Entre mucho infante, el pequeño Haruki, de ya seis años, resoplaba con fastidio. Probablemente no tendría mucho que hacer aquí, pues su hermana Hikari apenas y tenía escasos meses de nacida. Sin embargo, su mejor amiga se encontraba allí, quien había pedido por su presencia y la cual sí tenía un fuerte motivo para estar presente allí, pues era el día de los hermanos mayores en la guardería Rayito de Sol.

-Haru, ¿todo en orden?- Quiso saber Matsuyama, parándose al lado del niño que se mantenía en un rincón, observando todo con una expresión muy seria.

-¿Por qué vinimos, papá?- Preguntó el pequeño, por décima vez desde su llegada. -Yo ya estoy en primaria, ¡todas estas cosas son para bebés!- Se quejó, mirando a los demás niños, de todas las edades, jugar en el pelotero, en los inflables y en todos los juegos que el lugar ofrecía.

Hikaru reprimió una sonrisa de burla, mirando a su esposa, quien permanecía parada a su lado con la bebé en brazos.

-Con que muy adulto, ¿no?- Dijo Yoshiko, en tono divertido, mientras mecía a la niña. -Pues... Miz tiene casi tu edad y mírala. Disfruta de los juegos mucho más que el resto de los niños.

-Es que Miz está jugando con Stella.- Respondió Haruki, observando a ambas niñas Aoi saltar en el castillo inflable y a su padre supervisando desde afuera. Aunque solo por unos momentos, pues al instante ya estaba allí dentro, junto con sus niñas. -¡Incluso el señor Shingo está jugando con ellas!- Hizo un mohín.

-Ohhhh, ya entiendo cuál es el problema.- Dijo el defensor, sonriendo y levantando a su hijo en brazos, quien se vió sorprendido por ello. -¿Te fastidia que no esté invitándote a jugar?

-¡No quiero jugar, papá! ¡Ya soy un niño de primaria!

-Mizuki también es una niña de primaria y mírala.- Sonrió, caminando de espaldas.

-¡Pero Mizuki está loca! Al igual que el señor Shingo.- A lo último lo dijo en voz bajita, apenado.

-No puedo contradecir eso.- Se carcajeó Matsuyama. -¿Y ustedes? ¿Qué dicen? ¿Le damos al adulto Haruki Matsuyama una lección de cómo no desperdiciar un día entero en una sala de juegos?- Preguntó en tono alto a otro de sus amigos, Ryo Ishizaki, quien acababa de alcanzar a su pequeño hijo Satoru Ishizaki, de dos años recién cumplidos, luego de corretearlo por toda la guardería. Éste levantó a su hijo en brazos y suspiró, cansado.

-Hay cosas peores a que tu hijo no se emocione con juegos, Matsuyama. Mira a mi pequeño Sato.- Miró al sonriente niño, quien sin dudas llevaba la sonrisa de su madre Yukari grabada. -Es una infernal máquina de hacerme sudar. ¡Ni siquiera Gamo en sus inicios me hizo sudar tanto!

-¿De verdad Gamo fué tan duro?- Preguntó Aoi, acercándose a ellos. -A mi me pareció muy amable.

-Eso fué porque eras su favorito. Lo sabías, ¿no? Nuevo y títular indiscutido.- Bufó Ryo, muy ofendido.

-Oye, ese puesto me lo gané yo solo.- Aoi hizo un mohín.

-Seguro, por eso el Júbilo Iwata se fijo en ti y tú, diciéndome que te sentías halagado por su oferta, me hiciste malgastar un viaje hasta Milán que desgastó mi trasero.

-¡Es que tú llegaste con el contrato para firmar enviado por ellos y yo ni siquiera había hablado contigo sobre eso!- Se defendió.

-¡Sí! ¡Contrato que me tuve que meter en el...

-¿Qué pasa aquí?- Yukari apareció, enarcando una ceja. A su lado, la esposa de Aoi.

-¿Acaso están peleando enfrente de los chicos?- La joven miró mal a su pareja, quien continuó con el mohín en su rostro.

-Yukari... ¿recuerdas ese viaje a Milán que hice, el cuál Aoi no valoró, despreciando a mi querido club?- Dramatizó Ryo.

-Estás exagerando.- La señora Aoi se entrometió, defendiendo a su esposo, quien se colocó detrás de ella con una sonrisa altanera. -Shingo estaba en todo su derecho de negarse. Además él bien y siempre había dicho que su sueño era debutar en la primera división de Italia. ¡De haber sido en Japón, lo hubiese logrado a los dieciseis años!

