LIX
El amor de una gata

Tokio, 8 de julio de 1992, 10:19p.m.

Las Sailor Senshi (54) se habían quedado de piedra al darse cuenta que, después de mucho tiempo, habían encontrado a su princesa. No obstante, ella estaba protegiendo a Polaris, su madre, y, lo quisieran o no, estaba entorpeciendo su labor. La princesa no tenía idea que su madre se había vuelto malvada, a causa de su relación con Sailor Galaxia.

—¡Cristalia! —exclamó Sailor Tourmaline, dando un paso hacia delante—. ¡Polaris se ha vuelto malvada! ¡Aléjate de ella!

Molly se quedó mirando a sus guardianas, sin entender. No podía ser que su madre hubiera caído en la oscuridad, era sencillamente imposible. Su madre era la mujer más amable y bondadosa que hubiera conocido alguna vez.

—No la lastimen, por favor —dijo Molly con la voz quebrada—. Ella no quiere nada malo con nosotras.

—No tienes todos tus recuerdos —dijo Sailor Turquoise, notando que Polaris, quien se encontraba detrás de Molly, se acercaba a ella con las manos extendidas—. ¡Cuidado! ¡Detrás de ti!

Molly giró sobre sus talones, pero era demasiado tarde. Polaris la atrapó y la convirtió en un bloque de hielo al instante. Las Sailor Senshi quedaron petrificadas al ver lo que había ocurrido. Sailor Silver Moon iba a atacarla una vez más, pero Polaris alzó una mano, deteniéndola a medio camino entre sus amigas y su objetivo. Había alzado la otra mano por sobre el bloque de hielo, amenazando con romperlo, y de paso, asesinar a Molly.

—Eso, manténganse alejadas —dijo Polaris, soltando carcajadas—. Considérenlo un castigo por desafiarme. Pero las cosas se ponen mejor, oh, sí. Les daré treinta minutos para que me entreguen el Diamante de Hielo. Si lo hacen, les devolveré a su princesa, pero si no… bueno… no estoy por encima de matar a mi hija por conseguir lo que quiero. Recuerden, treinta minutos, ni más, ni menos.

—Supongamos que hacemos lo que nos pides —dijo Sailor Tourmaline, con un notorio temblor en la voz—. ¿Dónde podremos encontrarte?

—Supongo que Sailor Amethyst tiene artefactos para detectar puntos fríos —repuso Polaris en un tono gélido—. Me encontrarán en el punto más frío de la ciudad. Ahora, dense prisa, porque el reloj ya se puso en marcha. Les sugiero que sean diligentes.

Y, con una última carcajada maligna, Polaris desapareció en un torbellino de nieve, dejando a las Sailor Senshi con un cúmulo de pensamientos en sus cabezas. Lejos, la más furiosa era Sailor Silver Moon, pues había tenido la oportunidad de acabar con Polaris, de no ser por el ataque a Sailor Amethyst.

—¿Alguien puede sacarla de ese bloque de hielo? —preguntó, mirando a cada una de sus compañeras. Sailor Tourmaline se acercó lentamente, y puso una mano sobre la superficie helada. Soportando el frío, hizo que su mano temblara rápidamente, de modo que las vibraciones resultantes rompieran el hielo, como al final ocurrió.

El bloque se deshizo en miles de cristales más pequeños, y Sailor Amethyst cayó de rodillas al suelo, pero Sailor Silver Moon impidió que su cabeza diera contra el pavimento. La movió suavemente, pero ella seguía inconsciente, y asumió que debía pasar un tiempo para que recuperara el sentido.

—Ten paciencia, Sailor Silver Moon —dijo Sailor Tourmaline con delicadeza—. Sabemos que ella es importante para ti, pero ten en cuenta que se sacrificó por ti. Lo menos que puedes pedirle es un poco de tiempo para recuperarse.

—¿Adónde la llevo?

—A nuestra habitación —dijo Sailor Tourmaline, quien había regresado a su forma normal—. Allí encontrará descanso.

