He tenido parte de esta historia durante ya años y nunca terminé de entender qué tanto quería de ella, pero quería terminarla de una vez para por lo menos quitarme el pendiente. Sí, quedó muy larga. Sí, innecesariamente larga. Pero así las cosas.
Ah y al final de pone algo cursi. Qué puedo decir, el famoso bloqueo escritor edición pandemia.
Disclaimer: Nada me pertenece.
...
Ron recordaba con doloroso lujo de detalle la primera vez en la que realmente había visto a Hermione.
Fue en el Gran Comedor. La habitación entera brillaba con las luces decorativas del Baile de Navidad. El lugar estaba repleto, pero aun así la vio entre el mar de gente, el cual se apartaba para darle paso.
Sus mejillas estaban ligeramente rosadas y su mirada a veces bajaba, porque sabía que se veía hermosa, sólo no sabía qué hacer al respecto. Su sonrisa era nerviosa, pero también emocionada. Ella estaba radiante, y estaba cogida del brazo del uno de los jugadores de quidditch más famosos del mundo. Ron dejó de respirar por unos segundos, sin poder apartar la mirada de ella, más ella no lo vió.
De repente sintió que su estomágo se le revolvía, una irracional ira empezó a arder en su pecho. Quería convertir a ese granuja uniceja en una babosa. Quería arrebatarle a Hermione del brazo antes de romperle su enorme y fea nariz de un solo golpe. El dolor y el enojo fueron tan abrumadores que ni siquiera dejaron espacio para sentirse confundido por esta nueva ola de sentimientos desconocidos. Todo lo que sabía es que quería que ese búlgaro gruñón se alejará por lo menos unos cuarenta metros de Hermione.
Sin embargo, realmente, ¿qué diferencia haría? Aunque Hermione no estuviera con Krum, ¿por qué estaría con él? Ron, con su desgastada y horrible túnica que no dejaba de recibir miradas de asco o burla. Ron, quien no tenía un solo galeón a su nombre. Ron, quien no era más que el mejor amigo de Harry Potter.
Mientras, Hermione bailaba con el cazador más famoso (y probablemente, el más rico) de la época moderna.
Algo se rompió dentro de él mientras una nueva cicatriz se grababa en él, marcando ese desagradable momento en su memoria para siempre. Nunca se había sentido más pequeño.
También recordaba a la perfección el momento en el que finalmente se dio cuenta de que estaba enamorado de Hermione.
Había sido en su sexto año, en la enfermería, cuando él estaba saliendo con alguien más.
¿Cómo hubiese podido saber él que una simple discusión con Ginny terminaría rompiendo tantas cosas? ¿Cómo hubiese podido saber que un arranque de celos e inseguridad podría hacer tanto daño?
Sin embargo, ahí estuvo su hermana, de forma tan indiferente mientras veía cómo sus ojos se abrían con horror, diciéndole que Hermione había besado a Viktor Krum.
La horrible noche del baile pasó ante sus ojos como si fuese una pesadilla viviente, ahora agregándole la terrible imagen de Hermione besando a ese idiota.
Por un momento pensó que explotaría con tantos sentimientos bombardeando dentro de él. Ira, pena, confusión, traición, desconsuelo y una desilución tan grande que tuvo que parpadear varias veces mientras Harry no veía para no llorar.
Meses después, tras muchos errores cegados por su corazón roto, se dio cuenta de que quizá había perdido a Hermione para siempre por una estupidez. Realmente, ¿qué estaba tratando de probar? ¿Qué era lo que esperaba sacar con estar con Lavender? ¿Darle celos a Hermione? ¿Vengarse de Hermione? ¿Probarle algo a Hermione? ¿A Ginny? ¿A sí mismo? Porque ninguna de esas cosas valían la pena si conllevaba perder a una de sus mejores amigas.
De cierta forma, que lo envenenaran fue una bendición.
Ron despertó sintiéndose como en una ensoñación algo borracha. Sus párpados no se abrían por completo, haciendo que todo se viera borroso, escuchaba un zumbido agudo que parecía provenir de la parte posterior de su cabeza, su cuerpo estaba totalmente entumecido y no podía moverse aunque quisiera.
Conforme fue recuperando los sentidos, parpadeó un par de veces antes de que se aclarará su visión. Sus vidriosos y desenfocados ojos recorrieron la familiar habitación, hasta que se encontraron con un pequeño lío de rizos apoyados en el borde de su cama.
Su corazón dio un vuelco cuando vio que Hermione Granger estaba sentada en una silla justo a lado de su cama, con sus brazos cruzados apoyados en su colchón y su cabeza encima de ellos, profundamente dormida.
Su mente estaba hecha un lío, no podía entender sus propios pensamientos y se estaba poniendo verdaderamente ansioso acerca de lo que estaba pasando, por lo que sacudió ligeramente a Hermione, para que pudiera explicarle cómo diablos se las había arreglado para volver a la enfermería por milésima vez.
Hermione parecía un poco renuente a despertarse al principio, pero cuando él la llamó con su voz ronca por la falta de uso, se incorporó de un brinco.
Sus ojos se encontraron y Ron se conmovió cuando vio los rastros frescos de lágrimas en las mejillas de la niña. Sus ojos estaban rojos e hinchados mientras lo veía con los labios ligeramente abiertos, como si no pudiera creer que él estuviera despierto.
