LXVIII
Zona de extracción

Tokio, 19 de julio de 1992, 11:24a.m.

Darien subía por el ascensor hacia la habitación de Nicole y sus amigas, pensando en qué había sido de Rini. Desde el momento que se separaron, no pudo quitarse de la cabeza lo que le podría pasar si el enemigo la atrapaba, o qué iban a hacer con ella si lo conseguían. Pese a que intentaba tranquilizarse, diciéndose una y otra vez que ella sabía cuidarse por su cuenta, le era muy difícil no imaginársela como una niña de ocho años.

Cuando llegó al último piso, salió del ascensor a paso brusco, buscando el número de la habitación. La encontró al final del pasillo. Creyendo que sería demasiado irrespetuoso de su parte llegar y entrar, tocó dos veces a la puerta, y esperó.

Al cabo de unos pocos segundos, una mujer de cabello turquesa apareció frente a él.

—Tú debes ser Sophie —dijo Darien, modulando su voz para sonar más tranquilo, pese a que no lo estaba en lo más mínimo.

La aludida frunció el ceño.

—¿Cómo diablos sabes quién soy? Jamás te he visto en mi vida.

—Discúlpame. Mi nombre es Darien. Yo era el novio de Serena, la chica que falleció en un atentado terrorista.

—Ah, así que eres tú —dijo Sophie, poniendo cara de entendimiento—. Pero aún no me has dicho cómo sabes mi nombre.

—Si me dejas entrar, te lo diré.

Sophie, resoplando, se apartó de la puerta, y Darien entró en la habitación. Inmediatamente, quedó con la boca abierta. Ni él podía costear algo como eso. La habitación poseía tres camas gigantescas, dos terrazas, una piscina particular y un refrigerador circular, en el cual había de todo (y cada artículo se pagaba aparte). Poseía aire acondicionado, plantas, flores y otras decoraciones, sillones de terciopelo, y una de las paredes daba a un bar, donde se podía pedir desde los tragos más comunes a los más exóticos.

—Tú debes ser Darien —dijo una voz a su derecha. Darien miró en esa dirección, y vio a una mujer de unos veinte y tantos, de cabello castaño, que usaba una chaqueta de cuero y unos jeans bastante ajustados.

—Nicole (75), ¿verdad?

Nicole imitó el gesto de Sophie cuando se encontró con Darien.

—¿Cómo sabes quién soy?

—Sophie me hizo la misma pregunta, y dije que le diría por qué lo sé si me dejaban entrar. —Darien no dijo nada más. Extendió ambos brazos, y dio un giro breve sobre sus talones. Cuando acabó, Darien ya no vestía atuendos de tipo de secundaria. A Nicole le pareció que su vestimenta era apropiada para alguien que iba a asistir a una fiesta de disfraces. La capa, el frac, los zapatos negros y el antifaz… lo tenía todo. Tanto Nicole como Sophie tenían cara de pregunta, pero Scarlett, quien acababa de salir de la ducha, se quedó enraizada al piso, y la toalla que cubría su cuerpo cayó, sin que ella se diera cuenta. Se había quedado mirando a Tuxedo Mask como si no hubiera otra persona presente.

—¡Por Dios, Scarlett, tápate! —le regañó Sophie, y Nicole advirtió que ella tenía las mejillas ligeramente coloradas. Por otro lado, Scarlett pareció cobrar conciencia de que estaba desnuda, y se apresuró a taparse con la toalla, furiosamente colorada

—Perdónala —dijo Nicole, volviendo a mirar a Tuxedo Mask como si nada hubiese ocurrido—. Es una buena chica, pero a veces puede comportarse como una estúpida cuando ve a chicos atractivos.

—No hay problema —dijo Tuxedo Mask, alzando las manos para denotar que no había necesidad de disculparse—. La verdad es que las estaba buscando. Necesito de su ayuda con algo muy importante.

—¿Y de qué se trata?

—Es sobre unos objetos llamados talismanes. El enemigo los está buscando, si es que no los ha encontrado ya. Ustedes son la única alternativa que me queda para hacer algo al respecto. Seguramente ya saben que las Inner Senshi fueron secuestradas por el gobierno de Estados Unidos.

—¿Y eso nos incumbe? —dijo Nicole, sin saber qué pensar de la propuesta de Tuxedo Mask—. Porque nosotras tenemos nuestra propia misión, y no podemos retrasarnos mucho más tiempo.

Tuxedo Mask arqueó una ceja.

—Es por eso que cuentan con una menos, ¿verdad?

Tanto Nicole como Sophie pusieron caras de sorpresa.

—¿A qué te refieres?

—Ustedes son cuatro, pero veo solamente tres. Asumo que no pueden seguir con su misión si Violet no está presente, ¿o me equivoco?

