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Eternal Sailor Moon

Washington, 21 de noviembre de 1992, 09:55a.m.

—Es con gran pesar que he decidido presentar mi renuncia al cargo de Presidente de los Estados Unidos de América —anunció Jackson MacArthur, ante un sinnúmero de periodistas de todas las cadenas televisivas de la nación—. Las últimas encuestas dicen que el pueblo ya no quiere que yo sea su líder. Esa es la única razón por la que estoy dando un paso al costado. Fui elegido para representar al pueblo, y es éste quien al final tiene la última palabra con respecto a mi posición. Con respecto a la acusación en mi contra, ya estoy preparando mi defensa con la colaboración de mis abogados. Como ustedes saben, yo creo en la ley, y en que la justicia será quien decida mi inocencia o mi culpabilidad.

"No voy a decir nada en contra de estas acusaciones, porque creo que esto debe decidirse en un tribunal, no en un programa de opinión o en los noticieros. Solamente cuando haya un veredicto, podré tomar las decisiones que convengan según el caso, no antes. Por último, como esta es una situación irregular, quien me suceda en el cargo será el vicepresidente de esta nación. Tiberius Logan, aquí presente, será mi sucesor por el tiempo que me restaba para concluir mi mandato, y podrá participar en las siguientes elecciones. Desde ya, le deseo la mejor de las suertes, y que sea un presidente que se preocupe por el pueblo. Buenos días."

Una multitud de periodistas se abalanzaron sobre la muralla de efectivos del Servicio Secreto, tratando de obtener más palabras del ex presidente MacArthur, pero nadie pudo pasar más allá de los guardias. En tanto, MacArthur se retiró hacia la Casa Blanca, donde le esperaba una llamada telefónica. Sabía que esa llamada esperaba, porque la había concertado para después del discurso de salida.

Como esperaba, el teléfono sonaba de forma insistente. Sin perder más tiempo, MacArthur descolgó el auricular, y se lo llevó al oído, esperando buenas noticias.

—¿Diga?

—El primer pasó salió como la seda —dijo su contacto, sonando complacido—. Todos los miembros del antiguo grupo están a bordo. Ninguno de ellos tiene alguna duda de que esas acusaciones son falsas, y te seguirán adonde quiera que vayas.

—Muy bien —dijo MacArthur, procurando no alzar demasiado el tono de su voz—. Nos reuniremos en Dallas, dentro de seis horas, en mi casa. Traten de mantener un bajo perfil mientras viajan. Es demasiado esperar que la CIA o el FBI no los esté vigilando. Saben que aún somos cercanos, y querrán emprender acciones para separarnos.

—¿Por qué lo dices? ¿Por qué la CIA sospecharía de nosotros?

—Porque, si estoy en lo correcto, un antiguo colaborador de la CIA está detrás de la acusación en mi contra. Puede que aún esté tirando de algunos hilos en Langley. Necesitamos desenterrar información sobre este sujeto para desarmar su plan. No es que quiera presentarme para la reelección, pero quiero asegurarme que esta nación no vuelva a caer en manos de personas de ultraderecha.

—¿Y qué pretendes hacer?

—Lo discutiremos más a fondo cuando estemos en Dallas. Por mi parte, emprenderé mi viaje dentro de un par de horas. Procuren viajar en clase económica. Así nadie sospechará.

—Considéralo hecho.

—Bien. Debo irme. —MacArthur consultó su teléfono, y vio un recordatorio de que le quedaban dos horas y media para registrarse en el vuelo que le llevaría a Dallas—. Voy a llamar nuevamente cuando esté en Dallas para concertar la hora exacta de la reunión.

MacArthur colgó el teléfono, suspirando. Aquella había sido la última conversación telefónica desde el Despacho Oval. Pese a que quería seguir sirviendo a su país, consideró que no podría hacerlo desde allí. Tenía que hacerlo en terreno, donde estaba la mugre.

