XXXIX
Salvando a Lucy Warren

Londres, 23 de enero de 2000, 11:50p.m.

Aterrizamos en Heathrow con los oídos puestos en las noticias que venían de la embajada de Estados Unidos en Inglaterra. Al parecer, los agresores habían planeado para un asedio de largo aliento, pues aún se podía ver a tropas del ejército luchar junto a efectivos de la policía. No tenía idea por qué les estaba costando tanto trabajo repeler a la Vanguardia de Ares. ¿Usaba mejor armamento? ¿Sus hombres estaban mejor entrenados? Porque no parecían ser muchos y, sin embargo, estaban dando una buena lucha, diezmando a la policía y al ejército con una eficacia que ya quisiera ver en mis trámites bancarios.

Scarlett y Sophie se hallaban demasiado cansadas para seguir piloteando el avión, por lo que Violet y Nicole tuvieron que reemplazarlas por el resto del vuelo. Tuvieron que recibir instrucciones de Sophie para que pudiera aterrizar sin complicaciones y no causar un problema a los controladores de tráfico aéreo.

Violet empleó su magia para burlar la seguridad del aeropuerto. Normalmente tendríamos que hacer una pila de trámites, presentar un montón de papeles y someternos a una inspección de rutina, pero estábamos apurados y Violet tenía el poder. ¿Cómo podíamos decir que no?

Nicole había dejado su sedán en el estacionamiento. Los cinco abordamos el vehículo, Nicole pagó los días que había dejado estacionado el automóvil y partimos a toda velocidad hacia la embajada. Diablos, ni siquiera llevamos algunas raciones para, por lo menos, comer algo. Había que tener presente que íbamos rumbo a un campo de batalla, y necesitábamos estar en plena forma. Bah, ¿qué hablo yo? Probablemente yo me quedaría en el auto mientras ellas saldrían a pelear. Y en esos tiempos, aquello era tan poco ortodoxo que resultaba, cuando menos, desconcertante. No es que yo sea machista, pero buena parte del mundo sí lo era, y a los hombres les causaba extrañeza que las mujeres hicieran el trabajo que normalmente les correspondía a ellos. Sin embargo, había que aceptar que los tiempos estaban cambiando. Y las Sailor Senshi han sido, en gran parte, responsables de ello. Lo digo porque era tan común ver a hombres reunirse para combatir el mal, mientras que las mujeres se quedaban atrás, que nadie cuestionaba aquello. Pero todo el mundo había visto que las mujeres no eran débiles, que eran tan capaces como los hombres y que el machismo era simplemente una astilla en el cerebro.

—¿Qué piensas de las Sailor Senshi que aparecieron en Tokio? —le pregunté a Nicole, quien iba conduciendo, pues era la que mejor sabía hacerlo.

—Son guerreras competentes (25), pero les falta mucho por aprender —repuso ella, sin desviar la mirada, algo inteligente, dada la situación—. Se nota que no llevan mucho tiempo desempeñando ese rol. Además, por lo que he escuchado, son solamente unas adolescentes. Está prácticamente garantizado que cometerán errores. Pero eso las hará madurar y las hará mejores en lo que hacen.

—¿Y dices que no sabes por qué ahora lucen como Sailor Senshi?

—No lo sabemos. Es extraño. Nosotras jamás fuimos Sailor Senshi. Había mujeres que desempeñaban ese rol en el lugar de donde venimos, aunque es poco lo que podemos recordar.

—¿Y de dónde vienen?

—No de este planeta —dijo Nicole en un tono casual, pero que a mí me robó el aire de los pulmones. ¿Cómo podían venir de otro planeta, si lucían humanas? ¿Eran todas las Sailor Senshi… humanas? ¿O adoptaban la apariencia humana cuando llegaban a este planeta? Sabía que nada de eso importaba ya. La imagen que tenía de las chicas, especialmente de Nicole, se había polarizado en un instante. Y pensar que Nicole me estaba comenzando a gustar…

—Lamento haberte dicho eso —añadió ella y yo la miré con incredulidad. Era como si ella, de algún modo, me hubiera leído la mente—. Desconoces muchas cosas sobre nosotras, y nosotras sabemos solamente un poco más que tú. Lo que sí tenemos claro es que las Sailor Senshi no tenemos una raza concreta. Es cierto que lucimos como humanas, pero eso es solamente en el exterior. Por dentro, somos muy distintas.