La habitación se quedó en silencio. Ninguna de las dos (Scarlett andaba metida en su propio mundo) pudo rebatir aquel argumento. La verdad era que Violet era imprescindible para revivir a Cristalia, porque era la única que conocía los pormenores técnicos de la misión, aparte de poseer los artefactos necesarios para llevarla a cabo correctamente. Nicole suspiró en señal de resignación.

—¿Y en qué quieres que te ayudemos?

—Necesito infiltrarme en el colegio Mugen. Es la fuente de un gran poder, un poder oscuro que corrompe a quienes se acercan demasiado. Quiero saber qué está pasando allí. Tengo la impresión que alguien muy importante para mí se encuentra en un peligro muy serio. No puedo hacer esto solo.

Nicole y Sophie se miraron, luego encararon a Tuxedo Mask, y se dieron cuenta que sí pasaba por una situación desesperada. Ninguna de ellas tenía los poderes que poseía el hombre frente a ellas, pero no hacía falta poder meterse en las mentes de las personas para entender el dolor en Tuxedo Mask.

—De acuerdo. Te ayudaremos.

En las afueras de Denver, 18 de julio de 1992, 01:01a.m.

Sailor Silver Moon y Sailor Amethyst aterrizaron a unos cien metros del complejo donde las Inner Senshi se encontraban cautivas. Sailor Amethyst pidió un rato para descansar del viaje, y vomitar el contenido de su estómago, mientras que Sailor Silver Moon se elevó unos cuantos metros en el aire para hacer reconocimiento del terreno.

Cuando Sailor Amethyst se hubo recompuesto, Sailor Silver Moon volvió al suelo, luciendo animada.

—Hay francotiradores en cada una de las torres de vigilancia, y varios guardias patrullan los puntos más importantes. Hay luces direccionales por todas partes y la entrada se encuentra en una bahía en el lado más lejano.

—Tú podrías mandar a volar a todo el mundo sin entrar en la base.

—Podría, pero no podemos sacrificar la discreción en esta misión. Si en el interior se dan cuenta que algo ocurrió, sabrán de inmediato que vinimos a rescatar a las Inner Senshi, y tendrán aún más medidas de seguridad. No por nada te traje conmigo.

Sailor Amethyst se dio cuenta que Sailor Silver Moon estaba confiando no solamente su vida, sino que el éxito de la misión, en ella. No obstante, a diferencia de otras ocasiones, ella asintió con la cabeza y se puso a elaborar un posible plan de acción.


—¿Y fue esto lo mejor que se te ocurrió?

Sailor Silver Moon no lucía demasiado contenta disfrazada mágicamente del Secretario de Defensa, Desmond Hudson, pero entendía que Desmond tenía agendada una visita al complejo para ser testigo del progreso de la investigación sobre las Sailor Senshi, y que era el único método plausible para infiltrarse en el edificio de forma discreta. Tampoco era muy fanática de la idea de separarse de Sailor Amethyst en el punto de control (ella iba oculta por sus poderes mágicos), pues no sabía cómo diablos comportarse cuando estuviera en frente de Colbert Sprague.

—Sólo compórtate como alguien de mal humor —le susurró Sailor Amethyst con un poco de impaciencia—. Son las una de la mañana. Es natural andar molesto, sobre todo con una reunión agendada con minutos de anticipación.

Cuando llegaron al punto de control, Sailor Silver Moon puso la mano sobre el escáner de huellas digitales, y la pantalla brilló de color verde.

—Que tenga una buena visita, señor Hudson —le dijo el guardia de seguridad, haciendo un pequeño gesto de reconocimiento con la cabeza, que Sailor Silver Moon respondió con el cuello tan rígido como una barra de aluminio.

Fue escoltada por dos soldados con rifles de asalto en mano. Pasaron por varios corredores, los que iban en varias direcciones, no siempre siguiente rutas ortogonales. A veces se topaba con un control adicional de seguridad, pasaba por puertas que conducían a laboratorios donde se llevaban a cabo diversos experimentos, hasta que llegó a una puerta que parecía la de un búnker. Para pasar, Sailor Silver Moon tuvo que usar huella digital, escáner de retina y escáner de voz. Ninguno le dio problemas, y la comitiva avanzó hacia un ascensor, el que llevaba al despacho privado de Colbert Sprague.

—Señor Secretario —dijo Colbert, sonriendo y extendiendo una mano, la que Sailor Silver Moon estrechó. Colbert hizo una pequeña mueca de dolor—. No recuerdo que usted tuviera tanta fuerza.

Hubo un momento en el que Sailor Silver Moon no supo cómo reaccionar. Bastaba una acción fuera de contexto para que se encendieran las alarmas en todo el complejo. Lo único que le quedaba por hacer era improvisar.

—Discúlpame. Lo que pasa es que mi terapeuta me dijo que estaba engordando mucho, y me recomendó unos ejercicios. Algunos de ellos son bastante enérgicos.

