XLVI
Una batalla por el futuro, Parte 1
Tokio, 11 de marzo de 1992, 8:48a.m.
Las Sailor Senshi no sabían si el ataque de Sailor Moon había dado resultado, pues ni Diamante y Zafiro mostraban alguna reacción. No obstante, ellas se mantuvieron en alerta, esperando que los dos atacaran en cualquier momento. Black Lady, sin embargo, era un caso aparte. Era la única que mantenía aquella mirada típica de las personas que tienen un odio demasiado grande en su interior para poder ser redimida.
—¿Qué esperan? —rugió Black Lady, mirando a sus dos compañeros con impaciencia—. Ataquen a las Sailor Senshi. ¡Derrótenlas de una vez!
Diamante y Zafiro miraron a Black Lady como si no pudieran reconocerla apropiadamente. Lucían como si acabaran de despertar de un sueño horrible. Black Lady supo que algo había salido mal con ellos dos en cuanto Diamante abrió la boca.
—¿Por qué debemos atacarlas?
Black Lady arrugó la cara.
—¡No seas necio! ¡Es obvio! ¡Ellas están interfiriendo con nuestros planes!
—Pero, ¿estás segura de que estamos haciendo lo correcto? Recuerdo que todo esto comenzó porque yo… yo estaba enamorado de la Neo Reina Serena. Y no supe cómo lidiar con su rechazo. Fue mi culpa. Yo permití que Black Moon se alzara en contra de Tokio de Cristal. Si tan solo hubiera sido más… maduro…
—¡Bah! ¡Ahora veo por qué el Gran Sabio me escogió para esta tarea! ¡Ustedes, los hombres, son unos débiles! ¡No se puede contar con ellos!
—Pero Black Lady —intervino Zafiro, solidarizando con Diamante—, ¿no hallas algo raro en este plan? ¿A quién beneficia la destrucción de Tokio de Cristal? ¿A nosotros? No lo creo. El Gran Sabio quiere emplear el poder del Cristal Oscuro para otro motivo, no solamente destruir esta ciudad.
—¡Eso a mí no me importa! —ladró Black Lady, avanzando hacia Zafiro y Diamante con decisión—. ¡Nosotros estamos aquí para cumplir las órdenes del Gran Sabio! Si no te gusta, bien puedes ir cavando tu tumba.
—Rini —dijo Sailor Moon con voz queda, pero audible, adelantándose a las demás—, hace un momento vi algo en tu interior, y sé que se trata del Cristal de Plata. ¿Por qué lo tienes? ¿Acaso lo robaste de tu madre?
—¡No digas tonterías! —exclamó Black Lady, extendiendo su paraguas hacia Sailor Moon—. ¡Yo no tengo padre ni madre! ¡Estoy sola! ¡Sola soy poderosa!
—No respondiste mi pregunta —dijo Sailor Moon, bajando su cetro, denotando que no tenía intenciones de agredirla—. ¿Por qué tienes el Cristal de Plata en tu poder?
—No tengo ningún Cristal de Plata —dijo Black Lady, maniobrando su paraguas, lista para atacar a Sailor Moon—. Y si lo tuviera, lo habría destruido hace tiempo ya. ¿Acaso no entiendes? ¡No hay nada que puedas hacer para evitar lo inevitable!
Y Black Lady lanzó un rayo rosado en contra de Sailor Moon, quien no fue lo suficientemente rápida para esquivarlo, y dio de lleno en su cuerpo, gritando de dolor a medida que su cuerpo se iba llenando de heridas. Las demás Sailor Senshi atacaron a Black Lady, pero ella dejó de dañar a Sailor Moon y esquivó sus poderes fácilmente. Sailor Moon quedó de pie, pero sus piernas temblaban violentamente, y Sailor Mars fue a sostenerla, en caso que cayera al suelo.
—¡Ilusas! ¡No pueden detener lo que no puede ser detenido!
—Pues nosotros no nos quedaremos de brazos cruzados —dijo Zafiro y, haciendo un gesto a Diamante, se dirigió hacia la salida del templo. Diamante iba a seguirlo, pero Black Lady se interpuso en su camino.
—¿Te atreves a traicionar a Black Moon?
—No voy a traicionar a Black Moon. Voy a traicionar al Gran Sabio.
—¡Entonces no vivirás para contarlo!
