IX
Sailor V y el misterio de Tuxedo Mask
Tokio, 8 de febrero de 1992, 09:17p.m.
Serena abrió los ojos y lo primero que notó fue un frac colgado en una silla cercana. Las paredes eran blancas y había pocas ventanas. No obstante, el lugar era amplio, lucía ordenado y tenía un toque sofisticado y elegante. Luego, sus ojos se detuvieron en las prendas que colgaban de aquella silla y tragó saliva.
Estoy en la casa de Tuxedo Mask.
De pronto, como recordando lo que había pasado antes que perdiera el conocimiento, se puso de pie, pero el mundo dio vueltas a su alrededor y se apoyó en un sillón para no perder el equilibrio. ¿Por qué me siento así? Se miró hacia abajo y notó que ya no vestía su uniforme de Sailor Senshi. Serena sintió cómo el corazón se le apretaba en su pecho.
Si me transformé aquí… ¡Tuxedo Mask ya debe saber que soy Sailor Moon!
Pero Serena también sabía que el dueño de la casa podía llegar en cualquier momento, si es que ya estaba allí. Serena tenía cierto miedo de averiguar quién se escondía detrás del antifaz, porque, muy en el fondo de su corazón, ya lo intuía.
Los minutos pasaron lentamente y Serena comenzó a sudar. Era tal su aprensión que pegó un brinco cuando la puerta de la casa se abrió. Casi estuvo tentada en esconderse detrás de un mueble, pero juzgó que sería inútil. Esperó en medio de la sala de estar, su corazón brincando desesperadamente dentro de su pecho.
No puede ser…
La persona que había entrado en la casa era un viejo conocido de ella, el tipo con el que siempre se topaba en la calle, el tipo antipático que la regañaba… solamente que en ese instante no lucía petulante, sino que tenía las cejas ligeramente caídas en su parte exterior. Serena no supo qué hacer frente a eso. Luce preocupado por alguna razón. Después, notó que llevaba un paquete de papel con abarrotes diversos.
—Hola, Serena —saludó el muchacho, luciendo aliviado de verla de pie.
Serena quiso devolverle el saludo, pero las palabras parecían ser demasiado grandes para su garganta. Tenía sentimientos encontrados sobre el joven frente a ella. Había una parte de ella que quería odiarlo por llevarla a su casa sin permiso, pero había otra que deseaba agradecerle por haber cuidado de ella. Al ver que Serena no respondía, el joven dirigió una mirada hacia el frac colgado en una de las sillas.
—Asumo que ya sabes quién soy.
Pero para Serena, darse cuenta que la persona que más odiaba en el mundo era, al mismo tiempo, el héroe que la volvía loca, no era un asunto en absoluto fácil. El tema no solamente consistía en aceptar la verdad, sino que también en lidiar y acallar la parte de su cabeza que deseaba odiarlo. A fin de cuentas, todas las cosas que le había dicho eran ciertas, pero Serena, en su molestia, no las vio en su momento.
Deberías estudiar más, cabeza hueca.
Es de mala educación arrojar papeles a la calle.
Debes encontrar la fuerza que hay en tu interior.
Hazle caso a tu corazón.
Serena entendió que todas esas palabras las había dicho la misma persona bajo diferentes disfraces. También entendió que ese joven solamente quería lo mejor para ella, aunque si lo hacía de forma consciente o no todavía era motivo de especulación.
—¿Te encuentras mejor? —preguntó el muchacho, dejando la bolsa sobre una mesa y cerrando las cortinas, que estaban abiertas.
Serena todavía no podía encontrar su voz. Dirigió sus pasos hacia la cocina para ganar tiempo. El impacto de la revelación todavía no se había asentado en su cabeza y eso le causaba una gran confusión, sobre todo porque el mismo hombre a quien ridiculizaba la había salvado en varias oportunidades.
¿Cómo puedo amar y odiar al mismo hombre, al mismo tiempo? ¡Ni siquiera estoy segura si lo amo!
