Hoy resultaba un día excesivamente emotivo tanto para las cuidadoras como para algunos padres, pues era el adiós al pequeño grupo que dejaba la guardería para unirse al Jardín de Infantes, para iniciar así su educación preescolar.
El Asilo Nido La Giostra Nel Parco, ubicado en un muy buen sitio entre sus hogares, el predio de sus entrenamientos y el trabajo de la señora Aoi, había sido el sitio elegido por los padres Aoi y Matsuyama, pues ambas familias habían considerado que, debido a la gran amistad que Mizuki y Haruki habían desarrollado, no podían siquiera considerar el separarlos.
-¡Papi, papi! ¡Mira mi diploma! ¡Quiero que lo cuelgues en la pared con tus medallas!- Exclamó la pequeña japonesa, mostrándole a su padre su certificado, el cual solo tenía validez emocional pues allí establecía lo mucho que se habían divertido, los amigos que habían obtenido y el que los niños estaban listos para afrontar la vida escolar.
-Cuenta con eso, mi amor.- Sonrió Aoi, aún emocionado por el reciente acto y entrega de diplomas de su hija y sus compañeros. -¿Sabes? Deberías mostrárselo a tu madre. Si es que alguna vez se digna a regresar con nosotros.- Murmuró aquello último, mirando con molestia al grupo de tres jóvenes mujeres (quienes eran su propia esposa, Yoshiko Matsuyama y Maki Akamine) y una bebé de poco más de nueve meses, que charlaban animosamente.
-Pero ya lo vió. Además mami está con sus amigas. ¡Y yo quiero estar contigo!- Se quejó al final, inflando sus mejillas.
-Como ya te dije, la primera es tuya. La segunda es de ella.- Se mofó Hikaru.
-¡Tonterías! Las tres son mías.- Dijo, altanero, levantando a Mizuki en brazos y dirigiéndose hacia las damas. Al aparecerse allí, la bebé enloqueció y comenzó a patalear, a sacudir sus bracitos y a balbusear, pidiendo por su padre, pues habían hecho malabares para que la niña se quedara tranquila sin la presencia del mediocampista del Inter de Milán a la vista. Aoi, riendo y soltando algún comentario meloso para su hija menor, otro para su hija mayor y otro para su esposa, acabó con ambas niñas en brazos y con un beso muy afectuoso otorgado por la madre de sus hijas. Regresó victorioso.
-¿Cómo pueden estar tan enamoradas de su padre con lo feo que es?- Hyuga revolvió los cabellos negros de Mizuki mientras que Matsuyama jugueteó un poco con la bebé.
-Papi no es feo.- Se indignó la mayor, haciendo un mohín, el cual Kojiro imitó, fastidiándola. Miz acabó por sacarle la lengua. -Tú eres feo, tío Kojiro.
-Pero no tanto como Haru.- Le devolvió éste.
-Haru no es feo. Él es muy lindo.- Dijo ella, causando que Shingo frunciera horriblemente el ceño. -¿O no, papi?
Matsuyama y Hyuga rieron por lo bajo ante aquello.
-Pues... digamos que aún así eres muy bonita para él.
-¡Quiero ir con Haru!- Pataleó Miz. Shingo suspiró y la bajó, viendo a la niña correr donde su amigo se encontraba.
-Te dije que debes hacerte a la idea de que ellos dos van a estar juntos por quien sabe cuántos años.- Dijo Hikaru.
-¿Dices que van a ser pareja en un futuro?- Quiso saber el de Saitama.
-Ni lo menciones.- Suspiró Aoi. -No puedo ni siquiera pensar en que algún día ella querrá a otro hombre que no sea yo.- Hizo un puchero, comenzando a lloriquear. Sus amigos rieron.
-¡Ya eres un hombre...- Dijo Matsuyama.
-...y tienes dos hijas!- Completó Hyuga.
-¡Debes dejar de ser tan llorón!
-No puedo evitarlo.- Limpió sus lágrimas con sus muñecas. -Si lloraba por asuntos futbolísticos, ¿por qué no llorar por mis lindas hijas?
-Tienes un punto.- Asintió Hikaru, mirando a los dos niños jugar.
Hyuga miró a la bebé, quien lo estaba observando mientras que balbuseaba por lo bajo. Al él verla, ella sonrió.
-Parece que el gen asiático fué más fuerte, ¿no?
-¿Por qué lo dices, Kojiro?- Quiso saber el mediocampista del Inter.
-Porque... vean a Miz. Ella es idéntica a ti en todo sentido. Es como si a ti te hicieran dos colitas y te hicieran pequeño. Pareciera japonesa pura. Y Stella, aunque haya salido con el color de cabello de su madre, aún continúa siendo idéntica a ti. Ella tiene un poco más de mezcla, pero aún así tiene más Aoi.
-Pues Miz tiene el tono de piel de Ame, pero... es cierto.- Sonrió Shingo. -Incluso ella se ha dado cuenta de que nuestras niñas han salido mucho más a mi que a ella. Eso, a veces, la fastidia.- Se mofó, dirigiendo la rápida mirada a su esposa. -Ya saben... "¡las tuve dentro mío por nueve meses para que terminen siendo copias tuyas!"- Rió, chillando la voz. -Y no olvidemos cuánto sufrió con el parto de Stella, pues Miz nació muy rápido.
Aquella mujer se percató de su burla y entrecerró los ojos, como cada vez que algo la molestaba. Aoi soltó un suspiro enamorado.