Tokio, 21 de noviembre de 1992, 07:24p.m.

Sailor Mars jadeaba a causa del agotamiento, pues había estado corriendo por quién sabía cuánto tiempo. Después de varios minutos de persecución, había logrado burlar a su enemigo, el cual no era otra cosa que un espejo. Sus poderes de percepción extrasensorial le habían permitido identificar el peligro antes que el espejo pudiera atraparla, pero el salón era tan extenso que le parecía que no cabía en la carpa que alojaba al Circo de la Luna Muerta No tenía idea de dónde en el mundo se encontraba, pero, a juzgar por unos golpes secos que parecían estar a cientos de metros de distancia, supo que dos personas estaban peleando.

Es lo único que puedo hacer, por ahora.

Sabiendo que el tiempo se estaba volviendo un lujo, Sailor Mars respiró hondo, y volvió a correr, esta vez, en dirección al lugar donde se escuchaban los golpes. Pareció tomarle horas y horas, pero al final, solamente transcurrieron unos dos minutos. Cuando llegó, vio que había dos personas que parecían querer matarse entre ellas, o al menos una de ellas. Haciendo aparecer una llama en su dedo, pudo ver con más claridad la escena.

Sailor Moon y varias de sus compañeras estaban fuera de combate, murmurando cosas o gritando cosas, como si estuvieran teniendo una pesadilla. Las únicas que estaban despiertas (y las que estaban combatiendo) eran Sailor Saturn y Sailor Silver Moon. Sin embargo, después de observar a las dos contendientes con detalle, vio que Sailor Saturn actuaba como una sonámbula, mientras que Sailor Silver Moon estaba totalmente despierta y lúcida, tratando de defenderse de los ataques de su adversario.

Si algo bueno tengo que decir de Sailor Silver Moon, es que tiene una voluntad de acero.

Considerando que despertar a Sailor Moon era la mayor prioridad, Sailor Mars ignoró a las demás, y se arrodilló delante de su amiga, tratando de hacer que volviera en sí.

—Sailor Moon, despierta, por favor —decía Sailor Mars en un tono elevado, con tal de hacer que ella reaccionara, pero seguía con los ojos cerrados y murmurando cosas como "no es cierto" o "suéltenme".

Lo malo de ser Sailor Mars era que perdía fácilmente la paciencia. No estuvo ni un minuto tratando de hacer que despertara por las buenas, y ya le estaba pegando bofetadas a Sailor Moon. Lo peor era que ni así despertaba. Al final, cuando Sailor Moon tenía las mejillas enrojecidas, Sailor Mars dejó de pegarle. Estaba claro que así no iba a conseguir nada. Fue cuando una idea se le vino a la cabeza, e, irónicamente, había provenido de ver a Sailor Moon en ese estado.

¿Qué es lo que haría Serena en mi situación?

Respirando hondo, Sailor Mars fue tranquilizándose hasta hallar la calma que necesitaba para hacer lo que se había propuesto hacer. Cuando sintió que su respiración volvía a la normalidad, Sailor Mars tomó a Sailor Moon por los hombros y juntó su frente con la de ella, cerrando los ojos.

—No sé qué es lo que estás pensando para que estés así, pero eso no me importa —dijo Sailor Mars con suavidad, más con la mente que con sus cuerdas vocales—. Lo que sí me interesa es que, lo que sea que te ocurre, puedes superarlo. Has pasado por situaciones muy difíciles, y siempre has salido adelante, pese a todos tus defectos, pese a que hay veces en que te consideras débil. Sé que a veces lo piensas, y, si estás dentro de una pesadilla, es eso lo que te tiene paralizada en este momento. Sailor Moon, pese a las apariencias, tú eres la más fuerte de nosotras, incluyendo a Sailor Silver Moon. Puede que seas llorona, comilona, enamoradiza, perezosa y despreocupada, pero siempre que las personas que quieres se encuentran en peligro, siempre das todo de ti para que no les pase nada, das hasta tu último aliento para vencer a tus enemigos, y, por supuesto, nunca te das por vencida. Es eso lo que te pido en este momento; que no te rindas, que encuentres tu fuerza, la fuerza que siempre ha estado en tu interior. Solamente así podrás salir de esta prisión.