—Si quieres, puedo preparar algo de comer.
Al parecer, fueron esas palabras las que arrancaron a Serena de su trance, pues le hicieron cobrar consciencia de lo hambrienta que estaba.
—Gracias —dijo Serena débilmente, dándose cuenta que había olvidado hacerle una pregunta muy importante a ese joven. De hecho, era una de las primeras preguntas que se hacía cada vez que dos personas se conocían—. ¿Cómo te llamas?
El joven se detuvo en medio de sus quehaceres y se volteó hacia Serena. Esbozó una sonrisa.
—Me llamo Darien.
Nueva Orleans, 8 de febrero de 1992, 06:45p.m.
Un hombre de avanzada edad se acercaba al lugar que él había visitado ya incontables veces. Usaba una gabardina gris y un sombrero de ala ancha. Hacía frío y el cielo amenazaba tempestad. De algún modo, el clima se antojaba premonitorio.
Se aproximó a la gran estructura de piedra, como siempre, con respeto y en completo mutismo. Llevaba una pequeña maceta con rosas, aunque sabía que éstas se iban a marchitar pronto. Él no llevaba flores para embellecer un jardín, sino para mostrar admiración por alguien que había fallecido hace mucho tiempo.
23 años ya. ¡Cómo pasa el tiempo!
Estaba a pocos metros de la estatua, pero, aun con la creciente oscuridad, el hombre notó que algo andaba mal.
Cuando se inclinó sobre el suelo, notó que éste había sido removido hace unos días atrás. Frunciendo el ceño y maldiciéndose por lo que estaba a punto de hacer, tomó una pala (era un misterio cómo la obtuvo) y comenzó a cavar. No se detuvo, pese a que las primeras gotas de lluvia empaparon su gabardina y el viento comenzó a silbar. Tuvieron que pasar varios minutos para encontrar lo que estaba buscando.
Había una caja de madera enterrada frente a la estatua. Una caja que no estaba a la altura de la persona que alojaba en su interior, pero el sujeto recordó que tal había sido su intención.
¿Pero qué…?
La caja no estaba sellada. El hombre examinó los bordes y notó que los clavos habían sido arrancados por una fuerza enorme. Ya imaginando lo que iba a encontrar dentro de la caja, el sujeto arrancó la tapa, y sus sospechas fueron confirmadas en un instante.
Pero, ¿cómo es posible?
Buscó en los cuatro rincones de la caja por algo fuera de lo normal, alguna explicación terrenal de por qué esa tumba estaba vacía, pero no hallaba ninguna que no fuese lo que ya estaba comenzando a creer. Descartó una profanación, pues habría signos de uso de herramientas en la caja si así fuese. Lo que había arrancado la tapa había actuado desde el interior de la caja. Aun así, pese a las evidencias, había una parte de él que se rehusaba a creer lo que estaba pasando.
Pero ella estaba muerta. ¡Lo sé porque estuve allí cuando falleció!
Henry Abberline tuvo que suprimir una carcajada. Al parecer, la historia siempre hallaba una forma de repetirse a sí misma.
Tokio, 8 de febrero de 1992, 10:14p.m.
Serena debió admitir que la cena tenía un olor agradable. Darien, al parecer, había aprendido a vivir solo por alguna razón, pero ella no tuvo el coraje para preguntarle dónde estaban sus padres. No obstante, él le había prometido platicarle más en cuando la cena estuviera servida.
Por fortuna, Serena no debió esperar mucho. Darien apareció en el comedor con dos platos humeantes de lo que parecía ser un estofado de pollo. Ella tomó asiento frente a la mesa y esperó por su ración con los cubiertos en sus manos.
—No te hagas muchas ilusiones —le advirtió Darien cuando dejó el plato frente a Serena—. Normalmente no cocino para otras personas. Espero que te guste.
