XXXVI
Senshi, hermanas y sueños

Tokio, 05 de marzo de 1992, 07:47a.m.

Un poco más de una semana había transcurrido desde la última vez que tuvo un sueño raro, y Molly había vuelto a pasar por lo mismo. Sin embargo, el sueño había sido diferente. En lugar de escuchar una conversación ajena, ella se encontraba en un amplio patio en lo que parecía la parte posterior de un castillo, dialogando con un grupo de chicas ataviadas como sacerdotisas. No podía recordar de qué estaban hablando, pero sí recordaba bastante bien la apariencia de aquellas jóvenes.

Pese a que jamás las había visto en su vida, se sentía como si las hubiera conocido desde siempre. Una de ellas era pelirroja y le gustaba hablar de amor o de chicos atractivos, otra era más bien retraída y tenía el cabello corto, de un color castaño bastante común. Había una chica cuyo cabello era azul marino y lo tenía estilizado en amplias ondas, y se le podía ver escribiendo sobre un pergamino. La última tenía el cabello largo, de color canela y ojos verdes y parecía ser la líder de las cuatro. Los colores de sus atuendos eran vistosos y daba la impresión que ellas fuesen muy unidas, como si siempre hubiesen sido amigas.

Molly también recordaba que había un grupo de mujeres ya adultas que vigilaban desde la lejanía. Le dio la impresión que no miraban con buenos ojos a las chicas que conversaban con ella, pero era obvio que esas mujeres eran Sailor Senshi, a juzgar por sus uniformes. No eran las mismas que había visto hace más de una semana atrás, pues los colores de sus uniformes eran distintos, pero era obvio que ellas habían sido sus guardianas en algún momento de su vida. Sin embargo, la duda de si aquellos eran sueños o recuerdos todavía persistía. Claro, Serena le había dicho que solamente eran sueños, pero Molly no estaba totalmente convencida de ello. Narrarle los sueños a su madre tampoco era una opción, pues ya sabía lo que ella iba a decir al respecto

Sabiendo que ya no tenía sentido tratar de quedarse dormida, se levantó de la cama y se tomó una ducha antes de vestirse, desayunar y partir al colegio. En honor a la amistad que tenía con Serena, decidió platicarle sobre aquellos nuevos sueños, esperando a que, en esa oportunidad, se convenciera que parecían más recuerdos que sueños.

Fue cuando recordó algo específico del sueño, algo que hizo que se estremeciera por completo.

Krista. (20)

Una de las chicas con las que estaba hablando en el sueño la había llamado así. No recordaba haber escuchado ese nombre en otro lado, menos que se refirieran a ella con éste. Le asombró que ese nombre fuese similar al sustantivo "cristal", dado que su madre vendía joyas. ¿Será eso una coincidencia? Pero Molly era lo suficientemente inteligente para no creer en coincidencias. La tentación de preguntar a su madre cómo había armado su negocio de las joyas se hizo casi insostenible.

Molly tenía el presentimiento que la conversación que debía tener con su madre le iba a dar respuestas inesperadas.

Washington, 05 de marzo de 1992, 09:24p.m

Los cocineros al servicio de Herbert Dixon se habían esmerado sobremanera en preparar la mejor comida para Hotaru y así saciar su hambre, pero, al parecer, aquello no fue suficiente. El profesor Tomoe tenía el ceño fruncido al ver que su hija seguía con hambre, pese a que había comido lo suficiente para satisfacer a dos personas adultas.

—No lo entiendo —dijo Herbert Dixon, mirando a Hotaru con desconcierto—. ¿Cómo es posible que siga con hambre, después de todo lo que comió? Profesor, ¿estás seguro que el apetito no es un efecto secundario de la cura?

—Completamente —repuso Soichi Tomoe, adosando unos sensores en la frente, en el pecho y en los brazos de su hija—. Veremos si hay alguna anomalía en su organismo. Si hay un alza en su metabolismo, lo detectaremos de inmediato.