Sailor Mars había estado tan absorta en animar a Sailor Moon, que no estaba al tanto de que alguien se acercaba por detrás, hasta que fue demasiado tarde. Un dolor lacerante hizo que se separara de Sailor Moon, y diera media vuelta, solamente para ser catapultada hacia donde se encontraban Sailor Uranus y Neptune.

—Es inútil tratar de despertarlas —dijo una voz que parecía provenir desde las sombras, pero Sailor Mars, con su llama, pudo ver a una mujer de cabello púrpura, amplio y ondulado, caminar con parsimonia hacia Sailor Moon—. Todas ellas están sumidas en sus pesadillas. Mucho más debilitante que atacarlas por métodos convencionales, ¿no creéis?

—¿Quién diablos eres tú? —quiso saber Sailor Mars, resoplando y poniéndose de pie, no sin ciertas dificultades.

—Soy Neherenia —se presentó la recién llegada, haciendo un gesto teatral con sus brazos—. Soy la reina del Circo de la Luna Muerta, y soy la que os ha puesto en estos problemas. Vosotros sois débiles cuando vuestras peores pesadillas se hacen realidad.

—Pues yo no caí en tu trampa —desafió Sailor Mars, crispando los puños—. Ninguna pesadilla me va a detener, y eso ya te lo demostré.

—Tenéis razón —admitió Neherenia, mostrando una sonrisa malvada, y Sailor Mars notó que sus caninos parecían colmillos—. Vos necesitáis un tratamiento más convencional, me temo.

Neherenia alzó ambos brazos al techo, y un resplandor dorado apareció entre sus manos. Sailor Mars vio que un cristal en forma de octaedro aparecía entre sus manos. En ese momento, supo que podía tratarse de algo peligroso, y, usando sus poderes, alzó una barrera de fuego entre ella y Neherenia, de modo que le fuese más difícil saber dónde se encontraba. Después de eso, Sailor Mars preparó su ataque de fuego, tomándose su tiempo, haciendo que Neherenia tuviera dudas de cuándo iba a atacar. Estuvo a punto de atacar, cuando sintió algo poderoso chocar contra su espalda, y enviarla hacia las llamas que ella misma había creado. Sin embargo, empleó sus brazos para perder inercia y no quemarse viva.

Cuando Sailor Mars se puso nuevamente de pie, sus piernas temblando a causa del esfuerzo, vio que Neherenia, de algún modo, había burlado su barrera de fuego. No valía la pena preguntarse cómo lo había hecho, porque era obvio que podía hacerlo. No restaba que fuese peligroso.

—Como podéis ver, aquí, tengo todo el poder —dijo Neherenia, avanzando hacia Sailor Mars, ignorando la batalla campal entre Sailor Saturn y Sailor Silver Moon—. Además —añadió, mostrando el cristal que había hecho aparecer de la nada hace unos instantes atrás—, el Cristal Dorado es mío. Con esto, puedo robar los sueños de cualquier persona, y dejarlas en compañía de sus peores pesadillas. Los sueños me dan poder, y las pesadillas me dan control sobre la población. Me convertiré en una verdadera reina, hermosa y peligrosa.

—No te tengo miedo —gruñó Sailor Mars, extendiendo ambos brazos hacia delante, juntando las manos, como tratando de imitar una pistola—. Mientras siga con vida, me interpondré entre mis amigas y tú.

Neherenia iba a responder, cuando vio un aura rodear el cuerpo de Sailor Mars, un aura que semejaba fuego, y supo que debía poner un poco más de cuidado. No era algo que hubiese observado mientras veía a las Sailor Senshi lidiar con el Cuarteto de Amazonas.