Sin embargo, las aprensiones de Darien resultaron ser infundadas. Serena, en menos de dos minutos, ya había acabado con la mitad de su porción, pese a que la cena no llevaba mucho tiempo fuera de la olla. Darien arqueó una ceja.
—No deberías comer muy rápido —le dijo él a Serena, aunque ella no parecía hacerle mucho caso—. Podrías engordar bastante si sigues a ese ritmo.
Las últimas palabras de Darien tuvieron el efecto deseado. Serena frenó en seco y se quedó mirando su plato con aprensión.
—¿Es verdad eso? ¡Porque no quiero engordar!
—Entonces te sugiero que comas con más calma —dijo Darien y Serena, aunque fuese por una vez, le hizo caso y fue comiendo de cucharada en cucharada—. Eso es. Ahora podemos conversar.
Serena recordó lo que había pasado antes de la cena y tragó saliva.
—¿Sabes mi secreto?
Darien asintió con lentitud.
—Explica muchas cosas —dijo, limpiándose la boca con una servilleta—, pero no la forma en que me siento cada vez que te encuentro.
Serena enrojeció, olvidada por completo de la cena.
—Cada vez que te veo, se me viene a la mente un sueño que siempre tengo… todas las noches es lo mismo.
—¿Y de qué se trata ese sueño?
—Bueno… aparece una joven que se parece mucho a ti… y me pide que busque el Cristal de Plata.
Serena sintió cómo su estómago se retorcía en su interior. Tuxedo Mask también está buscando el Cristal de Plata. No sabía cómo sentirse al respecto; sin embargo, el hecho que él también anduviera a la caza de aquel objeto le convertía en un enemigo por asociación.
—¿Y para qué lo quieres?
—Serena, hay una razón por la que vivo solo —repuso Darien en un tono pesado, como si el sólo hecho de decir las palabras fuese un esfuerzo enorme para él—. Lo que pasa es que no recuerdo quién soy en realidad. Un médico me dijo que mis padres habían muerto en un accidente vehicular y que yo fui el único sobreviviente, pero… pero el accidente hizo que yo perdiera la memoria.
—Es… es terrible —balbuceó Serena con una expresión de horror oscureciendo su cara.
—Necesito el Cristal de Plata para recordar mi pasado —continuó Darien, jugando con su comida, pero sin ningún interés en comerla—, y también para saber por qué aparece esa joven en mis sueños. Siento que ella pertenece a mi pasado de algún modo y… y cada vez que te veo, ese recuerdo se vuelve un poco más claro.
Serena también había perdido el apetito. Tal parecía que sus sentimientos sin explicar tenían una explicación después de todo. No obstante, todavía existía aquel velo de misterio entre los dos, como que algo todavía no encajaba en el gran rompecabezas que era todo el asunto. Pronto, el hecho que Darien le hubiese caído mal en alguna ocasión careció de importancia. Serena sentía que había una conexión especial entre ella y Darien, una conexión invisible pero que se manifestaba a través de signos sutiles, como sueños y sonrojos sin razón aparente.
—¿Y por qué te transformas en un hombre con un frac y un sombrero?
Darien no dijo nada. Echó otro vistazo al traje colgado en el respaldo de la silla, juzgando que aquella era, en efecto, una muy buena pregunta.
—Es otra cosa que desconozco —dijo, tratando de comer siquiera una cucharada, pero era un caso perdido—. Lo único que sé es que, cada vez que me pasa, me encuentro con que estás en problemas, y yo me veo en la urgencia de ayudarte, aunque no sé por qué.
Hubo un minuto de completo mutismo en el comedor. La cena hace rato que se había enfriado y ya no valía la pena comerla. Darien, dándose cuenta que el silencio se estaba tornando incómodo, decidió retirar los platos de la mesa y verter la comida sobrante en la olla. A continuación, hizo un gesto a Serena para que la siguiera a la sala de estar y ver un poco de televisión.