No obstante, no tuvieron que pasar más de diez segundos para darse cuenta que algo no andaba bien con Hotaru.

—Diablos —dijo el profesor Tomoe, limpiándose el sudor de su frente—. Su corazón no está latiendo y sus pulmones no absorben oxígeno.

—¿Y cómo Hotaru sigue con vida?

—Eso es lo que no sé. Necesito más información para…

—Tengo hambre, papá —dijo Hotaru, esta vez con un tono de voz más débil—. Necesito comer.

—Pero acabas de hacerlo, hija —repuso el profesor Tomoe, mirando a los cocineros, quienes estaban presentes por pedido de Herbert Dixon, en caso que a Hotaru no le gustase la comida—. ¿No te gustó lo que te prepararon los cocineros?

—No es la comida que necesito —dijo Hotaru en un tono aún más débil que el anterior. Luego, miró a los cocineros detrás de Herbert Dixon y, en segundos, su boca se curvó en una amplia sonrisa—. Ellos serán mi alimento.

Soichi Tomoe iba a preguntar a qué se refería cuando Hotaru abrió la boca, como si tratara de aspirar aire con ésta. Momentos más tarde, los cocineros pegaron sendos alaridos, poniéndose rígidos como tablas y arqueando las espaldas. Tanto el profesor como Herbert Dixon se quedaron atónitos al ver que algo brillante brotaba de los pechos de los cocineros, hasta que salieron completamente de sus cuerpos y se dirigieron directamente a la boca de Hotaru, quien los tragó de un solo bocado. En cuanto a los cocineros, se desplomaron al suelo, pálidos como mármol, sin una gota de vida en sus ojos vacíos.

El profesor Tomoe no dijo una palabra. Había olvidado respirar. Ver a su propia hija comportándose de ese modo era demasiada conmoción. Por otro lado, Herbert Dixon, se quedó mirando a lo que alguna vez fueron sus mejores cocineros, luego, gastó una mirada penetrante en Hotaru, y luego, clavó sus ojos en los ojos del profesor Tomoe.

—Pensé que la habías curado.

El profesor Tomoe no sabía qué decir. Su propia hija acababa de matar a dos personas y no tenía idea de por qué lo había hecho. Sin embargo, la mirada de decepción de Herbert le dolió tanto como la idea de que Hotaru se hubiera convertido en una asesina.

—No… no sé lo que pasó.

—Yo sé exactamente lo que ocurrió —dijo Herbert con severidad—. Alguien no se aseguró al cien por ciento que determinado suero curara definitivamente a su hija, se la inyectó y la convirtió en una máquina de matar… solamente porque tiene hambre. Te pregunté si la probaste y te creí cuando me dijiste que lo habías hecho. ¡Mira lo que pasó ahora!

—Pero…

—Pero nada, profesor —repuso Herbert, apenas pudiendo conservar la calma—. Por no probar correctamente la cura, convertiste a tu propia hija en un monstruo. Lo lamento, pero tendrás que irte de aquí. Ya no seguiré apadrinando tus experimentos. Hotaru se queda aquí.

Aquellas palabras pusieron en alarma al profesor Tomoe.

—¡De ninguna manera! Si me vas a echar de tu domo, Hotaru viene conmigo. Ella no sabe lo que hace.

—Pero es peligrosa —insistió Herbert, ganándose una mirada de odio por parte del profesor—. No puedo permitir que ella ande por ahí, asesinando gente en la impunidad, no. Hay una sola solución para este problema.

Soichi Tomoe vio las intenciones de Herbert en sus ojos. No le gustó para nada lo que pretendía hacer con su hija.

—No, Herbert. Con mi hija no te metas.

—Es la única solución —dijo Herbert, usando su arma para aprisionar al profesor contra la pared, de forma que no le interrumpiera—. Créeme, profesor, que es lo mejor para esta sociedad que Hotaru muera. Recuerda que tú fuiste quien creó a esta… cosa.

