DESEO DE TRES

.

Existen lazos que van más allá de los temores o las creencias, uniones que no buscan ser comprendidas por los demás porque basta con que los implicados las entiendan. Refugiados en este alivio ellos permanecían en su mundo donde los protagonistas eran tres y uno de ellos observaba todo desde la cocina de la cabaña dónde se quedarían acampar con sus amigos.

—¡Sora! —atrajo su atención Mimi, haciéndole dejar de ver por la ventana a los dos jóvenes que bajaban las cosas de la camioneta.

Distraída y con una sonrisa en los labios, la castaña giró el rostro en dirección a su amiga, encontrándose con una expresión de curiosidad, así como reproche por no haber prestado atención a lo que estuviera diciéndole minutos atrás. Intentó recordar el tema que habían estado conversando más sus pensamientos se encontraban alrededor de los sucesos de la noche anterior.

Solo recordarlos bastó para que sus mejillas se tiñeran de un delicado tono rosáceo, sujetando con más fuerza de la necesaria el vaso entre sus manos.

—¿Sora? —repitió la menor acercándose un par de pasos—. ¿Te encuentras bien?

—¿Sucede algo con Sora? —intervino el mayor del grupo, observándolas desde el pasillo con un par de maletas colgadas del hombro, dudando entre acercarse o no.

La voz de Joey obligó a la castaña a reaccionar, alzando sus manos para agitarlas de lado a lado.

—Todo está bien, solo me distraje —intentó restarle importancia, tensando su sonrisa hasta que un no muy convencido superior asintiera y continuara su camino.

La cocina volvió a quedar en silencio por unos segundos, un tiempo valioso que Sora usó para desviar la mirada de su amiga y enfocarse en los detalles de la cabaña. La cocina perfectamente equipada contrastando con la mesa de madera ubicada en el comedor, rodeada de sillas cuidadosamente talladas. Los colores cálidos que fluctuaban del café hasta un rojizo que asemejaba el atardecer se encontraban distribuidos en las alacenas, mesas de picar y mueblería.

Un lugar acogedor por donde se le viera, propiedad de un pariente lejano de Joey y el futuro alojamiento que tendría todo el grupo durante sus vacaciones de fin de semana a petición de los más jóvenes del grupo. Había sido una idea espontánea e inesperada que dejó a más de uno congelado en su lugar, hasta que poco a poco la oportunidad de relajarse terminó siendo de lo más tentadora.

Hikari y Takeru crearon la oportunidad perfecta para poder relajarse, pero Sora lejos de disfrutar el camino se sumergió en sus propias reflexiones, al igual que volvía hacer en ese instante hasta que un chasquido de dedos sonó frente a su rostro.

—Tierra llamando a Sora —Mimi agitó la mano frente a sus ojos, empezando a perder la paciencia—. Algo sucedió ayer después que se fueran los tres, ¿verdad?

Sintiéndose descubierta, solo pudo mirar nuevamente por la ventana.

—¿Se te declaró alguno? —continuó presionando.

En cuanto Sora asintió con un gesto avergonzado, Mimi no tardó en dejar escapar un grito agudo que acalló rápidamente con sus manos. La emoción escapaba por su mirada, cohibiendo aún más a la contraria que empezaba a sentir sus mejillas arder.

—¿Quién fue? Vamos Sora, cuéntame algo.

Tras lo que debió ser una eternidad, Sora le devolvió la mirada.

—Los dos.

—¿Cómo? ¿Al mismo tiempo? ¿Qué les dijiste? —la mirada curiosa de Mimi brincó de su amiga hacia los jóvenes que aún permanecían afuera y regresaba con la castaña—. ¿Aún no les respondiste?

Su entusiasmo era tal que parecía no poder quedarse quieta, convirtiéndose en el incentivo de valor que le hacía falta a Sora.

—Es algo complejo, Mimi —empezó, llevando una de sus manos hasta un brazo, un gesto que solía hacer al tratar de temas tan personales—. Fue poco después de que nos despidiéramos de Taichi.

—Espera, ¿no dijiste que fueron los dos?

Sora asintió lentamente.

—Así es, Yamato me pidió que habláramos en cuánto estuviéramos a solas, pero solo alcanzamos a caminar unas pocas calles antes de que nos atrapara la lluvia y regresáramos a casa de Taichi para refugiarnos.

—Oh, sí, ayer llovió bastante fuerte, por un momento creí que podría malograrnos el viaje de hoy. Pero entonces, ¿fue en casa de Taichi?

Por segunda vez, la castaña asintió coloreando sus mejillas de un color más intenso.