—¿Y podrían… ya saben… tener alguna relación…?

—No hay problema alguno —dijo Nicole con una pequeña sonrisa y dirigiéndome una muy breve mirada—. Podemos ser distintas en el interior, pero nos reproducimos de la misma forma que los humanos, nos enamoramos de la misma forma y criamos a nuestros hijos del mismo modo.

Cuando Nicole acabó de hablar, no supe si sentirme tranquilo o no. Claro, sus palabras debieron haberme convencido que perseguir una relación con ella no era una mala idea… y estaba esa mirada y esa sonrisa. ¡Diablos, Jeremy! ¿De pronto encontraste el optimismo? Ya te lo dije: Nicole no se fijaría en alguien como tú. Pertenece a una clase aparte. ¡Mierda! Pertenece a otra raza, por mucho que luzca humana y me diga que no habría problemas para tener alguna relación de pareja. No obstante, no podía sacarme de la cabeza que, probablemente y de forma inadvertida, haya descubierto la xenofilia. Y no podía decir que me gustaba la idea.

—Debería cambiar de tema —dijo Nicole, doblando en un enlace que conducía al centro de Londres—. No creo que te haya gustado mucho la idea de que somos de otro planeta.

—No, está bien —dije, tratando de sonar tranquilo, lográndolo a medias—. Es bueno que, al menos, seas honesta. No debe ser fácil admitir que no eres terrícola, sobre todo cuando las autoridades de este mundo niegan fervientemente la existencia de extraterrestres.

—No pueden negarlo ya —dijo Violet de repente, tomándonos a todos por sorpresa. Ya he dicho que ella difícilmente tomaba la palabra cuando estaba acompañada por gente que no eran sus amigas—. Lo que pasó en Tokio fue transmitido en todos los canales del mundo. Hay una conmoción general.

—¿Te refieres a la nave que apareció en el cielo hace unos días atrás? —dijo Sophie, recordando los periódicos que había leído a finales de febrero—. ¿La misma que fue destruida ayer?

—Esa misma —respondió Violet, sin mirar al resto del grupo—. Esa nave no puede ser humana. Emitía mucha energía negativa.

Yo me pregunté qué mierda era la energía negativa. ¿Qué digo? Me preguntaba si realmente existía o si Violet la había inventado para explicar algo inexplicable. Sin embargo, después me di cuenta que Violet no haría algo así. Es la chica más honesta del universo. Ni aunque le pagaran mensualmente lo mismo que a los futbolistas de élite para que mintiera.

—Significa que esa nave puede viajar en el tiempo —aclaró Violet, notando mi expresión de estupor. Era la primera vez que Violet me miraba a los ojos, aunque fuese por una fracción de segundo—. No sé a quién le pertenecerá, pero debe tratarse de una civilización mucho más avanzada que la nuestra.

—Ya estamos llegando —informó Nicole, viendo que la calle por la que transitaban se encontraba bloqueada por vehículos policiales y militares—. Voy a tener que estacionar en una calle aledaña. Mientras tanto, transfórmense.

—Asumo que me voy a quedar en el vehículo —dije, con más optimismo del que tenía presupuestado, pero Nicole me dedicó una mirada seria.

—Todos cooperaremos —dijo ella, mientras que las demás sacaban sus cetros de transformación—. Jeremy, tú serás quien rescate a Lucy de la embajada.

Se hizo el silencio en el vehículo. Tragué saliva. Las demás me miraron como si yo perteneciese a alguna especie sin relación con la raza humana. ¿Por qué Nicole me asignó la labor más importante? No soy un guerrero, no como las chicas que me rodeaban, y jamás lo seré. Además, no sabía cómo diablos iba a entrar en la embajada, si había una batalla campal en ese lugar.

