VII
Sailor Jupiter

El Reino Oscuro, 07 de febrero de 1992, 00:01a.m.

Beryl lucía al borde de los nervios. Faltaba muy poca energía para resucitar a la gran reina Metalia, pero Nephrite no era el hombre más indicado para hacerlo, pues se enfocaba en un solo individuo para realizar tal labor. Era esa la razón, y no otra, por la que Jadeite había tomado la tarea y había asignado a Nephrite a la búsqueda del Cristal de Plata. Sin embargo, Jadeite había sido derrotado por las Sailor Senshi y no tenía opción. Zoisite sería el encargado de encontrar el Cristal de Plata y Nephrite se abocaría a la extracción de energía. Beryl todavía no deseaba revelar a su más letal sirviente y líder de los Generales Celestiales.

No obstante, había otra cosa que le preocupaba.

Beryl había visto en su bola de cristal a una mujer de cabello rubio ondulado que se hacía llamar Aurora. De acuerdo con sus Generales, ellos la habían visto merodeando en la vecindad de la ubicación del Reino Oscuro. Beryl no sabía cuáles eran sus intenciones, pero si era una Sailor Senshi, como sus Generales le habían dicho, entonces representaba un problema serio. No podía permitir que Aurora, o Sailor Eos, se juntara con las demás. Y esa sería la primera misión de su arma secreta en su batalla por revivir a la gran reina.

—¿Me llamó, mi reina?

—Kunzite, llegas justo a tiempo —dijo Beryl, complacida por la prontitud de su más poderoso general—. ¿Recuerdas a esa Sailor Senshi que andaba cerca de sus tumbas, Sailor Eos?

Kunzite asintió con la cabeza.

—Quiero que la sigas, la encuentres y me traigas su cabeza —ordenó Beryl en un tono violento. Kunzite entendió de inmediato que se trataba de un asunto de suma urgencia para la reina y no mostró reparos ni cuestionamientos.

—Así se hará.

Kunzite desapareció después de pronunciar sus palabras y Beryl pudo respirar más tranquila. Estaba segura que él iba a hacer el trabajo sin fallos, lo que le daba tiempo para preocuparse por las Sailor Senshi que ya le estaban causando problemas. Sin embargo, había algo más que le estaba causando un serio problema, y tenía mucho que ver con el comportamiento de Jadeite con esa sacerdotisa.

No puedo permitir que esos recuerdos vuelvan a sus mentes. Los Generales son míos y de nadie más.

Beryl se dio cuenta que no iba a estar tranquila hasta que las Sailor Senshi fuesen asesinadas.

Tokio, 08 de febrero de 1992, 08:11a.m.

Serena iba, como siempre, tarde a sus clases de la mañana y corría como alma que llevaba el diablo, acompañada de su fiel compañera, Luna. Iba tan pendiente de la hora que no tenía tiempo para fijarse en los demás transeúntes, vehículos y semáforos. Aquello casi le pasó la cuenta cuando, por su descuido, cruzó una calle con el semáforo en rojo y un vehículo le salió al encuentro. Habría sido un atropello seguro de no ser por el violento empujón que la catapultó hasta la acera opuesta, tropezando con la solera e impactando el concreto con toda la cara. Viendo estrellas, Serena se puso de pie con dificultad y, sobándose la cabeza, vio a una chica tan alta y fornida que fácilmente pudo haber pasado por una amazona.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la muchacha con una amabilidad que desentonaba flagrantemente con su aspecto.

Serena asintió, mirando bien a la joven que seguramente le había salvado la vida. No lucía mayor que ella, pero tenía que medir por lo menos un metro con ochenta y cinco centímetros. Tenía el cabello de un color castaño oscuro, el cual estaba sujeto en una cola de caballo y ojos verdes. Intimidaba bastante por su inusual estatura, pero la expresión de su rostro no era la de una persona violenta.

—Deberías tener más cuidado —le dijo la joven mientras se alejaba en la misma dirección que estaba tomando Serena. Se preguntó si asistía al mismo colegio que ella, pero notó que su uniforme era distinto. Al final, decidió que llegar a su colegio era el asunto más urgente y volvió a correr, esta vez con más prisa por el tiempo que había perdido.