Ron le sonrió tentativamente antes de que ella se lanzará abruptamente a abrazarlo con fervor. El muchacho apartó toda su confusión para disfrutar de su muy anhelada cercanía, rodeando su delgado cuerpo con sus brazos mientras enterraba su nariz entre sus rizos, con una gran sonrisa en su rostro.
Tomó un par de minutos antes de que los sollozos de Hermione se calmaran y finalmente se apartara lo suficiente como para mirarlo a los ojos - Estás bien - susurró Hermione sin aliento. Parecía algo temerosa, como si tuviera miedo de que todo fuese una mentira y que él todavía estuviera inconsciente o peor.
- Eso creo - contestó Ron, arrastrando las palabras con torpeza adormilada - Aunque siento que estoy soñando.
Hermione se sonrojó y miró sus manos retorcidas en su regazo - Tuve mucho miedo - admitió en voz baja.
- ¿Qué me pasó?
Hermione lo miró con los ojos muy abiertos - ¿No recuerdas nada?
Ron negó cansadamente con la cabeza - Lo último que recuerdo es haber estado en mi habitación abriendo mis regalos.
La cara de Hermione se ensombreció con arrepentimiento - Lamento mucho no haberte dicho nada por tu cumpleaños, es que estaba-
- No tienes que explicarte, Hermione. Entiendo - le aseguró, sin querer meterse en aguas peligrosas - Por favor, dime qué me pasó.
Hermione inhaló profundamente por la nariz antes de asentir - Bueno, por lo que me contó Harry, tú te comiste unos chocolates dirigidos a él, pensando que eran para ti. Resultó que esos chocolates eran de Romilda Vane, quien les había puesto una poción de amor.
- Oh no - gimió Ron escondiendo su cara entre sus manos - Por favor, dime que no le propuse matrimonio enfrente de todo Hogwarts.
- No - le tranquilizó - Harry te llevó con Slughorn para que te diera algo que te quitara el efecto de la poción, y funcionó. Entonces él les invitó un trago de hidromiel, y resultó que estaba envenenado. Fuiste el único que lo tomó - terminó Hermione con los ojos llorosos.
- ¿El profesor Slughorn me envenenó? - preguntó Ron incrédulo.
Hermione negó con la cabeza de inmediato - No, fue un accidente. Harry dice que él realmente estaba sorprendido y preocupado. Alguien tendió esa trampa, pero no para ti, sino para Dumbledore.
- Es como lo de Katie de nuevo - concluyó.
Hermione asintió.
Pasaron unos segundos en los que Hermione miró el suelo mientras Ron intentaba procesar toda la información antes de volver a mirarla - ¿De verdad estabas preocupada?
Hermione giró su cabeza hacia él tan rápido que Ron se preguntó cómo es que no se había roto el cuello - ¡Por supuesto que me preocupe! ¿Qué esperabas? ¡Pensé que habías muerto!
- Lo siento - apaciguó, alzando sus manos en señal de paz - Es sólo que... Pensé que me odiabas.
Hermione suspiró, sus hombros se hundieron cuando lo miró con ojos tristes - Nunca podría odiarte - murmuró con un tono casi de decepción.
- Deberías - murmuró Ron sin mirarla - Comprendería si lo hicieras.
- Nunca me hubiera perdonado si te hubiera pasado algo pensando que te odio - dijo Hermione apretándole su mano.
Ron miró sus manos juntas y entrelazó sus dedos, fascinado por lo bien que encajaban. Su mano era grande, ligeramente más larga de lo normal, haciendo que tuviera un aspecto incómodo, repleta de pecas. Su mano era de una piel perfecta ligeramente bronceada, pequeña y muy suave. No tenía sentido que se vieran bien juntas, pero lo hacían.
Escuchó como Hermione tomó un fuerte aliento cuando comenzó a acariciar sus nudillos con su pulgar. Estaba seguro de que podía sentirla temblar ligeramente antes de que apartara su mirada de sus manos para poder mirarla a los ojos con una sonrisa - Estoy muy feliz de que estés aquí, Hermione. Sé que he sido una mierda últimamente y no merezco que estás aquí, pero... - Ron exhaló ligeramente entre nervioso por hablar con sinceridad y envalentado por cuales fueran las posiones que le le estuviesen dando durante su inconsciencia - Te extrañé mucho.
Hermione le dio una sonrisa llorosa - Yo también te extrañe.
En ese entonces, le parecía uno de los momentos más felices de su vida. El día en que había recuperado a Hermione. Meses después, ese preciado instante se oscureció con comprensión. No había hecho nada para merecer el perdón de Hermione. Él había sonreído como idiota mientras ella lloraba en sus brazos, tan egoístamente inconsciente de cuánto daño le había causado.
Desafortunadamente, Ron no se dio cuenta de cuántas veces había lastimado a Hermione hasta que los abandonó en medio de la caza de horrucruxes.
Cada uno de sus errores se repetían cruelmente en su cabeza todas las noches.
Ahí fue, recordó Ron con triste nostalgia, cuando se dio cuenta de que siempre la iba a amar.
Una vez que la encontró, Ron sabía bien que se merecía la hostil bienvenida que le dió.
- ¡Salí corriendo detrás de ti! ¡Te llamé! ¡Te supliqué que volvieras!
