LXXII
Sailor Jade

Tokio, 22 de julio de 1992, 10:17a.m.

A las Sailor Senshi les tomó la mayor parte de los últimos dos días en recuperarse de la batalla contra el Faraón 90, y, sin embargo, sabían que había asuntos pendientes de los que encargarse, sobre todo para las Sailor Gems. Pero, de todas las cosas que habían ocurrido en esos dos días, era la conmoción de los Tsukino por ver a su hija con vida lo que más había destacado. Para Ikuko y Kenji, no había explicación que valiera cuando se trataba de ver a Serena en un lugar que no fuera el cementerio. Hubo muchos llantos, abrazos, palabras de aprecio, e incluso hubo una comida especial de bienvenida (lo que fue una equivocación, porque Serena se comió su porción y la de Sammy). Por supuesto, Darien también fue invitado, y a Kenji le sorprendía que él se mantuviera tan cerca de Serena, aunque él, a diferencia de Ikuko, no le agradaba mucho que un hombre cortejara a su hija.

Las amigas de Serena también le hicieron una fiesta de bienvenida, a la que todas las Sailor Senshi asistieron. Como se trataba de un evento exclusivo para chicas, se dieron algunas libertades que en otras condiciones no podrían tomarse. Especialmente memorable fue el juego de la botella, donde hubo varios besos incómodos. Saori fue afortunada, porque le tocó a Violet, al igual que Lita y Nicole, que no recibieron nada. Haruka tuvo que soportar ver a Michiru hacer lo propio con Amy (77), pero luego Michiru miró con ojos como rendijas cómo Haruka besaba a Serena, quien se había puesto muy colorada. Pero, la sorpresa más notoria fue el mero roce de labios que se dieron Sophie con Scarlett. Sophie tenía cara de trasero, pero Scarlett, por increíble que pudiera sonar, tenía las mejillas extremadamente coloradas, cosa que, por supuesto, a Sophie no le gustaba para nada. Por fortuna, todas ellas pudieron dejar aquellas experiencias como meras anécdotas.

Durante esos días de descanso, también había ocurrido una revelación inesperada. Desde la batalla contra el Faraón 90 que Amy se venía preguntando cómo había revivido Sailor Moon, y por qué tenía un uniforme distinto. Después de unas pocas noches en vela, dio por accidente con la respuesta.

—Tienes que estar bromeando —dijo Rei, una tarde cuando las Inner Senshi se encontraban reunidas en el templo Hikawa—. ¿Cómo es posible que ocurra eso?

—Ya se los dije —dijo Amy, encogiéndose de hombros—. La energía que emitían los talismanes poseen una longitud de onda, que combinadas entre sí, igualan a la perfección con la longitud de onda de la energía emitida en el momento que Sailor Moon volvió a la vida.

—¿No se suponía que debía aparecer la Copa Lunar cuando estuvieran los tres talismanes juntos? —preguntó Lita, quien lucía tan perdida como Mina y Serena—. Recuerdo que no pasó nada.

—Pues claro que no pasó nada —dijo Amy con una pequeña carcajada—. ¿Qué no lo ven? Sailor Moon es la Copa Lunar (78). Por eso revivió cuando los tres talismanes se reunieron, y por eso que la Dama 9 creyó que no había Copa Lunar.

Sin embargo, la noción de que la Copa Lunar fuese una persona y no un objeto iba más allá del entendimiento de Rei y las demás. Amy se conformó con comunicar esa información, pero no podía dejar de pensar en aquella revelación. Diamante la había violado, dejando un legado oscuro en su interior, apagando su deseo de vivir. Poco tiempo después, ella muere durante una intervención de las fuerzas armadas de Estados Unidos, para luego revivir con la ayuda de los talismanes, totalmente libre de la oscuridad que Diamante había sembrado en su interior. Aquello encerraba un simbolismo que a Amy le sobrecogía. La copa, en muchas culturas antiguas, era llamado el cáliz, y era empleada como una alegoría a la mujer y a todo lo relacionado con la feminidad. En opinión de ella, reunir los talismanes había restaurado la feminidad de Serena, arrebatada por el acto de Diamante, y había regresado tan pura como cuando nació. No obstante, escogió dejar esos pensamientos para ella, porque las demás no lo entenderían.

