La bruja, esta vez encarnada por su cuidadora Michelle, había caído en su trampa de pelotas. Ella sonrió victoriosa luego de mofarse por un momento mientras que ésta salía, o más bien intentaba hacerlo, del cubículo repleto de pelotas de varios colores, con expresión resignada.
-¡Nunca vas a poder atraparme!
-¿Cómo demonios puede ser tan difícil atrapar a una niña que ni siquiera tiene cuatro años?- Se preguntó al salir de allí, reposando de rodillas, mirando a la pequeña sentarse a unos pocos metros casi como si estuviera burlándose de ella. Para fortuna suya, el padre de la pequeña se hizo presente en la habitación y ésta corrió a sus brazos, abrazándolo efusivamente. Luego, él extendió su mano a la joven para así ayudarla a levantarse. -Gracias.- Suspiró, sonriéndole levemente. -Deberían cobrarte más, ya te lo había dicho.
-Si debo pagar acorde a la energía de Miz, no me va a alcanzar mi sueldo del Inter.- Rió Shingo.
-¡Papi, no la toques! ¡Ella es una bruja!- Advirtió Mizuki, pataleando sobre él.
-Miz, el juego acabó. Ya has derrotado a la bruja, ¿que no has visto que cayó redondita en tu trampa? Ahora ha vuelto a la normalidad.- Sonrió el japonés, por lo que la niña analizó con sus ojos entrecerrados a la chica, para luego sonreírle radiante. -Tengo alguien a quién presentarte. Bueno, dos personas. ¿Quieres conocerlas?
Inmediatamente Mizuki miró a Hikaru, pues lo había estado observando charlar con su padre a través del ventanal. Él levantó su mano en saludo, con una amistosa sonrisa, para luego adentrarse allí, tomar a su hijo en brazos e ir con los Aoi para presentarse ante la pequeña.
-¡Vaya que últimamente tenemos muchos futbolistas talentosos por aquí!- Exclamó alegre Michelle al ver acercarse a Matsuyama. -Es un gusto. Soy Michelle, una de las cuidadoras y la constante víctima de Mizuki Aoi.
-Oye, no difames así a mi pobre angelito.- Aoi fingió ofensa. La chica rió.
-Buenos días.- Saludó a la italiana que se encontraba allí, para luego ver a la niña. -Hola, Mizuki. Soy Hikaru. Quizás no me recuerdes ya que la última vez que te vi eras una bebé.- Le habló el defensor del Milan, mostrándole una cálida sonrisa. -Él es mi hijo Haruki. Tenía la esperanza de que pudieras ser su amiga, ¿puedes hacerlo?
La niña miró al hombre frente a él, luego al niño que éste llevaba en sus brazos y finalmente a su padre, a quien sonrió.
-¿Vas a quedarte a jugar conmigo, papi?- Le preguntó. Matsuyama sonrió nervioso ante tal desatención.
-No puedo, Miz. Debo volver. Pero aquí tienes un amigo con quien jugar.- Shingo insistió en el pedido de su compañero, mirándola con una apenada sonrisa. Ante eso, la pequeña miró a Haruki y lo analizó por un momento. Aoi notó de inmediato una trompa berrinchuda en ella, por lo que soltó un suspiro resignado. -Si prometes ser su amiga, prometo que al salir de aquí iremos a casa de Gino.
-¡Sí! ¡Quiero ver a Gino!- Exclamó Mizuki con una notoria emoción.
-Resulta que Gino ha apadrinado a Miz y ella tiene una muy buena relación con él. Además él es la única persona ajena a nosotros con quien Miz no tiene problema en quedarse.- Comentó Shingo, besando luego la mejilla de su hija. -¿No es así?
-Sí, tío Gino me lleva a tomar helados y juega conmigo a la casa de té. Además me deja practicar fútbol con él.- Sonrió, feliz.
-A Miz le gusta practicar fútbol. Gino lo ha descubierto cuando, estando ella en su casa, recibió una visita sorpresa de uno de sus compañeros de Selección, quien no tuvo mejor idea que adentrarla en el mundo del fútbol.
-Eh... ¿Gentile?
-¡Salva! ¡Quiero ver a Salva!- Chilló la niña.