—¡Fuiste tú quien permitiste que yo experimentara con la sustancia del meteorito! ¡Eres tan responsable de esto como yo!

—No me haré responsable de tus errores, profesor. Como dije, te pregunté si probaste bien la cura. Lo que acaba de pasar demuestra que te equivocaste en algo básico. Pensé que, como científico, te dejarías guiar por la evidencia, pero tienes un punto ciego con tu hija.

—¡Por supuesto que tengo un punto ciego con Hotaru! ¡Es mi hija! ¡Y tú estás tratando de quitármela! —El profesor Tomoe forcejeó contra sus ataduras, pero era lo mismo no hacer nada. Mientras tanto, Herbert apuntó su arma contra Hotaru, quien miraba a su verdugo con atención, como si no hubiese nada más interesante que ser testigo de su propia muerte. Sin embargo, en el momento que Herbert alzó su arma, los ojos de Hotaru brillaron y una explosión sacudió todo el domo médico, colapsando el techo y trozos de roca cayeron sobre las camillas, matando instantáneamente a los otros dos pacientes que acompañaban a Hotaru. Mientras tanto, Herbert había quedado inconsciente debajo de un trozo de techo y las ligaduras que mantenían al profesor en su lugar habían desaparecido.

Soichi Tomoe no sabía qué diablos había ocurrido, pero aprovechó la oportunidad para coger a Hotaru y llevársela lejos del domo médico. Hotaru no puso resistencia. Por un momento, quiso llevarse todas las notas de su investigación sobre el meteorito, pero juzgó que no valía la pena. Lo único que le interesaba era los datos que había obtenido de la sustancia a partir de la cual había creado el suero. Pues tomó los datos y se encaminó al ascensor que lo llevaría al vestíbulo. Nadie le impidió el paso, pues las cámaras de seguridad habían sido destruidas junto con la explosión y los técnicos estaban más ocupados tratando de recuperar alguna señal. Los guardias no tenían idea de lo que había ocurrido en el domo médico y no impidieron que el profesor Tomoe saliera con su hija. No fue hasta que unas instrucciones sonaron por los altavoces en todo el complejo cuando los guardias se dieron cuenta que el profesor era una amenaza y trataron de detenerlo, pero Hotaru abrió nuevamente la boca y redujo a los guardias a estatuas sin vida. Una vez libre el camino, el profesor entró al ascensor, introdujo la contraseña y ascendió hasta la superficie.

Tokio, 05 de marzo de 1992, 04:24p.m.

El templo Hikawa se había convertido en un campo de batalla.

Las Sailor Senshi atacaban con todo lo que tenían a las Hermanas de la Persecución, y ellas hicieron lo mismo. Por otro lado, Rubeus hacía lo posible para acabar rápidamente con Sailor Moon, pero ella era una oponente escurridiza, aunque eso se debía más que nada a que sus movimientos erráticos eran impredecibles y Rubeus no podía atinar siquiera un ataque. Lo que Sailor Moon ignoraba, era que disponía de un nuevo ataque, algo que a Luna se le había olvidado mencionar.

Fuera de eso, la batalla era un carnaval de luces, llamas, nieblas, rayos y cadenas hechas de luz. Sailor Mercury y Berthier eran las únicas que permanecían relativamente al margen del combate, pues eran ellas las que indicaban a las demás dónde, cuándo y cómo atacar. Sailor Mercury usaba su niebla de forma recurrente para proporcionar una ventaja a sus compañeras y Berthier usaba su hielo para el mismo fin. Sin embargo, Sailor Mercury poseía una ventaja única en comparación con Berthier, y aquella era su confiable computadora de bolsillo, la cual, usada en tándem con su visor, podían llegar a ser armas decisivas. Y Sailor Mercury era lo suficientemente rápida con sus dedos para encontrar puntos débiles, al tiempo que usaba sus poderes para apoyar a sus amigas.