—¿No a un hospital?

—Solamente necesita calor —explicó Nicole gentilmente—. Podrías quedarte a su lado, ya sabes, para hacer el proceso más rápido y fácil para ella.

—De acuerdo.

Cuando todas regresaron a la normalidad, se dirigieron rápidamente hacia la habitación. Iban a necesitar la ayuda de Violet para encontrar el Diamante de Hielo, antes que Polaris matara a su hija.

Faltaban veinticinco minutos para la tragedia.

En ese mismo momento

Kakeru había invitado a la chica del cabello naranjo amarillento al interior de la casa. Ella, quien se había identificado como Touka Inoue, dijo que era una periodista y que se había interesado en la investigación de Kakeru sobre la existencia de la diosa de la luna. No obstante, Luna había notado la estrella negra en el vestido de Touka, y supo que debía pertenecer a la misma organización para la que trabajaba Eudial. Pero no tenía ninguna forma de poner sobre aviso a Kakeru, y aún sentía sus extremidades débiles. No quería que él fuese víctima de lo que fuese que esa mujer iba a hacerle.

—¿Alguna chica que haya cautivado su corazón? —decía Touka, con especial énfasis.

—Bueno, había una —repuso Kakeru, componiendo una expresión de tristeza—, pero ella… bueno… tenemos algunas diferencias de opinión insalvables, y es por eso que nunca podremos estar juntos.

Por alguna razón, Touka se vio más entusiasmada que antes. Luna notó que sus ojos brillaban más de lo usual, algo típico en chicas que estaban coladas por hombres atractivos. Bueno, no se equivoca se dijo Luna, enrojeciendo cuando cobró conciencia de lo que había dicho. No seas tonta, Luna, eres una gata, y él una persona. Hay un abismo entre nosotros. Si tan sólo fuese humana…

—Esa es una verdadera pena —dijo Touka, sin sonar realmente apenada—. ¿Y, según usted, existe una diosa de la luna?

—Por supuesto, pero nadie me cree —repuso Kakeru, contento por ver que, al fin, alguien le estaba tomando en serio con respecto a sus creencias—. Espero que, algún día, mis investigaciones respalden mis teorías.

—Eso sería una auténtica revolución para la comunidad científica —dijo Touka, compartiendo el entusiasmo de Kakeru—. Esperemos que sus esfuerzos se vean recompensados a corto plazo.

—Lo serán.

—Ahora, si me disculpa, ¿le puedo sacar unas fotografías?

—No hay problema —accedió Kakeru, adoptando una postura más apropiada para la ocasión. Luna, viendo a Kakeru, se dio cuenta que él estaba más o menos acostumbrado a recibir esa clase de atención, tratándose de un científico reconocido. No obstante, cuando Touka sacó su cámara, Luna se dio cuenta que no era un artefacto común y corriente. Para empezar, el lente no era circular, como pasaba con el resto de las cámaras en existencia, sino que tenía forma de estrella. Segundo, la cámara no parecía pertenecer a ninguna marca en concreto. Al parecer, Kakeru también se dio cuenta de la peculiaridad, a juzgar por lo que dijo después.

—Extraña cámara posee usted.

—Es un prototipo —explicó Touka despreocupadamente—. Al parecer, hay gente que quiere experimentar con otras formas para los lentes, y ver cómo las diferentes formas pueden mejorar la imagen.

La explicación parecía medianamente convincente, pero Kakeru, habiendo trabajado tanto tiempo con telescopios, tenía conocimientos avanzados de óptica, y sabía que los lentes con formas poco ortodoxas no contribuían en nada a mejorar algún aspecto de la fotografía, ya sea de aficionado o profesional.

—Mire, no es por ofenderla, pero dudo mucho que lo que usted está sosteniendo sea una cámara.

Hubo un momento de silencio, y Luna supo que, si no hacía algo en ese preciso instante, Kakeru iba a correr serio riesgo de perder la vida.

