CVII
La princesa perdida
Planeta Inferno, a 2850 años luz de la Tierra
Aurora había tenido que hacer una parada en el planeta Mare para adquirir ropa que la protegiera del calor extremo que imperaba en el planeta en el que se encontraba parada. Anorus, por otro lado, no necesitaba de protección alguna para deambular por la superficie cubierta de lava seca. El planeta Inferno era un lugar inhóspito, como los demás lugares que Aurora había visitado, pero, a diferencia de los otros planetas, Inferno era un planeta cuya actividad volcánica era constante. Océanos de lava dominaban la vista, volcanes rugientes expulsaban su contenido hacia el cielo, contribuyendo al efecto invernadero que hacía que todo el planeta se viera invadido por un calor infernal. Incluso la tierra firme parecía hervir.
—¿Y no pudiste haber pagado por la ropa protectora? —preguntó Anorus, recordando la escena en Mare, donde Aurora había hecho algo muy poco ortodoxo para obtener la ropa que le permitía trabajar en aquel ambiente tan hostil—. Te habrías ahorrado muchos… malos entendidos.
—No sé si te has dado cuenta —dijo Aurora, construyendo una plataforma de metal, sobre la cual iba a poner uno de los cuerpos de los Generales—, pero no ando con mucho dinero a cuestas, y no voy a rebajarme a vender mi cuerpo para obtener fondos.
—Pero lo que hiciste en Mare fue casi tan vergonzoso como vender tu cuerpo —comentó Anorus, recordando aquel ridículo concurso en el que Aurora había participado—. De hecho, pensé que, después de conocer los términos del concurso, te irías a retractar de participar.
—Obviamente, no piensas como una mujer —repuso Aurora, terminando de armar la plataforma, e indicando a Anorus a que le ayudara con el cuerpo—. Vestir como un payaso, rodar sobre un montón de caca y pelear contra el animal más hediondo en existencia no se comparan en absoluto con vender tu cuerpo a los hombres. Personalmente, creo que ninguna mujer debería rebajarse a hacer eso, por muy desesperada que sea su situación. Ese es el camino fácil.
Anorus permaneció en silencio, sabiendo que Aurora tenía un punto. En sus muchos viajes por la galaxia, había conocido a muchas mujeres que no parecían tener escrúpulos a la hora de comercializar con sus cuerpos, ya sea indirectamente, como la publicidad de ropa interior o algún perfume, o directamente, como la prostitución. Anorus no podía pecar de ingenuo en ese sentido, porque había compartido con una o dos trabajadoras sexuales en lo que iba de su vida, pero había procurado comportarse bien con ellas, de forma que ellas sintieran que hicieron un buen trabajo con él… eso hasta que se dio cuenta que muchas mujeres lo hacían por el dinero y solamente por el dinero. Desde ese entonces, jamás volvió a solicitar ese tipo de servicios.
—¿Aún piensas en lo que hallaste en Fala?
—Es todo lo que ocupa mi cabeza —contestó Aurora, acomodando el cadáver, de modo que sus brazos no cayeran por el borde de la plataforma—. ¿Por qué crees que estoy haciendo todo esto?
—No me refiero a eso —dijo Anorus, ayudando a Aurora a montar la plataforma sobre la laguna de lava en cuyo borde se había instalada Aurora—. Me refiero a que si has pensando en que, tal vez, esto es demasiado grande para ti. Si Sailor Galaxia se da cuenta de lo que intentas hacer, irá por ti de seguro. No creo que se tome bien el hecho que estás intentando darle la responsabilidad de proteger esta galaxia a personas que ni siquiera sabes si compartirán tus creencias.
—Es por eso que necesito de tu discreción —dijo Aurora, usando una palanca para elevar la plataforma, de manera que quedara a una altura determinada, no tan baja para que el cuerpo se rostizara, ni tan alta para que el cadáver no recibiese el calor suficiente—. Nadie más que tú y yo sabemos sobre el secreto de Fala, y sobre estos cuerpos. Sailor Galaxia no sabrá de dónde provendrá el tiro.
Esto último lo dijo con una suave carcajada.
—Te tienes mucha confianza —observó Anorus, mirando la plataforma, y notando que el cuerpo del General humeaba un poco, juzgando que eso era normal—. Me sorprende que el cuerpo de Sailor Alpha no haya sufrido ningún daño en estas condiciones extremas.