No sabía que Luna se había quedado mirando a la muchacha por un buen rato antes de seguir a Serena.

Resultaba que la profesora Mónica no había llegado a la sala de clases cuando Serena entró. La mayoría de los alumnos discutían sobre un asunto que Serena no alcanzaba a escuchar, pero todos sabemos lo chismosa que es nuestra protagonista y se acercó sin que nadie se lo pidiera.

—… y es uno de los hombres más guapos que he visto en toda mi vida —decía Molly, con la cara colorada como un tomate—. Dice que va a organizar un concurso para ver quién será su futura novia. Es un empresario bastante exitoso y forma parte de la junta directiva de Greenland Berylium.

Greenland Berylium se dijo Serena, sin saber por qué el nombre le resultaba familiar. Decidió hacer una nota mental sobre el asunto para comunicárselo a Amy, quien tenía mejor memoria que ella.

—Debe estar nadando en dinero —dijo una alumna con una expresión soñadora en su cara.

—Y es muy guapo —añadió otra chica, luciendo esperanzada—. ¿Quién no querría estar con alguien así?

—No necesitaría seguir estudiando —acotó una tercera alumna, sus ojos brillando con la promesa de una vida libre de sacrificios—. Él podría darme todo lo que yo quisiera. ¡Sería una vida fantástica!

—¡Yo me voy a inscribir en el concurso! —anunció una joven y muchas secundaron su proposición, mientras que los chicos lucían desconcertados, incapaces de entender la forma en que pensaban las chicas. En eso estaba toda la clase cuando la profesora Mónica llegó a la sala. Todos ocuparon sus respectivos asientos de inmediato.

Cuando el recreo llegó, Serena buscó a Amy, pero no la encontró y dedujo que debía estar ocupada estudiando, para variar. Decidió no molestarla hasta que estuviera libre y se dirigió a un área verde cercana con el fin de comerse el almuerzo. Sus ojos parecieron bloquearse cuando vio a la misma muchacha que la había salvado de ser atropellada. Serena se extrañó que ella estuviera sola y que acudiera al mismo colegio mientras usaba un uniforme distinto. Decidió acercarse más, justo en el momento que una pelota de béisbol casi le arrancó la cabeza de cuajo, rebotando en un árbol y cayendo a los pies de la chica del cabello castaño. Desafortunadamente para los que jugaban en la cancha adyacente, ella se dio cuenta.

—¿POR QUÉ NO TIENEN MÁS CUIDADO CON SU PELOTA? —chilló la joven, tomando la pelota y arrojándola con tanta velocidad que el jugador que la agarró salió despedido varios metros hacia atrás. Haciendo caso omiso de lo que había pasado en la cancha, giró su cabeza para encontrarse con la mirada de Serena.

—¿Estás bien? —le preguntó la chica por segunda vez en lo que iba del día.

—Sigo viva —repuso Serena, quien todavía tenía su corazón martilleando en su pecho a causa del susto—. ¿Por qué estás sola?

—Porque nadie quiere ser mi amigo —respondió la joven, luciendo compungida—. Los alumnos creen que soy muy violenta y me tienen miedo. Y si estás preguntando por qué uso este uniforme, es porque es el uniforme del colegio que provengo.

—Es terrible —dijo Serena, compartiendo la frustración de la joven a su lado—. Pero tú me salvaste de un accidente. Eso no te hace una mala persona.

A la chica le brillaron los ojos del agradecimiento.

—Eres muy gentil al decir esas cosas… —La chica se percató que no sabía el nombre de la alumna de los moños.

—Me llamo Serena —dijo ella, completando la frase de su nueva amiga.

—Lita —se presentó la joven, estrechando la mano de Serena, quien hizo una mueca de dolor—. Perdón, es que a veces me cuesta trabajo controlar mi fuerza.

Pero a Serena no podía importarle menos cuán fuerte era Lita, pues se había dado cuenta de lo que había a sus pies: una bolsa de género, primorosamente decorada y un surtido de comida de muy buen aspecto. Como era natural, a Serena se le hizo agua la boca, pese a que no había tocado su colación.

—¿Quieres probar? —dijo Lita, percatándose de que Serena estaba mirando con avidez su comida—. Traje de sobra. Siempre traigo de sobra, pero casi nunca hallo a alguien con quien compartir.