Cada una de sus acusaciones fueron como una bofetada. El desbordante resentimeinto le hacían doblarse de culpa por dentro, más al mismo tiempo, nunca había estado más feliz. Porque ella estaba sana y salva, a sólo unos centímetros de él. Y se prometió a sí mismo que no dejaría que ni él ni nadie la volviera a lastimar.
Poco tiempo después, la promesa rota colgaba sobre su cabeza al recordar los gritos de agonía de la mujer que amaba que todavía seguían resonando en su cabeza aun cuando la tenía ante él, sana y salva, descansando en una de las habitaciones de la cabaña después de que Fleur la curara.
Fue entonces, mientras la miraba apoyado en el marco de la puerta, en que él se dio cuenta de que simplemente tenía que dejarla ir. Nunca había estado más asustado en su vida que en el momento en que pensó que no sólo iba a perderla, sino que ella iba a perder la oportunidad de tener todo lo que se merecía. Mientras la torturaban, Ron pudo ver destellos de todos sus momentos con ella y se dio cuenta que desde que se empezó sentimientos por ella, no había hecho otra cosa más que lastimarla.
La hizo llorar por salir con Krum y arruino la irrepetible noche del Baile de Navidad por la cual pasó horas arreglándose, nunca la apoyó e incluso la llamó extraña cuando todo lo que quería era ayudar a los elfos (recuerdo que sólo se hizo más doloroso ahora que Dobby estaba muerto), la hizo llorar cuando él salió con Lavender, la hizo llorar cuando se fue, y ahora no pudo evitar que la torturaran. Ni como escudo humano era bueno.
La amaba más que a nada en ese mundo, por eso es que tenía que dejar de ser egoísta por una vez en su vida, y darse cuenta de que, si realmente la amaba, entonces tenía que hacer lo mejor para ella. Y lo mejor para ella no era él.
Desde que se dio cuenta de lo que sentía por Hermione, siempre había pensado que su peor miedo era que ella no sintiera lo mismo por él y que encontrara a alguien más. Pero no, su peor miedo es que ella no tuviera la oportunidad de enamorarse, de graduarse como estudiante de honor de Hogwarts, de conseguir un trabajo digno de su talento y brillantez, de ver el día en el que los elfos finalmente vivieran una vida justa, de casarse, de tener hijos… Realmente no importaba si ninguna de esas cosas era con él. Él podía vivir con la idea de que ella estuviera con alguien más, siempre y cuando supiera que ella era feliz.
Ron sabía que ellos siempre serían amigos, y estaba bien con eso. Podía soportar verla pasar su vida a lado de otro hombre siempre y cuando ella tuviera la oportunidad de realmente vivir.
Una toma de respiración brusca hizo que se saliera de sus pensamientos y mirara a la castaña, quien estaba despertando por cuarta vez, desde que llegaron a El Refugio, sólo que esta vez parecía estar cien por ciento consciente mientras lo miraba con curiosidad, extendiendo su brazo hacia él para indicarle que se acercara.
Ron obedeció de inmediato y le tomó la mano que le ofrecía, sentándose con cuidado en el borde de su cama. La primera vez que Hermione había despertado apenas había estado consciente y se quedó dormida casi tan rápido como se despertó. La segunda vez estuvo lo suficientemente despierta como para medio registrar la explicación llorosa de Ron acerca de lo que había pasado y asistió, (apenas siendo capaz de mantenerse de pie por lo cual se tuvo que apoyar en Ron) al funeral de Dobby. La tercera vez finalmente había comido y tomado sus medicinas. En todo ese tiempo, Ron no había tenido oportunidad de realmente hablar con ella ni una sola vez, nunca había sentido unas ganas tan grandes de decirle que la amaba, pero se había prometido que iba a dejarla ir, por lo que se limitó a agarrarle su mano.
- Hola – saludó Ron con una sonrisa que no le llegó a los ojos - ¿Cómo te sientes?
- Mejor – admitió Hermione con voz ronca y arrastrada. Tenía los ojos ligeramente entrecerrados, rojos y cansados, pero parecía estar mucho más alerta que las últimas tres veces en las que había estado despierta - ¿Qué hora es? – preguntó Hermione mirando con curiosidad la cómoda luz amarilla que cubría la habitación, claramente de la mañana.
- Alrededor de las ocho, probablemente – contestó Ron encogiéndose de hombros.
Hermione hizo una mueca – Esto debe ser un récord. Me dormí como a la una de la tarde. Dormí casi todo el día.
Ron se rio roncamente – Hermione, te dormiste día y medio. Hoy es viernes, la última vez que estuviste despierta era miércoles.
Sus ojos marrones se ensancharon – No es cierto.
- Te lo juró – dijo Ron ya sonriendo de una forma más sincera – Incluso nos empezamos a preocupar con la posibilidad de que hubieras quedado en coma. Fleur lo descartó cuando se fue dando cuenta de que te parecías estar reponiendo mientras dormías.
Hermione sacudió la cabeza ligeramente con sorpresa antes de estudiarlo con preocupación – ¿Qué tanto has dormido? Luces cansando.
- Lo suficiente – mintió, encogiéndose de hombros.
Sus ojos cafés se entrecerraron con sospecha – No es cierto, puedo decir cuando estás mintiendo. Has estado despierto todo este tiempo, ¿verdad?
Ron apartó los ojos con culpabilidad, sabiendo que era inútil intentar volver a mentirle – Alguien necesitaba vigilarte.
