XLVIII
Una batalla por el futuro, Parte 2

Tokio, 11 de marzo de 1992, 10:24a.m.

El Gran Sabio seguía reuniendo el poder del Cristal Oscuro a través de los cinco nexos de energía oscura, observando los movimientos de las Sailor Senshi y de los desertores, tratando de predecir cuáles serían sus siguientes estrategias. Sin embargo, por alguna razón, no podía consultar su bola de cristal para adivinar cuál era el plan de sus enemigos. Luego, se percató que la energía del Cristal Oscuro estaba interfiriendo con sus dotes de clarividencia.

No importa se dijo el Gran Sabio, contemplando desde la gran estructura de cristal, cómo Diamante y Zafiro se acercaban hacia su posición. Ninguno de los dos llevaba lunas negras en sus frentes. Aquello le confirmó que ambos ya no eran sus seguidores.

Hay una sola razón por la que ellos están aquí se dijo el Gran Sabio, con calma, sin apresurarse, pues sabía que las prisas eran las armas del enemigo, sobre todo para alguien como Sailor Mercury. Ella era, por lejos, su adversario más peligroso en ese momento, pues habían sido sus planes los que le habían llevado a ese punto, y sabía que estaba urdiendo una estrategia para poner fin a sus esquemas. Ellos solamente son una distracción. Las Sailor Senshi están tramando algo. No debo subestimar a estos enemigos. Esmeralda y Black Lady pagaron el precio por eso. Yo no caeré en la misma trampa.

El Gran Sabio extendió sus brazos, y el Cristal Oscuro aumentó de tamaño, cubriendo el edificio sobre el que había caído, y formando lo que parecían raíces, las cuales penetraron el suelo, sirviendo de cimientos.

Bien. Así, no podrán destruir este cristal. Falta muy poco para que llegue a su máximo poder. Pronto, Tokio no será más que un páramo sin vida. Tokio de Cristal no será más que un espejismo.

El Gran Sabio vio cómo Diamante y Zafiro se aproximaban a la fachada de la estructura del Cristal Oscuro. ¿Acaso quieren entrar? ¡Les reto a que lo hagan! ¡Traidores, su hora ha llegado!

En el momento que Diamante y Zafiro estuvieron a punto de llegar al enorme cristal, una enorme bola de energía casi los destruyó. Alcanzaron a hacerse a un lado, mientras que la bola hizo pedazos un edificio cercano, matando cientos de personas al mismo tiempo.

Ilusos. No caeré en la trampa. No voy a salir de este cristal hasta que haya desatado su poder en este ciudad. ¿Creen que soy tonto? Si quieren derrotarme, entren, y desafíenme. De todas formas, jamás podrán derrotarme.

Diamante y Zafiro se miraron por unos cuantos segundos, al cabo de los cuales, ambos asintieron con la cabeza, y se adentraron en el cristal. Les habría resultado imposible penetrar la estructura si el Gran Sabio no se los hubiera permitido. No obstante, a sabiendas de que estaban cayendo en una ratonera, Diamante y Zafiro siguieron adelante, al tanto de que podrían perder la vida siguiendo el plan de Sailor Mercury.

El interior del Cristal Oscuro no era como ambos lo habían imaginado. Mientras eran miembros de Black Moon, el Gran Sabio les había hablado del Cristal Oscuro, y que su interior no era, en absoluto, oscuro, sino que se trataba de un lugar lleno de luz, y cuyo poder era infinito, y que, de ese modo, Black Moon había obtenido el poder que en ese momento poseían. Sin embargo, lo que estaban viendo en ese preciso minuto no era lo que el Gran Sabio había descrito. El interior del Cristal Oscuro era igual que en el exterior, solamente que la oscuridad reinante no era como la que uno esperaría encontrar cuando alguien apaga la luz en una habitación. No. Había más que oscuridad visual en ese lugar. Se trataba de una oscuridad que podía palparse con los dedos, podía olerse, podía saborearse y podía sentirse en forma de una horrible opresión en el pecho.

—¿Acaso es este el poder que ahora poseemos? —preguntó Zafiro, luciendo asqueado por lo que estaba viendo y sintiendo—. ¿Así de corruptos estamos por dentro?

