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La visitante
Planeta Glacius, a 5510 años luz de la Tierra
El planeta en el que se encontraba Aurora no perdonaba. Estaba tan lejos de la estrella madre que su temperatura máxima bordeaba los cien grados bajo cero. Debido a aquellas extremas condiciones, ella debía usar ropa especial para protegerse del frío. Sin embargo, aunque uno podía pensar en un pasamontañas y varias capas de ropa térmica, la verdad era que ni siquiera el equipo empleado en la Antártica era suficiente. La ropa que usaba Aurora era ligera, pero poseía propiedades mágicas que aumentaba la vibración de las partículas de aire a su alrededor (109), dotándola de inmunidad ante el gélido entorno en el que debía trabajar.
Anorus, como en el planeta Nimbus, la acompañaba, pero, a diferencia de Aurora, no necesitaba emplear ropa protectora para capear el frío. Su temperatura corporal era más alta de lo normal, digamos, unos miles de grados más alta que el humano promedio, lo que le daba libertad de andar por ambientes extremos, como la superficie de una estrella, o viajar por los páramos congelados de Caronte. Observaba a Aurora hacer lo mismo que en Nimbus, pero con otro de los cadáveres.
—¿Sabes, Aurora? —dijo Anorus, solamente para romper el hielo—. Te estás tomando muchas molestias para encontrar una alternativa a las Sailor Senshi.
—Es imperativo encontrar una alternativa —repuso Aurora, exponiendo el cuerpo de uno de los Generales al frío, mientras buscaba una jeringa para extraer un poco más de sangre del cuerpo de Sailor Alpha—, sobre todo después de lo que vi en el planeta Fala.
Anorus frunció el ceño.
—¿Y qué hacías en ese planeta? No tenías ningún objetivo allá.
—No, pero necesitaba de unos ingredientes para mis procedimientos, ingredientes que solamente se pueden encontrar en Fala.
—¿Cómo cuáles?
—Preservantes para el cuerpo de Sailor Alpha —contestó Aurora, y jamás pensó que el cadáver más incorruptible del universo necesitara ser preservado. No había anticipado la degradación que sufriría el cuerpo después de extraer siquiera un poco de sangre, y había juzgado prudente preservarlo por el mayor tiempo posible. Pero no cualquier preservante serviría para tal menester, y en el planeta Fala se podían encontrar plantas de las que se podían extraer los mejores preservantes de la galaxia—. Aunque haya sido un ente divino en el pasado, eso no quita que pueda descomponerse como el resto de los seres vivos de este universo.
—Y asumo que encontraste más que plantas en Fala.
—Así es, y me motivó aún más para llevar a cabo mi plan —dijo Aurora, encontrando una jeringa, una aguja, y extrayendo un poco de sangre—. Si no me doy prisa, puede que haya consecuencias bastante nefastas, no solamente para esta galaxia, sino que para el universo también.
—¿Y esas consecuencias son…?
—¿Realmente quieres saberlo? —retó Aurora, cambiando su expresión por una de real preocupación—. Cuando vi lo que había en las ruinas que hay en Fala, me asusté como no tienes idea. ¿Estás seguro que podrás aceptar la verdad? Porque no es una verdad fácil de asimilar.
—¿Tiene que ver con las Sailor Senshi?
—Sí.
—Entonces debes decírmelo, si es que quieres que yo participe en tu plan.
—Me parece justo —reconoció Aurora, inyectando la sangre de Sailor Alpha en el cuerpo que había expuesto al frío. Lo único que debía hacer era esperar, lo que era la excusa perfecta para que Anorus supiera qué era lo que había encontrado en Fala, aparte de los preservantes—. Mientras buscaba en Fala las plantas para hacer los preservantes, me encontré con unas ruinas que se extendían por varios kilómetros cuadrados. Pensé, al menos en un principio, que podía tratarse de una civilización antigua, hasta que vi dibujos en paredes derruidas que se parecían mucho a Sailor Alpha. Llevaba un cetro alargado con una esfera en la punta, extendiéndolo hacia una figura negra. Parecía estar perdiendo la batalla.
Anorus se llevó una mano al mentón, limpiándose un poco la nieve que caía sobre su cabeza.