Sin embargo, cuando Black Lady estuvo a punto de atacar a Diamante, sus movimientos se hicieron cada vez más lentos, al punto de quedarse completamente inmóvil. No supo qué fue lo que le había ocurrido, hasta que sintió un frío mortal recorrer su cuerpo. Solamente su cabeza estaba libre del hielo, y pudo ver que Sailor Mercury había sido quien la había atacado de forma sorpresiva. Trató de usar su fuerza física para deshacerse del hielo, pero éste era tan grueso que le fue imposible hacerlo.
—Es tu oportunidad, Sailor Moon —dijo Sailor Mercury, quien había sacado su computadora de bolsillo por alguna razón.
Sailor Moon hizo que Sailor Mars dejara de sostenerla, y extendió el cetro en dirección a Black Lady. Sabiendo que podría no tener efecto alguno sobre ella, decidió usar parte del poder del Cristal de Plata para tratar de traer a Rini de vuelta.
Sailor Moon realizó su ataque, y Black Lady se vio envuelta en una luz plateada. De pronto, se sintió como si no estuviera atrapada en una prisión de hielo. Era otro el frío que la acosaba. Después, se dio cuenta que yacía sobre el suelo. Llovía. Había dos personas mirándola. No podía interpretar la expresión en sus miradas, pero sí sabía que necesitaba su ayuda. De repente, se oyó decir:
—¡Papá! ¡Ayúdame! ¡Por favor!
Hubo un momento de silencio, durante el cual solamente se podía escuchar la lluvia caer. Luego…
—Ponte de pie por tu cuenta —le dijo su padre. Sin embargo, a diferencia de la última vez que había recordado aquella escena, él no había hablado en un tono severo, sino que estricto.
—Pero, ¿por qué?
Esta vez fue su madre quien habló. Lo hizo arrodillándose frente a ella y mostrando una sonrisa.
—Pequeña Dama, no siempre estaremos para ayudarte. Debes aprender a levantarte por ti misma, a valerte por ti misma cuando nosotros ya no estemos contigo.
—¿Y no es por que no me quieren?
El padre soltó una carcajada suave.
—Te decimos esto, precisamente porque te queremos, Pequeña Dama. Si no te quisiéramos, te habríamos abandonado aquí. Pero ya ves que no es el caso. Ahora, hija, levántate. Sé que tú puedes.
Black Lady volvió a ver la luz plateada, sin saber que lágrimas rodaban por sus ojos. No sabía por qué había creído que sus padres no la querían, que debía separarse del resto del mundo, creyendo que sola iba a ser más fuerte. Sin embargo, bastó un recuerdo para ponerla de rodillas.
No le hagas caso, Black Lady. Tú eres poderosa cuando no tienes a quién querer. Tus emociones te hacen débil. La falta de ellas te hace fuerte. No te vuelvas débil, Black Lady. Destruye a las personas que te dejaron sola, y así serás la agente más poderosa de Black Moon.
Black Lady cayó de rodillas, llevándose ambas manos a la cabeza, gritando sinsentidos al aire. Sailor Moon miraba, con dolor, cómo Rini sufría a manos del enemigo. Esa pobre niña había tenido suficiente con todo lo que le había ocurrido desde que escapó del palacio. Pensando en eso, Sailor Moon alzó su cetro hacia el cielo, invocando el poder del Cristal de Plata.
Black Lady volvió a ser transportada a su niñez. Estaba en un balcón, viendo cómo las Sailor Senshi se retiraban del lugar. Recordaba aquella conversación, una que no le había gustado para nada. Era cuando ellas le habían dicho que sus padres no tenían tiempo para asuntos tan mundanos como un cumpleaños, diciendo que un evento como aquel no tenía tanta importancia. Cabizbaja, caminó hacia el interior del palacio, dirigiéndose hacia su habitación, pues no tenía nada más que hacer.
Cuando abrió la puerta de su dormitorio, supo que algo andaba mal, pues no se podía ver nada. Temerosa, se adentró en la oscuridad, pensando que iba a encontrar al cuco dentro, pero cuál fue su sorpresa cuando la luz se encendió, y vio a sus padres y a las Sailor Senshi (quienes usaban ropas normales), gritándole "feliz cumpleaños" a todo pulmón. Black Lady se estremeció cuando vio el confeti caer desde el techo, para luego mirar hacia una mesa improvisada, donde había una torta enorme y, apilados en un rincón de la habitación, había una pila de regalos.
