos los que me llegan a importar, terminan muertos.

—Kakashi, no digas eso—comenzó Asuma—. ¿Acaso Kurenai y yo no te importamos? Tenemos toda una vida estando juntos y aquí estamos, vivos, Gemma y Guy están con nosotros también, ellos también te importan, ¿no?

— ¿Y qué dices de Obito?—desafió él, su lengua cada vez más pesada, sus pensamientos volviéndose un poco más incoherentes, el dolor en su pecho intensificándose, expandiéndose por todo su cuerpo—. ¿Y Rin? defraudé a Obito, no solo lo dejé morir, la promesa, no la cumplí y Rin está muerta, yo le fallé, les fallé a los dos...

—Eso no es...

—Minato-sensei y Kushina-san—continuó él, ignorando por completo a su alrededor, perdido en la tormenta desatada en su corazón—. Y si no mueren, se terminan yendo porque ni siquiera puedo mantener un grupo de niños conmigo...no puedo, no puedo ni siquiera con eso... yo...yo...

Sakura se levantó de un brinco de la banca dispuesta a alcanzar a su sensei y gritarle y hacerle entender a punta de golpes si era posible que nada de lo que estaba diciendo era verdad, que ni Naruto y Sasuke-kun se habían ido por su culpa, que ni ella-que fue la dejada de lado en muchas ocasiones por él- se había ido por su culpa, que, si hubiese sido por ella, ella hubiese entrenado con él todo el tiempo que fuera posible, ella hubiese detenido el tiempo, en donde los cuatro estaban juntos, disfrutando de la compañía del otro, cuando todo era más fácil, más ligero, más alegre, menos doloroso.

Sakura dio un paso, alzando su mano hacia la espalda de Kakashi-sensei, siendo detenida por Kurenai—sensei, quien, negó suavemente con la cabeza, impidiéndole de esa manera continuar avanzando, una fuerte punzada atravesó su pecho extendiéndose hacia su garganta, humedeciendo sus ojos, ¿Por qué? ¿Por qué no le dejaban acercarse a él? Ella podía sacarlo de su error, ella podía decirle lo mucho que Naruto lo adora, lo mucho que Sasuke-kun admira-aunque nunca quiso admitir, ella simplemente lo sabía-, lo mucho que ella respeta ¿Por qué no la dejaban consolarlo? Kakashi-sensei la había consolado tantas veces que ella había perdido la cuenta de todas las sonrisas que le calmaban y le hacían sonreír a gusto, de todas las veces que su mano revolvía sus cabellos con cariño o los apretones en su hombro que le hacían volver a la realidad cuando empezaba a desesperarse, ¿Por qué ella no podía hacer lo mismo? ¿Era porque apenas era una niña? ¿Era porque creían que ella no entendía? Ella, estaba segura, que, de todos, era la que mejor entendía a Kakashi-sensei.

—Solo, estoy tan cansado...

Le escuchó murmurar con una nota de dolor en su voz, poco a poco ellos se fueron alejando, Kakashi en ningún momento volteó hacia ella, quizás habiendo olvidado que ella se encontraba ahí, las lágrimas contenidas corrieron libremente por sus mejillas al comprender que sus sospechosas sobre ese día eran correctas.

Kakashi-sensei no estaba simplemente cansado.

Kakashi-sensei quería que todo acabara...

Sakura también estaba cansada, su corazón se había roto el día que Sasuke-kun partió de la aldea y su voluntad se fue apagando poco a poco cuando Naruto decidió marcharse, su espíritu también empezó a apagarse cuando su sensei pasó de lado-una vez más- de ella y la llama se encendió cuando empezó a entrenar con su shishou para ser apagada una vez más sin ella entender por qué.

Simplemente un día se levantó cansada.

Y un día ya no quería continuar.

Y solo quiso dormir y vivir encerrada en su habitación, sin pensar en Sasuke-kun, sin recordar a Naruto, sin esperar que un día Kakashi-sensei reconociera el gran valor que tiene como Kunoichi o que solo se sentara a su lado y que juntos rieran y juntos recordaran las aventuras del equipo 7, que la consolara cuando ella sentía esa misma culpa que el cargaba con sus hombros, que simplemente estuviera a su lado, como solía estarlo antes de que él también se cansara.

