LXX
Super Sailor Moon
Tokio, 19 de julio de 1992, 02:02p.m.
La Dama 9 podía sentir cómo las venas en sus sienes pulsaban a causa de la rabia. Ya habían pasado varios minutos desde que juntó los talismanes, pero no se podía ver ninguna Copa Lunar. Y la situación iba empeorando cada vez más. Black Lady yacía fuera de combate, y el profesor Tomoe apenas podía moverse. La única defensa que le quedaba era el campo de energía, y, aunque supiera que ninguna de las Sailor Senshi podría penetrarlo, tampoco era que pudiera simplemente atacar a sus adversarias. Solamente Sailor Silver Moon podía barrer el piso con ella. No quería ni imaginar lo que podría pasar si todas unían sus fuerzas. Tal vez su único consuelo era que Kaolinite seguía en pie, y seguramente iba a acabar con su oponente.
Al otro lado del campo de energía, las Sailor Senshi escucharon unos pasos lentos pero seguros. El sonido hacía pensar en tacones altos, lo que no auguraba nada bueno, sobre todo para Sailor Silver Moon. Con el corazón en un puño, miró atentamente hacia la puerta, y vio confirmados sus peores miedos.
Kaolinite apareció por la puerta, siempre mirando al frente, incluso pasando de largo a las Sailor Senshi. Sailor Mercury notó la anomalía, y se puso a teclear furiosamente en su computadora de bolsillo. Sailor Silver Moon, por otro lado, no alcanzaba a comprender el comportamiento de Kaolinite, pero la confusión aumentó cuando extendió una mano hacia delante, y un rayo negro brotó de ésta, colisionando con la barrera y haciéndola visible.
Así estuvo Kaolinite, con una expresión que no concordaba con lo que estaba haciendo, usando sus poderes contra el campo de fuerza, haciendo que éste fuese cambiando de color de forma gradual. Al final, cuando adquirió un color negro, la barrera se desarmó por completo, y la Dama 9, visiblemente horrorizada, se parapetó detrás de las Outer Senshi (que aún seguían bajo su control).
No obstante, en cuanto el campo de energía colapsó, Kaolinite se desplomó al suelo, mortalmente pálida. Sailor Venus se acercó a ella y le tomó el pulso. Negó con la cabeza.
—Está muerta —dijo una voz que provenía desde detrás de la puerta. Sailor Silver Moon sintió cómo el corazón le saltaba a la garganta. Reconocía a la perfección esa voz. Sailor Amethyst no había perdido después de todo—. Usó todas sus energías para romper la barrera—. Cuando ella acabó de decir esas palabras, apareció desde las sombras. Apenas tenía un rasguño en su pierna derecha—. Era una bruja poderosa, pero sus trucos eran muy básicos. Arrojar poderes y transportarse a cualquier lado. Eso es de principiantes.
Sailor Silver Moon, de tener su corazón bailando la conga, pasó a tener una expresión de desconcierto. Nunca había escuchado a Sailor Amethyst hablar de ese modo, sobre todo frente a un enemigo. Pero luego, ella se acercó a Sailor Silver Moon, y le dijo algo que le hizo entender todo lo que había ocurrido.
—No te preocupes, es solamente una actuación, pero no quiero que esa mujer lo sepa. Es probable que, estando ofuscada, cometa más errores y nos de la ventaja en esta batalla. Lo aprendí en un libro llamado "El Arte de la Guerra".
Sailor Silver Moon no dijo nada, pero aquello vino a ser algo bueno, porque la Dama 9 no escuchó nada de lo que Sailor Amethyst había dicho. Sin embargo, no daba la impresión que fuese a realizar alguna táctica temeraria. De hecho, era inquietante lo calculadora que lucía su mirada.
—Atáquenlas —dijo, y en cuanto acabó de hablar, las Outer Senshi avanzaron hacia las demás, dispuestas a hacerles el mayor daño posible.
—¿Pero qué les pasa? —quiso saber Sailor Mars, preparándose para la contienda—. ¿Acaso no están de nuestro lado?
—Están siendo controladas por la Dama 9 —repuso Sailor Mercury, haciendo una seña a Sailor Amethyst para que acudiera a ella—. Creo que son esos tentáculos negros los que las mantienen cautivas.