—Creo que a esta hora transmiten una repetición del anime de Sailor V —dijo Darien y Serena se sorprendió al ver a un joven que iba en segundo de preparatoria hablar de dibujos animados—. He notado que te gusta.
Darien prendió el televisor y, en efecto, uno de los canales estaba transmitiendo Sailor V. Serena, en su estupor, se dio cuenta que él no había puesto el canal de dibujos animados por él, sino que por ella. Se sintió tonta al creer que Darien era un joven con alma de niño.
No obstante, el programa fue interrumpido por el noticiero. Serena maldijo por lo bajo y Darien arrugó el entrecejo, percatándose que no podía haber noticias en un canal exclusivo de dibujos animados. Decidió escuchar con atención.
—Señores televidentes. El conglomerado transnacional Greenland Berylium ha anunciado que su división de energías renovables ha sufrido el robo de un núcleo de gran poder que era utilizado en sus instalaciones en Groenlandia. Estamos en contacto con uno de los miembros de la junta directiva y gerente de operaciones de la división de energías renovables de Greenland Berylium, en directo desde Groenlandia.
—Gracias por la entrevista, señor Miyazaki —dijo un hombre de cabello largo y rubio, ataviado con un traje de oficina que no le venía para nada con su estilo general—. En efecto, un núcleo de poder fue robado de nuestras dependencias. Se trata de un cristal que hemos estado desarrollando para reemplazar a los reactores nucleares de hoy. Se trata de tecnología muy avanzada y es una gran tragedia que ésta haya sido robada. Demás está decir que este cristal puede causar un daño enorme al mundo si cae en las manos equivocadas. Hemos llamado a este objeto por el nombre clave "Cristal de Plata".
—¿Y qué medidas planea tomar?
—Nosotros ya hemos identificado al responsable del robo, o mejor dicho, a la responsable —dijo el ejecutivo con el ceño fruncido. A continuación, unas imágenes obtenidas de una cámara de seguridad mostraban a una mujer con una falda corta de color azul, botas de color magenta y una enorme y perfectamente distinguible corbata de moño.
—¡Vaya!
—Créalo o no, Sailor Moon es el individuo que robó nuestro proyecto de investigación más avanzado y costoso. Ya he contactado con la policía de Tokio y están buscándola mientras hablamos. También he puesto precio a la cabeza de Sailor Moon. Diez mil dólares por información sobre su paradero y cien mil por su captura.
—¡Caramba! Esa tecnología debe valer una fortuna.
—Por eso me estoy asegurando tenerla de vuelta por cualquier medio necesario. He puesto una línea telefónica dedicada exclusivamente a la obtención de información sobre esta Sailor Moon.
Darien apagó el televisor. Ni él ni Serena podían articular palabra alguna.
En ese mismo momento
Zoisite concluyó la videollamada con una enorme satisfacción cruzando su mirada. Estaba seguro que su desvergonzada acusación iba a causar la reacción esperada. A todo el mundo le gustaba el dinero, y si era más, pues mucho mejor. Sailor Moon y sus compañeras no tendrían escapatoria. La policía y diez millones de ciudadanos estarían tras ella.
Y lo hice sin exponerme por cómo realmente soy.
Zoisite estaba seguro que las muertes de Jadeite y Nephrite se habían debido a la debilidad que ambos compartían por Sailor Mars y Jupiter respectivamente. No iba a permitir que lo mismo le pasara a él, pues sabía que Sailor Mercury era muy inteligente y observadora, por lo que no podía tomar riesgos innecesarios.
Si me encuentro con ella, soy hombre muerto.
Esa era la razón por la que Zoisite había elegido realizar una videollamada en lugar de una conferencia de prensa. Por supuesto, él no estaba en Groenlandia, pero le hizo creer a todos los televidentes que así era. Tuvo que soltar una carcajada. Era increíble cómo la gente podía ser tan fácilmente manipulada por los medios de comunicación masivos, y, por supuesto, Zoisite había usado ese hecho a su favor.
