LXI
Shoujo ai (58)

Tokio, 09 de julio de 1992, 7:16a.m.

—Michiru, despierta.

La aludida abrió los ojos, y notó que alguien la estaba abrazando por detrás. Se sintió más tranquila.

—Estoy despierta.

—Eso es bueno, preciosa.

Michiru sintió un suave beso en la base de su cuello, y sintió un pequeño escalofrío. Aquellos fueron bastante comunes anoche, cuando Haruka hizo lo que quiso con su cuerpo, y más.

—La pasé muy bien anoche.

—No sabes cuánto me agrada oír eso —susurró Haruka sensualmente, besándola nuevamente en la base de su cuello, haciendo que ella se estremeciera un poco—. ¿Te apetece un baño?

—Sabes la respuesta a esa pregunta —dijo Michiru en un tono coqueto, levantándose de la cama y dirigiéndose al baño—. ¿Te gusta lo que ves?

—Sabes la respuesta a esa pregunta —repuso Haruka, también levantándose, y acompañando a Michiru—. Pero, en este momento, no me lo estás mostrando todo.

—Pensé que lo había hecho anoche.

—Sí, pero quiero verlo de nuevo. No me voy a cansar de verte, hermosa.

Veinte minutos después, ambas se encontraban vestidas, y comían un desayuno frugal, pues no contaban con mucho tiempo para llegar al colegio. Ninguna de las dos había llegado tarde a alguna clase, y no veían ninguna razón para hacerlo ese día. Sin embargo, aprender era un objetivo secundario. Ellas iban a ese colegio en particular por otras razones.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Veinte minutos —repuso Haruka, consultando su reloj, y tomando su maletín—. Suficiente tiempo para llegar.

—Siempre y cuando no te pongas a manejar como en las competencias en las que participas —dijo Michiru con una pizca de desdén. Haruka no dijo nada al respecto, pero Michiru sabía que el comentario la había puesto un poco susceptible.

—Sabes que respeto las leyes del tránsito.

—Cuando tienes tiempo de sobra.

La relación entre Haruka y Michiru era siempre así, discusiones que lucían serias, pero que en realidad eran solamente juegos. Había sido así desde el día en que se conocieron, hace varios meses atrás, cuando Haruka participaba en una carrera, y se había encontrado con un monstruo horripilante en un garaje. Habría perecido, de no haber intervenido una chica misteriosa, que usaba un uniforme como de colegiala, que, de algún modo, había conjurado un maremoto con sus propias manos. No fue hasta un encuentro casual en una fiesta a bordo de un crucero que Michiru había revelado que ella era la chica del uniforme. No había sido la única sorpresa de la noche, sin embargo. Michiru tenía un trabajo para ella, y a Haruka, al menos en un principio, no le había gustado su nuevo rol, pero después de ver a Sailor Neptune barrer con sus enemigos, Haruka decidió aceptar convertirse en una Sailor Senshi. Desde ese entonces, ambas se habían dedicado a combatir el mal, que a menudo se manifestaba en criminales de poca monta, organizaciones mafiosas, incluso a algunas células de la Vanguardia de Ares. No fue hasta hace poco que se les encomendó la tarea de buscar los talismanes. Curiosamente, aquello ocurrió el mismo día en que un atentado terrorista había matado a una chica de moños llamada Serena, y un equipo paramilitar había secuestrado cuatro chicas. Tampoco podía ser coincidencia que, después del incidente, las Inner Senshi, como las llamaban ambas, dejaran de aparecer.

Sin embargo, lo que más intrigaba a Haruka y Michiru era la aparición de cuatro Sailor Senshi que no pertenecían al sistema solar. Se hacían llamar las Sailor Gems, y las habían visto junto a otra Sailor Senshi, una de cabello plateado, uniforme que hacía juego con éste, y que tenía una fuerza, poder y habilidad jamás vistas en alguna Sailor Senshi. Era Sailor Silver Moon, y Haruka había tenido la mala suerte de tratar de coquetear con ella.

—¿De dónde habrá salido esa tal Sailor Silver Moon? —quiso saber Haruka, mientras conducía hacia el colegio. Por alguna razón, sintió la sombra de un dolor en la parte superior de su cabeza, recordando que Saori le había tirado del cabello cuando la alzó del suelo.