—Pues yo me encargaré de ellas —gruñó Sailor Silver Moon, pero al ver las caras de las demás, añadió—: descuiden, no las voy a matar. Las mantendré entretenidas mientras ellas dos averiguan cómo liberarlas de esos malditos tentáculos. Las demás, ocúpense de esa tal Dama 9.
Fue así como comenzó la siguiente batalla. Sailor Mercury y Sailor Amethyst trabajaban en conjunto para hallar una forma de deshacerse de los tentáculos de energía oscura, el resto de las Inner Senshi luchaba contra la Dama 9, y Sailor Silver Moon hacía lo propio con las Outer Senshi. Uno podría pensar que, con lo fuertes que eran las Outer Senshi, sobre todo Sailor Uranus y Sailor Pluto, aquella pelea podría no ser tan fácil, pero Sailor Silver Moon tenía mucha más experiencia de combate, aparte de su batería de poderes. Era tan rápida que ni Sailor Pluto podía enlentecer el tiempo lo suficiente para que ella no fuese una amenaza (76). La otra ventaja que poseía Sailor Silver Moon por sobre las demás, era su mayor dominio sobre el vuelo. Pese a que Sailor Uranus también podía hacerlo, no era ni remotamente tan ágil y veloz como Sailor Silver Moon. A eso se le debía añadir su brutal fuerza física y mejores movimientos ofensivos y defensivos. Sailor Silver Moon era, aparentemente, invencible.
Distinto era el caso de las Inner Senshi. Pese que eran tres contra una, la Dama 9 podía defenderse bastante bien. Incluso era capaz de poner en aprietos a sus oponentes con sus poderes de magia negra. Solamente los mejores ataques de las Inner Senshi podían lastimarla, siempre y cuando estuvieran bien coordinados, porque la Dama 9 era bastante adepta en no permanecer en el mismo sitio. Sin embargo, cuando Tuxedo Mask se unió a la refriega, las Inner Senshi obtuvieron la ventaja, porque él era capaz de anticiparse a los movimientos del enemigo metiéndose en su mente, y usando esa misma habilidad para comunicárselo a las demás, y todo eso sin mencionar su asombrosa capacidad de convertir un objeto cotidiano en un arma mortal. Y había muchos detritos en el campo de batalla.
Tuvieron que pasar diez minutos de contienda para que Sailor Mercury y Sailor Amethyst lograran desarmar los tentáculos que controlaban a las Outer Senshi. Para ese entonces, las Inner Senshi tenían varios cortes y heridas, Tuxedo Mask lucía casi indemne, Sailor Silver Moon tampoco había sufrido gran cosa, pero las Outer Senshi no podían ponerse de pie. Las tres tenían las piernas rotas en varios lugares y ostentaban moretones de aspecto bastante grave. La Dama 9, por otro lado, seguía en pie, pero su vestido estaba rajado en varias partes y corría un hilo de sangre por su frente. Respiraba con dificultad y apoyaba sus brazos en sus rodillas, notando por el rabillo del ojo que los niveles de energía, por extraño que pudiera sonar, iban en aumento. No obstante, no había Copa Lunar, ni cerca ni lejos. ¿Qué podría estar pasando?
La respuesta, o al menos una pequeña parte de ella, vino en la forma de una mariposa de luz. Todas la vieron deambular por el aire, para luego esfumarse así sin más. No obstante, otra mariposa de luz entró por la puerta, luego otra, y otra, y otra más, hasta que fue una multitud. Minutos más tarde, una nube de mariposas de luz y de todos los colores imaginables se hizo presente, flotando como si no tuviera peso en absoluto, y tocó tierra en medio del campo de batalla.
Apenas se detuvo la nube de mariposas, éstas se apartaron, esfumándose así como lo hizo la primera. Cuando las presentes vieron lo que había en el centro de la nube, ninguna pudo articular palabra. Tenían sus pies enraizados al piso, con la boca abierta, en un clima de total incredulidad. Ni siquiera la Dama 9 mostraba alguna reacción.
Se trataba de una Sailor Senshi. Su uniforme era mayormente blanco, a excepción de las botas largas, el listón en su pecho y el borde inferior de su falda. Tenía una especie de corona en su cabeza, una tiara con una luna menguante en su frente, y el listón trasero era transparente y muy largo. Completaba la indumentaria lo que parecían escamas transparentes justo encima de los hombros. Y sin embargo, aquel no era el detalle más impactante de todos. Eran aquellos moños en la cabeza, ese cabello rubio con esos flequillos tan característicos y esa mirada de bondad infinita.