—Ah, ya veo. —Colbert no hizo más comentarios al respecto. Al parecer, estaba más enfocado en mostrar el progreso que había hecho con su investigación que en husmear sobre la vida privada del Secretario de Defensa—. Hemos avanzado bastante en el entendimiento de los poderes de las Sailor Senshi, al punto que somos capaces de replicar el proceso de transformación en prácticamente cualquier persona, dotarlos de prácticamente cualquier poder, y todo eso sin riesgos involucrados. Lo único que debemos hacer es realizar un plano de datos cuánticos, y traspasarlo al usuario a través de un transmisor. De hecho, estábamos conduciendo unas pruebas ahora mismo.

Sailor Silver Moon sintió su celular vibrar en el bolsillo, y supo que se trataba de Sailor Amethyst. Decidió excusarse un momento, para luego retirarse a un rincón donde nadie pudiera escucharla.

—¿Dónde estás?

—En el centro de mando. Me hice pasar por un técnico de mantenimiento. Ya tengo el interruptor suplementario en marcha. A tu señal, lo activaré, y todo el complejo quedará a oscuras. Las celdas perderán energía, y las Inner Senshi podrán escapar.

—¿Y cómo sabrán la ubicación del punto de extracción?

—¿Recuerdas lo que te dije de la radiación sigma?

—Algo.

—Pues hice un dispositivo que emite radiación sigma de bajo nivel. Eso las atraerá de forma inconsciente, pero solamente puedo activarlo cuando hayas desactivado los protocolos de seguridad que me impiden activar el interruptor suplementario.

—¿Y cómo diablos voy a hacer eso con todos mirando?

—Ellos van a estar más pendientes de las pruebas que del interruptor. Estarás bien.

Sailor Silver Moon gruñó y cortó la llamada. Sin embargo, para su asombro, Sailor Amethyst tenía razón. En cuanto los sujetos de prueba entraron al laboratorio, todos los ojos se desviaron en esa dirección, dejando la consola de seguridad a solas. La oportunidad era demasiado buena para no aprovecharla. Subrepticiamente, Sailor Silver Moon paseó por delante de la consola, apretando el botón como por accidente.

Normalmente, habría una alarma en todo el complejo por semejante acción, pero Sailor Amethyst había desactivado las alarmas visuales y sonoras, de modo que nadie se percatara de que había un problema. Aquello también enmascaraba la real razón por la que el edificio entero quedó a oscuras, segundos después que Sailor Silver Moon apretara el botón.

—¡Quiero un informe de la situación, de inmediato! —bramó Colbert a través del micrófono—. ¡Que los de mantenimiento hagan una evaluación de todos los sistemas! ¡Que los de seguridad revisen todas las cámaras de vigilancia y hagan un registro exhaustivo de todo el personal que ha entrado o salido de este complejo en las últimas doce horas! ¡Quiero que los guardias en servicio custodien la celda de las Sailor Senshi! ¡No deben escapar de este complejo!

Sailor Silver Moon, en la confusión, aprovechó de escurrirse entre los presentes en el despacho, descendió por el ascensor, y caminó a paso enérgico en dirección a la salida, pero…

—¡Señor Secretario! —exclamó Colbert, y Sailor Silver Moon se detuvo—. ¿Adónde va? No ha visto el experimento aún.

Sailor Silver Moon se vio nuevamente metida en una situación en la que no había otra salida que improvisar. Por desgracia, aquello no le resultaba muy bien en momentos tensos, como aquel.

—Es que… acabo de recordar que tengo otro compromiso con el presidente MacArthur. De hecho, me avisó por mensaje de texto. —Y Sailor Silver Moon mostró el teléfono a Colbert, en el cual se podía ver un mensaje de parte del presidente. Colbert, para sorpresa de Sailor Silver Moon, mostró una sonrisa calculadora.

—El presidente no se comunica con sus funcionarios por teléfonos comunes —dijo, devolviendo el celular a Sailor Silver Moon, quien lo tomó con violencia—. Usa teléfonos seguros, con conexiones seguras. Si fueses realmente Desmond Hudson, no te habrías ido de mi despacho, y, por supuesto, no usarías teléfonos que un hacker promedio puede violar. Así que la única pregunta sensata que queda por hacer es: ¿quién diablos eres?

Sailor Silver Moon se quedó en silencio, momento en el cual escuchó a Sailor Amethyst.

—Saori, te aviso que las Sailor Senshi han llegado a la zona de extracción. Pero, por curiosidad, me metí a los archivos del complejo, y conseguí averiguar qué estaban haciendo aquí. Al parecer, el Departamento de Defensa de este país planea usar los poderes de las Sailor Senshi para crear armas, tan demente como suena.

