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¡Hola! .o./ Luego de un muy largo hiatus un cap nuevo, han pasado muchas cosas desde que publiqué el cap anterior, en concreto, el Jerza divertido que acontece en la secuela de Fairy Tail, el Jerza de Hero City, el Jerza Day y el arte que nos regaló Mashima y... ¡que ya me aprobaron mi tesis y por fin tengo mi máster! QwQ)9 Sí se puede, no se rindan. En fin, lamento el retraso, gracias por su apoyo y paciencia y disfruten mucho este cap super largo en compensación por la espera.
Advierto, está con mucho fluff. xDDD
¡Y no puedo creerlo, ya casi llegamos a los 500 reviews!
¡Y la historia ya pasó las doscientas mil palabras!
¿¡Cómo es qué he podido escribir tanto!?
¿¡CÓMO ME HAN AGUANTADO TANTO!?
Dx
Sus comentarios siempre son bien recibidos, al fin y al cabo, sus reviews son los que mantienen vivo a este fic. NwN/ Mil gracias por su apoyo.
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Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. La historia extraña y dulcemente empalagosa es totalmente mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamientos»
Narración.
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Capítulo Vigésimo Octavo
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~La Adicción~
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Era una muy buena mañana.
Tan diferente a como fue su noche.
El postre de ese lunes, una deliciosa "Île Flottante" había sido fotografiado tantas veces que casi acaba derritiéndose, pero es que ella no podía evitar entusiasmarse sacándole las fotografías. Los delicados y pálidos suspiros de merengue lucían imponentes en medio de ese diminuto lado de crema irlandesa sobre la fina vajilla de porcelana, mientras la jaula de dorado caramelo con picante que lo protegía exaltaba la belleza de la orquídea hecha con pasta de azúcar sobre ella, y su hoja verde; hecha de la misma pasta, hacia que el brillo de la joya dorada también hecha de caramelo en el centro de la flor pareciese un tesoro.
Adorable, adictivo y delicioso.
Como todo lo que hacía él.
«Como es él...» la corrigió su propia mente y no pudo evitar sonrojarse por pensar de esa manera en el pastelero en jefe ya que de cierta manera era una falta de respeto a la gran persona que era Jellal Fernandes, él era mucho más que eso.
«Aunque de que es adorable, adictivo y delicioso, lo es...»
Se mordió la mejilla para evitar sonreír ante tal confirmación de sí misma.
―¿Va a dejar que se derrita por completo antes de probarlo? ―la voz al lado de ella casi la hace morderse más duro de lo que quería al tomarla por sorpresa, por un momento pensó que hablaba de ella pues por estar pensando en él, ella sí se estaba derritiendo por dentro―. ¿O es que hoy no va a probar el postre de la semana?
―¡Claro que lo voy a probar! ―anunció entusiasmada, pasando la punta de su lengua en el lugar en que sus dientes presionaron con fuerza de más para centrar a su mente―. ¡Sería un sacrilegio no hacerlo!
Los presentes en la cocina rieron ante eso.
Todos ellos ya sabían que la estimada fotógrafa veneraba los postres, especialmente los preparados en ese restaurante, o mejor dicho, especialmente los preparados por Jellal Fernandes. Macbeth y Freed ya no tenían ninguna duda que entre su jefe inmediato y la fotógrafa había una relación con sentimientos muy reales y profundos.
No tenían pruebas, pero tampoco tenían dudas.
―¡Aprobado! ―la joven de cabello café levantó la cuchara hacia el cielo con los ojos brillando de emoción, la suavidad de los suspiros de merengue, la dulzura de la crema irlandesa y la textura crocante con ligero picante del caramelo funcionaban a la perfección en su paladar.
La sonrisa orgullosa y cariñosa de Jellal al oír la aprobación por el postre habían elevado aún más su ánimo.
La verdad desde su aventura en el sótano se había sentido un poco ansiosa y temerosa, a pesar de que reconocía que había actuado valientemente al buscar la guitarra de Jellal en el sótano, aún no tenía el suficiente valor como para enfrentarse por completo a sus miedos, de hecho no había dormido desde esa aventura, lo había evitado a propósito porque sentía que si cerraba los ojos terminaría teniendo las pesadillas que le recordaban el sótano en donde sí pasó miedo real; y por ello, en lugar de dormir había terminado leyendo más de los guiones y relatos en los que era jueza; y la distrajeron lo necesario, pues antes de que se diese cuenta ya había amanecido y debía de alistarse para ir a cumplir su deber de fotógrafa encubierta.
Algo que de verdad le encantaba hacer.
Cada día disfrutaba más y más de la fotografía.
Aunque otra de las cosas que la ponían nerviosa era tratar de actuar normal al ver a Jellal, pues ella tenía que guardar en secreto el secuestro de la guitarra, especialmente cuando él volvió a preguntarle si no había pasado un mal rato cuando se fue la luz ese domingo, incluso había sentido su corazón latir con fuerza contra su pecho, pues esa pregunta le trajo a la mente las sensaciones turbias que la llenaron esa tarde, pero al final se enterró las uñas en las palmas de las manos y respondió con su mejor sonrisa de actuación que no había pasado nada de lo qué preocuparse.
Mas dentro de ella sintió que no había engañado del todo a Jellal.
Él había llegado a conocerla muy bien.
Como de seguro tampoco lo había engañado cuando él la había llamado por teléfono la tarde anterior para preguntarle si estaba bien debido al apagón, ella había tratado lo mejor que pudo decirle que estaba perfecta, pero al parecer no era tan buena actriz porque incluso al llegar en la mañana él la había observado con preocupación.
¿O la había mirado así por el incidente del sábado en que irrumpió en su casa llorando?
«Soy un desastre...» su mente se empezó a llenar de pensamientos grises.
―¿Quieres que preparemos galletas en la tutoría de hoy? Hey... ¿Estás bien? ―la voz de Jellal de nuevo la tomó por sorpresa, y más aún cuando él la sujetó de la mano y se la llevó a un rincón más privado de la cocina mientras sus dos asistentes trataban de replicar la presentación del postre que él había designado para la semana―. ¿Me estabas escuchando?
Erza se golpeó mentalmente.
Tenía que controlar su propia mente.
―Estoy bien, y claro que te estaba escuchando ―se alegró de contestar sin balbucear―, solo pensaba en la apuesta que se acerca. Queda una semana y perderemos varios días de tutoría por lo del concurso de libretos ―se decantó por decir una media verdad.
Que al fin y al cabo también era una media mentira.
―Es verdad ―inclinó el rostro un poco, pensativo―. Entonces la propuesta que te acabo de hacer de elaborar ensaladas hoy queda descartada, mejor será practicar el plato fuerte.
―Me parece un buen plan ―ella respondió y le pareció extraño ver que Jellal se mostró preocupado de nuevo―. Aunque sigo sin elegir cual haré, ¿crees que Mira acepte un atún de lata arreglado como plato principal? ―intentó bromear y sintió alivio al ver que Jellal rió por ello.
―Mon dieu! No, ni ella ni yo lo aceptaríamos. ¿Qué diría eso de tu tutor? Me niego por completo ―de manera juguetona Jellal le puso el dedo índice en la punta de la nariz―. Le advierto, hoy elegiremos y pondremos en práctica el plato fuerte, de lo contrario no comerá ni un postre más hasta que lo domine por completo.
―¿¡Qué!? ―La joven exclamó tan fuerte que los dos asistentes de Jellal que habían estado muy concentrados como para chismear sobre ellos volvieron a verlos, Erza se sonrojó y eso provocó risitas entre los dos asistentes.
―Un lunes en la mañana y ellos están fuerte y descaradamente coqueteando mientras el resto del mundo trabaja, que injusticia... ―Macbeth soltó un suspiro― ¡Pero juro que cuando tenga un novio lo voy a traer un día y mientras el jefe trabaja yo lo voy a tener empotrado en esa esquina mientras me le como la boca! ―Freed y Jellal rieron, Erza miró sonrojada hacia otro lado pues recordó que en cierta cocina ella había estado empotrada contra una pared mientras Jellal y ella hacían más que besarse.
Muchísimo más que eso.
―¿Y desde cuándo mi restaurante tiene cara de un jodido motel para que anden pensando en empotrar a alguien? ―la voz en la puerta hizo a Macbeth estremecerse y volver a centrarse en replicar el postre frente a él y Freed, quien rió por lo bajo―. Oye Jellal, si tus coqueteos con esa fotógrafa están causando estos malentendidos voy a tener que despedirlos a ambos.
Los dos mencionados se pusieron rojos.
Laxus les miró burlón.
O al menos hasta que Erza le lanzó una mirada de advertencia, recordándole que ella tenía ciertas cartas bajo la manga que podían causarle problemas.
―Será mejor que me vaya ya ―dijo la joven antes de que Laxus decidiese que divertirse a su costa valía lo suficiente como para arriesgarse a que ella cumpliese las amenazas de su mirada―. Gracias por su trabajo ―se encaminó para recoger su equipo de fotografía―. Como siempre no solo se ve delicioso, sino que sabe increíble.
―¿Quién, señorita Brown? ¿El jefe Jellal o el postre? ―preguntó malicioso Macbeth logrando que la joven tropezase por la vergüenza, su cara tan roja como la del peliazul.