—Así es —dijo una voz tenebrosa que parecía provenir desde las alturas—. Esta oscuridad es parte de ustedes, por mucho que pretendan pertenecer al bando del bien. Jamás serán puros.

—Lo dices porque jamás has sentido el poder del Cristal de Plata en carne propia —dijo Diamante, sin alzar la voz, juzgando que bien podrían ser las últimas palabras que dijese—. Ahora, muéstrate. No seas cobarde, si es que tanta confianza tienes en el poder que posees ahora.

Hubo un rato de silencio, durante el cual Diamante y Zafiro se quedaron mirando hacia la nada, hasta que una figura conocida apareció frente a ellos. El Gran Sabio, un ser al que jamás le habían visto la cara, cubierto por una capa y que manejaba siempre una bola de cristal, proporcionando información, luciendo como un simple vasallo, cuando en realidad era al revés.

—No debieron haber entrado en este lugar —dijo el Gran Sabio, acercándose lentamente a Diamante y Zafiro—. Y aun así, lo hicieron. Si esto es parte de un plan, o si ustedes dos se volvieron locos, no me importa en lo más mínimo. De todos modos, las Sailor Senshi no me podrán alcanzar aquí. Este cristal es impenetrable para los seres de la luz.

—Hemos venido a poner fin a tu maldad, Gran Sabio —dijo Diamante, esgrimiendo un puño en contra de su oponente—. Por demasiado tiempo nos has estado controlando desde las sombras. Ya no más.

Diamante dio un paso adelante, extendió ambos brazos, y lanzó un chorro de energía, que fue bloqueado por el Gran Sabio con sus propios poderes. Zafiro no quiso quedarse atrás, e hizo lo mismo, pero su enemigo no retrocedió. De hecho, aumentó la intensidad de sus poderes, haciendo retroceder a Diamante y a Zafiro, quienes estaban llegando al límite de sus fuerzas.

—Es inútil —dijo el Gran Sabio, en el momento que un brillo fugaz le indicó que el Cristal Oscuro había llegado al tope de su poder—. Aunque ambos unan sus fuerzas, no podrán vencerme. Estoy en mi elemento, estoy en la oscuridad. Ustedes renunciaron a ella por culpa de Sailor Moon. ¡Merecen morir!

Una ráfaga de energía hizo que Diamante y Zafiro salieran expulsados fuera del Cristal Oscuro, rodando por el piso y deteniéndose a unos cuantos metros de la calle. Diamante se pudo poner de pie a duras penas, viendo que el cielo se había oscurecido y que todo había sido destruido en un radio de doscientos metros. Había personas entre los escombros, varios de ellos ensangrentados, sosteniendo hijos muertos, esposas muertas, maridos muertos, otros clamando por ayuda en las calles, y algunos protestando por la destrucción de la ciudad.

¿De verdad nosotros ayudamos a que todo esto sucediera? se dijo Diamante, mientras Zafiro se sacudía la cabeza y se ponía lentamente de pie, contemplando la misma desolación, y haciéndose la misma pregunta que Diamante, pero con otras palabras.

En el interior del cristal, el Gran Sabio estaba a punto de desatar todo el poder del Cristal Oscuro, con el fin de arrasar Tokio. Fue cuando se sintió una pequeña vibración, que el Gran Sabio despreció. De todos modos, era tanto el poder que había dentro del cristal que fenómenos como ese eran totalmente esperados.

Lo que no esperó en absoluto, fue que la vibración se convirtiera en un temblor, para luego transformarse en una sacudida que estremeció todo el cristal. El Gran Sabio notó que el suelo se estaba agrietando rápidamente y, en menos tiempo del que le tomaba a alguien exhalar, el piso colapsó y el cristal comenzó a caer en caída libre. El Gran Sabio no entendía nada de lo que estaba pasando, y se ocupó de sobrevivir al desastre, mientras veía cómo sus planes se resquebrajaban y se caían a pedazos, tal como el cristal que se suponía que iba a ser el final de Tokio.

Cuando todo hubo pasado, el Gran Sabio vio, con gran pesar y rabia, los trozos de lo que alguna vez había sido el Cristal Oscuro, diseminados entre tuberías, pedazos de hormigón y barras de acero dobladas. El lugar lucía como si fuese el subterráneo de algún edificio y, por desgracia, no estaba tan lejos de la verdad.

