LXVI
Los talismanes, Parte 2

En las afueras de Denver, 18 de julio de 1992, 11:14a.m.

El experimento había resultado de acuerdo a sus pronósticos.

Colbert Sprague veía cómo los soldados se llevaban de vuelta a las Sailor Senshi al laboratorio, sabiendo que los datos cuánticos habían sido recolectados y estaban siendo analizados. Era la primera vez que Colbert veía a las Sailor Senshi en acción, y le pareció impresionante que tales poderes estuvieran en manos de unas quinceañeras. Como Herbert Dixon lo pensó en su momento, Colbert también pensaba que esas habilidades debían estar en manos más capaces, manos más maduras, que supieran dónde y cómo usarlas. Las Sailor Senshi eran demasiado jóvenes para comprender que el mundo era más complicado de lo que ellas creían, y que no bastaba con tener poderes; había que saber en qué dirección querían que fuese el mundo, y, lo que era más importante, quiénes debían tirar de las riendas.

—¿Señor? —dijo uno de los físicos que trabajaba en los datos cuánticos—. Hallamos algo.

Colbert se volteó, y miró al científico. Lucía animado. Aquello auguraba algo muy bueno.

—¿Qué ocurre?

—Hemos conseguido aislar la secuencia de datos que gatilla la transformación.

Colbert sonrió. Aquella noticia no la esperaba hasta dentro de, al menos, dos semanas.

—¿Y la probaste?

—Acabo de hacerlo con Sailor Jupiter. Logramos realizar el cambio de estado cuántico sin contratiempos.

—Perfecto. ¿Y podemos pasar a la siguiente fase de la investigación?

—¿Se refiere a usar esta misma secuencia para cambiar entre estados cuánticos diseñados por nosotros?

—Precisamente.

—La secuencia es maleable, adaptable —dijo el científico, y Colbert notó que le costaba mucho trabajo esconder su emoción. Aquello era exactamente lo que necesitaba; trabajadores motivados—. Realizando unas pocas modificaciones, podemos adaptar este código para seguir adelante con el experimento.

—Esto es grandioso —dijo Colbert, tomando el hombro del físico—. Sin embargo, debemos ser cautos con esto. Prueba primero con objetos inanimados, después con animales, y por último, con personas. No es mi intención que esta investigación se vea coronada por el fracaso solamente por tener algo de prisa.

—Lo comprendo a la perfección, señor.

—Entonces, ya sabes lo que debes hacer.

Colbert tomó el ascensor que lo llevaría al nivel del suelo, para luego encaminarse al laboratorio principal. Había dado otro paso más hacia la creación de armas que ayudarían a encarrilar nuevamente al mundo.

Tokio, 18 de julio de 1992, 07:38p.m.

Los humanoides chocaron con las Sailor Senshi como olas en un roquerío, atacando en masa. Sailor Uranus y Sailor Neptune acabaron con unos pocos con sus ataques principales, y las Sailor Gems hacían lo suyo también. Sailor Amethyst había creado un escudo púrpura que bloqueaba el avance de los humanoides, pero que dejaba pasar los ataques de sus compañeras, Sailor Tourmaline aplastaba a sus enemigos con bloques gigantes de roca que parecían brotar del suelo como plantas, Sailor Jasper había decidido no usar su poder principal, en favor de su habilidad secundaria, una lluvia ácida que, en lugar de corroer la piel de los enemigos, los atontaba y hacía que se pelearan entre ellos, y Sailor Turquoise colaboraba con Sailor Neptune con sus propios ataques acuáticos. Mientras que los poderes de Sailor Neptune cubrían más área, los de Sailor Turquoise eran precisos, rápidos y letales.

La única Sailor Senshi que no hacía nada era, precisamente, Sailor Silver Moon, pero no por eso se iba a sentir bien. De hecho, le incomodaba bastante la idea de que no moviese un dedo, porque los humanoides eran demasiados, y sus compañeras no podrían aguantar por mucho más tiempo. Iba a tomar la decisión de unirse a la refriega, cuando apareció Tellu entre su séquito de humanoides, y supo que su momento para pelear había llegado.

—¡Háganse a un lado! —bramó Sailor Silver Moon, aunque aquello no fue necesario, porque Tellu se hizo cargo de eso, enviando a sus compañeras lejos con un movimiento rápido de sus manos. La onda de choque llegó hasta Sailor Silver Moon, pero ella soportó el golpe sin problemas.

