XL
Black Lady
Tokio, 06 de marzo de 1992, 04:28p.m.
—¿Qué quieres decir con otro futuro? —preguntó Amy, sin entender.
—Hay un número inimaginablemente grande de futuros posibles —respondió Sailor Pluto con paciencia—. Hay tantos como seres existen en este universo. La Amy que vino de ese futuro tenía un pasado muy diferente al que tú conoces. Fue Saori Müller la responsable de que este presente sea como es.
—¿Saori? ¿La chica del cabello plateado que vimos en la base?
—La misma. La historia es muy complicada, pero trataré de simplificarla. —Sailor Pluto suspiró y comenzó su relato—. Todo comenzó en un presente no muy distinto a éste, con la diferencia que el Reino Oscuro encontró el Cristal de Plata primero que las Sailor Senshi. Fueron las acciones de Sailor Moon las que condujeron a tal desastre, por lo mismo, ella tenía que solucionar el problema. Con mi ayuda, ella y Tuxedo Mask regresaron al pasado, a 1922 para ser exactos. El paradero del Cristal de Plata en ese tiempo era conocido, pero cuando Sailor Moon y Tuxedo Mask llegaron al lugar donde se suponía que debía estar, no lo encontraron.
—¿Por qué? ¿Dónde estaba?
—Un hombre llamado Henry Abberline halló el Cristal de Plata en una parcela abandonada poco después del término de la Primera Guerra Mundial. Desde luego, no sabía qué era, pues solamente se trataba de una flor de piedra, pero la guardó de todos modos, pensando que nadie escondería con tanto celo un objeto tan mundano si no fuese algo importante.
—¿Y por qué el Cristal de Plata se encontraba en esa parcela?
—Después de la caída del Milenio de Plata, se convirtió en piedra a causa de la muerte de la reina Serenity. Con su último aliento, envió la flor de piedra a este planeta y cayó precisamente en esa zona. Incontables generaciones pasaron por ese lugar y nadie halló la flor de piedra, hasta que un campesino la halló y la escondió, pensando que se trataba de alguna reliquia perteneciente a la realeza.
—¿Y cómo pudo pensar eso de una flor de piedra?
—Tendrías que haberla visto antes de juzgar. Como te iba diciendo, Henry no sabía qué era lo que había encontrado, hasta que a principios de los cuarenta, Serena conoció a Henry en Leipzig y se hicieron buenos amigos. Dos años después, en 1942, Serena fue asaltada en su casa por uno de los hombres de un individuo muy peligroso llamado Herbert Dixon y casi es asesinada. En ese entonces, ya estaba embarazada de Saori, pero el ataque no causó mayores complicaciones en el parto.
Sailor Pluto notó que Amy tenía la mirada perdida, como tratando de recordar algo que había pasado hace no mucho.
—Herbert Dixon —dijo Amy al fin, en un tono que Sailor Pluto apenas pudo escuchar.
—Lo conoces.
Amy se dio cuenta que aquella no había sido una pregunta
—Nosotras nos enfrentamos a él hace no mucho tiempo —dijo, llevándose una mano al mentón—. Tiene muchas habilidades mágicas. Tienes razón en que es muy peligroso.
—El nacimiento de Saori fue lo que cambió todo —continuó Sailor Pluto como si no hubiera escuchado a Amy—. En 1960, hubo un accidente de ingeniería que le habría costado la vida de la abuela de Serena, pero Saori la salvó. En ese entonces recién había descubierto que era una Sailor Senshi, pero aquella acción cambió toda la historia. Sin embargo, había personas que sabían que ese momento era un punto de inflexión y trataron de impedir que la verdad saliera a la luz. Pues resulta que aquel accidente de ingeniería no fue un accidente. Fue un hecho provocado por un individuo llamado Jared Fox. Él tenía la intención de provocar el accidente para que la madre de Serena jamás naciera, cambiando la historia en el acto. Pero no contó con el nacimiento de Saori y trató de ocultar lo que realmente había pasado, pues, si el público hubiera sabido la verdad, habría una conmoción de proporciones. Por esa razón, esa Amy fue enviada al pasado, para averiguar lo que realmente había ocurrido con el desplome del paso sobre nivel. Pero, como dije, no eras tú realmente, sino la Amy que pertenecía al futuro en cuyo pasado no existía Saori. Sin embargo, el viaje de esa Amy al pasado ocurrió antes del viaje de Serena, por lo que compartían el mismo pasado.
