XLII
Diamante oscuro

Nota: Para la escena de Diamante y Sailor Moon, les recomiendo que la lean mientras escuchan la canción "Black Diamond" de Stratovarius. La letra será bastante representativa de esa escena.


Tokio de Cristal, año 2993, 0:19a.m.

El príncipe Diamante observaba desde las alturas cómo las Sailor Senshi salían del palacio, rumbo a enfrentar a las fuerzas de Black Moon. Lucían exactamente igual que las que protegían a la Neo Reina Serena, pero, hasta donde él tenía entendido, ellas eran cuatro, no cinco. La quinta Sailor Senshi usaba unos moños que a él le resultaban muy familiares.

Demasiado familiares.

Conque ella es Sailor Moon se dijo Diamante, recordando unos antiguos reportes de Rubeus que hablaban de las Sailor Senshi de Tokio de los noventa. Se parece mucho a la Neo Reina Serena. No creí que alguien tan joven poseyera una belleza tan grande. Diamante se quedó mirando a Sailor Moon por otro minuto completo, pero, por desgracia, Esmeralda llegó a la sala del trono y se dio cuenta de lo que Diamante estaba mirando. Carraspeó para anunciar su presencia.

—¿Se te ofrece algo, Esmeralda? —dijo Diamante, girando sobre sus talones en dirección a ella.

—Es solamente que no creo que nuestras fuerzas sean suficientes para acabar con esas colegialas —repuso Esmeralda, poniendo los brazos en jarras—. No es que crea que Rubeus fuese un agente competente, pero él no estaba solo, y las Sailor Senshi los derrotaron sin muchos problemas.

—¿Cuál es tu punto?

—Mi punto es bastante simple. Envíame a mí, y yo acabaré con esas mocosas.

Diamante pareció considerar, al menos por un momento, la propuesta de Esmeralda. Sabía que ella era poderosa, pero no tenía idea de si ella podía contender con los poderes combinados de las Sailor Senshi, especialmente con los de Sailor Moon, pues también estaba al tanto de lo que le había pasado a Rubeus cuando trató de ir en contra de ella. No podía contar con Zafiro, pues él estaba protegiendo los nexos de energía oscura. Sin embargo, estaba él mismo, quien se sabía capaz de defenderse contra las Sailor Senshi. Al final, no perdía nada con permitir que Esmeralda se encargara del asunto. De todos modos, él estaría observando la situación. Si las cosas se salían de control, lo único que debía hacer era intervenir. Estaba seguro que, por muy fuertes que fuesen las Sailor Senshi, no podrían contra él y Esmeralda juntos.

—De acuerdo. Haz lo que estimes conveniente, pero quiero que traigas con vida a Sailor Moon. Eso es esencial.

Esmeralda temía que Diamante le dijera algo por el estilo. Ella se había ofrecido porque quería matar a Sailor Moon, y así Diamante tuviera ojos solamente para ella. Ahora, no podría contradecir las órdenes de Diamante, de otro modo, ya no podría ganarse su corazón. Aunque él tampoco se quedaría con el premio pensó Esmeralda, esperando que aquella alternativa fuese un último recurso del que echar mano.

—Así se hará —dijo Esmeralda con una reverencia y desapareciendo del salón del trono. Mientras se dirigía hacia el exterior de la nave nodriza, pensó en la forma en que Diamante estuvo mirando a Sailor Moon, y le hirvió la sangre. Hasta donde ella sabía, Diamante le pertenecía solamente a ella, y no iba a permitir que una quinceañera inmadura le robara ese diamante negro que tenía por corazón. Sin embargo, decidió hacer lo que le habían encomendado: matar a las demás y llevar a Sailor Moon a la presencia de Diamante.

Esmeralda salió de la nave nodriza e hizo tronar los dedos. Aquella sería una pelea interesante.

En ese mismo momento

Las Sailor Senshi ascendieron hasta el salón del trono y salieron del palacio, al encuentro de las fuerzas de Black Moon. De común acuerdo, decidieron que Sailor Mercury se quedara en el sótano, monitoreando la situación y tomando las decisiones. Además, ella sabría qué hacer en caso que las cosas salieran mal.

No obstante, cuando estuvieron a cien metros del palacio, no vieron a un ejército de monstruos a su encuentro. En lugar de eso, había una sola persona, una mujer vestida con una falda de una pieza, extremadamente corta y el cabello verde claro. Ninguna de ellas la había visto en sus vidas, pero era obvio que formaba parte del clan Black Moon.