—¿Será que, en mi primera batalla, tendré a una oponente digna? —dijo Tellu con una voz burlona. Sailor Silver Moon frunció el ceño. Era evidente que ella se creía invencible, y que sus poderes iban más allá de la imaginación de cualquier Sailor Senshi en existencia. Bueno, ella se iba a encargar de bajarla de la nube.

—Sólo pelea —gruñó Sailor Silver Moon, y Tellu le lanzó una esfera de energía, que Sailor Silver Moon esquivó, haciéndose a un lado y rodando por el suelo. Inmediatamente después que se puso de pie, extendió ambas manos hacia delante, y Tellu hizo lo mismo. La onda de choque resultante rompió postes de luz, estatuas y banquillos como si estuvieran hechos de vidrio.

Era en esa clase de situaciones cuando la experiencia de combate tenía su peso. Sailor Silver Moon había peleado incontables batallas en el pasado, y había aprendido a hacer caso omiso a las explosiones o a cualquier daño colateral que hubiera a su alrededor. Todo lo que le importaba era el enemigo, cosa que Tellu no había tomado en cuenta. Por eso, inmediatamente después de la onda de choque, Sailor Silver Moon pasó por debajo de ésta, sin vacilación, y golpeó a una sorprendida Tellu en el bajo vientre, haciendo que se doblara por el dolor. Luego, alzó ambos brazos hacia el cielo, y un viento ascendente se llevó a Tellu como si fuese un tornado. Para finalizar, Sailor Silver Moon también se elevó en el aire y volvió a extender sus brazos. Tellu salió catapultada hacia abajo, impactando sobre el pavimento, y dejando un cráter sobre éste.

Sailor Silver Moon descendió hacia el suelo, viendo con una ceja arqueada cómo Tellu se ponía de pie como si no hubiera recibido ningún ataque. Era cierto que tenía unos rasguños en sus piernas y brazos, pero no lucía debilitada.

—Al menos eres un reto —dijo Tellu, mirando a Sailor Silver Moon con una sonrisa—, pero eres ingenua al creer que me podrás ganar. Soy la bruja más fuerte jamás creada, y te lo voy a demostrar ahora mismo.

Tellu alzó ambos brazos hacia el cielo, y éste se oscureció por completo, como si fuese plena noche. Unos destellos en lo alto le dijeron a Sailor Silver Moon que Tellu estaba invocando una tormenta, usando sus poderes mágicos. A juzgar por el sonido de los truenos, supo que iba a ser atacada por relámpagos, y no se equivocó.

De modo de ofrecer un blanco más difícil de atinar, Sailor Silver Moon despegó nuevamente del suelo, y voló a gran velocidad sobre el campo de batalla, dando círculos, haciendo rizos, barrenas y otros movimientos evasivos. A Tellu se le hacía muy difícil golpear a su oponente con un rayo, pues éstos venían del cielo y no de sus manos. Sailor Silver Moon incrementó la velocidad de vuelo y se lanzó como una flecha sobre Tellu. Ella creyó que la iba a atacar directamente, y decidió pararla en medio del aire con uno de sus rayos, pero Sailor Silver Moon viró en el último instante, pasando por encima de Tellu, quien no pudo detener su movimiento a tiempo.

Un rayo cayó directamente sobre ella, electrocutándola y paralizándola. Sailor Silver Moon aterrizó nuevamente y, con un violento movimiento de brazos, lanzó a Tellu contra una pared de concreto, rompiéndola en trozos e impactando contra la fachada de un edificio. Sailor Silver Moon no perdió tiempo y la volvió a elevar en el aire con sus poderes, pero en esa ocasión, no iba a ser tan benevolente.

Despegó nuevamente del suelo, todo el tiempo controlando el viento que alzaba a Tellu hacia el cielo, hasta que ambas estuvieron a más de diez kilómetros de altura. Respirando con dificultad, Sailor Silver Moon se aferró a su oponente con un abrazo muy apretado, y descendió a gran velocidad. Tellu trataba de zafarse, pero Sailor Silver Moon tenía mucha fuerza.