—¿Y por qué esa Amy viajó antes que Serena?
—Aquella había sido mi idea —dijo Sailor Pluto, luciendo un poco apenada—. Sabía que había algo extraño en ese accidente y, la Amy de ese presente es igual de inteligente que tú, por lo que era la candidata perfecta para averiguar lo que había pasado en realidad. Ella había escogido trabajar en un hospital para pasar desapercibida, pero no esperó encontrarse con Saori allá. No pudo evitarlo. Esa Amy cayó enamorada de Saori en el acto. Aquello arruinó todo el plan. Como dije, Serena viajó después de Amy, pero lo hizo más atrás en el pasado. Lo que no esperé fue que ella tuviera una hija con Darien. Sin embargo, al final, el nacimiento de Saori fue para bien. Fue su amor por Amy lo que le hizo tener el coraje necesario para sacrificarse y salvar al mundo de un holocausto nuclear.
Amy se quedó en silencio, ponderando lo que Sailor Pluto le acababa de decir. Así que no había sido ella realmente la que había estado en la década de los sesenta, sino una versión de ella que pertenecía a otro presente. Lo que no esperó fue que fuese asaltada por retazos de recuerdos de otra versión de ella, perteneciente a otra línea temporal. ¿Acaso los sentimientos podían cruzar dimensiones? Aquello podía explicar la existencia de los sueños. Tal vez lo que era un sueño para alguien, era un recuerdo para una versión de esa misma persona en un universo paralelo.
—Debe ser por eso que me sentí extraña cuando vi a Saori por primera vez.
—Es posible —dijo Sailor Pluto, poniéndose de pie, y Amy la imitó—. Quiero que tengas presente todo lo que te he dicho. Podría ayudarlas cuando se enfrenten nuevamente con Herbert Dixon. Y ahora, acompáñame. Tengo unas cosas que decirles a todas ustedes.
Amy acompañó a Sailor Pluto hasta la casa, y ella vio que sus amigas estaban comiendo bollos de arroz con carne. No recordaba haber visto a algún repartidor traerlos, por lo que asumió que Lita los había preparado. Y lo que fuese que ella preparara, sabía bien.
—¡Amy! —chilló Serena, batiendo las manos, como si la aludida se encontrara muy lejos—. ¡Te dejamos unos bollos!
—No seas mentirosa —le regañó Rei y Serena entornó los ojos—. Te los ibas a comer cuando viste que Amy venía de vuelta.
—No es mi culpa que tenga hambre —replicó Serena, a quien comenzaron a arderle las orejas.
—¡Tú siempre tienes hambre! —protestó Rei y ambas iban a tener un nuevo encontrón verbal cuando Amy y Sailor Pluto llegaron. La cosa se calmó al instante.
—¿Qué quería decirte Sailor Pluto? —quiso saber Lita, mordisqueando un bollo con educación, cuando momentos antes, se llevaba uno entero a la boca.
—Me explicó por qué me sentía tan extraña cuando conocí a Saori.
—Recuerdo que dijiste que era como si estuvieras enamorada de ella.
Amy se puso ligeramente colorada.
—En cierto modo, es verdad —admitió, evitando mirar a sus amigas—. Pero no era realmente yo, sino una versión mía de un universo paralelo.
—Háblanos en español, Amy —protestó Mina, a quien las ciencias siempre le habían resultado foráneas, incluso extraterrestres.
—Es que no hay forma simple de explicarles lo que me pasa —se excusó Amy, juntando las manos—. Es como… como si te miraras al espejo y te dieras cuenta que tu imagen no hace la mismas cosas que tú, pero sigues siendo tú.
—¿Viste que podías explicarnos con peras y manzanas? —dijo Mina, quien seguía sin entender mucho, pero por lo menos, tenía una idea un poco más clara de lo que Amy había querido decir.