Lejos, las más físicas para combatir eran Petz y Sailor Jupiter. Había ocasiones en las que usaban sus poderes, pero en otras, confiaban en su fuerza física. Petz tenía más técnica que Sailor Jupiter, pero esta última poseía más fuerza bruta, y no se quedaba demasiado atrás en saber cómo pelear con sus puños. Incluso hubo una ocasión en la que Petz resbaló con una capa de hielo creada por Sailor Mercury, y Sailor Jupiter la agarró por la cintura, la elevó por encima de su cabeza, y la arrojó lejos, llevándose a Koan por delante. Sailor Mars aprovechó la oportunidad y rostizó a ambas, justo en el momento en que algo se enroscó en sus tobillos, haciéndola caer de cabeza al suelo, quedando casi inconsciente. Sailor Mercury entregó instrucciones a Sailor Venus para que lidiara con Calaveras y, con su rayo creciente, la dejó bastante debilitada.

Para cuando la refriega hubo acabado, las Sailor Senshi tenían la ventaja. Petz y Koan estaban fuera de combate y Calaveras apenas podía ponerse de pie. Por otro lado, Sailor Mars yacía en el suelo, tratando de recuperarse de aquel golpe en la cabeza. Las Sailor Senshi iban a asestar el golpe de gracia, cuando Sailor Moon pasó corriendo a todo lo que daban sus piernas por delante de ellas, gritando como si un demonio la estuviera persiguiendo. Y no andaba muy lejos de la verdad.

Una serie de explosiones hicieron que las Sailor Senshi se arrojaran al suelo. Sailor Venus no fue tan afortunada y recibió varias esquirlas en sus piernas, dejándola incapacitada en el suelo. Las Sailor Senshi restantes se pusieron de pie y vieron al hombre pelirrojo que estaba peleando con Sailor Moon. Berthier se acercó a Rubeus, luciendo un poco preocupada por cómo se estaba desarrollando el combate.

—Ocúpate de Sailor Mercury —ordenó Rubeus a Berthier—. Yo me encargaré del resto.

Berthier asintió por toda respuesta y se quedó atrás, esperando por su oponente. Sailor Mercury se dio cuenta de la jugada de Rubeus, percatándose que aquello trabajaba para su beneficio.

Las restantes Sailor Senshi iban a atacar a Rubeus cuando dos personas y una gata aparecieron detrás de ellas. Se trataban de Rini, Tuxedo Mask y Luna.

—¿Qué hacen aquí? —dijo Sailor Venus, dirigiéndose a Luna y a Rini—. ¿No ven que este lugar es muy peligroso?

—No podía dejarla sola en el departamento —repuso Tuxedo Mask, haciendo un gesto a Rini para que se escondiera detrás de unos arbustos—. Además, Rubeus es muy peligroso y ustedes no podrán derrotarlo solas.

—Por cierto, Sailor Moon —dijo Luna, acercándose a ella y trepándose a su hombro—, noté que tu uniforme es un poco diferente al de antes, así que debes de tener un nuevo ataque.

—¿Un nuevo ataque? ¿Y cómo rayos lo hago?

—Busca en tus recuerdos, Sailor Moon. Allí debe estar la respuesta.

—Mientras tanto, ataquemos a Rubeus con todo lo que tenemos —dijo Sailor Jupiter—. Así ganamos tiempo para que Sailor Moon pueda recordar cómo usar sus nuevos poderes.

Mientras Sailor Jupiter y Tuxedo Mask se lanzaban en contra de Rubeus, Sailor Mercury y Berthier tenían su propia contienda personal. Se arrojaban hielo entre ellas, pero ninguna de las dos había conseguido una ventaja significativa sobre la otra.

—Tengo que darte crédito, Sailor Mercury —dijo Berthier mientras esquivaba los ataques de su oponente, con mucha dificultad, pues ella usaba el visor para tratar de predecir sus movimientos—. No cualquiera hubiera podido encontrar los pilares de energía oscura.

—¿Por qué están haciendo esto? —dijo a su vez Sailor Mercury, resbalando sobre una capa de hielo que Berthier había dejado hace un rato atrás—. ¿Qué les hemos hecho nosotros?