—¿Sabe qué? Tiene usted toda la razón.

Y Touka apretó el obturador.

Como era predecible, el aparato en sus manos no sacó una fotografía, sino que disparó un rayo negro desde el lente. Kakeru se había quedado de piedra, sin reacción, al ver que el rayo negro se aproximaba hacia él, para hacerle solamente Dios sabía qué. No obstante, los segundos pasaron, y el rayo jamás llegó a hacerle daño. De hecho, ya no había más luces extrañas desfilando por las paredes y el techo, pero Kakeru no se sintió tranquilo. Algo no le cuadraba, y cuando miró al piso, entendió por qué.

Luna yacía sobre la alfombra, junto a lo que parecía un cristal resplandeciente. Kakeru notó, con pánico en sus ojos, que la pobre gata agonizaba en la sala de estar de su propia casa, respirando agitadamente y con los ojos a medio cerrar. Miraba a Kakeru como diciéndole que tuviera mucho cuidado con algo, y él comprendió que había sido Touka quien había herido a Luna. Sus manos se comprimieron en puños, fulminando con la mirada a Touka.

—¿Qué diablos has hecho? —exclamó, con el ceño fruncido y sus ojos brillando a causa de las lágrimas.

Sin embargo, Touka no alcanzó a contestar la pregunta, porque todo el suelo comenzó a temblar, enviándola al suelo, incapaz de moverse debido al movimiento. Alzó la cabeza lo suficiente para ver a un par de mujeres, ataviadas con un uniforme familiar. Eran ellas, Sailor Uranus y Sailor Neptune.

—Sabía que tu jefe la pensaría dos veces antes de malgastar tiempo y energía en crear más humanoides —dijo Sailor Uranus, aproximándose a Touka, quien se estaba poniendo lentamente de pie—. Las otras Sailor Senshi se deshicieron de aquella tonta llamada Eudial, así que asumo que tú eres una de ese grupo de chicas llamadas Brujas 5. ¿Qué? ¿Pensaste que no nos íbamos a dar cuenta de lo que eres? Tu disfraz de reportera es muy pobre, Touka Inoue, ¿o debería decir, Mimette?

Mimette miró a Sailor Uranus con desconcierto.

—¿Cómo supiste que…?

—Hice bastante bien mi tarea —dijo Sailor Neptune, poniéndose al lado de Sailor Uranus—. Debimos haber imaginado que el profesor Tomoe cambiaría su estrategia. Sus humanoides, aunque sean fuertes, no son rivales para alguien como Sailor Silver Moon, ¿verdad?

—¿Quién es Sailor Silver Moon? —preguntó Mimette, completamente perdida.

—Ese no es tu dilema en este momento —dijo Sailor Uranus, dando otro paso hacia Mimette—. Deberías preocuparte más por tu vida, porque es eso lo que está en juego ahora. Si nos dices dónde podemos encontrar al resto de tus compinches, tal vez salgas de esta con vida.

—¿Y crees que te daré esa información así como así?

—Pues, morirás así como así —repuso Sailor Neptune, alzando ambos brazos y extendiéndolos hacia delante. Un enorme maremoto brotó de sus manos, ahogando a Mimette y estampándola contra la pared, dejándola inconsciente, de forma que no pudiera resistirse al agua que penetraba en sus pulmones.

—Pudiste haber esperado un poco más —dijo Sailor Uranus, mirando a Sailor Neptune con una ceja arqueada.

—No nos iba a decir nada —se excusó Sailor Neptune, acercándose al cuerpo de Luna, y retornándole el corazón puro. Al cabo de un rato, Luna recuperó la compostura, y, por alguna razón, recobró la movilidad de sus extremidades. De hecho, ya no se sentía enferma en absoluto.

—Eres una buena gata —le dijo Sailor Uranus, mientras que Sailor Neptune le acarició suavemente el lomo—. Salvaste a un buen hombre. Cuídalo bien.