- Ron, estoy bien – insistió la niña con ligero cansancio y frustración – No tienes que preocuparte tanto por mí, pudiste haberte permitido unas horas de sueño.
- ¿Y si algo te pasaba en medio de la noche y nadie se daba cuenta?
Hermione rodó los ojos cariñosamente – Estás siendo paranoico.
Estoy siendo precavido – protestó con un puchero inconsciente, soltando su mano para cruzarse de brazos de forma protectora – Nunca sabes qué puede pasar con esta clase de cosas.
En vez de tomarlo más en serio por su obvia preocupación, la bruja se rió por la expresión infantil del pelirrojo, haciendo que su corazón se detuviera por un momento al escuchar bonito sonido que había estado ausente por una insolente cantidad de tiempo – Nada me va a pasar.
- Extrañe tu risa – soltó sin pensar.
Apenas las palabras salieron de su boca, Ron se congeló, asustado de haber cruzado la clara línea de respeto que se había dibujado entre ellos. Pero Hermione, por otra parte, simplemente lo miró con sorpresa antes de darle una sonrisa amorosa que le quitó el aliento – Extrañe que me hicieras reír – murmuro tímidamente, con sus ojos tiernos fijos en los suyos.
No supo qué contestar, por lo que se concentró en ordenar sus medicinas en la mesita de noche, sintiéndose muy consciente de que Hermione lo seguía mirando con ternura mientras se intentaba evadir sus ojos con timidez, sintiendo su cara caliente.
Quizá fue porque no fue sino hasta ese momento en el que se dio cuenta de que Hermione realmente estaba fuera de peligro, en el que torbellino de emociones finalmente comenzaron a cobrarle factura. Antes de que supiera lo que estaba pasando, Ron estaba llorando.
- ¿Ron?
Intentó disimularlo, pero supo que falló miserablemente cuando sintió su suave mano en su mejilla, forzándolo a mirarla a los ojos.
- ¿Qué pasa? - preguntó Hermione con suavidad.
Ron olfateó y tragó profundamente antes de hablar - Lo siento muchísimo - dijo con voz rota - Lamento muchísimo el no haber podido ayudarte, el no haber podido hacer nada más que gritar como idiota... Yo... Yo hubiera hecho cualquier cosa para tomar tu lugar. Debí haber sido yo. Yo fui quien los dejó, yo soy el hijo de puta que sólo pensó en sí mismo antes que en la gente que amaba ¡Yo merecía ser torturado o incluso asesinado! Pero ¿tú? Tú eres la persona más buena, amable, compasiva y generosa que he conocido en toda mi vida, y de todas formas tú fuiste quien fue torturada sólo porque eres hija de muggles, ¿cómo es eso justo?
No se dio cuenta de que conforme más hablaba más lloraba hasta que su voz se redujo a sollozos y bajó la cabeza antes de que Hermione volviera a forzarlo a alzar su mirada, sus ojos eran firmes e inquebrantables - Nunca, y me refiero a nunca, Ronald Weasley, vuelvas a decir que mereces morir. Nunca te hubiera perdonado si hubieras tomado mi lugar. Volvería a pasar por ese infierno mil veces antes de que te lo hicieran a ti - dijo Hermione, enmarcando su cara con sus suaves manos.
Ron no contestó, no pudo, por lo que se contentó con esconder su cara en su cuello mientras sus delgados brazos lo rodeaban. Sintió como sus dedos comenzaban a acariciar suavemente su cabello mientras él tomaba respiraciones profundas para intentar calmarse antes de que Hermione susurrara - Te perdonó.
Quería pedirle que no lo hiciera, que no debía perdonar a alguien como él, pero, cuando sintió pequeños besos en costado de su cabeza mientras lo consolaba, el fuerte nudo que se formó en su garganta le impidió hablar.
A partir de ese día, la barrera invisible que se había formado entre ellos se desmoronó por completo y se hicieron más unidos de lo que jamás habían sido. En un principio, Ron se había propuesto el intentar mantener la distancia con Hermione para que pudiera empezar a acostumbrarse de que no iba a poder estar con ella, pero cada vez que la veía necesitando ayuda para caminar, viéndose débil y cansada, teniendo pesadillas en medio de la noche o simplemente con expresión de incomodidad, el pelirrojo se encontraba a sí mismo corriendo hacia ella.
Y lo peor era que, después de años de estar convencido de que Hermione nunca iba a sentir lo mismo por él, ella comenzó a dar señales de que eso podía no ser cierto, ¡justo cuando se había decidido a que dejarla ir era lo mejor para ella! El universo tenía que estar conspirando en su contra.
Comenzó con pequeñas miradas cariñosas cuando él se sonrojaba o apartaba la mirada, luego fue que ella se apoyaba automáticamente en él cuando la ayudaba a caminar o cuando se sentaba a su lado, luego fue agarrar su mano cuando él se sentía mal, luego fueron los abrazos de consuelo que se daban mutuamente cuando despertaban llorando por sus pesadillas, luego fue apoyar la cabeza en su hombro cuando se quedaba dormida del cansancio en medio de una conversación con todos e incluso llegaron a dormir en la misma cama los días en que Hermione tenía los peores sueños en los que sus fuertes gritos despertaban a toda la casa. Intentaba convencerse de que ella simplemente estaba herida y necesitaba el apoyo de un amigo, pero no veía que se comportara de esa manera con Harry, aun cuando tenía más sentido que fuera más cercana a él después de todo el tiempo que pasaron juntos.