—Esa chica caló hondo en ti, ¿verdad?

—Solamente quiero saber de dónde viene —puntualizó Haruka, recordando la apariencia de Saori. No sabía por qué, pero había algo en ella que le era muy familiar, como si hubiera visto a alguien parecido a ella en algún momento del pasado—. Al principio le tenía algo de rencor, pero luego ya no. Es solamente que su fuerza no es propia de una Sailor Senshi. Es como… como si Saori fuese algo más que una Sailor Senshi.

—Pero tiene la apariencia de una —observó Michiru, mirando hacia su izquierda, viendo distraídamente a los edificios y a las personas desfilar delante de sus ojos—. No lucía como si fuese diferente a nosotras.

—No la viste actuar cuando yo trataba de coquetear con ella.

Michiru frunció el ceño.

—¿Estabas tratando de coquetear con Saori?

—Trataba, esa es la palabra —dijo Haruka amargamente—. No es que me considere una chica débil, pero su fuerza y agresividad son brutales. Me cuesta trabajo creer que ella es una guerrera que lucha por el amor y la justicia.

—Se nota que lees poco —dijo Michiru, sacando su teléfono inteligente e introduciendo las palabras "Sailor", "Silver" y "Moon". De inmediato, apareció un montón de información sobre ella. Incluso había imágenes de una estatua de ella, ubicada en Nueva Orleans.

—¿Y crees todo lo que dicen sobre ella?

—Por lo menos hay un consenso general en la ciudadanía que ella detuvo cien mil cabezas nucleares por allá en 1969, poniendo fin a la Guerra Fría. Pero es extraño que diga que aquello lo hizo sacrificando su vida, porque sabemos que ella aún vive. Hay, incluso, fragmentos de la bibliografía autorizada de Lyndon Johnson que hablan sobre un grito terrible que provenía de todas partes, y que el cielo se había llenado con una luz plateada.

—Pues te diría que eres una chica muy crédula.

—Pues cree lo que quieras —repuso Michiru, viendo que el edificio que alojaba el colegio se acercaba cada vez más—. Deberíamos disminuir la velocidad. Estamos por llegar.

Haruka no dijo nada, pero fue desacelerando de a poco, hasta detenerse en el estacionamiento del colegio (59). Ambas chicas se bajaron del vehículo, sin siquiera tomarse de la mano. Aquello no era necesario cuando se trataba de Haruka y Michiru. Era tan notoria la atracción entre ambas que ni siquiera necesitaban hacer grandes aspavientos para demostrarlo. De hecho, no hacían ningún esfuerzo por lucirse, pero aun así, la atracción era evidente.

—Recuerda, Michiru, debemos mantener un bajo perfil mientras investigamos.

—Lo sé, Haruka. Creo que deberíamos comenzar con la subdirectora del colegio. No se me antoja como una mujer normal.

—Tienes razón, pero recuerda lo que te dije.

Y tanto Haruka como Michiru entraron en el edificio, sintiendo, como en las otras veces que lo habían hecho, que estaban entrando en la guarida del lobo.

Ninguna de las dos vio a la niña del cabello rosado que pasó por afuera de la entrada del estacionamiento.

Tokio, 8:16a.m.

Algo similar a lo que ocurrió en el departamento de Haruka había pasado en la amplia habitación del hotel donde se alojaban Nicole y sus amigas, salvo que habían sido otras las protagonistas del mismo cuento para adultos.

Saori abrazaba a Violet por detrás, acariciando su piel suavemente, y Violet sonreía levemente. Echaba mucho de menos hacer el amor con Saori, pero aquella vez había sido más suave que la vez anterior, pues aún se encontraba débil por lo que había ocurrido ayer. Sin embargo, Saori, quien normalmente era una mujer muy ruda y tosca, se convertía en la mujer más sutil y dulce cuando estaba con Violet. Aquel contraste hacía que Violet se sintiera violentamente atraída por Saori, cosa que, antes de conocerla, creyó que jamás le ocurriría.

—¿Te sientes mejor? —le preguntó Saori con suavidad. Violet se sonrojó. Allí estaba nuevamente, el contraste entre lo suave y lo duro, entre el hielo y el fuego, entre lo sensual y lo agresivo.