Cuando estuvo a un kilómetro de altura, Sailor Silver Moon soltó a Tellu y redujo la velocidad. Hubo un sonido estruendoso, una nube de polvo se alzó hacia el cielo y el campo de batalla quedó en silencio. Sailor Silver Moon descendió suavemente y se dirigió al cráter que se había formado a causa del impacto. La sorpresa la invadió cuando notó que no había nadie en el fondo de éste. Había una mancha de sangre allí, pero nada más. Mirando a su alrededor, vio que no había humanoides cerca ni lejos. Un poco a su izquierda, vio a sus amigas, quienes miraban con horror mal disimulado hacia un par de cuerpos. Sailor Silver Moon frunció el ceño cuando se dio cuenta que eran Sailor Uranus y Sailor Neptune. Se aproximó a ellas y las miró con detenimiento. Ninguna de las dos tenía heridas de consideración y, aún así, no parecían estar con vida.

—¿Qué mierda les pasó? —preguntó, mirando a sus amigas con desconcierto.

—No lo sabemos —dijo Sailor Amethyst, luciendo igual de perdida que su novia—. Notamos que ellas no reaccionaban después que se disipó la nube de humo. Aun así, mis escáneres no detectan ninguna clase de radiación theta.

—¿De qué diablos hablas?

—Es que… bueno… ¿recuerdas cuando uno de esos humanoides me atacó y yo casi perdí la vida?

—Lo recuerdo.

—Uno de mis escáneres estuvo monitoreando mi actividad corporal, y detectó un descenso súbito en esa radiación theta (70). Todos emitimos esa clase de radiación, en mayor o menor medida, pero cuando detecté ese mismo descenso en Sailor Uranus y Sailor Neptune, me di cuenta que esos humanoides están "cosechando" radiación theta. Sin embargo, detecto dos fuentes de radiación theta cerca de aquí.

—¿En qué dirección?

—A unos quince metros de aquí, hacia esos árboles.

Sailor Silver Moon cubrió esa distancia en unos pocos de segundos, y vio un par de cristales de varias puntas brillar sobre el suelo. Recordó cuando Sailor Amethyst había sido atacada por uno de esos humanoides, y vio uno de esos mismos cristales. Sailor Neptune lo había llamado "corazón puro". ¿Era ese cristal el que emitía esa radiación theta?

—Hay unos corazones puros aquí.

—Tráelos, de prisa —apremió Sailor Amethyst, y Sailor Silver Moon los tomó con cuidado, depositándolos frente a los cuerpos de Sailor Uranus y Sailor Neptune.

—¿Y ahora qué?

Sailor Amethyst no dijo nada. Tomó uno de los corazones puros, y lo acercó al pecho de Sailor Uranus, desapareciendo en éste. Lo mismo hizo para Sailor Neptune. Y, tal como Sailor Amethyst en su momento, ambas despertaron y se pusieron de pie. Ambas lucían como si trataran de entender qué había pasado. De hecho, ninguna de las presentes tenía alguna idea de cuál había sido el plan de Tellu para hacer lo que hizo, porque ella no se podía ver por ningún lado.

—¿Qué mierda hacemos ahora? —preguntó Sailor Silver Moon, pero ninguna de sus compañeras tenía una respuesta. Incluso Sailor Amethyst lucía perdida. Tenía la mirada de una persona a la que se le hubieran agotado las opciones, y las demás parecían compartir el mismo sentimiento. Pero ella, Sailor Silver Moon, aún no se daba por vencida. Recordó cuál era su prioridad, y sabía qué debía emprender una carrera cuesta arriba para lograr su objetivo, pero nada que valiese la pena era fácil.

—Vámonos a casa —dijo Sailor Tourmaline, bajando los brazos y resoplando de resignación—. No hay nada que podamos hacer por ahora.

Sailor Jasper y Sailor Turquoise volvieron a sus formas originales, al igual que Sailor Tourmaline. Sailor Uranus y Sailor Neptune no se movían. Lucían como si alguien les hubiera dicho que se les había muerto un familiar cercano. Sailor Amethyst también iba a volver a su forma original, pero Sailor Silver Moon la detuvo.

—Puedes detectar radiación theta, ¿verdad?

—Sí, pero mi sensor no es demasiado confiable. La radiación theta y la radiación lambda tienen longitudes, amplitudes y fases muy parecidas, y el sensor no puede notar la diferencia. Pero hay algo que sí puede hacerlo.

—¿Y qué es?

—Una computadora extremadamente poderosa, como la de esa Sailor Senshi de azul…

—¿Sailor Mercury? —dijo Sailor Silver Moon—. Pero ella fue secuestrada.