De nuevo la cocina se llenó de risas.
―Macbeth, no más de esas bromas... ―dijo Jellal tratando de sonar severo pero como su cara estaba toda roja como la de la fotógrafa, en realidad no funcionó para que dejaran de reírse.
Al contrario, aumentaron las risas.
Erza por su parte solo soltó un suspiro y trató de ser lo más rápida posible para tomar sus cosas, no tenía como contestar esa pregunta sin terminar aún peor, después de todo ella había pasado una parte de la mañana comparando a Jellal con sus adorables y deliciosos postres.
Porque sí, definitivamente él era adorable, adictivo y delicioso como ellos.
―Te ayudo con eso ―antes de que ella pudiese tomar el trípode la cámara y una de las luces, Jellal ya las había tomado―. Y si a Laxus no le importa ―dijo mirando a los que continuaban riéndose―, cuando vuelva quiero ver el resto del equipo guardado en la oficina de Capricorn y a ustedes dos listos con la mise en place del día, ¿entendido? ―esta vez su tono de voz fue el correcto pues Freed y Macbeth dejaron de reírse y se pusieron manos a la obra.
―Que vengas conmigo después de sus bromas no ayudara a que paren con ellas ―dijo Erza una vez salieron por una de las puertas laterales de la cocina.
―Haga lo que haga no pararán, señorita Brown, así que qué más da ―subió los hombros con despreocupación y Erza sintió cierta felicidad de que Jellal no se molestase de esas bromas sobre ellos dos―. Además, tengo que darte algo importante.
―¿Algo importante? ―le miró curiosa y Jellal solo le sonrió con travesura, algo que la llenó de una emoción infantil.
―Por aquí ―con un gesto de la cabeza Jellal desvió un poco la ruta, en un par de minutos estaban en el cuarto de empleados frente al casillero del pastelero.
Jellal abrió el casillero y Erza observó divertida que al igual que la casa del hombre, el casillero estaba en perfecta pulcritud y solo con las cosas estrictamente necesarias, pero aún así Erza hizo un lindo descubrimiento al ver que Jellal tenía pegadas en la parte interna de la puerta metálica una vieja foto con sus padres y varias fotos pequeñas con sus hermanas haciendo caras divertidas, probablemente provenientes de una de las máquinas de fotografías que siempre habían en los centros comerciales, eso la hizo sonreír pues ese gesto significaba mucho viniendo de alguien que no le gustaba ser fotografiado.
Imaginarse el millón de suplicas de la pequeña Wendy y los posibles chantajes de la muy astuta Meredy para que entrase a la cabina con ellas hasta que por fin aceptó la divirtió mucho.
De verdad que él no le podía decir que no a sus pequeñas hermanas.
―Aquí tienes ―le dijo, sacándola de los divertidos escenarios en su mente, extendiéndole un objeto rectangular envuelto en un impecable pañuelo blanco con una pequeña serigrafía de una espada.
―¿Qué es esto? ―tomó el paquete curiosa.
―Tu almuerzo.
―¿Mi almuerzo?
―Así es ―le miró totalmente serio―, a partir de hoy, y mientras pueda hacértelo llegar, te haré el almuerzo.
―P-pero... ―Erza pestañeó totalmente desconcertada, la única razón que se le venía a la cabeza de que Jellal hiciese algo así tenía que ver con lo que sucedió el sábado, o en otras palabras, él lo hacía porque sentía lástima de ella y con eso buscaba hacerla sentir mejor.
Bajó la mirada al suelo.
No quería que Jellal sintiese lástima de ella.
―Jellal, no... ―susurró.
―Erza, escucha mis razones primero antes de negarte―Jellal interrumpió su negativa y su autocompasión al tomarla de la barbilla para que lo mirase, pero más que todo le sorprendió al llamarla por su nombre real en ese lugar; por eso, y por su mirada, entendió que para él eso que hacía era algo serio e importante.
―Te escucho... ―cedió.
―Entiende que mientras yo viva no permitiré que alguien que aprecio pase su vida almorzando cereal ―negó varias veces con la cabeza―. ¡Me niego completamente a no hacer algo para evitarlo!
Erza volvió a pestañear sin saber que decir.
―¿E-eh?
―Lo que dije, no puedo permitir que sigas almorzando cereal ―se cruzó de brazos―. Quería hacerlo desde el día que lo supe, pero has estado comiendo fuera debido a lo del concurso de la compañía a la que perteneces, pero por fin hoy, finalmente, puedo hacer algo al respecto.
Erza aguantó una carcajada.
―No puedes estar hablando en serio...
―Pues estoy hablando en serio.
―Jellal ―la joven con peluca dejó escapar una pequeña carcajada―, ¿de verdad odias tanto así al cereal?
―No diría que lo odio ―le contestó aún serio pero con una pequeña sonrisa divertida en los labios―, simplemente no somos compatibles.
Erza ya no pudo evitar soltarse a reír.
Y por ello se perdió la forma en que Jellal la observó.
Aliviado al verla reír con sinceridad.
Encantado por ella.
Enamorado.
―No puedo creer que llegues a estos extremos con tu enemistad con el cereal ―Erza se limpió una lagrima que se le escapó al reír tanto―, pero te lo agradezco mucho, de verdad... ―y, antes de que Jellal pudiese responder, ella se puso de puntillas y le besó la mejilla.
Por hacerla reír.
Por hacerle sentir tan bien.
Con todo el agradecimiento que sentía por él.
...Y con todo ese sentimiento aún sin nombre que llenaba en ese momento su corazón...
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Observó los videos una vez más.
Pero no tuvo éxito de nuevo.
No reconocía al hombre.
El viejo Yima le había mandado tres videos de las cámaras de seguridad de su local en donde aparecía el hombre que había llegado a preguntar por Erza y su madre, pero como sus cámaras de seguridad no eran muy buenas, los videos no tenían mucha calidad como para identificarlo; además, era obvio que el hombre había tomado precauciones para no ser captado por las cámaras del restaurante, pues su rostro solo había sido captado por completo una vez y por una fracción mínima de tiempo.
―Tal vez sea un profesional... ―dedujo Makarov―. ¿Un detective? ―se rascó la barba, no sería la primera vez que lidiasen con un detective, Yima le había contado que una vez, cuando Erza apenas tenía unos dos años, un detective había llegado a hablar con la madre de Erza, tras esa conversación ella le pidió a Yima unos días de vacaciones y desapareció con la bebé por dos semanas, cuando volvió al restaurante no contó nada del viaje, pero según su viejo amigo, la joven madre parecía haber llegado a un estado de aceptación con todo lo ocurrido en su vida.
Soltó un suspiro.
Estaba muy viejo para todos esos misterios y conflictos, pero si necesitaba romperse su cabeza con apenas cabello para proteger a alguien de su familia, lo haría.
Su familia era lo más importante para él.
―Viejo, ya es medio día ―le habló un joven desde la puerta de su oficina―, sé que estás senil pero igual ocupas almorzar y yo tengo tiempo limitado para comer.
Makarov sonrió.
A pesar de que Laxus y él vivieron muchos malos ratos cuando este era más joven, ahora las cosas eran muy diferentes.
Incluso su nieto se tomaba la molestia de venir a almorzar con él siempre que el trabajo de ambos se los permitía.
―Senil estarás tú ―Makarov hizo un puchero, escribió algo en su lap top y la cerró, bajando de su silla, haciendo crujir su espalda logrando que su nieto soltase un bufido de burla―, aunque viejo si estoy yo...
Laxus rió y le ofreció su brazo para caminar.
Makarov negó.
―Aún puedo andar por mí mismo, mocoso.
―No seas orgulloso, anciano.
―No es orgullo ―negó saliendo de la oficina.
―Claro que lo es.
―No lo es, Laxus ―negó con su mano―. Créeme, el día en que ocupe que me pongan y cambien pañales y me limpien la mierda del trasero estaré feliz de que me ofrezcas tu ayuda ―rió con la cara de asco que puso su nieto―. Más te vale que cuando llegue el momento no olvides tu buena fe de ahora y me encierres en un asilo.
―Si no lo he hecho ya, no creo que lo haga después ―negó Laxus―, pero eso de cambiar pañales no suena a algo que vaya a hacer en mí vida.
―¿No? ―le miró el anciano con la frente fruncida.
―No.
―¿Ni siquiera a mis futuros bisnietos?
―Eso es diferente ―contestó con algo de color en sus mejillas.
―¿Y por qué es diferente, mocoso? ¡Mierda es mierda!
―¡Ja! No vayas a comparar la mierda de un bebé con la de un anciano, no hay punto de comparación.
―¿Quién dice?
―Es obvio.
―Pero si las dos salen por el trasero y huelen mal, no veo diferencia.
―Pues la hay ―cortó Laxus con el gesto de desesperación que a su abuelo le encantaba provocar―, y no quiero hablar más de eso, ya te lo dije, no cuentes con que yo vaya a cambiar unos jodidos pañales ―sentenció con su voz más firme.
Makarov sonrió de medio lado.
―Ara~ ―escuchó Laxus a su espalda―, con que eres de los que se olvidan que son padres cuando se trata de pañales sucios.
