El día del padre comenzaba a hacerse sentir en la guardería Rayito de Sol. Todos los niños se encontraban en una gran mesa, sentados uno junto a otro, con sus manitas y toda su ropa manchadas de distintos colores, repletas de brillos y trozos de papel. Sus cuidadoras se lamentaban por ello, pero realmente sabían que no existía manera de obtener un buen y bonito resultado sin un poco de suciedad de por medio. Además, casi como si hubiesen sabido del desastre de sus hijos, cada padre y madre envió un cambio de ropa para cada uno de sus pequeñiñes.

-¡Mira, Haru!- Mizuki extendió una hoja en el rostro del niño y comenzó a señalar, explicándole su dibujo. -¡Estos somos papá y yo! Papá está jugando un partido y yo estoy jugando con él. Los dos tenemos remeras del Inter porque en mi dibujo los dos jugamos ahí. ¿No me quedó bonito?- Sonrió ampliamente al final.

-Es un bonito dibujo, Miz.- Haruki sonrió levemente, mirando la hoja. Hizo una mueca y miró la suya, la cual tenía una gran similutud. -Se parece mucho al mío.

-¡Oye! ¡No te copies!- Hizo un mohín, disgustada.

-¡No sabía que tú ibas a dibujar eso!- De defendió el apenado niño.

-¡Seguro que me viste hacerlo y quisiste hacer uno igual!- Dijo, aún molesta. -No me importa, mi dibujo es más bonito que el tuyo.- Le sacó la lengua.

-No es cierto, el mío es más bonito.- Haru frunció un poco el ceño, contemplando su obra.

-Sí, el mío es mejor porque mi papi es mucho mejor que el tuyo.- Volvió a sacarle la lengua.

-¡Eso no es cierto!- Se indignó el pequeño Matsuyama.

-Ya, ya, ¿qué es lo que pasa aquí?- Michelle se acercó y se puso de cuclillas, lista para frenar aquella pequeña disputa. -¿Miz? ¿Haru?

-¡Ella dijo que su papá es mejor que el mío!- Exclamó Haruki, indignado, señalándola.

-¡Él se copió de mi dibujo!- Dijo Mizuki, molesta, también señalándolo.

-¡No es cierto!

-¡Sí!

La joven italiana rió.

-¡Por supuesto que ambos van a dibujar cosas similares!- Dijo Michelle, entre risas. -Sus papás tienen muchas cosas en común: ambos son japoneses, futbolistas, juegan en la Serie A y tienen dos hijos preciosos que acuden a la misma guardería.

-Oh.- Ambos niños se miraron, sorprendidos.

-Además, no están iguales.- Agregó Michelle, mirando ambas obras de arte. -La de Haru tiene rojo y la de Miz tiene azul.

-Es cierto.- Sonrió Haruki. -¡Yo ya tengo mi dibujo listo, señorita!

-¡Yo igual!

-Entonces déjenlo por allá para que acabe de secarse y vayan a jugar hasta que sus padres lleguen para la competencia de carreras.

-¡Sí!- Exclamaron ambos, alegres.

-¡Nosotros vamos a ganarles a ustedes dos porque con mi papi somos el mejor equipo!- Se jactó Miz, con un movimiento de hombro que causó mucha gracia en la mujer.

-¡Claro que no!

-¡Por Dios! ¡Cómo pelean esos dos!- Comentó una fastidiada Carla a Michelle, quien sonreía al ver tal escena.

-Se llevan bien.

Poco más de media hora después los padres de los niños comenzaron a llegar, quedando encantados cada quien con el dibujo que su hijo o hija había hecho para cada uno de ellos. Aquello provocó una nueva disputa entre los dos pequeños asiáticos, quienes comenzaron a pelear de nuevo por no obtener una respuesta concreta a la pregunta "¿qué dibujo es más bonito?", recibiendo solamente un "ambos lo son".

-El mío tiene que ser más bonito porque yo lo hice y Haru me copió.- Se jactó Miz, dirigiéndose tanto a Shingo, quien la tenía en brazos, como a Hikaru.

-¡Eso es mentira, papá!- Haru enrojeció de la pena. -¡Yo no me copié!

-¡Sí lo hiciste!

-¿Por qué dices eso?- Quiso saber Aoi.

-¿No lo ves? Son prácticamente iguales.- Dijo Hikaru, mirando ambos dibujos.

-Cierto.- Concordó él al notar aquel detalle. -Pero bueno, ambos somos futbolistas y ellos adoran jugar al fútbol con nosotros. Es normal que hayan dibujado lo mismo.- Sonrió a ambos niños.

-¿De verdad, papi?

-Claro que sí, pequeña.- Besó su cabeza. -además, ahora los aplastaremos en las carreras.- Le susurró, causando una risita pícara en su hija.