—¿Quién eres tú? —preguntó Sailor Mars, crispando los puños en preparación para la pelea.

—Mi nombre es Esmeralda —repuso la aludida en un tono chillón que no tenía nada que envidiar al de Sailor Moon—, y seré su oponente. Por supuesto, ustedes apenas son unas adolescentes. No será difícil derrotarlas.

—No deberías confiarte —dijo Sailor Venus, llevándose una mano a la cintura y sacando su cadena de luz—. Somos cuatro, y tú eres una sola. Tal vez podamos sorprenderte.

—Ya lo veremos —desafió Esmeralda, adoptando su postura de combate, esperando a que las Sailor Senshi dieran el primer paso. Fue Sailor Jupiter quien atacó primero, alzando los brazos, haciendo aparecer unas plantas trepadoras, las que se enroscaron en las piernas de Esmeralda, inmovilizándola. Aprovechando la oportunidad, Sailor Venus arrojó su cadena, enrollándose alrededor de la cintura de Esmeralda, quien ya no pudo usar sus brazos. Acto seguido, Sailor Mars empleó su ataque de fuego para rostizar viva a su oponente. Viendo que ya se encontraba bastante debilitada, era el turno de Sailor Moon para acabar el trabajo. Alzó su cetro al aire, hizo una serie de movimientos e iba a atacar a Esmeralda, cuando ocurrió lo impensable.

De algún modo, Esmeralda se deshizo de la cadena y de las trepadoras, esquivando por poco el ataque de Sailor Moon. Tomando a las Sailor Senshi por sorpresa, ejecutó el mismo ataque que había empleado Rubeus alguna vez, y hubo un reguero de explosiones en el campo de batalla, hiriendo de forma severa a las Sailor Senshi. Sailor Mars y Sailor Venus tenían ambas piernas rotas y no podían moverse, Sailor Jupiter tenía la cara manchada con su propia sangre y Sailor Moon lucía casi sin heridas, aunque no podía moverse a causa del miedo.

—Pobres ilusas —dijo, avanzando hacia donde se encontraba Sailor Jupiter, quien iba a lanzar su rayo, pero no tuvo tiempo para reaccionar. Esmeralda corrió a toda velocidad hacia ella y la tomó por el cuello, apretando con sorprendente fuerza. Sailor Jupiter trató de zafarse del agarre, empleando todas sus fuerzas, y, por fortuna, consiguió apartar las manos de Esmeralda de su cuello, la empujó y le propinó una patada con la planta de sus zapatos, enviándola como cinco metros hacia atrás. Resoplando, Esmeralda se puso de pie y usó el mismo ataque de antes, pero Sailor Jupiter estaba preparada. Se hizo a un lado en el momento justo y llevó a cabo su ataque relámpago, pero Esmeralda pudo frenarlo con un campo de energía oscura que había conjurado para defenderse.

Hubo una pausa en el combate. Ambas jadeaban a causa del esfuerzo, buscando fuerzas para seguir peleando. Sin embargo, a Esmeralda se le había ocurrido un plan para ganar esa pelea sin tener que emplear demasiadas energías. Por desgracia, Sailor Jupiter se había dado cuenta de eso un segundo demasiado tarde.

Esmeralda hizo explotar el suelo con sus poderes. No obstante, no era su intención herir al enemigo, sino que tenía otro propósito. Aprovechó la confusión para acercarse sin ser detectada hacia Sailor Moon, quien había espabilado, y miraba en todas direcciones, buscando al enemigo. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Esmeralda se había puesto por detrás de Sailor Moon y la agarró por el cuello, conjurando una daga, mientras que afianzaba el agarre con su otra mano. Sailor Moon trataba de zafarse, pero no había caso. Esmeralda sostenía su brazo de tal forma que no podía moverlo sin sentir un dolor horrible.

Cuando el polvo se disipó, Sailor Jupiter vio que Esmeralda tenía a Sailor Moon como rehén. Se quedó petrificada. Su corazón latió a mil dentro de ella, impidiéndole pensar con claridad.

—Sailor Jupiter —se escuchó una voz que provenía de su comunicador. Ella lo tomó y vio que se trataba de Sailor Mercury—. No ataques. Deja que se lleve a Sailor Moon.