—¿Qué esperabas? —repuso Aurora, elevando un poco más la plataforma, y el cadáver dejó de humear—. Es Sailor Alpha. Ella podía vivir incluso en el espacio. No había ambiente en el que no pudiera estar.
Aquello le recordó a Aurora que debía emplear el preservante en Sailor Alpha, de modo que las constantes extracciones de sangre no la descompusieran. Tenían que ir a un último planeta antes de comenzar la fase final del plan. Aurora esperaba que no fuese demasiado tarde. La última pieza de información que había escuchado era que Sailor Galaxia tenía intenciones de invadir el planeta Tierra, y su impaciencia iba creciendo cada vez más. Era imperativo que Sailor Galaxia no llegara al planeta, porque si aquello llegase a ocurrir, su plan fracasaría.
—¿Sabes? —dijo Anorus, mirando a Aurora con un poco de preocupación—. Si tu plan funciona, muchas cosas van a cambiar. Las Sailor Senshi dejarán de existir, reemplazadas por sujetos, en teoría, más capaces que ellas de proteger la Vía Láctea. Pero solamente serán cuatro, contra un número mucho mayor de enemigos. Sé que tus creaciones serán poderosas, pero la fuerza invita al desafío, y habrá seres que querrán desafiar a los nuevos campeones de la galaxia. Es posible que inicies un nuevo tipo de guerra con tus acciones. ¿Te has puesto a pensar en eso?
—Eso no pasará —dijo Aurora, sin ningún tipo de vacilación, lo que hizo que Anorus arqueara una ceja—. Porque ellos no tendrán ego. Ninguno de ellos querrá estar a la cabeza de nada. Serán un equipo, donde todos tendrán la misma importancia. Ese fue el error que cometieron las Sailor Senshi al querer ocupar el lugar de Sailor Alpha.
Anorus no dijo nada. Se limitó a contemplar el cadáver suspendido sobre la lava, pensando en que, tal vez, Aurora sí sabía lo que estaba haciendo.
Tokio, 20 de mayo de 1994, 04:11p.m.
Más de un día de recopilación de datos, y Amy creía haber encontrado una pista sobre lo que podría ser aquella tetera. En algún punto de la tarde del día de ayer, hubo un pico de radiación sigma. Había sido un evento leve, pero detectable, y estadísticamente relevante. Lo que no sabía, era cuál había sido la causa. Revisó todos los eventos cercanos que podrían afectar a las lecturas de radiación sigma, pero no encontró mucha cosa. Un robo con intimidación a unas dos cuadras de distancia (el barrio donde vivía Saori no era tan bueno), un concierto de Three Lights tres cuadras al sur, y una concentración poco usual de radiación gamma a unas seis cuadras al norte. (128) Amy se preguntó si la radiación gamma era capaz de afectar a la radiación sigma, y se dispuso a hacer un experimento dentro de su computadora. Era la única forma en que podía llevarlo a cabo, porque realizar un experimento de esa naturaleza requería un laboratorio acondicionado para ello, y Amy no disponía del tiempo ni de los medios para hacerlo de la forma en que le hubiera gustado. Por esa razón, su única forma de realizar el experimento era a través de una simulación por computadora. En condiciones normales, no habría podido hacerlo, porque la potencia computacional requerida para hacer una simulación de ese tipo era abrumadora. Por fortuna, su computadora de bolsillo poseía algo que los ordenadores actuales no tenían.
Procesadores cuánticos. (129)
Cuando Amy programó el experimento en su computadora y lo ejecutó, los resultados estuvieron en dos minutos. Al consultar los datos, Amy llegó a la conclusión que la radiación gamma no influenciaba en nada a la radiación sigma.
Entonces, aquella concentración de radiación gamma no es la causa. No hay otra causa plausible para esa variación de radiación sigma. ¿Qué estoy pasando por alto? Tal vez se trate de un evento aleatorio.
Asegurándose de ser prolija con sus observaciones, Amy decidió seguir recolectando datos, de forma de obtener un panorama más amplio de lo que podría estar interfiriendo con la radiación que emitía la tetera.
Un pitido le indicó que había una comunicación entrante. Amy abrió su computadora, y vio que se trataba de un mensaje de voz de parte de Lita. Decía que los Three Lights habían accedido a reunirse con ellas. Fue fácil convencerlas, después de que Amy hubiera descubierto su pequeño secreto. Llegarían a la habitación de Saori en treinta minutos. Amy cerró su computadora y volvió a fijar su atención en la información que mostraban los sensores. Para su sorpresa, los gráficos nuevamente mostraron un pico de radiación sigma. Confundida, Amy consultó nuevamente el registro de eventos, pero no vio nada de relevancia, salvo cuando leyó el mensaje de Lita. Era imposible que esto último pudiera causar variaciones en las lecturas de radiación sigma. Tenía que haber otra explicación.
