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¡600 Reviews!
¡30 Capítulos!
QwQ
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Uno de mis mayores miedos de continuar este fic era que como estuvo tanto tiempo en hiatus ya nadie lo quisiese seguir leyendo y mucho menos seguir dejando reviews/comentarios, porque de verdad duele en el corazoncito de los fickers el solo recibir silencio, pero puedo decir que mis miedos eran vanos porque el cap pasado recibió mucho amor y se los agradezco demasiado. QwQ Por eso decidí adelantar el cap 30, como agradecimiento de su apoyo, porque así pasa, entre más emoción vea por la historia, más ganas me dan de seguirla escribiendo, también en agradecimiento hice el cap más largo y extendí bastante la escena de PKdo que había escrito originalmente... 7v7)r espero la disfruten.
¡De verdad se los agradezco mucho! NwN/
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Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. La historia extraña y dulcemente empalagosa es totalmente mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
«Pensamientos»
Narración.
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Capítulo Trigésimo
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~La Voluntad~
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Que difícil era controlar su corazón.
Realmente difícil.
Y es que el descubrimiento y aceptación de sus verdaderos sentimientos por Jellal la mantenían en cambios de estados entre la calma y los nervios repentinos, tenerlo cerca la hacía sentir tranquila por un segundo y al siguiente sentía los vellos de sus brazos erizarse si él se acercaba, escuchar su voz la serenaba, pero también la ponía alerta, un gesto cariñoso la sosegaba, pero al mismo tiempo hacia que su corazón latiese a mil por hora, su miraba sobre ella la hacía sentir feliz y a la vez demasiado consiente de sí misma y de lo que él podría estar pensando sobre ella.
¿Por qué estaba tan confusa?
Lo quería cerca de ella y a la vez no quería que se le acercara porque sentía que perdía el control sobre sí misma.
¿¡Por qué enamorarse tenía que traerle emociones tan contradictorias!?
―¿Terminaste con esas? ―el hombre que jugaba ―sin saberlo― con su estado de ánimo se acercó a ella y Erza se concentró en el cortador de galletas en su mano―. Oh, pensé que escogerías el molde de conejo ―le dijo con una sonrisa tan linda que Erza usó demasiada fuerza en el cortador de galletas, al punto que hizo rechinar un poco el mármol del desayunador―. ¿Es porque estas son para tu abuelo Makarov?
―Yo... sí... ―fue lo único que pudo responder, en realidad tomó el de la estrella porque estaba pensando en él, pero eso no iba a decírselo.
―Ya veo, estás haciendo un buen trabajo ―le puso una mano en el hombro y ella se tensó por completo a pesar de que estaba usando un camisón de manga larga―, cuando termines las colocaremos en la bandeja junto con las de chocolate para que se horneen juntas, les tomará una media hora estar listas.
―S-sí... ―respondió en automático y cuando él quitó su mano de su hombro se fue la tensión en su cuerpo, pero la embargó la desilusión de que él no continuase en contacto con ella.
Sí, lo que estaba sintiendo era bastante incongruente.
―Espero que a tu abuelo le gusten las galletas porque estamos haciendo muchas ―lo escuchó decir desde la pila.
―S-sí... ―otra respuesta de monosílabo que la hizo sentir tonta, y además sabía que su comportamiento estaba haciendo sentir incomodo a Jellal y él no tenía la culpa de lo que le pasaba.
Aunque si lo pensaba bien en realidad él era el culpable de todo lo que estaba sintiendo.
Jellal era totalmente culpable de ser una buena persona, cariñoso, inteligente, talentoso, generoso, amable, divertido, adorable y además increíblemente dulce y apuesto.
Definitivamente era su culpa.
―¡Es su culpa! ―murmuró por lo bajo.
―¿Qué dijiste? ―él quien lavaba uno de los tazones donde había estado una de las mezclas de galleta cerró el tubo y la miró extrañado.
―¡NA-NADA! ―exclamó nada natural y volvió a concentrarse en cortar galletas en forma de estrellas, al fin y al cabo tenía que apurarse porque toda esa idea de hacer galletas para llevarle de regalo al abuelo Makarov había sido suya porque, aunque la visita a su abuelo era algo que tenía planeado desde hacía días, según ella, al hacer galletas no iba a pasar toda la mañana pendiente de cada palabra, gesto, facción y respiración de Jellal Fernandes antes de que él se fuese para el trabajo.
Pero no había resultado como pensó.
Jellal Fernandes haciendo galletas era demasiado tentador para ver.
―¡Es mi culpa! ―murmuró esta vez.
―¿Qué es tu culpa?
―¡JE-JELLAL! ―chilló al escuchar su voz cerca de ella, no se había dado cuenta que él se había estado acercando por estar pensando precisamente en él.
―¿Erza estás bien? ―la mirada preocupada de él la hizo sentir mal, se forzó a controlarse antes de responder.
―Sí... solo, son algunos asuntos que me tienen distraída...
―¿Segura?
―S-sí... pero, no te preocupes...
―¿No puedo ayudarte con eso? ―preocupado le ofreció su ayuda y ella sonrió sinceramente.
―Ya me ayudas haciendo galletas conmigo...
―Eso es lo menos que puedo hacer después de lo mucho que me ayudaste anoche ―se sonrojó recordando su largo y tranquilo baño, entre ellos no hubo más que caricias tiernas y besos ligeros pero se sintió increíblemente relajante e íntimo―. ¿Segura que no puedo ayudarte más?
―No... es decir, yo lo puedo resolver, pero... pero si llego a necesitarlo, te pediré tu ayuda...
―Bien, entonces seguiré lavando y te dejaré con tus pensamientos ―Jellal le sonrió y se dio vuelta para no molestarla, pero un pequeño jalón en su delantal lo detuvo.
―Quédate... ―le dijo con un pequeño sonrojo y luego balbuceó, de nuevo pasaba que no quería que estuviese cerca, pero más que eso, no quería que él estuviese lejos de ella―. Es... las ga-galletas, terminé, ¿me a-ayudas a pasarlas a la bandeja? ―él sujetó la mano con que ella lo había detenido y asintió.
―Claro ―sin soltar la mano de ella tomó una pequeña espátula y comenzó a transferirlas a la bandeja ya lista, divertido ignoró el ceño fruncido de la peli-escarlata.
―Jellal...
―¿Dime?
―Te pedí que me ayudaras no que lo hicieras solo...
―Es verdad ¿por qué no estás pasando galletas?
―Mi mano... ―miró las manos unidas.
―¿Qué con tu mano?
―¿Cómo voy a pasar galletas si no me dejas usarla?
―Erza ―Jellal la miró como si estuviese a punto de decirle la cosa más obvia del mundo―, ¿qué acaso solo tienes una mano? ―alzó una ceja.
Erza rió.
Y se puso a usar su otra mano.
Cuando terminaron metieron las bandejas al horno y programaron el reloj digital en veinticinco minutos, en ese momento Erza volvió a sentirse muy consciente de la presencia de Jellal junto a ella y tomó un trapo y se dirigió a limpiar el desayunador, su mente se estaba llenando de ideas de Jellal y ella sin ropa y muy juntos, aunque la noche anterior habían estado desnudos, húmedos y juntos en la bañera, no habían hecho nada lujurioso, tanto porque Jellal parecía pensativo y estaba cansado, como porque ella se sentía muy abrumada con sus recién descubiertos sentimientos, pero ahora solo podía pensar en que quería hacer algo de ese tipo.
Algo, lujurioso... muy lujurioso...
Sin embargo no sabía cómo decírselo, ni como dárselo a entender porque sus sentimientos por él la ponían nerviosa y estaba demasiado auto consciente de que su camisón pijama verde tierno bordado con fresas era muy suelto y difícil de quitar como para poder tentar a Jellal.
«Debí ponerme algo más... tentador» se regañó a sí misma y se dirigió a limpiar la isla central, que era un poco más baja que el desayunador así que para llegar al otro lado solo tenía que estirarse un poco en lugar de rodearla, así que se estiró sobre la isla para limpiarla bien, sin darse cuenta como su camisón se subía tentadoramente exponiendo su trasero.