—De acuerdo, chicas, este es el plan —dijo Violet, y, nuevo, me sorprendió el cambio que ella había sufrido al transformarse en una Sailor Senshi—. Yo usaré mi magia para colar a Jeremy en la embajada. Él entrará en el edificio y extraerá a Lucy Warren, convenciendo del modo que estime necesario al personal presente de que lo que está haciendo es necesario. En el caso que él falle en su cometido, usará la pulsera que voy a entregarle para señalar el fracaso de la persuasión, que, al mismo tiempo, me transmitirá la posición de Lucy Warren y así usar mis poderes para extraerla, aunque espero que eso no sea necesario. Una vez que Jeremy se encuentre dentro del edificio, yo me uniré a ustedes para ayudar a la policía y al ejército. Cuando Jeremy haya llegado a la esquina norte del perímetro de la embajada, usará esta pulsera para señalar que Lucy se encuentra sana y salva. Cuando hayamos realizado la extracción, volveremos al vehículo. Es necesario que nos deshagamos de la mayor cantidad de atacantes, sin causar ninguna baja en las fuerzas de la policía y del ejército. De ese modo, ellos nos verán como aliados y no nos atacarán o intentarán detenernos. Eso es esencial.

Las demás asintieron en señal de conformidad con el plan. Yo volví a tragar saliva.

—Entonces, vayamos a rescatar a Lucy Warren.

Los cinco salimos del vehículo y nos dirigimos a la zona de batalla. Violet me tomó de la mano y, con la otra, hizo un gesto raro. Antes que pudiera emitir alguna clase de protesta, ya me encontraba dentro del perímetro de la embajada. Vi que Violet regresaba junto a sus amigas para combatir contra la Vanguardia de Ares y yo me encaminé hacia la entrada principal de la embajada. ¿Por qué mierda tenía que ser yo quien rescatara a Lucy? Mis compañeras eran más que capaces para hacer ese trabajo. Yo no tenía poderes ni magia ni nada. Solamente era un ser humano, un maldito reportero que había tratado de masticar mucho más de lo que podía tragar…

Un momento, me dije. Soy un reportero. ¡Eso es lo que tengo a mi favor y lo que las chicas no tienen! ¡El don de la palabra! Pese a que pasé la mayor parte de mi carrera siendo un reportero gráfico, cuando estudié periodismo en algún instituto que prefiero no nombrar, también aprendí a expresarme y a usar bien las palabras. Tenía más armas que las chicas para tener éxito en lo que Nicole me había dicho que hiciera. Con eso en mente, entré a la embajada, pregunté a un guardia dónde se encontraba Lucy Warren y él me preguntó cómo había entrado. Consideré que aquella era una pregunta legítima y decidí responderla.

—Soy un reportero —dije, mostrando mi credencial al guardia. Jamás me apartaba de esa credencial porque, aunque en determinados lugares, como el Parlamento por ejemplo, entregaban credenciales especiales a los reporteros, la embajada no era uno de esos lugares—. Supe que aquí están protegiendo a una turista norteamericana, Lucy Warren.

—¿Y cómo lo supo?

—¿Acaso no ves las noticias? ¡Está en toda Inglaterra!

—¿Quiere entrevistar a Lucy Warren?

No sé si fueron las palabras del guardia o si la idea se me ocurrió a mí, pero en ese momento, había encontrado la forma de limpiar mi nombre, sin importar si Lucy Warren sobreviviera o no. Pero, cuando le comuniqué la idea a Nicole, ella se encargó de bajarme de la nube en menos de quince segundos. Al parecer, yo no había entendido bien las palabras de Terry Gordon. El registro de video podía validarse siempre y cuando Lucy Warren las corroborara personalmente. Una grabación con sus palabras no sería suficiente, pues la misma lógica que regía los registros de video se aplicaba a las grabaciones. Al final, queriendo lucirme con una de mis ideas, terminé avergonzándome a mí mismo. Me sentí peor cuando recordé que todo este plan había sido tejido por alguien mucho más inteligente que yo.