―Mi-Mira...
―Laxus Yuriy Dreyar, nunca creí que fueses de ese tipo de persona ―se cruzó de brazos y fingió desolación―, tal vez no eres el hombre que imaginé que eras... tal vez este matrimonio no deba ser...
―¿E-Eh? ―Laxus miró a su abuelo―. ¡Mira lo que haces! ¡Haz algo al respecto!
―Es verdad, fue mi culpa ―Makarov se acercó a Mirajane y le dio la mano―. Lamento no haberte advertido de cuan egoísta mi mocoso nieto puede ser... y creo que este matrimonio no es lo mejor para ti, mi querida Mira...
Laxus puso los ojos en blanco.
Lo estaban agarrando de tonto.
―Cuando están juntos son insoportables, tienen una adicción nada agradable de joder a la gente a su alrededor―negó con la cabeza―. Ahora estoy seguro que los pondré a los dos en un asilo, claro, si es que no me mandan a un manicomio a mi primero ―Laxus les dio la espalda y se adentró en el comedor mientras los otros dos se reían a su espalda.
Sonrió sin que lo viesen.
Al menos su abuelo había dejado esa cara atribulada y afligida que tenía antes de que le hablase del almuerzo.
¿Qué estaría viendo en la lap top que lo tenía tan preocupado?
¿Acaso tenía que ver con la llamada que le hicieron sobre Erza?
Debía averiguarlo.
―Demonios, olvidé algo en el auto, vengo en un momento ―dijo cuando su futura esposa y su abuelo se sentaron a la mesa.
―No maldigas en la mesa, Pikachu ―bromeó Mira.
―Mencionar a tus ancestros no es maldecir, mi Demonio ―la joven rió y Laxus dejó el comedor.
Sin perder tiempo desanduvo los pasos del comedor a la oficina en donde había encontrado a su abuelo, observó los tres videos sin entender nada y buscó entre los mails de Makarov el origen de los videos, allí encontró el correo de parte de Yima donde tan solo tenía escrito que el hombre de abrigo junto a la mesa de la esquina era quien había llegado a preguntar por Erza y su madre y la respuesta de su abuelo diciéndole que no lo reconocía pero tenía la sospecha de que podía ser un detective como ya había ocurrido en el pasado.
Laxus frunció el ceño.
¿Quién andaba detrás del pasado de la pelirroja violenta?
¿Por qué estaban involucrados detectives?
¿Serían periodistas?
Él en realidad no conocía mucho del pasado de Erza antes de que llegase a vivir con su abuelo, pero al parecer ese pasado tenía mucha importancia en la actualidad.
¿Debía intervenir?
¿Debía averiguar?
No lo sabía aún.
Pero decidió tomar previsiones, así que se pasó los tres videos a su móvil. Los videos no eran de muy buena calidad, pero conocía a alguien que podía ayudarle con eso y si podía encontrar pistas sobre ese hombre misterioso, se las daría a su viejo.
Tal vez no limpiaría los pañales llenos de mierda de su abuelo en un futuro, pero sí haría todo lo posible por limpiar cualquier mierda que llegara a su vida.
...Porque ese viejo y esa pelirroja violenta eran su familia...
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Subió las escaleras y abrió la puerta con una sonrisa.
Aunque la vio en la mañana no era suficiente.
La sala vacía lo desconcertó un momento, pero luego sonrió al encontrarla.
―De verdad estabas cansada... ―Jellal se acercó al sofá grande, allí, totalmente despreocupada y con un libreto en las manos estaba profundamente dormida la persona que dominaba gran parte de sus pensamientos, no quería darle muchas vueltas al hecho de que ella usaba de nuevo la pulsera con el dije de estrella con luz que él le dio como regalo, pero no podía evitar sentirse feliz por ello al observarlo en su muñeca.
«¿Pensará en mi cuando lo ve?» Su mente siempre traicionaba sus intentos por no hacerse grandes ilusiones.
Ella era como una adicción para él.
Una dulce, exultante y jubilosa adicción.
Y él bien sabía que era peligroso eso que sentía, sabía muy bien lo malo de las adicciones, en Francia evitó con éxito ―aunque no sin sustos― el caer en varias, pero con ella no podía evitar el querer arriesgarse por completo, imaginar, esperar y soñar cosas en conjunto. Lanzarse en esa especie de caída libre que mezclaba miedo, excitación, aprensión, júbilo, dudas y certezas a partes iguales.
¿Cómo era posible albergar tantos sentimientos diferentes?
―Has necesitado mucha fuerza últimamente ―susurró al llegar junto al sofá y no dudó en ponerse en cuclillas frente a ella―, siempre estás batallando... ―Jellal acarició con la yema de sus dedos el surco que se formaba en medio de las cejas de la joven, como si incluso en sueños batallase―. No sabes cuánto me preocupa que te exijas tanto y que pienses que no es suficiente... ―aguantó un bostezo, como si ella le hubiese contagiado el sueño al contactar con su piel.
Pero es que él tampoco había dormido nada la noche anterior.
Preocupado por ella.
Mayormente por lo del sábado, cuando ella llegó llorando en desesperación y le contó parte de su historia, pero también porque no estaba del todo seguro de que el apagón en su casa el domingo no la afectase, pues su voz cuando la llamó apenas se enteró del evento era la de alguien que había estado llorando, incluso pensó en devolverse con Wendy a su casa, pero muy dentro sabía que si hacía eso sería como desacreditar el esfuerzo que hacía Erza por no sucumbir a sus miedos.
Por eso no se devolvió.
Y ahora se sentía algo culpable, además de aún más confundido.
Porque no sabía cómo interpretar su forma de buscar su compañía en sus malos momentos, por la manera en que se entregó a él en el baño, por como aceptó su invitación a dormir junto a él esa mañana, sus besos a escondidas de Wendy, su gratitud hacia él.
¿Debía sentirse feliz por serle útil o estaba siendo un desgraciado por sentirse feliz mientras ella pasaba por tan malos momentos?
¿Estaba aprovechándose inconscientemente de sus problemas del pasado para acercarse a ella?
¿Debía continuar permitiéndose esos sentimientos crecientes por ella o debía eliminarlos por el bien de ella y de su amistad?
Su mente se llenaba a diario de esas preguntas, dudas y culpas.
Aunque, había algo que tenía más que claro:
―Quiero seguir a tu lado... ―susurró, pensando en cómo luego de sonreírle falsamente en la mañana al preguntarle si estaba bien, ella después había sonreído sinceramente cuando él le entregó el almuerzo y le explicó los motivos para preparárselo, aunque claro, exageró con lo del cereal para hacerla reír, la verdad es que le parecía algo triste y solitario la imagen de ella comiendo sola el contenido de una caja―. Quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para que puedas sonreír, para que no te sientas sola... ―en ese momento Erza comenzó a removerse en su sueño, así que avergonzado, Jellal retiró sus dedos de su mejilla y le dio unas palmaditas en el hombro, no estaba bien estarla mirando tanto mientras dormía, y aunque por dentro deseaba tan solo cargarla en brazos, llevarla a la cama y dormir abrazado a ella para protegerla de cualquier mal sueño y permitirle descansar, decidió despertarla―: Hey, hora de despertar. Tenemos una apuesta que ganar...
Ella parpadeó varias veces, ocultó un bostezo con sus manos y luego centró su mirada color chocolate en él.
―¿Jellal? ―susurró adormilada y luego le sonrió con tal dulzura que Jellal sintió como sus pensamientos grises huyeron de la luz que ella proyectó en ese momento hacia él, y aunque el pastelero sabía que esas dudas volverían a visitarlo, decidió no pensar en ellas al devolverle la sonrisa a ella mientras quitaba con cariño infinito el cabello escarlata que se le había enredado a Erza en uno de sus aretes.
―¿Cómo amaneciste, dormilona escarlata? ―preguntó divertido, igual no le extrañaba que ella se hubiese dormido, en la mañana se veía cansada además de dispersa, incluso la probó al decirle primero que harían galletas y luego cambiándolo a ensaladas, Erza no había notado el cambio en su propuesta y eso solo significaba que su mente había estado concentrada en otra cosa.
Y esperaba que no fuesen malos recuerdos los que la tuvieron así.
―No puedo creer que me haya quedado dormida... ―admitió con un pequeño sonrojo―. Perdón por ser tan mala anfitriona...
Jellal negó.
―Ni hablar de eso, de hecho, lo único que pensé cuando te vi dormida fue que era una trampa.
―¿Una trampa? ―le miró extrañada.
―Sí, pensé que fingías estar dormida para que yo me acercase desprevenido y entonces tú me atacarías para subir tu marcador de besos ―soltó un suspiro de alivio―. ¡Que bueno que me preocupé por nada!
―¿Me crees capaz de algo así?
Erza no pudo evitar soltar una carcajada, y para deleite de Jellal, seguirle el juego.
Él había dicho eso para relajarla y divertirla.
El marcador de besos era algo que solían olvidar y recordar según les convenía, e incluso el marcador cambiaba sus números dependiendo de que le conviniese más a cada uno.
―Por supuesto.
―¿De verdad? ―fingió un puchero.
―¡Y de mucho más!