—¿Crees que fue esa forma negra quien mató a Sailor Alpha?
—Estoy segura de eso —dijo Aurora, observando el cuerpo de Sailor Alpha como si fuese la primera vez que la viera apropiadamente—. También estoy segura que esa forma oscura sigue con vida, y que está detrás de las Sailor Guerras.
—¿Y cómo encaja Sailor Galaxia en tu teoría? Porque dijiste que ella quería poner fin a las Sailor Guerras en sus propios términos.
—Y recuerda que yo quiero lo mismo, pero sin tener que matar personas para ello —repuso Aurora, mirando al cuerpo que había expuesto al frío—. A Sailor Galaxia no le importar matar para conseguir lo que quiere. Tampoco quiere proponer una alternativa a las Sailor Senshi. Ella quiere apoderarse de todos los Sailor Cristales para su propio beneficio. Yo los voy a esconder en un lugar donde nadie, ni siquiera Galaxia, pueda hallarlos. Y, por supuesto, voy a crear a un nuevo tipo de protector de la paz en la Vía Láctea, uno que no entre en guerra consigo mismo para erradicar al mal de esta galaxia.
—Sí, sí, todo eso ya me lo has dicho antes, pero no me has explicado por qué te aterra la imagen que viste en Fala.
—¿No lo entiendes? Ese ente oscuro que vi en las ruinas de Fala es el responsable de que existan las Sailor Guerras. Hay otras pinturas en las que se veía a Sailor Alpha, junto a un numeroso grupo de Sailor Senshi de todos los rincones de la galaxia. Es obvio que Sailor Alpha era quien mantenía a todas las Sailor Senshi unidas. Cuando ella cayó, hubo un vacío de poder, y las demás quisieron llenarlo, llevando a divisiones entre las Sailor Senshi. A partir de ahí, solamente puedo hacer conjeturas, pero creo que Sailor Galaxia, como protectora de la Vía Láctea, era la que más codiciaba la posición de líder de las Sailor Senshi, pero muchas de ellas no quisieron aceptar su liderazgo. Fue así como nacieron las Sailor Guerras. Galaxia quiso tomar el cargo de Sailor Alpha a la fuerza, y las otras no estuvieron de acuerdo, porque ellas también querían ocupar su rol. Casi todos los sistemas solares participaron de estas guerras, salvo uno.
—El sistema solar —dijo Anorus, quien sabía la respuesta.
—La Atlántida siempre estuvo a favor de la cooperación entre los diferentes sistemas estelares de la galaxia —dijo Aurora, como si no quisiera reconocerlo—. Además, la reina Serenity era la guardiana de lo único que había quedado de Sailor Alpha, aparte de su cuerpo.
—¿Su Sailor Cristal?
—Exactamente —dijo Aurora, impresionada por la agudeza de Anorus—. El Sailor Cristal de Sailor Alpha pasó a manos del reino de la Atlántida, porque ella creía que era el único reino de la galaxia libre de ambición, y, en ese tiempo, poseía a una de las Sailor Senshi más fuertes de la galaxia.
—Sailor Silver Moon —acotó Anorus, quien era familiar con la historia de la Atlántida y el Milenio de Plata.
—Precisamente —dijo Aurora, aunque no podía decir que le simpatizara mucho Sailor Silver Moon, más que nada por su carácter, brusco y agresivo—. Incluso Sailor Galaxia evitaba entablar combate con ella, no porque no pudiese ganarle, sino porque le daría demasiada pelea, y si otras Sailor Senshi colaboraban con ella, podía darse por muerta. Pero el punto es que la reina Serenity se encargó de proteger el Sailor Cristal de Sailor Alpha.
—Pero… yo creía que el Cristal de Plata nació en el Caldero Primordial —acotó Anorus, quien, como era familiar con el Milenio de Plata, siempre había pensado que aquella gema pasaba de generación en generación dentro de la misma familia real.
—¿Y quién te dice lo contrario? —dijo Aurora, consultando un reloj analógico. Tenía que medir el tiempo de exposición del cadáver, de modo que no se congelara completamente, lo que sería muy malo para sus afanes—. El Cristal de Plata es un Sailor Cristal, y todos los Sailor Cristales nacen en el Caldero Primordial.