Cuando todas hubieron descansado lo suficiente, se abocaron a la siguiente tarea: revivir a Cristalia, si era posible. Daba la casualidad que, ese día, iba a tener lugar el lanzamiento del Atlantis, cuya misión sería observar la luna desde el espacio, algo que no se había hecho hasta ese momento. La misión prometía entregar las primeras fotografías en alta resolución del satélite natural, y la idea era que también pudiera hacerse lo mismo con el lado oscuro, pero aquella hazaña iba a ser posible en otra misión, con otra tripulación y otro transbordador, el Discovery (79). Eso le recordó a Saori la conversación que había tenido con Luna sobre Kakeru, y decidió platicarle sobre el tema a Serena.

—¿Y por qué no se lo dice? —dijo Serena, quien no le veía la complicación a que Luna fuese honesta con él.

—¿Eres tonta o qué? —le regañó Saori, y Serena puso cara de desdén—. ¿De verdad crees que Kakeru se lo va a tomar bien si Luna le dice lo que siente? No lo va a entender, y, desde luego, va a creer que está soñando. Es mejor que se lo diga siendo una humana. Puedes hacer eso, ¿no es así?

—¿Transformar a Luna en humana? —dijo Serena, quien se llevó una mano al mentón—. No sé si esté dentro de las posibilidades del Cristal de Plata, pero lo intentaré. Luna no merece sufrir por amor.

—Por cierto, ¿dónde mierda está ella?

—Fue a ver a Kakeru —dijo Serena, mirando hacia el horizonte cubierto de nubes negras—. Todavía debe sentirse mal.

Las Sailor Gems sabían que no valía la pena revivir a Cristalia si Polaris seguía con vida. El plan era unir fuerzas con las demás Sailor Senshi para enfrentarla y vencerla, pero Amy había tenido una idea diferente. Según ella, era más efectivo revivir a Cristalia primero, y luego enfrentar a Polaris. La epifanía le había llegado mientras examinaba los datos del aparato de Violet. Inmediatamente después del fin de la batalla contra el Faraón 90, Amy y Violet se dirigieron hacia el cementerio y examinaron el lugar donde se encontraba la tumba de Serena. Ninguna de la dos había detectado algo relevante, pero Amy no se veía convencida de que no hubiese nada, así que le pidió a Violet su rastreador para analizar los datos, y vio, para su sorpresa, que había un pico muy pequeño de radiación sigma a unos cien metros al poniente de la tumba de Serena. Amy le preguntó a Violet qué había enterrado a esa distancia y en esa dirección, y Violet le respondió que allí había sido sepultada Molly (Cristalia). Gracias al intercambio de información con Violet, Amy sabía que solamente las Sailor Senshi emitían radiación sigma, por lo que existía la posibilidad de que Molly, aparte de ser la princesa del reino de cristal, era también una Sailor Senshi. Como era predecible, cuando Amy les habló al resto de sus hallazgos, todas quedaron estupefactas, pero Serena era la que más conmocionada se había mostrado. Molly había sido su mejor amiga desde que comenzó la secundaria, y descubrir que tal mejor amiga era una princesa y, al mismo tiempo, podía ser una Sailor Senshi, le había sorprendido e impactado.

—Y es por eso que nos conviene revivirla antes de enfrentar a Polaris —decía Amy al resto en una reunión en la base debajo del centro de videojuegos, algo que ni las Sailor Gems ni las Outer Senshi conocían—. Ella podría tener poderes útiles en nuestra próxima batalla, y, si todo sale de acuerdo a lo planeado, podría incluso ganar dominio del Diamante de Hielo y detener la glaciación.

—¿Y cómo podría ganar dominio del Diamante de Hielo? —preguntó Haruka, quien era la más escéptica del grupo, a lo que Michiru le dedicó una mirada de advertencia.

—Bueno, dado que Molly podría tener el mismo perfil que Serena, o sea, ambas son princesas y Sailor Senshi al mismo tiempo, entonces hay una probabilidad alta de que pueda usar el Diamante de Hielo. Es como el Cristal de Plata para Serena.

—Pero todas estas son solamente suposiciones —insistió Haruka, ignorando las miradas que le dedicaba Michiru—. Es decir, no sabes a ciencia cierta si esta chica es una Sailor Senshi y si puede manipular el Diamante de Hielo. Estás basando tu plan en cosas que ignoramos.

—Ya basta, Haruka —le regañó Michiru, y la aludida se quedó callada—. Recuerda con quién estás hablando.

—Pero tiene razón —dijo Amy, sorprendiendo a las demás—. Este plan, por mucho que lo haya pensado, tiene fallas, como las que Haruka puntualizó. Pero creo que es lo mejor que podemos hacer por el momento, a menos que alguien tenga una idea mejor. No soy quien para decir que lo tengo todo solucionado.

