LXXXIX
Legado
Londres, 25 de enero de 2000, 09:28a.m
Anteriormente, había manifestado que la ignorancia era una dicha, que era mejor no saber sobre ciertas cosas. En todo caso, la verdad tenía esta horrible cualidad de ser dolorosa, y, en algunos casos, incluso podía cambiarte la vida. Tal vez era por eso que la gente prefería las mentiras a las verdades. Muchos no querían sufrir, y para evitarlo, se escondían detrás de una ilusión para no tener que exponerse al dolor. Pero la cosa con el dolor, como pasaba con la verdad, es que te va a encontrar, lo quieras o no. Y muchas veces no vas a estar preparado para afrontarla.
Algo parecido a aquella descripción me ocurrió cuando decidí no ahondar más en el misterio del acelerador de partículas. La verdad sobre la muerte de Nicole y las demás hizo que yo renunciara a seguir indagando, a continuar desentrañando lo que realmente quería hacer Robert Griffin con aquella descomunal empresa. Y, pese a que la entrevista había rendido frutos inesperados, el destino de Nicole y sus amigas me hizo reconsiderar mi deseo por continuar mi historia.
Dos días habían trascurrido desde mi discusión con Heather, y no la había vuelto a ver desde ese entonces. Supuse que aquel había sido un rompimiento tácito, y decidí enterrar su recuerdo bajo varios metros de crónicas y noticias de entretenimiento. De todos modos, olvidar que estuviste con alguien por un tiempo era algo que el trabajo podía hacer muy bien… o muy mal, si lo haces exclusivamente para poner en el pasado tu relación. Yo sabía que no era sano olvidar adrede a una persona que me importaba, así que dejé que el tiempo hiciera su trabajo, mientras que yo hacía el mío. Gracias a mi filosofía, Heather se convirtió en una anécdota, y no en un lastre emocional.
Pero, como dije antes, la verdad siempre hallaba una forma de encontrarte. Y a mí, como a muchos, me tomó por sorpresa.
Una semana después de mi rompimiento silencioso con Heather, me senté en mi cubículo, preparado para tomar clases de redacción en línea. En otras circunstancias, no habría podido hacerlo en el trabajo, pero mi jefe consideraba que mientras mejor fuese mi redacción, mejor me iría escribiendo columnas de opinión, o reportajes varios. Me aclaró, eso sí, que si tenía un trabajo para mí, la prioridad sería el trabajo. Consideré que aquella era una condición razonable, y la acepté.
Bueno, como iba diciendo, estaba sentado, frente a la pantalla de mi ordenador de escritorio, haciéndole mantenimiento. Aquello lo hacía todas las semanas, de modo que el ordenador siempre funcionara como quería. Eliminaba carpetas que ya no usaba, limpiaba el disco duro de archivos que ya no tenían utilidad, comprobaba el disco en busca de errores, cosas como esas. Pero la primera señal de que algo era distinto me la dio una carpeta que decía "Robert Griffin". Dispuesto a olvidar todo sobre mi anterior investigación, iba a eliminar la carpeta, pero el sistema operativo no me lo permitió. El mensaje de error decía algo relacionado con no tener permisos de administrador para realizar esa acción. Todos los computadores del periódico tenían una cuenta de administrador, pero no era accesible para los usuarios. Solamente el informático del periódico podía acceder a esa cuenta, para hacer modificaciones, instalar o desinstalar programas, o hacerle mantenimiento más avanzado a los ordenadores. El problema era que el bendito informático tenía un humor de perros, y solamente accedía a resolver un problema después de muchas súplicas, y yo no estaba de humor para andarle besando los pies al informático.
Lo que me tenía con el coco dando vueltas era cómo diablos había llegado esa carpeta a mi ordenador. Nadie había entrado a mi cubículo, y, desde luego, nadie había usado mi ordenador. El registro de eventos no mostraba ningún acceso no autorizado, ningún error en el ingreso de la contraseña necesaria para iniciar sesión, ni tampoco ninguna transferencia de archivos a través de discos externos. La curiosidad pudo más que mis ansias por deshacerme de esa carpeta, e hice doble clic sobre ella, y una ventana apareció frente a mí, con una casilla donde tenía que ingresar una contraseña. ¿Me permitiría aquella contraseña eliminar la carpeta? El problema era que no sabía cuál podía ser. No había pistas por ninguna parte. Ni siquiera sabía quién había copiado esa carpeta a mi computadora, ya saben, para tener una idea de cuál podía ser la contraseña.