Muy pronto, Sailor Moon será cosa del pasado.
Una hora más tarde
Amy no podía dormir.
El noticiero de la noche había sido un golpe muy duro para Serena, pero eso no era lo que la tenía con insomnio. Era el hombre que estaba siendo entrevistado lo que le impedía conciliar el sueño.
¿Por qué me pasa esto?
Pese a que estaba al tanto de la gravedad de la situación, todo parecía disolverse cada vez que Amy miraba a los ojos al joven miembro de la junta directiva de Greenland Berylium. ¿Por qué me siento así? ¿Por qué ese sujeto hace que me sonroje? Tengo que saber la verdad.
Dando por perdida su batalla contra el sueño, Amy se vistió, cogió un abrigo, su pluma de transformación y su teléfono de gama alta. Tenía la impresión que iba a necesitar de todo su ingenio para encontrar a ese hombre. Como le había pasado a Rei y a Lita, Amy tenía sentimientos encontrados con respecto a él. Sabía que estaba achacando el robo del Cristal de Plata a Sailor Moon, pero no podía quitarse de su cabeza la forma en que su corazón reaccionaba con tan solo pensar en ese individuo.
Debo encontrarlo.
Amy introdujo unos comandos en su teléfono para ejecutar una aplicación de reconocimiento facial y pirateo de cámaras de seguridad. Tenía la impresión que no tenía mucho tiempo para llevar a cabo su tarea.
En ese mismo momento
Sailor Mars y Sailor Jupiter tenían serios problemas.
Había un demonio que estaba asesinando personas sin razón aparente y se trataba de un ser bastante poderoso. Ni los relámpagos de Sailor Jupiter ni las llamaradas de Sailor Mars habían conseguido hacerle algún daño. En ese momento, el demonio estaba usando a una pareja recién casada como escudo humano y las dos Sailor Senshi se habían quedado de piedra.
—Muévanse, o derramaré más sangre —dijo el demonio, llamado Bloodhunter—. Prometo que los liberaré si Sailor Moon se entrega en este mismo momento a las autoridades.
Sailor Jupiter y Sailor Mars se miraron, sin saber qué rayos hacer. Hace unos minutos, Sailor Jupiter había tratado de contactarse con Amy, pero ella parecía haber desaparecido del mapa, pues su comunicador estaba fuera de línea. Y vaya que le hacía falta la ayuda de Sailor Mercury. Ella era quien delineaba los planes.
Las garras de Bloodhunter estaban hendiendo lentamente los cuellos de ambos rehenes cuando dos personas descendieron desde un edificio cercano. Se trataba de una chica ataviada de marinero y un hombre que parecía vestido para una fiesta de etiqueta.
—¡Ya basta! —gritó Sailor Moon con angustia—. ¡Deja de matar tanta gente!
—Al fin has llegado —dijo Bloodhunter con voz rasposa—. Haré lo que me pides si te entregas a la policía. Mira. —El demonio señaló hacia unas barreras detrás de las cuales había varios vehículos policiales y un grupo nutrido de oficiales, todos con sus armas en ristre—. Están esperándote.
Sailor Moon miró en dirección a los vehículos de policía y una expresión de resignación cruzó su cara. Tuxedo Mask la miró con incredulidad, creyendo que ella había acudido a la escena a derrotar al demonio.
—Libéralos —dijo Sailor Moon con una voz apenas audible—, y yo me entregaré sin oponer resistencia.
—¡No estás en posición de hacer demandas! —rugió Bloodhunter, haciendo un ademán violento que casi decapitó a sus dos rehenes—. ¡Anda! ¡Entrégate!
Sailor Moon se estremeció. Sailor Mars y Sailor Jupiter la miraron, sin poder creer lo que estaban viendo.
—¡No te entregues! —gritó Sailor Jupiter.
—¿Vas a acobardarte ahora? —la retó Sailor Mars, arrugando el entrecejo.