Nadie dijo nada, ni siquiera Haruka. Setsuna y Hotaru mostraron su aprobación con un gesto de la cabeza.

—Bien —dijo Mina, poniéndose de pie—. Es hora de ponerse en marcha.

—Esperen un momento —intervino Amy, alzando ambas manos para calmar a las demás—. No creo que sea conveniente que todas vayamos a revivir a Cristalia. Solamente necesita ir Serena y Violet. La necesita para localizar el punto donde está enterrada. Después, Serena puede usar el Cristal de Plata. Las que quedamos iremos a enfrentar a Polaris. La estrategia será la siguiente. Nos dividiremos en tres grupos. Las con el rango más amplio de ataque permanecerán en la retaguardia. Después vendrán aquellas con un rango intermedio de ataque, y, por último, Saori estará en la vanguardia. Ella es nuestra mejor peleadora cuerpo a cuerpo, y sus ataques a corta distancia son bastante efectivos. Cuando Polaris se encuentre lo suficientemente debilitada, Serena usará el Cristal de Plata par acabar con ella, y Molly hará lo propio con el Diamante de Hielo para terminar con la glaciación.

Nadie hizo ninguna pregunta ni objeción al plan, aunque Haruka tenía ganas de decir algo, pero, al parecer, no quería incordiar a Michiru, porque no dijo nada al final.

—Creo que ahora sí que es momento de ponerse en marcha —dijo Mina, y todas se pusieron de pie—. ¡Vamos!

Planeta Nimbus, a 6500 años luz de la Tierra

Aurora había pasado los últimos meses saltando de planeta en planeta, a lo largo y ancho de toda la galaxia, buscando los ingredientes y artefactos necesarios para proceder con la segunda fase de su plan. No había sido fácil mantener los cadáveres de los Generales a buen recaudo, porque había otros seres en la Vía Láctea que también buscaban sus cuerpos, pero con propósitos mucho menos nobles.

Aurora no había escogido el planeta Nimbus al azar. Se trataba de un lugar cuyo intenso campo magnético no solamente mantenía grandes trozos de roca flotando en medio de las turbulentas nubes, sino que generaba tormentas de varios centenares de kilómetros, las que podían estar despidiendo rayos por días y días. Al ser un planeta similar a Júpiter, tanto en tamaño como en condiciones atmosféricas, era perfecto para sus propósitos. No obstante, no era el único planeta que debía visitar. Había otros tres destinos, y no podía perder demasiado tiempo. Por fortuna, Galaxia no había estado demasiado activa últimamente.

No obstante, no esperaba visitas durante la fase dos de su plan, o cualquier fase. Por eso, se llevó una sorpresa cuando un hombre de facciones toscas, cabello largo y castaño, y ojos de rendija, apareció frente a ella. Era un sujeto más alto que Aurora y vestía lo que parecía una toga con fragmentos de una armadura plateada.

—¿Son los Generales? —preguntó el recién llegado con una voz como la de una serpiente, solamente que sonaba más gruesa de lo que uno podía esperarse.

—¿No querrás comértelos, verdad? —dijo Aurora con suspicacia.

—Por supuesto que no —dijo el hombre, lanzando una pequeña carcajada—. De hecho, he venido a ver cómo va todo. Supe que tenías una especie de plan para ellos, ¿o me equivoco?

—¿Cómo diablos supiste eso?

—Esos saltos de planeta en planeta no fueron tan sutiles como crees —dijo el sujeto, acercándose a los cadáveres de los Generales—. Y, permíteme que te lo diga, pero los ingredientes y artefactos que buscabas son muy específicos. Me sorprende que aún no haya nadie que se oponga a lo que quieres hacer.

—¿Y por qué habrían de hacerlo? Es la única solución que veo para el conflicto que viene. Por cierto, ¿quién rayos eres tú?

—Diste un buen rosario antes de hacer la pregunta más pertinente. Ni siquiera me has mirado apropiadamente. Si lo hubieras hecho, ya sabrías quién soy.

Aurora dejó de hacer lo que estaba haciendo y se volteó para ver a su interlocutor. Para su asombro, se dio cuenta que sí conocía a ese hombre. Lo había visto en varias ocasiones, si era honesta consigo misma.

—Pero… pero tú eres…

—Así es —dijo el hombre con una sonrisa—. Soy Anorus, pareja de Alysia (80).

Tokio, 22 de julio de 1992, 01:03p.m.