«Y si me voy a cambiar ahora me veré muy desesperada...»
Hizo un puchero con sus labios.
No podría tentar a Jellal.
Soltó un largo suspiro.
Y debido a eso, cuando sintió la dureza del cuerpo de Jellal contra su espalda al siguiente momento, se quedó sin respiración por varios segundos.
―Que tentadora... ―Erza tragó grueso, los brazos de Jellal rodeaban su cintura y su aliento le hacía cosquillas en su cuello en donde él había retirado su cabello trenzado y comenzado a depositar besos húmedos, se estremeció por completo y ladeó su rostro para mirarlo, sus ojos avellana oscurecidos por el deseo en ellos la hizo buscar apegarse más a él, y Jellal respondió bajando una de sus manos a su pierna, subiendo poco a poco la falda de su camisón.
―Jell...
―¿Continuo? ―fue una pregunta caballerosa, pero Erza sentía que eso la hacía perder el tiempo así que solo asintió, y entonces la mano de él subió por su muslo y sus labios descendieron hacia los de ella.
El sonido de placer que dejó escapar le hizo ver lo mucho que deseaba que él la tocara.
Y él lo hizo.
Metió la mano en medio de sus muslos, bajo su ropa interior, acariciando su intimidad con la yema de sus dedos, y cuando ella abrió su boca para gemir él aprovechó para introducir su lengua y jugar con la de ella, y mientras sus ágiles dedos deleitaban el centro de sus muslos, su otra mano desató el delantal de ella para poder subir más el camisón, subió por su cintura, y la varonil mano buscó sus pechos, los apretó con libertad gracias a que no llevaba sostén y él gruñó al sentir su pezón endurecerse contra el calor de su mano, antes de que Erza pudiese siquiera pedir por sentir más, los dedos de Jellal se colaron en medio de su centro y se introdujeron en la humedad que él había estado ayudando a crear con la forma increíble en que la besaba y la tocaba.
Y vaya que quería que la siguiese tocando.
Por eso llevó uno de sus brazos hacia atrás, colando sus dedos en las sedosas hebras azules de él para jalarlo hacia sí misma y acercar más su lengua a la de ella, y su otra mano la bajó allí donde los dedos de él trabajaban tan de maravilla que apenas la dejaban respirar, y cuando estuvieron allí, presionó la mano de Jellal para que sus dedos se adentraran más, y así sentir más y más el placer acumularse en su vientre, para cuando sus dedos comenzaron a humedecerse también, Jellal apretó con fuerza su pecho y ella soltó un grito de disfrute mientras él volvía a sujetarla de la cintura porque casi perdió todo la fuerza para seguir de pie, lo que la hizo sentir un poco apenada.
Solo un poco.
Había sido tan placentero.
Y para su suerte aún no había terminado.
―Inclínate... ―la voz ronca de Jellal la hizo volver a estremecerse y solo obedeció, colocó sus brazos temblorosos por su clímax reciente contra la dura superficie de mármol y se mordió el labio al sentir el camisón subir hasta su espalda, seguido por húmedos besos de Jellal siguiendo la línea de su columna, mientras sus fuertes manos masajeaban su trasero y separaban un poco sus piernas, por voluntad propia Erza se inclinó más, colocó sus antebrazos y elevó su trasero, los dedos de Jellal rozaron la zona húmeda en la que ella quería que él se enfocase y así lo hizo él, primero con caricias de sus dedos, luego con la dureza y grosor que poco a poco se abría paso en ella, se mordió un labio, colocó su frente sobre el frío mármol y sus caderas involuntariamente se movieron hacia atrás buscando más de eso que se introducía tan desquiciantemente placentero en ella, sintió a Jellal inclinarse un poco y finalmente gimió por la longitud completa dentro de ella.
Movió su cadera al no sentirlo moverse porque ella necesitaba que él se moviese.
― Espera... ―le susurró con voz aterciopelado al oído, besó su oreja, su cuello y volvió a hablar―, coloca tu cabeza... so-sobre tus brazos... o te vas a golpear... ―por la forma en que respiraba era obvio para ella que apenas se podía contener y eso la enterneció porque a pesar de eso él se preocupaba por su bienestar, y como ella también se preocupaba por el bienestar de él, se apresuró a hacer como él decía y él lamió su lóbulo y se movió un poco.
Solo un poco.
―Hmm... Jellal...
―Eso es, di mi nombre... ―le susurró al oído con risa contenida, una pequeña venganza por lo que ella le hizo al masajearlo la noche anterior, la escuchó reír y entonces rió con ella, risas que acumularon sensaciones allí donde sus cuerpos se unían debido al movimiento, Jellal respiró hondo y le besó la mejilla con dulzura.
Y entonces, la embistió...
De forma inesperada, profunda, deliciosa...
―Amh...
―Hmmm...
―Amh...
Por varios minutos eran los únicos sonidos que podían proferir.
Las sensaciones que llenaban a ambos no daban para más palabras.
Las embestidas, los sonidos de placer, su camisón sudado que contra el frío raspaba exquisitamente sus pezones endurecidos, la humedad que lo recibía, las manos del azulado sujetando posesivamente su cadera, su estreches creciente y la forma en que sus corazones latían desbocados.
―Amhm...
―Jell...ahm... AMH... ―su orgasmo reventó con fuerza y sintió como el de él descendía húmedo por sus piernas.
Su mente perdida en la bruma del placer.
Ni siquiera se dio cuenta cuando Jellal salió de ella y la sentó en la isla, semi consciente apenas fue capaz de devolver los besos que él le daba, rodear con sus brazos débiles de placer sus fuertes hombros que subían y bajaban en respiraciones profundas y rodear con sus piernas temblorosas su cintura.
Todo era demasiado perfecto.
Sus besos, sus brazos, el olor a galletas horneándose.
Demasiado perfecto.
...Pero esa misma mañana, una cruel llamada dañaría esa perfección...
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] J E [
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Observó el termómetro atentamente.
Sonrió cuando seguido al tres apareció un siete.
La fiebre se había ido.
―¿La temperatura de Juvia mejoró? ―la joven paciente esperó ansiosa la respuesta, por más que le gustase que el chico pelinegro se preocupase por ella no quería seguir siendo una carga para él, ya llevaba días de ser cuidada debido a su resfrío y no era justo para él, ni tampoco para el padre de este.
Silver Fullbuster.
Aún le costaba creer lo amable que había sido él con ella.
Y sin duda Gray había sacado de su padre esa amabilidad, eso pensaba Juvia, aunque estaba segura que si se lo decía al chico que de nuevo colocaba el termómetro en su frente para asegurarse por tercera vez que fuese la temperatura correcta, se molestaría.
Y mucho.
Si algo había aprendido en los últimos días era en como de fracturada estaba la relación entre padre e hijo, algo que se le hacía increíblemente triste pues era más que obvio que el señor Silver amaba a su hijo con todo su corazón, y que su heroico Gray Sama también amaba a su padre, pero algo entre ellos los mantenía en una relación rota, distante y fría.
Sumamente fría.
Juvia solo tenía una vaga idea.
―Sin duda ya estás recuperada ―Gray asintió para sí mismo― aunque aún debes seguir con lo que te mandó el médico ―le dijo y ella asintió―, y ahora puedes tomarte el té, iré a buscar tu jarabe ―señaló la taza humeante y la tomó obediente mientras el chico salía de la habitación, Juvia se sonrojó pensando que parecían una pareja de enamorados y se alegró de que él no estuviese en ese momento en la habitación porque entre el color de sus mejillas debido a ese pensamiento y el calor del té que tomaba, su Gray Sama se habría vuelto a preocupar por ella.
Sin duda era un gran hombre.