―Vaya... ―ella le sonrió de medio lado―. Ya no puedo aprovecharme de tu ingenuidad, ya me conoces muy bien.
―¿Lo crees?
―Lo sé. Aunque esta vez me sobreestimaste y desaprovechaste una gran oportunidad de aumentar tu marcador, si no recuerdo mal, el domingo elevé el mío por mucho.
―¿Acaso piensas que me aprovecharía de una dama dormida solo para aumentar un marcador? ―alzó una ceja.
―Ummm... ―Erza fingió pensarlo y después negó―. En realidad no, tú eres todo un caballero.
―¿Un caballero o un tonto? Porque algunos dirían que soy un tonto por desaprovechar ese tipo de oportunidad.
―Pues para mi eres un caballero ―Erza extendió su mano hacia él y acarició su mejilla tatuada―. Un amable, dulce y gentil caballero...
Jellal sintió como si sus sentimientos reprimidos se acumularan en su garganta.
Definitivamente ella era más que una adicción para él.
Y como era más que eso, debía proteger su relación.
Con una sonrisa se tragó de nuevo esos sentimientos.
―¿Lista para escoger el plato fuerte? ―cambió de tema, buscando el terreno siempre seguro de su relación tutor-estudiante.
Sintió que en ese momento eso era lo mejor.
―¡Sí! ―contestó emocionada pero luego le miró con seriedad―, pero antes de eso, dime... ¿Si te beso ahora contaría para ambos, cierto?
La pregunta de Erza lo descolocó.
Pero más que descolocarlo, lo hipnotizó, pues en menos de un pestañeó estaba acercándose a los labios de la hermosa mujer acostada en el sofá.
Sin poder evitarlo.
Porque ella era más que una adicción, pero al fin y al cabo, también era una adicción.
Cuando sus labios estuvieron a punto de contactar con los de ella, de pronto Erza se separó y se sentó de golpe en el sofá.
―¡We-Wendy... lo si-siento esto...! ―con la cara roja como su cabello, Erza miró de lado a lado buscando a la pequeña hermana de Jellal sin éxito―. Wen... ¿Wendy...? ―miró a Jellal angustiada y apenada.
Jellal se tapó con la mano para que no lo viese reírse de su congoja.
―Jellal... ―frunció el ceño―. ¡No te rías! ¡De verdad que pensé que Wendy nos miraba! ―el joven peliazul hizo lo mejor para dejar de reírse―. ¿Se fue directo a mi oficina a trabajar en las cartas? ¿Cre-crees que nos haya escuchado?
―No, ella no vino ―respiró hondo para controlar su risa―. Wen me llamó para pedirme permiso para quedarse hoy en la casa de Chelia, al parecer su amiga decidió que cantarían juntas en su cumpleaños y hoy elegirán la canción y la ensayarán, también me mandó a pedirte disculpas por faltar a su trabajo ―vio a Erza soltar un gran suspiro de alivio y se levantó para sentarse a su lado―. Así que no te preocupes, hoy tan solo estoy yo...
Y ahí lo atacó una de sus dudas frecuentes.
¿Era él suficiente para alguien como Erza Scarlet?
―Ya veo, sin duda su canción será lo mejor de la fiesta ―dijo segura del talento de Wendy y luego volteó a mirarlo con el ceño fruncido―, pero no digas que "tan solo" estás tú, suena a como si me tuviese que conformar con muy poco, y tú... ―sonrió al decirlo―, tú eres de las personas más maravillosas que jamás pensé merecer conocer... ―Jellal cerró sus manos en puños para contener las emociones que quisieron reventar―. Así que no te restes valor ―lo amenazó con un dedo acusador―. ¡No te atrevas a hacerlo, mucho menos en mí presencia!
Y así, de nuevo, ella usaba la luz de su existencia para aclarar sus pensamientos.
«Solo haces que me enamore más de ti...» pensó con completa sinceridad.
Y en ese momento sintió el valor para decirlo.
Y decidió decirlo antes de perder ese valor.
―Erza, tu solo hac-
―¡ERZA! ¡NO TIENES IDEA DE LO QUE PASÓ!
Un hombre mayor entró en la casa con cara de desesperación.
... Rompiendo el buen ambiente. Robando el valor adquirido...
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Sabía que no debía hacerlo.
Él ya había dejado esa adicción una vez.
Pero ahí estaba, fumando su cuarto cigarrillo mientras veía la ventana de su habitación de hotel.
―Lluvia... ―dijo luego de dejar salir de su boca una nube de humo con experticia, y aunque lo decía por la que empezó a caer fuera del edificio, en su mente se presentó la imagen de alguien que tenía un nombre igual a esa palabra.
Miró a su móvil e ignoró de nuevo la lucecita morada que se encendía avisándole que tenía mensajes sin leer.
No tenía ganas de leerlos.
No tenía ganas ni de pensar.
Porque cuando pensaba solo podía ver los ojos azul cielo de esa mujer empañarse, volverse casi como el cielo encapotado tras esas ventanas que no dejaba de mirar.
Y eso le molestaba.
Más específicamente, se molestaba consigo mismo por haber sido el causante.
Porque si su padre decidió ocultarle a su media hermana, eso era algo que debía resolver con él y no con ella, ella no debía pagar los deslices de su padre. Juvia era amable, gentil, siempre atenta y aunque tenía muchas extrañezas en su personalidad; ella, principalmente, era una persona con un gran corazón.
No debió desquitarse con Juvia.
Se quedó mirando el humo que salió de su boca hasta que tocó el cielo raso y ahogó un quejido cuando la ceniza del cigarrillo cayó ardiente contra su pecho desnudo dejando una marca rojiza cuando la retiró.
Bueno, al menos no había dañado otra camisa.
Sin darle más importancia apagó el cigarrillo del cual ya solo quedaba el filtro y buscó otro, mas el paquete estaba vacío y arrugado en la alfombra junto a la camisa y pantalón que se había quitado al llegar a su habitación.
Soltó un suspiro y dejó que el sonido de las gotas contra la ventana lidiaran con la ansiedad que sentía, se concentró tanto que comenzó a quedarse dormido, pero justo cuando estaba por dejarse llevar por el sueño, una memoria de un día lluvioso en un cementerio y el tarareo de una canción de cuna lo golpearon como un latigazo en el pecho.
Reprimió el recuerdo del que siempre huía.
―Maldición... ―se pasó las manos por la cara y se molestó más consigo mismo al oler la nicotina en sus manos―. Tengo que arreglar al menos lo que aún puedo arreglar... ―sin perder más tiempo Gray dejó la cama y con paso firme llegó a tocar la puerta de la habitación frente a la de él, solo pasaron un par de segundos para que esa puerta número trece del cuarto piso del hotel se comenzase a abrir―. Escucha, Juvia... ―habló mirando al suelo incapaz de enfrentar la mirada de ella―. Yo...
―Pervertido.
La palabra congeló a Gray en el lugar.
―He pensado muchas cosas de ti, pero jamás de que fueses un pervertido.
Gray levantó la vista solo para encontrarse frente a frente con unos ojos parecidos a los suyos.
«Idénticos a los tuyos»
Eso solía decirle su madre.
―¿¡Qué demonios haces aquí!? ―reclamó el chico al ver a su padre―. ¿¡A quién crees que llamas pervertido!?
―Sabrías que hago aquí si leyeses los mensajes que te he mandado, y llamo pervertido al hombre que viene a ver a una señorita de bien tan solo en sus bóxers... ―Silver cruzó los brazos y negó con la cabeza―. Nunca te creí de esa clase, Gray, sabía que tenías complejo de desnudista pero pensé que era más por algún sueño frustrado que una perversión...
Gray suprimió infinitivamente sus ganas de golpear al hombre que rebosaba burla en cada palabra.
Respiró hondo.
Enfrió su enojo.
Volvió a preguntar.
―¿Qué haces aquí? Esta es la habitación de Juvia.
―Lo sé, por eso estoy aquí y si de verdad quisieras saber que hago aquí, habrías leído mis mensajes.
―No me interesa lo que un viejo cretino me tenga que decir.
―Entonces hasta pronto ―respondió sin mostrar alguna afectación por lo dicho por su hijo y empezó a cerrarle la puerta en la cara.
―¡ESPERA! ―detuvo el cierre con su mano―. ¿¡Te pregunté qué haces aquí!? ¿Dónde está Juvia?
―Pero acabas de decir que no te interesa lo que tengo que decir así que no vale la pena responderte.
―¡RESPONDE DE UNA BUENA VEZ!
―Y tú decide que es lo que quieres de verdad, no puedes seguir viviendo de esa manera, esperando que los demás te entiendan sin ser claro, esperando que la gente te lea la mente o te tenga paciencia hasta descifrarte y molestándote cuando no lo logran, y peor aún, desquitándote con quien no lo merece ―la seriedad con la que le dijo eso lo hizo sentir como si lo hubiese golpeado.
Y es que la verdad muchas veces duele más que un ataque físico.
―¡MALDITA SEA! ―golpeó la puerta con la palma abierta―. ¿¡Quién te crees para darme sermones!? De entre toda la gente tú no tienes derech-
―¿Gray Sama? ―la dulce y débil voz lo detuvo, su mirada pasó de su padre a la mujer que se asomaba en la salita de la habitación―. P-por favor, no... ―la joven tuvo que detenerse para sujetarse de un sofá y toser―, por favor no se pelee con Silver Sama por mi culpa...