—Lo que no sabía era que esa Amy, la que proviene de otro universo, otro presente, sí estuvo enamorada de Saori y, de algún modo, aquellos sentimientos cruzaron dimensiones y me hicieron sentir de ese modo.
Había pensamientos dispares en las mentes de las amigas de Amy. Serena creía que aquello era lo más hermoso que había escuchado de la boca de Amy, Rei pensaba que debía haber alguna clase de conexión mística que conectara a Amy y a su otra versión, Lita miraba a su amiga con incredulidad y Mina parecía haberse quedado en blanco.
—Pensé que ella debía saber de dónde provenían aquellos sentimientos —dijo Sailor Pluto, quien no tomó asiento junto a las demás—. De todas formas, hay unas pocas cosas que deben saber antes que vayan al futuro.
Las chicas supieron que Sailor Pluto iba a decir algo serio, y pusieron atención.
—Les voy a contar sobre el enemigo que deben enfrentar —comenzó ella, aclarándose la garganta—. Seguramente ya saben que el enemigo es una organización denominada clan Black Moon. Lo que no saben es que este clan es básicamente un grupo de renegados que no estaban contentos con el régimen imperante en Tokio de Cristal. Verán, en el año 2990, se acabará un ciclo de glaciación que duró casi un milenio y reyes fueron elegidos, tal como en los tiempos del Milenio de Plata. Muchos estaban contentos con el nuevo reinado, pero unos pocos creían que el poder del Cristal de Plata debía ser compartido con todo el mundo y tildaron de avaros a los reyes. Es irónico que la historia vuelva a repetirse, porque algo similar ocurrió en el pasado, antes de la fundación del Milenio de Plata, pero esa es otra historia. El punto es que los reyes explicaron sus razones de por qué el Cristal de Plata no debía estar en manos de los súbditos, pero los renegados no se vieron satisfechos con el motivo. Cuando supieron que no iban a obtener lo que querían, se alzaron en contra de los reyes, pero las guardianas de la reina, es decir, las Sailor Senshi, los derrotaron. A causa de sus crímenes, fueron desterrados de Tokio de Cristal y emigraron a los confines del sistema sola, refugiándose en un planetoide más allá de la órbita de Plutón. Allá encontraron un misterioso poder que les permitiría cobrar venganza, y por tres años, planearon su regreso a Tokio de Cristal para destruirlo. Cuando estuvieron listos para la invasión, volvieron a la Tierra y devastaron la ciudad. Intentaron tomar el castillo por asalto, pero éste fue cubierto por cristal por el mismo poder de la reina e hizo que las Sailor Senshi la protegieran, envolviéndola en cristal. Frustrados por el fracaso en asesinar a la reina, Black Moon decidió destruir Tokio de Cristal en el pasado, pero antes que pudieran comenzar con el plan, la única persona en el castillo que sobrevivió al ataque de Black Moon, escapó del lugar y yo, sabiendo lo que Black Moon intentaba hacer, juzgué prudente darle la misión de encontrar el Cristal de Plata en este tiempo y, por eso, le entregué esa llave, para que pudiera viajar aquí.
Amy miró a Sailor Pluto, frunciendo el ceño.
—¿Tú enviaste a Rini aquí?
La aludida miró a Amy con curiosidad.
—¿Quién es Rini?
—Es que le pusimos de ese modo para diferenciarla de Serena, porque se llaman igual.
—Entonces estamos hablando de la misma persona —dijo Sailor Pluto, sintiéndose un poco más tranquila—. Por cierto, la misión que deben realizar en el futuro también implica rescatar a la pequeña dama. No sé qué hará Black Moon con ella. Temo lo peor.
—¿Entonces, Rini viene del futuro? —preguntó Mina, quien siempre andaba un poco atrasada con las conversaciones.
—Así es —repuso Sailor Pluto—, pero no puedo decirles quién es. Eso deben descubrirlo ustedes.
—Entonces es obvio lo que debemos hacer —dijo Serena, luciendo seria, y las demás la miraron con incredulidad, creyendo que había caído enferma por alguna razón—. ¡Debemos comernos estos bollos!