¿Qué diablos fue lo que pasó? ¿Un terremoto? ¿Acaso las fundaciones del edificio no eran estables? No, no puede ser. Lo vi todo en la bola de cristal. Hoy no hay terremotos en la ciudad, y el edificio posee cimientos sólidos. Tiene que haber sido una fuerza externa la que derrumbó el edificio…

Fue cuando el Gran Sabio lo supo.

Sin querer, había hecho lo mismo que había jurado no hacer.

Subestimar a las Sailor Senshi.

Especialmente a Sailor Mercury.

Veinte minutos atrás

Sailor Mercury había recibido confirmación de que todas sus compañeras se encontraban en sus respectivas posiciones. Consultó su computadora de bolsillo y comprobó que Diamante y Zafiro se encontraban frente a la estructura de cristal. Juzgó que era el momento adecuado para entregar las instrucciones finales a sus amigas.

—De acuerdo, esto será lo que haremos —dijo Sailor Mercury a través de su computadora (que hacía las veces de teléfono inteligente)—. Las ubicaciones en las que ustedes se encuentran no son producto del azar. Hice un análisis geológico de la zona circundante al edificio donde se encuentra el cristal, y comprobé que existe una línea de falla presente en el lugar. Es una falla muy pequeña, insuficiente para que un terremoto pueda derrumbar el edificio, pero pude determinar algunos puntos en los que esta falla puede aumentar de tamaño y causar daños significativos al cristal, incluso romperlo por completo.

—¿Y cómo hacemos eso? —preguntó Sailor Venus, quien no lucía muy convencida de lo que estaba escuchando. Sailor Mercury entendía a la perfección sus reparos, por lo que se apresuró en explicar cuál iba a ser el plan.

—Tenemos que derrumbar el edificio sobre el que se asienta el Cristal Oscuro —dijo Sailor Mercury, con una voz clara y alta, de forma que sus amigas entendieran completamente—. No podemos hacerlo en la superficie, pues el enemigo se dará cuenta de lo que intentamos hacer. Tiene que hacerse desde el subsuelo. La falla geológica de la que hablé solamente posee unos cuantos milímetros de grosor, y necesitamos hacerla más grande, de modo que los cimientos pierdan sustentación y el edificio colapse por su propio peso. La forma en que los haremos, será la siguiente.

Sailor Mercury consultó nuevamente su computadora, de modo de asegurarse que todas sus amigas estuvieran exactamente en la misma posición. Una vez hecho esto, explicó la siguiente parte del plan.

—Lo que debemos hacer es simple: usar nuestros poderes en la falla —dijo Sailor Mercury a las demás, sintiéndose cada vez más confiada en su plan—, pero debemos hacerlo en un orden concreto. Primero será Sailor Venus, quien usará su cadena en la falla para hacerla más amplia. Luego será el turno de Sailor Jupiter. Deberá mantener su ataque relámpago por el tiempo suficiente para que yo pueda usar mi ataque de agua y congelar el rayo. Una vez hecho esto, Sailor Moon empleará su cetro en el rayo congelado, de forma de dilatar aun más la falla, y, por último, el ataque de fuego de Sailor Mars actuará como detonador, haciendo estallar la falla, colapsando el subsuelo y derrumbando el edificio. Los tiempos en los que debemos hacer esto serán críticos. Todo el proceso no debe tomar más de dos minutos, o no podremos escapar de la explosión a tiempo. Tampoco puede ser muy corto el lapso, pues el estallido no tendrá la suficiente fuerza para echar abajo el edificio. Yo me ocuparé de que los tiempos sean los correctos. ¿Alguna pregunta?

—Yo tengo una —dijo Sailor Moon, en un tono que daba a entender que le estaba pasando algo serio—. ¿Me puedo comer un bollo de carne con arroz? ¡Es que me dio mucha hambre!

Las demás se llevaron una mano a la cara, negando con la cabeza.

—¡Serena! —gruñó Sailor Mars, con la cara contorsionada por la ira—. ¡Métete tus bollos con carne donde no alumbre el sol!

—Pero…

—¡Ya basta de cháchara! —interrumpió Sailor Venus, callando a las dos en el acto—. Tenemos un enemigo que derrotar, ¿recuerdan?