—Bueno —dijo Serena, llevándose una mano a la nuca—, es que tengo el apetito de un colibrí, pero no me gusta desairar a las personas—. Y Serena tomó un bollo de arroz y se lo llevó a la boca con poca elegancia.

—Sí, apetito de colibrí —acotó Lita sarcásticamente, aunque compuso una sonrisa al ver cómo Serena tragaba la comida con prisa.

—¡Por Dios, esto está delicioso! —exclamó Serena, limpiándose la boca con la manga de su uniforme—. ¡Tu mamá debe ser un chef de renombre!

Lita, por alguna razón, bajó la cabeza, luciendo repentinamente triste. Serena creyó que había dicho algo malo y se disculpó.

—No tienes que hacerlo, Serena —dijo Lita, alzando la cabeza nuevamente—. No sabías.

—¿Saber qué?

—Bueno… es que mis padres ya no están conmigo y, desde el momento en que me dejaron, me he ocupado de hacer todo por mi cuenta.

Serena abrió los ojos y la boca.

—¿Así que tú te cocinas? ¡Asombroso!

Lita compuso una pequeña sonrisa. Serena era la primera persona que había sido capaz de sostener una conversación de más de cinco minutos con ella… y lo mejor era que Serena no la había juzgado en ningún momento por ser cómo era. En lugar de eso, se había fijado en sus cualidades positivas, algo que Lita siempre agradecía.

—¿Sabes? Voy a postular a ese concurso —anunció Lita, poniéndose de pie y guardando sus cosas, sabiendo que el recreo estaba a punto de acabarse—. Vi la fotografía de ese hombre y, no sé, como que me atrae de una forma que no puedo explicar. Me recuerda un poco a alguien que conocí hace algún tiempo.

—¿Un amor imposible?

—Algo así.

—No sé si debas participar en ese concurso, Lita —le aconsejó Serena, quien todavía tenía que aclarar por qué el nombre "Greenland Berylium" le sonaba familiar, pero no era un asunto que debía discutir con Lita—, pero no soy quién para decirte qué hacer o no.

—Te lo agradezco, Serena —dijo Lita y, despidiéndose con una mano, se alejó hacia el colegio y Serena recordó que el recreo estaba a punto de acabarse. Por último, pensando en su nueva amiga, dirigió sus pasos hacia su aula.

Dos horas más tarde.

Serena y Amy se habían juntado después de clases para discutir el asunto de Greenland Berylium, pero esperaban a que Rei llegara para que ella también estuviera informada del asunto. Las tres habían quedado en reunirse en una plaza cercana al colegio, pero Rei se estaba demorando más de la cuenta y Amy había comenzado a preocuparse cuando ella apareció a la carrera, tomando asiento en un banquillo al lado de Serena.

—¿Dices que el empresario que organizó el concurso forma parte de la junta directiva de Greenland Berylium? —inquirió Amy, frunciendo el ceño.

—Eso dije —repuso Serena—. ¿Ese nombre significa algo para ti?

—¿Recuerdas el incidente del seminario Cristal?

—Sí.

—Era un instituto patrocinado por el holding Greenland Berylium —dijo Amy, y Serena recordó la conversación que había tenido con Molly y Kelvin sobre el seminario Cristal y de cómo Amy se había ganado una plaza en ese instituto—. Y resultó que había enemigos infiltrados allí. Y ahora, Greenland Berylium volvió a aparecer. Quiero creer que el holding fue subvertido por el enemigo, pero hay algo que no me cuadra.

—¿Y qué es? —quiso saber Rei.

—Si Greenland Berylium fue subvertido por el enemigo, ¿cómo nadie de las altas esferas se dio cuenta de lo que estaba pasando en el seminario? Además, no hay ningún colegio que posea un sistema de educación totalmente basado en computadora. Hay algo raro aquí.

—Pues deberíamos investigar más a fondo —sugirió Rei, y Amy y Serena secundaron la decisión de Rei—. Bueno, yo tengo que ir sí o sí.

—¿Por qué? —preguntaron Serena y Amy al mismo tiempo. Rei se puso colorada por alguna razón.

