LXIX
Impensable

Tokio, 19 de julio de 1992, 01:18p.m.

Ryuko Kobayashi no se encontraba sola en su sala en el hospital. Había solicitado la visita de un abogado especialista en derecho internacional, y él había accedido a verla, más por simpatía a causa de su condición que por querer discutir un asunto geopolítico que implicaba a las Sailor Senshi. Y, para sorpresa del abogado, Ryuko sabía bastante de derecho internacional para ser una enfermera.

—Bueno, si sus acciones fueron responsables, aunque sea de forma indirecta, de la muerte de esas personas, pueden ser acusadas por alguna causa legal. En este caso, sería cuasidelito de homicidio.

—Eso lo sé, pero y si son responsables de más actos, como por ejemplo, la total destrucción de buena parte de la ciudad, cuyas consecuencias se pudieron observar en otros países, ¿qué pasaría en ese caso?

—En ese caso —dijo el abogado, sorprendido por lo concienzuda que había sido la investigación de Ryuko—, ellas no solamente deben responder ante las autoridades del país del que provienen, sino ante los países donde sus acciones también tuvieron consecuencias. Lo más sensato es que ellas deban comparecer antes las Naciones Unidas.

—¿Y qué pasaría si sus acciones, directas o indirectas, causan la muerte de individuos fuera de Japón? ¿Arriesgan alguna sanción, o tienen solamente que pedir disculpas públicas? Por favor, no me diga que deben simplemente disculparse.

El abogado soltó una risa breve.

—No, no basta con eso. Las Sailor Senshi son un caso especial. Cuando hablamos de, por ejemplo, un terrorista que ha efectuado atentados en varios países, con resultado de muerte, lo que se acostumbra hacer es enjuiciarlo en uno de los países afectados y encarcelarlo allá. Pero las Sailor Senshi no tienen como intención matar gente. Es una consecuencia de sus acciones. En este caso, lo más inteligente es restringir sus operaciones, que sus acciones cumplan con las leyes internacionales. En resumen, ellas deben tener supervisión. Lo deseable es que un comité especial de Naciones Unidas tenga la potestad de decidir dónde, cuándo y cómo deben actuar las Sailor Senshi.

Ryuko frunció el ceño.

—¿Y cree usted que eso es posible, sabiendo lo que son, sabiendo la clase de poderes que tienen?

—Pero ellas, antes que Sailor Senshi, son personas. Y estoy seguro que ellas, a diferencia de un terrorista, tienen conciencia. Se van a someter a las Naciones Unidas.

—¿Qué podemos hacer para que eso sea una realidad? Es decir, es la única forma en que ellas paguen por las muertes que han ocasionado.

—Lo más rápido es llevar el caso directamente a las Naciones Unidas. Normalmente, la corte internacional de justicia en la Haya tiene que decidir si es lícito poner a las Sailor Senshi bajo supervisión o no. Sin embargo, ya han ocurrido varios incidentes con ellas como protagonistas, y Naciones Unidas querrá solucionar este asunto de inmediato. Lo que necesita es evidencia tangible que compruebe sus acusaciones.

—Hay mucho registro fotográfico y de video de los momentos más trágicos en los que ellas han participado. No solamente actuales, sino que del pasado también. Hay que recordar que hubo Sailor Senshi participando en eventos importantes en la década de los sesenta.

—Si quiere, puedo ser su asesor. El problema que estoy viendo es cómo va a pagar mis honorarios.

—No se preocupe —dijo Ryuko, quien ya tenía una idea al respecto—. Cuando esto llegue a buen puerto, recibiré compensación monetaria. Usted recibirá un cuarenta por ciento de la indemnización. Y le haré una transferencia por diez millones de yenes como garantía.

El abogado miró a Ryuko con cierto escepticismo.

—¿Y usted cuenta con ese dinero?

—Por supuesto —dijo, aunque en el fondo, esperaba que su jugada tuviera éxito. Diez millones de yenes era todo lo que tenía en su cuenta de ahorro. Si Naciones Unidas no acogía su petición, su vida estaría arruinada. Eso, y la imposibilidad de trabajar a causa de sus heridas, significaría la muerte de su madre, y la calle para Ryuko. Y las Sailor Senshi quedarían impunes, sin responder ante nadie.