—Llegamos empapados y Taichi fue en busca de unas mantas…

En cuanto empezó a recordar los detalles del día anterior su mente volvió a trasladarla a ese instante, cada pensamiento, cada sensación y emoción volvían a sentirse de forma nítida como si volviera a sumergirse en ese instante que marcó su vida.

Por varios días Sora había sido consciente de la tensión que los rodeaba a los tres, las discusiones entre sus dos amigos se volvían repetitivas y su mente se perdía constantemente en interrogantes de las que no encontraba respuesta fácilmente. ¿En qué momento la amistad se convertía en amor y se requería valor para dar un solo paso en su dirección? ¿En qué momento los sentimientos empezaban a cubrirse de dudas, preocupaciones y restricciones?

Las preguntas resonaban una tras otra como si se encontraran en medio de un bucle que solo era interrumpido por el sonido de los truenos que hacían sobresaltar su cuerpo mientras los brazos que la rodeaban, se estrechaban en un intento por tranquilizarla desde que solo quedaron ellos dos en aquella habitación.

—Sora —le llamó Yamato, sin darse cuenta que el temblor en el cuerpo ajeno no era solo por el miedo, sino también por los nervios junto la vergüenza entremezcladas con la confusión—. ¿Estás bien?

Era una pregunta insulsa dicha por él que se caracterizaba por ser el más lógico de los tres, pero que dicha por Taichi seguramente habría arrancado algún suspiro resignado. Quizás debió pensar lo mismo la castaña, pues una risa baja brotó de sus labios chocando su aliento con la piel descubierta del cuello, haciéndolo temblar.

—¿Yamato? —preguntó ingenuamente al notarlo, alzando el rostro en busca de los orbes azules.

Sus mejillas teñidas de un suave rosáceo eran una imagen cautivante para él, los ojos llorosos le conferían un aspecto indefenso y su ropa mojada por haber sido atrapados por la lluvia empezaban alterar la personalidad controlada del mencionado. Llevaban días sumergidos en esa tensión sexual como algunos denominarían, la personalidad reservada del rubio se volvía como un imán imposible de resistir y su mirada usualmente serena parecía volverse más intensa. Sin embargo, ninguna mirada se comparaba a la intensidad con la que en ese instante observaba a la castaña, atrapándola por completo.

El sonido de la lluvia estrellándose con las ventanas de la casa creaba un ambiente que a su opinión les confería de mayor privacidad; uno dónde estaban ellos y sus pensamientos navegando en la tentadora posibilidad de inclinarse para besarla. Un deseo que de ser cumplido desencadenaría una larga cadena de muchos más en busca de mitigar el frío con el calor de ambos cuerpos.

Lentamente fue inclinando su rostro, su mirada capturando la otra como un anticipo hasta que el ruido de una puerta abriéndose repentinamente hiciera sobresaltar a Sora.

En su precioso mundo no eran solo dos, sino tres los protagonistas y el que faltaba acababa de hacer su ingreso con una manta en las manos acompañada de una amplia sonrisa.

—¡Encontré todo para pasar una buena tarde viendo películas hasta que pase la lluvia! —anunció Taichi, aproximándose de forma distraída hasta detenerse frente aquel par. Le tomó unos segundos entender lo que estaba sucediendo y sus manos no tardaron en buscar a Sora en un intento por alejarla mientras su mirada molesta caía sobre el rubio—. ¿Qué crees que estabas haciendo?

La acusación golpeó justo en el lado competitivo del rubio, endureciendo sus facciones.

—No es algo que te incumba.

—Todo lo que tenga que ver con Sora me involucra.

—No hice nada —se defendió de mala gana, frunciendo el ceño—. Deja de meterte.

Un duelo de miradas entre ambos se hizo presente, cada uno igual de terco y decidido a mantener su posición hasta que Sora decidió separarse del agarre de su amigo de la infancia para colocar cada mano sobre el pecho de ambos.

—Ya basta, no tienen por qué ponerse a pelear ahora —les corrigió en aquel tono que reservaba para ellos y que lograba aplacar hasta el mayor de sus enojos.

Los segundos se hicieron largos, las miradas no se apartaron una de otra y Sora estaba dispuesta a repetir su petición cuando la mano de Taichi tomó la suya, apegándola a la altura de su corazón para hacerla consciente del acelerado latir de su corazón.

—Sora me gusta —dijo sin observarla, pero con una decisión que no daba cabida a dudas—. Me gusta y no voy a seguir ocultándolo, es una de las personas más importantes que tengo en mi vida.

