Por un motivo que ni Michelle, ni Carla, ni ninguna de las otras cuidadoras comprendieron pero sí respetaron, el primer contacto entre Mizuki y Stella Aoi se llevaría a cabo, precisamente, en la guardería Rayito de Sol. ¿Por qué? Según Shingo era algo simple: un momento así de importante solo podía llevarse a cabo con la ayuda de personas importantes para la pequeña. La ya amiga de la familia Michelle, el incondicional matrimonio Matsuyama, el mejor amigo de Mizuki, Haruki y por supuesto, la tía Yukiko, quien había estado apoyando a la familia de su hermano desde sus inicios (o quizás un tanto después). Con esto, además, la flamante madre por segunda vez podría ir a su hogar para ducharse y descansar un rato antes de lidiar de nuevo con la difícil tarea de criar a una bebé con sangre Aoi.

-¿No crees que a mamita le afecte el perderse un momento tan importante? Sus hijas van a conocerse. Debería de estar aquí.- Dijo Carla, de brazos cruzados y una ceja alzada. Michelle sonrió.

-Shingo me comentó que el parto ha resultado mucho más largo de lo que hubiesen querido. Debe de estar exhausta la pobrecilla. Además sabe que debe tener energía de sobra para poder lidiar tanto con él como con las dos pequeñas.- Rió por lo bajo. -Sabe que la bebé está en las mejores manos posibles. Después de todo, es su papá. ¿Quién mejor que él?

-Si yo fuera ella, estaría aquí, con las niñas y con mi esposo.- Respondió, un tanto ácida. Michelle la miró escéptica.

-No sabía que aún estabas con eso.- Le dijo, un tanto burlona. Carla se encogió de hombros.

A unos cuántos metros de ellas, Hikaru y Yoshiko Matsuyama, uno cargando en brazos a Haru y la otra a Miz, esperaban impacientes a que los Aoi llegaran con la recién llegada al mundo.

-Tranquila. Prometo filmarla. ¡No te privaremos de semejante escena!- Sonreía Yoshiko mientras hablaba por celular. -Sí. Te mostraremos eso y luego procurarás descansar. Lo necesitarás. Sabes muy bien que tratar con una recién nacida no es tarea sencilla.

-Mami...- Mizuki habló y Yoshiko le colocó el celular para que continuara. -¿Cuánto tiempo más tardará papi con mi hermanita? ¡Ya quiero verla! ¡Papi está tardando mucho!- Se molestó la ansiosa niña.

-Dijo hace veinte minutos que ya estaba en camino. La clínica no está tan lejana.- Comentó Hikaru.

-Yo también ya quiero conocer a la hermanita de Miz.- Sonrió Haru.

-¡Vamos a jugar mucho con ella!

-Bueno. Aún es muy pequeña, pero en poco tiempo lo harán.- Les dijo el japonés, prestando especial atención a la zona de la entrada, pues había visto a un auto estacionarse y a algunas personas de aquí para allá, con varios objetos, como si equipaje llevaran. Matsuyama sonrió. -Parece que ya están aquí.

-¡Síiii!- Exclamó Mizuki, abandonando la llamada con su madre y pataleando para que Yoshiko la bajase, cosa que hizo al despedirse y cortar la llamada, con cierta dificultad debido a lo alterada y emocionada que estaba la pequeña. Mizuki corrió a la puerta y comenzó a dar brinquitos de alegría. -¡Papi, papi!

-¡Hola mi princesa!- Una joven un tanto mayor que Shingo y con una coleta alta apareció primero, levantando a la niña en brazos bien alto. Mizuki rió.

-¡Tía Yuki!- La abrazó efusivamente, aunque poco le duró su atención hacia la hermana mayor de su padre, pues al instante observó hacia la puerta e hizo un puchero de decepción. -¿Papi no vino contigo, tía Yuki?

-Sí, pero está esperando a mi señal. Ya sabes que tu papi es un tanto... especial.- Rió por lo bajo, mientras que bajaba a la niña.

-Estoy oyéndote, tía Yuki.- Dijo Aoi en tono bajo y cantarín, del otro lado del cristal de la puerta. Mizuki sonrió emocionada al oírlo.

-¡Papiii! ¡Ven aquí conmigo!- Exigió Miz, con un mohín, golpeando el suelo con su piecito.

-Bien.- Shingo abrió la puerta y asomó primero su cara, la cual mostraba una sonrisita apenada y la notoria e indiscutible marca de lágrimas de emoción. -Hola, mi amor.

-¡Papiii! ¡Ven aquí! ¡Quiero ver a mi hermanita!- Continuó exigiendo la niña, dando saltitos. Aoi la miró con expresión enamorada y luego entró, llevando en sus brazos un pequeño bulto cubierto con una mantita color lila. Pese a querer todos y cada uno de los adultos abalanzarse sobre él para poder conocer a la criatura, todos mantuvieron su lugar para que, por supuesto, sea la pequeña hermana mayor la primera en ver a la recién nacida Stella. Shingo se arrodilló con suavidad y le mostró a su hija, su nueva hermanita menor. -Miz, mi amor, ella es tu hermanita Stella.- Musitó, debido a la emoción que le brotó en aquel momento y la cual había logrado que nuevas lágrimas cayeran y cayeran de nuevo, como ya venía haciéndolo desde que se había convertido en padre, otra vez.