―Pero es desordenado... ―sonrió divertida al observar los paquetes de medicamentos y bolsas en el suelo que él olvidaba botar en el cesto correspondiente―, aunque no es responsabilidad de Gray Sama limpiar la habitación de Juvia ―se dijo a sí misma, después de todo él ya hacía mucho cuidándola―, aunque estemos viviendo prácticamente juntos... ―sintió su cara agarrar más calor porque era algo bastante certero, desde el día en que su padre le ordenó cuidarla, Gray se la pasó en la habitación de hotel de ella, de hecho había traído sus cosas con él, después de todo pagar dos habitaciones y usar una era un desperdicio de dinero, así que mientras ella se recuperaba, él había estado durmiendo en el sofá de la pequeña sala de la habitación de hotel―, aunque Juvia hubiese compartido su cama con Gray Sama... ―dijo anhelante soñando con estar dormida entre los fuertes brazos del pelinegro―. Gray Sama...
―¿Ocupas algo? ―la voz repentina del hombre con el que soñaba la tomó de sorpresa y sintió su cara arder―. ¿Estás bien? ―se acercó preocupado y le puso la mano en la frente―. Estás ardiendo y muy roja... creo que será mejor llamar a una ambulancia ―estuvo a punto de levantarse pero la mujer lo sujetó de la camisa, para sorpresa de Gray, ella tenía la suficiente fuerza como para retenerlo.
―¡Ju-Juvia está bien! ¡E-el té seguro subió la temperatura!
―Hmm... Dudo que un simple té haga eso...
―¡E-es verdad, Gray Sama! ¡Juvia se lo asegura! ¡Ya ni siquiera tengo tos! ―se incorporó un poco de la cama y continuó con extra entusiasmo―. ¡De hecho a Juvia le gustaría salir a comer!
―¿Salir? ―Gray negó―. No creo que sea bueno aún, aún si de verdad no estás caliente por la fiebre, es muy pronto.
―Pe-pero Gray Sama... ―la chica hizo un puchero―. Juvia está cansada de estar en cama...
―Hmmm... ―el chico la miró pensativo, la verdad es que un poco de aire fresco y ejercicio no le harían mal.
―¡Por favor! ―le miró con suplica.
Gray miró hacia la puerta y se cruzó de brazos.
Queriendo ocultar su sonrojo al ver tan bonita expresión.
Porque sin duda Juvia era bonita.
Y esos días cuidándola casi que 24/7 le habían reafirmado ese pensamiento, aunque claro, se avergonzaba de haber mirado de más cuando le secaba el sudor o la ayudaba a cambiarse, de verdad no lo hacía a propósito, de verdad trataba de evitarlo pero al fin y al cabo él no era un santo.
Pero al menos se apenaba de su comportamiento.
―Lo pensaré ―dijo después de carraspear incómodo―, toma el jarabe y termínate el té y el emparedado, revisaré el pronóstico del tiempo y ya veremos.
―¡Como usted diga, Gray Sama! ―asintió emocionada y el chico salió de la habitación después de dejar el jarabe y una cuchara limpia junto a ella, Juvia sonrió y siguió con el té, luego se comió de dos bocados el emparedado de jalea y se tomó el amargo jarabe antes de tomarse el último trago del té con miel para quitarse el mal sabor, un par de minutos después su atento cuidador volvía con buenas noticias.
―No hay lluvias para hoy, podemos salir en un rato y almorzar en algún restaurante, pero volveremos antes de que se meta el sol, ¿de acuerdo?
―¡Juvia está de acuerdo!
―Bien ―sonrió divertido al ver su entusiasmo casi infantil―, ¿puedes bañarte sola o necesitas que te ayude? ―la chica enrojeció al escucharlo y él se sonrojó al entender lo que había dicho, él en realidad se refería a ayudarla a caminar hasta el baño no a otra cosa.
¡No a bañarla él mismo!
―Ah... Amh... m-me refiero a que... ―intentó explicarse pero estaba demasiado apenado.
―Ju-Juvia... Juvia le agradece Gray Sama, pe-pero Juvia puede caminar... ―ella habló lo mejor que pudo al ver la pena en él y entender que él había imaginado lo mismo.
Al menos se consolaba de que ella no era la única con una imaginación acalenturada.
―Cl-claro... ―el chico se dio media vuelta y salió de la habitación, Juvia controló su respiración y luego de un par de minutos de calmar su mente se levantó, buscó ropa y se encaminó al baño, allí se tomó su tiempo bajo el agua tibia pues debía eliminar sudor, grasa de cabello de varios días pues lavar su cabello estando enferma no era algo que su Gray Sama la dejara, y quitar el aroma de los ungüentos mentolados que ella se frotaba en el pecho, la nariz, la garganta y los pies cada noche por indicación del padre de Gray quien dijo que así era como solía hacer con Gray de pequeño.
Un comentario que hizo balbucear cosas a su Gray Sama que ella no escuchó bien pero que hicieron a su padre perder su sonrisa por un momento.
Suspiró.
―¿Acaso Juvia podría ayudar en algo...? ―se preguntó a sí misma, pero negó inmediatamente, al fin y al cabo ella no entendía por completo que pasaba, y aunque sentía que todo podía solucionarse si los dos hombres se hablaban con sinceridad, también estaba consiente que a veces las heridas ocupan más que eso para cerrarse y las personas a veces ocupan más que una disculpa y una plática sincera para dejar de estar distantes.
Y al fin y al cabo:
¿Quién era ella para buscar que ellos hablaran sinceramente si ni ella era capaz de ser honesta con ellos?
Porque aunque Silver supiese quien era ella no había sido porque ella se lo dijese sino porque él la recordó, y a pesar de eso ella había tratado de esconder ese hecho y aún cuando Silver la cuidó cuando se resfrió, no fue capaz de hablar de eso con él.
Soltó otro suspiro.
No podía pedir algo que ni ella daba.
―Juvia debería... ―miró ansiosa sus pies en medio del agua del baño mientras el agua tibia caía sobre ella y sopesó su idea de ser sincera, esa imagen pronto se convirtió en la de unos pequeños pies en medio de un charco creado por la lluvia y sintió sus nervios crecer―. Silver sama dijo que no debía preocuparme por eso... ―recordó lo que había hablado Silver con ella antes de que Gray llegara al restaurante―, pero Juvia no quiere que Gray Sama se enoje con ella ni que recuerde cosas tristes... ―se mordió el labio y cerró la ducha―. Juvia debe hacerlo...
Decidida terminó su baño y se vistió, cuando salió completamente lista se dirigió a la sala y allí tuvo que sujetarse de la pared porque la visión casi la desmaya.
Su Gray Sama estaba medio desnudo en medio de una caótica habitación llena de ropa sucia y basura.
―¿¡Ju-Juvia estás bien!? ―el chico se subió rápidamente los pantalones y se acercó a sujetarla―. Tal vez no sea buena idea salir...
―Ju-Juvia está bien... ―la chica respiró hondo y sonrió lo mejor que pudo―, solo... solo se sorprendió...
―¡Oh, lo siento! ―se disculpó completamente apenado―. Ensucié los pantalones de jalea y cómo íbamos a salir me los estaba cambiando, lo si-siento...
―Es-está bien... Juvia debió avisar que estaba por entrar... ―trató de quitarle importancia para que su Gray Sama no se sintiera mal, al fin y al cabo lo que la había impactado más era el basurero y no la belleza casi desnuda de él.
―Bueno... ―Gray no supo que responder a eso, así que por varios minutos quedaron en silencio, hasta que el chico recordó algo y encantado de dejar lo que acababa de pasar de lado, habló―. Mira llamó hace poco, me dijo que te preguntara si confirmabas tu asistencia a su boda.
―Oh... ―la chica le miró sorprendida y avergonzada de haber olvidado eso, la amable albina la había invitado pero ella no sabía si podría asistir debido a los trámites de la demanda, aunque eso hacía sido una excusa porque sentía que asistir era inmiscuirse en un evento familiar―, Juvia... Juvia no sabe si debería ir... la boda de la señorita Mirajane es algo familiar y Juvia no quiere imponer su presencia...
―Tonterías ―Gray rió―, si Mira te invitó es porque de verdad le gustaría que estuvieses allí, créeme.