Sailor Silver Moon había quedado a cargo de la batalla contra Polaris. Estaba plantada delante del resto de las Sailor Senshi, con los puños crispados y los ojos al frente, mirando una enorme estructura de hielo, la que se erigía a unos cien metros de la costa de Tokio. Y, encima del pilar, Polaris miraba a las Sailor Senshi con desprecio, con la clara certeza que ellas no podrían ganar aquella batalla.

—¿Han venido a morir, mis queridas arpías? —dijo, extendiendo las manos hacia fuera, en un gesto teatral—. No las voy a detener, claro que no. Pero, si quieren pelear conmigo, primero tendrás que enfrentar a mis bailarinas de hielo—. Polaris hizo otro gesto, pero alzando los brazos hacia arriba, y un ejército de mujeres tan pálidas como nieve aparecieron de la nada, rodeando a Polaris, y riendo con voces demasiado agudas—. ¡Vayan, mis sirvientas! ¡Acaben con esas patéticas heroínas!

Sailor Mercury, quien se había quedado atrás para coordinar el ataque y proveer apoyo a las demás, supo que la hora había llegado para ganar esa batalla.

—¡Sailor Silver Moon! Al frente, justo como lo planeamos. ¡Sailor Mars, Sailor Uranus, Sailor Neptune, Sailor Pluto, Sailor Tourmaline, Sailor Jasper, ubíquense a unos cincuenta metros de la línea costera! ¡Sailor Venus, Sailor Jupiter, Sailor Saturn, Sailor Amethyst, Sailor Turquoise, en la retaguardia! ¡Provean cobertura a Sailor Silver Moon para que no tenga problemas peleando con Polaris!

Todas acataron las instrucciones, y se dispusieron en dos filas, separadas cincuenta metros entre sí. Cuando las bailarinas de hielo llegaron a la primera posición, fueron recibidas por una batería de ataques varios que neutralizaron a docenas de oponentes al mismo tiempo. No obstante, muchas más aparecieron en medio del aire, y las Sailor Senshi supieron que aquella batalla iba a ser muy larga y tediosa.

Polaris busca vencernos por desgaste se dijo Sailor Mercury, mientras destruía algunas bailarinas de hielo con sus poderes. Mientras tenga el poder del Diamante de Hielo, podrá crear tantas bailarinas de hielo como quiera, y nosotras no podremos detenerlas por demasiado tiempo. Al final, todo depende de Sailor Moon.

Sailor Mercury le había indicado a Sailor Moon dónde se encontraba la tumba de Cristalia hace una hora atrás. Tal vez estuviera reuniendo la energía necesaria para desempeñar su rol, tal vez se encontraba un poco débil después de su periplo con el Faraón 90, pero el punto era que no podía demorarse demasiado tiempo, o ellas lo iban a pagar con sus vidas.

Mientras tanto, Sailor Silver Moon había encontrado la apertura que necesitaba, y usó sus poderes para llegar a lo alto del pilar, donde se hallaba Polaris. Cuando ella vio a la Sailor Senshi, no se vio sorprendida por ello. Más bien, lucía como si se preparara para el desafío de su vida.

—He escuchado de ti, Sailor Silver Moon —dijo Polaris, bajando los brazos, aunque el Diamante de Hielo seguía brillando en su pecho—. Una amazona investida una Sailor Senshi por la mismísima reina Serenity. Es una lástima lo que pasó con ella, pero no quería darme lo que yo tanto ansiaba: expansión.

—No necesito escuchar tus mierdas —gruñó Sailor Silver Moon, separando las piernas y flexionando los brazos—. Todo lo que sé es que mataste a tu propia hija, y por eso, lo vas a pagar muy, pero muy caro. Ahora, maldita atorrante de porquería, ¡pelea!

—Como quieras —dijo Polaris en un tono bajo que claramente indicaba peligro. Sailor Silver Moon no se dio por enterada.

El combate comenzó con un ataque de Polaris, que Sailor Silver Moon consiguió esquivar, arrojándose de cabeza al suelo, rodando hacia delante, de modo de conseguir inercia para el gancho que envió a Polaris un metro en el aire. Sin perder tiempo, Sailor Silver Moon extendió ambos brazos hacia arriba, y Polaris salió expulsada de su pilar, cayendo más de doscientos metros hacia el suelo. Sailor Silver Moon no esperaba que un ataque sorpresa derrotara a su oponente, y la vio descender lentamente, tocando el suelo con la suavidad de una pluma. El descenso de Sailor Silver Moon no fue tan sutil, dejando un agujero de buen tamaño en la nieve.