—Bueno… es que… voy a participar en el concurso.

Serena y Amy se quedaron de pie, mirando fijamente a Rei con incredulidad antes que ambas dieran en el suelo.

Una hora después.

Nephrite lucía entusiasmado con su idea. Bueno, había sido idea de Zoisite, pues él jamás había intentado robar la energía de tanta gente, pero había ocasiones en la que uno debía tragarse el ego y colaborar con otras personas. A fin de cuentas, eso era lo que la gente llamaba "trabajo en equipo".

La cantidad de chicas jóvenes que habían llegado era asombrosa. Es más energía de la que necesito. Curiosamente, la mayoría de ellas no debía tener más de veinte años, pero aquello era bueno para Nephrite, pues mientras más joven fuese la persona, más energía podía obtener de ella.

Las inscripciones se cerraron y Nephrite hizo una cuenta rápida de la cantidad de concursantes. Más de doscientas chicas entre catorce y veinte años se habían inscrito. Perfecto. Es el turno de mi presentadora para hacer su trabajo.

En ese mismo momento.

Serena y Amy se quedaron atrás, entre los espectadores, viendo cómo Rei tragaba saliva en medio de las demás concursantes. Por otra parte, era imposible pasar por alto la presencia de Lita, pues era la más alta de las participantes, pese a que solamente tenía catorce años. Serena, dándose cuenta que Amy no conocía a Lita, le indicó con el dedo quién era ella.

—Es muy alta.

—¿Verdad? —dijo Serena, recordando la conversación que había tenido con Lita hace unas horas atrás—. Vive sola, pero sabe cuidarse y se prepara su propia comida.

—Yo también puedo hacer eso, Serena —acotó Amy con una sonrisa—. Hago mi colación en la tarde para el día siguiente. La verdad es que tengo tiempo libre para hacer esas cosas y, por supuesto, estudiar.

Serena entornó los ojos.

—Pues dudo que cocines tan bien como Lita.

Amy arrugó la cara.

—¿Sabes, Serena? A veces puedes ser muy impertinente.

Luna llegó con ambas chicas a los minutos de haber comenzado oficialmente el concurso. La gata se trepó al hombro de Amy, mirando con detenimiento al grupo de participantes, en específico, a Lita.

—Esa chica es inusual —dijo Luna, indicando a la distancia y Serena se dio cuenta que estaba apuntando a Lita.

—Sí, es muy alta y muy fuerte —dijo Serena y Luna la miró inquisitivamente—. Yo misma vi cómo lanzó varios metros hacia atrás a un jugador de béisbol solamente arrojando una pelota. Y cocina muy bien.

Pero a Luna no le interesaban las cualidades culinarias de Lita. Estaba más interesada en su fuerza física y, si había podido tumbar a una persona con una pelota diminuta… las implicaciones eran inmensas.

—¿Y por qué está Rei allá? —quiso saber Luna y Serena volvió a entornar los ojos.

—Porque quiere casarse con un empresario —respondió Serena ácidamente y Amy asintió, como confirmando lo que ella había dicho.

La presentadora estaba pidiendo a las concursantes que explicaran por qué estaban allí y qué les había motivado para intentar ser novia del hombre que estaba sentado en lo que parecía un trono dorado.

—Un poco ostentoso, ¿no creen? —dijo Amy cuando vio al hombre en el "trono"—. No entiendo por qué esas chicas se desviven por ser su pareja. Ni siquiera es atractivo.

—¿Pero qué estás diciendo, Amy? —dijo Serena con incredulidad, devorando con los ojos al hombre del cabello castaño largo—. Es guapísimo, aunque nunca tanto como Tuxedo Mask.

—Y apuesto lo que sea a que si no existiera Tuxedo Mask, estarías entre esas idiotas que creen que pueden ganarse el corazón de ese empresario haciendo estupideces —dijo Luna, y Amy sólo pudo darle la razón. La mayoría de las chicas querían estar allí por razones vanas, algunas disfrazadas con palabras bonitas y otras que eran más directas.

Y fue el turno de Lita. La presentadora le puso el micrófono frente a su boca y ella se puso ligeramente colorada.

—¿Por qué está aquí, señorita?