—Lo sé, pero podemos rastrearla —dijo Sailor Amethyst, sacando un aparato que semejaba a una radio, pero con varias antenas y una pantalla LCD—. Todas las Sailor Senshi que hemos conocido emiten una radiación única, denominada radiación sigma (71). Esta radiación tiene patrones únicos, que no pueden ser confundidos. Ahora, si calibramos este sensor para detectar radiación sigma, y usamos los satélites de navegación para triangular su posición, podremos ubicar a cada Sailor Senshi en este planeta con una precisión de dos metros.

—Impresionante —dijo Sailor Silver Moon, aunque había algo que no le cuadraba en todo el asunto, y tenía que ver con eso de los diferentes tipos de radiación que había descubierto—. Pero, si eres capaz de hacer todo eso, ¿por qué no puedes diferenciar entre la radiación theta y la lambda? Porque diferencias hay.

—Es cierto, pero es tan pequeña que solamente caben unos cinco átomos entre una diferencia de fase y otra. Mi sensor no tiene la precisión suficiente para detectar la diferencia. En cambio, el dispositivo de Sailor Mercury es una computadora cuántica. Puede detectar una diferencia de fase del diámetro de un protón.

—Bueno, bueno, ya me quedó claro —dijo Sailor Silver Moon con impaciencia—. O sea, lo que debemos hacer es rescatar a las Sailor Senshi que fueron secuestradas.

—Sí. Y ya sé dónde las tienen cautivas.

—¿Dónde?

—En las afueras de Denver, Estados Unidos.

Sailor Silver Moon gruñó. No supo por qué le había dado la impresión que Sailor Amethyst iba a decir algo así. Por último, se acercó a su novia, la agarró por la cintura con firmeza y despegó a toda velocidad del suelo.

—Agárrate firmemente de mí, porque iremos a máxima velocidad.

—No, no otra vez —se quejó Sailor Amethyst, temiendo por un ataque de náusea que le hiciera vomitar el almuerzo—. ¿No podemos ir un poco más lento?

—No tenemos tiempo que perder. Si queremos averiguar qué está tramando el enemigo, tenemos que darnos prisa.

Sailor Amethyst se limitó a suspirar de resignación.

Tokio, en ese mismo momento

El profesor Tomoe no lucía muy complacido por el estado en el que Tellu había llegado a su presencia. Le dio la impresión que su cuerpo hubiera sido aplastado por lo menos unas tres veces con una aplanadora. Tenía heridas en todas partes, y sus piernas temblaban violentamente, como si hicieran un esfuerzo tremendo por sostener el resto del cuerpo.

—¿Qué te ocurrió? —preguntó el profesor, notando que Tellu tenía dos objetos en sus manos. Uno era oblongo y parecía tener una especie de mango, y el otro era alargado, como una especie de cimitarra—. Se supone que ninguna Sailor Senshi podía derrotarte.

—Hay… una de ellas… que es… terrible —balbuceó Tellu, avanzando hacia el profesor Tomoe, dando tumbos—. Luce como una Sailor Senshi, pero… pero es un monstruo con la apariencia de una mujer. Tiene… tiene una fuerza brutal, y poderes… poderes sobre el aire. ¡Puede volar por los cielos! (72)

—Bueno, si domina el aire, sería extraño que no pudiese volar.

—El punto… es que… le traje dos de los tres talismanes —gruñó Tellu, dejando ambos objetos sobre la mesa, después de lo cual, cayó al suelo, respirando agitadamente—. Pero… pero va a tener que… usar… a Kaolinite para… para obtener el… el… tercer… talismán.

Y Tellu no dijo nada más. El profesor Tomoe se arrodilló delante de ella y le tomó el pulso. No encontró ninguno. Volvió a ponerse de pie, luciendo meditabundo, escuchando el sonido de unos tacos altos reverberar en el laboratorio. Supo de inmediato que se trataba de Kaolinite.

—Depende de ti obtener el tercer talismán —dijo el profesor Tomoe en voz baja, ocultando su frustración por lo que estaba viendo frente a él—. Ya sabes quién lo tiene. Tráemelo, a como de lugar.

—Como usted ordene, profesor.