Y así siguieron, actuando como todo menos amigos pero sin tener otro título, Ron no supo evitarlo. Pasaron el resto del poco tiempo que duró la guerra tan juntos como se podía estar sin realmente estar juntos, y Hermione finalmente lanzó la precaución al viento para besarlo con todo lo que tenía en medio de la batalla.
Su beso lo tomó desapercibido. Debió haber sido más fuerte que eso, debió haberla alejado, debió haberle dicho que debía estar con alguien mejor que él, debió haber hecho muchas cosas, sin embargo, todo pensamiento racional desapareció de su mente mientras la sostenía cerca de él como siempre había querido.
Se sintió un millón de veces mejor de lo que jamás se lo hubiera podido imaginar (lo cual era impresionante tomando en cuenta que lo había imaginado mucho durante los últimos años). Sus cuerpos pegados contra el otro, sus labios moviéndose profundamente en completa sincronía, sentir como ella lo sostenía con la misma fuerza que él, y saber sin lugar a duda que ella lo deseaba tanto como él a ella por la desesperación con la que lo besaba. Fue perfecto. Fue en medio de la batalla, fue en el momento más aterrador de su vida, fue en frente de Harry, y fue jodidamente perfecto.
Desafortunadamente, ganar la guerra no dejó una sensación tan eufórica como Ron había pensado. La emoción duró unos minutos, y una vez que terminaron llegó todo el dolor de lo que perdieron en el proceso para ganar. Tantas cicatricez físicas y emocionales, la total pérdida de inocencia, y más vidas de las que podría contar. Entre ellas, la de su hermano.
Así que, durante los siguientes días, ninguno de los dos tocó el tema del beso ni hablaron de lo que había cambiado entre ellos. No era el momento. Ninguno de los dos estaba emocionalmente listo para una conversación que cambiaría el resto de sus vidas.
Pasó un mes. Un mes lleno de funerales en los que se agarraban de la mano para mantener la compostura, de despertar en medio de la noche gritando por una pesadilla y que el otro corriera hacia su habitación para calmarlo, de abrazarse mientras lloraban, y realmente sólo sanar juntos.
Conforme Ron se fue recuperando y la neblina de dolor que llenó su mente tras la pérdida de Fred se dispersó un poco, se dió cuenta de que la distancia que había planeado tener con Hermione ni siquiera se había empezado a formar. Hermione y él se habían vuelto el soporte total del otro desde El Refugio y no habían parado desde entonces.
Todo en él le rogaba que lo dejará así. Que dejará que el curso natural los llevará a estar juntos de una buena vez, pero su amor por Hermione se lo impedía. No podía seguirle haciendo daño por sus propios deseos egoístas. Era hora de que se fuera alejando y que le dejará vivir su vida a lo máximo, tal vez algún día encontraría a alguien bueno para ella, y si ese día llegaba, él estaría feliz por ella incluso si le rompía el corazón.
Empezó a alejarse poco a poco, de la forma más discreta que pudo, pidiendo espacio para pensar, ocupándose con ayudar a George en la tienda, ayudando a su mamá en su casa, ayudando a reconstruir la escuela, y fingir que estaba dormido cuando Hermione pasaba por su cuarto. Era increíblemente difícil apartarse de ella, especialmente después de pasar mes y medio prácticamente pegado a lado del otro, pero sólo tenía que resistir hasta que fueran a Australia y Hermione se reencontrará con sus padres. A partir de ahí, ella estaría ocupada, y después tendría que irse a Hogwarts. Podría iniciar toda una vida nueva sin él.
Intentó ignorar lo mejor que podía la culpa que revolvía su estomágo cada vez que se veía herida después de que le diera alguna excusa para no pasar tiempo con ella, después de todo, lo estaba haciendo por su bien. O bueno, pensaba que era para su bien. No lo habló con nadie, pero Harry parecía notar lo que estaba pasando y con su mirada le dejaba en claro que pensaba que era un idiota.
Su abrupto e insoportable distanciamiento le duró dos semanas exactas, hasta la calurosa tarde de julio en la que Hogwarts volvió a abrir sus puertas una vez más, sólo que esta vez no para dar clases, sino para honrar a los caídos.
El castillo ya estaba completamente reconstruido gracias a la enorme cantidad de voluntarios que habían ayudado a arreglar los daños de la fatídica batalla con Voldemort. Ron, quien había sido un voluntario muy activo, tuvo que resistir las inmensas ganas de lanzarle un buen golpe en la nariz a Cormac, quien sólo se quejaba en voz alta con diversas personas repartidas al rededor de la escuela (todos notoriamente de clase alta) acerca de lo mucho que había tomado para que terminaran de reparar todo - ¿Para qué están los elfos domésticos si no es para eso? - Su comentario provocó las carcajadas de los hombres mayores que lo rodeaban y que los dedos de Ron se crisparan alrededor de su varita por la rabia.
Una pequeña mano lo agarró por la muñeca y giró la cabeza para ver a Hermione, quien lo miraba con una clara expresión de advertencia no hablada antes de entrecerrar los ojos hacia McLaggen tras otro chiste de mal gusto acerca de los elfos domésticos. Su mirada de desprecio le recordó a cuando le había soltado un golpe a Malfoy, el día en que se había sentido inconscientemente atraído hacia ella por primera vez. Era como si el pasado se estuviera riendo en su cara.
