XXXV
La turista
Londres, 23 de enero de 2000, 11:38p.m.
El rastreador de Violet nos condujo hasta un edificio abandonado, en el cual el agresor se había refugiado. Nos quedamos de pie frente al inmueble, pensando en el siguiente movimiento… bueno, Violet era quien desempeñaba esa función en el grupo. Vi que ella tenía otro aparato en sus manos, el que lo usaba para consultar el plano esquemático del edificio.
—¿Alguna ventaja que podamos usar? —preguntó Nicole a Violet, quien sostuvo el aparato para que todos viéramos lo que ella estaba viendo.
—El sujeto que buscamos se encuentra en el último piso —repuso Violet, indicando con un dedo un punto que parpadeaba en la parte alta del plano—. Tiene la ventaja de la altura. Seguramente estará esperándonos.
—¿Y qué podemos hacer? —preguntó Scarlett, pensando que no había solución a ese problema.
—Tengo un plan —respondió Violet, guardando el aparato—, pero necesito discreción en esto. Cualquier distracción y el plan no va a funcionar. Mi rastreador detectó varios sensores térmicos en todos los pisos, así que este edificio debe ser la casa franca de alguna organización clandestina.
—¿Y cuál podría ser? —intervino Sophie, llevándose una mano al mentón—. Desde que Sailor Silver Moon salvó al mundo, ha estado mayormente en paz, salvo en algunos casos aislados.
—Este edificio es lo que llaman una casa franca fantasma —dijo Violet, mirando hacia el último piso del inmueble—. Se supone que todos los edificios deben tener una identificación. Es un requisito que deben poseer todos los bienes raíces. Pero este edificio no está en los registros, porque no tiene identificación. Es como si le quitaran la placa patente a un vehículo.
—¿Entonces no podemos saber a quién le pertenece?
—No, pero ese no es el punto —repuso Violet, bajando la mirada y clavándola en Nicole—. Lo que debemos hacer es burlar los sensores térmicos… y tengo una idea de cómo hacerlo.
Violet delineó el plan con pelos y señales, de modo que todos entendiéramos cuáles serían nuestros roles. Básicamente, nosotros debíamos permanecer escondidos mientras Violet hacía su magia. El resto del plan se trataba simplemente de no hacer ningún ruido, o todo iría al traste.
—Violet, ¿estás segura que no hay nadie más en el edificio? —preguntó Nicole antes de retirarse a un callejón cercano—. Porque dijiste que era una casa franca. No es usual que las casas francas estén vacías.
—Es obvio que este edificio se encuentra en desuso —dijo Violet, mirando la fachada del inmueble. La pintura se caía a pedazos y muchas ventanas estaban rotas o tapiadas—. Seguramente es una casa franca que se vio comprometida de algún modo. De todas formas, las casas francas están diseñadas para mezclarse con el entorno urbano, de modo que sean más difíciles de identificar de forma visual. Un edificio abandonado llama mucho la atención, porque se diferencia del resto de construcciones, además que tienen reputación de ser guaridas para delincuentes y pandillas.
—Entonces, ¿por qué se metió allí, si sabía que iba a ser más fácil encontrarlo?
—Tal vez no contaba con que pudiéramos rastrearlo —dijo Violet razonablemente—. A fin de cuentas, lo que importa es que el sujeto está en el edificio. Necesitamos atraparlo para hallar alguna información sobre las personas que podrían asesinar a Lucy Warren.
Nicole no dijo nada. Asintió con la cabeza y se escondió en el callejón, donde ya estábamos el resto de nosotros. Me asomé por la esquina y vi que Violet hacía unos movimientos extraños con sus brazos. Contuve la respiración al ver que una segunda Violet había aparecido de la nada. ¿Se habría replicado de algún modo? Pero luego pensé que aquello era una estupidez, por lo que asumí que se trataba de la magia de Violet, la misma que había mostrado cuando burlamos los controles de seguridad allá en Heathrow. La imagen de Violet entró en el edificio, mientras que la verdadera Violet se reunió con nosotros en el callejón, sosteniendo otro de sus aparatos, seguramente para monitorear los sensores térmicos dentro del edificio.
No pasaron ni dos minutos cuando el aparato de Violet emitió un pitido. Hasta el momento, el plan estaba discurriendo sin problemas.
Una serie de pitidos indicaron el paso de la imagen de Violet a través de los pisos del edificio, hasta que dejaron de escucharse pitidos. Todos pensábamos que el plan había fallado, hasta que escuchamos una explosión en el último piso. Después, el inconfundible estacato de una ametralladora restalló en el aire, llamando la atención de los transeúntes. Violet vio que uno de ellos había sacado su celular, seguramente para llamar a la policía. Naturalmente, Violet había considerado esa variable y, dos minutos más tarde, la imagen de Violet corría a toda velocidad hacia el callejón, buscando refugiarse, mientras que el sujeto la seguía con ametralladora en ristre.