Ella simplemente había parado de pensar, apagando sus emociones y un poquito de su vida, preocupando a sus padres día a día, haciendo enojar a su mamá y llorar a su papá con su rostro demacrado y su falta de apetito, logrando miradas furtivas en Shizune-san llenas de preocupación y recibiendo severas miradas y fuertes regaños de parte de su shishou al fallar en sus entrenamientos, al comenzar a faltar al hospital, notando como su rostro también mostraba la misma preocupación que sus padres, Shizune-san e incluso Ino-cerda le lanzaban día a día.

Ellos esperaban tanto de ella y ella no podía dar nada, ella también les había defraudado, les había decepcionado, ella jamás estaría al nivel de Naruto y Sasuke-kun y muchísimo menos de su sensei y por eso ellos la habían abandonado, dejándola sola junto con todos sus fracasos acumulándose, quedándose con los pedazos de lo que ella una vez pensó sería, sintiendo que a donde fuera que ella volteara a ver, todos exigirían un poco más de ella, todos se llenarían de expectativas que ella simplemente sabía no podría cumplir.

Ella entendía por qué Kakashi-sensei estaba cansado, ella de todos, era la única que podía entenderlo, la única que podía sentir el fracaso del equipo 7 sobre sus espaldas, así como él y sin embargo, con lágrimas gruesas rodando en sus mejillas tenía que ver como los adultos se lo llevaban a rastras, empequeñeciendo sus figuras con cada paso que daban, dejándola a ella con esa molesta sensación de perdida y de vacío, todo porque ella aún era una niña, incapaz de comprender la magnitud de esos pensamientos que se habían asentado en su cabeza.


Sakura observó con detenimiento a Tsunade-shishou, quien ignorando totalmente la mueca que formaba su rostro seguía dando las instrucciones a la misión que se le había asignado a ella, Ino-cerda, Tenten y su maestro Kakashi.

Ella se encontraba en medio de las chicas, a su lado izquierdo Ino-cerda escuchaba atenta, a su lado derecho Tenten escuchaba también un tanto extrañada-justo como ella-de que la hubieran asignado en un equipo solo de chicas. A un lado de Tenten, se encontraba Kakashi-sensei, ella no podía ver mucho mas de su figura desde la posición en la que estaba y Sakura no podía evitar preguntarse si su sensei estaría quejándose internamente de la misión rango C que le acababan de asignar, ciertamente, ella lo estaría, considerando que hace mucho tiempo el equipo siete no se le asignaba una misión de ese tipo.

La misión era fácil, consistía en entregar un pergamino a una aldea que quedaba a un día de distancia de Konoha, sería algo fácil que incluso, si iban a una cierta velocidad no tendrían que pasar la noche fuera de Konoha, por esa razón, no entendía porque Hatake Kakashi se tomaría la molestia en aceptar una misión tan plana y un tanto aburrida.

Su shishou terminó de dar las indicaciones, ordenándoles que salieran de la oficina con un movimiento de manos murmurando cosas ininteligibles que ella reconocía como "Me están haciendo perder el tiempo, fuera de aquí!", Tenten e Ino-cerda se tomaron de las manos y dieron pequeños brincos emocionados, desde que Sakura se había perdido en ella misma, se alejó de todo su alrededor, incluyendo a su rival/mejor amiga/enemiga-cerda: Ino, por lo que ella, se había refugiado con Tenten y uno que otro día con Hinata, ella con su sonrisa arrogante y brillo de emoción se quiso acercar, quizás para querer provocarla con respecto a la misión, pero ella la pasó de lado dirigiéndose hacia Kakashi-sensei, quien se había acercado al escritorio de su shishou y discutían de algo que ella a su distancia no podía escuchar.

—Sakura, ¿Vienes?

Escuchó decir a Ino, ella negó con su cabeza y movió sus ojos hacia sus dos mentores indicándole a las chicas que necesitaba hablar con ellos, Ino rodó los ojos y le sacó la lengua y Tenten se despidió con una sonrisa, dejándola sola con los dos adultos frente a ella.

Kakashi-sensei se movió del escritorio alejándose de su shishou dispuesto a salir de la oficina sin molestarse siquiera en su presencia, Sakura dio dos largos pasos, colocándose frente a él, bloqueando su camino, Kakashi-sensei se detuvo y al parecer, al fin deparó en su presencia, sus manos enterradas en los bolsillos de su pantalón, su figura semi encorvada hacia ella y su ojo perezoso lentamente deteniéndose en los de ella, Sakura observó cómo ese ojo se arrugaba de esa forma cuando el solía sonreírle, justo como cuando quería transmitirle calma cuando su corazón se encontraba desbocado en desesperación.