—¡No se trata de ser valiente o no! —clamó Sailor Moon, lágrimas brotando de sus ojos—. ¡Se trata de salvar la vida de las personas! ¡No puedo permitir que gente inocente muera por mi culpa!
—¡Tú no eres culpable de nada! —insistió Sailor Mars, esgrimiendo un puño en su dirección—. ¡Ponte a pensar en cuántas vidas más se van a perder si no peleas ahora!
—¿Me estás diciendo que las vidas de dos personas no importan, con tal de salvar a la mayoría? —inquirió Sailor Moon con una voz aguda pero cargada con una fuerza que sorprendió a Sailor Mars—. ¡Toda vida importa, y no quiero ver morir a más gente!
Sailor Mars se quedó muda al ver a Sailor Moon girar sus talones y caminar lentamente hacia los vehículos policiales. Bloodhunter sonrió al ver a la heroína arrastrar los pies hacia su perdición, pensando en que nada podía salir mal.
Al menos hasta que sintió cómo sus garras se convertían en polvo.
Zoisite estaba viendo cómo Sailor Moon se entregaba a las autoridades cuando sintió un abrupto descenso en la temperatura. No le molestó, sin embargo, pues estaba acostumbrado al frío, pero decidió investigar la anomalía.
No alcanzó a dar dos pasos cuando se topó con una figura familiar. Muy familiar. Una chica que sostenía un teléfono y estaba vestida con un uniforme que también recordaba muy bien. No obstante, no anticipó que ella fuese capaz de encontrarlo tan rápido. Al parecer, había subestimado a Sailor Mercury.
Y ahora que la estoy viendo de cerca… no puedo negar que es hermosa.
Al otro lado de la situación, Sailor Mercury estaba pasando por lo mismo que el hombre frente a ella. Se ve más lindo que en televisión, pero no tengo tiempo para eso. Debo luchar contra mi propio corazón, al menos hasta saber la verdad.
—¿Por qué incriminaste a Sailor Moon por el robo del Cristal de Plata?
Zoisite podría echarse a reír, si no estuviera tan ocupado en los ojos de Sailor Mercury.
—Vaya, para tener un CI de 300, eres bastante ingenua —dijo Zoisite con un leve tinte de burla en su voz—. Es obvio que Sailor Moon no tiene el Cristal de Plata, así como éste no es ningún proyecto científico. Solamente jugué con la gente para hacerle creer que ella era una ladrona y así sacarla del camino. No esperé que hubiera tan poca información sobre Sailor Moon, así que envié a Bloodhunter para llamar su atención.
Sailor Mercury mostró una sonrisa que a Zoisite no le gustó.
—Así que… Greenland Berylium es una fachada para algo más —dijo, adoptando su postura de ataque—, y asumo que no me lo vas a decir.
—Exactamente —dijo Zoisite antes de conjurar una estalactita de hielo y arrojarlo con todas sus fuerzas hacia Sailor Mercury—. Y también debes saber que no voy a caer en las mismas cosas que llevaron a Jadeite y Nephrite a sus tumbas.
Pero Zoisite sabía que estaba mintiendo. Había una razón por la que sus ataques erraban el blanco, y ésta no había que buscarla en la agilidad de Sailor Mercury, sino que en su propia cabeza.
Sailor Mercury hizo aparecer una bruma, lo que oscureció todo el lugar. Zoisite se quedó de pie, tratando de discernir una sombra, un reflejo, lo que fuese que le permitiera atacar, pero su oponente se mantenía elusivo. Mientras tanto, Sailor Mercury, con la ayuda de su visor, veía perfectamente y había encontrado un defecto estructural en el suelo. Manteniéndose alejado de Zoisite, llevó a cabo un ataque de agua hacia la zona, lo que la convirtió inmediatamente en hielo.
Ahora, llama su atención.
—¿Dónde estás, maldita arpía? —vociferó Zoisite, justo en el momento en que escuchó un sonido como el que haría una lata de conservas caer sobre cerámica.