—Pensé… pensé que…
—¿Qué no nos íbamos a acordar? —dijo su madre, abrazando a su hija—. Querida, es cierto que tenemos mucho trabajo, y que no gozamos del tiempo que quisiéramos, pero siempre tendremos tiempo para ti, Pequeña Dama.
—Tu cumpleaños es algo muy importante para nosotros —dijo su padre, revolviéndole el cabello a su hija—. No obstante, habrá momentos en los que no podremos hacerte alguna celebración. Eso no significa que no te amemos, Pequeña Dama. Aunque estemos lejos del palacio, siempre pensamos en ti.
—¡Sí! —exclamó Sailor Venus jovialmente—. Ellos siempre te van a amar.
—Confía siempre en tus padres, Pequeña Dama —añadió Sailor Mercury amablemente—. Ellos siempre van a querer lo mejor para ti.
—Ellos lo darán todo por ti, eso tenlo por seguro —dijo Sailor Mars animadamente.
—Cuenta con ello —agregó Sailor Jupiter.
Black Lady miraba, con ojos vidriosos, cómo los acontecimientos se desarrollaban frente a ella. No sabía si lo que estaba viendo era la realidad, o solamente un sueño, o una mentira.
Eso nunca pasó. Sailor Moon solamente está aprovechando tus recuerdos para convencerte de que necesitas a los demás, cuando no es así. Tu destino es la soledad, pues solamente así eres fuerte, solamente así, dejarás de depender de tus padres o de esas personas que dicen ser tus amigos. No los necesitas. Solamente entorpecen tu camino hacia la grandeza.
Black Lady volvió a caer de rodillas, llevándose las dos manos a la cabeza y gritando de un dolor indescriptible. Sailor Moon miraba cómo ella sufría, y supo lo que debía hacer a continuación.
—Rini, no hagas caso a alguien que jamás ha conocido el amor, o la amistad. Lo que debes hacer ahora es muy simple. Debes escoger lo que te haga más feliz. Ya viste lo que hay en tu cabeza. Ahora, toma la decisión.
Black Lady dejó de gritar y sus brazos cayeron al suelo, aparentemente, demasiado cansada como para seguir exclamando. Miraba a sus piernas, como fascinada por ellas, pensando en qué era lo que le hacía más feliz. A veces escuchaba las palabras del Gran Sabio, palabras que sonaban convincentes. Después de todo, si no tenía vínculos, jamás podría salir lastimada. ¿Y si, por cualquier razón, así fuera? ¿Qué haría para recuperarse del dolor? Claro, la agresión era la solución más fácil, pero, ¿sería suficiente? Porque así como ella agredía, ella sería agredida. Y el dolor volvería, esta vez con más fuerza. Confiar en sus amigos era más difícil, pero le sería más fácil soportar los malos ratos. Habría alguien que secara sus lágrimas, tendría un hombro sobre el que llorar, tendría palabras de consuelo, abrazos, risas, cosas todas que hacía del sufrimiento algo más llevadero.
Sailor Moon vio que Black Lady se ponía de pie, pero algo no andaba bien con ella. Mientras la villana devolvía la mirada a Sailor Moon, un aura rosada comenzó a emanar de su ser, como si se estuviera disolviendo en un millón de partículas de polvo. El aura comenzó a crecer y se arremolinó alrededor de Black Lady, quien desapareció en el vórtice. Tuvieron que pasar varios segundos para que el remolino se desvaneciera, dejando a una figura pequeña detrás, una figura familiar para quien hubiera conocido a Rini.
Aquel fue el turno de Sailor Moon para caer de rodillas al suelo, pero no se llevó las manos a su cabeza. En lugar de eso, se contentó con mirar a Rini, lágrimas empañando su visión, pero con una enorme sonrisa en su cara.
—¡Rini! —exclamó Sailor Moon, y la aludida giró sobre sus talones, mirando a Sailor Moon como si jamás la hubiese visto ante en su vida.
—Sailor Moon —dijo ella con voz queda, en el momento en que fue asaltada por unas imágenes terribles, imágenes de cosas que ella había hecho sin querer, siendo otra persona. Arrugó la cara y también comenzó a soltar lágrimas—. Fue mi culpa… todo esto fue mi culpa.