Gray la observó de arriba abajo.
En pijama, con una sábana en los hombros, mejillas y nariz roja y respiración acelerada.
―Juvia... ―sin darse cuenta como su padre lo miró sorprendido por el cambio en su mirada al verla, Gray aprovechó el descuido del hombre mayor para entrar al lugar―. ¿Enfermaste de nuevo? ¿Necesitas ir al hospital? ¿Cómo está tu garganta? ―Gray no supo por qué de pronto se sintió tan turbado al verla enferma―. ¿Necesitas medicina?
―Ju-Juvia... ―a la joven le costó responder pues tanta atención de la persona que pensaba estaba super molesta con ella la descolocó―. Juvia no necesita medicina, Silver Sama ya trajo, de hecho Juvia ha sido una molestia para su padre.
Gray miró a Silver y un pensamiento llenó su mente.
«"Una molestia para su padre"» se quedó con eso de todo lo dicho por la joven, pensando una y otra vez si ella lo había dicho porque Silver era padre de ella o porque era padre de él.
―Para nada has sido una molestia, Juvi ―dijo Silver sonriendo y colocando paternalmente una mano en su cabello, algo que hizo a Gray sentir de nuevo una gran molestia dentro de él―. Eres una de las pacientes más tranquilas que he atendido nunca, además no tienes a nadie más para ayudarte.
―¡Yo estoy con ella! ―reclamó el joven con furia helada en su mirada.
―¿Lo estás? ―Silver lo enfrentó sin problema, él era experto en esa ira congelante, pues su carácter de joven había sido aún peor que el de su hijo y por eso quería ayudarle a ser mejor que él, y mucho más, a evitar que cometiese los mismos errores que él―. Porque Juvia lleva enferma desde ayer, y desde ayer te avisé y hasta ahora te das cuenta ¿entonces, estás con ella o no? ―Gray miró hacia otro lado con total vergüenza―. Responde Gray, hace un rato querías respuestas, ¿por qué te quedas callado ahora?
El chico apretó los puños.
Silver sabía lo que el chico estaba sintiendo.
Estaba arrepentido, avergonzado, preocupado y molesto consigo mismo.
Y no sabía cómo manejar tantas emociones, mucho menos con él ahí presente.
Silver decidió ayudarlo.
―Yo tengo que ir a atender algo, Juvi―le dijo a la joven con cariño―, te dejo en manos de mi hijo, úsalo como tu sirviente personal hasta que te cures ―Gray le miró con sorpresa y Juvia con la cara más roja.
Porque su imaginación aumentaba con la fiebre.
―Si-Silver Sama...
―Nos vemos, recuerda tu medicina en una hora pero debes comer algo antes de tomarla ―alzó la mano en despedida, pero antes de irse recordó algo que era muy necesario aclarar―. Gray ―el chico le miró sin saber que esperar―, solo tengo dos hijos y ya conoces a tu único medio hermano, así que ya deja de ver novelas, tu madre te hizo adicto a ellas y por eso creas culebrones absurdos en tu mente e involucras a gente inocente ―soltó un bufido―. Ahora hazte cargo y cuida bien de Juvi, y por favor, ponte ropa, de verdad que no recuerdo haber tenido un hijo stripper.
Y dejó la habitación.
Dejando a su hijo con más vergüenza y culpa.
Pero eliminando de su pecho y mente un peso enorme.
―Gray Sama... ―Juvia le miró preocupada y el chico apenas pudo reaccionar a sujetarla cuando ella se desmayó al mirarlo de arriba abajo.
―¡JU-JUVIA! ―la llamó preocupado de que su fiebre hubiese subido por presenciar esa discusión, pero lo único que pudo escuchar fue a la joven balbuceando algo sobre ser una pervertida al estar soñando con un Gray Sama semi desnudo.
Su cara se puso más roja que la de la enferma.
Pero eso a la vez lo hizo reír.
Con una Juvia enferma en brazos, Gray decidió algo.
...Que compensaría el mal rato que le había hecho pasar a ella...
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] J & E [
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Sacó los moldes del horno y sonrió con satisfacción.
Los soufflés de queso estaban hermosamente inflados.
Eso siempre sería motivo de orgullo entre los cocineros, aún entre los profesionales.
―Huele a gloria... ―una mujer de cabello verde miró con gran anhelo los soufflés y aplaudió cuando le pusieron uno delicadamente decorado con hierbas frescas frente a ella.
―Ten cuidado, está recién salido del horno ―la advertencia del azulado cayó en balde roto pues la mujer ya había dado el primer bocado, para luego llevarse una mano hacia la boca pues se había quemado un poco la lengua.
―Ay, ay, ay... ―la mujer peliverde tomó el vaso con agua que su amiga que le miraba enojada y preocupada le pasó.
―¡No escuchaste que estaba caliente!
―Szi.. pegdo... ghuele tang bieng... ―respondió con pequeñas lágrimas en sus ojos.
―Obviamente que huele bien y sabe mejor aún, te lo aseguro, ya te dije que Jellal es un increíble cocinero ―la mujer de cabellera escarlata se cruzó de brazos y asintió sumamente segura y orgullosa del mencionado, por su parte, el mencionado dejó de mirar con preocupación a la amiga de Erza para sonreírle por el cumplido―. ¡Pero igual debes de tener cuidado! ¡Ahora no podrás saborearlo!
―¡Clagro que pogdré! ―apenas y podía pronunciar por la quemada, por lo que metió su lengua en el vaso de agua, ganándose una mirada divertida de los dos hombres presentes y una de regaño de Erza―. ¡Nog me subegstimesg!
Erza negó con la cabeza.
―Bien, como digas, solo ten cuidado ―concedió la pelirroja y miró con entusiasmo el soufflé frente a ella, y no quería jactarse de lo que veía, pero estaba completamente segura que el soufflé más esponjoso y crecido Jellal lo había apartado para ella.
Se sintió especial.
―Es ragro que me dejes gagnar tan fágcil... ―la mujer de lengua quemada la miró con sospecha, Erza se enfocó en su soufflé.
―No voy a discutir contigo, Bisca.
―¿Gilgdarts, no te paregse raro que Ergza no quiera discutir? ―miró al hombre junto a ella.
―Hmmm... ―Gildarts dejó de comer su soufflé, su segundo soufflé de hecho, para contestar―. Parece que Erza no pelea con mujeres embarazadas, ella se rige por el código de la caballería, no va a querer causarte un mal enojo en tu estado ¡Jeje! Pero gracias a ello obtuvimos la ayuda que necesitábamos.
Bisca soltó un suspiro.
Ese sería su destino por los próximos meses.
Ser sobreprotegida.
Y además, Gildarts tenía razón, Erza era así de amable, y si no fuese así no hubiese aceptado la petición que Gildarts de manera muy dramática y escandalosa había llegado a hacer a la casa de su compañera de trabajo y amiga, y de verdad que su jefe se había pasado con el escándalo exagerado que armó al entrar, lo peor para Bisca es que le pareció que habían interrumpido algo entre Erza y el apuesto cocinero frente a ella.
Su amiga iba a tener que darle pronto muchas explicaciones.
Pero bueno, por el momento se alegraba de que Erza, a pesar de estar en vacaciones, decidiese tomar el trabajo que ella tuvo que dejar por causa de su embarazo, y no porque su cliente decidiese despedirla por su estado; eso, además de ilegal, hubiese sido completamente inhumano; pero al contrario, su contratante le había dicho que funcionaba muy bien con su campaña, mas su embarazo había sido determinado de alto riesgo en sus primeros meses por su obstetra y entre ella y su amado Alzack habían tomado la decisión de que se tomase todo ese tiempo libre y se fuese a pasar su embarazo con sus padres en su tierra natal para que estuviese bien cuidada, y por ello es que necesitaban que alguien se hiciese cargo de ese contrato, eso sí, no podía ser cualquiera, y solo habían dos personas que podían reemplazarla:
Gram Booker y Erza Scarlet.
El primero estaba filmando una película y sus horarios no eran compatibles con los del contrato y aunque Bisca no quería molestar a su amiga ahora que por fin se tomaba vacaciones y al parecer las estaba disfrutando ―y con el apuesto cocinero, o eso imaginaba e iba a averiguar luego―, terminó acudiendo a ella, y como era de esperarse, Erza no dudó en ayudarle.
Erza Scarlet siempre estaba allí para dar una mano, siempre dando todo lo que podía por los demás sin importarle sus propios problemas y asuntos personales.
Y Bisca, aunque no los conocía, sospechaba que eran muchos.
―¿Erza, de verdad estás segura de que puedes tomar ese contrato? ―ya mejor de su lengua preguntó Bisca, no quería pensar en que había cargado a su amiga con algo demasiado pesado―. Sé que no te gusta colaborar con políticos pero esto es diferente, además el alcalde Mikazushi es un gran hombre y su hijo Simon es el encargado, y sé que él estaba muy enamorado de ti, así que no creo que haga nada que vaya a ponerte incómoda; claro, no hablo de que no habrá cortejo para ti, de eso seguro habrá mucho ―le miró traviesa pero al mismo tiempo trató de no perderse la expresión del tutor de Erza ante esa información, para su desgracia, su amiga solo puso los ojos en blanco y el cocinero sacaba otra tanda de soufflés del horno así que no pudo verle la cara.
