Escrito en la madrugada bajo las secuelas de varias horas seguidas de música navideña en el trabajo.
LET IT SNOW, BRO
Ficlet • AU
Hace mucho frío afuera, en la mañana del 25 de diciembre de una ciudad que comienza a ponerse en movimiento. El sol apenas salió hace unos minutos; los cuerpos tiemblan en sus gruesos abrigos. Dos hombres se miran en silencio, sin saber qué decir ante lo que esto es: una despedida. Con ese propósito Wei Ying vino a la pequeña área recreativa que se encuentra al lado del edificio de apartamentos donde vive Lan Zhan, un área neutra que no lo arrastraría a quedarse y envolverse en la calidez, como tanto quisiera.
Wei Ying se tambalea un poco y parpadea rápidamente, y el corazón de Lan Zhan se aprieta por la somnolencia adorable de aquel que no acostumbra despertar a estas horas. Ha batallado en levantarse. Lo sabe porque lo conoce, también por el cabello negro despeinado —las puntas onduladas levantándose con rebeldía— y una marca ligeramente enrojecida en una mejilla.
Un autobús se escucha a lo lejos, sumándose al ruido de las construcciones que nunca se detienen. El sonido les recuerda que es la hora de que digan las temidas palabras.
La boca de Wei Ying se abre, liberando la condensación de su aliento pesaroso.
—Te veré el próximo año —él dice, luego le da un ligero golpecito en el hombro.
Lan Zhan no se mueve. Esa muestra de un jugueteo mecánico que quiere aparentar normalidad no le molesta tanto como el recordatorio de que se debe beber con los ojos todo lo que pueda de su amado, antes de que sólo vea su espalda partiendo hacia un lugar lejano, a kilómetros de distancia de él.
Su mano pica ante la imagen aterradora. Entonces, para aliviar ese malestar, extiende el brazo y toma la mano helada de Wei Ying. Él le da una de sus tantas sonrisas cuando Lan Zhan entrelaza sus dedos.
—Esperaré por ti —Lan Zhan promete con voz profunda y seria; sus ojos son igualmente profundos y serios.
No es un juramento que terminará en la nada. Siempre esperará por él, sin importar el tiempo que sea necesario.
Los ojos oscuros de Wei Ying se iluminan, como las estrellas que muchas veces son difíciles de encontrar. Él mismo es una estrella: su simple existencia ha iluminado su antigua vida rutinaria de colores tenues y acciones controladas que no puede recordar ahora.
—Lan Zhan… —Wei Ying gime, conmovido. Solamente él sabe que su latido repite ese nombre.
Ah...
Una ventanilla se baja más rápido de lo que es física y lógicamente posible.
—¡Por un carajo! ¡Sólo vamos a casa para Año Nuevo! ¡Una semana! ¡U-NA!
En el Didi, Jiang Cheng grita desesperado. A su lado, el conductor le ve no muy agradablemente, no después de que arruinara el melodrama que encontró bastante entretenido.
A Jiang Cheng, por supuesto, no le hiere el ganarse la animosidad de ese hombre. Es decir, ni el gesto de reproche que le hace su hermano le movió el arrepentimiento. Porque obviamente no tiene nada de lo que arrepentirse. Unos minutos más de diálogo sin sentido y perderán el tren que los llevará a Wuhan.
A Wei Ying tampoco le importa la opinión de su familiar cuando está en algo tan importante. Por eso vuelve a ignorar la existencia de los espectadores y se cierra en su mundo donde hay sólo dos personas, en un escenario invernal. Hay gente que no entiende sobre la importancia de crear una atmósfera, de verdad.
Siguiendo las acciones esperadas del gremlin que obviamente es, Wei Ying da el único paso que lo separaba de Lan Zhan. En un salto apenas perceptible, envuelve los brazos alrededor de su cuerpo. Un par de ojos marrones, un par de ojos ámbar.
—¡Feliz Navidad, Lan Zhan! —él grita con alegría.
Lan Zhan, quien en un principio se sorprendió por el abrazo inesperado, lo acerca más hacia él. Después coloca su cabeza en el espacio entre el hombro y el cuello de Wei Ying.
—Feliz Navidad, Wei Ying —susurra en respuesta.
El cosquilleo de la voz contra su piel le saca una carcajada de gozo a Wei Ying.
Casi literalmente a su lado hay un sonido totalmente antónimo al suyo. El sabor de la sopa de loto de su hermana se sentía cada vez más distante —inalcanzable— para la boca de Jiang Cheng, ahora amarga.
—Olvídelo —se dirigió al hombre de mediana edad gustoso de los dramas—. Le pago el doble si arrolla a ese idiota.
Él estaba dispuesto a testificar que fue un accidente.
Spoiler: Por suerte para todos, no atropellaron a WY, sólo le hicieron corren un poquitín detrás del auto.
Pretendamos que el año nuevo gregoriano es celebrado a lo grande en China. Si no, tal vez es una fiesta para el bebé Jin Ling [*Inserte una excusa válida para esta escena sin sentido*]. He visto que varios sitúan al Clan Jiang en la provincia de Hubei, así que yo le hice caso a los conocedores.
Otra cosa que me enteré y trastornó mi mundo: la extensión de un drabble es de exactamente 100 palabras. He vivido 12 años engañada. (°O°)