—Sí, pero los de esta galaxia —puntualizó Anorus, viendo una falla en el razonamiento de Aurora—. Sailor Alpha, por lo que me has contado, no es una Sailor Senshi que haya nacido en esta galaxia. Se supone que Sailor Galaxia era la guardiana de la Vía Láctea. Si eso es cierto, ¿quién es Sailor Alpha?
Aurora supo que Anorus tenía un punto al hacer esa pregunta. Mirando detenidamente a Sailor Alpha, no lucía ni remotamente como una Sailor Senshi local. Ese uniforme completamente blanco, su cabello plateado, el cetro que empleaba… las implicaciones de lo que estaba viendo eran sobrecogedoras.
—Parece… —comenzó Aurora, con cierta dificultad para pronunciar las palabras siguientes—… parece que… esta Sailor Senshi… era la guardiana del universo entero.
Tokio, 21 de noviembre de 1992, 05:47p.m.
Super Sailor Moon y sus amigas, ya transformadas, estaban de pie, delante de la gigantesca carpa multicolor que alojaba en su interior al Circo de la Luna Muerta. Darien no se encontraba presente, porque, por alguna razón, no podía transformarse en Tuxedo Mask, por lo que Serena le había dicho que permaneciera en su departamento hasta que no tuviera impedimentos para hacerlo. Mientras esperaban por las demás (Saori había informado a Amy que Hotaru había tenido éxito convenciendo a sus compañeras), veían cómo la oscuridad se iba haciendo más densa. Los edificios alrededor de la carpa iban perdiendo lentamente sus colores, no por la falta de pintura, sino por la ausencia de luz. No había gente deambulando por las calles, y las que sí habían salido, yacían inconscientes sobre el pavimento. Sailor Mercury dedujo que sus respectivos espejos de los sueños habían sido arrancados de sus cuerpos, y, de paso, explicó que lo que llamaban espejo de los sueños, en realidad se refería a un sector del hipotálamo denominado prosencéfalo, cuya función era consolidar la memoria. Aquel sector del cerebro trabajaba mucho en las horas de sueño, y Sailor Mercury determinó que aquella función generaba una cantidad razonable de energía, y, por medio del proceso correcto, se podía emplear para reparación celular acelerada.
—Amy, la próxima vez que quieras explicarnos algo, avísanos, por favor —rezongó Sailor Mars, bostezando un poco—. Al menos de esa forma no me entra el sueño explicándonos.
Sailor Mercury no dijo nada. Pese a que había descubierto el propósito del espejo de los sueños, su mente aún andaba lejos de la batalla que tenía por delante. Aún no había hecho las paces con su madre, pues ella no sabía que había vuelto de Washington, ni menos que había sido herida de gravedad (Saeko no estaba de turno en el momento en que Amy llegó al hospital), y desconocía si eso le iba a afectar cuando llegara la hora de la verdad.
—Allá vienen —dijo Sailor Jupiter de repente, indicando con el dedo hacia un edificio cercano. Las demás miraron en esa dirección, y vieron a un grupo de cinco chicas, todas Sailor Senshi. Las encabezaba Sailor Silver Moon, aunque Sailor Uranus no lucía muy contenta que digamos.
—Hola —saludó Sailor Neptune, alzando una mano, y Sailor Mercury vio que en la otra mano sostenía el espejo que había brotado de su corazón puro—. Hemos venido a ayudarlas.
—Después de todo, es nuestro deber protegerlas —añadió Sailor Pluto, aunque Super Sailor Moon notó que ella no parecía como conectada con la situación, como si algo al margen de la inminente batalla la tuviera preocupada.
—No puedo dejar a Rini a su suerte —terció Sailor Saturn, con más intensidad de la que tenía pensado hablar. Aquello no pasó desapercibido para Super Sailor Moon, quien se aproximó a Sailor Saturn, sonriéndole.
—Te importa mucho Rini, ¿verdad?
—Sí —reconoció Sailor Saturn, poniéndose un poco colorada—. Saori me lo hizo ver.