―Pero Juvia...
―Hey, vamos ―el chico le palmeó el hombro para animarla―, te prometo que será divertida, además, has tenido muchas preocupaciones estos días, una fiesta te hará bien. ¿Entonces?
La sonrisa de ánimo que le dio la hizo sonreír.
―Juvia... Juvia irá... ―contestó inevitablemente.
―Bien, entonces iremos juntos ―lo dijo inocentemente, pero hizo al corazón de la chica temblar de emoción.
Pero entonces ella recordó lo que le tenía que contar sobre ella, y el temblor en su corazón no fue de emoción.
Era miedo.
Si le contaba sobre eso, tal vez su Gray Sama no estaría cómodo con ella en esa fiesta, es más, tal vez él no estaría cómodo con ella nunca más, y tal vez arruinaría su humor para la boda de una persona importante para él.
Y entonces su voluntad se dobló.
No le diría nada hasta después de la boda de Mirajane.
Eso sería lo mejor para él.
...O al menos eso era lo que de verdad esperaba...
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] J E [
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El jardín rebosaba de vitalidad.
Era un buen día para almorzar al aire libre.
Encantada con la idea repentina, la mujer de rojiza cabellera se ajustó los lentes de sol y abrió las delicadas puertas francesas para acceder a la zona que reflejaba la vitalidad que daba la luz del sol, de inmediato el señor mayor que leía en una silla bajo una zona sombreada por imponentes árboles levantó la vista del libro y sonrió encantado por la visita inesperada.
―¡Vaya sorpresa la de hoy! Si hubiese sabido que mi querida nieta venía hoy habría pedido que prepararan tu comida favorita para el almuerzo.
―La comida de esta casa siempre es deliciosa así que no hay problema con lo que sea que vayan a preparar hoy ―abrió los brazos para recibir el abrazo de su abuelo que ya se había levantado de la cómoda silla.
―Aún así, mi pequeña Erza, no vienes desde hace bastante, si me hubieses avisado habría sido mejor ―le dio un beso en la mejilla y la guió hasta la silla a la par de la de él.
―Ah, ya entendí ―la pelirroja hizo un puchero―, ya no puedo venir sin una cita previa.
―¡Eso no es a lo que me refería! ―negó el anciano preocupado y rió al ver la cara de su nieta que indicaba que era una broma―. ¡Hey! ¡Ya estoy viejo, es malo para mi corazón! A lo que me refería es que así hubiese estado listo para mimarte con tus postres favoritos.
―Oh, eso suena muy bien ―rió―, pero quería darte una sorpresa ―su abuelo asintió―, y además yo también quería mimarte hoy, así que te traje algo.
―¿Ah, sí?
―Sí, pero lo traerán en un rato con el almuerzo, espero que no te moleste que antes de siquiera saludarte ya hubiese decidido por mi cuenta que me quedaría almorzar.
―Esta casa es tu casa, Erza ―su abuelo le palmeó la mano con cariño y Erza dejó de tamborilear con sus dedos la silla―, incluso si quisieras volver a vivir aquí, tienes las puertas abiertas ―la mujer sonrió agradecida, ella sabía muy bien que las palabras de Makarov eran ciertas.
Tal vez no era su abuelo de sangre, pero sin dudas era su abuelo.
―Sería muy raro venir a mudarme aquí ahora que Mira y Laxus decidieron que vivirían aquí contigo luego de la boda ―rió, miró de un árbol a otro, siguió a una pequeña mariposa con la vista y su mirada vagó por las flores―, sería como una madre sobre protectora que no deja ir a su pequeña.
―Ah ―Makarov observó la mirada de su nieta y enfocó la vista en las flores también―, pero esta casa es muy grande, podrías sobreproteger a Mira y no se daría cuenta.
―Mira se daría cuenta de todo en segundos ―negó, se quitó los lentes, se masajeó una zona del cuello y agregó―, y no hay casa lo suficientemente grande como para no estorbar a una pareja recién casada.
―Supongo que en parte es cierto ―Makarov rió, en más de una ocasión se había topado con escenas bochornosas entre Mira y Laxus, al final eran jóvenes muy energéticos, una de las razones de que él hubiese trasladado su habitación a la casa de invitados aparte de que ya no quería subir escaleras, era para darle a ellos mayor privacidad―, pero una o dos o más personas ―agregó misterioso― más aquí no serían problema.
―¿Dos o tres? ―Erza dejó de observar el pequeño ave azul que había llegado al comedero de piedra y le miró curiosa―. ¿Estás pensando en Lisanna y Elfman? ¿Natsu?
Su abuelo rió.
―Solo digo que me gustaría ver esta casa llena de niños otra vez... ―soltó anhelante.
―¡Oh! Te referías a los bisnietos que te darán Mira y Laxus, será muy lindo verlos jugar aquí en el jardín como solíamos hacerlo nosotros ―Erza asintió.
―Lo será ―declaró Makarov, aunque él no solo pensaba en los nietos de Mira y Laxus, al fin y al cabo ellos no eran sus únicos nietos y según Mira, lo de Erza con el pastelero iba viento en popa.
Él recibía notificaciones casi diarias de la cupido albina.
―Y bien ―dijo Makarov luego de un rato de tranquilo silencio―, ¿qué es lo que te preocupa mi pequeña? Estoy seguro que no solo viniste a hablar con este anciano sobre sus anhelados bisnietos. ¿Recibiste otra llamada de ese hombre?
Erza soltó un suspiro.
Su abuelo era demasiado perceptivo.
―¿Es tan obvio?
―Soy tu abuelo después de todo ―dijo con convicción, tal vez para la mayoría Erza se veía completamente tranquila y feliz, pero él notaba los pequeños gestos de temor que la habían acompañado desde niña, no mantenía su mirada fija en un solo sitio, jugueteaba o tamborileaba con sus dedos y se masajeaba el cuello constantemente, una manía que le quedó debido a las heridas y lastimaduras en el cuello de cuando fue encontrada, ya no le dolían por supuesto, pero esas manías y otras más, su inconciente las traía a ella cuando ese hombre estaba involucrado o tenía que tratar asuntos que lo involucraban.
―Lo eres... ―Erza soltó un suspiro, miró su pulsera con el dije de estrella ―, pero mi razón de venir no era por eso, ya venía a visitarte cuando me llamó.
―Aún si hubiese sido solo por eso, mi pequeña ―Makarov tomó su mano―, no tienes que cargarlo sola, estoy viejo pero soy fuerte, y tengo la voluntad suficiente para ayudar a mí familia.
Erza solo pudo asentir.
A veces tanto apoyo de su abuelo la hacía querer llorar.
―¿Y bien? ¿Qué te dijo ese personaje esta vez? ―decidió entrar al tema porque entre más rápido Erza lo compartiese con alguien, más rápido se libraría aunque fuese un poco de ese peso.
―Dijo... ―Erza dejó su cabeza ir hacia atrás en la silla, y entrecerrando los ojos al ver ese cielo azul tan radiante, agregó―, que nos veríamos pronto...
Makarov casi se cae de la silla.
Erza dejó de mirar al cielo y le dio una sonrisa triste.
De verdad no quería cargarlo con eso.
Makarov respiró hondo, se reacomodó en la silla y meditó la noticia un par de minutos.
No tenía ni idea de qué hacer ante esa noticia, después de todo ese hombre hizo hasta lo imposible por mantenerse en el anonimato, era verdad que llamaba a Erza desde que ella se volvió figura pública, pero sus llamadas eran imposibles de rastrear, así que de pronto quisiese mostrarse era demasiado extraño.
Demasiado... cruel.
―Pienso que es lo mejor... ―finalmente fue Erza quien interrumpió el silencio.
―¿Lo mejor?