—¿De qué hablas? —preguntó Sailor Moon, aunque ya intuía cuál iba a ser la respuesta.
—Yo robé el Cristal de Plata en el futuro —repuso Rini en voz baja, como si no quisiera que Sailor Moon supiera la verdad—. ¡Lo robé porque quería ayudar a mi mamá! ¡Pero después me di cuenta que no podía usarlo! ¡Escapé del palacio por esa razón! Fue cuando Plu me encontró, diciendo que yo debía emprender una misión muy importante.
—Buscar el Cristal de Plata.
—Sí —dijo Rini, apenada por el error que había cometido—. Dijo que el Cristal de Plata, usado de la forma correcta, podía traer de vuelta a mi mamá. Pero yo lo intenté, y no funcionó. Me envió a este tiempo a buscar el Cristal de Plata.
—Así que… necesitas el Cristal de Plata para sacar a tu mamá de esa prisión de cristal.
—Pero no entiendo… no entiendo por qué el Cristal de Plata no funciona.
Sailor Moon se puso de pie, acercándose a Rini y arrodillándose frente a ella, mirando con gentileza.
—El Cristal de Plata no es un arma que puedes emplear a gusto —dijo, tomando ambos hombros de Rini y mostrando una sonrisa—. No es algo inerte. Puede sentir las intenciones de quien lo usa. Claro, tenías una intención noble con éste, pero la forma en que lo obtuviste también cuenta. Todavía no eres digna de poseer ese poder, Rini.
A Rini le brillaron los ojos.
—Entonces, ¿es imposible ayudar a mi mamá?
—No dije eso. Solamente dije que aún te falta algo para ser merecedora del poder del Cristal de Plata. Como descendiente de la familia lunar, tienes el potencial, pero no el mérito. Pero, si me ayudas a derrotar a Black Moon, estarás más cerca de realmente manejar ese poder, y convertirte en la auténtica heredera del trono de Tokio de Cristal.
—¿Y cómo te puedo ayudar? No soy una Sailor Senshi, ni tampoco una reina de gran poder.
Sailor Moon se puso de pie, mirando a Rini con una amplia sonrisa.
—No, pero eres una princesa.
El portal estaba listo para su función. El Gran Sabio sabía que Black Lady había perdido en contra de las Sailor Senshi, y que Diamante y Zafiro habían corrido la misma suerte. Pero aquello no importaba. El clan había cumplido con su propósito. Ahora, era su turno para mover las piezas.
El Cristal Oscuro no era algo demasiado grande para el portal que el Gran Sabio había conjurado, por lo que no hubo ningún problema en transportarlo desde Némesis hasta Tokio. Mientras el cristal descendía sobre la azotea de un edificio, el Gran Sabio percibió un peligro, uno inesperado.
Sabiendo que le quedaba poco tiempo, trasladó su ser hacia el mismo Cristal Oscuro, justo en el momento en que un proyectil de tungsteno partía por la mitad la nave, atravesando su núcleo motriz y desatando una explosión colosal. Dos mil metros más abajo, la gente vio el estallido, antes que una horrible onda de choque derrumbara todos los edificios en un radio de doscientos metros. Detritos caían como lluvia sobre las calles, aplastando a cientos de personas e hiriendo a miles más. El sonido de las sirenas de docenas de ambulancias no se hizo esperar, y la policía acordonaba la zona afectada, solicitando por radio la intervención del ejército.
No obstante todo lo anterior, el Cristal Oscuro había descendido sobre el punto exacto, sin daños. El Gran Sabio habitaba dentro de él, también incólume. Decidiendo que ya había esperado mucho, hizo que el cristal cobrara vida, buscando los nexos de energía oscura más cercanos. Inmediatamente, los cinco puntos fueron encontrados y cinco pilares fueron instalados de forma instantánea. Ahora, solamente quedaba esperar.
Veinte minutos bastarían para que el Cristal Oscuro desatara todo su poder, y Tokio no sea más que un montón de cenizas.
—¡Estoy detectando grandes picos de energía oscura en todas partes! —exclamó Sailor Mercury, sacando a Rini y a Sailor Moon de sus respectivos mundos—. ¡Era como lo temía! ¡Los nexos fueron reactivados de forma simultánea! También estoy leyendo lecturas de energía oscura en la zona metropolitana.