—No nos han hecho nada… aún.

Sailor Mercury frunció el ceño mientras se ponía de pie con sumo cuidado.

—¿Aún?

—Vaya, pensé que eras inteligente —se burló Berthier atacando con una ventisca helada, a la que Sailor Mercury respondió con un ataque de agua—. ¿Aún no te has dado cuenta? Nosotros, y con esto me refiero a Black Moon, venimos del futuro. Vinimos a arreglar las cosas, de una vez por todas.

—¿Y qué pretenden arreglar?

—Esta ciudad —replicó Berthier, aumentando la fuerza de su ventisca, haciendo retroceder a Sailor Mercury—. Para eso son los pilares de energía oscura. Haremos que esta ciudad jamás llegue a ser lo será dentro de mil años.

Sailor Mercury había escuchado suficiente. Intuía que había más, pero juzgó que no era necesario, ni bueno, saber mucho sobre el futuro, si es que las afirmaciones de Berthier eran ciertas. En lugar de saber más, se enfocó en la tarea a mano, pero sabía que para ganar esa batalla, debía correr un enorme riesgo.

El tira y afloja entre ambas contendientes continuaba, y Berthier seguía incrementando el poder de su ataque. Sailor Mercury sabía que no podría seguir resistiendo, pero también estaba al tanto que Berthier tenía los ojos fijos en ella. Al final, Sailor Mercury decidió correr el riesgo y apuntó su ataque de agua ligeramente hacia abajo. De inmediato, la fuerza de la ventisca la arrojó lejos, impactando contra una pared de ladrillos, cayendo al suelo, apenas consciente. Veía borroso, pero era suficiente para darse cuenta que el riesgo había valido la pena.

Berthier estaba de pie en medio del patio, pero no se movía en absoluto. Cuando la visión de Sailor Mercury se aclaró un poco más, vio que ella estaba totalmente cubierta de escarcha, como si hubiera recibido un baño de nitrógeno líquido. Tenía ambos brazos extendidos hacia delante, como si jamás se hubiera dado cuenta de lo que le había pasado. Sin embargo, cuando trató de mover las piernas para ponerse de pie, Sailor Mercury notó, con espanto, que no las sentía. Sí podía mover los brazos, pero eso no le trajo ningún consuelo. Asumió que la fuerza con la que había impactado la pared le había roto la columna. Lo único que podía hacer era observar cómo Sailor Jupiter y Tuxedo Mask luchaban contra Rubeus.

Yendo a ese combate, Rubeus apenas podía contener los ataques de Sailor Jupiter, cosa que Tuxedo Mask aprovechó para ir debilitando a su oponente de a poco, usando su bastón en sus brazos, piernas y cuello. Poco rato pasó para que Rubeus apenas pudiera moverse, y Sailor Jupiter lo castigó con sus rayos, dejándolo de rodillas sobre el suelo, sus ropas humeando a causa de la electricidad. Ella iba a darle el golpe final cuando Sailor Moon la detuvo poniendo una mano sobre su hombro.

—No es necesario matarlo —dijo Sailor Moon, y Sailor Jupiter se quedó mirando a su amiga como si no hubiera escuchado bien—. No nos hicimos Sailor Senshi para convertirnos en asesinas. Yo me encargaré de esto.

—Pero…

Sailor Jupiter se quedó callada cuando Sailor Moon extendió sus dos brazos, y un cetro con muchos ornamentos apareció entre sus manos. El cetro en sí mismo recordaba un poco al cetro lunar, pero el mango era más largo y la cabeza era esférica. Sailor Jupiter se hizo a un lado, sabiendo que Sailor Moon estaba a punto de atacar. Tuxedo Mask hizo lo mismo.