- No porque la guerra haya terminado significa que esa clase de gente dejará de existir, y dudó mucho que hechizarlos a todos sea la solución - su boca se torció en una mueca de desprecio cuando Cormac volvió a soltar otra broma acerca de los elfos que recibió una nueva ronda de risas e incluso un par de aplausos - Aunque no diré que no tengo ganas de harcerlo yo misma.
Ron cedió, aunque le costó soltar su varita - Lo sé - gruñó de mala gana - pero no entiendo por qué la prof- la directora McGonagall - tuvo que invitar a esa clase de gente. Especialmente en un evento como este, justo después de una guerra como esa.
- Precisamente por el tipo de evento es que no pudo elegir a los invitados a su completa libertad - suspiró con Hermione con entendimiento a la situación, aunque la tensión en su voz le hacía saber que ella estaba en parte de acuerdo con él - Una guerra es un asunto público. No se tiene por qué abrir las puertas a cualquiera, por supuesto, pero por lo menos a todos los involucrados con la escuela y a los peces gordos del Ministerio, se vería muy mal que les cerrarán las puertas en sus narices, ¿no crees?
Sin embargo, no tuvieron mucho más tiempo para hablar, porque en ese momento pasó Nicolás Decapitado por los pasillos, pidiendo a todos que se dirigieran al patio para el discurso en honor a los caídos. Para efectos de su misión consistente en dejar ir a Hermione fue un tremendo golpe de suerte que los alejaran involutariamente, aunque no le gustó ni un poco, y por la cara de decepción e incluso frustración que la joven bruja pusó, a ella tampoco.
Con tropezones y empujones entre un mar de gente que vagaban entre rostros conocidos como compañeros, estudiantes más pequeños, padres del alumnado que Ron en alguna ocasión había alcanzado a ver, algunas personas del Ministerio y una que otra persona famosa a lado de un montón de completos desconocidos, los Weasley, Harry y Hermione se hicieron paso hacia el patio, donde había una gran tárima, con la profesora McGonagall parada en centro, esperándolos con aire severo y solemne, únicamente rompiendo su imagen de completo temple cuando su mandíbula se tensaba brevemente al notar la presencia de personas que ella jamás hubiese invitado de haber tenido elección. De repente, Ron entendió lo que Hermione le había intentado explicarle y sintió simpatía por la nueva directora. No debió haber sido fácil no poder denegar la entrada a personas poco agradables a pesar de que se suponía que era la persona con más poder en la escuela.
McGonagall inició dándole una cordial bienvenida a todos, agradeciendo de forma general la presencia de cada uno, habló brevemente de la difícil situación por la que se había pasado y volvió a agradecer a las personas que ayudaron a la reconstrucción del castillo, no dijo nombres, pero Ron notó su mirada fija en ellos, haciendo que sus orejas se pusieran rojas.
Entonces inició el verdadero discurso. Fue un inspirador mensaje lleno de valentía, honor y solemnidad hacia todos los que habían peleado, tanto vivos como muertos, para liberar al mundo de los horrores de Voldemort - un sinfín de personas se estremecieron con la mención de su nombre, entre ellas Ron, pero McGonagall lo ignoró olímpicamente y prosiguió como si nada. Después hizo un agradecimiendo directo a Harry, quien se encogió en su lugar cuando la directora halago su ejemplar valentía con una brevedad amable antes de pasar a nombrar a los caídos.
Los pequeños sollozos comenzaron a resonar en voz baja por todo el patio con casi cada nombre que se nombraba, una átmosfera tensa, triste y dolorosa se cernió incómodamente sobre el montón de personas achocadas enfrente de la tárima conforme los nombres pasaban. Ron se tensó con la mención de Lupin, Tonks y Lavender, su cara se torció con dolor cuando llegó el turno de Fred, quien fue uno de los más llorados, y la mano de Hermione encontró su camino hacia la suya sin que se diera cuenta en medio de la ceremonia. Por un segundo, la insistente voz que le recordaba que tenía que dejarla ir no resonó en su cabeza mientras apretaba su agarre en la delicada mano de su amiga como si su vida dependiera de ello.
Después de un largo rato, los nombres se terminaron y la directora dejó caer una manta invisible que ocultaba un enorme monumento en honor de los caídos. Era un muro simple de mármol fino centrado justo en medio del patio, con los nombres de todas las personas que se habían mencionado tallados a lo largo de la piedra. Ron dejó salir un suspiro de alivio, pensando que eso era todo, hasta que Kingsley (el nuevo Ministro de magia) subió a la tárima. Se intentó tranquilizar, pensando que sólo daría unas breves palabras casi obligadas para que algún día salieran en algunos libros de historia acerca del día que marcaría el fin definitivo de la tercera época de mayor terror en el mundo mágico, hasta que Kingsley llamó en voz alta y clara a Harry, Ron y Hermione.
Los tres amigos se miraron con sorpresa, e incluso algo de temor, antes de aproximarse regañadientes hacia la tárima, todos eligiendo quedarse detrás de Kingsley mientras este seguía hablando.