―Sí... ―la mujer respiró hondo, jugueteó con el dije de su pulsera y dejó salir sus pensamientos―, le he temido por demasiados años, y tal vez sea porque ha sido un monstruo sin rostro en mis recuerdos, pero... pero si logro verlo a la cara tal vez por fin entienda que no es un monstruo todo poderoso, que solo es una persona, una persona como tú y como yo... y aunque sea alguien cruel, muy cruel, puedo enfrentarlo ―apretó el dije en sus dedos― No es una sombra en la oscuridad que puede dañarme cuando quiere y salir inmune, es una persona, y mi voluntad de hacerle frente no va a flaquear ―agregó casi al borde de las lágrimas pero se clavó sus cortas uñas en las palmas para no dejarlas salir―, ya no puede hacerme daño, y a-aún si pudiese... ―miró decidida su abuelo―, aún si pudiese... ―repitió más decidida― yo ya no se lo voy a permitir...
Makarov tragó hondo ante esa mirada y luego sonrió orgulloso.
Su nieta era fuerte, incluso más fuerte que él.
―No se lo permitiremos... ―le corrigió esa parte―, ya sabes que tienes a tu familia de tu lado, Erza.
―Es verdad... ―Erza destensó las manos y volvió a juguetear con el dije de su pulsera, la luz de la estrella se encendió por un momento y Makarov se asombró por la forma en que la mirada de Erza se dulcificó por un pequeño momento―, no estoy sola...
―No lo estás ―le reafirmó su abuelo―. Sea quien sea ese hombre, lo enfrentaremos como una familia ―Erza asintió―. No niego que será un primer encuentro que tomará mucha fuerza de voluntad para enfrentarlo, pero estoy seguro que puedes con ello...
Erza dejó salir un gran suspiro.
Makarov alzó una de sus pobladas cejas blancas.
―Bueno... ―de nuevo se llevó la mano al cuello―, no estoy segura de llamarlo primer encuentro...
―¿A qué te refieres?
―A que ya... ya nos encontramos... ―le miró apenada―, aunque él no lo sabe...
―¿¡QUÉ!? ―Makarov sintió su corazón acelerarse y se alegró de estar sentado―. ¿Ya le has visto la cara?
―No exactamente.
―Erza... ―Makarov respiró hondo―, dime todo, me estás matando de los nervios...
La mujer asintió apenada, respiró hondo y le contó lo ocurrido en el centro comercial:
La niña llorando a la que se acercó a ayudar, el hombre mayor quejándose, la voz que reconoció, la incapacidad de su cuerpo para voltear y lo rápido que reaccionó para huir, su debilidad al llorar y perder su compostura.
Aunque no mencionó a quien recurrió en ese momento.
Porque si hablaba de Jellal era muy probable que terminaría hablando de sus recién descubiertos sentimientos por él, y no estaba lista para eso, no para hablarlo con su abuelo.
No para hablarlo con nadie.
Ni siquiera con Jellal.
―Mi pequeña... ―su abuelo tomó su mano y con ese pequeño acto le transmitió todo lo que le quería decir pero por los sentimientos revueltos que tenía no podía expresar correctamente, ya que en ese momento estaba batallando por controlar su enojo, su preocupación, su pena, su culpa, su inquietud, su nerviosismo, y sus ansias de ir y romperle la cara a ese malnacido que seguía haciendo infeliz a su nieta.
De verdad quería hacerlo desaparecer bajo su puño.
―Oh, llegó el almuerzo ―escuchó a su nieta con voz animada levantarse para llevarlo con ella a la mesa bajo los árboles en donde colocaban su almuerzo, aunque no lo engañaba, esa voz animada era actuada, pero decidió seguirle la corriente, nada ganaban estando de mal humor en ese momento.
Tenían que mantener la calma ahora.
―¡Esas son cervezas nuevas de Cornelia! ―apuntó emocionado las botellas que reflejaban el sol.
―¡Sorpresa! ¡Y esas son galletas que yo misma horneé esta mañana! ―sonrió esta vez verdaderamente animada y no notó el tic nervioso en la ceja de su abuelo―. ¡Estoy segura que te gustaran!
Makarov asintió y decidió que un dolor de estómago por comer de las galletas preparadas por ella valía la pena por proteger esa sonrisa.
Brindó con su nieta y tomó con mano temblorosa una galleta.
Y aunque su voluntad para comer esa galleta era poca, otra voluntad era inmensa.
La de encontrar pronto a ese hombre.
Su nieta estaba decidida a recuperar su paz.
...Y si su nieta era así de valiente, él protegería ese valor...
.
] J E [
.
Había visto muchas veces esa escena.
Pero siempre que la veía le parecía igual de adorable.
Un hermano mayor concentrado en peinar a su pequeña hermanita.
Sonrió encantada.
―Bien, creo que están a la misma altura ―el chico se fijó en las dos colas altas de su hermanita y asintió―, ahora tengo que hacer un moño de cada una y poner esas prensas ―sin perder tiempo comenzó a enrollar el largo cabello azulino en lo alto de cada coleta― ¿Me pasas las prensas negras de ahí, por favor?
―Por supuesto ―Erza quien se declaró su asistente le pasó el tarro transparente lleno de ellas.
―Gracias ―tomó varias y comenzó a colocarlas una por una con meticuloso cuidado y distancia entre sí, Jellal tenía tendencia perfeccionista y eso era obvio para la mayoría que lo conocía, y eso de hecho lo hacía muy bueno en su trabajo actual y como pastelero―. Listo, ahora faltan los adornos... ―su asistente le pasó las prensas con decoraciones de corazones y signos musicales, y él se tomó su tiempo para colocarlos de la manera que le pareció más estética y armoniosa―. Terminado... ―declaró luego de repasar cada prensa y acomodar el flequillo de la pequeña Wendy―. ¿Qué te parece? ―le puso un espejo enfrente y la pequeña sonrió emocionada.
―¡Me gusta! ―la niña movió su cabeza de lado a lado―. ¡Muchas gracias, hermano! ―se lanzó a abrazarlo y Jellal apenas y pudo evitar caerse ante el repentino abrazo.
―No es nada, Wen. Yo estoy feliz de que aún me pidas hacer esto.
―¡Lo haré por siempre! ¡Eres el mejor hermano! ―declaró la niña feliz y se bajó de la silla del desayunador para mirar a la invitada de la casa y se apenó por su comportamiento―. Ah... yo...
―No te preocupes, Wen ―Erza entendió que le pasaba―, ya te he dicho que me parece adorable que te peine tu hermano y además yo también creo que tu hermano es el mejor hermano ―le cerró un ojo a la niña mientras que veía divertida a Jellal sonrojándose―, y creo que te ves maravillosa ―la niña se sonrojó ante el halago.
―E-es porque mi hermano me peinó muy bien...
―Claro que tu hermano hizo un buen trabajo ―confirmó Erza―, pero tú eres una niña adorable aún sin el peinado ―le colocó una mano en el hombro y Wendy se sonrojó más, al fin y al cabo estaba recibiendo halagos de su admirada heroína de películas favorita.
―Yo... amh... gr-gracias... ―balbuceó apenada―, pu-puedo darle un abrazo.
―No tienes por qué agradecer, ¡y claro que puedes darme un abrazo! ―apenas terminó de decirlo la niña se lanzó a abrazarla, Erza le devolvió el abrazo con cariño y con cuidado para no despeinarla.
Jellal miró encantado la escena.
Que Erza y Wendy se llevaran tan bien lo hacía feliz.
Muy feliz.
―Ahora que lo recuerdo, Wen, ¿no ibas a pedirle algo a la señorita Erza?
―¡Oh! ―la niña se separó de la mujer y la miró ansiosa―. S-sí... ―jugó con la falda de su lindo vestido blanco con detalles rosa―, yo... ―empezó a sentirse nerviosa pero respiró hondo y trató de tranquilizarse, la mamá de Chelia le había estado enseñando ejercicios para tranquilizarse cuando sentía que los nervios le ganaban―, yo... quería pedirle que... usted... que usted sea nuestra testigo...
―¿Testigo?
―S-sí... es que... ―Wendy trató de explicarse pero no sabía cómo así que miró a su hermano en busca de ayuda, este entendió su mirada y colocó su mano en su hombro para calmarla.
