CVIII
Hacia el río del olvido
Antofagasta, 20 de mayo de 1994, 06:12a.m.
Kakeru apenas había podido dormir esa noche, debido al evento que iba a tener lugar dentro de unas cuatro horas. Uno de los hoteles más lujosos de la polarizada ciudad costera chilena iba a ser el lugar donde Kakeru y su equipo presentarían los resultados de la investigación que habían efectuado en el VLT (131), en Cerro Paranal, sobre el objeto que había encontrado en el centro de la galaxia. Kakeru podía ver con toda claridad cuando vio los datos de unas veinte estrellas, a las que había seguido durante un año y medio en ese observatorio, y por otros quince años en otros lugares. De hecho, una de las razones por las que Kakeru había decidido estudiar astronomía era su sospecha de que había un objeto enorme en el centro de la galaxia, y había pasado casi toda su carrera rastreando estrellas que exhibieran un comportamiento que apuntara a un objeto supermasivo. Al final, después de más de quince años de trabajo, y con la ayuda de la tecnología proporcionada por el VLT, pudo al fin establecer que había un objeto estelar en el centro de la galaxia, un objeto colosal que pesaba cuatro millones de masas solares. Era imposible que una estrella pudiera tener semejante masa, pues la presión generada por las reacciones termonucleares en su núcleo no serían suficientes para contrarrestar su propia gravedad (132), y terminaría colapsando sobre sí misma. La única posibilidad plausible era que ese objeto de cuatro millones de masas solares fuese un agujero negro.
Sin embargo, aquella no había sido su única tarea durante la investigación.
Había ocasiones en las que Kakeru se encontraba solo en el complejo del observatorio, y aprovechaba esos momentos para escudriñar la vecindad del centro de la Vía Láctea, tratando de hallar regiones por las que se pudiera acceder al núcleo galáctico de una forma relativamente segura. No fue una tarea fácil, porque examinar todos los brazos de la galaxia, habiendo tanta interferencia en el brazo en que se encontraba el cúmulo estelar donde residía el sistema solar, había probado ser un desafío casi imposible. Sin embargo, sus esfuerzos rindieron frutos. Había encontrado un extraño pasadizo, desprovisto de estrellas, gas o agujeros negros, ubicado en uno de los brazos vecinos. Después de pasar meses mapeando el lugar, traspasó los datos a un modelo en tres dimensiones, y vio que se trataba de una especie de corredor, el cual, tal como un río en la Tierra, tenía meandros e islas de gas y alguna que otra estrella. A Kakeru le parecía extraño que hubiera un corredor estelar que condujera al centro de la galaxia, sabiendo que el resto de los brazos no poseía esa clase de formaciones, al menos los que pudo observar. No obstante, lo importante no era indagar sobre el asunto, sino que enviarle la información a Amy. Cargó el modelo en tres dimensiones del brazo de la Vía Láctea que contenía el corredor, junto con las coordenadas, en Ascensión Recta y Declinación, además de la distancia en años luz desde la Tierra, y las envió a través de un cliente FTP (los archivos eran demasiado pesados para enviarlos por correo), y enviando el enlace de descarga por correo electrónico.
Cuando Kakeru acabó con la carga de los archivos, envió el enlace a la dirección de correo de Amy, y puso su ordenador en espera, para ver si podía pegar una pequeña pestañada antes de ir al hotel donde se presentarían los resultados de su investigación. Sin embargo, apenas dio un paso hacia su dormitorio, unos golpes le detuvieron. Bostezando, Kakeru atendió a la puerta, y vio a uno de los empleados del hotel donde se alojaba durante los descansos (el observatorio poseía su propio hotel para los que trabajaban en los telescopios). Sostenía un sobre ornamentado con borlas. Confundido, Kakeru asumió que la carta era para él, y la recibió de las manos del empleado, quien se marchó por el corredor sin decir palabra alguna, acrecentando el misterio.
Cuidando de cerrar la puerta tras él, Kakeru examinó más detenidamente el sobre, y vio que no tenía remitente. Preguntándose quién podría emplear correo convencional para entregarle un sobre adornado con borlas, Kakeru le tomó el peso, y comprobó que no podía tratarse de una carta bomba. La abrió, y y vio un papel cuidadosamente doblado, tan cuidadosamente doblado que Kakeru comenzó a tener una idea de quién era el remitente de la carta. Extrajo la carta del sobre, la extendió, y la leyó en su mente.
Kakeru.