—Típico de una amazona —dijo Polaris en un tono burlón que no afectó a Sailor Silver Moon—. Esas mujeres son todas unas brutas. Lo único que saben hacer bien es pelear. Buena cualidad para un soldado raso, mala cualidad para una Sailor Senshi.

Polaris alzó ambos brazos al cielo, y un rayo blanco, muy helado, brotó de sus manos. Sailor Silver Moon lo retuvo con ambos brazos, luchando contra el entumecimiento de sus manos.

—Tal vez no sepa mucho sobre ti, pero el que hayas matado a tu propia hija dice mucho de ti —dijo Sailor Silver Moon, en un tono entrecortado a causa del esfuerzo—. No te importa lo que debas hacer para ganar poder, tú simplemente lo haces. ¿No te das lástima, maldita burra de mierda? Ah, por supuesto que no te das lástima. No hay persona más ciega que quien no quiere ver.

—¡Guárdate tus sermones! —rugió Polaris, incrementando el poder de su rayo, pero Sailor Silver Moon notó que mientras jugaba al tira y afloja con ella, menos bailarinas de hielo podía generar. Debía hacer que llegase al límite de sus poderes para que sus compañeras pudieran ayudarla, pero ya estaba apareciendo una fina capa de escarcha en sus manos.

—¡Si me conocieras bien, no dirías esas palabras! —gritó Sailor Silver Moon, empujando con todas sus fuerzas el rayo de luz en dirección a Polaris—. ¡Tal vez mataste a tu hija porque sabes que no eres digna de ser una reina! ¡Te vendiste a Sailor Galaxia, y solamente porque querías expandir tu reino! ¡Eres su ramera!

—¡BASTA! —bramó Polaris, y uso todo su poder en el rayo, lo que hizo que Sailor Silver Moon retrocediera varios metros, pero no dio su brazo a torcer. Necesitaba resistir por un rato más, y, por el rabillo del ojo, vio que su plan podría dar resultado más pronto de lo que pensaba.

—¡Oh, ¿herí los sentimientos de la poderosa soberana del Reino de Cristal?! ¡Cuánto lo siento, su excelencia! —Sailor Silver Moon procuró no ocultar el sarcasmo en su voz, de modo que Polaris fuese perdiendo el poco autocontrol que le quedaba—. ¡Solamente pensé que debía decirle la verdad! ¿O me excedí?

—¡Basta, basta, BASTAAAAAAA! —gritó Polaris, pero, justo cuando iba a redoblar su esfuerzo, el rayo desapareció y todo su cuerpo se vio envuelto en un prisma púrpura. No podía moverse, solamente hablar.

—¡Esa es mi chica! —exclamó Sailor Silver Moon, sabiendo que había sido Sailor Amethyst quien había aprovechado la oportunidad para tenderle la trampa a Polaris—. Finalmente la tenemos donde queremos.

Pero Sailor Silver Moon cayó de rodillas al suelo helado, y tuvo que apoyarse con sus brazos para no colapsar por completo. Al parecer, el rayo de Polaris había sido demasiado para ella. Sailor Amethyst iba a socorrerla, pero no se lo permitió.

—Estaré bien —dijo, en voz muy baja, pero no se le oía en mal estado—. Solamente asegúrate que Polaris no salga de ahí.

Sailor Amethyst fue donde su novia de todas formas, pero no intentó ayudarla. Solamente se quedó a su lado.

—Sailor Mercury se dio cuenta que había menos bailarinas de hielo cuando estaba atacándote —dijo Sailor Amethyst, arrodillándose frente a Sailor Silver Moon, tomándole el mentón cariñosamente—. Cuando usó todo su poder, desaparecieron. Hiciste un gran trabajo.

—Tú también.

A unos cincuenta metros de distancia, Sailor Mercury oyó unos pasos que provenía detrás de ella. Para su sorpresa, el patrón de sonido no indicaba la presencia de solamente una persona, sino de dos. Cuando miró hacia atrás, vio a dos figuras vestidas con el uniforme de una Sailor Senshi. Una era, claramente, Sailor Moon. La otra tenía un uniforme parecido al de Sailor Jupiter, solamente que el listón era de color castaño y se insinuaba otro más pequeño en la parte de atrás de su cabello. No había duda. Sailor Moon había logrado su objetivo.

—¿Quién es la otra? —preguntó Sailor Uranus, a medida que las demás se iban percatando de la presencia de Sailor Moon y de su acompañante.