—Ah, tenéis espíritu, eso os lo concedo —dijo Neherenia, acompañando sus palabras con una suave carcajada—, pero no creáis que solamente con eso me podréis vencer. Tengo tanto poder en mis manos que ni todas vosotras juntas podréis derrotarme. ¡Tengo el poder de los sueños de la gente!

Sailor Mars no dijo nada. Siguió concentrando su poder en sus dedos, mirando a Neherenia con el ceño fruncido. Lo único que le importaba era tratar de hacerle el mayor daño posible. Por otro lado, Neherenia volvió a alzar sus brazos, conjurando nuevamente el Cristal Dorado, sonriendo a causa de su evidente superioridad. No importaba mucho que su oponente hubiera resistido al influjo de sus pesadillas. En esas situaciones, el poder convencional funcionaba muy bien.

Y ambas lanzaron sus ataques.

Tokio, veinte minutos atrás.

Los paramédicos habían logrado controlar el sangrado, y Sailor Chibi Moon yacía sobre la cama, sonriendo y mirando al Cuarteto de Amazonas, convertidas en Sailor Senshi. Al principio, Sailor Chibi Moon no entendía por qué unas chicas que se suponía que eran sus enemigas lucían como unas aliadas, pero, después de una larga explicación por parte de Cere-Cere, ella entendió que las chicas a su alrededor tenían la intención de responder a un llamado por parte de Helios.

—¿Y cómo se van a llamar ahora? —quiso saber Sailor Chibi Moon, quien pensaba que llamarse Sailor Cere-Cere era una soberana locura. Si su nombre de Sailor Senshi ya era largo, no quería ni imaginar cómo sería llamarlas a todas por su nombre. Por un momento, trató de pensar en las clases de astronomía de Sailor Mercury en Tokio de Cristal, dándose cuenta que sus nombres se parecían a los nombres de los asteroides más prominentes del sistema solar.

—Como grupo, creo que podríamos llamarnos el Sailor Quartetto… ya sabes, porque somos cuatro —dijo Para-Para, quien se ganó una palmada en la cabeza de parte de Ves-Ves. Para-Para se sobó el lugar afectado, dándole una mirada de reproche a Ves-Ves—. Individualmente… no tengo idea —añadió, soltando una carcajada.

—Pues yo tengo nombres para ustedes —dijo Sailor Chibi Moon, en el momento en que un médico hacía acto de presencia en la sala, luciendo complacido. Sailor Chibi Moon también sonrió. Iba a traer buenas noticias.

—Señorita, buenas noticias. El corte no fue demasiado profundo, y la trajeron rápido al hospital. Hemos hecho todos los exámenes de rutina, y todo luce normal. En unos minutos más se le harán los trámites de alta. Un tal Darien se ofreció a hacerlos por usted.

—Gracias, doctor —dijo Sailor Chibi Moon—. Y Darien es mi padre. Es de confianza.

—Eso es bueno —dijo el doctor, comprobando que sus signos vitales se mantuvieran estables, sin encontrar nada fuera de lo normal—. Podría cambiarse de ropa. Esas parecen sacadas de un festival de cosplay.

A Sailor Chibi Moon le causaba gracia que el doctor no pudiera identificar el uniforme de una Sailor Senshi, siendo que ellas habían aparecido en numerosas oportunidades en la prensa, por buenas y malas razones por igual.

—¿Decías que tenías nombres para nosotras? —inquirió Cere-Cere, mirando significativamente a Sailor Chibi Moon—. Por que, si vamos a ser Sailor Senshi, no podemos llamarnos como nos llamábamos antes. No crea un buen mensaje.

—Ah, sí —repuso Sailor Chibi Moon, mirando a las cuatro nuevas Sailor Senshi—. Cere-Cere, tú serás Sailor Ceres. Para-Para, tú te llamarás Sailor Pallas. Ves-Ves, tú serás Sailor Vesta, y Jun-Jun será Sailor Juno.