Estaré esperándote en el hotel donde estarás presentando los resultados de tu investigación. Soy una de las invitadas al evento, por ser alguien cercana a ti. Te tengo una sorpresa para el final de la presentación, y quiero que todos los presentes sean testigos de ello.
Con amor.
Himeko.
Después de leer la carta, Kakeru llegó a una conclusión lapidaria.
No habría sueño para él ese día.
Tokio, 20 de mayo de 1994, 05:22p.m.
Serena no podía quedarse más tiempo sin hacer nada, mientras otras personas planeaban destruir no solamente el Cristal de Plata, sino que el origen de los Sailor Cristales. Ella no había llegado tan lejos, solamente para que otras Sailor Senshi frenaran en seco sus esfuerzos por hacer de su mundo un lugar mejor. Decidida a defender sus ideales, Serena entró en la habitación de Saori, seguida de sus amigas, y encaró a la princesa del planeta del fuego.
—¿Quién eres tú? —preguntó la princesa, y Seiya y sus amigas la miraron como si ella fuese una intrusa en una conversación ajena.
—Soy la persona que buscas —repuso Serena con firmeza, y, tomando su broche de transformación, ejecutó la metamorfosis que la convertía en Sailor Moon. Seiya, Yaten, Taiki, y la princesa miraron, con evidente asombro y confusión, cómo aquella estudiante de casi dieciséis años se convertía en la persona que la princesa había estado buscando. El asombro duró bastante tiempo, pero Sailor Moon dejó que las cuatro se compusieran antes de hablar. Mientras tanto, Haruka y Michiru también entraron, ambas con los puños crispados. Haruka en particular, tenía la cara arrugada por el desagrado, y miraba con evidente saña a Seiya.
—Así que tú eres Sailor Moon —dijo la princesa cuando se hubo recuperado de la impresión, pues no esperaba que una de las Sailor Senshi más poderosas de la galaxia fuese una adolescente que aún asistía al colegio—. Disculpa mi imprudencia, pero pensé que alguien de tu reputación sería… bueno… mayor.
—Oí que tiene planes de destruir el Cristal de Plata —dijo Sailor Moon, ignorando por completo las últimas palabras de la princesa—. Sé que es lo que planea hacer si llega a ocurrir lo peor, pero, ¿cómo puede ocurrírsele semejante atrocidad? Las Sailor Senshi no se destruyen entre ellas. Trabajan juntas por el bien de este planeta, o galaxia, o lo que sea.
—Eres una chica bastante idealista —intervino Yaten, con un dejo de desdén en su voz, girando sobre sus talones y taladrando con la mirada a Sailor Moon—. Pero eso no hace que tengas razón. Las Sailor Senshi vienen matándose entre ellas desde mucho antes que nacieras… muchísimo antes.
—Eso he oído —contestó Sailor Moon en un tono desafiante, impropio en ella—, pero eso no significa que sea siempre cierto. Nosotras podemos colaborar para vencer a nuestros enemigos. En este momento estamos preparándonos para llevar la pelea hasta Sailor Galaxia, y así evitar pérdidas humanas en este planeta. Somos bastantes Sailor Senshi, superamos en número a Shadow Galáctica, e incluso podemos vencer a Galaxia.
—Sus números no importan demasiado —dijo Taiki, quien no era tan frontal como Yaten, pero su forma de mostrar los hechos, de forma imparcial y fría, molestaba a Sailor Moon de todas maneras—. Fuimos testigos de la batalla en el colegio. Tus compañeras son débiles, les falta bastante fuerza para equipararse con las fuerzas de Sailor Galaxia. Si van al núcleo galáctico, morirán de seguro, y en balde, lo que es peor. Nosotras somos más que suficientes para vencer a Shadow Galactica.
—No digas tonterías, Taiki —intervino Seiya, poniéndose entre Sailor Moon y Taiki—. No hemos sido testigos del verdadero poder de Shadow Galactica aún. Las que atacaron el colegio solamente eran una vanguardia, carne de cañón de su ejército. Apuesto a que sus guerreras más fuertes están junto a Sailor Galaxia. Si unimos fuerzas con Sailor Moon y sus compañeras, tendremos más oportunidades de ganar esta batalla.
—Seiya tiene razón —dijo la princesa con calma, lo que hizo que Yaten y Taiki la miraran fijo a los ojos, sin entender—. Puede que sus poderes no estén a la altura de los de ustedes, mis guardianas, pero conozco lo suficiente del Milenio de Plata y la Atlántida para saber que contamos con una poderosa aliada en la pelea que se viene.