Sailor Mars no necesitaba de una computadora para saber que algo andaba mal. Podía sentir las vibraciones de las energías del mal en su ser, a tal punto que incluso le llegó a doler la cabeza. Sailor Jupiter y Sailor Venus no tenían poderes de percepción extrasensorial o computadoras del futuro, pero eran conscientes de lo adversa de la situación, pues todo el suelo comenzó a temblar.
Y además, estaba aquella terrorífica explosión, miles de metros sobre el suelo.
—¿Qué pudo haberla causado? —quiso saber Sailor Mars, quien lucía mistificada acerca del asunto.
—Fue un proyectil de tungsteno —dijo Sailor Mercury, pirateando los satélites militares que orbitaban sobre Tokio, y mostró las imágenes de un objeto que se movía a un velocidad absurda, impactando contra la nave, atravesándola medio a medio—. Seguramente emplearon el mismo cañón de riel que casi nos mató cuando abordamos esa nave de Black Moon.
—¿Quién?
—La armada, por supuesto. Seguramente vieron a la nave como una amenaza, y la destruyeron.
—Oh, Dios —dijo Sailor Moon, mirando hacia el centro de Tokio, donde se podía ver un aura negra crecer en tamaño—. ¿Qué es eso?
—Es la fuente de la energía oscura —dijo Sailor Mercury, apuntando su computadora hacia el aura negra—. Seguramente se trata del Cristal Oscuro, y está extendiendo su influencia hacia los nexos. Tenemos que detener el proceso, o será demasiado tarde.
—Entonces no tenemos tiempo que perder —dijo Sailor Jupiter con el ánimo por la estratósfera—. ¡Vayamos a derrotar a Black Moon de una vez por todas!
Sin embargo, cuando las Sailor Senshi se iban a poner en movimiento, notaron que Sailor Venus permanecía de pie, mirando al suelo, crispando los puños. Sailor Mercury se dirigió hacia ella, preocupada.
—¿Te ocurre algo?
—Es que… cuando vi esa aura… me di cuenta que yo estaba equivocada… y que tú estabas en lo cierto. Ahora es obvio. Pelear con Black Moon solamente era una distracción para poner en movimiento el verdadero plan mientras nosotras estábamos ocupadas. Cometí un error, y ahora, Tokio está en peligro de desaparecer. ¡Soy una tonta!
Sailor Venus comenzó a sollozar y a derramar lágrimas, y Sailor Mercury la abrazó. Sailor Venus se estremeció. Creyó que ella le iba a recriminar o sacarle en cara que había tomado una mala decisión, pero no dijo nada. Solamente la abrazaba, como diciéndole que todo estaba bien, y que juntas hallarían una solución al problema.
—Perdóname —dijo Sailor Venus, después que Sailor Mercury se hubo separado de ella—. Perdóname por creer que podía elaborar mejores planes que tú, perdóname por no confiar en ti. Se supone que una líder debe confiar en las personas que le rodean, pero… bueno… supongo que aún no estoy lista para asumir ese rol.
—No te preocupes —dijo Sailor Mercury con gentileza—. Pronto estarás lista para liderarnos. Es solamente cuestión de ir ganando experiencia. Y ahora, es momento de luchar. Tenemos un enemigo que derrotar.
Sailor Venus asintió con la cabeza.
—Por cierto —dijo, mientras se dirigía hacia las demás—, seguiremos tu plan.
—Qué bueno que lo hayas asumido —dijo Sailor Mars, oyendo las palabras de Sailor Venus.
—Ahora podremos pelear con todas nuestras capacidades —añadió Sailor Jupiter.
—Sailor Mercury —dijo Sailor Moon de manera solemne—, indícanos qué debemos hacer.
La aludida maniobró un poco la computadora de bolsillo, y unas alarmas sonaron en los teléfonos de cada Sailor Senshi.
—Les envié las coordenadas de los puntos en los que cada una de ustedes debe estar —dijo Sailor Mercury, y las demás revisaron sus teléfonos, comprobando que, en efecto, había llegado el archivo con las coordenadas. Y no solamente eso, sino que también indicaciones para llegar de la forma más rápida.
—¿Y después que lleguemos a nuestros respectivos puestos, qué? —preguntó Sailor Mars.