Después de esas palabras, Sailor Uranus y Sailor Neptune desaparecieron, dejando a Kakeru enraizado al piso por unos instantes, al cabo de los cuales, tomó a Luna y se la llevó en su regazo, acariciándole la cabeza con suavidad. Luna se puso furiosamente colorada, deseando que Serena hubiera sido así de gentil con ella. Sin embargo, aquella no era la razón por la que ella se había ruborizado.

Tal vez estuviera confundiendo las cosas, tal vez no, pero el hecho permanecía. Kakeru no la había tratado solamente como una gata, sino como si estuviera tratando de encontrar a Himeko en ella. De algún modo, el pensamiento le traía mucha tranquilidad y felicidad.

—¿Te sientes mejor? —preguntó Kakeru a Luna, mostrándole una pequeña sonrisa. Luna emitió un maullido suave y alegre, y él la dejó sobre el suelo, sacando algo de su bolsillo. Se trataba de un lazo amarillo, el cual amarró en el cuello de Luna y le hizo un nudo, similar al de un listón, procurando que no le lastimara. Luna miró hacia arriba, y sus ojos brillaron. No tenía idea por qué le estaba pasando eso, pero no tenía muchas ganas de volver a la base, o a la casa de Serena. Sin embargo, sabía que debía hacerlo, pues de otro modo, comenzarían a echarla de menos.

—Cuídate, ¿quieres? —dijo Kakeru, abriéndole la puerta a Luna, para que ella pudiera salir. Le fue muy difícil no mirar hacia atrás, pero se adentró en la calle, a paso lento primero, luego con más rapidez, rumbo a la casa de Serena, olvidada por completo del asunto que debía atender en el salón de juegos, con Artemis.

Tokio, cinco minutos más tarde

Luna se vio sorprendida cuando encontró a Saori en la sala de estar, tomando un té junto a Ikuko, Kenji y Sammy. No obstante, se dio cuenta que ella no lucía muy tranquila, pues miraba constantemente hacia la puerta, como si quisiera irse de allí lo antes posible. Luna le hizo una seña con la cabeza a Saori, y ella, captando el mensaje, se puso de pie, diciendo que necesitaba ir al baño. Dejó el té sobre la mesa ratona, y, como había dicho, se dirigió al baño, donde Luna también fue. Al menos, se podía decir que su conversación iba a ser privada.

—¿Dónde estabas? —preguntó Luna, pues ella había estado en la casa de Kakeru desde la tarde.

—Peleando contra una mujer más pálida que el hielo —repuso Saori, tomando asiento sobre la taza del baño, mirando a Luna con un poco de suspicacia—. También podría hacerte la misma pregunta.

—Bueno, un señor me cuidó hasta que me recuperé de la enfermedad que tenía. Pero me encontré con otra mujer de esas que componen las Brujas 5. La verdad, no sé cuál es su fijación con esos corazones puros. Recuerdo que escuché a esas Sailor Senshi que tienes por compañeras que una de ellas buscaba lo mismo. Casi le hace daño a la persona que me cuidó.

Saori, mirando a Luna, se dio cuenta que a ella le brillaban los ojos cada vez que hablaba de ese sujeto. Al parecer, el que Luna fuese un animal, no le impedía tener sentimientos hacia un ser humano. Sin embargo, a Saori no le causaba repulsión aquello, pues Luna no era un animal cualquiera.

—Tienes la misma mirada que siempre me dedica Violet —observó, y Luna enrojeció de inmediato—. Ese hombre te tiene prendada, ¿verdad?

—¿Pero qué estás diciendo? —replicó Luna, poniéndose más roja si cabe—. Yo soy una gata, y él un humano. Es imposible.

—Y sin embargo, te brillan los ojos cada vez que lo mencionas —insistió Saori, mostrando una pequeña sonrisa—. ¡Vamos, Luna, reconócelo! Estás enamorada de ese hombre.