—Haremos mierda a Sailor Galaxia —dijo una voz dura a la derecha de Sailor Moon, y ella vio a Saori, esgrimiendo un puño hacia delante y mostrando una sonrisa desafiante—, si es que ustedes cuatro son tan fuertes como dicen que son.
Yaten frunció el ceño de inmediato.
—¿Qué dijiste? —increpó, dando un paso hacia Saori. Aquello fue un error.
Saori dio dos zancadas, tomó a Yaten por el cuello de la camisa, y la arrojó al suelo, rompiendo el piso de madera. Todas las presentes quedaron atónitas al ver la muestra de fuerza de Saori.
—Si no fuese mucha la molestia, princesa —dijo Saori, sin que le faltara el aire en lo absoluto—, controle a su guardiana. No soporto las faltas de respeto.
—Tú fuiste quien la provocó —dijo la princesa, con el ceño fruncido—. No puedes andar por ahí, resolviendo todo a golpes. Para eso está el diálogo.
—Sí, dialogando vas a vencer a Sailor Galaxia —repuso Saori sarcásticamente, a lo que la princesa no dijo nada, pues sabía que Saori tenía razón, aunque no le gustara—. Mira, si no estás dispuesta a darlo todo para vencer a nuestros enemigos, mejor vete a la mierda. No necesitamos gente pusilánime para pelear batallas.
Con esas palabras, Saori dio media vuelta y se retiró a un rincón, para buscar herramientas con las que reparar el piso dañado. La princesa miró a Serena con cara de pregunta.
—¿Siempre es así de violenta?
—Es parte de su personalidad —respondió Sailor Moon, con una sonrisa—, pero las apariencias engañan. Saori es, en el fondo, una persona muy sensible, aunque requiere de mucho para que alguna vez puedas ver esa faceta de ella.
—No me gusta mucho que ande machacando gente contra el piso casualmente —dijo la princesa, ayudando a Yaten a ponerse de pie, quien se sobaba la cabeza con una mano—. Sabía que Sailor Silver Moon era agresiva, pero solamente cuando peleaba contra sus enemigos, no que fuese una práctica usual en ella.
—Pero tiene razón —dijo Sailor Moon, mirando hacia atrás, viendo a Saori buscar sus herramientas—. No podemos mostrar debilidad alguna en la pelea que se nos viene. Si alguien sabe de darlo todo por la humanidad, es Saori. Sacrificó su vida hace varios años atrás para detener un holocausto nuclear. Puede que sea brusca y agresiva, pero tiene el corazón en el lugar correcto. Te aseguro que no lastimará nuevamente a una de tus guardianas.
—Eso espero —dijo la princesa, luciendo un poco más aliviada—. Por cierto, ¿cuántas son ustedes?
—Bueno, soy yo y mis guardianas, las Inner Senshi, las Outer Senshi, las Sailor Gems, Sailor Silver Moon, la princesa del Reino de Cristal y el príncipe de este planeta. En total, somos dieciséis.
La princesa del planeta de fuego frunció el ceño.
—¿Hay un hombre en sus filas?
—Sí. ¿Hay un problema?
—No, en absoluto —dijo la princesa, llevándose una mano a la nuca—. Es que en mi planeta, los hombres son… digamos… débiles. Ninguno tiene poderes especiales, y solamente sirven para propósitos de reproducción. Además, no creo que ellos puedan ser Sailor Senshi. Por alguna razón, siempre son mujeres las que desempeñan ese rol.
Pero a Sailor Moon no le importaba aquel hecho curioso en ese momento. Toda su energía estaba enfocada en derrotar a Sailor Galaxia y a su ejército, y necesitaba la ayuda de las Sailor Starlights para lograrlo.
—Princesa —dijo Seiya, plantándose frente a ella y dando un breve mirada a Sailor Moon—, usted estaba buscando a Sailor Moon. Ahora que la encontró, y dado que está dispuesta a ayudarnos, creo que lo más sabio es aceptar su ayuda. Por lo que he visto, son varias Sailor Senshi, y una de ellas es extremadamente poderosa. Tal vez no necesitemos destruir el Caldero Primordial o el Cristal de Plata.
La princesa se llevó una mano al mentón, pensando en las palabras de Seiya. Miró también a Yaten y a Taiki, quienes no estaban tan dispuestas a colaborar con las Sailor Senshi del Milenio de Plata y el Reino de Cristal. Pero la princesa sabía que Yaten y Taiki no tendrían otra opción, porque solas no podrían con todo el ejército de Sailor Galaxia. También existía la posibilidad que Galaxia hubiese reclutado a más Sailor Senshi para su causa, lo que podría hacer la batalla aún más difícil. Era mejor estar preparada para el peor escenario posible.