―Mañana que venga Meredy, ella, Wen y yo haremos una promesa de lazos ―Erza alzó una ceja curiosa―, es una vieja tradición que mère nos enseñó, es una forma de hacer una promesa que no podemos quebrantar, pero para hacerla se necesita de un testigo que no sea parte de ella, y Wendy ―miró a su pequeña hermana―, pensó en pedírselo a usted.
―¿A mí? ―Wendy la miró nerviosa pensando en que podía estarle causando problemas―. ¿De verdad?
―P-pero s-sí... s-sí le causa problemas...
―¡Claro que acepto! ―la mujer se lanzó a abrazarla, esta vez sin mucho cuidado ya que estaba emocionada y conmovida, así que terminó desordenando un poco el cabello de la pequeña―. ¡Me encantará ser de ayuda! ―se separó de ella―. ¿Estás segura que quieres que sea yo?
―¡S-sí! ―respondió muy animada la niña.
―¡Será un placer! ―ladeó la cabeza―. ¿Y puedo saber que van a prometer? ¡A-aunque si no se puede entiendo!
―Claro que puedes saber ―Jellal rió y se acercó a ellas a reacomodar el cabello de su hermana―. Vamos a prometer ser más sinceros entre nosotros y no ocultar nuestras preocupaciones ¿cierto, Wen? ―ella asintió feliz.
―¡Que gran promesa! ―Erza asintió emocionada―. ¿Y será mañana temprano?
―Así es ―confirmó el azulado.
―Será temprano porque la promesa debe hacerse con las primeras horas de la mañana, y debemos vestir de blanco con un lazo blanco en la muñeca, la promesa hay que escribirla en azul y el testigo debe de firmar en rojo y llevar un lazo rojo y cera dorada para sellar la caja donde se guarda la promesa, aunque la parte del sellado se hace con los rayos del atardecer ―informó Wendy enumerando con los dedos.
―Las primeras horas de la mañana... ya veo, vestir de blanco, lazo rojo, cera dorada, lapicero rojo... sellalr al atardecer... entiendo, todo eso es muy importante sin duda ―se cruzó de brazos y asintió totalmente seria, ella era el tipo de persona que se tomaba ese tipo de cosas con toda la seriedad posible y Jellal apenas podía evitar reír divertido
―Sí ―continuó la niña―, pero no se preocupe, ya tenemos todo eso listo, ¿verdad hermano?
―Así es, solo necesita usar la ropa blanca.
―Por supuesto...
―Y como la primera parte del ritual es temprano ―continuó Wendy―, lo mejor es que se quede a dormir con nosotros ―Erza se sorprendió con eso―. Hermano, ¿puede la señorita Erza quedarse a dormir hoy?
La inocente pregunta sonrojó a los dos adultos.
Sin duda sus mentes pensaron lo mismo.
―Bien sûr que oui! ―respondió sin duda alguna aunque su atarante mental por sus indebidos pensamientos lo hizo recurrir a su otro idioma.
―Merci! ―Wendy sonrió emocionada―. ¡Si prefieres puedo darle yo mi cama a la señorita Erza y así tú no tienes que dormir incómodo en el sillón!
¡Ay, la inocencia!
―No es necesario, Wen ―Jellal carraspeó pensando en que a diferencia de lo que pensaba su pequeña hermana, él nunca dormía en el sillón cuando Erza se quedaba con ellos.
―¡Oh, ahora recuerdo! ―su hermanita le miró preocupada― ¡Ayer dormiste en el sillón por lo del accidente!
―¿Accidente? ―Erza le miró preocupada―. ¿Te pasó algo?
―Humm... bueno... ―Jellal sintió su cara roja de la vergüenza y agradeció a los cielos que su móvil sonara en ese momento―. ¡Debe ser Sherry! ―dijo con más entusiasmo del que debería y enseguida contestó la llamada.
Erza entrecerró los ojos ante su sospechoso comportamiento.
Ya lo averiguaría después.
Luego de una pequeña conversación, Jellal colgó la llamada.
―Sherry dice que pasará por el pastel y los cup cakes en unos minutos y que si quieres irte con ella ya aunque sea temprano, puedes hacerlo ―Wendy le miró ansiosa―, solo si quieres Wen, yo puedo llevarte más tarde.
―Yo...
―Wen, si tienes miedo de algo puedes decírmelo, lo prometimos... ―ella asintió.
―Yo... no sé si pueda cantar... ―dejó salir su miedo y se sintió un poco mejor―, lo-logré terminar la canción en los ensayos, pero... no sé si podré hacerlo en la fiesta... ―ahora que el momento se acercaba su voluntad volvía a flaquear.
Jellal se agachó a su altura y colocó su mano en la cabeza de la pequeña.
―Yo sé que podrás ―le sonrió―, eres talentosa, fuerte y valiente, puedes comerte el cielo si deseas ―Wendy le miró un poco más confiada―, pero aún así, si no quieres hacerlo solo debes decirlo, no te preocupes, hagas lo que hagas, estamos de tu lado, ¿está bien?
―No quiero ser... miedosa...―miró a Erza y bajó la mirada, ella quería ser tan valiente como ella.
Tener una fuerza de voluntad inquebrantable.
Erza tragó grueso y se colocó a su altura.
Wendy debía saber un gran secreto sobre la valentía que ella aparentaba.
―Wen, te digo un secreto... ―la niña asintió y Jellal miró curioso a Erza―, la verdad es que a mí me da miedo estar a oscuras en una habitación... ―la niña subió la mirada hacia ella totalmente sorprendida y la pelirroja sintió que la decepcionada pero prefirió seguir siendo sincera, desde que habló con su abuelo había decidido ser más sincera y abierta con las personas que se preocupaban por ella porque eso era corresponder su cariño y preocupación―. De verdad me asusta mucho, mucho, al punto de que me cuesta respirar y hasta lloro... ni siquiera puedo dormir si no hay una lámpara encendida... soy una miedosa...
―Erza... tu no... ―Jellal la iba a detener pero ella negó.
―Lo soy... ―soltó un gran suspiro―, pero he tratado de superar ese miedo, poco a poco, trato de controlarlo y no dejar que me controle, justo como tú lo has hecho estos días y es difícil, asusta... ¿cierto? ―Wendy asintió con ojos llorosos―. Pero sabes algo, eso es lo que hace a la gente valiente, enfrentarse a eso que te asusta, tener la voluntad de encararlo y decirle ya no más, eso es valor... y tú lo tienes... Eres valiente, como Meredy que decidió vivir en otro lugar para seguir estudiando y como tu hermano que ha hecho de todo para protegerlas a ambas, son increíblemente valientes, por eso sé que podrás cantar o podrás decir que no quieres cantar, porque para ambas cosas, para enfrentar a tus miedos o para admitir que aún no estás lista, se necesita de mucha valentía y fuerza de voluntad...
Wendy miró un largo rato al suelo y después asintió con una sonrisa.
Sería valiente.
Ya fuese que cantase o no, sería valiente.
―Gr-gracias... ―observó a los adultos frente a ella, deseando poder ser así cuando fuese mayor.
―No tienes que agradecer... ―Erza soltó otro suspiro, nerviosa, apenada―, espero no haberte decepcionado ahora que sabes que me da miedo algo como un cuarto oscuro... ―la mano de Jellal tomó la suya y ella la sujetó con fuerza.
Confesar su miedo la había hecho sentir vulnerable.
Pero también valiente y sumamente orgullosa.
Si quería enfrentar y derrotar sus miedos, primero debía enfrentar y derrotar su vergüenza por ellos.
―¡NO! ―Wendy negó de inmediato y la abrazo―. ¡La señorita Erza ahora es más valiente para mí que antes! ¡La admiro aún más! ¡D-da mucho miedo y vergüenza hablar del miedo, y la señorita Erza lo hizo para ayudarme! ¡Y-yo la quiero más que antes!
Erza apenas pudo contener las lágrimas y le devolvió el abrazo.
Era ella en realidad quien admiraba a esa niña.