Después de pensar por unos quince minutos, decidí que podría comenzar usando la contraseña con la que iniciaba sesión en mi computadora. Asegurándome de que no cometiera ningún error, ingresé cada carácter de forma muy lenta, como si yo fuese alguien que jamás hubiese usado un teclado antes. Pulsé "entrar", y la ventana desapareció, reemplazada por una nueva ventana, con los contenidos de la carpeta. Había varios archivos de video, así como unos pocos documentos. Consulté los documentos primero. No eran muy extensos, porque eran cartas, correspondencia entre Robert Griffin y un individuo que no aparecía identificado. En total, eran tres de ellas, y sus contenidos eran bastante interesantes. Hasta el día de hoy me preguntaba cómo diablos había hecho quienquiera que me envió esa carpeta para haber tenido acceso a esos documentos, porque no lucían como cartas que debiesen hacerse públicas bajo ninguna circunstancia. Aquí les voy a mostrar la correspondencia de forma textual.
Robert Griffin
Le escribo para plantearle algo que estoy seguro que podría interesarle. Como asesor financiero en varios gobiernos, creo que mi propuesta va a hacerle millonario más allá de lo que pueda imaginar.
¿Alguna vez pensó en cambiar el mundo y ganar dinero por ello? Muchos piensan que eso es imposible, pero créame, señor Griffin, que eso es muy posible. Con las conexiones correctas, y con la determinación suficiente, nada es imposible.
La verdad, señor Griffin, es que este mundo está enfermo. Sí, Sailor Silver Moon logró la paz, aunque temo que no va a durar mucho. Ya existen tensiones entre Estados Unidos e Irak por el asunto del petróleo. La CIA ha enviado chacales (106) para eliminar a su líder, pero tengo información clasificada que apunta a un eventual fracaso. Cuando eso ocurra, a Estados Unidos no le quedará otra alternativa que enviar a las fuerzas armadas. Sería ingenuo pensar que este será un conflicto entre dos naciones. Irak tiene aliados, igual que Estados Unidos, y es lógico razonar que van a respaldar a cada uno de ellos. Ocurrió lo mismo que en la Primera y Segunda Guerra Mundial (107). ¿Por qué sería diferente en esta ocasión? El punto es que podemos evitar todo eso, pero lo que le voy a proponer es un plan a largo plazo.
Si le interesa escuchar mi proposición, reúnase conmigo en King's Cross. Es un lugar con mucha gente, por lo que es menos probable que llamemos la atención o alguien nos escuche. Si no le interesa, queme esta carta, como prueba de su falta de cooperación.
Atentamente.
El Magnate
Cuando acabé de leer la carta, concluí que el epíteto de "el magnate" era demasiado ambiguo para descubrir quién había enviado ese mensaje a Robert Griffin, pero me había quedado claro que Robert Griffin no era la mente detrás del acelerador de partículas. Era otra persona, que claramente no quería ser identificada. ¿Por qué siempre los artífices de los planes siempre usan seudónimos tan poco ilustrativos? ¿No tendrán imaginación? Pero bueno, aquel difícilmente era el punto. La cuestión era que Robert Griffin no había tenido nada que ver con la planificación del acelerador de partículas.
Para ahondar más en el tema, seguí leyendo.
Magnate.
No es común que una persona cualquiera conozca mi dirección para que me envíe cartas. Tampoco lo es lo que me está proponiendo, y menos que sea algo de la naturaleza que plantea en su carta. Normalmente estoy a favor de propuestas lucrativas, pero no me parece que usted esté proponiendo algo que sea financieramente redituable. Cambiar el mundo es algo que requiere una inversión más allá de cualquier cosa que la humanidad haya emprendido antes, por eso, y solamente por eso, voy a escuchar lo que sea que me quiere comunicar. También, como precaución extra, llevaré una escolta de seguridad, solamente en caso que este mensaje sea un timo. Estoy seguro que entenderá mis reticencias.