- Estos tres jóvenes que tienen enfrente suyo - dijo Kingsley, señálandolos como si la gente no fuese capaz de verlos estando en un gran escenario con sólo cinco personas en ella - Pelearon más que nadie por la libertad del mundo mágico. Han estado peleando por más tiempo en que la gente siquiera estuviera consciente de que Voldemort había vuelto, y fueron esenciales para la victoria. Por lo tanto, el Ministerio de Magia ha decidido honrar a cada uno de estos valientes brujos con una orden de Merlín de primera clase.
Los amigos se volvieron a mirar incredúlos mientras un rugido de aplausos, gritos y silbidos resonaran por Hogwarts, intestificándose cuando Kinsgley procedió a colocarles las medallas de lazo verde. Ron intentó sonreír a través de su perplejidad al centenar de cámaras indeseadas que se fijaron en ellos, pero no creía haber hecho un buen trabajo.
Cuando bajaron de la tárima, ahora con una brillante medalla colgando en sus pechos, sus ojos finalmente se encontraron.
Pudo ver que ella entendió que algo estaba mal. No había forma de que supiera que él tenía ganas de vomitar después de recibir un honor que no sentía que merecía, pero sabía que algo le estaba molestando. Ella siempre sabía.
Para bien o para mal, ella no tuvo tiempo para preguntar, la pequeña burbuja que los rodeó por sólo unos pocos segundos antes de romperse por nadie menos Viktor Krum.
- Perdón por interrumpir - murmuró, luciendo apenado, antes de dirigirse brevemente a Ron - Lamento lo de tu hermano.
Su mandíbula se apretó, como siempre lo hacía cuando alguien mencionaba a Fred, y volvió a sentir la mano de Hermione en la suya.
- De todas formas... - continuó Krum vacilante. Su mirada era conflictiva. Ron, quien estaba en un conflicto por sí mismo, lo entendió de inmediatio. Viktor estaba teniendo una batalla interior respecto a intentar persuadir a la chica de alguien a quien acababa de perder a un ser querido, lo cual era poco honorable. Sin embargo, había pasado meses preocupándose respecto a su desconocido paradero, sin saber si estaba viva o muerta, por lo que no intentar nada ahora que podía sería estúpido. Ron se preguntó si el búlgaro había escuchado la radio alguna de las tantas veces que él lo había hecho, rezando por no escuchar el nombre de la chica a la que había llevado al baile de Yule hacía ya años - Hermione... Me preguntaba si podía hablar contigo por un momento.
Ese era el momento de la verdad. Ron lo sabía. Esa era la encrucijada en el que tenía que decidir si la amaba lo suficiente como para dejarla ser feliz con alguien más, o si finalmente se rendía ante la súplicante voz en el fondo de su cabeza que lo había atormentado desde hacía ya tres años.
- No sé si sea el mejor momento, Viktor - contestó Hermione, mandándole una mirada ansiosa a Ron.
Él podía tenerla si quería, lo sabía. Y él la quería más que a nada. La quería tanto que no podía tenerla. No debía, más bien.
Ron le sonrió falsamente - No. Está bien. Supongo que necesitan un rato para ponerse al día. Yo debería estar con mi familia, de todos modos - sin más, Ron los dejó a solas.
Desafortunadamente, su familia estaba demasiado dispersa alrededor del castillo y no pudo ubicarlos con fácilidad, por lo que se vió enroscado en una frustrante plática con el profesor Slughorn, quien milagrosamente ya sabía su nombre y mostraba un repentino interés en él después de recibir una medalla de honor por parte del Ministerio de magia.
El muchacho se limitó a dar respuestas cortantes a las preguntas del superficial profesor, a punto de improvisar una excusa para alejarse antes de que Hermione pasará a lado de ellos con la típica mirada fulminante que estaba reservada únicamente para Ron y lo tomó por el brazo antes de alejarlo del profesor sin decirle nada a ninguno de los dos sorprendidos hombres.
- ¿Acabas de ser grosera con un profesor de Hogwarts? - le preguntó con un hilo de voz, sin darle crédito a lo que acababa de presenciar. Ella no le contestó ni lo miró mientras seguía arrastrándolo lejos de todo el gentío.
Por azares del nada cómico destino, la bruja terminó llevándolos al salón en donde le había lanzado los canarios después de que se besará con Lavender Brown en su sexto año. Cerrando la puerta detrás de ellos y silenciando la habitación antes de finalmente soltarlo.
La bruja dio cinco pasos furiosos hacia adelante antes de voltearse hacia Ron. Por un segundo, pensó que iba a ser Los Canarios vuelven a atacar, parte 2 - ¡¿Qué diablos fue eso?!
Ron la miró sin entender - ¿Qué fue... qué?
- ¡Dejarme sola con Viktor! - exclamó Hermione, exasperada.
- ¿No querías que te dejará sola con Viktor? - preguntó, todavía confundido.
- ¡No! - gritó. Su alborotado cabello parecía encresparse más con cada palabra - ¡Quería estar contigo!
Ron se congeló, y el salón se quedó en completo silencio por unos minutos. Hermione claramanete esperaba que hablará, pero cuando no lo hizo, soltó un suspiro frustrado - ¿Qué se te metió últimamente? - reclamó - ¡Estabámos tan bien! Y ahora con suerte me miras...