Curiosamente, era eso último lo que más le molestaba.

Tokio, media hora más tarde

Tuxedo Mask y las Sailor Gems llegaron al frontis del colegio Mugen, pero, al parecer, ya era demasiado tarde. El edificio completo estaba envuelto en un aura negra que parecía provenir del subterráneo. No obstante, no podían rendirse. La fuente del aquel poder maligno seguramente debía ser un punto débil.

—El aura es muy fuerte —dijo Sailor Tourmaline, protegiéndose con ambos brazos del viento que producía aquella gran forma oscura—. No puedo avanzar.

—Déjamelo a mí —dijo Sailor Turquoise, lanzando su ataque acuático, el cual penetró la oscuridad, pero ésta volvió a cobrar fuerza, y deshizo su técnica como si fuese evaporada por un fuego intenso.

—¿Acaso no podemos hacer nada? —añadió Sailor Jasper, bajando los brazos—. ¿Tan fuerte es esa energía oscura?

—No tanto como nuestra fuerza de voluntad —dijo una voz dura a espaldas de Sailor Jasper. Todos se dieron vuelta, y vieron a Sailor Silver Moon, acompañada de Sailor Amethyst y otras cuatro chicas desconocidas, pero Tuxedo Mask las reconoció de inmediato: eran las Inner Senshi. Caminaban hacia el aura negra con absoluta determinación.

—¿Son… las Inner Senshi? —dijo Sailor Tourmaline, mirando al grupo de seis chicas con algo parecido a la admiración—. ¿Acaso así lucen?

Sailor Amethyst se reunió con sus compañeras, y las Inner Senshi se plantaron delante del edificio, como si ya supieran qué hacer.

—De acuerdo, chicas —dijo Sailor Silver Moon, tronando los dedos—. Tal como Sailor Mercury lo dijo, todas en un círculo.

Las Inner Senshi obedecieron, se tomaron las manos, disponiéndose como Sailor Silver Moon lo había dicho.

—A mi señal, todas usarán sus técnicas al mismo tiempo. Si todo sale bien, podremos atravesar esa cortina de oscuridad.

En ese momento, otras tres mujeres llegaron a la escena. Se trataba de las Outer Senshi. Las tres miraron primero a las Inner Senshi, luego a las Sailor Gems, y por último, a Sailor Silver Moon. Daba la impresión que se preparaban para realizar un ataque combinado.

—¡Ahora! —exclamó Sailor Silver Moon.

Todas las Inner Senshi utilizaron sus ataques al mismo tiempo, y, en lugar de ver cuatro técnicas separadas, tanto las Sailor Gems como las Outer Senshi vieron un rayo dorado brotar del círculo que habían hecho las Inner Senshi. Mucha más sorpresa causó que ese rayo penetrara sin problemas la oscuridad.

—¡Rápido! ¡Entren ya! —gritó Sailor Silver Moon desde el círculo que hacían sus compañeras, y tanto las Sailor Gems como las Outer Senshi corrieron hacia la abertura que había creado el rayo dorado. Cuando vio que ya se encontraban dentro del colegio, dio la orden para que avanzaran, sin dejar de atacar.

Era un camino tortuoso, porque no podían avanzar rápido. Era como si un equipo SWAT se infiltrara en un inmueble para atrapar a un criminal muy peligroso. Sin embargo, era necesario si también querían entrar en el colegio.

Dos minutos tuvieron que transcurrir para que las Inner Senshi pudieran, al fin, dejar de atacar e ingresar al vestíbulo. No obstante, lo que vieron allí excedía cualquier cosa que hubieran visto hasta el momento.

Había centenares de cuerpos desparramados por el piso. Todos tenían el mismo uniforme. Ninguno de ellos parecía tener siquiera un rasguño, pero tampoco se movían. Todas las Sailor Senshi miraban los cuerpos, pero a Sailor Amethyst se le ocurrió mirar al techo, y lo que vio, la llenó de espanto.

Había cientos de corazones puros flotando en el aire. Se los habían arrancado a los estudiantes, a todos y cada uno de ellos. Las demás Sailor Senshi también estaban comenzando a mirar hacia arriba para contemplar el horror de lo que había ocurrido en el colegio.