Pasó aquella media hora pensando en posibles causas para el fenómeno, a veces consultando los datos, una y otra vez, sin hallar nada que resolviera el rompecabezas. Tan enfrascada se encontraba con aquel misterio, que pegó un brinco cuando escuchó unos toques. Respirando hondo, Amy acudió a la puerta, la abrió, y un tropel de chicas entró a la habitación como en avalancha. Serena, Lita, Mina y Rei entraron primero, seguido de Haruka, Michiru, Setsuna y Hotaru, y, finalmente, Seiya, Yaten y Taiki entraron. Amy se quedó mirando al ejército de chicas, pensando que solamente sus amigas y las Sailor Starlights iban a venir. No esperaba a las Outer Senshi, para nada.
Pese a que la habitación de Saori era amplia, la presencia de doce chicas hacía que la habitación se volviera claustrofóbica. Sin embargo, lo primero que saltaba a la vista era la mirada dura que gastaba Haruka en Seiya, quien a su vez hacía unos gestos coquetos a Serena. Ella no era capaz de interpretar correctamente aquellos gestos, ahora que sabía que Seiya era, en realidad, una chica. Rei, Lita y Mina también lucían ligeramente decepcionadas por saber que sus estrellas favoritas eran chicas en lugar de chicos.
—¿Qué mierda hacen todas estas mujeres aquí? —gruñó una voz detrás de la muralla de chicas que tapaban la entrada de la vista de Amy. Ella reconoció de inmediato el timbre de voz de Saori, y, aparentemente, las demás también, porque se hicieron a un lado, y Amy compuso una expresión de desconcierto, porque Saori no venía sola. A su lado, tomada de la mano de ella, estaba Violet. Detrás, Nicole, Scarlett y Sophie miraban al resto de las chicas, ligeramente impresionadas, aunque Amy pudo ver en los ojos de las compañeras de Saori un viso de sorpresa. Aquello era entendible, pues habían vuelto a la vida hace poco, y se imaginaba que no debía ser una experiencia fácilmente procesable.
—Chibi Chibi —dijo la niña, con su voz aguda, lo que hizo que todas giraran sus cabezas hacia ella. Sus caras cambiaron por completo al ver a la pequeña sostener la tetera con sus dos bracitos. Esto hizo que Amy recordara su propósito con los sensores, y consultó nuevamente los datos. Esta vez, las lecturas de radiación sigma se encontraban por las nubes. Amy sabía que la presencia de las Sailor Senshi del sistema solar y las Sailor Gems no tenían ningún efecto en las lecturas, y la única nueva variable era la presencia de las Sailor Starlights.
—Creo saber qué es lo que contiene esa tetera —dijo Amy, y las miradas se fijaron en ella—, pero voy a necesitar que solamente las Sailor Starlights estén presentes en las habitación.
Las Sailor Senshi del sistema solar y las Sailor Gems salieron de la habitación, dejando a las Sailor Starlights solas. Sin embargo, Amy juzgó prudente que los sensores y las cámaras siguieran registrando lo que sucedía dentro de la habitación, e hizo que las imágenes fuesen visibles en su computadora de bolsillo, de forma que las demás también pudieran ver.
Al principio, las Sailor Starlights parecían indecisas sobre cómo proceder, pero Chibi Chibi, siempre con la tetera en su poder, se bajó de la cama, con una ligereza impropia de una niña de cuatro años, y extendió sus bracitos hacia las Sailor Starlights, como ofreciendo la tetera a ellas. No obstante, no fue necesario que el trío la tocara, porque la tetera emitió un destello cegador, y solamente se podía ver la silueta de la tetera. Unos segundos más tarde, la silueta de la tetera cambió, hasta adoptar una forma humana, e, inmediatamente después, el brillo cesó.
Todas las Sailor Senshi fuera de la habitación vieron a una mujer alta, con una expresión sumisa, con un peinado imposible. Su cabello parecía formar un par de bucles que no perdían su forma, para luego caer a ambos lados de su cara. Usaba lo que parecía un gorro de marinero, pero de color negro, y un vestido rojo que se volvía transparente en su parte inferior. Ninguna de las que esperaban afuera de la habitación la reconoció, salvo Saori, quien frunció el ceño.
