Un nuevo día en la guardería. Michelle recibía con su cálida sonrisa a cada niño y niña que se acercaba con su madre o padre, prestando especial atención al padre e hija que llegaban al final, ambos con cara de tristeza absoluta.

-Buenos días a los dos, Shingo, Miz... ¿todo en orden?- Preguntó la italiana con notoria preocupación. Miz, en brazos de su padre, besó a la mujer en la mejilla y se bajó, en busca de su ya mejor amigo. Al irse la niña, el futbolista del Inter soltó un suspiro exhausto. Allí Michelle se percató de las ojeras del hombre y de lo cansado que se encontraba.

-Ha estado con bastantes pérdidas la última noche. Hemos estado toda la noche en el hospital. No le hemos contado a Miz, pero creo que se ha dado cuenta de que algo anda mal con su hermanita.- Dijo Aoi, consternado, refiriéndose al embarazo de casi siete meses de su esposa.

-Lo lamento mucho. Y ¿cómo está ella?

-Asustada.- Los labios del japonés temblaron un poco debido a la conmoción. Inmediatamente Michelle se acercó y lo abrazó de forma reconfortante. Él correspondió, aunque al momento se soltó y le sonrió con pena. Realmente no quería ceder ante su tristeza y preocupación y que su pequeña hija lo viera así. -Estoy demasiado asustado. No he tenido tanto miedo en mi vida.

-Todo saldrá bien. Ustedes dos son personas fuertes y sus frutos también lo son...- Miró a Miz, quien ya jugaba alegremente con un Haru que, como si presintiera la situación, actuaba como payaso para hacerla reír. -...y lo serán.- Le sonrió a Shingo, refiriéndose a su niña por nacer.

-Eso es lo que mantengo en mente. De otra forma, estaría hundido en un horrible y oscuro pozo.- Le dijo, serio. -Yukiko está viajando hacia acá porque le pedí ayudarnos con Miz hasta que la situación mejore, aunque ella dijo que se iría, mínimo, cuando Stella cumpla un año.- Se rió.

-Oh, ¿ya han elegido nombre para la niña?- Preguntó la chica, sorprendida. Él sonrió feliz y asintió.

-Sé que no es un nombre muy japonés y que queda un poco raro con mi apellido, pero es un nombre que a ella le encanta y a mi también me gusta.- Explicó, sintiéndose nervioso sin saber porqué.

-Stella Aoi... ¡queda muy lindo!- Sonrió Michelle. -Los felicito, seguro que será otro tornado como Miz.- Dijo, mirando a la pequeña balancearse de un pasamanos con sus piernitas. Suspiró. -¡Miz! ¡Te dije que no hicieras eso!

Aoi rió.

-Le he contado a Yuki y a mamá todas las travesuras que hace Miz y me dijeron que yo era exactamente igual a ella cuando era pequeño. Dijeron que parecía endemoniado.- Contó, entre risas.

-De tal palo, tal astilla.- Sonrió la italiana.

-Aunque no cambiaría exactamente nada de Miz ya que para mi es perfecta como es, me encantaría que Stella fuera un poco más... tranquila.- Sonrió apenado. -Como su madre, quizás. Han pasado casi cinco años de que la conozco y, desde que me he enamorado de ella, siempre añoré el tener una niña que se pareciera a ella. Espero que esa niña sea Stella.- Suspiró, cual enamorado, ante la sola idea. Luego sonrió nervioso. -Además... ¡no sé qué haremos con otra Miz! ¡Ni Yukiko, mamá, Maki, Yoshiko ni toda la Selección de Japón completa podría con ellas!

Michelle rió ante ello.

Mientras los adultos charlaban, encontrándose Aoi ya un poco más animado, Mizuki y Haruki jugaban a las traes. Sin embargo, un invitado no deseado se hizo presente, adentrándose en el juego.

-¡Tú no puedes jugar con nosotros, Matteo!- Exclamó una molesta pequeña japonesa.

-¡Yo puedo hacer lo que quiera!- Respondió él, en el mismo tono.

-Eh... creo que podemos jugar los tres.- Haru intentó ser la vocesita de la razón, pero la niña continuó negándose, cruzada de brazos y con su ceño muy fruncido.

-¡Miz! ¡No seas mala! ¡Déjalo jugar!- Oyó decir a su padre.

-¡Pero, papi! ¡Él es muy malo conmigo!- Hizo un mohín emberrinchado.