Su expresión poco a poco fue tornándose más herida y triste, haciendo que Ron recuperará la habilidad de hablar. Aunque apenas, soltando las primeras y únicas palabras que se le vinieron a la mente - Soy insuficiente.
Hermione lo miró extrañada, pensando que había oído mal - ¿Qué dijiste?
- Soy insuficiente - repitió Ron con voz más firme, aunque pudo sentir sus orejas calentándose - No te merezco, Hermione.
Parecía que no le podía dar crédito a sus oídos, momentáneamente tan muda como él hacía tan solo unos segundos - ¿Cómo puedes decir eso? - masculló cuando finalmente pudo encontrar su voz - Después de todo lo que hemos pasado, después de todo lo que has hecho, tú todavía...
- Yo todavía soy la persona que más te ha hecho llorar - le interrumpió con pesar.
Hermione lo tomó de las manos, mirándolo directamente a los ojos con suavidad - Pero también eres la persona que más me ha hecho reír.
Su dulce respuesta provocó que fuegos artíficiales se encendieran en su estomágo, su yo de trece años vitoreaba alegremente en el fondo de su mente, pero mirando su cara pudo recordar todas las razones por las cuales era malo para ella.
- Te llamé insufrible, te hice llorar y casi conseguí que te matará un throll.
Hermione intentó protestar, pero no le dejó.
- Te excluí por semenas por algo que pensé que tu gato había hecho, cuando no era tu culpa y resultó que ni siquiera tenía razón; Arruiné tu primera cita sin derecho alguno; Besé a Lavender enfrente de ti miles de veces para vengarme de algo que tú ni siquiera habías hecho para lastimarme; ¡Te dejé en medio de una guerra! ¡Y nunca me disculpe por ninguna de esas cosas! Tú me perdonabas por las cosas que pasaban, porque te salvaba del peligro en el que yo mismo te había puesto, para llevar la paz, porque tuvimos estuvimos muy cerca de morir... Nunca fue porque yo mereciera tu perdón, Hermione - declaró con derrota.
- Ahora que me doy cuenta de cuánto la he cagado a lo largo de los años, sé que no hay palabras lo suficientemente grandes como para recompensar todo el dolor que te he causado. Sé que no hay justificación ni nada que pueda hacer para remediarlo. Y creo que he demostrado que no te hago bien, así que es hora de que te dejé ser feliz sin mí... Por mucho no quiera hacerlo.
Bajo su mirada al suelo, tratando de respirar para contener su emoción.
- ¿Me amas? - preguntó Hermione después entre respiraciones.
Cerró los ojos con fuerza, contestando en un tembloroso suspiro - Sabes que sí.
Hermione dio un pasó hacia él y lo tomó de las mejillas para que la mirará a los ojos.
- Entonces, te equivocas - declaró con determinación - Hay algo que puedes hacer para recompensármelo.
- ¿Qué? - preguntó Ron sorprendido y sin aliento bajo su toque.
- Amándome correctamente de una buena vez, idiota - y con eso, lo besó.
Nuevamente, le devolvió el efusivo beso sin defensa alguna. Aunque no sin ninguna protesta.
- Soy pobre - le recordó entre besos.
- Tienes todo lo que quiero - le tranquilizó en voz baja, empujándolo lentamente contra una pared mientras lo seguía besando con insistencia.
- No soy tan listo como tú - a pesar de sus palabras, la rodeó con sus brazos para juntar con más fuerza sus cuerpos.
- Eres brillante - murmuró. Alejándose de sus labios momentáneamente para dejar un rastro de besos de su mandíbula hasta el costado de su cuello. Ron estaba tan concentrado en sus labios sobre su piel que apenas registró vagamente que Hermione había dicho cosas que tenían que ver con ajedrez, TIMOS y sobre la Cámara de los Secretos.
- Soy extremadamente celoso y posesivo - continuó sin sentido.
- Yo también - contestó simplemente, volviendo a sus labios, dejando que sus manos se deslizarán lentamente por su pecho hasta su estomágo antes de tomarlo por la cintura y que diera otro pasó hacia él, cerrando por completo la casi inexistente distancia que quedaba entre ellos.
- Nunca te apoyé con P.E.D.D.O...
Hermione se rió con alegría desde antes de que terminará de hablar - ¿Te recuerdo lo que dijiste antes de nuestro primer beso?
- Fui un idiota con Krum.
- Nunca tuvimos futuro, de todas formas - mordisqueó brevemente el lóbulo de su oreja, llevando su mano a la parte posterior de su cabeza, enterrando sus dedos en el cabello pelirrojo.
- Me besé con Lavender... - gimió.
- Ahora te estás besando conmigo - le besó de nuevo.
Ron se apartó para mirarla seriamente a los ojos - Te dejé.
- Y volviste - contraatacó Hermione decidida.
- No cambia lo que hice.
- Bien, entonces... - lo volvió a besar profundamente, provocando un suspiro contento de ambos - No me vuelvas a dejar.
Después de eso, no hubo mucho espacio para las palabras.
No sería la última vez en que cualquiera de esas dudas volviera a merodear por su mente. No sería la última vez en que tendrían una conversación de ese estilo. Y no sería la última vez en que se sentiría indigno de Hermione. Sin embargo, cuando eso pasaba, Ron sólo recordaba ese momento en el que Hermione le había hecho sentir tan seguro y amado, y pensaba que tal vez, sólo tal vez, no era tan insuficiente después de todo...