—Ya me estaba comenzando a preguntar cuándo llegarían —dijo una voz en el lado más lejano del vestíbulo. Todas desviaron la mirada hacia ese lugar, y vieron a una mujer con un vestido negro que dejaba ver parcialmente sus voluminosos pechos. Tenía el cabello tomado y tenía sus ojos tan entrecerrados que parecían rendijas.

—Kaolinite —murmuró Sailor Pluto, crispando los puños. Aún no había olvidado la humillación que le hizo pasar en aquel callejón, usando a Rini como cebo—. No creas que hemos olvidado lo que has hecho con la Pequeña Dama. Pero ahora somos más que tú. No escaparás esta vez.

—Oh, parece que aún no sabes dónde y en qué situación están —dijo Kaolinite en un sonsonete burlón que no hizo otra cosa que elevar los humos de las Outer Senshi—. Asumo que ya fueron testigos de lo que ocurrió aquí. Cientos y cientos de corazones puros, flotando allá arriba. No escogí este lugar en balde para pelear contra ustedes, ¿saben?

—Kaolinite tiene razón —dijo Sailor Mercury, sobresaltando a las demás—. El vestíbulo es amplio, pero con esos corazones puros allá arriba, cualquier ataque puede romperlos. No podremos pelear todas contra ella. Una de nosotras tendrá que quedarse atrás y luchar contra Kaolinite. Es la única forma en que podamos avanzar.

—Yo me ofrezco —dijeron Sailor Silver Moon y Sailor Jupiter al mismo tiempo, pero Sailor Mercury negó con la cabeza, sorprendiendo a ambas.

—No es posible. Sus ataques cubren demasiada área. De seguro van a destruir muchos corazones puros.

—Pero… —iba a protestar Sailor Silver Moon, pero Sailor Amethyst se adelantó a sus objeciones.

—Yo me quedaré —dijo, con un pequeño temblor en la voz—. Soy la más indicada para esto. No tengo ataques poderosos ni que cubran mucha área. Ni siquiera son ataques, sino más bien, trucos de magia.

—No podrás con ella, Violet —dijo Sailor Silver Moon, poniéndose frente a su pareja y mirándola con ojos brillantes—. Deja que me encargue de esto. Ya verás que voy a hacer mierda a esa engreída sin romper ningún corazón puro.

—No puedo correr el riesgo de que tus ataques acaben con la vida de una persona —insistió Sailor Amethyst, lo que hizo que a Sailor Silver Moon le brillaran más los ojos—. Tengo que ser yo. Por favor, Saori, confía en mí, así como yo confío en ti. Yo puedo hacer esto. No quiero que pienses que soy débil.

—Violet —dijo Sailor Silver Moon, con cara de extrañeza—, nunca creí que eres débil. Es sólo que… no quiero que mueras. Te acabo de recuperar. No quiero perderte otra vez. No creo que mi corazón pueda volver a soportarlo.

Sailor Amethyst se acercó a Sailor Silver Moon, le puso las manos en los hombros, y la miró directamente a los ojos.

—No voy a morir, Saori —dijo, suavemente, cosa que solamente Sailor Silver Moon pudiera escucharla—. Porque si lo hago, no volveré a verte otra vez, y haré todo en mi poder para que eso jamás ocurra. ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas lo que me dijiste en el Milenio de Plata, cuando los Desterrados nos invadieron? Si es así, quiero que me digas las mismas palabras que me dijiste en ese entonces. Por favor, Saori, dímelas.

Sailor Silver Moon no dijo nada por un minuto completo. Sus labios temblaban, como si no se atreviera a decir aquellas palabras, como si decirlas implicase perder a Violet, a su Perséfone, para siempre. Sin embargo, Violet no había escogido esas palabras en balde, y tampoco quería que su amor lo fuera. Decidió confiar en su pareja.

—Nuestro amor jamás morirá, Perséfone —dijo Sailor Silver Moon con suavidad, acariciando el rostro de Sailor Amethyst.

—Esa es mi chica —dijo a su vez Sailor Amethyst, sus ojos brillando con un fulgor casi divino—. Te amo.

—Yo también.