Nephrite miró a la chica de la cola de caballo y una sensación extraña recorrió su espina, lo que le causó escalofríos. Es hermosa se dijo, mirando a Lita con mucho interés. Pero hay algo más… percibo espíritu, coraje y fuerza en esa cara. Es como si estuviera hecha para mí, de algún modo. No estoy seguro, pero hay algo familiar en ella. Y mientras tanto, Lita se tomaba su tiempo para responder, enrojeciendo cada vez más. Pero, cuando miró a Serena en la lejanía, recordó lo que le había llevado a ese concurso en primer lugar.

—Estoy aquí… estoy aquí porque necesito a alguien que me acepte por lo que soy —dijo Lita en una voz apenas audible, la que cobró más fuerza con las siguientes palabras—. He vivido por mucho tiempo siendo objeto de críticas y malas palabras dichas a mis espaldas. La gente no me habla por miedo a que yo pueda hacerles algo malo, pero no soy así. Por eso estoy aquí, para que este hombre tenga la oportunidad de verme y aceptarme… y amarme por lo que soy.

La multitud se quedó en completo silencio. De pronto, cualquier otra razón para participar en el concurso no parecía ni remotamente suficiente. No hubo aplausos ni muestras de respeto por aquella joven de cabello castaño. El mutismo duró hasta que el empresario se puso de pie y señaló con un dedo a Lita. La presentadora interpretó correctamente el gesto y, con palabras pomposas y grandilocuentes, anunció que Lita era la ganadora del concurso. Ella miró al hombre que se suponía que iba a ser su novio y, de forma inmediata, su corazón comenzó a reaccionar. Sus mejillas enrojecieron y su cuerpo se llenó de una electricidad que la dejó paralizada.

Es más guapo de lo que creí. Mi corazón se ha vuelto loco. Pero… jamás lo he visto y, aun así, me siento como si lo hubiera amado durante toda mi vida.

—¿Qué le pasa a Lita? —preguntó Amy, quien había notado el extraño comportamiento de la joven—. Es como si estuviera bajo un hechizo o algo así.

Serena miró en la misma dirección que Amy y su expresión se iluminó.

—Lita está enamorada —dijo, y tanto Amy como Luna se quedaron mirándola con los ojos entornados—. ¿Y por qué me miran de ese modo? ¡Mi nueva amiga ha sido flechada por el amor!

A ochenta metros de Serena, Nephrite hizo un gesto a la presentadora y, a continuación, indicó a Lita a que se aproximara a él. Ella obedeció y caminó casi como una sonámbula hacia él. Cuando estuvo a su alcance, la rodeó por la cintura y se la llevó, desapareciendo detrás del escenario.

—¿Pero qué está pasando? —inquirió Amy de repente, sacando inmediatamente su computadora de bolsillo y apuntándolo hacia el altercado que estaba comenzando a preocupar a la gente.

La presentadora había sufrido un horrible cambio. En lugar de una mujer curvilínea, había un monstruo que se parecía mucho a una araña en posición vertical. La gente que estaba presenciando el concurso huyó del lugar, gritando a causa del pánico, pero las concursantes no se movían de sus lugares, y miraban atentamente al demonio como si estuvieran bajo el influjo de un hipnotizador.

—¡Estoy detectando grandes diferenciales de energía entre las concursantes y el monstruo! —gritó Amy y Luna supo que no podía tratarse de algo bueno—. ¡Son ellos otra vez, tratando de robar energía a gente inocente!

—¡Transfórmense! —gritó Luna y Serena y Amy buscaron un lugar seguro, tal como lo hacían los superhéroes.

Black Widow casi había finalizado con las chicas cuando dos jóvenes uniformadas aparecieron en el escenario. Era una fortuna que los espectadores hubieran huido lejos del escenario.

—¿Cómo te atreves a engañar a estas jóvenes con falsas promesas de amor? —dijo Sailor Moon con evidente indignación arrugando su cara—. ¡Eso es más que lo que puedo soportar! ¡Soy Sailor Moon y te castigaré en el nombre de la luna!

Mientras tanto, detrás del escenario, Nephrite admiraba a Lita, quien no era capaz de reaccionar. Estaba seguro que había visto a la mujer frente a él en alguna parte, pero no podía recordar dónde o en qué momento. Pero, mientras trataba de resolver ese misterio, notó que ella poseía una energía en cantidades que pocas veces había visto. La víctima perfecta.