—No tengas miedo en admitir que estás enamorada de ella —dijo Super Sailor Moon gentilmente, y Hotaru enrojeció más si cabe—. Deja que te de fuerzas para lo que se viene. Y, cuando todo esto acabe, dile lo que sientes, sin importar si ella te corresponde o no. Es mejor sacarse estas cosas de la cabeza, porque no te dejan pensar bien.
Hubo un momento de silencio, durante el cual las demás miraban en la misma dirección desde donde habían aparecido las Outer Senshi, como si esperaran por alguien más. Después de un minuto completo de espera, Hotaru asintió con la cabeza, mostrando una sonrisa.
—Lo haré.
—Siento llegar tarde, chicas —dijo una voz detrás de Super Sailor Moon. Las demás giraron sobre sus talones, y vieron a Sailor Jade, falta de aire, y asumieron que había venido corriendo—. Tuve que mentirle a mi madre para que no me impidiera venir aquí.
Sailor Silver Moon, notando la presencia de Sailor Jade, se acercó de inmediato a ella, con el propósito de darle los últimos consejos antes de la batalla.
—Recuerda, no debes claudicar en ningún momento, no debes refrenarte de usar todos tus poderes en contra de tus enemigos —le recordó, y Sailor Jade asintió con la cabeza, tragando saliva. Aquella era su primera batalla, y era normal sentirse de ese modo.
—No hay que perder el valor —dijo Super Sailor Moon, dando un paso adelante, para ver si, de ese modo, el enemigo mostraba la cara—. No solamente tenemos que ganar esta batalla. También tenemos que probarle al mundo que somos capaces de protegerlos. La única forma de callar las voces de los políticos es haciendo nuestro trabajo.
—Estamos contigo, Sailor Moon —dijo Sailor Mars, y las demás manifestaron su aprobación.
Por fortuna (o por desgracia) no tuvo que pasar mucho tiempo para que el enemigo hiciera el primer movimiento. Frente a las Sailor Senshi, apareció el Cuarteto de Amazonas. Pero no fueron las únicas. Cere-Cere sostenía a Sailor Chibi Moon por detrás, con un cuchillo en su cuello, y Ves-Ves hacía lo propio con un joven que ninguna de las Sailor Senshi conocía. Tenía el cabello albino y ondulado, y vestía ropas típicas de un príncipe.
—No queremos pelear con ustedes —anunció Cere-Cere, a veces forcejeando con Sailor Chibi Moon—. Por eso, les propongo un trato. Si se rinden en este momento, dejaremos ir a estos dos. Si no lo hacen, mataremos a ambos sin compasión.
Super Sailor Moon y las demás se quedaron heladas. Ver a Sailor Chibi Moon con un cuchillo en el cuello le causaba un retortijón de tripas muy doloroso. Ninguna de las Sailor Senshi sabía qué hacer, a excepción de Sailor Silver Moon, quien ya estaba pensando en una estrategia para acabar con esa charada. Por otro lado, Sailor Saturn veía con ojos desorbitados la escena. Paralizada por el miedo de perder a Rini, miró a Super Sailor Moon de forma suplicante. Ella le devolvió la mirada, entendiéndola a la perfección.
—¡Nadie haga un movimiento! —amenazó Jun-Jun, viendo que Sailor Mercury estaba usando su computadora de bolsillo. La aludida saltó del susto, y la guardó de inmediato. No quería que, por su culpa, Rini perdiera la vida—. Tienen diez segundos para decidir.
A medida que el tiempo pasaba, todas las Sailor Senshi pensaban en qué podían hacer, sin hallar una respuesta. Llenas de impotencia, apenas podían creer que los políticos tuviesen razón sobre ellas. Cuando se encontraran entre la espada y la pared, sencillamente no eran capaces de hacer los sacrificios necesarios para ganar sus batallas. Y, mientras tanto, ni el Cuarteto de Amazonas y el resto de las Sailor Senshi se habían percatado de que Sailor Silver Moon no podía verse por ningún lado.
—Tres, dos, uno… —contaba Cere-Cere, mostrando una sonrisa traviesa—… bueno, si no les preocupa la vida de esta jovencita, entonces puedo acabar con ella ahora mismo.