Después de un intenso pero breve beso, Sailor Silver Moon indicó a las Inner Senshi a que la siguieran. Las Sailor Gems, dedicando una intensa mirada a Sailor Amethyst, las siguieron, y por último, lo hicieron las Outer Senshi. Kaolinite trató de impedir el paso de las Sailor Senshi, pero no pudo hacer nada, porque sus manos se encontraban atadas por un lazo púrpura. Luego, sus piernas siguieron, cayendo al suelo. Mientras veía, impotente, cómo las Sailor Senshi salían del vestíbulo, la única de ellas que se había quedado, se acercó a ella, mirándola con un mezcla de miedo y determinación.

—Yo seré tu oponente —dijo Sailor Amethyst, con el ceño fruncido y los labios apretados.


Sailor Silver Moon y las demás penetraron aún más en el colegio. Sailor Mercury guiaba a sus compañeras, usando su visor y computadora de bolsillo en tándem. Sin Sailor Amethyst, ella era la única que podía localizar la fuente de la energía oscura que envolvía el colegio. No obstante, había algo raro en el aire, pues ninguna de las Sailor Senshi podía respirar con normalidad. Era como si caminaran a cinco mil metros de altura, cuesta arriba. Además, hacía mucho calor, lo que hacía que sus pieles brillaran a causa del sudor.

—No puedo soportar este ambiente por mucho más tiempo —se quejó Sailor Mercury, limpiándose el sudor de la frente, de modo que no llegara a su visor—. Tenemos que descender por estas escaleras. Dos pisos. Llegaremos a la fuente de la energía oscura en unos pocos minutos.

De hecho, las únicas que se sentían cómodas con el calor eran Sailor Mars y Sailor Silver Moon, quien usaba una corriente de aire alrededor de ella para mantenerse fresca. Sailor Neptune, quien también lucía muy débil, miró a Sailor Silver Moon y usó sus poderes acuáticos para protegerse del calor.

No encontraron ningún obstáculo, al menos hasta llegar al sótano. Había una puerta de acero, con remaches en los bordes, y a un costado, se podía ver una consola con varios botones y una pantalla alargada. Obviamente, había que ingresar una contraseña. Sailor Silver Moon iba a echar abajo la puerta con un puñetazo, pero Sailor Mercury la detuvo. Sacó su computadora de bolsillo, la acercó a la consola y ejecutó el conocido programa "Alfombra Roja". En cuestión de segundos, el programa encontró la contraseña correcta y la puerta se abrió.

Unos gritos velados hicieron que Sailor Silver Moon contuviera la respiración. Sabía que había una batalla dos pisos arriba, y que Sailor Amethyst posiblemente perdiera contra Kaolinite. Sin embargo, siguió adelante, adentrándose en la oscuridad, al menos hasta que llegó a una amplia estancia, con una ventana que daba al espacio y una consola con varios botones junto a ésta. Había tres personas mirando por la ventana. Una de ellas usaba una bata de laboratorio, y las otras dos usaban vestidos negros. Una de las mujeres tenía el cabello negro y largo, y la otra tenía moños muy similares a los que usaba…

—No puede ser —dijo Sailor Mercury, mirando a la mujer de los moños—. Pero si es…

—¿Qué rayos le hicieron a Rini? —increpó Sailor Jupiter, avanzando hacia las dos mujeres, pero un campo invisible de energía le impidió el paso.

—Solamente me alimenté de su corazón puro —dijo la mujer del cabello negro, dándose la vuelta y todas vieron que llevaba una estrella negra en su frente—. Lo demás… digamos que ella siempre fue así. Al parecer, robarle su corazón puro reveló su verdadera naturaleza.

—Así es —dijo la mujer de los moños, dándose la vuelta, y las Inner Senshi contuvieron el aliento al ver a una enemiga del pasado. Sailor Pluto ostentaba una expresión de tristeza al ver que la Pequeña Dama, por alguna razón, había regresado a su forma más oscura—. Acéptenlo. Ésta es mi verdadera apariencia.

—No lo es —dijo Tuxedo Mask, adelantándose a todas las demás, acercándose con lentitud a Black Lady—. No te dejes vencer por el mal, Rini. Tú eres la Pequeña Dama, la heredera de Tokio de Cristal. Estás siendo manipulada.