—¿Qué le estás haciendo a Lita? —desafió una voz detrás de Nephrite. Él, percibiendo el peligro, saltó por encima de Lita, quedando detrás de ella. Luego, la tomó por el cuello, aprisionándola contra él.

—Vaya, eres Sailor Mercury —dijo Nephrite afianzando el agarre en Lita, quien sintió cómo el desengaño le iba robando la fuerza y sintió las lágrimas brotar de sus ojos, tal como en aquella triste madrugada de octubre de 1986, cuando la vida dio un giro fatal para ella—. Si quieres que ella viva, te irás de aquí en silencio, sin atacarme.

Sailor Mercury se quedó de piedra mientras que Nephrite ahogaba más a Lita, quien trataba de luchar contra los malos recuerdos que estaban comenzando a anegarla. Siempre serás una marginada, siempre estarás sola, sin importar lo que hagas. Es tu destino y no podrás cambiarlo.

Pero otra voz, distinta a las otras que amenazaban con ahogarla de manera más efectiva que los brazos de ese hombre, se abrió camino entre las tinieblas de su mente.

Es terrible. Pero tú me salvaste de un accidente. Eso no te hace una mala persona.

Lita trató de darle fuerza a esas últimas palabras.

No eres una mala persona.

No eres una mala persona.

NO ERES UNA MALA PERSONA.

Lita despertó de su pesadilla. Frunció el ceño, tomó los brazos de Nephrite y, usando todas sus fuerzas, lo levantó en el aire y lo arrojó contra unos tachos de basura cercanos. Amy quedó pasmada por el ataque de Lita, notando que había un símbolo extraño en su frente, el cual lucía como un número cuatro. Luna, que había acompañado a Sailor Mercury, también vio el símbolo y, sin dudar, hizo aparecer otra pluma.

—¡Lita! ¡Toma esto! ¡Puede ayudarte a defenderte de ese hombre!

Nephrite se estaba poniendo de pie, sacudiéndose la cabeza y Sailor Mercury, para ganar tiempo, usó su niebla, oscureciendo el campo de batalla.

—¿Y qué hago con esto?

—Sostén esto y pronuncia las siguientes palabras: "por el poder de Júpiter". ¡Hazlo rápido!

Lita le hizo caso y, en un destello de relámpagos y truenos, una nueva guerrera había nacido. Su uniforme era verde, con una corbata de moño rosada, pero Lita no perdió tiempo admirando su nueva indumentaria. Alzó ambas manos al cielo y unas plantas trepadoras aparecieron a los pies de Nephrite, inmovilizándolo.

—¡Pagarás por haber jugado con mi corazón! —gritó Lita mientras una antena se extendía desde su tiara. Luego, se cruzó de brazos e hizo el símbolo de los cuernos con ambas manos, férrea determinación fulgurando en sus ojos—. ¡Recibe el poder del trueno de Júpiter!

Un rayo de aspecto poderoso brotó de la antena, impactando de lleno en Nephrite, quien comenzó a temblar a medida que millones de voltios circulaban por su cuerpo, desatando el caos en su organismo, calcinando órganos y ennegreciendo su piel hasta que comenzó a humear. Cuando el ataque hubo acabado, Nephrite lucía irreconocible. No había forma que hubiese sobrevivido. Lita, por otro lado, respiraba agitadamente, mirando a su enemigo caído. Sailor Mercury lucía horrorizada por lo que acababa de ocurrir y Luna vomitó por lo repulsiva que era la escena.

—No… no fue mi intención… hacerle tanto daño —dijo Lita entre jadeos y Luna, tosió antes de dirigirle la palabra.

—Lo importante es que el enemigo fue derrotado —dijo, mirando a Lita con una mezcla de susto y orgullo—. Y todo gracias a ti, Sailor Jupiter.

—¿Sailor Jupiter? —dijo Lita, confundida, cuando escuchó un grito que provenía del escenario. Sailor Mercury, Sailor Jupiter y Luna se dieron prisa, creyendo que Sailor Moon estaba en problemas, pero no era el caso.