A partir de ese momento, ya no hubo más conversación. Las cinco se encontraban listas para desempeñar su rol en el plan de Sailor Mercury. Solamente faltaba el vamos de la operación.

—¡Ahora! —exclamó Sailor Mercury, activando el cronómetro, controlando que los tiempos fuesen los correctos.

Sailor Venus lanzó su cadena contra la fisura en el túnel de alcantarillado, cuidando que atravesara toda la falla. Se sintió un temblor leve cuando eso ocurrió, lo que le dijo a Sailor Mercury que Sailor Venus había tenido éxito. Otro temblor, un poco más fuerte que el anterior, le indicó que Sailor Jupiter estaba sosteniendo su ataque de rayos. Podía ver haces de luz escapar de la fisura, y supo que su turno había llegado.

Bien, vamos a congelar este rayo.

Sailor Mercury ejecutó su ataque de agua, llenando las fisuras y congelándose al instante. Los haces de luz dejaron de brotar de las grietas.

—¡Sailor Moon! ¡Te toca!

Los rayos congelados comenzaron a aumentar de tamaño, así como la envoltura de hielo. Todo estaba discurriendo de acuerdo al plan, lo que trajo cierto alivio a Sailor Mercury. Sin embargo, faltaba el paso más peligroso de todos. Sailor Mars debía encontrarse a la distancia precisa para lanzar sus llamaradas y escapar de las cloacas sin que resultase herida. Y lo mismo se aplicaba para las demás. De hecho, aquel era el momento para retirarse. Dio la indicación a Sailor Venus para que las que ya hubieran realizado su parte salieran de las alcantarillas. Solamente quedaba Sailor Mars.

—Estás muy lejos de la grieta —le indicó Sailor Mercury, una vez que se encontró a salvo—. Acércate cinco pasos.

El punto que representaba la posición de Sailor Mars en la computadora de Sailor Mercury avanzó un poco, posicionándose en el anillo que indicaba la distancia a la que era seguro lanzar sus llamas.

—Ahora sí. Procura no moverte al ejecutar tu ataque.

Segundos más tarde, una sacudida tan poderosa como un terremoto de grado 7 en la escala de Richter envió a las Sailor Senshi al suelo. No obstante, Sailor Mercury no perdió tiempo y escapó por las cloacas, alejándose del lugar de la explosión, notando que había una nube de polvo acercándose a ella. Decidió emplear su visor para consultar la posición de sus compañeras, a medida que la nube de polvo perdía velocidad, deteniéndose a veinte metros de donde se encontraba Sailor Mercury. Consultó la posición de las demás, y vio, para su alivio, que ninguna de ellas se encontraba dentro del radio de la explosión. Decidió comunicarse con ellas, para asegurarse que siguieran con vida.

—Estoy bien —dijo Sailor Mars, jadeando a causa del esfuerzo por correr como alma que llevaba el diablo—. Tengo algunas magulladuras menores, nada serio.

—Yo igual —añadió Sailor Jupiter—, aunque tengo una herida en la cara porque me saltó una esquirla. ¡Demonios!

—Tampoco tengo heridas graves —dijo Sailor Venus—, aunque me está saliendo un poco de sangre en las piernas, pero no es nada.

—Chicas —dijo Sailor Moon, quien hablaba en un tono bajo, como si no pudiera respirar apropiadamente—, Rini está a salvo, sin rasguños, pero deben continuar sin mí.

A todas las demás se les retorcieron las tripas al escuchar a Sailor Moon hablar de esa forma. En cuestión de minutos, las Sailor Senshi se reunieron en la posición de Sailor Moon, solamente para confirmar la gravedad de la situación.

Sailor Moon había sido atravesada por un trozo de metal, el cual se asomaba por su pecho, manchando su uniforme con sangre, a meros centímetros de donde se encontraba su corazón. Rini se encontraba a su lado, mirando con mucha preocupación a la Sailor Senshi.

—Dios santo —dijo Sailor Venus, acercándose a Sailor Moon, temblando de la cabeza a los pies.

—No te dejaremos aquí —añadió Sailor Mars, y Sailor Jupiter extrajo el trozo de metal de su pecho, y Sailor Mercury congeló la herida, de modo que no brotara más sangre de ésta. Sailor Moon comenzó a recuperar el color de su cara, aunque aún lucía débil.