—¡Son nombres geniales! —exclamó Para-Para, ahora Sailor Pallas.

—Por una vez, concuerdo con Sailor Pallas —dijo Sailor Vesta, sonriendo.

—Es un avance —añadió Sailor Ceres. Sailor Chibi Moon se levantó de la cama, mirando a sus nuevas guardianas con algo parecido a orgullo. Mientras vivía en Tokio de Cristal, ella siempre había soñado con poseer una guardia personal, tal como su madre. Y ahora, aquel sueño se había hecho realidad.

—Darien se va a encargar de mis papeles de alta —dijo Sailor Chibi Moon, mirando a todas sus guardianas, esta vez con más seriedad—. Tengo la impresión que las demás Sailor Senshi se encuentran en peligro. Debemos ir a rescatarlas.

—Cuenta con nosotras —dijo Sailor Ceres.

—¡Vamos a divertirnos bastante! —exclamó Sailor Pallas, siempre quitándole seriedad a la situación.

Les tomó diez minutos llegar a la carpa. La oscuridad habría sido un problema, y, de no ser por los artilugios de Sailor Pallas (que eran similares a los que empleaba Sailor Mercury, pero menos avanzados), se habrían perdido en el laberinto de edificios que era el centro de Tokio. Sin embargo, como pasó con Sailor Mercury, sus aparatos dejaron de funcionar a causa de la cantidad de energía oscura que inundaba la carpa. Cuando trabajaban para Neherenia, aquello no había sido un problema, pero pertenecer al bando del bien hacía que el peso de la energía oscura se hiciera sentir, encorvando sus espaldas.

—Me cuesta mucho caminar —dijo Sailor Ceres, con la voz agitada.

—Esto no es divertido —se quejó Sailor Pallas, ganándose miradas de desdén por parte de Sailor Vesta y Sailor Juno.

Cuando Sailor Chibi Moon y el Sailor Quartetto llegaron al salón de los espejos, vieron cómo Sailor Mars y Neherenia jugaban al tira y afloja con sus poderes. No obstante, Neherenia no hacía ningún esfuerzo en sostener sus poderes, mientras que Sailor Mars estaba arrodillada, respirando con dificultad. Todas pensaron que iba a perder la batalla, cuando algo interrumpió el rayo de Neherenia, desviándolo hacia un lado, destruyendo todos los espejos del salón.

Sailor Mars vio, para su asombro, que una Sailor Senshi se había interpuesto entre ella y Neherenia, una Sailor Senshi de cabello plateado y largo.

—¿Sailor… Silver Moon?

—Ayuda a Sailor Moon —dijo ella, crispando los puños—. Te necesita.

Sailor Mars, cuyo agradecimiento se le quedó atascado en la garganta, dio media vuelta y se acercó a Sailor Moon. Por otro lado, Sailor Silver Moon encaró a Neherenia con una cara del más profundo disgusto.

—No sé en qué mierda pensaste cuando quisiste usar las pesadillas de mis compañeras para derrotarlas, pero eso no importa, porque te voy a desfigurar la cara.

—¿Vos? ¿Desfigurarme la cara? —desafió Neherenia, echándose a reír—. No podéis estar hablando en serio, ¿verdad? Ya os he dicho que, en este lugar, tengo todo el poder…

Neherenia no pudo continuar hablando, porque un golpe muy poderoso impactó en su mejilla, catapultándola hacia unos espejos, destruyéndolos también. Sailor Silver Moon no perdió el tiempo, y, alzando ambos brazos hacia el techo de forma violenta, hizo que una corriente ascendente de aire estampara a Neherenia contra el techo, cayendo nuevamente al suelo, un hilo de sangre brotando de su nariz.

—¡Vamos, arpía de pacotilla! —retó Sailor Silver Moon, avanzando hacia Neherenia, sin bajar la guardia—. ¡Dame más pelea!