Maldiciendo, no tuve otra opción que decirle la verdad al guardia. Había muchas razones para que el guardia me echara a patadas de la embajada, pero no me iba a rendir. Tenía que hacer mi papel.

—No vengo a entrevistarla. Vengo a salvarla.

El guardia arqueó una ceja.

—No me digas que eres un superhéroe, ya sabes, los de las historietas.

En ese momento, perdí la paciencia. Ese guardia estaba poniendo demasiadas trabas.

—Mira, allá afuera hay una batalla —dije, señalando con un dedo hacia la entrada principal—, y esos policías y soldados no van a detener a la Vanguardia de Ares. Ellos tienen mejor armamento y mejores hombres. Cuando lleguen aquí, ten por seguro que van a matar a Lucy Warren. Por eso estoy aquí, para llevármela a una oficina de la Interpol antes que eso ocurra. Ella tiene información importante que necesita entregar, y, hasta donde tengo entendido, ella no puede hacer su trabajo si está muerta. Así que, si valoras tu trabajo, comunica que un tal Jeremy Burns ha venido a extraer a Lucy Warren. Te aseguro que ella estará a salvo.

El guardia no dijo nada por los quinces segundos más largos de toda mi vida. Siempre me había preguntado por qué los pensamientos negativos venían a tu cabeza en esta clase de circunstancias. Tal vez tenía algo que ver con lo que estaba en juego. Cuando había mucho sobre la mesa, era más reconfortante pensar que no lo vas conseguir para protegerte del dolor en caso que aquello ocurriera.

Para mi alivio, el guardia se llevó su radio a la boca y anunció mi llegada al embajador.

—Espero que sepas lo que estás haciendo —dijo el guardia en un tono seco—. Pediría ayuda militar, pero ellos tienen las manos ocupadas en este momento. No sé cómo mierda entraste a la embajada, pero eso me garantiza que tengas una salida que nadie detecte. Buena suerte.

Apenas pudiendo creer mi suerte, caminé por el pasillo hasta la sala del fondo, la cual era la oficina del embajador. Toqué a la puerta, de modo que el embajador no se llevara una sorpresa al verme. Cuando él me permitió la entrada, ingresé en la oficina, notando inmediatamente la bandera de Estados Unidos sobre el escritorio del embajador. Desde que era niño había pensado que era una estupidez jurar lealtad a un rectángulo de tela con colores, escudos y patrones, sí, eso mismo, lo que la gente patriota llamaba bandera.

—Usted debe ser Jeremy Burns —dijo el embajador, mirándome de arriba abajo, como tratando de reconocerme—. Ahora recuerdo quién es usted. Es el hombre que la policía busca por el asesinato de James Harrington.

—El mismo —admití, decidiendo que era mejor decir la verdad—. Por eso estoy aquí. Resulta que el asesinato fue orquestado por la misma organización que está atacando esta embajada, y esa mujer —señalé a la persona que estaba sentada al fondo de la oficina, mirando hacia el suelo—, puede ser quien aclare todo este entuerto.

El embajador no dijo nada. Se puso de pie y se dirigió hacia Lucy Warren.

—Lucy.

Ella alzó la cabeza. La miré detenidamente y me di cuenta que ella ostentaba sendas ojeras.

—¿Es verdad lo que dice este hombre?

Lucy tardó un poco en responder, y cuando lo hizo, apenas se pudo escuchar su respuesta.

—Es el mismo hombre que vi entrar a un edificio de departamentos, como quince minutos después del asesinato del señor Harrington. Conozco el lugar del crimen. Es imposible que el señor Burns haya cometido el delito y llegado al edificio en ese tiempo. En metro te demoras unos veinte minutos.

El embajador volvió su cabeza hacia mí. Su expresión se ablandó al instante.

—Entonces… usted no mató a James Harrington. Y esos hombres de allá afuera quieren matarla. Es obvio que no quieren que se sepa que usted es inocente. Ha tomado un enorme riesgo al venir aquí. ¿Cómo espera salir de la embajada?