—Es ahora cuando más te necesitamos —dijo Sailor Mercury, ayudando a Sailor Moon a ponerse de pie—. No te rindas. Nosotras no te vamos a abandonar.

Sailor Moon, a duras penas, pudo sostenerse con sus dos pies, ayudada por Sailor Mercury y Sailor Mars.

—Tienen razón —dijo, sintiendo que recuperaba la voz—. Hay un enemigo al que derrotar.

Y el grupo se internó en las alcantarillas, rumbo hacia el boquete que había dejado la falla. Sailor Jupiter y Sailor Venus se encargaban de remover escombros, una con su fuerza, y la otra con su cadena, recibiendo ayuda de Sailor Mercury, cuyos poderes hacían los escombros más frágiles.

Sailor Mercury vio, a través del visor, que se estaban acercando al lugar donde se emplazaba el Cristal Oscuro. Tuvieron que atravesar otro muro de escombros para llegar a una zona libre de detritos, iluminada por la luz del sol. Y allí, en medio de los trozos del Cristal Oscuro, se encontraba el Gran Sabio.

—Estás perdido —dijo Sailor Jupiter, esgrimiendo un puño en contra del Gran Sabio—. Tu querido cristal está roto en mil pedazos. ¡Ya no puedes hacer nada!

Sin embargo, una risa de ultratumba hizo que la sangre de las Sailor Senshi se congelara.

—Al contrario, Sailor Jupiter —dijo el Gran Sabio, alzándose por encima de sus adversarios—, ustedes son las que están perdidas.

Y alzó ambos brazos, haciendo que los trozos del Cristal Oscuro flotaran y se arremolinaran alrededor del Gran Sabio. Las Sailor Senshi tuvieron que protegerse con los escombros restantes, de modo que ningún trozo del cristal les hiriera. Con asombro y miedo, vieron que los restos del Cristal Oscuro se acercaban a la figura del Gran Sabio, envolviéndolo, para luego penetrar en él, irradiando luz oscura en todas direcciones. El cielo sobre él se ennegreció aún más, y rayos comenzaron a caer sobre el agujero que había dejado la explosión de la falla.

—No pueden ganarme, no mientras quede siquiera un fragmento del Cristal Oscuro —dijo el Gran Sabio, sufriendo una transformación, a medida que la luz negra iba disminuyendo en intensidad. Sailor Moon vio que su enemigo estaba creciendo de tamaño, y que sus manos se transformaban en garras. La bola de cristal desapareció, y, en el lugar donde se suponía que estaba la cabeza, brilló una luna creciente de color púrpura. Los rayos se hicieron cada vez más frecuentes.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Sailor Venus, mirando a Sailor Mercury, pensando que ella estaba analizando la situación con frialdad. No estaba equivocada.

—Nuestro enemigo está rodeado por un aura de energía oscura, la que proviene de su mismo cuerpo —dijo Sailor Mercury, mirando al Gran Sabio con su visor—. Nuestros ataques no van a servir contra este adversario, aunque combinemos nuestros poderes. La única forma en que tengamos una oportunidad para ganar, es que Sailor Moon use el Cristal de Plata.

Las demás miraron a Sailor Mercury como si ella se hubiera vuelto loca.

—¿Pero qué estás diciendo? —increpó Sailor Mars, mirando a Sailor Moon con mucha preocupación—. Ella apenas puede ponerse en pie. Si usa el Cristal de Plata, la va a matar de seguro.

—Sailor Mars tiene razón —acotó Sailor Venus, también mirando a Sailor Moon—. No puedes pedirle que haga semejante cosa. Ya viste lo que pasó cuando derrotamos a Metalia.

—Lo haré —dijo Sailor Moon con voz queda, alejándose de Sailor Mercury y Sailor Mars—. No me importa si pierdo la vida derrotando a este enemigo. El mal no puede triunfar. No lo voy a permitir.

Sailor Moon se adelantó a las demás, y extendió ambos brazos hacia el cielo.

—Por favor, Cristal de Plata, necesito de tu poder una vez más. Ayúdame a liberar este mundo de la oscuridad.