Luna se quedó en silencio, mirando hacia los azulejos en el piso del baño, percatándose que Saori tenía razón. No había otra explicación para lo que estaba ocurriendo dentro de ella. Ya no le importó si estaba confundiendo las cosas o no. El hecho era ineludible. Pero aquel no era el único escollo que tenía por delante.

—Lo estoy —admitió la gata, en voz baja, como si no quisiera que Saori se enterara—, pero… pero él no siente lo mismo por mí. Tal vez no quiera admitirlo, pero él está enamorado de otra mujer. Sé que jamás tendré oportunidad para tener su corazón, pero igual me pone triste no poder estar con él de la forma que quiero.

—Todos tienen derecho a expresar sus sentimientos —dijo Saori, tomando la cabeza de Luna y haciéndole cariño—. La cuestión es si realmente estás hablando en serio sobre si quieres estar con él.

—Por supuesto que no —repuso Luna, lágrimas asomándose por sus ojos—. Es solamente un sueño tonto que tengo. Pero me gustaría que, al menos, lo supiera, pero no sé cómo decírselo.

—Estoy segura que hallaremos una forma de hacerlo —dijo Saori animadamente, poniéndose de pie, pues el asiento del baño le estaba lastimando el trasero—. Cambiando de tema, dijiste que habías visto a una de esas Brujas 5 atacar al hombre que te cuidó. ¿No crees que deberíamos llegar al fondo de esto?

—Concuerdo —dijo Luna, recordando que había visto a Saori preocupada cuando la vio en la sala de estar de la casa de Serena—. Por cierto, te noté nerviosa cuando te vi en la sala de estar. ¿Te ocurre algo?

—Es que Violet fue lastimada durante nuestra batalla contra Polaris.

Luna compuso una expresión de perdida.

—¿Quién es Polaris?

—Una reina de mierda que quiere convertir este planeta en una bola de hielo —repuso Saori, crispando los puños—. Violet se interpuso entre Polaris y nosotros, y ella recibió la peor parte. Se encuentra inconsciente en el hotel donde se hospeda, y necesito ir a verla de inmediato.

—¿Y entonces, por qué estás aquí?

—Porque Ikuko me invitó, a modo de agradecimiento por haber recuperado el cuerpo de Serena. No le pude decir que no, pero ahora, solamente quiero ver a Violet. Sé que no está en peligro de muerte, pero aun así… necesito saber que se encuentra bien.

Ninguna de las dos dijo algo por al menos unos cuantos segundos, al cabo de los cuales, el silencio se hizo embarazoso.

—Parece que tenemos algo en común —dijo Luna, en un tono agridulce.

—¿Las dos estamos enamoradas?

Luna mostró una sonrisa por toda respuesta.

Tokio, en ese mismo momento

El profesor Tomoe se dio cuenta que Mimette había caído a manos de las Sailor Senshi, y tomó el teléfono, mientras preparaba un nuevo horror con el cual apoderarse de los talismanes. Después de la muerte de Eudial a manos de Sailor Jasper, el profesor entendió que no iba a hallar los talismanes por fuerza bruta. Necesitaba un plan eficaz para tal menester, y ello iba a requerir a dos de las Brujas 5, una para enfrentar potenciales amenazas (y para quien estaba preparando su siguiente experimento), y la otra para averiguar quiénes eran los dueños de los talismanes.

Pese a que su misión consistía en encontrar los talismanes, una de sus prioridades era mantener feliz a Hotaru, quien se iba tornando cada vez más hambrienta. Al parecer, un solo corazón puro no era suficiente, pues su estado de salud había comenzado a decaer nuevamente.

Por fortuna, si lo que estaba haciendo Kaolinite llegaba a buen puerto, Hotaru ya no pasaría hambre en un buen tiempo.


(54) A partir del siguiente capítulo, este grupo particular de Sailor Senshi, con el fin de diferenciarlo de las Inner Senshi y las Outer Senshi, tendrá un nombre propio. Como todas ellas tienen nombres de gemas, desde este momento las llamaré "Sailor Gems".