Y por supuesto, la quería aún más.
A ella y a Jellal, quien trataba de calmarla acariciando su espalda.
Alguien que también la quería aún más en ese momento.
Y el momento habría durado aún más si no fuese por la bocina del coche de Sherry que sonaba fuera de la casa, y debido a eso, las dos mujeres tuvieron que romper su abrazo, pero rieron divertidas al ver que a ambas un par de lágrimas se les habían escapado.
Jellal rió con ellas y se levantó primero para ayudarlas a levantarse.
Con un último abrazo, Erza le dio algunos consejos que ella usaba para salir a escena y se fue a esconder, Sherry y su esposo estaban a punto de entrar para recoger el hermoso pastel en forma de corazón decorado con delicadas mariposas de azúcar y notas musicales y los cupcakes de corazones de muchos colores que Jellal había decorado desde temprano, una de las razones por las que ella estaba en la casa del azulado era porque quería verlo decorarlos, con el pastel no pudo pues Jellal lo había decorado en la madrugada antes de ir a trabajar, pero con los cupcakes se había deleitado observándolos.
Y observándolo a él.
Además también había ayudado y aprendido un poco.
Aunque al final había comido más de lo que había ayudado.
Eso fue inevitable.
―¡Por todo el amor del mundo, Jellal! ¡Están hermosos! ―Sherry aplaudió al ver una de las tantas cajas de cupcakes―. ¡No puedo creer que sean mariposas de azúcar! ¡Y el pastel esta maravilloso! Creo que Chelia no lo va a querer cortar.
―Me alegra que te gustaran, Sherry. Es mi regalo de cumpleaños para Chelia, así que quería hacerlo lo mejor posible.
―¡Oh, no, no! ―negó la mujer―. Esto fue un encargo que te hicimos, te vamos a pagar por tu trabajo. ¿Cierto, cariño?
―Por supuesto ―el hombre moreno asintió―, te los pedimos a ti porque tu trabajo es el mejor, no porque no te fuésemos a pagar.
―Insisto ―Jellal sonrió―, ustedes me han ayudado desde siempre, a mí, a Wen a Meredy y a mis padres, y Chelia es la mejor amiga de Wen, es lo menos que puedo hacer.
―Pero Jellal... ―Sherry lo miraba apenada―, no tienes por qué, tu mère y tu padre siempre me apoyaron, incluso tu mère cuidó de Chelia cuando era una bebé y yo tenía que ir a la universidad... y tu papá y tu mère, tu papás siempre fueron casi como padres para mí...
―Entonces eso nos hace familia, y con más razón quiero que esto sea un obsequio...
Erza que escuchaba escondidas suspiró divertida.
No había manera que le ganaran esa discusión a Jellal, lo conocía lo suficientemente bien como para saber que estaba decidido a no cobrar por el pastel.
Esa era la clase de persona que era.
La clase de persona de la que estaba enamorada.
Se llevó la mano al pecho para calmar su corazón al volverse a admitir eso.
Y por tratar de controlar su escandaloso corazón, se perdió gran parte de la amistosa discusión.
Pero como predijo, Jellal había ganado.
―¡Eres demasiado terco!― escuchó decir a Sherry―. ¡Aceptaremos esta vez el pastel pero pagaremos los cupcakes!
―¡Claro, claro! ―respondió su azulado divertido―. Les cobraré lo debido ―Sherry asintió― luego de aplicarles un gran descuento de familia.
―¡Jellal!
Los dos Fernandes azulados rieron y contagiaron a los Blendy.
―¡Eres incorregible! ―lo regañó Sherry con una sonrisa―. Pero aprecio tu gesto de considerarnos familia, ahora me aseguraré de promocionarte aún más de lo que tenía planeado entre todos los que asistan, por todo el amor del mundo te voy a encontrar muchos clientes, prepárate para tener trabajo extra.
―Mon Dieu... ―Jellal se desacomodó el cabello, no esperaba ese ataque.
Erza tuvo que taparse la boca para que no la escucharan reír al ver la cara de Jellal.
―Bien, entonces, hora de irnos, ¿Wen, vendrás con nosotros? ―la niña miró a su hermano decidida y luego asintió a Sherry, está sonrió y se dirigió a la puerta con su esposo quien llevaba el pastel y la pequeña se acercó a abrazar a su hermano para despedirse.
―Disfruta la fiesta ―ella asintió y su hermano se acuclilló frente a ella―, y ten... ―su hermano le mostró un collar plateado con un hada pequeña como dije―, era uno de los collares favoritos de mère, papá se lo regaló, y mère me encargó que te lo diera cuando fueses mayor, y creo que ya lo eres ―se lo colocó con cariño―, si tienes miedo solo recuerda que mère y papá también están contigo, ¿de acuerdo?
―¡S-sí! ―abrazó a su hermano con fuerza y esta vez sí terminaron en el suelo entre risas y un pequeño gesto de dolor del azulado mayor―. ¡Lo cuidaré mucho!
―Sé que lo harás... ahora ve y no hagas esperar más a los Blendy.
―¡Sí! ―se levantó y miró hacia donde estaba escondida la pelirroja―. ¡Nos vemos más tarde! ―Erza sacó una mano para despedirse y la niña tomó el regalo que ella compró para su mejor amiga y partió con su gata en brazos que llevaba un rato esperándola en la puerta.
―Nos vemos... ―dijo su hermano mientras la puerta se cerraba.
Cada día le parecía que su pequeña hermanita crecía más y más.
―Estoy segura que cantara... ―Erza se acercó al hombre que miraba nostálgico la puerta cerrada.
―Yo también ―la volteó a ver con una sonrisa y aceptó su mano para levantarse.
―Y tus pasteles serán un éxito, Sherry no tendrá que esforzarse nada para promocionarte, cuando te llenes de trabajo te perderé como tutor...
―Bueno, en todo caso mi trabajo como tutor acabará pronto, ¿cierto?
―Cierto... ―Erza asintió con algo de tristeza, aunque habían hablado de que ella quería seguir recibiendo tutorías, era obvio que ya no podían ser diarias, Jellal necesitaba más tiempo libre porque trabajaba demasiado.
―Erza... ―empezó pero no supo cómo continuar, no supo cómo decirle que aunque las tutorías se acabasen él deseaba poder seguir viéndola a diario o al menos lo más que se pudiese.
No supo cómo hacerlo sin revelar sus sentimientos.
―¡Bien, hora de buscar la receta para el plato fuerte! ―Erza decidió cambiar de tema ―. ¡Vamos, se supone que ya debo de dominarla!
―Es verdad ―Jellal decidió que hablar de eso era lo más seguro así que se encaminó con ella a su habitación en donde estaban sus recetarios más queridos, aunque claro, con todo lo que había ocurrido había olvidado algo importante.
Algo que estaba en su habitación.
―¿Qué le pasó a tu colchón? ―fue lo primero que escuchó al abrir la puerta de su habitación.
―Demon! ―él masculló con la cara roja al haber olvidado eso.
―¿Y por qué hay un colchón inflable en tu cama?
―Demón! ―repitió más avergonzado.
―Yo... hmm... Nada, nada pasó...
―¿Cómo que nada pasó? Tu colchón está contra la pared.
―D-de verdad no es nada...
Erza alzó una ceja.
Si de verdad fuese nada, él no estaría tan nervioso y rojo.
Sonrió divertida.
―Ya entendí...
―¿Q-qué en-entendiste?
―Lo que pasó, es obvio.
―¿Q-qué es obvio?
―Bueno ―se cruzó de brazos―, quitaste el colchón de tu cama, y Wen dijo que dormiste en el sillón por cierto accidente... así que es obvio lo que pasó ―ella lo señaló y Jellal la miró expectante―. Te orinaste en la cama...
―¡NO! ―gritó y el rojo de su cara se extendió a su cuello y orejas―. ¡PO-POR SUPUESTO QUE NO!
―Claro que eso pasó, aunque aún no entiendo porque dormiste en el sillón si pusiste un colchón inflable, a menos... ―fingió sorpresa― ¡Que te orinaras dos veces!