―Estará bien ―la pelirroja le sonrió segura de sí misma e ignoró por completo el asunto de su aparente admirador―, ya me dijiste que es una campaña de información sobre los cambios que estamos pasando en Magnolia, aunque es irónico que yo vaya a salir en televisión hablando bien de los apagones.
―¿Irónico por qué? ―le miró extrañada Bisca.
Erza casi suelta su cuchara ante la pregunta, había hablado de más y por nada del mundo iba a hablar de su verdadero problema con los apagones.
―P-por por-porque... ―intentó buscar una salida pero no encontraba nada razonable para decirle.
―Porque con tantos apagones más de una vez hemos terminado con la comida de las tutorías cruda e inacabada ―escuchó a Jellal intervenir por ella―, una vez pasó mientras horneábamos galletas, no fue una buena noche.
―¡Claro! Nadie se mete con los dulces de Erza ―los presentes rieron y Erza miró con agradecimiento a Jellal por sacarla del problema―. Por suerte no pasó hoy, me hubiese quedado sin estas delicias, llevo días con este antojo ―Bisca se tocó el vientre y casi que suspiró en alivio, ignorante de que en realidad la casa de Erza tenía un abastecedor de energía eléctrica en caso de apagones―. No sería una buena madre si no cumplo los caprichos de mi bebé ¿cierto?
―Yo creo que en este momento son más tus caprichos que los del bebé ―apuntó Erza divertida.
―¡Por supuesto que no!
―¡Claro que sí!
―¡Claro que no! ¿Cierto Gildarts? ―el hombre tragó grueso, si algo le había enseñado la vida con su esposa Cornellia y su hija Kana es que un hombre no debía meterse en pleito de mujeres.
Necesitaba salir airoso de esa situación.
Puso su mente a trabajar a toda su capacidad.
―Yo... ―las dos mujeres le miraban demasiado intensamente―, iré a... cagar... ―soltó la mejor respuesta que su mente pudo proveerle y dejó la silla, la cocina quedó en un silencio incómodo por unos segundos, hasta que las mujeres decidieron borrar de su mente el comentario y dirigieron sus intensas miradas a Jellal.
Él retrocedió un paso inseguro.
Y entones decidió usar la sabiduría de su progenitora.
―Mi mère decía que una madre merece que se cumplan todos sus antojos, ya sean los propios o los del bebé, después de todo está sustentando una vida, y no puede haber nada más maravilloso y desgastante que eso ―sonrió recordando como su madre adoraba crear recetas para futuras madres, Sherry, la madre de Chelia, había sido la razón detrás de la creación de un postre a base de cerezas, y así habían varias más, el "Gâteau de Fée" y varias de sus variantes habían nacido también de antojos maternos―. Así que creo que no importa quién está detrás del antojo, madre y bebé están luchando muy duro por la vida, merecen que se les consienta.
Las dos mujeres sonrieron encantadas.
Gildarts escuchaba escondido.
Ese hombre le pareció todo un mago santo de las palabras.
Había mucho potencial ahí.
―Panza vaciada, hora de discutir unos negocios―dijo Gildarts al volver al desayunador después de dejar pasar varios minutos para ser consecuente con su mentira anterior, las dos mujeres le miraron de mala manera y lo hicieron sentir que ahora sí tenía ganas de ir al baño de verdad―. Ha-Hay que apurarnos, ¡Bisca y su bebé deben ir a descansar y ya van a ser las diez!
―¡Es verdad! Alzack debe de estar preocupado... ―con todo los detalles que le dieron a Erza del proyecto, lo que tuvieron que esperar para la cena, pues Jellal tuvo que salir a comprar los ingredientes y recipientes para el antojo de Bisca; y principalmente, la emoción de Erza y Bisca hablando sobre el embarazo de la joven como nombres de bebés y confidencias entre mujeres que nadie más que ellas escucharon, la noche se había ido muy rápido―. Resolvamos eso de una vez.
―Bien ―Gildarts se felicitó porque esta vez había dado con una buena solución―. ¿Tienes tu computadora y una impresora, Erza?
―En la oficina, aunque es la impresora que uso para posters y fotografías que firmo.
―Con esa está bien, vamos para allá. Y Jellal ―el joven dejó de lavar los moldes vacíos y ahogó un bostezo―, este es el mejor soufflé que he comido, y he comido en muchos lugares alrededor del mundo ―Erza miró orgullosa a su tutor y Bisca asintió en total acuerdo―, además hablas muy fluidamente, tienes voz seductora, eres amable, tienes carisma, buena altura, buen cabello, un buen físico y tu rostro es muy atrayente y con ese tatuaje misterioso... ―Gildarts asintió para sí mismo y Erza y Bisca comenzaron ver a su jefe de forma extraña―. En resumen, eres un hombre sumamente atractivo y encantador, por eso me preguntaba si estarías interesado en mi...
―Lo siento ―interrumpió Jellal de manera amable―, yo... me interesan las mujeres, pero me siento halagado y...
―¿¡Eh...!? ―Gildarts quedó en blanco ante esa respuesta.
―Oye, Gildarts ―comenzó Bisca mientras reía―. Cornellia se preocupaba de las mujeres de la compañía porque antes eras un gran mujeriego, pero al parecer las mujeres no son las que deberían preocuparle ahora.
―¿¡EH!? ―volvió a repetir el hombre.
―Ya sabes lo que dicen, Bisca ―dijo Erza maliciosa en un murmullo perfectamente audible para todos―: "Hombre mujeriego en realidad busca hombre para su agujero"
―¿¡Q-QUÉ!? ¡NO! ¡ESPEREN! ―Chilló Gildarts demasiado agudo como para que le sirviese para defender su causa―. ¡NO ES LO QUE PIENSAN! ―sin embargo las mujeres reían a más no poder y el joven cocinero miraba de ellas a él sin entender si la situación era una broma o no― ¡OIGAN! ¡Hablaba de estar interesado en mi nuevo proyecto! ¡Lo decía porque estamos pensando en crear programas de cocina y él podría interesarse en participar en alguno!
Oh.
Jellal entendió.
No le molestaban ese tipo de confesiones amorosas, de hecho no era la primera que recibía una de un hombre y las rechazaba de la misma manera en que había hecho con las de las mujeres, pero sí era muy incómodo recibir una confesión así del jefe de la persona de la cual estaba perdidamente enamorado.
En especial enfrente de ella.
―Eso imaginé ―continuó riendo Bisca―, pero esto valió oro, tengo que contárselo a mi Alzack...
―Y Mira de seguro que lamentará no haber estado aquí... ―le respondió Erza, dirigiéndose a la pila a lavar los trastes de la cena con un visiblemente cansado pero sonriente Jellal.
―¡HEY! ―reclamó Gildarts.
―Vamos, vamos... ―lo apresuró Bisca―. Vamos a imprimir esos papeles antes de que me orine aquí.
Erza y Jellal escucharon las risas de la peliverde hasta que la puerta de la oficina se cerró.
―Lamento que hayas quedado en medio de la broma ―le dijo Erza a Jellal.
―Por la forma en que tratas de no reírte no creo que lo lamentes de verdad ―Jellal respondió divertido, bostezando luego contra la manga de su camisa―, y no tienes que ayudarme, tienes papeles que revisar con ellos.
―Quiero ayudarte ―le dio un golpecito en el hombro―. Ya hiciste mucho hoy, es obvio que estás cansado e incluso saliste a comprar los ingredientes del antojo de Bisca.
―No fue nada, además, esa moto que me prestaste hizo que el viaje se sintiese un parpadeo ― habló entusiasmado pasándole un vaso lavado para que Erza lo secase.
―Cuando quieras usarla de nuevo, solo tienes que pedírmela.
―Creo que voy a tomarte la palabra un día.
―¿Sabes, podrías llevártela hoy ya que es muy tarde? Después de todo le dijimos a Macao que te ibas en taxi ¿Qué dices? ―le miró entusiasmada, Jellal terminó de enjuagar los últimos moldes antes de contestar, Erza temió por un momento que se hubiese ofendido por el ofrecimiento pero él se secó las manos y se sonrojó antes de hablar.
―De hecho... ―carraspeó y la miró decidido―, pensé... en que tal vez podía a quedarme a dormir hoy, si no es una molestia ―al ver que Erza no respondía continuó medio atropellado―. Traje ropa de cambio conmigo así que no tendría que ir a mi casa mañana en la mañana, siempre tengo una muda extra en el trabajo porque los accidentes en la cocina son comunes, y podríamos usar el tiempo en la mañana para decidir el plato fuerte ya que hoy no se pudo por...bueno... ―soltó un suspiro largo sabiendo que se estaba explicando de más.
Erza lo tomó de las manos.
―¡Es una idea maravillosa! ¡Y muy justa! ―exclamó con emoción―. ¡Yo me he quedado tantas veces en tu casa que es más que justo que tú te quedes aquí también!