—Eso fue lo que me dijeron la última vez —dijo Black Lady, mostrando una sonrisa maligna—, y sin embargo, aquí estoy nuevamente. ¡No quieren aceptar que esto es lo que soy!

Y Black Lady hizo un movimiento violento con ambos brazos, y todas las Sailor Senshi, a excepción de Sailor Silver Moon, quedaron como estampilla en la pared. Ella dio tres pasos en dirección a Black Lady, frunciendo el ceño.

—No sé quién mierda te hizo esto, pero esa no es excusa para maltratar a mis amigas. Hazlo otra vez, y no me va a importar si eres mi hermana menor o no. Te haré puré, y te sacaré a golpes del cuerpo de Rini.

—Pero ella no está sola —dijo la mujer del cabello negro y largo—. Yo, la poderosa Dama 9, no voy a dejar que Black Lady pelee esta batalla sola.

—Entonces las haré mierda a las dos. ¿Qué esperan? Vengan a mí, si es que son tan valientes.

—No, Dama 9 —dijo Black Lady, taladrando con la mirada a Sailor Silver Moon—. Tienes que acabar con el trabajo. Está en tus manos la llegada del Faraón 90 a este planeta. No debes fracasar.

La Dama 9 asintió con la cabeza, y dirigió la mirada hacia el profesor Tomoe.

—Esas tres son mías —dijo, indicando con el dedo a Sailor Uranus, Sailor Neptune y Sailor Pluto—. Encárgate de las demás.

Inmediatamente después, la Dama 9 alzó ambos brazos hacia el cielo, y unos tentáculos negros aprisionaron a Sailor Uranus, Neptune y Pluto. Usando los mismos tentáculos, las arrojó hacia el interior del domo de energía y les robó de toda voluntad, de modo que ellas hicieran lo que la Dama 9 les ordenara. No tuvo que pasar mucho tiempo para que las Outer Senshi se convirtieran en títeres. A continuación, la Dama 9 les entregó a cada una de ellas su respectivo talismán.

—Hagan aparecer la Copa Lunar.

Mientras las Outer Senshi, sin voluntad ni conciencia, se disponían en un triángulo y alzaban sus talismanes hacia el techo, las Inner Senshi junto con Tuxedo Mask luchaban contra el profesor Tomoe, quien había adquirido la forma de una de sus tantas creaciones, y Sailor Silver Moon peleaba contra Black Lady. Una vez más, Sailor Silver Moon había demostrado que era la más fuerte de las Sailor Senshi, tratando a Black Lady como una muñeca de trapo con sus poderes sobre los vientos y las tempestades. Aunque Black Lady hacía lo que podía, realmente no era rival para su hermana mayor. No obstante, Sailor Silver Moon no acabó con ella. La dejó inconsciente para unirse a la refriega contra el profesor Tomoe, la que acabó instantes más tarde.

Pero todo aquello había sido una estratagema de la Dama 9 para ganar tiempo. Los tres talismanes brillaban con destellos cegadores, y todos supieron que ya era demasiado tarde. La Copa Lunar no iba a tardar en aparecer.

Sin embargo, los segundos pasaban y no aparecía nada que se pareciera a una copa o a un cáliz. La Dama 9 comenzó a impacientarse, hasta que los talismanes dejaron de brillar. No había Copa Lunar en absoluto.

—¿Pero qué pasa? —rugía la Dama 9, paseándose alrededor de las Outer Senshi—. ¿Dónde está la Copa Lunar? ¡Se supone que debería aparecer encima de los talismanes! ¿Dónde mierda está?


Mientras tanto, en el cementerio, la familia Tsukino iba a dejar algunas flores a la tumba de Serena, cuando vieron un rayo de luz brotar desde el túmulo. Luego, no fue un solo rayo. Fueron muchos, como si la fuente de un brillo intenso estuviera enterrado en el suelo. Después, tanto Kenji como Ikuko y Sammy vieron, con asombro mal disimulado, cómo la tierra se levantaba y se apartaba de un objeto muy brillante que emitía luces plateadas. Los tres creyeron que habían ido a parar a la escena de una película de ciencia ficción, cuando el brillo disminuyó, lo suficiente para que ellos pudieran ver de qué se trataba. No obstante, cuando lo hicieron, se quedaron helados.

Era Sailor Moon.