—¿Sailor… Moon? —preguntó Sailor Mars, con una voz incierta. Sailor Venus y Sailor Jupiter no decían nada, pero las lágrimas en sus ojos daban cuenta de que estaban entendiendo que Sailor Moon había, en efecto, vuelto a la vida. Sin embargo, nadie sabía por qué. Era una de las cosas que Sailor Mercury estaba tratando de dilucidar, tratando de permanecer objetiva en un momento en el que era muy difícil hacerlo.
—¿En verdad eres tú? —quiso saber Sailor Silver Moon, acercándose a Sailor Moon con curiosidad. Por supuesto, ya la había visto antes, pero no con ese uniforme—. Porque luces muy distinta a cuando te conocí.
Sailor Moon no respondió. De hecho, ignoró a todas las Sailor Senshi, incluso a Tuxedo Mask, aproximándose a la Dama 9, quien tampoco podía explicar la presencia de aquella nueva Sailor Senshi.
—Pobre —fueron las primeras palabras de Sailor Moon, refiriéndose a la Dama 9—, has sido poseída por un poder maligno. Esa no eres tú. Eres una niña bondadosa y amable.
—¡No sé de qué hablas! —exclamó la Dama 9, avanzando hacia Sailor Moon y usando uno de sus poderes, pero no sirvió de nada. Sailor Moon siguió avanzando, lo que hizo que la Dama 9 retrocediera cada vez más—. ¡No hay ninguna niña bondadosa dentro de mí! ¡Soy lo que soy!
Y trató de golpear a Sailor Moon, pero su puño se detuvo a escasos centímetros de su cara. Sin importar cuánta fuerza empleara para hacerle daño, su mano no se movía. Era como si Sailor Moon estuviera rodeada de un campo de fuerza invisible.
—No tengas miedo —dijo Sailor Moon con una voz gentil, extendiendo una mano y tomando el hombro de la Dama 9, quien no podía hacer ningún movimiento—. Todos nos extraviamos en nuestro camino. Pero nunca es demasiado tarde para volver a él. ¡Vamos! Deshazte de esta oscuridad, y camina hacia la luz.
La Dama 9 se sintió como si toda su piel estuviera ardiendo. El dolor que estaba experimentando era como si se estuviera bañando en lava volcánica. Su cuerpo se estaba derritiendo lentamente, o al menos esa impresión le dio, mientras que lanzaba chillidos desgarradores al aire. Finalmente, cuando la estrella negra en su frente se hizo añicos, la cáscara de la Dama 9 se convirtió en humo, dejando atrás algo completamente inexplicable.
Se trataba de una niña de unos doce años, de cabello negro corto y ojos púrpura. Habría sido algo relativamente normal, de no ser por el atuendo de Sailor Senshi que usaba, y la larga alabarda que sostenía con su mano izquierda. Las demás Sailor Senshi quedaron estupefactas al ver a la joven. Su falda era púrpura, al igual que sus ojos, ambos listones eran de color marrón, y había una estrella de muchas puntas en su pecho. Usaba unas botas largas, del mismo color que su falda ,y unos pendientes con forma de planetas colgaban de sus orejas. Las Inner Senshi no sabían de quién se trataba, las Sailor Gems quedaron boquiabiertas, pero las Outer Senshi tenían una expresión de terror en sus caras.
—No… no puede ser —balbuceó Sailor Uranus, mirando a la nueva Sailor Senshi con ojos desorbitados.
—Está aquí —dijo Sailor Pluto con voz queda, mirando fijamente a la Sailor Senshi de la alabarda—. Es la Sailor Senshi del silencio.
—Sailor Saturn —añadió Sailor Neptune con un temor reverente.
Las Sailor Gems no tenían idea de por qué las Outer Senshi le tenían tanto miedo a Sailor Saturn, mientras que las Inner Senshi, pese a que jamás la habían visto en sus vidas, sentían algo oscuro en sus corazones, como si se aprestara a hacer algo terrible. La única que no tenía miedo era Sailor Silver Moon, quien se acercó a Sailor Saturn, mirándola con curiosidad.
—¿Eres amiga o enemiga? —gruñó, sin pensar por un segundo que la joven frente a ella se iba a amilanar o algo por el estilo.
Sailor Saturn no dijo nada. Evaluaba a Sailor Silver Moon en silencio, mirándola de arriba abajo, componiendo una pequeña sonrisa.