―¿Entonces... puedo quedarme? ―preguntó aturdido al ver la felicidad en Erza.
―¡Claro que sí!
―Yo, bien... ―se contagió de la sonrisa de ella―, y no te preocupes, sé que tienes invitados, puedo despedirme de ellos y decirles que me voy.
―Lamento que tengas que mentir así ―Erza se mordió el labio―, pero...
―Lo sé ―Jellal le colocó una mano en la cabeza―, es como es, no pienses mucho en ello... ―Erza asintió.
―En compensación ―dijo más animada―, te dejaré usar la habitación de invitados VIP.
―¿Habitación de invitados...? ―preguntó con una ceja alzada y luego sintió vergüenza de sí mismo por estar pensando en que compartiría el calor de Erza al dormir―. S-sí... claro ―trató de sonar entusiasmado.
Pero falló.
Y Erza rió.
―Debiste ver tu cara ―lo señaló riéndose, Jellal le miró apenado―. Eres un gran tonto si pensaste por un momento que de verdad iba a dejarte dormir en otro lugar que no fuese en mi habitación, ya te hablé de justicia antes, y así como tu compartiste tu cama conmigo, yo quiero compartir la mía contigo, claro, a menos de que tu prefieras una habitación y una cama para ti solo. ¿Eso prefieres?
Jellal le iba responder de una manera muy clara.
Con un beso.
Pero la puerta de la oficina fue abierta.
―Erza, los papeles están listos, ¿vienes a leerlos? ―la llamó Gildarts.
―Yo... ―Erza soltó un suspiro, sabía que Jellal había estado a punto de besarla―. Voy enseguida ―Gildarts asintió mientras Erza se encaminaba al lugar con un frustrado peliazul que aprovechó para despedirse de los amigos de su actriz favorita.
―Fue un placer conocerlos, de verdad que fue una noche muy divertida.
―¡Oh, Jellal, podemos llevarte! ―dijo Bisca interesada, ya que en ese viaje podría sacarle información jugosa sobre alguna relación entre él y su amiga.
―Es muy amable, señora Connell, pero ya el taxi está esperando.
―Oww... ―Bisca hizo un puchero, su oportunidad se había extinguido―, entiendo. Por cierto, de nuevo mil gracias por cumplirme mi antojo, fue mucho mejor de lo que soñaba, de verdad muchas gracias, y por favor, llámame Bisca, los amigos de Erza son mis amigos ―al pronunciar el primer "amigos" miró a su amiga y esta se sonrojó muy levemente.
Listo con esa información se conformaba por ahora.
Si quería más, tendría que contactar con un demonio.
O sea, con Mirajane Strauss.
―Lo hice encantado, y muchas gracias, Bisca ―la peliverde asintió satisfecha, ahora que eran oficialmente amigos podía pedirle explicaciones sobre su relación con Erza la próxima vez que lo viese.
Y amenazarlo también.
Todo fuese por el bien de su amiga querida.
―Jellal, sobre la propuesta de un programa de cocina ―habló Gildarts cuando Jellal llegó darle la mano en despedida― de verdad lo digo en serio.
―Y yo de verdad lo agradezco, pero estar frente a las cámaras no es lo mío ―declinó cortésmente.
―Es una pena ―Gildarts colocó sus dedos pulgar e índice de ambas manos como si estuviese enmarcando una toma―, de verdad tienes todo el atractivo y encanto necesario para estar frente a una cámara.
―Gildarts, si sigues así tendré que darle la triste noticia a Cordellia ―bromeó Bisca.
―¡Dejen de sacar las cosas de contexto! ―reclamó haciendo reír a todos.
Jellal terminó de despedirse y finalmente Erza lo acompañó fuera de la oficina para llevarlo a su habitación.
―Les dejé unos soufflés para que lleven a casa, están en la encimera, en dos bolsas de papel ―dijo ante la puerta de la habitación de Erza.
―De seguro se emocionarán al saberlo, aunque dudo que lleguen hasta su casa, se los comerán en el auto.
―Eso creo yo también ―rieron―. Por cierto, ¿te importa si me doy una ducha? No me gusta irme a dormir con el olor de las cocinas.
―Adelante, estás como en tu casa ―Erza abrió la puerta, las luces automáticas de la habitación se encendieron―, en esa puerta encontrarás el baño, allí hay toallas limpias, y en esa puerta está mi vestidor, ahí hay batas de baño. ¡Oh! Y uno de los abrigos para dormir que me prestaste una vez está allí, en mi mesa de noche, lo dejó allí para llevártelo pero... ―se sonrojó―, siempre lo olvido...
Mentira.
Era que le gustaba usarlo cuando no podía dormir.
―Bueno, si lo usas hoy, entonces también podrías llevártelo mañana...
Jellal negó.
―Lo usaré hoy pero lo dejaré, tal vez, en otra ocasión pueda... necesitarlo―Erza asintió más rápido de lo que pensó que debió hacerlo, pero era muy tarde como para retractarse, además la sonrisa que Jellal le dio fue demasiado adorable como para arrepentirse.
Y pensar en él de nuevo quedándose en su casa era algo que le encantaba.
Le hacía sentir burbujas en el pecho.
Emoción.
Calidez.
¿Y qué más?
Estaba segura de que había algo más.
Pero escuchó la puerta de su oficina, y dejó de pensarlo.
―Entonces, que descanses... ―se despidió con una palmada en el hombro mientras escuchaba a Bisca llamarla a viva voz―. ¡Voy, estaba buscando mi móvil! ―mintió.
―Está aquí en la oficina ―respondió la peliverde.
―Será mejor que vayas con ellos...
―Sí ―asintió pero se acercó a tomarle la mano―, pero antes, quería agradecerte de nuevo por el almuerzo que me hiciste hoy, con todo lo de Gildarts y Bisca había olvidado decirte que estaba delicioso y sentí como... como si almorzara contigo ―soltó su mano, avergonzada por haber dicho eso último y; con la excusa de Bisca y Gildarts esperándola, salió a paso rápido del lugar.
Aunque la verdad hubiese preferido quedarse en su habitación.
Con él.
Y por eso toda esa hora que pasó en la oficina se hizo casi eterna, además que tuvo que releer varias veces el texto impreso, pues su mente en lugar de poner atención al contrato que leía se desviaba a su habitación.
A Jellal.
A lo que le dijo hacía un momento, hacia las razones de porque se había vuelto tan importante para ella como para enfrentarse a un oscuro sótano.
Vueltas y más vueltas mientras la respuesta consiente o inconscientemente se ocultaba de ella.
Sin duda para ella fue el contrato más difícil de firmar.
Mas cuando por fin las visitas se fueron, su mente dejó las preguntas irse pues al ver a Jellal bajo sus sábanas de fresas y conejos, la ternura la llenó, por eso entró de puntillas para no despertarlo. Agradecida de las luces que él había dejado encendidas para ella, se metió en el baño con rapidez para lavarse los dientes y ponerse su pijama pero se sorprendió al salir, pues él la miraba con una sonrisa adormilada mientras le hacía campo en la cama, palmeando el lugar junto a él.
Erza sintió como si ese justo momento se grabase en su mente y su corazón.
―Perdón... ―dijo en un susurro caminando hasta la cama―, no quise despertarte...
―No lo hiciste ―Jellal se incorporó en un codo y cuando ella se acostó en la cama la ayudó a cobijarse, con ese acercamiento Erza se dio cuenta que él olía a su champú y a su jabón y eso la hizo sonreír―, en realidad no podía dormir.
―¿No? ―preguntó mirando el cielorraso de su habitación, por alguna razón cruzó por su mente que el cielorraso de su habitación parecía vacío―. Pero si te he visto bostezar todo el rato en que lavamos los platos ¿Acaso eres del tipo de persona que no puede dormir en cama ajena? ―bromeó y un leve sonrojo se formó en las mejillas de Jellal―. Así que es eso, Jellal Fernandes está sufriendo de añoranza del hogar... ―Erza rió sonrojándolo más, pero se detuvo de pronto cuando sin aviso alguno Jellal se posicionó sobre ella, la cobija cubriéndolos a ambos, presionando levemente su nariz contra la suya.
Su mirada miel rebosante de una determinación que no comprendía.
Porque no sabía lo que él había decidido en esa hora a solas en su habitación.
―La razón de que no pudiese quedarme dormido es esta... ―sin una palabra más tomó sus labios, se adueñó de sus suspiros, y le arrebató su respiración.
Y Erza cedió por completo a ese dominio sobre ella.
Porque con él se sentía segura cediendo.
―Je...llal... ―apenas pudo pronunciar su nombre cuando él dejó sus labios.
―Porque te he visto casi todo el día y no te había podido besar ni una sola vez ―continuó él, acariciando sus labios con los suyos al hablar pues estaba a milímetros de ella―. No quería que este día terminase sin besarte... No quiero pensar en un día en que teniéndote a mí lado no pueda besarte...
Erza sintió como si su corazón explotase con esos sentimientos que no comprendía.
Su mente se nubló cuando él la volvió a besar.
Igual no necesitaba de su mente en ese momento.
...Solo quería seguir sintiendo eso que brotaba de su pecho como un manantial...
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] J & E [
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La oficina irradiaba en luz de la mañana.