Y algo dentro de ella tiró, empezando desde su estómago y deteniéndose en su corazón, no era la primera vez que Sakura sentía eso, ese mismo ojo que le sonreía, le había visto meses atrás con sus iris apagados y su mirada cansada, ese mismo ojo se disculpaba con ella por haberlo encontrado en ese estado tan deplorable, su sharingan abierto siguiendo los movimientos de su ojo derecho, transmitiendo con el ligero movimiento de sus tres tomoes la pena y el dolor por el que ese momento él estaba atravesando, hipnotizándola con la extraña combinación en su mirada apagada, un gris puro casi plateado que muy pocas personas alcanzaban a ver a menos que estuviera tan cerca como ella había estado de él y el rojo color sangre de su ojo derecho, brillando como nunca antes ella había visto, mostrando en todo su esplendor esa arma letal que en ese momento lo único que transmitía era exactamente lo que ella había estado sintiendo.

Y la sonrisa que ella imaginaba bajo su máscara, debía ser la misma cuando ella tocó sus labios y deslizó-sin vergüenza alguna- sus pulgares dentro su boca, tratando de buscar una deformidad en sus dientes como los rumores decían y cuando él había soltado una carcajada rota ante su imprudencia, ella se había estremecido, el mismo estremecimiento que estaba sintiendo en ese momento, en el que Kakashi-sensei le sonreía despreocupado, como que si el no fuera el culpable de esa revolución de sentimientos por los que estaba atravesando, como que si no se hubiera confesado su pena una noche atrás a sus amigos, con ella como testigo.

Sakura se preguntó si Kakashi destapara su sharingan, la volvería a ver de la misma manera en que lo hizo en el pasado y ante el solo pensamiento sus piernas temblaron con anticipación y las palabras que quiso decir quedaron atoradas en su garganta, ¿Qué era todo eso? ¿Qué era ese extraño vértigo que pronto sentía al tenerlo tan cerca? Y ahora, su aroma´-el que ella había reconocido desde que se presentó como su sensei hacía ya casi dos años-fuerte, fresco y limpio, reconociendo el característico olor a jabón simple combinado a algo más que le recordaba al bosque, invadía con fuerza sus fosas nasales, provocando que el temblor en sus piernas aumentara, su corazón se acelerara y sus mejillas se encendieran con fuerza, sintiéndose delatada ante la inquisitiva mirada de su sensei, Sakura negó con su cabeza en movimientos bruscos y rápidos, tapando su cara con sus manos.

— ¡Sakura! —gritó su shishou en un tono de regaño, haciéndole respingar y enderezarse, esta vez el sonrojo en su rostro era de vergüenza—. ¿Se puede saber qué te pasa?

—Ah...yo...shishou...yo...ah...

Sakura mordió su lengua totalmente avergonzaba, ¿Qué rayos le estaba pasando? Kakashi—sensei soltó una suave y divertida carcajada atrayendo nuevamente su atención en él quien una vez más había vuelto a arrugar su ojo en una clara señal que bajo su mascara se encontraba sonriendo, su mano, fuerte y grande se posó un cabeza revolviendo sus cabellos con ternura, Sakura se paralizó ante el suave contacto, sintiendo como el calor volvía hacia ella, ¡Esto no podía estar pasando! ¡Esto no podía estarle pasando a ella!

—Mañana a las nueve, Sakura, no lo olvides.

Y sin más, Kakashi-sensei desapareció dejándola a ella con su corazón bombardeándole, con más preguntas y respuestas y con su shishou viéndola con la ceja levantada y una sonrisa divertida, Sakura retrocedió ante el escrute de su maestra, quien parecía comprender algo que ni ella misma podía ponerle nombre.

— ¿Algo que me quieras contar, eh, Sakura?


¡Esperen! ¡Esperen!

No es lo que creen hahahaha o tal vez si (Inserte risa malefica)

Y bueno, como pueden ver nuestra linda Sakura chan tiene un fuerte crush por nuestro hermoso Kakashi-sensei, pero honestamente, ¿Quien no? Si es un PAPUCHO hahahhaha y su enamoramiento no es porque sí, que ver a Kakashi-sensei sin mascara enamora a cualquiera hahahah ¿Quieren saber que fue lo que pasó entre ellos? Esten en sintonía que pronto lo sabran hahahha

Les seré honesta, yo pretendía hacer una historia comica con muchas risas y muchas situaciones que les matarían de la risa, pero, ME SALIO TREMENDO DRAMON hahahahha asi que así quedara, espero que de todo corazon les guste y un review siempre será mas que bienvenido.

Muchas gracias. Un pico y un abrazo.