Sailor Silver Moon se quedó en silencio, sin siquiera ponderar lo que Sailor Amethyst había dicho. Lo que acababa de escuchar hacía que le hirviera la sangre. Después de todo lo que había hecho para impedir una hecatombe, Estados Unidos aún no había aprendido la lección. Ya no necesitaba ocultar su identidad. De hecho, quería que supiera que había sido una Sailor Senshi la que había impedido que una nación hubiera creado nuevas armas de destrucción masiva.

Colbert quedó asombrado cuando la persona que hasta hace unos segundos tenía la apariencia del Secretario de Defensa, se transformó en una Sailor Senshi, en la misma de la que había hablado Joseph Allen en la reunión a la que había asistido hace unos meses atrás. No pudo evitarlo. Sintió un desagradable escalofrío recorrer su piel.

—Así es, maldito bastardo de mierda, soy Sailor Silver Moon, y voy a destruir este lugar hasta que no quede caca. Así que huye, si puedes.

Colbert sintió la amenaza incluso en sus huesos. Se puso de pie y corrió a todo lo que daban sus piernas hacia su despacho. Necesitaba dar instrucciones muy urgentes a todo el personal.

Cuando llegó a su despacho, sintió un repentino y poderoso temblor. Tratando de no perder la cordura, activó el intercomunicador, agarrándose de lo que podía, porque las paredes se sacudieron y grietas comenzaron a aparecer en éstas.

—Atención a todo el personal del complejo. En este momento, se da inicio al Protocolo Omega-01. Repito, se da inicio al Protocolo Omega-01. Abandonen toda labor y diríjanse en completo orden a las salidas de emergencia.

Listo. Ya había dado las instrucciones a su personal. Sin embargo, quedaba una cosa por hacer, algo muy importante. Si no lo hacía, era muy probable que su empresa dejara de ser contratista de defensa del país.

Sabiendo que, probablemente, no saliera con vida de aquel entuerto, tomó asiento frente a su terminal personal y ejecutó una serie de comandos. Luego, introdujo unas contraseñas y empleó verificación por huella digital. Los primeros detritos comenzaron a caer del techo cuando el programa de respaldo de información comenzó a hacer su trabajo. No obstante, no podía irse sin más. Debía esperar a que toda la información fuese transmitida a un servidor externo, lo que no debía tomar más de cinco minutos.

Fue cuando supo con total certeza que iba a morir.

Respirando hondo, Colbert consiguió hallar calma en un momento que se caracterizaba por la falta de ésta. Trozos más grandes de techo caían como lluvia sobre el suelo, pero el terminal estaba protegido por un cofre de acero, lo que traía cierto alivio a Colbert, quien tenía que evadir los pedazos de concreto, sentado en su silla giratoria.

Apenas la barra de progreso llegó al cien por ciento, Colbert se refugió debajo del escritorio, justo cuando una viga de hormigón armado cayó sobre éste.


Sailor Silver Moon y las demás se encontraban afuera del complejo, en la zona de extracción. Las Inner Senshi lucían confundidas sobre cómo habían llegado a ese punto, y Sailor Amethyst le explicaba a Sailor Mercury (la única que podía entenderla) cómo había conseguido atraerlas a ese lugar. Sailor Silver Moon, por otro lado, le explicaba a las demás sobre las amenazas que se cernían sobre Tokio.

—¿Cazadores de la Muerte? —decía Sailor Mars, rascándose la cabeza.

—¿Polaris? —añadió Sailor Venus.

—Sea quien sea, debemos derrotarlos —dijo Sailor Jupiter, muy a su estilo.

—¿Pero cómo llegaremos a Tokio? —preguntó Sailor Mercury, a sabiendas que la teletransportación no iba a funcionar sin Sailor Moon.

—¿Y qué hay de la teletransportación? —dijo Sailor Mars, recordando la forma en que había llegado al Milenio de Plata.

—Sin Sailor Moon, es imposible —repuso Sailor Mercury, bajando la cabeza.

—Pero estoy yo —intervino Sailor Silver Moon, su voz llena de convicción—. La misma sangre corre por mis venas. Yo la voy a reemplazar.

Tardó un poco para que las demás se convencieran de que aquello, en efecto, podría funcionar. Una a una, se fueron tomando de las manos, sosteniéndolas con firmeza. Cuando todas estuvieron seguras, Sailor Silver Moon dio la señal.

—¡Teletransportación!

Por un breve momento, las Sailor Senshi creyeron que no había funcionado, hasta que sintieron el tirón gravitacional arrastrarlas hacia las dimensiones entre dimensiones.


(75) Si les cuesta un poco de trabajo imaginarse la apariencia de Nicole, usen un motor de búsqueda para encontrar imágenes de una actriz llamada Olivia Wilde. Ahí van a entender la fijación del pobre Jeremy Burns (que por cierto, dentro de un par de capítulos voy a retomar el hilo del reportero).