La pequeña Mizuki miró a su padre con sus ojos muy abiertos, sonrió tímidamente y se acercó para ver la cara de su hermanita. La bebé, como si presintiera la presencia de su hermana mayor, sonrió un poco para ella y luego sacó la lengua. Mizuki sonrió ampliamente, maravillada, mirando de nuevo al futbolista.

-¡Mi hermanita me sonrió!

-¿Qué te parece? Es muy pequeña, ¿verdad?- Le dijo Aoi, con un amor que no le cabía en el pecho, mientras que todos los otros contemplaban tan lindo momento y Yukiko filmaba aquello. -Tú eras así de pequeña cuando naciste.

-Mi hermanita tiene el pelo como mami.- Comentó Mizuki contemplando a la bebé, quien gesticulaba con su boca, notando el cabello color castaño en la cabecita de Stella.

-¿Verdad? Tú eres idéntica a mi. Mamá iba a enojarse mucho si Stella no salía con algo suyo.- Se mofó, mirando luego a la cámara que los enfocaba. -¡Gané la apuesta! ¡Sabía que saldría a ti!- Celebró, hablándole a su esposa.

-¡No arruines un momento tan lindo, Shingo Aoi!- Lo regañó Yukiko. -¡Ahora véanme! ¡Voy a sacarles una foto!

Mizuki y Shingo sonrieron ampliamente a la cámara de su tía y hermana, mientras que Stella fué captada bostezando con todas ganas. Yukiko miró la foto y, de nuevo, lo reconfirmó: Mizuki y Shingo eran demasiado parecidos, pero cuando sonreían eran prácticamente la misma cara en distinto cuerpo. La japonesa, contemplando aquella encantadora imagen, mordió su labio inferior con emoción, sin poder controlar unas cuántas lágrimas que se le escaparon de la pura nostalgia, cosa que fué captada por su hermano menor.

-Yuki...- Sonrió levemente Shingo.

-¿Ya viste, tía Yuki? ¡Ahora soy una hermana mayor, como tú!- Exclamó Mizuki con mucha alegría. Aquello quebró la poca resistencia de la Aoi.

-¿Todo bien, tía Yuki?- Le preguntó el mediocampista del Inter, con un poco de burla en su voz, utilizando aquel "tía" que siempre agregaba para hablarle o referirse a ella desde que se había convertido en tal.

-¡No puedo creer que mi bebé haya crecido tanto!- Exclamó y lloriqueó, víctima de su emoción. -¡Me costó horrores despegarme de ti para que te vengas a Italia y ahora mírate! ¡Tienes veinticinco y una familia hermosa!

-¿Por qué está llorando la tía Yuki?- Quiso saber Miz, apenada.

-Solo llora porque está feliz.- Le explicó su padre. -También lloró así cuando tú naciste.

-Mi hermanita puso a todos muy felices.- Sonrió la pequeña, orgullosa, caminando hasta Haruki. Lo tomó de la muñeca y lo acercó para que conociera a su hermanita. -¡Mira, Haru! ¡Mira qué bonita es mi hermanita!

-¡Es muy bonita!- Dijo el niño, volteando para ver a sus padres con una gran sonrisa sorprendida. -¡Mamá, papá, es muy pequeña!

Hikaru y Yoshiko vieron en la acción de su hijo y en la sonrisa de Shingo su turno para conocer a la nueva bebé de sus amigos. Por tal, no tardaron nada en acercarse, contemplarla y llenarla de halagos.

Al llegar el turno de Michelle y Carla, la primera reaccionó con no menos emoción que el matrimonio anterior, adhiriendo a que aquella bebé sería realmente un vivo retrato de su madre, cosa que hizo a Shingo lloriquear de nuevo al ver realizado y completado su deseo: dos princesas, una a su imagen y la otra, a la imagen de la mujer que amaba.

-Yo no le veo mucho parecido.- Comentó la italiana como si nada a Michelle, quien la miró como si la hubiese insultado. -¿Qué? ¿Acaso soy la única que se ha dado cuenta de que Mizuki es asiática y Stella ni un poco?

-¿Acaso te llevaste biología, Carla? Así no es como funciona la herencia biológica.- Respondió, enarcando una ceja.

-Como digas.- Giró sus ojos.

-No vuelvas a decir algo como eso, mucho menos en un momento así.- Le advirtió Michelle, ceñuda. -No me importa todo lo que has pasado por una decepción amorosa, pero esas niñas no tienen la culpa. Te aconsejo que lo superes.

-No exageres, Michelle.- Carla la miró extrañada. -Solo fué un comentario tonto porque, pensándolo bien, ambas niñas son "mestizas", no son cien por ciento japonesas.

-Me alegra que lo entiendas.- Concluyó aquella charla, ya más aliviada pero aún molesta. -No puedes negar que las dos son unas niñas preciosas.

-No, no lo negaré.- Dijo Carla, acercándose al japonés, sonriéndole y contemplando de nuevo a la bebé. Notó algo. -Mira. Tiene tu mismo lunar.

-¿Eh?- Aoi abrió enorme sus ojos y observó a su pequeña hija, percatándose, gracias a que ella estaba removiéndose inquieta, que tenía el mismo lunar que él tenía justo en el límite de la frente y el cabello. Shingo sonrió de oreja a oreja.

-No eres cien por ciento mami, ¿verdad?- Le dijo a la bebé, con una voz extremadamente melosa, haciendo sonreír a la cuidadora.

-No, es un poco Shingo también.- Concordó Carla, con una auténtica y tibia sonrisa. -Un diez por ciento Shingo.- Continuó, mirando al futbolista derrochar amor por su nueva hija.