—¿Pero qué estás diciendo? —dijo Sailor Jupiter, viendo cómo Esmeralda parecía retarla con la mirada—. El resto de mis amigas están incapacitadas, esa tonta puede llevarse a Sailor Moon a quién sabe dónde, ¿y quieres que no haga nada?

—Es la mejor solución —repuso Sailor Mercury con calma, haciendo un gesto para callar a su amiga—. He estado estudiando los planos de la nave nodriza y he encontrado cinco puntos por los que podemos entrar en caso que Esmeralda quiera llevarse a Sailor Moon a la nave. Pero necesitamos a Sailor Mars y a Sailor Venus para la incursión. También he estado interceptando las comunicaciones de la nave nodriza y he descubierto cosas que nos podrían ayudar a localizar a Rini, y que también podría ayudarnos a rescatar a Sailor Moon, si es que esa mujer se la lleva.

Sailor Jupiter había ajustado el volumen de su comunicador, de modo que Esmeralda no escuchara nada.

—¿Y estás segura de que va a funcionar tu plan?

—No diría nada si no estuviera segura de esto, Sailor Jupiter —dijo Sailor Mercury con voz cansina—. Por favor, confía en mi.

Sailor Jupiter no dijo nada. Miraba a Esmeralda, a Sailor Moon y a su comunicador, todo en rápida sucesión, como si estuviera tratando de decidir qué hacer. Sin embargo, no era capaz de encontrar una solución por su propia cuenta, e imaginó que Sailor Mercury debió haber considerado más variables que ella. Además, contaba con la ventaja de la distancia, lo que le hacía ver las cosas desde una perspectiva más amplia. Apretando los párpados, Sailor Jupiter tomó una decisión.

—Está bien —dijo, bajando los brazos en señal de rendición—. Confiaré en ti. Solamente espero que no le pase nada malo a Sailor Moon.

Esmeralda se largó a reír, cuyo sonido traspasó los oídos de Sailor Jupiter.

—Pude haberlas matado, pero creo que es mejor así —dijo, retirándose de a poco hacia la nave nodriza y golpeando la cabeza de Sailor Moon, dejándola inconsciente—. A veces, la vergüenza de la derrota es muchísimo peor que la misma muerte. ¡Vengan a rescatarla, si es que pueden!

Y con otra risa aguda, Esmeralda desapareció del campo de batalla, dejando a Sailor Jupiter inmóvil, mirando el lugar en el que Sailor Moon había desaparecido como si ella todavía estuviera allí.

Washington, 07 de marzo de 1992, 09:45a.m.

Sailor Zephyr contemplaba el cuerpo de Sailor Galaxia como si estuviera reverenciando a una diosa de tiempos antiguos. Sin embargo, el precio que debió pagar para llegar a esa situación se estaba volviendo insostenible. El experimento que Herbert Dixon debió hacer para volverla a la vida implicaba poner su ser en otro cuerpo, en el cuerpo de alguien que odiaba con toda su alma. Por esa razón, era normal que la conciencia de Saori se entrometiera y coloreara sus apreciaciones sobre la mujer que yacía en animación suspendida frente a ella, pero no por eso iba a ser algo agradable. Sailor Zephyr se moría por escapar de ese cuerpo y habitar uno que no le diera los problemas que en ese momento enfrentaba.

Solamente le faltaba una cosa para completar su plan. Y esa cosa estaba en poder de alguien que normalmente sería su aliada, pero hay que recordar que la Sailor Zephyr original había perecido a manos de Sailor Galaxia, y que su lugar lo estaba ocupando una mujer que antes era Lynn Knoxville (27), pero que su identidad había sido borrada para convertirse en lo que era.

No obstante, esa mujer no tenía por qué saber todo ello.

Por eso, cuando Sailor Eos apareció frente a ella, compuso una expresión de sorpresa en su cara, como si hubiera pasado mucho tiempo desde la que vio por última vez, cuando en realidad, jamás la había visto en su vida.

—Pensé… pensé que habías muerto a manos de… —Sailor Eos miró el cuerpo de Sailor Galaxia, y una oleada de rabia cruzó su mente, cosa que fue visible en la forma en que había arrugado el entrecejo—… esa mujer.

—No te preocupes —dijo Sailor Zephyr, fingiendo odio—. Reencarné en otro cuerpo. Ya sabes que las Sailor Senshi siempre volvemos a nacer para combatir el mal. Y ella está muerta. Me aseguré de ello personalmente.