-Dieciseis años...- Resopló Ishizaki. -¡Ni que la J League fuera tan sencilla!

-El asunto es que deberías dejar atrás eso.- Comentó Shingo a su compañero del Inter.

-Sí. No sé porqué tanto escándalo respecto a sus caminos. Después de todo, ambos terminaron en el mismo equipo y al mismo tiempo.- Dijo Yukari, con toda razón.

-Pero Shingo la tuvo peor. No fué un simple acomodado.- Murmuró la otra mujer.

-¡Ryo no fué acomodado!- Se quejó Yukari.

-No me refería a él.- Giró sus ojos. -Sé bien que Ryo es el ejemplo perfecto de autosuperación. Sin embargo... no tuvo que lidiar con lo que él tuvo que lidiar al llegar a Italia.

-Supongo que puedo aceptar eso.

-Creo que ese asunto de Aoi, Ishizaki y el Júbilo Iwata viene para rato.- Comentó Yoshiko a Hikaru, en un murmuro.

-¿Para rato? Ya han pasado más de diez años, ¿sabes?- Respondió él, enarcando una ceja. La castaña lo miró con sorpresa, para luego sonreír.

-A todo esto, Haru. ¿Por qué no estás jugando?- Quiso saber la madre de Mizuki y Stella, dirigiéndose al niño, ya fastidiado por tanto escándalo.

-Es cierto. ¡Mira! Hasta Sato es feliz jugando.- Dijo Yukari, tomando al pequeño de los brazos de su padre para liberarlo. Ryo, con una hilarante cara, maldijo en su interior y corrió de nuevo tras él. -¿Por qué no te les unes?

El niño simplemente hizo un mohín, negándose a responder o siquiera, a mirar a las adultas.

-¿Haru?- Insistió su madre, con aquella voz que podía derribar sus pequeños muros de defensa.

Haruki hizo un puchero, triste.

-¡Porque papá no quiere jugar conmigo!

-¿Eh?- Matsuyama se sintió atacado. -Haru... te he dicho muchas veces que vayas...

-¡Que vaya a jugar, no que vayamos a jugar!- Bufó, intentando aguantar el lloriqueo como "niño grande" que era. -Miz y Stella tienen al señor Shingo para jugar y Sato tiene al señor Ryo. Tú solo tienes tiempo para mi hermanita Hikari.- Miró con enojo a la bebé, aunque solo por un segundo.

-Haru...- Hikaru habló, luego de procesar lo ocurrido y sentirse muy mal por ello. -Mira a tu hermanita.

El niño, aún en berrinche, obedeció, encontrándose con una bebé de cabello castaño y ojos caoba sonriéndole con cara de estar completamente enamorada de su hermano mayor.

-¿De verdad vas a enojarte con ella? Ella te quiere mucho.

Haruki hizo un puchero, liberando algunas lágrimas. Yoshiko las limpió y Hikaru continuó con su sermón paternal.

-Quizás te has sentido un poco relegado, pero no es porque no te querramos o algo parecido, pequeño cabezota.- Sacudió sus cabellos. -Es que tu hermanita requiere demasiado de nosotros. Pero eso no significa que no dejemos de estar pendientes de ti, de quererte y de jugar contigo. Solo necesitamos que nos tengas un poco de paciencia y que, si te sientes mal por algo, solo lo digas. Lo corregiremos de inmediato.

-Yo... ¿puedo jugar con Miz, Stella y Sato?- Preguntó, con expresión de Yoshiko Fujisawa.

-¿Por qué con ellas? ¿Acaso no quieres jugar conmigo?- Rió Hikaru.

Haru entonces se percató de que su padre estaba parado al borde del pelotero. Antes de que pudiera decir algo, Hikaru se dejó caer, con su hijo en brazos. Al reaparecer, ante una mirada preocupada de Yoshiko (un tanto exagerada, quizás) porque el niño se hubiese herido, ésta suspiró al ver cómo el niño comenzaba a las carcajadas y a aventarle pelotas en la cabeza a su padre. A esta guerra, pronto se le sumaron padre e hijas Aoi y luego, padre y hijo Ishizaki, para finalizar con las dos madres lanzándose, dejando a Yoshiko riendo ante tal escena.

-¿Cómo podrían estos niños tener infancias tristes con semejantes padres?- Rió, hablándole a su bebé, quien balbuceó y sonrió.