—Es la princesa del planeta del fuego —dijo, apenas creyendo lo que estaba viendo.
—¿La conoces? —inquirió Rei, con una mirada de descortés incredulidad.
—No recientemente —explicó Saori, entendiendo las expresiones de desconcierto de las demás—. Nunca vino en los tiempos del Milenio de Plata, pero sí hizo un par de visitas a la Atlántida. Tenía buenas relaciones con la reina Serenity, pero, por alguna razón, dejó de venir. Su último mensaje decía que prefería alejarse de cualquier lugar en el que estuviera presente el Cristal de Plata. La reina Serenity nunca entendió el motivo, y no había forma en que ustedes lo supieran, siendo aún doncellas jóvenes en entrenamiento.
—Si eso es cierto —intervino Amy, frunciendo el ceño—, ¿por qué está aquí?
—Buena pregunta —repuso Saori.
—Creo que ahora es buena idea entrar —dijo Serena, pero Saori le dedicó una mirada de puro veneno. Serena se dio cuenta que, siendo tantas, aquella no era la mejor idea en ese momento.
—Pondré el altavoz de mi computadora para que todas podamos escuchar —dijo Amy, y, con pulsar un botón, el audio de la habitación se escuchó a través de los altavoces de la computadora, y era sorprendente la calidad de la reproducción de sonido (130).
—¡Princesa! —exclamó Seiya, y las demás también parecían contentas.
—Mis guardianas —dijo la princesa, haciendo un gesto de bienvenida—. Me alegro de verlas, pero, ¿por qué han venido?
—Nos preocupamos por usted —dijo Seiya, con un pequeño temblor en la voz—. Como despareció sin avisar, nos pusimos a buscarla por toda la galaxia, hasta que llegamos a este planeta. Esperábamos que el mensaje de nuestras canciones le llegara de algún modo.
—Eso explica los picos de radiación sigma —dijo Amy en voz baja—. Reaccionaba a los conciertos de los Three Lights. Las marcas de tiempo concuerdan a la perfección.
—Seguramente sabe que Galaxia ha vuelto a las andadas. No debería asustarnos de ese modo —dijo Taiki, luciendo bastante nerviosa, y Amy podía entender por qué. Ella reaccionaría del mismo modo si Serena decidiera viajar por su cuenta a un planeta lejano, sin ninguna explicación.
—Lamento no haberles avisado de mi partida, pero tenía que hacerlo —dijo la princesa, luciendo igual de preocupada que sus guardianas—. Precisamente porque Sailor Galaxia ha vuelto a las andadas fue que necesitaba partir de nuestro planeta natal. Lo hice para encontrar a la dueña del Cristal de Plata, y ella, en este momento, es Sailor Moon. Y Sailor Moon está aquí, afuera de esta habitación. Pero no es el único motivo por el que la estaba buscando. Hay otras cosas pasando que todas las Sailor Senshi de la Vía Láctea deben saber, especialmente alguien que posee el Sailor Cristal de una Sailor Senshi extremadamente poderosa que vivió hace mucho tiempo.
—¿Está hablando de Sailor Alpha? —preguntó Seiya, con los ojos como platos.
—Precisamente —contestó la princesa, mostrando una sonrisa apenada. De hecho, a Amy le sorprendía que, en todo el tiempo que ella había estado dialogando con las Sailor Starlights, la princesa siempre pareciera estar al borde de las lágrimas, aun cuando sonreía—. No creo que Sailor Moon conozca la historia del Sailor Cristal en su interior, ni de cómo llegó a las manos de la reina Serenity. El Cristal de Plata es un Sailor Cristal único en su tipo, porque es el único Sailor Cristal que no salió del Caldero Primordial. El Cristal de Plata es mucho más antiguo de lo que se cree.
—Pero, todos los Sailor Cristales, sin excepción, salen del Caldero Primordial —puntualizó Taiki, y sus dos compañeras asintieron en señal de respaldo. Pero la princesa negó con la cabeza.
—Sailor Alpha es más antigua que el Caldero Primordial —repuso la princesa, y sus guardianas se quedaron heladas ante la revelación. Ellas, antes de convertirse en Sailor Senshi, habían aprendido que el Caldero Primordial era el lugar donde los Sailor Cristales nacían. Dado que toda Sailor Senshi albergaba uno de esos objetos en su interior, entonces era lógico asumir que el Caldero Primordial era más antiguo que la más antigua de las Sailor Senshi. O sea, a menos que la princesa supiera algo que ellas no, entonces lo que la princesa estaba diciendo no tenía sentido—. Hay una razón por la que se llama Sailor Alpha.