Y por eso corrió las cortinas.
Para minimizar esa luz que tanto le molestaba a su señor.
―Recibió una llamada de su futuro inversor ―informó en cuanto su señor puso un pie en la oficina, nunca le había gustado perder tiempo en ceremonias―. Le dije que todo marchaba bien y que el plazo sigue siendo el mismo ―el hombre a quien respetaba y había aprendido a servir desde niño se sentó en el acolchado sillón de lectura y tomó uno de los tantos periódicos diarios a los que estaba suscrito―. No ha habido ninguna noticia sobre nuestra mudanza a este lugar como usted lo deseaba, las remodelaciones en el sótano están terminadas, nuestras acciones subieron un punto en la bolsa y las hortensias que pidió fueron trasplantadas con éxito.
―Dilo.
Una palabra exigiendo lo que él quería dejar para lo último.
Su señor no era alguien de paciencia.
―Señor, el alcalde de Magnolia...
―¿Por qué me hablas del alcalde de Magnolia? ¿Qué tengo que ver yo con un hombre apellidado Mikazushi? ―preguntó sin despegar los ojos de su periódico, pero sus dedos se tensaron en el papel―. ¿Por qué buscas molestarme, Joseph?
―Perdón señor, por supuesto que usted nada tiene que ver con un hombre de apellido tan inferior, pe-pero tiene que...
―Si tartamudeas al decirlo no es importante, retírate.
―Lo siento, no volverá a pasar, mi señor ―se disculpó y decidió compensar su error arriesgándose a darle la información―. Pero el asunto tiene que ver con la señorita Erza.
En ese momento su señor dejó de mirar el periódico.
―Habla.
―Sí ―sintió alivio al serle concedido el permiso―. Me informaron que ella firmó un acuerdo con la alcaldía para una campaña publicitaria, el alcalde de Magnol-
―Suficiente sobre ese hombre, no es de mi interés ―dobló el periódico por la mitad precisa―, pero la información sobre esa niña llorona no la esperaba, no era una jugada en mis cartas ―el hombre mayor miró hacia un libro en particular―. Retírate.
―Con su permiso.
La orden se cumplió de inmediato y la puerta de la oficina fue cerrada sin el más mínimo ruido.
―Se unirá a la política ―sin ni una señal de problemas propios de la gente de su edad, el hombre mayor se levantó de su sofá de lectura y fue a tomar el libro que había estado observado―. En vida ninguno de mis inútiles hijos se interesó por la política, dejaron mi mundo sin hacer uso del poder, gloria o dinero de nuestro apellido ―detalló el rostro de los jóvenes que aparecían en la foto que resguardaban las amarillentas páginas del libro que había abierto―. Dos hijos que solo sirvieron para avergonzarme, pero al parecer del menor traidor surgió una bastarda llorona que sí comparte las ambiciones que los miembros de este linaje han compartido generación tras generación, ha conseguido dinero, fama y ahora está acercándose al sendero del poder, todo por su cuenta ―la avaricia profundizó ciertas arrugas en su rostro―. Al parecer otra de mis acciones ha subido de valor, debería agradecerte, hijo estúpido, por tu error con esa cualquiera, hasta podría estar sintiendo pena de que murieses conduciendo ―dijo mirando al joven mayor, siempre fue un problema para él, tenía ambición pero era un idiota completo, poco más que una marioneta apenas funcional, su mayor adicción; el alcohol, le quitó la vida.
Luego miró a su hijo menor.
Su mayor vergüenza.
Al que nunca le perdonaría su traición.
Era inteligente, talentoso, carismático, capaz, pero sin un gramo de ambición y su corazón era demasiado frágil para el futuro que su padre le marcaba, ese hijo suyo dejó su mundo por su propia cuenta al enterarse de las cosas que su padre hizo para asegurarse de que no desperdiciase ni arruinase su vida
Para asegurarse de que no deshonrase el apellido de la noble casa inglesa que ahora solo él portaba:
Knightwalker.
Solo él mismo podía seguir honrando y disfrutando de los beneficios de su apellido.
Era un adicto al poder y control que había heredado de sus predecesores.
―Ahora jugaré mi juego con ella, la hija de la mujer que amaste y nada puedes hacer para evitarlo, hijo. Esa pequeña tonta ha dejado de ser por completo una carta descartable para ser una valiosa carta de la corte real, y antes de que su valor crezca más, debo recordarle su lugar en el mundo.
Cerró el libro y lo volvió a colocar en su lugar.
Sonrió.
...Pensando en un lugar oscuro, vacío y lleno de lágrimas...
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¿Reviews?
Gracias por la amabilidad de dejar review, animan a continuar.
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Aclaraciones:
Île Flottante: (Francés) Isla Flotante. Postre Francés. El original consiste en un suspiro de merengue flotando en una crema inglesa.
Mise En Place: (Francés). Puesto en el lugar. Frase comúnmente empleada en la gastronomía para definir el conjunto de tareas a organizar y los ingredientes necesarios para las preparaciones del día.
Knightwalker: Pues sí, he decidido que este será el apellido del mal hombre, eso sí, nada tiene que ver con Édolas.
Rincón De La Escritora En Proceso:
¿Van a creer que todo este capítulo ―a excepción de la última escena― se ubica en un solo día? D: Para ser más exactos, el lunes. xD Pensé en ponerle ese nombre ya que el anterior se llamaba "El Domingo" xDD
¿Qué creen que Jellal decidió en esa hora que esperó a Erza en su habitación? 7v7r
¿Quién busca a Erza donde su abuelo de las especias?
¿Qué hará el mal hombre ahora?
DDDDD:
Que cosas pasan... y todo mientras Erza y Jellal se ahogan en sentimientos. xD
Por cierto, ¿qué opinan del Jerza de FT100YQ? 7x7r Yo estoy encantada de su juego de desnudarse para desconcentrarse, cofcofamaduradeseduccióncofcof, de las frases: "Se amada por las siete estrellas" "No tengas miedo" "Entrégate a mí por completo" "Quiero verte más de cerca" "Erza y yo jugábamos el uno con el otro" "No te permitiré lastimar a Erza" "Quiero poner mis manos en tus hombres. Quiero tocar tu mejilla" "Perdón, no volveré a atarte de nuevo" "Bien, tomaré todo de ti, siempre estoy listo" y todos los sonrojos. xDDDDD ¡Los amo! Y todas esas frases son oro puro, en especial para una abeja adicta a la miel como yo... todo ese material me sirve para crear... FLUFF 7v7)r
Y de nuevo, disculpen la demora. U,U
¡Muchas gracias por leer! NwN/
Agradecimientos:
A vosotros adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:
Erza PS.
Bluewater14.
Azulmitla.
HuskySilver.
FairyMila.
AliciaMeloAngel29.
Willivb.
Hell Angel Black.
Ya Scarlet.
RelDispair.
CarVere24.
Rirukasabe.
A vosotros adorables reviewistas sin cuenta os contesto por acá:
Guest 1:Gracias por leer, espero que la espera haya valido la pena. NwN
Guest 2:Gracias por esperar la conti, espero te guste. :D
Guest 3:Pues te salvas que te gustan los caps largos porque yo tengo el problema de que todo se me alarga. xDDDD No puedo controlarme. También me encanta ver a Erza valiente y Jellal protector QwQ Son tan hermosos. Espero te guste el nuevo cap. Besos. NwN
Melany:Que bueno que a pesar de ser ya el cap 28 la historia te parezca aún más interesante QwQ El alivio que le das a mi corazón es inmenso... Ya veremos qué pasará cuando Jellal sepa de lo de la guitarra DDDDD: y en cuanto a lo de Gray y Juvia... Chan chan... ¿Qué te pareció lo que pasó con ellos? D: Y no, de ninguna manera tu comentario es pobre. DDDD: Al contrario, muchas gracias por él. Besos. NwN/
Guest 4:Me encanta demostrar el valor de Erza a pesar de su miedo, me alegra que les haya gustado leerlo. QwQ Gracias por tu comentario. Saludos. :D
Guest 5:Si Erza ofrece un baño, Jellal no es quien para rechazarlo. 7v7)r xDDDD Que bien que el cap se te hizo corto, yo siempre me preocupo que con tanta verborrea se terminen aburriendo mientras leen el cap. Dx Que alivio me das. ¿Ya quieren una confesión de Jellal? :x Bueno... quizá, no sé, al rato... ¡Jojojo! Mil gracias por tu comentario, saludos. NwN/
Guest 6: Que bueno que se te haga corto y no aburrido. QwQ Mil gracias por leer espero te guste el nuevo cap. Gracias por comentar. NwN/
Naoki:¡Que bueno que te encantó! Gracias por leer y por tu comentario. NwN
Guest 7:Y después de un gran rato acá está de vuelta, perdón por la demora, espero haya valido la pena. :D
Yailin:Espero aún no hayas muerto con todo lo que me tardé. DDDDDDDx ¡Lo sieeeeeento! De verdad que barbaridad, y espero que haya valido la pena todo lo el tiempo que esperaste. Gracias por leerme, y que bonito que también hayas disfrutado de "Mi Maid".
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Favs. Follows. Lectores Tímidos.
Gracias mil por leer.
¡Adieu!
.o./
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