Sus palabras impactaron no solo en ella, sino también pusieron en enfrentamiento todas aquellas contradicciones con las que su amigo había estado luchando. El frío pasó a ser un tema secundario del que ninguno parecía ser consciente, Sora guardando silencio mientras sus mejillas acaloradas le recordaban que debía pensar en una respuesta aunque su corazón fuera tan grande que parecía amar ambos jóvenes con la misma intensidad. Taichi decidido no solo a seguir sosteniendo la mano de ella, sino también a mantener la mirada de su amigo como si aguardara una respuesta de él. ¿Y Yamato? Entendiendo que quizás había perdido toda oportunidad o tal vez cualquier ventaja que creía haber llevado sobre el otro.

Negó lentamente ante aquel pensamiento, no, jamás sería una competencia luchar por Sora. Respetaba y muy silenciosamente admiraba el coraje del moreno, así como también se había abstenido de hacer algún movimiento hasta ese día por temor a quebrar el lazo que los unía a los tres.

—También me gusta —terminó diciendo, imitando el gesto del moreno para apresar entre sus dedos la otra mano de Sora—. Pero no es correcto para ella ponerla en esta situación.

—No necesita darnos una respuesta, ambos la conocemos —Taichi sonrió, no como un niño entusiasmado, sino como un adulto que sabe cuál es el camino a elegir.

No lo diría en voz alta, pero era quién mejor conocía a Sora, veía sus sonrisas y confusiones, entendía sus dudas mientras se esforzaba en pensar un camino que no la obligara a dividir lo que sentía. Era consciente de hasta qué punto podía apoyarla, así como también se vio obligado admitir que Yamato era igual de importante en su vida.

En algún momento que quizás ni Sora sabría, habían dejado de ser solo dos y la llegada del rubio se volvió parte de un equilibrio que le hacía bien a ella, así como a él también. Esa era la relación que mantenían, una que surgió desde la primera vez que cayeron en el Digimundo, se fortaleció con el paso de los años hasta que a los 19 se convirtió en un curioso tejido que los hacía mantenerse juntos sin importar cuanto discutieran los últimos días.

—Chicos… —la voz de Sora se coló en las reflexiones de ambos—. Lo siento, no creo poder elegir a uno.

Su voz apenada, afligida y preocupada fue la pista que Yamato necesitaba para terminar de entender a lo que se refería su amigo. Con un suspiro bajo, relajó su postura terminando por sonreír al igual que él.

—Taichi tiene razón, no necesitas elegir, Sora. Está bien si somos los tres.

A veces, pocas palabras eran capaces de transmitir mucho más que largos discursos.

El sonido de un trueno resonó en la habitación dispuesto asustarla, pero esta vez habían dos personas dispuestos a protegerla, envolviéndola en sus brazos para reconfortarla.

—Entonces, ¿qué pasó? —preguntó Mimi, sumergida en el relato.

Sora regresó al presente, envuelta en la sensación de ser apoyada y querida.

—Vimos las tres películas de Lord of the rings en la sala, envueltos en las mantas que Taichi trajo —concluyó con una sonrisa divertida.

—Pero, ¿en qué quedaron? ¿Qué son? ¿Es una relación de tres?

Mimi negó con la cabeza varias veces, sin comprender la razón tras la expresión serena de su amiga. Estuvo a punto de insistir cuando los dos implicados en la historia hicieron acto de presencia en la cocina.

—Hey Sora, ¿no crees que has traído demasiado equipaje? —bromeó el moreno, dejando a un lado las maletas para pasar el brazo sobre los hombros de ella.

—No es tanto si lo comparamos con la cantidad de comida que trajimos —salió Yamato en su defensa, deteniéndose a un lado mientras sus dedos se entrelazaban con los de Sora bajo la sorprendida mirada de Mimi—. ¿Les interrumpimos?

La mirada del rubio saltó de la castaña a su amiga y viceversa, adivinando el tema de conversación por la expresión de la última.

—Ya habíamos terminado de hablar —Sora sonrió hacia ambos para terminar con una pequeña sonrisa hacia su amiga.

No había una palabra que se le viniera a la mente para definir lo que eran. ¿Eran amigos? ¿Eran amantes? Ninguno tenía una respuesta clara, pero tampoco les importaba demasiado definirlo bajo una etiqueta. Bastaba que estuvieran los tres juntos para que todo se sintiera completo; el amor, la amistad y el valor.


Hola, hola

Esta pequeña historia es un regalo para una escritora bastante querida por muchas personitas y parte de una actividad del Club de Lectura Fanfiction, espero de corazón sea de tu agrado. ¡Feliz Navidad y feliz año nuevo Imaginación Fanfiction! Cruzaré deditos para que puedas pasarlo super mega bonito

Lamento mucho la demora en entregarte tu presente, ha pasado tiempo desde que escribo y me puse bastante nerviosa, aún así amé escribir de Taichi, Yamato y Sora, son personajes a los que les tuve mucho cariño desde pequeña y que espero haber sabido manejar bien para darte un regalo bonito que logre sacarte una sonrisa ^^