—¿Porque es el comienzo de todo? —aventuró Taiki, luciendo insegura, porque le costaba creer que el principio del universo hubiera sido una Sailor Senshi.
—Exactamente —dijo la princesa, y Taiki volvió a poner una expresión de desconcierto—. Fue Sailor Alpha la responsable de la creación del universo, y su guardiana desde ese entonces. Pero ya deben saber que ella murió hace mucho tiempo, y, desde entonces, ha habido diversas guerras entre las Sailor Senshi, lo que ha ido incrementando el caos en la galaxia y en el universo.
—¿Y quién pudo haber sido tan poderosa para matar a la responsable de la creación del universo? —preguntó Yaten, igual de desconcertada que Taiki, pues, durante su instrucción como Sailor Senshi, jamás habían escuchado de ese tipo de cosas. Seiya, quien permanecía en silencio, entendió que la princesa había desenterrado esa información recientemente, durante el largo tiempo que le tomó su viaje a la Tierra.
—Nadie sabe con certeza lo que causó la muerte de Sailor Alpha, pero en las Sailor Guerras se puede ver su intención —dijo la princesa, mirando atentamente a sus guardianas, como tratando de advertirles sobre algo, sin decirlo de forma explícita—. Las Sailor Guerras no han causado otra cosa más que fragmentación, odio y muerte. Es por eso que corté lazos con el Milenio de Plata, alejándome de todo lo que tuviera que ver con el Cristal de Plata. Siendo el Sailor Cristal de Sailor Alpha, no es de extrañar que tanta gente esté en su busca. La última de todas esas personas es, precisamente, Sailor Galaxia. Ella, como guardiana de la Vía Láctea, se sintió con el derecho de ser su sucesora, y, como era natural, a otras no les gustó la idea. Sailor Galaxia no era, en esencia, malvada, pero su ambición le condujo por caminos oscuros, su visión se estrechó, dejando que la codicia por el poder le cegara, como siempre ocurre cuando hay objetos de gran poder de por medio. Me temo que si la cosas siguen su curso, habrá que tomar decisiones difíciles.
—¿Cómo cual? —preguntó Seiya, aunque no estaba segura de si quería escuchar la respuesta.
La princesa no dijo nada por un momento, como si la alternativa que se había planteado fuese demasiado terrible para ser pronunciada con palabras. Al cabo de varios minutos de silencio, ella volvió a hablar, esta vez en un tono sombrío, lo que acentuó la expresión de eterna tristeza de su cara.
—En el peor escenario posible, podríamos tener que considerar destruir el Caldero Primordial, junto con el Cristal de Plata.
Afuera de la habitación, las chicas se habían quedado heladas, especialmente Serena, quien sentía un sudor frío recorrer su espalda.
(128) La radiación gamma es un tipo de radiación que se encuentra en uno de los extremos del espectro electromagnético, debido a su longitud de onda, extremadamente corta, lo que le otorga una alta frecuencia. Al ser radiación de alta energía, se clasifica como un tipo de radiación ionizante, tal como la radiación ultravioleta, capaz de causar daño celular severo. Debido a su longitud de onda tan corta, no es capaz de penetrar la atmósfera terrestre.
(129) La computación cuántica se diferencia de la computación tradicional en la forma en que los ceros y unos son procesados. Una CPU normal maneja bits de forma secuencial, o sea, de a uno. Esto está relacionado con la frecuencia de reloj del procesador. Mientras más ciclos por segundo posea, más bits puede procesar por unidad de tiempo. Una CPU cuántica es capaz de manejar más de un estado al mismo tiempo. Esto ocurre por uno de los principios básicos de la Mecánica Cuántica, que dice que si una partícula no está siendo observada, ésta existe en múltiples estados al mismo tiempo, y solamente adquiere un estado determinado cuando se observa. O sea, una CPU cuántica puede procesar dos o más bits al mismo tiempo, lo que la hace muchas veces más poderosa que una CPU convencional.
(130) Los teléfonos actuales, especialmente los de gama alta, poseen buenos altavoces. Mi teléfono, por ejemplo, tiene altavoces estéreo, y es capaz de reproducir sonido con una calidad bastante buena, para tratarse de altavoces diminutos. La computadora de Amy es más avanzada que cualquier otra cosa de ese tiempo, y me parece lógico que posea un excelente par de altavoces.