-Te oí.- Bufó Matsuyama. -Nosotros los aplastaremos. No tendremos piedad porque seas una niña, Mizuki.- Le dijo a ella, quien hizo una expresión de ofensa total que causó que Matsuyama riera.

-No te creas que no es salvaje por ser niña, Hikaru.- Sonrió Shingo, con confianza. -Esta pequeña es el mismísimo Demonio de Tasmania de los Looney Tunes.

-No tengo dudas de ello.- Rió.

-Hay que ir al parque de la guardería, ¿quieres que hagamos una pequeña apuesta?- Dijo Aoi, en baja voz, siguiendo al resto de padres y niños, los cuales eran guiados por las cuidadoras. Alguien detrás suyo tironeó uno de sus mechones. -Aaauch.

-Nada de apuestas. Esta es una competición sana.- Les recriminó Michelle, mirándolos horrible. Aoi le sonrió y le dió un saludo militar, para luego fruncir el ceño al ella adelantarse. -Le quitan lo divertido.

-No importa, papi. Yo voy a ganarle al señor Hikaru y voy a bailar sobre su tumba.- Sonrió dulcemente Mizuki. Shingo palideció ante tales palabras, las cuales agradeció que Michelle ni ninguna otra hayan oído.

-¿De dónde sacaste eso, Miz?

-Lo escuché del tío Kojiro.- Respondió, inocente. -¿Por qué? ¿Es algo malo?

-No, pero no es algo que una niña como tú deba decir.- Sonrió nervioso.

-Prometo no decirlo más si prometes invitar a Salva a mi cumpleaños.- Mizuki lo miró con sus ojos brillando. El japonés la miró por un momento y suspiró.

-Lo prometo.

-¡Sí!- Levantó sus brazos con alegría, ignorando la expresión molesta que Aoi hizo ante tal reacción.

-Ni siquiera en estas circunstancias Gentile deja de complicarme la existencia.- Bufó Shingo, fastidiado. Hikaru rió.

La primer carrera había sido una carrera de siameses, o carrera de pies amarrados, la cual logró salir victorioso el señor Antonio junto con su pequeña Giovanna, ganándose un juego de té.

-¡Quizás hubiésemos ganado si no te hubieses interferido en nuestro camino!- Le recriminó Shingo a Hikaru, quien rió. Aquella caída del dúo Matsuyama, la cual causó que los Aoi no pudieran alcanzar la meta a tiempo, fué claramente intencional.

En la segunda carrera, una carrera de obstáculos, obtuvieron la victoria padre e hija Aoi, luciendo la pequeña Mizuki su increíble habilidad y agilidad, dejando atrás a todos los niños.

-¡Niña mono!- Exclamó Matteo, quien salió disparado detrás de su padre al Mizuki correr a él, lista para amedrentarlo. La pequeña rió y le sacó la lengua.

La tercer carrera sería simplemente un juego para los niños, lo cual sería la búsqueda del tesoro escondido. A cada niño y padre se le había dado una pequeña lista de objetos escondidos por toda la guardería y era trabajo del niño encontrárlos, quedando el adulto solo a cargo de supervisarlo.

-¡Papi, papi! ¡Aquí está!- Exclamó Mizuki, corriendo con una manzana de goma hacia su padre.

-¡Muy bien, Miz! Solo falta...- Revisó la lista. -...una mariposa. ¡Una mariposa! ¡He visto una mariposa en la sala principal!- Exclamó, saliendo corriendo del lugar. Al instante regresó y cargó a su hija, quien había quedado viéndolo raro.

-¡Oye! ¡Estás más emocionado que Miz!- Se mofó Hikaru al verlo pasar.

-¡Solo nos falta uno!- Exclamó, alegre.

-Pues nosotros estamos a punto de ganar. Este era el último objeto de nuestra lista.- Sonrió Matsuyama, a la vez que Haruki mostraba un pequeño oso azul. Aoi hizo un gesto de desesperación y corrió, mientras que Miz reía.

-¡No tan rápido!- Casi al llegar a donde las cuidadoras estaban, Matsuyama oyó a Shingo y a Miz aproximarse a toda velocidad. Por tal, aumentó la suya, comenzando a correr al ser alcanzado. Ambos llegaron al mismo tiempo.

-¡Ganamos!- Dijeron ambos futbolistas al mismo tiempo.

-Claro... Los felicito.- Sonrió Michelle. -Si no hubiesen terminado Gennaro y Amelia hace cinco minutos.- Se mofó.

-¿Eh?- Ambos voltearon al mencionado, quien jugueteaba con aquel oso de peluche que acababa de ganarse.

-La próxima vez será, papá.- Dijeron ambos niños al mismo tiempo, en tono de consuelo.