—Transmitiré instrucciones en ese momento —dijo Sailor Mercury, instando a las demás a que la siguieran—. No quiero que el enemigo sepa cuáles son nuestros planes hasta que sea muy tarde para ellos.
—Ya oyeron a Sailor Mercury —dijo Sailor Venus, haciendo un gesto para que las demás la acompañaran—. Tenemos que detener a Black Moon.
—¿Y qué hay de esos dos? —quiso saber Sailor Mars, señalando a Zafiro y a Diamante, quienes no se movían, y observaban a las Sailor Senshi.
—Tal vez quieran ayudarnos —dijo Sailor Moon, y no estaría equivocada.
—Sailor Moon —dijo Diamante, de repente, luciendo cohibido y apenado—, sé que jamás podré compensar lo que te hice en esa habitación, y sé que jamás me vas a perdonar por eso, pero quiero ayudarte a derrotar al Gran Sabio.
Sailor Mercury frunció el ceño.
—¿Y quién es ese tal Gran Sabio?
—Es el líder del clan Black Moon, y quien nos condujo al poder del Cristal Oscuro —dijo Zafiro, luciendo arrepentido—. Alimentó nuestro rencor hacia Tokio de Cristal por años, hasta que tuvimos el poder para vengarnos. Pero ahora nos damos cuenta que el Gran Sabio se aprovechó de eso para llevar a cabo sus propios designios.
—¡Deja de decir tonterías! —bramó Sailor Mars, esgrimiendo un puño en contra de Diamante—. ¡Violaste a Sailor Moon! ¡Jamás te perdonaremos por eso!
—Sailor Mars —dijo Sailor Mercury con calma—, deberías calmarte. Diamante nos está ofreciendo la posibilidad de ayudarnos. ¿No te has puesto a pensar que podría tener información vital para derrotar a nuestro enemigo? Deberíamos aprovechar su oferta, ahora que están de nuestra parte.
—Haremos lo que sea necesario para derrotar al Gran Sabio —dijo Zafiro con convicción. Sailor Mars bufó, pero no dijo nada. Sailor Venus apremió a los demás, y corrieron a todo lo que daban sus piernas, pero Sailor Moon se quedó atrás.
—¿Y ahora qué pasa? —dijo Sailor Venus con apremio.
—Tengo que llevar a Rini a un lugar seguro.
—No quiero ir a un lugar seguro —dijo Rini con voz queda, pero audible—. Quiero pelear con ustedes. Quiero ayudar a salvar al Tokio de este tiempo. Ya bastante ha pasado por mi culpa.
Las demás Sailor Senshi se quedaron en silencio, ponderando lo que Rini había dicho. Al final, fue Sailor Moon quien respondió por las demás.
—Si ves que es demasiado peligroso, quédate atrás, ¿de acuerdo?
Rini asintió con la cabeza, mostrando una sonrisa.
—Sonaste como mi mamá —dijo, tomando la mano de Sailor Moon y derramando algunas lágrimas.
—Vamos —dijo Sailor Moon, y Rini la siguió.
No obstante, no alcanzaron a recorrer una cuadra cuando el suelo comenzó a temblar de forma violenta. Grietas aparecieron en el pavimento y en las aceras, y la gente comenzó a gritar a causa del pánico. Los edificios se zarandeaban de un lado a otro, y algunas casas se caían a pedazos.
—¡Tenemos menos tiempo del que pensé! —exclamó Sailor Mercury, consultando su computadora con sus cuatro extremidades en el suelo—. ¡Chicas! ¡Vayan a sus respectivos puestos! ¡Sailor Moon, llévate a Rini contigo! ¡Zafiro, Diamante, monten una distracción! ¡El Gran Sabio no puede saber cuál es nuestro plan!
Una vez asignadas las tareas, todos se separaron. Sin embargo, a medida que cada Sailor Senshi se internaba en una calle distinta, un mal presentimiento las tomó por asalto. No sabían por qué, pero tenían la impresión que aquella sería la última vez que lucharan juntas como Sailor Senshi.
Nota: No sé si se habrán dado cuenta, pero en esta historia no retraté a una Black Lady incestuosa (hay que recordar que en el anime, Black Lady se comportaba de una forma muy peculiar con Darien).
Saludos lunares.