Sailor Eos se quedó mirando el cuerpo de Sailor Galaxia por un minuto completo antes de responder.

—¿Y qué harás con ella? Me refiero al cuerpo.

—Lo arrojaré al sol —repuso Sailor Zephyr con una mirada de puro veneno—. De ese modo, jamás volverá a molestar.

—Da gusto escuchar eso. —Sailor Eos miró a su compañera y supo interpretar su expresión—. Quieres algo de mí.

—En efecto —admitió Sailor Zephyr, aunque decidió mantener en secreto sus verdaderas intenciones—. Supe que disponías de cierto… elixir… con propiedades asombrosas. Debes saber que este cuerpo es solamente temporal. Quiero regresar a mi verdadero hogar, sin tener que escuchar voces de otra persona en mi interior.

Sailor Eos frunció el ceño.

—¿Y sabes qué fue de tu cuerpo?

—Está sepultado en el Planeta del Viento —repuso Sailor Zephyr, a sabiendas que ella provenía de ese lugar—. Con esa sustancia que posees, puedo regenerar mi cuerpo y volver a éste. Podríamos volver a pelear juntas, como en los viejos tiempos.

Sailor Eos se quedó pensando por un momento en las palabras de Sailor Zephyr. Era cierto que podría recuperar a su antigua aliada y combatir el mal como en los días de gloria, pero también era verdad que sus planes habían cambiado. Y el asunto con los Generales Celestiales tenía mucho que ver con ello.

—Te daré un poco de mi elixir, pero ten en cuenta que nada es como antes —dijo Sailor Eos con una voz severa—. Me pasaron cosas durante este tiempo que me hicieron reflexionar sobre si las Sailor Senshi deberían seguir existiendo.

Sailor Zephyr arrugó la cara.

—¿De qué diablos estás hablando?

—Hemos causado más problemas que soluciones —repuso Sailor Eos, recordando sus reflexiones en el Planeta del Fuego, hace una vida atrás le dio la impresión—. ¿Qué tal si, en lugar de ser la solución para este universo, somos parte del problema? ¿Qué tal si ya estamos en una situación tal que ya no somos necesarias, que otros deberían tomar nuestro lugar como protectoras del bien?

—Pues yo diría que bebiste mucho de ese brebaje —bromeó Sailor Zephyr, quien, muy en el fondo, ni siquiera tenía idea de lo que estaba pensando Sailor Eos—. ¿Qué otras personas asumirían esta responsabilidad? ¡No hay nadie más que nosotras! Los hombres son demasiado débiles para hacer este trabajo, demasiado violentos e inmaduros.

—Pues yo creo que los estamos subestimando —dijo Sailor Eos con calma, pero no con menos fuerza—. Tienen el potencial para lograr grandes cosas. Basta con ver lo que hemos conseguido a lo largo de toda la historia del universo. ¿Hemos logrado la paz? ¿Hemos derrotado a nuestros enemigos?

—Ese es el punto, ¿no crees?

—Yo no creo que ese sea el punto —dijo Sailor Eos en un tono perentorio—. Mira, si no quieres el elixir, es tu problema, pero no quiero que te entrometas en mis planes. Que conste que te digo por tu propio bien.

—¿Por mi propio bien? —dijo Sailor Zephyr, poniendo los brazos en jarras—. Quieres erradicar a las Sailor Senshi, ¿y me dices que me mantenga al margen? Pues la tendrás muy difícil.

—¿Quieres el elixir o no?

Sailor Zephyr gruñó y tomó el frasco de las manos de Sailor Eos.

—Solamente espero que estés haciendo lo correcto —dijo, dándole la espalda a su compañera—. Porque te mataré si no es así.

—Eso lo veremos.

Y Sailor Eos desapareció en un destello de luz, dejando a Sailor Zephyr junto al cuerpo de Sailor Galaxia, juzgando que la charada había funcionado a la perfección.

Porque Sailor Zephyr no quería el elixir para ella.

Tokio de Cristal, año 2993, 0:38a.m.

Sailor Moon despertó con una agradable sensación recorriendo su piel. Cuando se percató que yacía sobre una cama, le sorprendió que fuese tan blanda y suave. Luego, se preguntó dónde estaba y cómo había llegado a ese lugar. Recorrió la estancia con la mirada y vio que se trataba de una habitación de techo alto, con apenas iluminación y los muebles propios de un dormitorio brillaban por su ausencia.