Cere-Cere iba a hacer el movimiento fata, cuando un viento huracanado hizo que despegara los pies del suelo, y saliera volando hacia un costado. Las demás amazonas también corrieron la misma suerte. Sin embargo, justo cuando las Sailor Senshi aclamaban a Sailor Silver Moon por no perder el temple, Sailor Saturn vio cómo el cuerpo de Sailor Chibi Moon caía al suelo, fijándose en la herida en su cuello, de la que brotaba sangre. Con el corazón en un puño, fue a socorrer a su amiga, tapándole la herida con una mano, pero la sangre se escapaba entre sus dedos.
—¡Ayuda! —exclamó Sailor Saturn, mientras que las demás habían entablado combate contra el Cuarteto de Amazonas. Helios había salido incólume del ataque sorpresa de Sailor Silver Moon, y se apresuró a ayudar a Sailor Saturn. Sailor Mercury también se dio cuenta de la tragedia, y dejó de pelear contra Para-Para, de forma de prestar asistencia.
—¡No puedo tapar la herida! —dijo Sailor Saturn con voz trémula, y Sailor Mercury le indicó que apartara su mano del cuello de Sailor Chibi Moon, pero ella se negó.
—No vas a salvarle la vida actuando así —dijo Sailor Mercury con un poco más de seriedad, y Sailor Saturn hizo lo que se le había indicado. Inmediatamente, la sangre brotó de su cuello en un chorro, y Sailor Mercury, temblando de la cabeza a los pies, congeló la herida, de modo que ya no sangrara. A continuación, le tomó el pulso, y vio que sus latidos eran muy débiles.
—¡Llévala al hospital, de inmediato! —exclamó Sailor Mercury a Helios, y él la cargó en sus brazos, corriendo como alma que llevaba el diablo. Después, ella miró a Sailor Saturn, quien parecía tener una fijación con el suelo, porque no alzaba la mirada—. ¿Te pasa algo?
—Es que… no quiero que muera —dijo Sailor Saturn, y Sailor Mercury le tomó ambas manos.
—No va a morir —le aseguró—. Ella es fuerte. Lo va a conseguir.
Mientras Sailor Mercury le daba fuerzas a Sailor Saturn, el combate contra el Cuarteto de Amazonas había llegado a un fin inesperado. El ataque sorpresa de Sailor Silver Moon las había tomado por sorpresa, y Sailor Jade, recordando las palabras de su mentora, usó sus poderes en contra del Cuarteto de Amazonas, y las encerró en prisiones de cristal, tal como lo había hecho con Polaris hace unos meses atrás.
—Buen trabajo, Sailor Jade —dijo Sailor Silver Moon, mirando al Cuarteto de Amazonas, quienes habían quedado en posiciones ridículas—. Ahora podemos seguir con el plan de Sailor Mercury.
Super Sailor Moon se adelantó al resto de las Sailor Senshi, y alzó ambos brazos hacia el cielo negro. Enseguida, un destello plateado brotó entre sus manos, y las demás supieron que iba a emplear el Cristal de Plata. Aunque en el pasado sus amigas le habrían disuadido de hacerlo, su nueva transformación le permitía soportar su poder, al menos por más tiempo que antes.
No obstante, cuando estuvo a punto de aparecer el Cristal de Plata, otro destello hizo que el plan permaneciera en pausa. Sin embargo, éste fue más breve, y cuando hubo desaparecido, las Sailor Senshi vieron a una gata diminuta de color púrpura pálido, casi grisáceo. Pero el detalle más desconcertante de aquel animal estaba en su frente. Ostentaba el mismo emblema que Luna y Artemis.
—Deténganse —exclamó la gata con una voz tan chillona como la de Serena—. He sido enviada para que sepan algo muy importante antes de entablar batalla contra este nuevo enemigo.
—¿Quién mierda eres tú? —demandó Sailor Silver Moon en su usual tono agresivo. Pero la gata no pareció asustarse por ello. De hecho, era como si esperase que aquella fuese su reacción.
—Mi nombre es Diana —repuso la gata, acercándose a Super Sailor Moon—, y soy la hija de Luna y Artemis.
(109) El calor es, esencialmente, movimiento, el movimiento de las partículas. Mientras más se muevan, más se incrementa el calor. Mientras menos se mueve, más decrece. El cero absoluto es la total ausencia de movimiento en las partículas subatómicas.