Atentamente.
Robert Griffin.
Por lo visto, Robert Griffin tenía conciencia. Y digo tenía, porque si aún la tuviese, no estaría tratando por todos los medios de suprimir a cualquiera que expusiera el plan. Decidí leer la última misiva, solamente para ver cómo capitulaba Robert Griffin.
Señor Griffin.
Veo que es un hombre que reconoce una buena inversión cuando la ve. Nuestra conversación fue bastante educativa, y déjeme decirle que usted es el hombre más idóneo para llevar a cabo mi plan. Para que su papel sea más efectivo, juzgué prudente ponerlo en una posición donde pueda mover más hilos. Como este es un plan a largo plazo, entonces le pido que sea paciente. Faltan varios años para que usted pueda postular al cargo de director del Banco Central de Inglaterra, pero eso no significa que vaya a estar de ocioso. La guerra que se viene entre Estados Unidos e Irak va a costar muchos recursos, y quiero que usted no colabore demasiado en financiar cualquier lado del conflicto que se viene. Sé que Inglaterra es aliado estratégico de Estados Unidos, pero no quiero que el plan se vea comprometido de ninguna forma. Le sugiero que, en su posición de asesor financiero, haga lobby para que los recursos fiscales sean orientados al negocio de la energía. Negocie varios tratados en diferentes países para iniciar la construcción de plantas nucleares a lo largo y ancho del globo. Yo le daré las ubicaciones precisas de dónde deben estar dichas plantas. Para que el plan tenga éxito, la ubicación de las plantas nucleares tiene que ser bastante específica.
Cuando haya tenido éxito en convencer a los inversionistas de que el negocio de la energía es más rentable que el de la guerra, le daré a conocer más detalles sobre lo que quiero hacer con el mundo.
Atentamente.
El Magnate
Por desgracia, la conversación entre el magnate y Robert Griffin permaneció en el más absoluto secreto, pero la carta ilustraba algunas cosas que pudieron haberse discutido. Para empezar, era claro que el magnate convenció a Robert Griffin para que participara en su plan, así que el magnate, quienquiera que fuese, era un hombre bastante persuasivo. Segundo, aunque no había detalles cruciales sobre el plan, supe que poner plantas nucleares en lugares estratégicos era parte de éste. Y, viendo lo que pasó en los últimos años, esas plantas no servirían a las necesidades energéticas de la población, sino que para otorgar energía al acelerador de partículas. Y, en concordancia con lo que yo había averiguado hasta ahora, la construcción de tantas plantas nucleares tenía un costo astronómico, lo que explicaba las últimas políticas financieras del Banco Central Inglés, así como la implementación del sistema bancario de reserva fraccionaria, y la subida en la tasa de interés, táctica que fue replicada en prácticamente todos los países del mundo.
Después de dejar de lado los documentos, me dediqué a ver los videos. Sin embargo, aquellas no eran otra cosa que grabaciones de la conversación entre Nicole y Robert Griffin. No obstante, había suficiente información en los videos para demostrar que Robert Griffin estaba implicado en la construcción del acelerador de partículas, y que su fin no tenía nada que ver con una mejor compresión del mundo subatómico. Iba a ser usado para fines geológicos, en específico, predicción de terremotos. Aunque sabía que aquello podría tener repercusiones, no tenía el conocimiento suficiente para decirlo con total certeza. Necesitaba la mente de un geólogo para dimensionar qué podría pasar si se activaba un acelerador de partículas del diámetro de la Tierra.
Cuando acabé con los clips de video que mostraban la conversación, me di cuenta que me quedaba un video por ver. Me pregunté de qué se trataba, porque no podía tener relación con Robert Griffin. Sabiendo que la única forma de cruzar el río era atravesándolo, abrí el video, y vi, con un doloroso retortijón de tripas, la imagen de Nicole. Lucía triste, y era obvio que había grabado ese video antes de reunirse con Robert Griffin. Haciendo de tripas corazón, reproduje el video, sabiendo que podría causarme dolor.