—Luces radiante, Sailor Moon —dijo una voz que provino desde un rincón de la habitación. Cuando ella giró la cabeza en esa dirección, vio a un hombre de cabello albino, con un traje blanco y una luna creciente de color negro en su frente. Obviamente, se trataba de un miembro de Black Moon, pero ella jamás lo había visto en su vida—. Mi nombre es Diamante, y seré tu anfitrión esta noche.

Serena se miró en un espejo que Diamante había hecho aparecer, y comprobó, con sorpresa, que usaba un vestido muy similar al que ostentaba la Neo Reina Serena, solamente que no parecía tener una tiara en su cabeza.

—¿Por qué haces esto? —preguntó Serena en un tono de súplica—. ¿Por qué estás tan empecinado en destruir Tokio? ¿Por qué no te conformaste con los motivos de la Neo Reina para negarte el poder del Cristal de Plata?

Diamante soltó una risa suave.

—Por favor, Sailor Moon, no estamos aquí para pelear —dijo, bajando el tono de su voz, haciéndolo más íntimo—. Olvidémonos por un momento de nuestras diferencias y dediquemos esta noche a los dos.

Serena tenía la impresión que Diamante la había llevado a esa habitación para algún propósito romántico, pero no creyó que fuese tan directo. Se notaba el hambre en su mirada, pues no podía sacarle los ojos de encima. Inmediatamente, el terror llenó su mente y quiso escapar de esa habitación, pero Diamante se interpuso en su camino. No contaba con su broche para transformarse y vio que el hombre lo sostenía en una de sus manos.

—Si lo quieres, tendrás que aceptar lo que yo te pida —dijo Diamante, dedicando una mirada del más retorcido deseo a Serena. Sin poder soportar la presión, se abalanzó sobre él, intentando tomarlo por sorpresa, pero Diamante la sostuvo con fuerza por los hombros y la miró fijamente a los ojos.

—Sailor Moon —dijo él, en un tono susurrante—, no importa lo que hagas o digas. Esta noche serás mía.

Serena intentó zafarse del agarre de su captor, pero Diamante hizo algo completamente inesperado. El emblema en su frente se transformó en una especie de ojo, el cual comenzó a destellar, y Serena sintió como su mente quedaba en blanco, hasta que ya no pudo pensar en nada más. Había una sola cosa en su cabeza, una urgencia primitiva por entregarse al hombre frente a ella. Era tal la vacuidad en su interior que ni siquiera estaba al tanto que Diamante era su enemigo.

—Eso, Sailor Moon, no opongas resistencia. Ya verás que todo pasará pronto. —Diamante, cuando vio que Serena se había doblegado completamente a su voluntad, la recostó sobre la cama, una mirada de ansia brillando en sus ojos—. ¿Sabes? Siempre quise ocupar el lugar del rey Endimión, junto a la hermosa Neo Reina Serena. En realidad, no la odiaba porque no quería compartir el poder del Cristal de Plata con el resto de la humanidad. Ese fue mi pretexto. Otros tenían ese resentimiento y yo solidaricé con ellos. Pero, en honor a la verdad, yo odiaba a la Neo Reina porque escogió a Endimión por encima de mí. Por supuesto, nunca quise su muerte. Solamente la quería para mí.

Diamante sabía que Serena no tenía forma de escuchar sus palabras, pero hallaba un extraño consuelo diciéndolas.

—Por desgracia, ella se encuentra encerrada en ese cristal y mis agentes no pueden obtener el Cristal de Plata. Pero eso no me importa mucho, en realidad. Cuando te vi en las ruinas de Tokio de Cristal, me asombró el parecido que guardas con la Neo Reina, así que asumí que ella y tú son la misma persona. Y ahora, te tengo en mis aposentos, lista para que seas mía. Siempre quise algo más contigo, soñaba con poder tenerte en mis brazos y tomar el lugar del rey Endimión. Eras un sueño inalcanzable, un diamante oscuro, por decirlo de algún modo, porque eras una belleza que estaba fuera de mi alcance, algo que pensé que jamás tendría. Y, por mucho que intenté quitarte de mi cabeza, era sencillamente imposible hacerlo. Sé que si hubiera algo entre nosotros, sería algo pasajero, que no iba a durar para siempre, pero al menos habría tenido la dicha de haberte tenido. Y ahora, tengo la oportunidad de complacerme a mí mismo. Ese es tu rol, Sailor Moon, esta noche. Complacerme. ¿Estás de acuerdo?