De pronto, los sensores de Sailor Mercury y Sailor Amethyst comenzaron a emitir pitidos desesperados. Las demás Sailor Senshi sintieron un temblor sacudir todo el lugar, y miraron hacia la ventana que daba al espacio. Un vórtice estaba comenzando a aparecer, haciéndose más grande a medida que pasaba el tiempo. Las Outer Senshi se pusieron de pie a duras penas, y tanto las Inner Senshi como las Sailor Gems adoptaron posturas de combate. No obstante, parecía no haber nadie contra quien pelear.
Una enorme forma oscura se abrió paso a través del vórtice, lanzando rayos negros en todas direcciones, haciendo surcos sobre el suelo. Las Sailor Senshi tuvieron que esquivar los ataques como podían, pero los rayos eran demasiado numerosos, y casi todas fueron alcanzadas, dejándolas inconscientes. Las únicas que quedaban de pie eran Sailor Moon, Sailor Silver Moon y Sailor Saturn.
—El Faraón 90 ha llegado a la Tierra —fueron las primeras palabras de Sailor Saturn, enarbolando su alabarda y apuntándola hacia Sailor Silver Moon—. Ya no hay nada que ustedes puedan hacer para detener su avance. Mientras más corazones puros encuentre, más poderoso se hará, por lo que no hay que perder tiempo. Hay que acabar con él aquí, ahora.
—Y asumo que tienes un plan —dijo Sailor Silver Moon, a quien no le gustó la mirada de Sailor Saturn, para nada.
—Hay que acabar con este planeta —dijo Sailor Saturn, con tanta tranquilidad que resultaba escalofriante—. No hay otra opción. Si este planeta explota, el Faraón 90 morirá. Yo tengo el poder de acabar con un planeta, a costa de mi vida. Es lo único que se puede hacer.
Sailor Silver Moon crispó los puños. La Dama 9 no era nada en comparación con Sailor Saturn. Hablaba de hacer desaparecer un planeta entero sin ninguna clase de remordimiento.
—Mira, estúpida atorrante de mierda, mientras yo viva, nadie va a destruir este planeta. Y si te atreves a hacerlo, voy a barrer el piso contigo.
—No podrás detenerme —dijo Sailor Saturn con calma.
Sailor Silver Moon no perdió más tiempo. Con su rapidez, le propinó un puñetazo bastante poderoso a Sailor Saturn, acompañado por uno de sus poderes. La combinación fue avasalladora. Sailor Saturn quedó enterrada en una pared de concreto, a unos cincuenta metros de donde se encontraba Sailor Silver Moon. No obstante, Sailor Saturn se sacudió los escombros y recorrió esos cincuenta metros en muy poco tiempo. Sailor Silver Moon arqueó una ceja al ver que su contrincante no tenía siquiera un corte.
—Ya te dije que no podrás detenerme.
Y con un golpe más rápido que el sonido, sucedido de una pequeña explosión, Sailor Saturn envió a Sailor Silver Moon al otro lado de la sala, quedando enterrada bajo una pila de escombros, inconsciente, como todas las demás. Después, actuando como si nada hubiera ocurrido, Sailor Saturn alzó la alabarda hacia el cielo, dispuesta a hacer lo que dijo que iba a hacer, cuando vio que otra Sailor Senshi se interponía en su camino.
—No puedes evitar lo inevitable.
—Tiene que haber otra forma —dijo Sailor Moon con la voz quebrada y los ojos brillantes—. No puedes destruir todo un planeta. Miles de millones de inocentes van a morir, y tú también. ¡Por favor, Sailor Saturn! ¡Permíteme hacerme cargo de esto!
—No tienes la fuerza suficiente, Sailor Moon. Yo soy la única que puede detener esto.
Sailor Moon entendió que no era posible razonar con Sailor Saturn, lo que le dejaba una sola alternativa.
Sin decir nada más, sin mirar atrás, Sailor Moon avanzó hacia la creciente oscuridad, tragando saliva, sabiendo que podría perder la vida que acababa de recuperar. Pero no podría descansar tranquila si no hacía nada para salvar las vidas de incontables personas que nada tenían que ver con este conflicto. Mientras que, más atrás de ella, Sailor Saturn había hecho aparecer una gran esfera de luz dorada, la que iba creciendo cada vez más. Sailor Moon se dio prisa.