Sailor Moon había conseguido aprisionar a Black Widow con su tiara, pero estaba insegura de lo que debía hacer a continuación. Sailor Jupiter se adelantó, alzando su antena una vez más, mientras que Sailor Mercury tecleaba furiosamente en su computadora de bolsillo y consultando variada información en su visor.

—¡Sailor Jupiter, no ataques a ese demonio! —gritó Sailor Mercury de repente y Sailor Jupiter se frenó en seco—. ¡Estoy detectando ADN humano drásticamente modificado en esa criatura!

—¿Es un humano? —preguntó Sailor Moon con incredulidad.

—Sí, es una mujer. No podemos atacarla.

—¿Qué hacemos entonces? —quiso saber Sailor Jupiter, mirando cómo Black Widow trataba de zafarse de la tiara lunar. Luna se quedó mirando al suelo por un breve momento antes de hacer aparecer otro objeto gracias a su magia. Se trataba de una especie de cetro cuya cabeza tenía la forma de una luna menguante. A continuación, se lo arrojó a Sailor Moon, quien lo tomó con una expresión de perplejidad.

—Usa eso —dijo Luna con urgencia—. Es el Cetro Lunar. Con eso podrás regresar a ese demonio a la normalidad. Tienes que gritar "curación lunar, acción". ¡Rápido, antes que logre zafarse de tu tiara!

Sailor Moon tomó el Cetro Lunar y, describiendo un círculo completo con éste, gritó las palabras mágicas. Inmediatamente, Black Widow comenzó a emitir un brillo plateado y, en un parpadeo, se transformó en una persona normal cuya apariencia era la de la presentadora del concurso. Sin embargo, parecía ser que el esfuerzo fue demasiado para Sailor Moon y ella colapsó sobre el escenario, quedando inconsciente. Sailor Mercury y Sailor Jupiter se apresuraron a socorrerla, pero una sombra llegó primero a su cuerpo y, en menos de lo que le tomaba a alguien parpadear, Sailor Moon había desaparecido.

—¿Quién se la llevó? —quiso saber Sailor Jupiter mientras que Sailor Mercury volvió a teclear en su computadora.

—Sailor Jupiter, Rei está entre las víctimas —dijo Luna, indicando a una chica de cabello negro que yacía a unos pocos metros de donde Sailor Moon había desaparecido—. Ayúdala a ella primero y luego ocúpate de las demás.

—Fue Tuxedo Mask quien se la llevó —dijo Sailor Mercury al fin, guardando su computadora—, aunque no sé por qué lo hizo. Tenemos que encontrarla—. Sailor Mercury tomó el Cetro Lunar, el cual había escapado de las manos de Sailor Moon cuando se desmayó.

—Y pronto —dijo Luna, mirando el Cetro Lunar con preocupación—. No podemos hacer mucho sin nuestra líder.

Sailor Mercury y Sailor Jupiter miraron inquisitivamente a Luna.

—La dueña del Cetro Lunar es la líder —explicó la gata, aunque Sailor Mercury no lucía muy convencida. Por último, ella y Sailor Jupiter comenzaron con la tarea de ayudar a las participantes del concurso.


Zoisite miraba lo que estaba ocurriendo desde un edificio cercano con los puños crispados. Había dos cosas que le estaban molestando: la derrota de Nephrite a manos de aquella Sailor Senshi de verde, lo cual complicaba un poco las cosas, y la otra era la presencia de esa chica de cabello azul y corto. Estoy seguro que la he visto en otra parte se dijo Zoisite, temiendo que, tal como Jadeite y Nephrite por Sailor Mars y Sailor Jupiter respectivamente, él también tuviera una debilidad latente por Sailor Mercury.

Tengo que encontrar el Cristal de Plata sin exponerme se dijo Zoisite. Al menos algo había salido bien de toda esa debacle. Al fin tenemos la suficiente energía para despertar a nuestra gran reina.

Habiendo decidido su curso de acción, Zoisite desapareció del edificio.


Nota: Espero que se hayan dado cuenta que estoy comenzando a insinuar una relación potencialmente romántica entre los Shittenō y las Inner Senshi. Aquí no habrá nada de Molly y Nephrite. xD