―¡ERZA NO!
―No te apenes Jellal... he escuchado que cuando no vas al baño antes de dormir a veces sueñas que estás en un rio o...
―¡QUE NO! ―negó vehementemente― ¡TE LO JURO!
―Tranquilo, no te juzgo... ―casi ríe y deja su actuación perderse al ver la mortificación en la cara del azulado.
―¡QUE NO FUE ESO! ¡FUE ESTO! ―declaró bajándose un poco el pantalón y mostrándole parte de su muy bien formado trasero.
Erza se desconcentró un momento observando esa obra de arte y luego sacudió su cabeza sin entender pero dispuesta a seguir molestándolo.
―Ah, ya veo... entonces no fue que te orinaste sino que...
―¡NOOO! ―negó más fuerte y más rojo― ¡Tampoco fue eso! ¡Fue un resorte!
―¿Un resorte? ―no pudo seguir la broma porque la curiosidad le ganó.
―¡Sí! ¡UN RESORTE! ―respiró hondo para calmar su bochorno y poder explicarse―. Ayer cuando me acosté un resorte se le salió al colchón, es un colchón demasiado viejo, tiene más años que yo, la cuestión es que me... me... me lastimó...
―¿Te lastimó? ―Erza le miró sin comprender y luego golpeó el puño con su otra mano abierta―. ¡Ah! ¡Te lastimó el trasero!
―S-sí... me rasguñó un poco... ―se sobó la parte afectada―, por eso lo quité y puse ese colchón inflable que Meredy compró para su viaje a la playa, pero es muy incómodo, así que al final me fui a dormir al sillón... ―se cruzó de brazos―, eso fue todo...
―Ya veo... ―Erza soltó un suspiro, Jellal estaba apenado y se veía tan lindo que quería abrazarlo y no soltarlo en todo el día―, eso pasó.
―Eso pasó...
―¿Y te dolió?
―Sí...
―Oww... ―dijo llena de ternura y él se sonrojó y casi que hizo un puchero con sus labios, así que ella sin poder evitarlo se acercó a abrazarlo―, perdón por molestarte, de seguro la pasaste mal...
―Te perdono, y la pasé muy mal... ―fingió su tono resentido, la verdad estaba feliz de recibir el abrazo de Erza, no había podido abrazarla porque Wendy estaba con ellos―, aún me duele.
―Imagino que sí, vamos, déjame revisarlo...
―¿¡Eh!?
―Vamos ―Erza soltó el abrazo y lo llevó hacia la cama―, acuéstate.
―Erza... no es necesario...
―Sí lo es, déjame ver...
―Er-Erza...
―Jellal, ¿acaso no confías en mí?
―Sí, pero...
―Jell... ―le miró con ojos tiernos y suplicantes.
Jellal Fernandes perdió la batalla.
Se acostó en el colchón inflable y le mostró el trasero herido.
Erza casi ríe pero se aguantó, no quería que Jellal se molestase de verdad por burlarse de él, así que mejor se sentó junto a él e inspeccionó la herida.
―Fue un rasguño largo pero no muy profundo ―dijo al ver la herida en la parte alta de su nalga izquierda, el azulado respondió pero apenas se escuchó, estaba tan apenado que tenía su cara enterrada en sus brazos―, deberías ponerte una vacuna contra el tétano por si acaso ―lo miró asentir y sonrió, y observó que había un botiquín en la mesita de noche, así que lo tomó―, limpiaré el área, está sangrando un poco ―al recibir el permiso, tomó un algodón y le echó alcohol―. Respira profundo ―casi ríe al verlo tensarse y respingar cuando le pasó el algodón por la herida, así que se acercó y le sopló el área afectada, algo que lo tensó pero por motivos muy distintos―. Listo ―Le colocó un esparadrapo con cinta y le besó el lugar.
―¡Er-Erza!
Ella rió por sus nervios y se acostó al lado de él.
―¿Cómo está? ―le preguntó él.
―Tu trasero está lindo como siempre ―contestó colocando su mano sobre dicha parte.
―¡Erza!
―Es un poco más profundo que un rasguño ―le acarició el cabello―, pero debes ir a que te inyecten.
―Sí... ―suspiró hondo y dejó el escondite de sus brazos para mirarla―, sé que quieres reírte, hazlo...
―No... ―aguantó la risa―, no me voy a reír, sé que te duele...
―Me duele... ―esta vez sí hizo un puchero y Erza se acercó a besar ligera y rápidamente sus labios, él sonrió y volvió a hacer un puchero―, me sigue doliendo...
―¿Te traigo un pastilla para el dolor?
―No...
―¿Entonces? ¿Cómo puedo aliviarte? Dímelo y lo haré... ―sonrió tan dulcemente que Jellal olvidó como respirar por unos segundos.
Cuando recordó cómo hacerlo, se ladeó hacia ella y tomó con gentileza un mechón de su cabello.
―Un beso... ―susurró en un aliento, su corazón rebosante de sentimientos por ella.
―¿Solo uno? ―dijo ella acercándose a sus labios, esperando que él no escuchase como su corazón latía como loco por él.
Él sonrió.
Ella le devolvió la sonrisa.
La respuesta era obvia.
Un solo beso no bastaría.
...Pronto sus voluntades no serían suficiente para acallar sus sentimientos...
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¿Reviews?
Gracias por la amabilidad de dejar review, animan a continuar.
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Aclaraciones:
Bien sûr que oui!: (Francés) ¡Por supuesto que sí!
Rincón De La Escritora En Proceso :
Les voy a ser sincera, lo del resorte y el trasero fue una experiencia de la vida real, pero fue con un sillón viejo en la casa de una amiga, me senté y pam! El resorte me rasguñó. xDDD Fue muy vergonzoso, y además la familia de ella estaba tan avergonzada, hasta insistían en comprarme un pantalón nuevo, era demasiada vergüenza entre todos. xDDD Pero bueno, dicen que de lo malo se pueden sacar cosas buenas, y yo le saco fluff y miel.
Así que spoiler alert:
Erza y Jellal irán de compras por un colchón como una pareja de recién casados :x
Hehehe!
Espero les haya gustado el cap y... ¿Cantará Wen en el cumpleaños? ¿Juvia le dirá a Gray lo que tiene que decirle? ¿Makarov encontrará al viejo infeliz? ¿Cuándo se presentará el viejo malo frente a Erza? ¿A Jellal le darán otro beso en la nalga luego de la inyección? ¿Cuándo volverá a aparecer Jellal en FT100YQ y nos darán Jerza? QwQ Chan chan chan...
Agradecimientos :
A vosotros adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:
Pilikali
Mercegue Almonacid
EleFTJrz
Belenlu48
Willivb
Anaria24
PortgasD Sofia
Scarlet Jerzy
Valeria Sotomayor Moina
HuskySilver
Sofi Richardson 7
Tsuruga Chan
A vosotros adorables reviewistas sin cuenta os contesto por acá:
Guest 1 : Soy feliz sabiendo que sonríen al leer, y más aún cuando pasan por momentos difíciles, espero que sea lo que sea que estés pasando, se pueda resolver pronto. NwN Mil gracias por leer y por tu comentario. N abrazo y buenas vibras.
Titol: Muchas gracias por tu comentario, de verdad significan un montón, gracias por seguir leyendo y espero que te guste este nuevo cap. Gajeel es un gran hombre, aún debe decírselo a Levy, pero va por buen camino. NwN/
Ivi: ASDFGHASDFG... Gracias por tanto entusiasmo. QwQ Que quieras seguir leyendo más y más significa que no lo estoy haciendo mal. Gracias a vos por leer. Un abrazote.
Maik: Me alegra que te divirtiesen los caps, espero que los sigas disfrutando, gracias mil por tus comentarios.
Tsuruga Guest : Lol Mira que me odias y me das tanto amor QwQ Aish... loool
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Favs. Follows. Lectores Tímidos.
Gracias mil por leer.
¡Adieu!
.o./
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