-¿Será que le molestará ir por el tercer hijo?- Preguntó Aoi, como pensamiento en voz alta. Tanto Hyuga como Matsuyama lo miraron, sorprendidos.
-Que no te oiga.- Sonrió nervioso el de Hokkaido.
-¿Acaso crees que a la pobre la gustará lidiar con un embarazo, otra vez?- Reprochó Kojiro. -Además de lo que se amerita para concretarlo... ¡y contigo!
-Pues, sí. ¿Con quién más?- Shingo hizo un mohín.
-Si me preguntan... es muy pronto. Stella aún es muy pequeña.- Dijo el defensor, acariciando la cara de la bebé, quien estiró sus bracitos para que él la cargase. Lo hizo, aunque le tomó dos segundos a Stella comprender la "lejanía" con su padre y comenzar a hacer pucheros.
-Tranquila, mi amor. Estoy aquí.- Aoi le besó una de sus manitas. Ella estiró sus brazos a él, por lo que el futbolista la tomó en brazos de nuevo. -No puedes estar cinco segundos sin papá, ¿cierto?- Le habló, con voz melosa.
-Shin...- La esposa de Aoi se acercó, hablándole con dulzura mientras que lo tomaba por los hombros, desde atrás, y apoyaba su mentón allí. -Miz quiere ir a jugar al patio con Haru. Vamos a ir con ellos.
-Bien. Yo me quedaré con ella.- Sonrió él, recostando un poco su cabeza para estar junto a la de ella.
-¿Estás conciente de que Aoi quiere tener un hijo más?- Dijo Hyuga, y la mujer lo miró, sorprendida.
-Espero que no sea esa absurda idea de "tener un hijo varón".- Le reprochó a su esposo, en un murmuro.
-Para nada.- Sonrió con pena, hablándole por lo bajo para que solo ella oyese. -Es solo que... Stella ya ha dejado el pecho. Es una imagen que extraño.
-También yo, pero bueno. Tener y criar un bebé es muy difícil.
-¿Es un 'no' definitivo o un 'no' de 'después'?
-Quizás después.- Sonrió al final. -Cuando ambas tengan edad suficiente.
-¡Genial!
-¿Qué no sabes que, en Japón, el hombre es el que decide cuándo traer los hijos al mundo?- Bromeó Hyuga con la joven, quien le enarcó una ceja.
-Qué raro que digas eso, considerando que Maki prácticamente tuvo que atarte a una cama para conseguir ese lindo embarazo de dos meses que tiene porque, el Tigre de Saitama, tenía miedo.
-¡Eso no es verdad!- Exclamó Hyuga, enojado. Todos allí rieron, incluída Stella, quien se dejó llevar por las risas. -¡Ah, pequeña traidora!
-Bien... ahora te espera algo tan lindo como ésta preciosura que tengo aquí.- Sonrió Shingo, mostrándole a la sonriente Stella.
-Con todo y noches sin dormir, vómitos, pañales sucios y todo lo demás.- Continuó la mujer, sonriendo también.
-Y los horribles cambios de humor que Maki tendrá.
-¡Ya, cállense, familia Ingalls!- Exclamó, fastidiado. Ellos rieron. -Espero tener un varón y que ése varón salga con Stella en un futuro.
-Ya quisieras.- Rió a carcajadas. -Stella nunca tendrá novio. Siempre me amará solo a mi. ¿Cierto, mi amor?- Le habló de forma muy melosa, tal como a la bebé le fascinaba que su padre hiciera.
Stella, al recibir el cariño de su padre, soltó una risita risueña, alegre, acabando por balbusear un par de cosas en voz alta que hizo que la sonrisa de su madre se borrara.
-No, por favor...- Suspiró, decaída.
-Bapabapabapa...- Decía la bebé, mientras que los dos futbolistas la veían atentos y sonrientes y su progenitor sonreía conmovido, casi a las lágrimas, alentándola para que completara aquella palabra que tanto ansiaba oír de ella. -...pa...papá.
-¡Eso es, mi amor!- Lloriqueó un poco, besuqueando la mejilla de su hija, para luego abrazarla.
-¿Puede ser tan injusta la vida? ¡Nueve meses llevé a ambas en mi vientre, toleré náuseas, cambios de humor, dolores...! ¡Miz pataleaba a cada momento y Stella daba volteretas dentro mío! ¡Ambas al cien por ciento con la energía de Shingo desde su concepción! ¿Y las dos dijeron por primera vez 'papá' antes que 'mamá'?
-Pues... las dos salieron con algo tuyo muy fuerte.- Dijo Aoi, apenado, al ver la decepción en su esposa.
-¿Qué?- Quiso saber, en un puchero.
-Su amor a mi.- Sonrió. Ella le enarcó una ceja, aunque luego sonrió.
-La pesada herencia.- Rió Matsuyama, por lo bajo.
-No sé si estás tomándome el pelo o no, pero tengo que admitir que entiendo mejor que nadie el amor que ellas dos te tienen.- Le dijo, besándole la mejilla, para luego abrazarlo con mucho amor.
-Sigue así y quizás la convenzas de tener al tercero.- Se mofó Hyuga.
-Espero que te salgan trillizas.- Le dijo ella, colgada del cuello de su esposo, sacándole la lengua. Otra mueca que Miz había heredado.
Hyuga puso cara de terror, mientras que veía cómo su compatriota disfrutaba de las muestras de cariño de su esposa e hija menor. Supuso entonces que, de ser así, el futuro junto a Akamine no sería tan malo.