Las demás, a excepción de Sailor Pluto, cayeron de espaldas. Sailor Pluto se llevó una mano a la boca para ahogar un poco las risitas, mientras que Rei se ponía de pie, fulminando con la mirada a Serena.
—¡Serena tonta! —exclamó, con la cara roja como un tomate.
—Pero no podemos combatir el mal con el estómago vacío.
—¡SERÁS BIEN…!
—¡YA BASTA! —gritó Amy, y tanto Rei como Serena se quedaron mirándola, y ella se puso colorada—. Es que… bueno… tenemos asuntos más importantes de los que preocuparnos.
—Amy tiene razón —dijo Lita, poniéndose de pie—. Después de todo, no es conveniente llenar mucho el estómago.
—¡Pero yo sigo con hambre! —protestó Serena.
—Bah, eres incorregible —gruñó Rei, cruzándose de brazos.
—¿Y qué hacemos mientras Darien se recupera? —quiso saber Mina, mirando a Sailor Pluto—. Digo, no sabemos cuándo ocurrirá eso.
Las demás miraron a Mina con una mezcla de lástima y exasperación. Aquellas palabras hablaban de la inseguridad que la atenazaba desde el incidente con la nave de Black Moon, pero tanto Rei como Lita pensaban que aquello no era suficiente para que Mina se mostrara de ese modo. Amy, por otro lado, sabía que el momento se acercaba para que ella intentara convencerla de que ella era la líder y que más decisiones difíciles venían en camino. Después de todo, uno no era héroe sin enfrentar unas cuantas dificultades.
En medio del silencio que había reinado después de las palabras de Mina, Amy escuchó un pitido que sabía que provenía de su computadora de bolsillo. Tomó su bolso, extrajo el aparato y vio la misma señal que había visto hace unos pocos días atrás. Alguien había, de algún modo, reactivado los pilares de energía oscura.
—Chicas, tenemos que transformarnos —dijo Amy con urgencia.
Las demás la miraron con incredulidad.
—¿Qué pasa ahora?
—Los pilares de energía oscura —explicó Amy, tomando su cetro de transformación—. Están siendo reactivados.
—Pensé que los habíamos destruido —dijo Lita, frunciendo el ceño.
—Lo hicimos, pero alguien debió haber encontrado una forma de hacerlos funcionar nuevamente. Tenemos que detenerlo, antes que ocurra algo terrible.
Serena, Rei y Lita asintieron con decisión, tomando con firmeza sus cetros de transformación. Mina, sin embargo, tenía su cetro en la mano, mirándolo como si no supiera realmente qué hacer con éste.
—Mina —apremió Amy y ella se puso de pie lentamente, luciendo perdida.
Cuando todas se hubieron transformado, salieron del templo y Sailor Mercury iba a sugerir que se dividieran para cubrir más terreno, cuando el cielo se oscureció de improviso, y lluvia comenzó a caer. Las Sailor Senshi miraron al cielo y vieron que las nubes parecían distorsionarse, como si las estuvieran viendo a través del fondo de una botella. A continuación, hubo un estampido y, de la nada, apareció una mujer vestida de negro y de cabello rosado. Al principio, pensaron que se trataba de Rini, pero cuando la vieron más detenidamente, se dieron cuenta que no era ella. Se trataba de una mujer adulta con un cabello similar al que ostentaba Sailor Moon. Sin embargo, su parecido con Rini era asombroso, pero aquello solamente le trajo más preguntas a las Sailor Senshi. Descendía del cielo usando un paraguas negro, decorado con conejos.
—¿Pequeña dama? —dijo Sailor Pluto, luciendo muy preocupada. Sailor Moon la miró con los ojos bien abiertos.
—No me digas que ella es… es…
—Lo es —repuso Sailor Pluto, mirando cómo la mujer tocaba el suelo con sus pies, mirando a las Sailor Senshi con desprecio—. Algo terrible le hizo Black Moon. Ya no es la niña que conocemos.
—Black Moon no me hizo nada —atronó la voz de la mujer misteriosa—. Solamente me hicieron entender lo ingenua que había sido al depositar mi confianza en ustedes. Me di cuenta que la soledad es lo mejor que me pudo haber pasado, después de ver que mis padres realmente no me querían, y que las tan famosas Sailor Senshi no son más que unas mujeres mentirosas y descuidadas.