Después de realizar una serie de movimientos, Sailor Moon apuntó el cetro a Rubeus, y un haz de luz, distinto al rayo creciente de Sailor Venus, dio de lleno en su cuerpo. Sin embargo, el ataque se extendió a lo largo y ancho del patio del templo, afectando a las Hermanas de la Persecución que habían quedado inmóviles. No obstante, a diferencia de ellas, Rubeus exclamó de dolor al ver que su cuerpo se estaba desintegrando de a poco, mientras que las Hermanas de la Persecución estaban sufriendo una transformación. El símbolo en sus frentes desapareció y sus vestimentas extrañas fueron reemplazadas por ropas más normales.

Cuando el ataque hubo acabado, de Rubeus solamente habían quedado cenizas, las cuales el viento esparció en todas direcciones. Las Hermanas de la Persecución, por otro lado, se habían convertido en mujeres normales. Miraban en todas direcciones, como si no supieran cómo habían llegado a ese lugar. Pero el ataque de Sailor Moon había tenido otros efectos.

Sailor Venus vio que las heridas causadas por las esquirlas en sus piernas habían desaparecido, al igual que el hematoma en la cabeza de Sailor Mars. Más allá, en uno de los extremos del patio, Sailor Mercury se ponía de pie a duras penas. Era como si no hubiera usado sus piernas en meses y las sentía débiles, pero al menos podía caminar. Vio que Berthier ya no lucía como si se hubiera dado un baño en nitrógeno líquido, pero miraba a sus alrededores como si no supiera dónde estaba. Indecisa, Sailor Mercury se acercó a ella y Berthier lo notó.

—Tú eres Sailor Mercury —dijo, juntando sus brazos para protegerse del frío—. Lamento haberte causado tantos problemas.

Sailor Mercury miró a Berthier con cara de pregunta. Lo mismo hacían sus demás amigas con las mujeres que hace poco eran las Hermanas de la Persecución. Ninguna de ellas tenía alguna intención de atacar a las Sailor Senshi.

—Bueno, supongo que Rubeus era totalmente malvado —dijo Tuxedo Mask, quien dio media vuelta y caminó hacia los arbustos, donde le había dicho a Rini que se escondiera. Por fortuna, ella no había huido a ninguna parte, aunque no lucía demasiado contenta por haber permanecido tanto rato oculta.

—¿Ya acabó? —preguntó Rini, cruzándose de brazos.

—Sí, todo acabó —dijo Tuxedo Mask, y él la tomó en brazos. A Rini se le pasó el enojo de inmediato.

¿Por qué siento esta calidez en mi corazón? Se siente igual que cuando estoy con mi papá. Y Sailor Moon se parece mucho a mi mamá. ¡No seas sentimental! Tienes que tomar el Cristal de Plata y volver donde perteneces. ¡Es la única forma de salvar a mi mamá!

Las mujeres que alguna vez fueron las Hermanas de la Persecución se reunieron y se acercaron a las Sailor Senshi, claro que venían en son de paz. De todas formas, ya no tenían poderes con los que atacarlas. Las Sailor Senshi no entendían qué les había pasado a sus oponentes, aunque sabían que ellas habían cambiado desde que Sailor Moon utilizó su cetro, inundando el templo con luz.

—¿Y ahora qué? —quiso saber Sailor Mars, mirando a sus amigas con confusión—. ¿Eso era todo? ¿Hemos derrotado a Black Moon?

—Lo dudo —dijo Sailor Mercury, llevándose una mano al mentón—. Estoy segura de lo que acabamos de enfrentar era solamente una vanguardia.

—¿Y qué te hace pensar eso? —preguntó Luna, mirando atentamente a Sailor Mercury.

—Bueno, una de las hermanas dijo algo que me dejó pensando. Dijo que ellas venían del futuro a impedir que esta ciudad se convirtiera en algo más. En qué consiste ese algo más, no lo sé. Para hacer todo ese esfuerzo, no pudieron haberlo hecho solas. Para empezar, los pilares estaban puestos en lugares muy específicos, de modo que formaran un pentágono. Estuve haciendo cálculos sobre el efecto de la energía oscura, usando esa distribución para los pilares. El resultado sería catastrófico. Tokio se destruiría a sí misma y no habría nada que pudiéramos hacer al respecto. No creo que las Hermanas de la Persecución supieran dónde colocar los pilares. Alguien más se los dijo.