Cuando el individuo llegó al callejón, Violet indicó que esperáramos a que se adentrara un poco más. Violet contaba con la cautela del sujeto al entrar al callejón y, pacientemente, esperó a que los pasos fuesen más sonoros.
Violet hizo un gesto con la mano y Nicole asintió brevemente. A continuación, ella hizo un gesto violento los brazos y un muro de roca obstruyó la entrada al callejón. El hombre miró hacia atrás, justo lo que Scarlett necesitaba para usar sus poderes en contra de él. No hizo grandes aspavientos para hacerlo; simplemente juntó sus manos, luciendo como si estuviera rezando. El efecto fue instantáneo. El sujeto compuso una cara de alegre olvido, mirando embelesado a Scarlett. Fue cuando me di cuenta que ella tenía poderes relacionados con el romance y la seducción.
—Harías todo por nosotras, ¿verdad?
—Por supuesto —dijo el hombre con una voz efusiva que parecía no pertenecerle.
—¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?
—Mi nombre código es Perseus. Mi nombre real es Tyson Reed. Soy un operativo de tercera categoría de la Vanguardia de Ares.
Violet frunció el ceño cuando Reed dijo las últimas palabras. Yo mismo había escuchado algunos rumores sobre la Vanguardia de Ares, sobre su formación y su líder, una enigmática mujer que era conocida solamente como Medusa. Sin embargo, no tenía idea de por qué la Vanguardia de Ares estaría tratando de achacarme el asesinato de James Harrington. ¿Estarían ellos detrás del proyecto del acelerador de partículas? La noción me pareció risible. No me podía imaginar a un ejército privado realizando un proyecto de esa escala, aunque tal vez hubiera alguna conexión. Sin embargo, la prioridad era limpiar mi nombre. Después podía preocuparme de mis otros asuntos.
—¿Por qué atacaste la comisaría? —continuó Scarlett en un tono inusualmente serio para alguien como ella.
—Porque sabía que esas jóvenes y el reportero estaban investigando cosas que no deben ser investigadas.
—¿Qué clase de cosas?
—Cosas como el verdadero motivo detrás del asesinato de James Harrington. Sabíamos que Lucy Warren era clave y no podíamos permitir que Jeremy Burns fuese exonerado de los cargos. Necesitábamos ese chivo expiatorio para desviar la atención de la Vanguardia de Ares.
—¿Por qué querían sacar a Jeremy Burns del camino?
—Porque estaba investigando la construcción del acelerador de partículas, y porque James Harrington divulgó información confidencial.
—¿Qué clase de información?
—Políticas bancarias —dijo Reed en un tono apropiado para alguien que intentara conquistar a una mujer—. Si el público sabe que los bancos están básicamente estafándolos de forma legal…
—¿Qué sabes sobre el proyecto del acelerador de partículas?
—Casi nada. Nosotros solamente somos mercenarios. Nos pagan para despachar gente que sabe demasiado.
Violet hizo un gesto a Scarlett para que detuviera el interrogatorio y ella asintió. Era obvio que la Vanguardia de Ares no tenía ningún detalle sobre el proyecto, pero sí estaba involucrada en el asesinato de James Harrington y tenía la intención de convertirme en un chivo expiatorio, y al mismo tiempo, impedir que yo continuara con la investigación. Era obvio que alguien estaba muy empecinado en que nadie supiera la verdad sobre el proyecto. Si eso era cierto, entonces el acelerador de partículas debía ser una fachada para algo más, pero en ese momento, no tenía las herramientas ni el tiempo para continuar con la investigación. Sin embargo, confirmamos que la Vanguardia de Ares estaba activamente tratando de localizar a Lucy Warren. Debíamos encontrarla primero que ellos y ponerla a salvo. Con una organización de ese calibre tras ella, una embajada no sería lo suficientemente segura. Debíamos viajar cuanto antes.
Después de atravesar nuevamente un taco monstruoso, llegamos al aeropuerto (Nicole y las demás habían vuelto a la normalidad) y Violet nos coló a través de los controles de seguridad y abordar nuevamente el jet que nos llevaría de vuelta a Londres. Era el turno de Scarlett para pilotear el avión, pues Sophie la había reemplazado a medio camino entre Londres y Nueva York.