Una voz dentro de la cabeza de Serena le instaba, una y otra vez, a que aceptara las condiciones de Diamante, cada vez con más fuerza. Y, al no haber otra voluntad dentro de ella, solamente había una alternativa.

—Como tú digas —dijo Serena con una voz rayana de la avidez, como si realmente quisiera que Diamante hiciera lo que quisiese con ella.

—Entonces, disfrutemos de esta noche como si no hubiese un mañana.

Diamante, con un gesto de sus manos, desvistió a Serena, quiera miraba a su captor con una sonrisa torcida, como si ésta no le perteneciera.

Aquella iba a ser una noche para recordar.


Sailor Mercury llegó al campo de batalla, sabiendo que la única que permanecía de pie era Sailor Jupiter. Por eso, acudió a socorrer a Sailor Mars y a Sailor Venus, pero el estado de ambas Sailor Senshi era grave. Apenas podían contener los gritos a causa de las fracturas en sus piernas. Sailor Mercury supo que iban a necesitar ayuda para que sus amigas pudieran recuperarse por completo, y había un solo lugar en el que podía encontrarla.

—Sailor Jupiter —dijo Sailor Mercury, tratando de acarrear el cuerpo de Sailor Venus, sin mucho éxito—. ¿Podrías llevar a Sailor Mars?

La aludida no solamente tomó a Sailor Mars, sino que a Sailor Venus también, y se las echó al hombro como si fuesen sacos de papas (28). De todos modos, Sailor Mercury tenía un cerebro portentoso, pero su fuerza física dejaba mucho que desear, lo que era típico en personas muy inteligentes.

—¿Adónde vamos?

—De vuelta al palacio —dijo Sailor Mercury, indicando a su amiga a que la siguiera—. Allí hay instalaciones que podemos usar para sanar a nuestras compañeras de forma rápida y efectiva. Pero no es la única razón por la que vamos allá.

—¿Y cuál sería la otra?

—Necesitamos rescatar a Sailor Moon —dijo Sailor Mercury, consultando su computadora de bolsillo por alguna razón—, y para eso necesitamos un buen plan. Y he obtenido suficiente información sobre Black Moon para elaborar ese plan, pero requiere la colaboración de nosotras cuatro.

—¿Por eso sugeriste quedarte atrás?

—No solamente por eso —dijo Sailor Mercury, bajando un poco la cabeza—. También decidí hacerlo porque no quería pelear. Reconozco que no me gusta mucho esto de ser una guerrera, pero puedo serles de ayuda en otras cosas.

—Amy —dijo Sailor Jupiter, llamando a Sailor Mercury por su nombre—, no te estaba juzgando. Tú siempre has peleado con tu cabeza y no con tu cuerpo. Siempre eres la que nos proporciona la información necesaria para vencer a nuestros enemigos. Lo creas o no, te necesitamos más que nunca. Eres la única que puede pensar con claridad en este momento. Confiaremos en lo que sea que nos propongas.

—Secundo lo de Sailor Jupiter —gruñó Sailor Mars, apretando los dientes.

—Yo también —dijo Sailor Venus, intentando componer una sonrisa, lográndolo a medias.

Sailor Mercury se puso colorada.

Cuando las cuatro entraron en el palacio, Sailor Mercury le indicó a Sailor Jupiter la ubicación de la bahía médica y ella se dirigió al salón del trono, donde podría llegar al sótano. Había pirateado los sistemas de la nave de Black Moon y monitoreaba lo que estaba ocurriendo en esa habitación. Sailor Mercury se decía a cada momento que fuese paciente, que lo que estaba haciendo era por el bien de todos, porque lo que estaba viendo por la pantalla era lo más horrible que había visto en toda su vida.


(27) En un fic llamado "Información confidencial" aparece parte del trasfondo de Lynn Knoxville y en "Cortejando el apocalipsis" aparece cómo ella pasó a convertirse en Sailor Zephyr.

(28) Desde que comencé a ver Attack on Titan que me pregunté quién era más fuerte, Makoto Kino o Mikasa Ackerman.