¡No voy a permitir que este mundo desaparezca! ¡Lo daré todo para que eso jamás llegue a pasar!
Sailor Moon llegó al centro de la oscuridad, y vio un par de ojos cuyo fulgor podía asustar incluso al más valiente de los soldados. Sailor Moon, tragando saliva y protegiéndose de los feroces vientos causados por la energía oscura, alzó ambos brazos hacia el cielo, y un resplandor plateado entregó un poco de luz. Sailor Moon cerró los ojos y pensó en todas las vidas que transcurrían en ese pleno instante, los pormenores, las penas, los sufrimientos, los deseos, todo lo que hacía que la vida valiera la pena. También pensó en todos aquellos que se habían ido sin que les hubiera llegado la hora de partir, aquellos que habían perecido de forma injusta…
El brillo del Cristal de Plata fue aumentando más y más, a tal punto que Sailor Saturn fue capaz de ver rayos plateados escapar entre la oscuridad, tal como los rayos de sol escapaban de una nube. Ya había llegado al máximo poder, y solamente bastaba un movimiento de su alabarda para que todo fuese reducido a nada.
Sailor Moon extendió los brazos hacia delante, y todo el poder del Cristal de Plata fue proyectado hacia el enemigo, quien no podía soportar tanta luz. Buscó alimento en los corazones puros que flotaban en el vestíbulo del colegio, pero ni éstos cooperaban con él. El Cristal de Plata había hecho que todos aquellos corazones puros volvieran adonde pertenecían, y el Faraón 90 se quedó sin alimento. Incapaz de batallar contra la luz que proyectaba Sailor Moon, trató de retirarse para volver nuevamente, pero eso tampoco fue posible. El brillo era tan puro que le hacía daño, carcomía lentamente su ser, causándole un dolor sin nombre, hasta que ya no pudo seguir viviendo. La oscuridad fue barrida de golpe, y se pudo ver el cielo azul. Humo brotaba del suelo, del lugar donde había estado el Faraón 90. Había escombros por doquier, entre los cuales las Sailor Senshi recuperaban la consciencia y se ponían de pie.
Sailor Moon caminaba de vuelta hacia sus amigas, notando que Sailor Saturn ya había hecho desaparecer su esfera de energía. Tenía una sonrisa en su cara, una muy distinta a cuando se enfrentó a Sailor Silver Moon. Las Sailor Senshi se acercaban a ella, algunas con lágrimas rodando por sus mejillas, otras con sendas sonrisas. Las Outer Senshi, por otra parte, mostraron su aprobación por lo que Sailor Moon había hecho. Pero, de entre todos los presentes, había uno que había soñado cada día por su regreso.
Tuxedo Mask se aproximaba lentamente a Sailor Moon, como si temiera que ella fuese un espejismo que pudiera desaparecer en cualquier minuto. Pero cuando supo que no era una obra de su imaginación, unas lágrimas traicioneras resbalaron por sus mejillas, mientras corría al encuentro de Sailor Moon. Ella también lloraba, pero tenía una sonrisa en su cara.
Cuando ambos se encontraron, fue como si el tiempo se hubiese detenido. Tuxedo Mask abrazaba a Sailor Moon con fuerza, y ella le echó las manos al cuello, mirándolo como si no lo hubiera visto en años.
—Creí que no te volvería a ver —dijo Tuxedo Mask con la voz quebrada—. Lo que hicieron contigo…
—No te preocupes —repuso Sailor Moon, limpiándole las lágrimas a su pareja—. La gente que me hizo esto no es mala, es solamente ignorante. Pero aquí estoy otra vez. Nadie nos va a volver a separar.
—Nadie lo hará, porque no sabría qué hacer si eso llega a ocurrir.
—Oh, Darien.
—Serena.
Y así, con un beso entre Sailor Moon y Tuxedo Mask, aquella pelea había llegado a su fin, sin mencionar que Sailor Silver Moon no había sufrido gran daño por el ataque de Sailor Saturn, que las Outer Senshi tendrían que pasar dos semanas en recuperación, que algo había que hacer con Black Lady, que Ryuko Kobayashi acababa de salir del hospital rumbo al aeropuerto, y que Nicole había recibido una llamada media hora después de la batalla contra el Faraón 90.
(76) Sailor Pluto es capaz de detener el tiempo por completo, pero, como pasa con Sailor Saturn, aquella técnica la debe usar a costa de su propia vida.