Mientras el brillo plateado aparecía entre las manos de Sailor Moon, Rini observaba la escena con ojos brillantes. Durante el tiempo que había pasado en el presente, había creído que Sailor Moon era la más débil de las cinco, pues no poseía los poderes que tenían las demás. Sin embargo, mientras la veía ofrecer su vida para derrotar al Gran Sabio, entendió que no siempre había que tener poderes para ser fuerte. A veces bastaba con tener el coraje y la determinación suficiente para hacer frente al peligro.

Y el rayo plateado brotó de las manos de Sailor Moon.

—Sailor Moon —dijo el Gran Sabio, alzando los brazos hacia el cielo, y bajándolos con violencia, al tiempo que un rayo negro escapaba de sus manos, bloqueando fácilmente el ataque de Sailor Moon. Sailor Mercury, por otro lado, notó que Sailor Moon no había sufrido ningún cambio. La última vez que había sostenido el Cristal de Plata en sus manos, se había transformado en la princesa de la luna.

—Algo anda mal —dijo Sailor Mercury, mirando la batalla con ojos brillantes, sudor corriendo por su frente.

Sailor Mars la miró, rodando los ojos.

—Por supuesto que algo anda mal —gruñó, dando un paso hacia Sailor Mercury—. Sailor Moon está peleando en muy mal estado. ¿Te has dado cuenta que puede morir, verdad?

—Lo sé —replicó Sailor Mercury, elevando un poco el tono de su voz—, pero no veo otra forma de derrotar al enemigo. ¿Tienes alguna mejor idea?

Con esas palabras, Sailor Mars se quedó callada, sin nada qué rebatir. Ella no era quien proporcionaba las ideas, ni formulaba los planes. Sus calificaciones tampoco eran fuera de serie. A continuación, lamentó ser tan dura con Sailor Mercury, pues ella era la única que estaba pensando con claridad en ese momento.

—La voy a ayudar —dijo una voz chillona, y Sailor Mercury se dio cuenta que había sido Rini quien había hablado.

—¿Y en qué podrías ayudarla? —preguntó, arrodillándose frente a Rini y mostrando una sonrisa triste—. Lo único que vas a conseguir es que te maten. Deberías confiar más en Sailor Moon.

—Pero… pero no quiero que muera —dijo Rini, con lágrimas en los ojos—. Ella… ella es mi madre. Si muere, yo dejaré de existir.

Sailor Mercury estaba muy al tanto de lo que podría pasar con Rini si Sailor Moon perdía la batalla. Sin embargo, debía reconocer que tenía mucho temple al ofrecerse a ayudar a su futura madre. Después de todo, ella se sentía culpable de haber causado tantos problemas en el presente…

—¡Eso es! —exclamó Sailor Mercury de repente, poniéndose de pie con renovadas energías—. Rini, debes ayudar a Sailor Moon.

La aludida miró a Sailor Mercury con desconcierto.

—Pero acabas de decir que…

—No hay tiempo. Ve a ayudar a Sailor Moon. Sabes lo que debes hacer.

Rini se quedó un momento en blanco, antes de darse cuenta que Sailor Mercury tenía razón. Sabía exactamente lo que debía hacer a continuación.

Reparar sus errores.

Sailor Moon estaba llegando al límite de sus fuerzas cuando Rini llegó a su lado. Como Sailor Moon lo había hecho antes, Rini alzó sus brazos al cielo, cerrando los ojos, y diciendo las mismas palabras que su futura madre, con la misma intención y con la misma fuerza. La sorpresa invadió a las demás Sailor Senshi cuando vieron que un brillo plateado había aparecido entre las manos de Rini.

—¿Pero qué pasa? —quiso saber Sailor Mars, desconcertada.

—Rini robó el Cristal de Plata de su madre —explicó Sailor Mercury, sonriendo—. Apareció dentro de ella cuando Sailor Moon la atacó mientras era Black Lady. En ese momento no sabía cómo emplearlo, pero ahora lo sabe, sobre todo cuando sabe que su propia existencia se encuentra en juego.

Sin embargo, Rini no atacó al Gran Sabio con su Cristal de Plata, sino que le dio fuerzas a Sailor Moon con éste, curando sus heridas y haciendo que sufriera una transformación. Sin embargo, Sailor Moon no se había convertido en la princesa, sino que tenía la forma de la Neo Reina Serena. Rini también había sufrido una transformación, y ahora vestía ropas propias de una princesa.