—Jeremy —comenzó Nicole. Su voz se escuchaba crispada y robótica, un pobre intento de reproducir la voz que ella originalmente tenía, y asumí que tenía que echarle la culpa de eso a los parlantes de baja calidad que poseía mi ordenador—. Si estás viendo este video, es posible que yo esté muerta. Lo que vamos a intentar hacer podría violar la ley Kobayashi, y ya sabes lo que eso implica.
"Lamento tener que involucrarte en el plan, pero si no lo hago, no podrías tener acceso a los registros que vamos a obtener en la entrevista a Robert Griffin. Eres el único del grupo que no está afecto a la ley Kobayashi, y él único al que no pueden tocar si es que nos descubren. Espero que piensen que nosotras te manipulamos para acceder a nuestro plan, pero quiero que sepas que en ningún momento he tratado de manipularte o perjudicarte. Es lo último que te haría. Diablos, realmente esperaba reunirme contigo nuevamente y empezar una relación, pero, aunque te dije que esperaba que encontraras pareja en esos tres meses, la verdad es que la noticia me cayó como un balde de agua fría. Me gustas mucho, Jeremy, y escuchar que ya tenías novia me causó un dolor que no quería mostrarte. Traté de seguir comportándome de forma profesional, ayudándote con la investigación, pero, en mi interior, tenía que lidiar con la idea de que, posiblemente, ya no pueda estar junto a ti. Discúlpame si estoy sonando cursi. Normalmente no lo soy, pero, nunca me había sentido de esta forma, y jamás pensé que aparecerías en mi vida."
"Cuando comience el interrogatorio a Robert Griffin, los registros de video no solamente se guardarán en la computadora de Violet, sino que también serán transmitidos a tu ordenador, de modo que cuentes con la evidencia necesaria para escribir un reportaje sobre nuestros hallazgos. Si te estás preguntando cómo vamos a hacer eso, Violet dice que puede obtener la IP del router del periódico, y transmitir la información por medio de un cliente FTP (108). El punto es que puede transmitir de forma instantánea las imágenes a tu ordenador. Si nos descubren, tu serás el único en posesión de la verdad, y el único que puede divulgar esta información al público. No confíes en tu jefe si es que quieres usar el mismo periódico para desclasificar esos documentos. Hazlo por tu cuenta, porque los periódicos tienen tendencias, y en ninguna de ellas se puede difamar a un personaje público prominente. Déjalo caer como si no quisiera la cosa, y las personas sacarán sus propias conclusiones."
"Bueno, eso es todo. Como dije, lamento tener que expresar lo que siento por ti por este medio, pero no vi otra forma de hacerlo sin que tu novia se entere o se moleste por eso si es que llega a ver este video. Confiamos en ti, Jeremy. Confío en ti. Si pasa lo peor, éste será nuestro legado."
Cuando el video acabó, quedé en completo silencio. Ni era consciente del par de lágrimas que caían por mis ojos.
La verdad me había encontrado. Y el dolor también.
(106) Los chacales son operativos especiales de la CIA, especializados en infiltrarse en el círculo más interno de gobiernos que constituyen un problema, y derrocar al líder del país, ya sea por métodos letales o no letales.
(107) En la Primera y Segunda Guerra Mundial había dos grandes bloques. En la Primera Guerra Mundial, eran la Triple Alianza y la Triple Entente. En la Segunda Guerra Mundial, eran el Eje y los Aliados. También cabe recordar que Herbert Dixon instigó a Adolf Hitler a iniciar la Segunda Guerra Mundial (véase el prólogo de "Lo que hay detrás de la cortina").
(108) FTP es una sigla que significa "File Transfer Protocol", o Protocolo de Transferencia de Archivos, un sistema de traspaso de información, más rápido que el conocido HTTP "Hypertext Transfer Protocol" (Protocolo de Transferencia de Hipertexto).