—Colaboraremos con ustedes —dijo la princesa, sonriendo. Seiya imitó su gesto, pero Yaten y Taiki no se mostraban demasiado entusiasmadas por colaborar con Sailor Moon y sus compañeras—. Por cierto, ¿tienen un plan para llevar la pelea hasta las puertas del palacio de Sailor Galaxia?
Sailor Moon hizo un gesto hacia la puerta, mirando a Amy. Ella había dejado de usar su computadora de bolsillo, y, al ver el gesto de su amiga, se aproximó a ella, dando una breve mirada a la princesa del planeta de fuego.
—¿Acabaste con tu análisis de los brazaletes? —preguntó Sailor Moon, y Amy asintió con la cabeza.
—Conseguí efectuarle ingeniería inversa a estos aparatos, y es bastante posible construirlos en poco tiempo, pero no soy ninguna experta en invención. Es una fortuna que podamos contar con Violet. Ya la puse al corriente de lo que hay que hacer, y ya partió a su taller a fabricar los brazaletes. Los tendrá listos en un par de días.
—Nosotras no los necesitamos —dijo Seiya, mirando fijamente a los ojos de Sailor Moon, componiendo una sonrisa que transmitía confianza en sí misma—. Las Sailor Starlights podemos viajar a la velocidad de la luz.
—Eso es muy lento —acotó Amy, lo que hizo que Seiya arqueara una ceja—. La Vía Láctea tiene cien mil años luz de diámetro. Se demorarían ese mismo tiempo en cruzarla de cabo a cabo.
—Eres muy inteligente —observó Seiya, con una sonrisa—, pero la velocidad de la luz es nuestra velocidad estándar. Podemos cruzar la galaxia en solamente unas cuantas horas, pero consume demasiada energía, y lo hacemos solamente cuando hay una emergencia, o necesitamos llegar a determinado lugar rápidamente.
—Fascinante —dijo Amy, llevándose una mano al mentón—. Me imagino que usan un campo de deformación para lograr esas velocidades tan increíbles, porque es imposible viajar a la velocidad de la luz por fuerza bruta (133).
—¿Qué es un campo de deformación? —preguntó Seiya, confundida.
—Es algo muy complicado de explicar, y no tenemos el lujo del tiempo —dijo Amy, y Seiya se vio aliviada, porque era obvio que Amy era una chica con un cociente intelectual muy por encima del de ella, y no entendería ni jota de lo que estaría diciendo. Pero agradecía que Amy no fuese como el resto de los sabiondos que había conocido en sus numerosos viajes alrededor de la galaxia, quienes se veían en la imperiosa necesidad de explicarlo todo sin que se los pidieran.
—Tus compañeras —dijo la princesa del planeta del fuego a Sailor Moon—, ¿saben a lo que se van a enfrentar en el centro de la galaxia?
—Están preparadas para todo —aseguró Sailor Moon, mientras veía a Chibi Chibi jugar con la tetera, la que estaba vacía—. Hemos pasado por mucho juntas, y no van a decepcionarme.
Tokio, 22 de mayo de 1992, 07:47p.m.
Violet había tenido que fabricar brazaletes adicionales para tres personas más. Resultaba que, desde que Serena le dijo a Luna adónde iba, ella le propuso ir también. Lo mismo dijeron Artemis y Diana (quien lucía como una niña con el cabello del mismo color que su anterior pelaje, con una cola que salía desde atrás). Luna le había manifestado a Serena que no quería quedarse a esperar cómo les había ido en la pelea, y participar activamente de ésta.
—¿Y ustedes tienen poderes? —preguntó Serena, arqueando una ceja.
—Claro —repuso Luna, con una sonrisa—. No habríamos podido viajar desde el planeta Mau hasta el Milenio de Plata de otro modo.
Serena se atragantó con su propia saliva al escuchar las palabras de Luna.
—¿Vienes de otro planeta?
—Así es —contestó Luna, recordando que no le había dicho a Serena su real procedencia—. El planeta Mau es… era nuestro hogar. Nosotros somos los únicos sobrevivientes de una amarga batalla que destruyó el planeta entero. Fue una de las secuaces de Sailor Galaxia quien nos dejó sin planeta natal.
—Y es esa la verdadera razón por la que quieren acompañarnos —dijo Serena, y los tres asintieron. Serena juzgó que tanto Luna como Artemis y Diana tenían razones tan válidas como las de sus compañeras para pelear contra Shadow Galactica.