—Ahora sí —dijo Violet, quien también era presa de los contrastes. Normalmente una chica tímida, reservada y de pocas palabras, Violet podía encenderse como pólvora en las condiciones adecuadas. O tal vez Saori hacía que ella se comportara así. De todas formas, Saori tenía una debilidad por las chicas introvertidas y tímidas (60).

—No creo que pueda decir lo mismo de las demás.

—Pues no. —Violet miró a su alrededor, y vio a sus amigas, sentadas en diversos sillones, luciendo como zombis—. Tuvieron que pasar por algo terrible.

Nicole, Scarlett y Sophie no decían nada. Miraban sin ver, sus rostros lucían demacrados y perdidos, como si no hubieran dormido en varios días. Ver cómo Polaris decapitaba a su propia hija era más de lo que podían soportar. Y lo que era peor, ellas no habían podido hacer nada al respecto. Habían visto, con ojos vidriosos, cómo Polaris abandonaba el cuerpo de su hija con el Diamante de Hielo en sus manos. Violet, por otro lado, no podía imaginar el dolor en sus corazones. Ella había escogido no acompañar a sus amigas, pero en ese momento, no estaba segura si esa decisión había sido una buena o una muy mala.

Saori se puso de pie y se vistió. Ya se le estaba haciendo tarde para ir al taller. Violet quería acompañarla, pero Saori se opuso, dando una mirada significativa a Nicole y al resto, y Violet captó la indirecta.

—¿Cuándo volveré a verte?

—Cuando me desocupe en el taller. Pero tenemos una tarea que no podemos eludir.

—¿Y cuál es?

—Encontrar a la desgraciada de mierda que mató a Cristalia, y hacerla puré.

—¿Y crees que podamos hacerlo?

Saori miró a Violet y puso ambas manos sobre sus hombros.

—No, no podemos hacerlo. Debemos hacerlo. Es necesario hacerlo.

Violet se quedó mirando a Saori, admirándola en silencio. Nunca, en todo el tiempo que llevaba conociéndola, había dudado en arremeter contra el enemigo o en dar su vida por los demás. Sin embargo, Violet estaba segura que Saori, muchas veces, sentía miedo en su corazón cada vez que se disponía a hacer algo peligroso, pero no lo demostraba. Aquello hacía a Saori la mujer más valiente que hubiera conocido alguna vez.

—Te amo, Saori —dijo Violet suavemente.

Saori la miró fijamente a los ojos, y mostró una sonrisa.

—Yo también te amo, Violet.

Saori le dio un beso fugaz en los labios antes de irse de la habitación, dejando a Violet sola con sus amigas, y con el tormento por el que estaban pasando. Pese a que había aceptado la responsabilidad de ayudar a sus amigas, no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo. Solamente verlas en ese estado tan deplorable le descorazonaba a niveles inimaginables para ella, y se sentía como si le hubieran dicho que debía enfrentar sola a Polaris. Tampoco era que tuviese demasiada personalidad para expresar cosas que no caían en sus especialidades delante de una audiencia, aunque esta estuviese compuesta por solamente tres personas. Pero, como había dicho Saori cuando hablaba de derrotar a Polaris, aquello no era una opción. Necesitaba levantar el ánimo de sus amigas, y, en un golpe de recuerdos, supo exactamente cómo hacerlo. Lo único que faltaba era reunir el coraje para enfrentar a sus propias compañeras.

Violet se puso de pie, y encaró a sus amigas, avanzando dos pasos bastante temblorosos, tragando saliva y pensando en mil desenlaces para lo que se proponía hacer.