-Creo que eso será un poco difícil, pero lo hablaremos.- Aoi rió nervioso. -Ahora ve a jugar, pequeña. Nos veremos en un rato.- Dijo mientras que la dejaba en el suelo, al tiempo en que Hikaru dejaba a Haruki y ambos niños corrían hacia la zona de bloques.
-¿Salva?- Le enarcó una ceja.
-Salva.- Suspiró para luego rascar su sien. Hizo una mueca inconforme. -No sé porqué ni qué le vió, pero Mizuki lo adora. Dice que se casará con él cuando crezca.
Matsuyama soltó una sonora risa.
-¿Ese es el castigo por la rivalidad de ambos? ¡Qué suerte que Haru ha salido varón!
-Espero que Gentile no vaya a tener un hijo jamás.- Bufó, luego de un momento. -¿Te imaginas que Miz...? ¡Agh! ¡No quiero ni imaginar a Miz queriendo a otro hombre que no sea yo! ¡Y tampoco aprecio la idea de ser consuegros con Gentile!
-Quizás sea novia de Haru cuando crezca.- Dijo Hikaru, con una sonrisa burlona. Aoi le frunció el ceño, muy disgustado.
-Lo estaré vigilando.- Solo dijo, retirándose junto a su amigo del lugar. Matsuyama volvió a reír.
-Repito: qué suerte que Haru es varón.- Sonrió, sintiéndose extrañamente aliviado. -A propósito, ¿cómo va tu esposa? He oído leves rumores que no quise expandir por respeto a ti, amigo.
Shingo soltó un gran y profundo suspiro, mostrándole luego una sonrisa conmocionada.
-Tal parece que los rumores son verdad.- Rascó su nariz, apenado. -Pero no puedo evitar pensar en que eso traerá muchos, muchos problemas, y realmente no sé cómo lidiaré con eso.- Su sonrisa se suavizó un poco. -No quiero lastimarla.
-Creo que sé a qué te refieres. Te compadezco.- Hikaru colocó una mano en su hombro, presionándoselo de manera confortante. -Yoshiko y yo los ayudaremos en lo que les haga falta. Después de todo, ustedes y Miz nos están ayudando a nosotros.- Sonrió. Aoi le retribuyó la sonrisa.
-Ella será un tornado, pero es demasiado sensible. Será duro.
-Nada con lo que no puedas lidiar, Shingo.
-Eso espero.- Suspiró. -Creo que deberemos pensar en cómo se lo diremos para suavizar un poco el impacto.
-Encontrarán la forma. Tú no lo eres tanto, pero ellas dos son muy listas. Podrán con eso.- Volvió a sonreírle.
-Gracias por lo que me toca.- Rió con suavidad.
En otro sector, muy ajenos a la charla que sus padres llevaban antes de que ambos se retirasen para acudir a sus respectivos entrenamientos, los dos pequeños construían una torre con bloques. Haru miró con vergüenza a la niña que estaba junto a él, quien solo colocaba pieza tras pieza sin prestar atención a su pequeño compañero. Hasta que en un cierto momento ella le entregó un bloque color amarillo, mostrándole una sonrisita de picardía. Él dudó un momento y miró hacia donde su padre había ído, encontrándolo junto al otro hombre mientras los espiaban desde la pequeña ventana de la puerta. Tal imagen causó una sonrisita divertida en él.
-Soy Haruki.- Se presentó, luego de tomar el bloque.
-Yo soy Mizuki.- Respondió ella, sonriente, continuando con su torre. Se detuvo y le lanzó una mirada al niño, a ver si éste se dignaba a ayudarla con su construcción. Por fortuna él comprendió inmediatamente el mensaje. -Tú pon los amarillos, que es el color de tu camiseta. ¿Qué es lo que tienes ahí? ¿Una largatija?
-No se dice largatija, se dice lagartija. Pero este es un Velociraptor, no es una lagartija.- Haru sonrió ampliamente al sentir iniciada una charla sobre uno de sus temas favoritos. -¿Te gusta?
Ella asintió, sonriendo, palpando el dibujo con su manita.
-¡Ese es mi hijo!- Se oyó exclamar al Águila de Hokkaido a lo lejos. Al mirar ambos niños hacia allí pudieron verlo en la misma ventanilla, sonriendo de oreja a oreja, y a su lado al Príncipe del Sol viéndolos de forma horrible.