Nueva York, 14 de noviembre de 1992, hora desconocida

Serena había vuelto a la reunión de las Naciones Unidas con las Sailor Senshi, y, como la primera vez, era sostenida por el resto de sus compañeras, mientras la misma voz ponzoñosa en su interior le repetía las mismas palabras que tanto la debilitaban. No obstante, había una diferencia con la primera vez que había vivido aquella experiencia.

Rei era la única que no la sostenía. De hecho, le estaba tendiendo una mano.

—No les hagas caso —dijo, con una voz cálida que no parecía pertenecerle—. Esto es solamente una pesadilla. Sabes que eres fuerte, sabes que, si te lo propones, no hay nada que pueda detenerte, no hay límite que valga para ti, y unos políticos avinagrados no van a hacerte cambiar de opinión. Eres mujer, por lo tanto, eres firme, eres fuerte, eres valiente, y te sobrepones al dolor. No dejes que ellos definan quién eres. Tú eres la única que puede hacer eso.

Serena, en medio de su desesperación, sintió una calidez en su corazón que no desapareció, sino que se hizo más fuerte conforme pasaba el tiempo.

—Rei… —dijo, y vio que ella estaba sonriendo.

—¡Vamos, Serena! ¡Levántate y toma mi mano! ¡Yo sé que tú puedes! ¡Creo en ti!

Serena sintió el calor expandirse hacia el resto de su cuerpo, dándole fuerzas, haciendo que su corazón latiera con más fuerza. Componiendo una sonrisa, tomó la mano de Rei, y las demás la soltaron, también tendiéndole una mano. El recinto de las Naciones Unidas comenzó a disolverse, y sus compañeras se convirtieron en corpúsculos de luz, los que penetraron en su pecho, haciéndole sentirse mejor desde que se transformó en Super Sailor Moon.

Tokio, 21 de noviembre de 1992, 07:24p.m.

Super Sailor Moon despertó de su pesadilla, pero no era lo único que le estaba pasando. Sailor Mars se alejó de ella, mientras veía cómo un brillo plateado brotaba de su pecho, generando rayos del mismo color, los que la envolvieron, haciendo difícil para Sailor Mars ver lo que estaba ocurriendo.

Los rayos plateados parecían estar hilvanando algo, porque se adosaban al uniforme de Super Sailor Moon, transformándolo. La tiara de Super Sailor Moon desapareció, reemplazada por el mismo símbolo de la luna menguante que ostentaba ella misma cuando tomaba la forma de la princesa Serenity. El listón en su pecho cambió de forma, y parecían un par de alas desplegadas, mientras que unas alas reales brotaban de su espalda. Tanto la falda como las botas cambiaron de color, y el listón trasero fue reemplazado por unas especie de tiras rojas.

Un destello final cegó a todas las presentes, incluyendo a Sailor Silver Moon y a Neherenia, quienes estaban enfrascadas en un duelo de fuerza. Tuvieron que pasar varios segundos para que la oscuridad volviera a reinar en el salón de los espejos, y las presentes vieran el resultado de la transformación de Super Sailor Moon.

Su uniforme había cambiado por completo, y poseía unas alas detrás de su espalda. No tenía tiara ya, y su silueta mostraba un ligero brillo plateado.

—¿Qué te pasó? —preguntó Sailor Mars, con un hilo de voz. Las Sailor Senshi fueron despertando de sus pesadillas una a una, viendo el nuevo aspecto de Sailor Moon con asombro y estupefacción. Incluso Neherenia lucía preocupada.

—Gracias, amigas, por estar incluso en mis pesadillas —dijo Sailor Moon suavemente, encarando a Neherenia (Sailor Silver Moon se había alejado de ella, dejando que Sailor Moon le tomara el relevo del combate), frunciendo levemente el ceño—. En cuanto a ti, no voy a permitir que uses las pesadillas de los demás para tu provecho. Yo, Eternal Sailor Moon, te castigará en el nombre de la luna.