Mientras Kaolinite daba media vuelta, el profesor Tomoe volvió a inclinarse y tomó el cuerpo de Tellu. Pese a que había perdido a su mejor agente, iba a asegurarse que su muerte no fuese en vano. Y resultaba que ella tenía un ingrediente fundamental para la siguiente fase de su plan.

El otro lo había encontrado por accidente, cuando una niña de cabello rosado fue a visitar a Hotaru.

No obstante, lo que había dicho Tellu sobre esa Sailor Senshi que podía controlar el aire le tenía muy preocupado. Si era cierto, entonces Kaolinite no podría contender con ella, y sus planes se verían truncados de forma indefinida. Tenía que encontrar una forma de sacarla del medio, aunque supuso que no podría hacerlo por fuerza bruta. Esa Sailor Senshi había demostrado que el enemigo era mucho más poderoso de lo que había imaginado. Tenía que usar la cabeza para ese fin.

Tokio, en ese mismo momento

Rini no se encontraba en la casa de los Tsukino. Después de la visita a Hotaru, decidió ir donde una persona que no se había visto desde el funeral de Serena. Tuvo que golpear varias veces para que el dueño del departamento abriera la puerta.

Darien no lucía como el tipo que era antes de la muerte de Serena. Tenía una barba muy tupida, y daba la impresión que no se hubiera peinado en varias semanas. No obstante, el departamento no lucía desordenado y, por lo menos, había indicios de que se tomaba la ducha diaria.

—Hola, Rini —saludó Darien en voz baja, como si temiera que el vecino le escuchara.

—Darien —dijo Rini, luciendo preocupada, notando las sombras en los ojos—. ¿Desde cuándo que no puedes dormir?

—Bueno… desde que… ya sabes…

—¿Y por qué?

—Es que… he tenido unos sueños muy extraños… con… ella.

—¿Y de qué se tratan?

—Siempre es lo mismo. La voz de… ella… me dice algo sobre unos talismanes… que los encuentre lo antes posible, pero ni siquiera sé por dónde empezar.

Rini tampoco sabía qué quería decir Darien con los talismanes, pero no era eso lo que quería decirle. Se trataba de algo más importante.

—¿No te parece extraño que yo siga con vida? —dijo ella, a lo que Darien reaccionó abriendo los ojos un poco más de la cuenta—. Si Serena está muerta, entonces yo no debería existir, pero aquí estoy.

Darien hizo un sonido ahogado antes las palabras de Rini.

—Por favor, no hagas eso.

—¿Hacer qué?

—Darme esperanzas —dijo Darien en voz baja, rehuyendo la mirada de Rini—. Tengo que aceptar que Serena ya no va a regresar.

—¿Y qué crees que son esos sueños que tienes con ella? —dijo Rini, perdiendo un poco la paciencia—. No pierdes nada con averiguar qué son esos talismanes. Es muy probable que tengan que ver con lo que está pasando. Se lo debes a Serena. No puedes quedarte sin hacer nada. No se trata de si Serena está viva o no. Se trata de que eres el guardián de la Tierra.

Darien quedó en silencio por un rato, al cabo del cual, dio media vuelta y se encerró en el baño. Rini suspiró en señal de frustración. No tenía idea que la muerte de Serena le hubiera afectado tanto, a tal punto de no querer asumir su rol. Iba a dar media vuelta para irse, cuando la puerta del baño volvió a abrirse. Rini quedó estupefacta al ver que Darien se había peinado y afeitado.

—Vamos, Rini —dijo, dirigiéndose hacia la puerta—. Tenemos que encontrar a las Sailor Senshi.

—Pero ellas fueron secuestradas.

—No las amigas de Serena. Las amigas de Saori.

—Pero… pero, ¿cómo supiste de Saori?

Darien mostró una sonrisa.

—Las Sailor Senshi no son las únicas que tienen poderes.


(70) La radiación theta es aquella que emiten los corazones puros. Sé que es algo que inventé yo, pero en los siguientes capítulos cobrará más sentido.

(71) Más tarde voy a revelar por qué solamente las Sailor Senshi emiten radiación sigma (que es algo que también inventé yo). También tendrá relación con el objeto sigma, mencionado en capítulos anteriores de este fic.

(72) Sailor Silver Moon no es la única Sailor Senshi que puede volar por los cielos. Sailor Uranus también puede (es una Sailor Senshi de aire, contrario a lo que uno puede pensar, a juzgar por su ataque en el anime de los noventas).