Después de seguir los procedimientos establecidos para el despegue, estábamos en el aire nuevamente. Violet había comprado bebidas y comestibles para que no pasáramos hambre durante el vuelo, y las demás se mostraron conformes. No era mi caso, claro, pues, como buen británico, prefería el té a los jugos (no Earl Grey), aunque fuesen dietéticos. Sin embargo, estaba razonablemente contento con las galletas de avena con chispas de chocolate suizo. Nicole notó que no bebía jugo y me dedicó una mirada inquisitiva.
—Soy británico —dije, como si eso zanjara la cuestión, aunque no haya sido así—. Estoy acostumbrado al té. Y dudo que en los aeropuertos tengan puestos de té como en Londres.
—¿Ni siquiera el té helado embotellado?
—Ni me hables de esa porquería.
Nicole soltó una pequeña carcajada.
—¿Por qué ustedes los ingleses son tan conservadores? Para todo tienen protocolos, hasta para tomar su bendito té.
—Bueno, tuvimos mucha influencia de la Iglesia Anglicana —dije, recordando la vez que fui a Kent por el asunto de las malformaciones—. No es algo de lo que me enorgullezca, pero supongo que algunas costumbres se niegan a morir. Pero desconozco mucho de la historia de mi país. Sé que hubo muchas guerras y derramamiento de sangre, pero es eso precisamente lo que me disuade de investigar más.
—Curioso, para un reportero.
—¿Verdad? —dije, en un tono innecesariamente coqueto, aunque Nicole no dijo nada—. Supongo que investigo solamente lo que me gusta o intriga. Soy un poco selectivo con las historias que me piden.
—Pensé que los reporteros no le hacían asco a nada.
—Hay reporteros y reporteros —dije casualmente, sintiéndome cada vez más relajado, solamente para darme cuenta que eso trabajaba a mi favor—. Yo soy de aquellos que no cubren cualquier historia, no después de pasar años trabajando como reportero gráfico en un periódico conocido que a veces semejaba a un condenado tabloide.
—¿Y te pagan menos por eso?
—Recibo un bono de vez en cuando, cada vez que sacaba buenas fotografías, pero mi sueldo es mensual. Aunque ser amigo de los colegas ayuda también. Ellos se ofrecían a hacer los trabajos que a mí no me gustan. Pero ahora soy un reportero en toda regla y puedo cubrir las historias que me agradan o sean interesantes.
—¿Y eres bueno escribiendo?
—Pasé más tiempo como reportero gráfico, así que no soy un as de la redacción.
—Pensé que los reporteros debían ser buenos escritores.
—Los reporteros pueden ser buenos escritores —corregí, recordando que necesitaba clases urgentes de redacción—. No es un requisito, pero la experiencia les enseña a redactar bien. Yo, bueno, hago mejor mi trabajo con imágenes que con palabras. Para mí, todo es luz, exposición, encuadre, rango dinámico, apertura del lente, tamaño del sensor, distancia focal, esa clase de cosas. Combina bien todo eso y tendrás una fotografía que diga mil palabras.
Cuando acabé con mi rosario, noté que Nicole me miraba fijamente a los ojos, como interesada en lo que yo estaba diciendo, como esperando que siguiera hablando. Pero no lo hice. Demonios. Estaba capturando su atención y me quedé congelado. Recordé que no soy un donjuán y miré en otra dirección.
—¿Te pasa algo? —preguntó Nicole. Mil demonios. No supe qué mierda responder por un buen rato. Nicole me miraba de forma inquisitiva, lo que hacía las cosas peor. Supongo que reaccioné como la mayoría de los hombres cuando están frente a una mujer atractiva. Las mujeres atractivas pueden llegar a ser más imponentes que un gigante de diez metros y uno no sabe qué diablos decir o hacer. Los verdaderos donjuanes son aquellos que saben precisamente qué hacer en esa clase de situaciones.
—Solamente estoy un poco agotado —fue mi pobre respuesta. Digo pobre porque no me sentía ni remotamente cansado, porque no tuve que pelear ni hacer mucho durante mi estadía en Nueva York.
—¿Por qué no comes un bocado? —me ofreció Nicole con una sonrisa que bien podía pertenecer a la de un ángel—. También trajimos agua mineral, si es que eso te gusta.
—Gracias —dije y ella pidió un paquete de galletas y una botella de agua mineral a Violet. Volvió con el pedido y me tendió el paquete y la botella.
—Supongo que el protocolo te permite comer a estas horas.
—No —dije con una pequeña carcajada—. Solamente para el té tenemos esa regla.
Ambos nos quedamos en silencio por un rato antes que Nicole volviera a tomar la palabra.
—¿Sabes? Podrías pedirle a Sophie que te enseñe a redactar.
—Ahora que recuerdo, ella es escritora.