-Solo vamos a jugar, señor Aoi. ¡Además yo no soy malo con ella! ¡Ella es muy exagerada!- Se defendió el pequeño italiano, con cara de inocencia. Aoi le sonrió, sabiendo que tenía razón en eso último. Luego, el futbolista miró a su niña, quien le mantuvo la mirada de forma retadora. Miz suspiró.

-¡Está bien! ¡Pero si me molestas voy a caminar por tu cara!- Lo amenazó.

-¡Miz!- Saltó Aoi, regañándola. Ella le hizo un mohín a su padre, quien palmeó su rostro, avergonzado ante tales reacciones, para luego continuar con su charla de adultos.

-Bien, ¡yo empiezo!- Exclamó Matheo, comenzando a correr a Haru, quien huyó riendo. Sin embargo, al momento, corrió a la niña.

-¡PAPÁAAA!- Oyeron gritar a la pequeña, ya fuera de su vista. Tanto Aoi como Michelle se dirigieron hacia allí, con toda prisa. Nuevamente otra escena como la de hace tiempo: Matteo sentado con un fuerte golpe en su cara y un zapatito de Mizuki frente a él. La niña estaba parada frente a él, haciendo muecas de lloriqueo.

-¿Qué ocurrió aquí?- Quiso saber Michelle, con voz autoritaria.

-¡Él me dijo que me dejarán aquí en cuanto mi hermanita nazca!- Lloró la niña de cabellos negros, señalándolo.

-¿Otra vez?- Se fastidió Shingo, tomando a su pequeña en brazos, quien sollozó sobre él. -¡Miz, no debes creer todo lo que te digan!

-Matteo... ¿debo llamar a tus padres? ¿Por qué siempre la molestas?- Le dijo la cuidadora, por lo que el niño agachó la mirada, apenado, tomándose las manitas.

-¡Es que a Matteo le gusta Miz!- Gritó otro niño, de nombre Milo. A Michelle le causó demasiada gracia la expresión del futbolista, quien cubrió a su hija de la vista del pequeño italiano.

-¡N-No es cierto!- Exclamó él, rojo como tomate.

-¡Sí, lo es!

-¡Que no!

-Quizás deba cambiarla de guardería.- Dijo Aoi, mirando con los ojos entrecerrados al niño. Michelle rió, esperando que aquella frase haya sido una broma. Sin embargo al notar la seriedad en el rostro del japonés, le golpeó el brazo. -¡Auch!

-¡Solo son niños! ¡No actúes así!

-¡Tampoco debes golpearme estando los niños presentes! ¡Da el ejemplo!- Respondió él. -¡Miz es muy pequeña para tener novio!- Exclamó un indignadísimo Shingo, mientras que la pequeña veía todo con confusión.

-Pero ¡papá! ¡Matteo no es mi novio!- Hizo un mohín. -¡Además yo tendré novio a los treinta! ¡Y será Haru!- Sonrió ampliamente. La cara del pequeño Matteo fué de un puchero decepcionado, la de Aoi de completa y tediosa sorpresa, de Michelle, divertida y del propio Haruki, quien acababa de llegar a la escena, de una sonrisa halagada y contenta, la cual se borró al Aoi verlo de la misma forma en la que segundos atrás veía al otro niño.

-Por lo menos has respetado eso de "no tener novio hasta los treinta" que te plantee.- Le dijo Shingo a su hija, molesto, quien le sonrió.

-Señor Aoi...- Haru, al sentir la situación más calma, estiró el pantalón de Shingo, llamando su atención. Al hombre le fastidio la sonrisa con la que su pequeña miró al niño. -Usted había dicho que Miz estaría segura conmigo. ¡Prometo que lo estará!- Sonrió radiante Haruki.

-Tendrás que vencerme en un partido de fútbol si quieres que te deje a mi princesa.- Le dijo Shingo, con tono altanero.

-Es un poco difícil tener puras niñas, ¿cierto?- Se mofó Michelle.

-Espero que el tercero sea niño.- Suspiró.

-¡Yo no quiero un hermanito más!- Exclamó Mizuki, con un mohín.

-Aún no ha nacido la segunda... ¿y ya piensas en el tercero?- La italiana le enarcó una ceja.

Shingo se encogió de hombros, a la vez que su pequeña continuaba mirándolo con recelo, indignada con aquello de un quinto miembro en su familia.