—Tal vez se trate de la princesa que buscaban las Sailor Gems —dijo Sailor Neptune, y, con toda seguridad, ellas se habían quedado petrificadas ante la presencia de la Sailor Senshi de verde. Por supuesto, ya sabían que se trataba de su princesa, y, una a una, se acercaron a ella, y hubo un abrazo colectivo, lleno de lágrimas y risas.

—Ellas son más afortunadas que nosotras —dijo Sailor Venus, mientras veían a las Sailor Gems separarse y caminar hacia las Inner Senshi—. No tuvieron que pasar por lo mismo que nosotras para encontrar a su princesa.

—Hola —dijo la Sailor Senshi desconocida, tendiendo una mano, la que las Inner Senshi fueron estrechando de a una—. Dios, siempre quise conocerlas en persona, y aquí estoy, como una de ustedes.

—¿De qué hablas? —inquirió Sailor Mars, pero Sailor Mercury la miró con una expresión de desdén, y, después de mirarla bien, entendió a qué se refería—. Ah, verdad, eres Molly, la amiga de Serena.

—Nunca me esperé que fuese la princesa de un reino lejano —dijo Molly, con una sonrisa nerviosa—. Es como si estuviera viviendo un cuento de hadas, o algo así.

—Te entiendo —dijo una voz atrás de Molly, y vio que era Sailor Moon—. A mí me pasó lo mismo. Pero ahora, tenemos un trabajo que finalizar.

—Tienes razón —dijo Molly, y ella avanzó hasta llegar frente a Polaris, quien le miraba con una mezcla de asombro y aborrecimiento.

—¿Cómo te atreves a…?

—¡Silencio! —exclamó Molly, y las Inner Senshi se impresionaron por lo severa que podía llegar a ser—. La persona que estoy mirando no puede ser mi madre. No sé en lo que te has convertido, pero sé que tu fin ha llegado. Dame eso.

Molly extendió un brazo, y el Diamante de Hielo voló del pecho de Polaris, directo a su mano.

—¡Insensata! ¡Ese cristal es mío! ¿Quién te crees para quitármelo?

—Perdiste el derecho de poseerlo en el momento que me mataste —dijo Molly, bajando un poco la severidad en su voz, pero no la firmeza—. Eso me hace a mí, la princesa Cristalia, su legítima dueña. Pero no voy a negar que, gracias a tus errores, ya sé qué hacer para no cometerlos, y, por eso, no te mataré. Eso no significa que te irás sin castigo.

—¿Cómo te atreves a hablarle así a tu madre? ¡Devuélveme…!

—Tu castigo será el mismo que intentaste darle a este planeta —continuó Molly, bajando de poco la severidad en su voz, hasta llegar a su tono normal—. Cuando hayas aprendido que no puedes sacrificar a las personas que amas en nombre de la ambición, tu castigo se terminará. Así que, desde este momento, yo, Sailor Jade, te encerraré en una prisión de hielo.

Sailor Jade empleó el Diamante de Hielo en su mano para crear un prisma helado, de la misma forma que el que había creado Sailor Amethyst. Todas las presentes podían oír los gritos desesperados de Polaris a medida que el hielo iba ascendiendo por su cuerpo, hasta que los gritos cesaron.

Así, el invierno que amenazaba con llevar al planeta a una edad de hielo, se acabó.

No obstante, había algo más que hacer antes de tomar un largo descanso.


(77) No hay vuelta que darle. Ellas son mi pareja no canon favorita (inserte corazón).

(78) Eso me pasa por leer "El Código Da Vinci" demasiadas veces. Para quienes no entiendan, en ese libro se menciona la idea de que el Santo Grial no es un objeto, sino una persona, en específico, una mujer. No diré quién para no hacer spoiler a quienes no han leído el libro o visto la película.

(79) No se pueden fotografiar ambos lados de la luna en un espacio corto de tiempo debido a la rotación síncrona que posee, lo que significa que siempre muestra la misma cara a la Tierra. Esto hace que el lado oscuro se pueda observar cuando éste da su cara al sol, lo que implica que el lado que encara a la Tierra permanezca oscuro.

(80) Alysia era la Sailor Zephyr original, hermana de Aurora, asesinada por Sailor Galaxia y reemplazada por Lynn Knoxville. Ver "Información confidencial" y "Cortejando el apocalipsis".

Nota del Autor: ahora que tengo un poco más de tiempo, voy a retomar este fic, a ver si lo puedo terminar. xD

Saludos lunares.