Sailor Moon se adelantó a las demás, mirando a la mujer que alguna vez fue Rini con pena.
—¿Por qué crees eso? Se supone que los padres siempre están contigo, en las buenas y en las malas. Seguramente Black Moon te lavó el cerebro para hacerte creer esas cosas.
—¡No sabes nada de mí! —exclamó la mujer, haciendo temblar a Sailor Moon—. ¡No te atrevas a decir esas cosas! ¡Mis padres jamás me quisieron y las Sailor Senshi nunca se preocuparon por mí! Solamente por eso, deben pagar con sus vidas.
—Rini… —iba a decir Amy, pero ella la interrumpió.
—¡No te atrevas a llamarme con ese nombre tan horrendo! —exclamó la mujer, enarbolando su paraguas y apuntándola hacia las Sailor Senshi—. ¡Mi nombre es Black Lady, y voy a acabar con ustedes!
—Chicas —dijo Sailor Pluto, mirando a las demás Sailor Senshi con seriedad—. Déjenme lidiar con Black Lady. Ustedes destruyan los pilares de energía oscura.
—¿Pero qué pasa si no puedes con ella? —preguntó Sailor Mercury, y Sailor Pluto extendió una mano hacia ella, la cual brilló brevemente. Cuando el resplandor hubo acabado, Sailor Mercury vio que había aparecido una llave similar a la que poseía Rini. Supo de inmediato que aquella llave serviría para viajar al futuro en caso que Sailor Pluto no pudiese detener a Black Lady.
—Si fallo, sabrás cómo usar esa llave —dijo Sailor Pluto, mostrando una sonrisa triste—. Pero úsala solamente en esa eventualidad. Si tengo éxito, yo misma las llevaré al futuro.
—¡No permitiré que ninguna escape! —exclamó Black Lady, alzando su paraguas hacia arriba. Estaba a punto de atacarlas cuando Sailor Pluto se interpuso entre ella y las Sailor Senshi, extendiendo sus brazos hacia los lados.
—¡Váyanse! —exclamó Sailor Pluto y las Sailor Senshi no lo pensaron dos veces. Corrieron a todo lo que daban sus piernas hacia la calle, mientras que Sailor Pluto seguía encarando a Black Lady.
—Sabes que no podrás detenerme, ¿verdad?
—Eso no lo sabes.
—Oh, lo sé —dijo Black Lady con una voz llena de amenaza—. Después que haya acabado contigo, iré por las demás. No porque alguna vez te estimé voy a ser misericordiosa contigo. ¡Prepárate!
Washington, 06 de marzo de 1992, 11:47a.m.
Sailor Zephyr se sentía extraña en el cuerpo de otra persona, pero no podía quejarse. Se sentía poderosa poseyendo el cuerpo de Saori, la misma mujer que la había humillado hace ya tantos años, en los tiempos que buscaba el Cristal de Plata para Sailor Galaxia. Seguía siendo leal a ella, por esa razón había llegado al patio trasero de la Casa Blanca, el lugar donde había renacido con un nuevo propósito.
Recordaba cómo el Departamento de Defensa de los Estados Unidos la había convertido en un arma aparatosa, dándole el nombre de Kamikaze y vistiéndola con una armadura de samurái. Sin embargo, el verdadero artífice de su renacimiento estaba bajo sus pies, a varios cientos de metros bajo tierra. Pero no había llegado a su base secreta para agradecerle, ni siquiera para castigarlo.
Su propósito era otro.
Sailor Zephyr extendió sus manos hacia afuera y comenzó a girar sobre su eje, cada vez más rápido, al punto de crear un vórtice que iba taladrando el terreno bajo sus pies. Dejando que el peso de su cuerpo hiciera el resto, Sailor Zephyr fue descendiendo cada vez más hondo, hasta que la superficie bajo sus pies cambió. Sabía que no podría penetrar la superestructura con sus poderes, pero había abierto un boquete lo suficientemente grande para que la entrada al complejo fuese visible.