—Puede que nuestra raza se extinga con nosotros, pero no puedo quedarme de brazos cruzados y ver cómo Sailor Galaxia hace todas esas atrocidades en la más absoluta impunidad.
Desde ese momento, Serena ya no cuestionó la decisión de los tres últimos sobrevivientes de la destrucción del planeta Mau.
Eran casi las ocho cuando todas las Sailor Senshi se reunieron frente a un edificio abandonado. Serena, Darien, Amy, Rei, Lita, Mina, Haruka, Michiru, Setsuna, Hotaru, Saori, Molly, Violet, Nicole, Scarlett, Sophie, Seiya, Yaten, Taiki y la princesa del planeta del fuego, entraron en el edificio, y se transformaron en Sailor Senshi. A Sailor Moon le causó poca sorpresa que la princesa del planeta del fuego también pudiera transformarse en una Sailor Senshi. Luna, Artemis y Diana también esperaban junto con las demás, y, por alguna razón, Chibi Chibi también se les había unido. Flotaba en medio del aire, también transformada en Sailor Senshi. Su uniforme era similar al de Sailor Moon y las Sailor Senshi del sistema solar.
—Tenía razón —dijo Sailor Mercury, mirando su nuevo uniforme—. El poder del Cristal de Plata hizo que sufriéramos una nueva transformación.
—No me gustan estas hombreras —se quejó Sailor Mars, haciendo un gesto de asco—. Parecen teteras, y me hacen ver los brazos demasiado delgados.
—A mí me gusta —dijo Sailor Jupiter, y Sailor Venus coincidía con ella. Las Outer Senshi no hicieron ningún comentario al respecto.
—Bueno, tengo el mapa que me envió Kakeru —dijo Sailor Mercury, sacando su computadora de bolsillo—. El palacio de Sailor Galaxia está cerca del agujero negro supermasivo, por lo que es imposible obtener las coordenadas de ese lugar. El punto más seguro es al principio de este corredor, pues no se ve afecto por las distorsiones gravitacionales del agujero negro. Los brazaletes nos permitirán llegar al inicio del corredor estelar. Esperen resistencia al principio de éste. Puede que estén las mismas con las que nos encontramos en el colegio.
—Venceremos —dijo Sailor Jupiter, y Sailor Silver Moon le dirigió una mirada de aprobación.
—¿Y qué hay de la mocosa? —preguntó Sailor Uranus, indicando con un dedo a Chibi Chibi.
—Algo me dice que no va a necesitar de los brazaletes para acompañarnos —repuso Sailor Moon, quien no vio otra forma de nombrar a la diminuta Sailor Senshi como Sailor Chibi Chibi Moon—. Bueno, chicas. ¿Están listas?
Todas exclamaron "sí" al tope de sus pulmones.
—Entonces, ¡vayamos a castigar a Sailor Galaxia en el nombre de la luna!
(131) Solamente un recordatorio que esta es una historia alternativa a la verdadera historia de la humanidad, porque el Very Large Telescope (VLT) fue terminado en 1998, cuatro años después de los eventos de este capítulo.
(132) Las estrellas que superan cierta cantidad de masas solares, pasan por un ciclo distinto de fusión nuclear. Mientras que las estrellas de masa solar siguen el ciclo protón-protón, en el cual dos núcleos de hidrógeno se combinan para formar deuterio (un isótopo pesado del hidrógeno), los que a su vez se combinan para formar helio, las estrellas más grandes siguen el ciclo carbono-nitrógeno, el cual consume hidrógeno a una mayor tasa, lo que genera más energía, pero las hace menos longevas. Sin embargo, para una estrella demasiado masiva, la relación potencial gravitatorio-energía se excede, por lo que, sin importar cuánta energía genere la estrella, la gravedad hará que colapse sobre sí misma.
(133) Es imposible alcanzar la velocidad de la luz gracias a la fórmula matemática más famosa de todos los tiempos, en la que la energía es igual a la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz. Sin embargo, una posible solución a este dilema la propuso un físico llamado Miguel Alcubierre, quien propuso el motor de deformación. Este motor comprime el espacio delante de la nave, y lo dilata detrás, generando movimiento sin que la nave se mueva en absoluto, dejando que el espacio haga el movimiento, Y, dado que no hay ley física que ponga un límite a la velocidad a la cual se puede deformar el espacio, el motor de deformación es una alternativa notable para futuros viajes interestelares.