—Eso lo tengo cubierto —dije, mirando la pulsera que llevaba en mi muñeca—. Hay un equipo de personas altamente entrenadas luchando contra la Vanguardia de Ares en este momento. Fueron ellas las que me colaron en la embajada y serán ellas las que nos sacarán de aquí. De ese modo, la Vanguardia dejará de atacarlos.

El embajador se llevó la mano al mentón.

—Sí, veo que esa alternativa nos beneficia a todos. De acuerdo, lo haremos a su modo. Después de todo, no tenemos mejores opciones que proponer. Lo único que espero es que ese equipo especial sea tan efectivo como dice.

—No se preocupe —dije, pensando en Nicole, Violet, Scarlett y Sophie y en si estaban teniendo alguna dificultad en el combate—. Lo son.

Lucy se puso de pie, arrastrando los pies y mirando al suelo. Era evidente que esa pobre mujer había pasado por un infierno al esperar en la embajada. Esperaba que yo pudiera conducirla a un mejor destino.

—¿Está lista para venir conmigo?

—Haré lo que sea para salir de este problema —dijo Lucy con la voz apagada.

La tomé de la mano y salimos de la embajada. Mientras me dirigía al punto de extracción, usé la pulsera que Violet me había entregado y esperamos en el mismo lugar donde Violet me había dejado. Noté que había menos disparos que antes, y me di cuenta que las chicas habían sido bastante efectivas.

Un segundo después de pensar en eso, me encontraba fuera de la embajada, mientras que las chicas corrían hacia nosotros. Sin embargo, noté que solamente había tres que estaban de pie. Luego, comprobé con horror, que Sophie llevaba a Nicole en brazos. Con el corazón en un puño, indiqué a Lucy a que me acompañara hasta el vehículo, donde las demás se subieron. Sophie dejó a Nicole en el asiento trasero y yo me senté a su lado, mientras que Lucy ocupó el asiento del copiloto. Violet y Scarlett se quedaron atrás, pues no había más espacio en el vehículo, pero dijeron que se iban a reunir con ellos en el hospital.

Mientras Sophie ponía primera y daba la media vuelta, encendí la luz interior del vehículo y vi que Nicole tenía una horrible herida de bala en su pecho, y la sangre manchaba su uniforme, el cual asumí que no poseía ninguna clase de protección, como una armadura o algo parecido. Había una venda cubriendo la herida, pero sabía que no iba a ser suficiente. Sentí que alguien me estaba apretando el corazón y aplastándome la garganta, porque me estaba faltando el aire. Verla tan malherida me afectó de una forma en que jamás esperé. Asumí que era cierto entonces.

Me gustaba Nicole.

Pero era una mierda darte cuenta de eso cuando ella estaba debatiéndose entre la vida y la muerte.


(25) He visto mucho debate sobre la traducción de la palabra "Senshi" últimamente, pues se acaba de estrenar Sailor Moon Crystal en México con doblaje latino, y en éste, las Sailor Senshi se llamaban a sí mismas "guardianas". Creo que desde el live action que se denominó a la serie "Pretty Guardian Sailor Moon" en lugar de "Pretty Soldier Sailor Moon", el cual era el título original. Pero éste es el punto. La traducción al español más común para la palabra "Senshi" es "guerrero", aunque en algunos casos también se puede traducir como "guardián", aunque su uso es mucho menos extendido y es una traducción más bien derivativa. Desde mi punto de vista, "guerrero" es la traducción más correcta de la palabra "Senshi", y tiene sentido, porque las Sailor Senshi son guerreras. Solamente en el Milenio de Plata y en Tokio de Cristal cumplen con el rol de guardianas, pero la mayor parte del tiempo son guerreras, pues se supone que son las guardianas de la princesa de la luna, ¡pero la princesa de la luna también es una Sailor Senshi! Pero si la serie se llamara "Pretty Warrior Sailor Moon", sonaría muy agresivo. Lo mismo va para "Pretty Soldier". Por eso, para ser monedita de oro, las llamo Sailor Senshi, pues con esto satisfago a quienes piensan que son guerreras y a los que creen que son guardianas. Al final, lo dejaré a criterio de los lectores si les parece correcto que me refiera a ellas como "Senshi".