—¿Recuerdan cuando Saori fue atacada, y pensamos que había muerto? (61) —preguntó Violet a las tres. Ellas la miraron con cierto desconcierto, como si no estuvieran seguras de adonde quería llegar, pero ninguna dijo alguna palabra, por lo que Violet prosiguió, no sin un poco de tiento—. ¿Recuerdan… cómo me sentí yo en ese momento? ¿No? Bueno… es natural que no lo recuerden, porque no estuvieron allí cuando ella falleció. Pensé que mi mundo estaba llegando a su fin. N-No quería aceptar lo que mi corazón ya sabía, que me estaba enamorando de Saori, y que su partida me estaba afectando más de lo que debería. Había una confusión en mi interior que era imposible de soportar, un dolor que no me permitía siquiera respirar normalmente y sentía que mi corazón era constantemente apretado por un puño de acero. No era capaz de aceptar su muerte y, aun así, algo en mí se negaba a rendirse, que creía que Saori podía regresar… y lo hizo. Regresó con nosotras (62). Fue como esa mujer de los moños había dicho. Saori no estaba completamente muerta, porque había algo que la ataba a este mundo, y ese algo era yo. L-Lo que quiero decir, es que tampoco deberíamos darnos por vencido con Cristalia.

—Violet —dijo Sophie en una voz tan baja que casi no se escuchó—, entiendo que quieras hacernos sentir mejor, pero no viste lo que pasó allí. Es imposible que Cristalia vuelva a la vida. Su propia madre la decapitó. No hay vuelta atrás.

—Pensé lo mismo que tú cuando Saori perdió la vida —dijo Violet, cada vez con más calma y convicción—, pero ella regresó. Chicas, yo entiendo que lo que vieron fue algo muy violento e impactante, pero sé que Cristalia puede volver con nosotras. Es cosa de tener fe. La fe siempre ha sido un elemento central en la vida del ser humano.

—Pues la fe no va a hacer que la cabeza de Cristalia vuelva a unirse con su cuerpo —dijo Sophie, esta vez con un tono de voz un poco más elevado—. Hay cosas que, sencillamente, son imposibles. Regresar de la muerte es una de ellas.

—Si eso fuese cierto, entonces Saori no estaría con nosotras en este momento. —Violet tomó su computadora, la encendió, y buscó información sobre Sailor Silver Moon, cosa que le tomó unos pocos segundos—. Sailor Silver Moon murió después de detener cien mil cabezas nucleares, y sin embargo, aquí está, luchando a nuestro lado. Sophie, tu siempre me dices que me apoye en la evidencia disponible para formular mis ideas. Pues aquí tienes evidencia de lo que te estoy diciendo. Esto está comprobado por otras fuentes, independientes de la que te mostré ahora.

—Entonces —dijo Nicole, alzando la cabeza levemente—, ¿qué sugieres?

—Recuerdo que esa mujer de los moños me dijo que había algo que anclaba a Saori a este mundo, y eso era la posibilidad de un futuro conmigo —repuso Violet, recordando la conversación con esa mujer llamada Serena—. Esencialmente, todo se reduce a amor. Esa es la respuesta.

—Pues me parece una muy buena respuesta —dijo Scarlett de repente, lo que hizo que Sophie le dedicara una mirada de desdén.

—A mí no me parece simple la respuesta.

—No, no lo es —admitió Violet, pero tenía una sonrisa en su cara, una expresión discordante con el ambiente general en la habitación—. Pero sé cómo probar que es cierto lo que estoy diciendo.

—¿Cómo?

—Tenemos que hacer algo que la ciencia nos dice que es imposible: detectar y medir el amor.

Tanto Nicole como Sophie quedaron en blanco. Sin embargo, Scarlett lucía muy emocionada, olvidada por completo del episodio con Polaris. Al parecer, demostrar de forma científica la existencia del amor era una suerte de punto culminante de su vida.

—¿Detectar el amor? —preguntó Sophie, mirando a Violet como si ella se hubiera vuelto loca—. Violet, ¿eres consciente de lo que estás diciendo? El amor no es algo que se pueda medir. No es una fuerza, no es una energía… simplemente, ocurre, y no existe forma de que podamos probar su existencia a través del método científico.

—Eso ocurre solamente porque siempre partimos de supuestos erróneos —dijo Violet, cuya idea estaba comenzando a cobrar fuerza en Nicole… y para qué hablar de Scarlett. Cualquier cosa que justificara con hechos tangibles su estilo de vida era bienvenida para ella—. De una u otra forma, siempre creemos que el amor es una fuerza, o una consecuencia de alguna fuerza, o alguna clase de energía no detectada aún. Pues, yo digo que el amor es un fenómeno cuántico.