Te encontré.
Zoisite dio dos pasos hacia delante e iba a arrojar una tormenta de lanzas de hielo cuando, de repente, sintió que algo se resquebrajaba bajo sus pies y, después de un momento de ingravidez, dio de lleno en el piso de abajo, sintiendo un dolor punzante en su pecho y en su espalda. Cuando pudo mirarse, notó que su cuerpo había sido horadado por fierros retorcidos. Su visión se fue nublando lentamente hasta que ya no vio ni escuchó nada más.
La última imagen que cruzó su cabeza fue la de Sailor Mercury y él en un prado extenso.
Bloodhunter aulló de dolor al ver sus herramientas de trabajo ser reducidas a cenizas. Sailor Moon se detuvo en seco y Sailor Jupiter y Sailor Mars se quedaron de piedra. Ambas habían visto cómo un rayo de luz había desintegrado las garras del enemigo. Sailor Mars giró su cabeza hacia el lugar desde el cual había provenido el rayo y vio una silueta recortarse contra la luna, de pie sobre un edificio cercano.
—¿Quién es? —quiso saber Sailor Jupiter. Bloodhunter se hacía la misma pregunta.
La silueta pegó un brinco y cayó de pie frente a Sailor Mars y Sailor Jupiter. Ahora que ambas podían verla apropiadamente, se dieron cuenta que era una Sailor Senshi. Sin embargo, su uniforme era naranjo y usaba un antifaz de un estilo distinto al que ostentaba Tuxedo Mask. Sailor Jupiter recordó algo que había visto en la televisión e inmediatamente hizo la conexión.
—Tú eres Sailor V —dijo, recordando que ella usaba un antifaz para ocultar su cara.
—¿Sailor V? —repitió Sailor Mars. Sailor Moon oyó las palabras y se le hizo un nudo en el estómago.
—Así que tú eres Sailor V —dijo Sailor Moon, quien todavía no se recuperaba de haber visto a dos personas a las puertas de la muerte y de la amenaza de Bloodhunter.
—No soy Sailor V, ya no al menos —dijo la nueva Sailor Senshi, quitándose el antifaz, revelando a una chica muy atractiva, de cabello rubio, sobre el cual ostentaba un lazo bermellón y tenía ojos azules—. Soy una de ustedes, la quinta guerrera. Soy Sailor Venus.
Sailor Venus apenas terminó de hablar, apuntó con un dedo a Bloodhunter, sujetando su brazo extendido con el otro.
—¡RAYO CRECIENTE, FULMINA!
Todos los presentes vieron cómo un rayo de luz dorada brotó de su dedo, impactando en Bloodhunter, quien lanzó un rugido de dolor antes que su cuerpo fuese reducido a polvo. Sailor Mars y Sailor Jupiter tenían sus bocas abiertas y Sailor Moon consideró que ella era fantástica. Sin embargo, ella notó algo diferente en aquella nueva Sailor Senshi. No sabía si tenía relación con su aspecto o con su poder, pero tenía una buena razón para afirmar que Sailor Venus era quien ella creía que era.
—Perdón que te pregunte —comenzó Sailor Moon con algo de tiento para luego continuar con más firmeza—. Puede que esté equivocada, pero, ¿eres la princesa que tanto hemos estado buscando?
Sailor Mars y Sailor Jupiter se dieron cuenta que Sailor Moon no estaba dando palos de ciego. Ellas también podían notar algo diferente en Sailor Venus, como que tenía el aura, la apariencia e incluso el comportamiento de una princesa. Las tres aguardaron la respuesta con ansia.
—Sí, lo soy —dijo Sailor Venus.
Nota del Autor: No sé si han notado que los Generales siempre pierden sus batallas contra las Sailor Senshi, pese a que son presa de los mismos sentimientos. Pues aquí quise reflejar el hecho que las mujeres manejan mejor las emociones y los sentimientos que los hombres y es por eso que triunfan.