La entrada parecía estar reforzada con una puerta de al menos unos diez centímetros de grosor. Pero aquello no representaba un problema para Sailor Zephyr. Extendiendo violentamente ambas manos hacia delante, no solamente derribó la puerta, sino que aplastó a un par de guardias que estaban a diez metros de la entrada.
—¡Vaya! Esa tal Saori es muy fuerte —se dijo Sailor Zephyr en voz alta, y se adentró en el complejo, mientras que más guardias salían a su encuentro. Vio que llevaban armas, pero aquello difícilmente podía considerarse un problema.
Otro gesto violento de sus manos bastó para inutilizar a los defensores. Considerando que el ascensor era muy lento, Sailor Zephyr simplemente descendió por el pozo del ascensor y llegó al nivel más bajo, donde se encontraba el laboratorio. Apartando las puertas del ascensor con facilidad, Sailor Zephyr vio a la persona que la había creado.
Herbert Dixon no lucía demasiado sorprendido por verla frente a él. Asumió que solamente era cuestión de tiempo para que ella viniera a verlo, pues sabía que su lealtad no descansaba con él. Ella solamente había accedido al trato que había hecho con el Departamento de Defensa para ganarse su libertad.
—¿Vienes por Galaxia, verdad? —preguntó Herbert en un tono desapasionado que desató la sospecha en Sailor Zephyr.
—No estás oponiendo resistencia —observó, poniendo los brazos en jarras y taladrando con la mirada a Herbert—. No intentes tenderme una trampa, porque te arrepentirás.
—Nada de trampas —dijo Herbert, abriendo la puerta que conducía al laboratorio—. Puedes llevártela cuando quieras. Espero que no olvides su Sailor Cristal. Está en una bóveda contigua—. Herbert tecleó una contraseña en su computadora y una puerta de acero se abrió en el lado opuesto del laboratorio—. Listo. Puedes hacer tu trabajo e irte de aquí.
—Valoras tu vida, ¿no es así? —dijo Sailor Zephyr con una carcajada.
—No solamente eso —repuso Herbert, encarando a Sailor Zephyr con una expresión indescifrable—. Ya no necesito a Galaxia para mis experimentos. Ya obtuve lo que quería de ella.
—¿Y qué fue lo que obtuviste?
—Conocimiento.
—¡No me mientas! —ladró Sailor Zephyr, dando un paso hacia Herbert—. Querías su poder también, ¿verdad?
—Tú lo dijiste. Quería su poder, pero no pude obtenerlo. Al menos obtuve conocimiento necesario para mis propios planes.
—¿Y tus planes son…?
—Si tienes paciencia, lo podrás ver con tus propios ojos —dijo Herbert tranquilamente—. No creo que Galaxia ponga alguna queja. De todos modos, ella quiere los Sailor Cristales, y mis planes no van a interferir con los suyos.
Sailor Zephyr se quedó mirando a Herbert por un buen rato antes de relajar su postura.
—Vaya que eres ingenuo. ¿Creíste que podrías obtener el poder de Sailor Galaxia usando tu ciencia? Lo entendiste mal. No serías capaz de controlar ese poder. El poder te controlará a ti antes que pudieras siquiera entenderlo.
—Esa fue mi conclusión —dijo Herbert, luciendo decepcionado—. Pero, de todos modos, obtuve cosas importantes de ella. Siendo la bruta que he diseñado, no creo que lo entiendas.
Sailor Zephyr arrugó la cara por un breve instante.
—Voy a dejar pasar ese insulto, simplemente porque me estás haciendo las cosas fáciles. Asegúrate de dejar la puerta abierta cuando yo salga.
Cuando Sailor Zephyr hubo salido del laboratorio, Herbert instruyó a sus guardias sobrevivientes que no la atacaran. Contempló la salida de la Sailor Senshi a través de las cámaras de seguridad y, cuando los sensores le indicaron que había salido del perímetro, solamente en ese momento, Herbert respiró con más calma.
Sailor Zephyr, tú eres la ingenua. No tienes idea de lo que obtuve de Sailor Galaxia. Pronto lo verás con tus propios ojos… oh sí, ya lo verás.