En ese momento, las tres quedaron en silencio. Escogieron dejar que Violet se explayara, porque no entendían ni jota de lo que ella había querido decir.

—Hay algo conocido como "entrelazamiento cuántico" (63). Es lo que permite que dos partículas se afecten mutuamente, aun cuando se encuentren a millones de años luz de distancia. ¿Ninguna de ustedes se ha dado cuenta que, cada vez que piensan en la persona que aman, la otra está pensando exactamente en lo mismo?

—Pues dime tú —dijo Sophie, a veces creyendo que se había metido, por error en alguna clase sobre cómo hacer tu propio muñeco vudú—. Ninguna de nosotras ha estado enamorada alguna vez.

—Eso ocurre porque creo que nuestros cerebros son computadoras cuánticas —dijo Violet, quien había perdido toda timidez, y se expresaba como una profesora que daba clase a unos cuantos alumnos bastante tercos—. Si puedo probar que hay partículas entrelazadas en los cerebros de dos personas enamoradas, entonces puedo compilar un algoritmo que permita detectar dónde y cuándo estos entrelazamientos ocurren. Es importante registrar todos los parámetros de las partículas involucradas en el primer experimento; masa, carga, número cuántico de espín, etc. También es importante calcular en qué nivel energético se encuentran las partículas, porque ese es el factor que va a decidir si las partículas entrelazadas corresponden a dos personas enamoradas o no.

Nicole y Scarlett asentían con la cabeza por puro compromiso, pues Violet había hablado en otro idioma para ellas. Sophie había sido la única que había comprendido cuál era el plan de Violet, y, para su propia sorpresa, se veía convencida por el enfoque de Violet acerca del tema. Sin embargo, faltaba hacer una pregunta, y se trataba de la que más importaba.

—¿Qué tiene que ver medir y detectar el amor con Cristalia?

Violet había visto venir la pregunta a la milla. Era esa, justamente, la pregunta que más ganas tenía de responder.

—Porque tengo una idea sobre cómo revivirla.


(58) Para los que no conocen el japonés (o no quieren perder tiempo con él), shoujo ai, quiere decir, literalmente, "amor de chica". Es un subgénero del romance que solamente trata de relaciones entre dos chicas. Esto no hay que confundirlo con el yuri, pues el shoujo ai es de corte más inocente, mientras que el yuri está orientado más al amor sexual entre dos chicas. Es la misma distinción que se hace entre el shounen ai (amor de chico) y el yaoi. Por eso, cada vez que digo que habrá yuri en un fic, es porque habrá escenas sexuales o eróticas en éste. Para titular este capítulo, empleé el significado literal de la frase.

(59) Hay que recordar que, en el anime, Haruka explica que puede conducir un vehículo estando en preparatoria porque obtuvo la licencia de conducir en otro país, lo que, claramente, es una mentira.

(60) Tengo que hacer una fe de errata con respecto a lo que dije sobre el efecto Florence Nighthingale en "Lo que hay detrás de la cortina". En realidad, este efecto se produce en personas que cuidan abnegadamente de una persona sin esperar recompensa a cambio. Al parecer, esto era más común en enfermeras, por eso se tenía ese concepto de ellas enamorándose de sus pacientes. En teoría, este efecto puede desembocar en una atracción romántica por la persona cuidada, pero esto no se da siempre, y en casos muy aislados. No obstante, el caso de Saori encaja a la perfección con este hecho.

(61) Ver capítulo 9 de "Lo que hay detrás de la cortina".

(62) Ver capítulo 11 de "Lo que hay detrás de la cortina".

(63) El entrelazamiento cuántico es un fenómeno que ocurre cuando dos partículas, con independencia de la distancia a la que se encuentren, son capaces de afectarse de forma instantánea. De hecho, a Albert Einstein no le gustaba la idea de la mecánica cuántica, pues desafiaba su propia teoría de la relatividad, en especial, su tan mentado límite máximo de velocidad para el universo, y llamaba al entrelazamiento cuántico "acciones espeluznantes a distancia", pues el intercambio de información no parece ocurrir en la estructura tetradimensional llamada espacio-tiempo, lo que ha generado especulaciones sobre si podrían haber más dimensiones de las que percibimos.