—Lo mejor es que ella no te va a cobrar ni un centavo —dijo Nicole, sonriendo—. Ella dice que nadie debería lucrar con enseñar a escribir, así que aprovecha.
—Cuando todo esto haya acabado, se lo voy a proponer.
Volvió a reinar el silencio entre los dos, pero ella seguía mirándome a los ojos. A veces deseaba que dejara de hacerlo, pues me ponía incómodo, pero a veces me preguntaba por qué hacía eso. ¿No quería perderme de vista? No, no era eso. Aquello era imposible en un jet. ¿Estaría interesada en mí? Por favor, no seas demasiado optimista, Jeremy Burns. Ni en tus sueños tendrías una chica como Nicole a tu lado, por mucho que te guste la noción. En lugar de pensar en cosas sin sentido, decidí apuntar los dardos hacia otra dirección.
—¿Tienes un pasatiempo?
Ella se mostró contenta por la pregunta, como si estuviera esperando que yo la hiciese.
—Me gusta la escultura —dijo, y noté que a ella le brillaron los ojos—. Paso mi tiempo libre tallando madera, moldeando greda o cincelando mármol. No me gusta mucho la madera como material para hacer esculturas, pero a veces lo hago a modo de pedido para alguien que lo requiera. Me gusta más trabajar con materiales provenientes de la tierra misma.
—¿Y en qué te inspiras para trabajar?
—Es curioso, pero a menudo tengo sueños que parece que no me pertenecen, como si estuviera en otro lugar y en otro tiempo. De ahí obtengo la inspiración para crear mis esculturas.
Estuve a punto de decir que la mejor escultura que he visto alguna vez era la misma Nicole, pero me refrené de decirlo. De algún modo, sonaba mal, como si fuese mi difunto amigo James quien lo dijera. Y ya he dicho que él era machista profesional.
—¿Y me mostrarás algunas de tus obras alguna vez?
—Por supuesto —repuso Nicole animadamente—. Cuando hayamos acabado con este asunto, te mostraré cómo hago mis esculturas.
—¿En serio?
—¡Claro! —dijo Nicole efusivamente, lo que llamó mi atención. No sabía por qué se mostraba tan contenta por la perspectiva, pero no hice ninguna pregunta, más que nada porque temía que ella respondiera de mala forma. Aquello fue afortunado, porque fue ella misma la que continuó hablando.
—¿Sabes, Jeremy? Eres el primer hombre que conozco que está más interesado en mi obra que en mis pechos. A veces odio ser tan atractiva, porque no me permite que la gente me conozca por lo que hago.
—¿Y por qué eres atractiva?
—No es que quiera serlo, Jeremy. Cuando te mantienes en buena forma física, una de las consecuencias es tener un cuerpo deseable. Pero eso a los hombres no les interesa, así como no les interesa que me guste hacer esculturas. Cuando les hablo del tema, a menudo me dicen que yo soy la escultura. Es repugnante.
En ese momento, agradecí no haber mencionado lo de ella siendo una escultura. Intuía que a las mujeres no les agradaba que los hombres les dijesen ese tipo de cosas, pero no esperé que Nicole fuese una de ellas, más que nada porque ella no parecía darle mucha importancia a la forma en que ella lucía.
—Pues yo pienso que sí eres atractiva, pero que eso no debe definirte. Eres más que una paleta de carne.
No sé por qué dije esas palabras, pero hicieron que Nicole casi se atragantara de la risa. Les juro que jamás la había visto reírse de ese modo, al punto de perder el aire de los pulmones. Estuvo varios segundos así hasta que pudo calmarse lo suficiente para hablar.
—Una paleta de carne —farfulló Nicole, cada vez con más aire—. Esa estuvo buena.
—Pero es verdad —dije, poniéndome ligeramente colorado—. También era cierto eso que tu cuerpo es una pequeña parte de lo que eres.
Por desgracia, la charla se interrumpió, porque Violet nos llamó a todos. Aparentemente, había algo de importancia que debía contarnos, o en este caso, mostrarnos. Ella mostró su teléfono, en el que había unas imágenes en vivo de un edificio que conocía bastante bien.
La embajada de Estados Unidos en Londres.
Sin embargo, aquello no era lo más impactante. Al parecer, estaba teniendo lugar un tiroteo entre oficiales de policía y lo que parecía una tropa de soldados de élite. Vi con espanto que la policía estaba vastamente superada en número. La huincha del noticiero decía que tropas militares iban en camino para tratar de contener la situación. Claro, uno podía pensar que se trataba de un ataque terrorista cualquiera, pero nosotros sabíamos lo que realmente estaba pasando.
La Vanguardia de Ares iba por Lucy Warren.