—Pequeña Dama —dijo la Neo Reina, mirando a Rini con gentileza—, finalmente entiendes cómo usar el poder del Cristal de Plata. ¿Recuerdas lo que te dije antes de venir hasta aquí?

—Soy una princesa —dijo Rini, mostrando una sonrisa.

—La auténtica heredera de Tokio de Cristal. Ahora, ayúdame a vencer al Gran Sabio. Salgamos juntas de este problema.

—Mamá —murmuró Rini con ojos brillantes.

—Impertinentes —dijo el Gran Sabio, bajando aún más los brazos, empleando todas sus energías en aplastar a Sailor Moon y a las demás—. No podrán ganar. El poder del Cristal Oscuro fluye por mi cuerpo ahora. Nada puede detenerme.

La Neo Reina y la Pequeña Dama alzaron sus brazos hacia el cielo, y los dos rayos plateados se convirtieron en uno, espantando las nubes negras, haciendo que el sol arreciara fuerte sobre el boquete. Y mientras tanto, el rayo negro del Gran Sabio iba retrocediendo gradualmente.

—¿Por qué está pasando esto? —dijo el Gran Sabio, mirando cómo su rayo estaba siendo repelido—. Se supone que en mí está el poder del Cristal Oscuro. El Cristal de Plata no puede contrarrestar mi fuerza. Sailor Moon está muy débil, y el conejo no debería ser una gran ayuda.

—¡Ganamos, Pequeña Dama! —exclamó la Neo Reina, en el momento en que la fuerza del Cristal Oscuro falló, y el Gran Sabio fue envuelto en luz plateada. Un ardor como jamás había experimentado antes fue lo último que sintió antes de deshacerse en una voluta de humo negro.

Las Sailor Senshi suspiraron de alivio al ver que el enemigo finalmente había sido derrotado. Por otro lado, la Neo Reina volvió a su forma de Sailor Moon, cayendo al suelo, aparentemente sin vida, mientras que la Pequeña Dama volvió a ser Rini, pero ella no se desmayó, sino que se inclinó frente a Sailor Moon, tratando de saber si se encontraba viva o no.

—Ella está viva —dijo Rini, quien lucía aliviada al ver que su existencia no se vio amenazada. Las Sailor Senshi volvieron a suspirar, cayendo de rodillas, sendas sonrisas adornando sus caras, lágrimas resbalando por sus mejillas.

—Ganamos —dijo Sailor Venus, apenas pudiendo creérselo—. Y yo que pensé que no teníamos muchas posibilidades.

—Sailor Moon nos volvió a salvar —dijo Sailor Mars, limpiándose las lágrimas con un brazo.

—Sí, pero creo que la verdadera heroína de esta batalla fue Sailor Mercury —dijo Sailor Jupiter, mirando a su compañera con orgullo—. Nunca perdió la cabeza, nos guió a través de situaciones difíciles, y fueron sus ideas y sus planes los que nos condujeron a la victoria.

—Estoy de acuerdo —añadió Sailor Venus, teniendo sentimientos encontrados en su mente, pues no siempre estuvo de acuerdo con los planes de su amiga—. Y yo creyendo que podía hacer lo mismo que ella. Yo no habría podido lograr lo que tú lograste, Sailor Mercury. De parte de todas nosotras, gracias… por salvarnos la vida con tu cabeza.

Sailor Mars también miraba a Sailor Mercury del mismo modo que las demás, y ella no pudo evitar ponerse colorada. Pese a que había mantenido la cabeza fría desde que viajaron al futuro, en esa ocasión, escuchando los elogios de sus compañeras, compuso una amplia sonrisa, derramando algunas lágrimas también.

—Gracias, chicas —dijo, poniéndose de pie, e instando a que las demás hicieran lo mismo—. Ahora, ¿qué les parece si llevamos a Sailor Moon a un hospital?

Las demás asintieron con la cabeza sin dudarlo.


Nota: Con este capítulo, acaba todo el arco de Black Moon. Y… parece que me explayé demasiado. En fin, lo que quería decir es que, no sé si lo han notado, pero a lo largo de todo el arco, Amy/Sailor Mercury tuvo más protagonismo que las demás. Esto es intencional. A medida que avance la historia, verán por qué estoy haciendo las cosas de este modo.

Saludos lunares.