—¿Y cómo podemos acabar con el resto de Black Moon, si es que realmente hay más miembros? —preguntó Sailor Mars, quien lucía inquieta—. Si dices que son del futuro, entonces no hay forma de llegar a ellos.

—Estás equivocada, Sailor Mars —repuso Sailor Mercury, mirando hacia arriba y activando su visor—. Estoy mirando a lo que nos llevará al futuro.

—¿Y qué es? —quiso saber Sailor Jupiter, también mirando hacia el cielo, luciendo confundida.

—Es la nave en que Black Moon llegó a este tiempo —dijo Sailor Mercury, mirando la nave en forma de estrella en las alturas—. Aún está operativa y sus sistemas funcionan correctamente. Actualmente se encuentra en un órbita baja geoestacionaria y posee capacidades trans-temporales.

Las demás Sailor Senshi y Tuxedo Mask se quedaron mirando a Sailor Mercury, sin poder decir nada más. Era obvio que ella estaba un paso más adelante que el resto en cuanto a considerar opciones.

—¿Y van a ir allá arriba? —preguntó Petz, mirando a las Sailor Senshi con un poco de miedo—. ¿Qué pasa si hay más miembros de Black Moon en la nave?

—Solamente estábamos nosotras y Rubeus —puntualizó Berthier, clavando su mirada en Petz—. Black Moon tiene varias naves como esa. No necesita mucha tripulación. Casi todos los sistemas son automáticos.

—Eso nos conviene —dijo Sailor Mercury, tomando su decisión—. Chicas, vamos a abordar la nave. Usaremos la teletransportación.

—¿Y pueden hacer eso? —preguntó Koan con curiosidad.

—Ya lo hemos hecho antes —repuso Sailor Mars con una sonrisa—. No se preocupen por nosotras. Sabemos cuidarnos por nuestra cuenta.

—Tuxedo Mask —dijo Sailor Venus, dando una mirada a Rini—, ¿podrías llevártela a tu departamento? Estará más segura allá.

—¿Y si necesitan ayuda?

—Podemos encargarnos de esto —aseguró Sailor Venus, apremiando con la mirada a Tuxedo Mask—. Además, eres el más indicado para cuidar de Rini. Ella te respeta y te hará caso en lo que le digas.

El aludido asintió con la cabeza y, tomando a Rini en brazos, desapareció del templo. Mientras tanto, las Sailor Senshi formaron un círculo y se tomaron de las manos.

—¿Estás segura que esa nave sigue operativa? —preguntó Sailor Mars a Sailor Mercury.

—Deberías confiar más en tu amiga —le reprochó Sailor Moon y Sailor Mars arrugó la cara—. Ella es mucho más inteligente que tú.

—Nadie pidió tu opinión, chichones.

Sailor Moon echó humo por las orejas, como siempre hacía cuando se enojaba.

—¡No me llames chichones! ¡Sabes que no me gusta que me llamen así!

—¡YA BASTA! —rugió Sailor Jupiter, callando a ambas al instante. Luego, la aludida se puso ligeramente colorada, para luego añadir—. Lo siento, es que este no es el momento para discutir.

—Es cierto —añadió Sailor Venus—. Tenemos que abordar esa nave. ¡Chicas! ¿Están listas?

Las demás asintieron por toda respuesta.

—¡Entonces, vamos!


(20) Hay un personaje de Attack on Titan que se llama así. Se me ocurrió de ese modo porque como su nombre es Krista Lenz, y en esta página aparece como Krista L, suena como "Cristal", pero con "k". Y hay que recordar que la mamá de Molly vende joyas, por eso hice la conexión. Ni me pregunten quién es esa tal Krista Lenz, a menos que quieran recibir un spoiler gigante de AoT. xD