CX
Las Sailor Guerras, Parte 1

Washington, 22 de mayo de 1994, 01:19a.m.

Herbert Dixon había estado reflexionando sobre sus cada vez más constantes dolores de cabeza, pero sin hallarle asidero alguno a sus nuevos dramas con su salud. Por desgracia, ya no podía contar con la brillantez de Soichi Tomoe, y su equipo científico había estado trabajando en el problema, sin hallar alguna solución al respecto. Claro, intuía que sus dolores eran indicativos del retorno de Sailor Galaxia, pero no tenía evidencia tangible de que ese fuese el caso. De todos modos, no tenía tanto tiempo para ponderar aquel tema, porque la gran distracción había dado sus primeros pasos.

Herbert debía reconocer que su hija era una mujer con mucha determinación, no solamente por estar a la cabeza de la organización paramilitar más conocida del mundo actual, sino para estar dispuesta a desatar una guerra sin tener un ápice de duda. Las muchas cámaras de seguridad en Tokio y en Nueva Orleans habían captado bastante evidencia que apuntaba a una no tan pacífica resolución del conflicto. Por supuesto, el presidente Logan se vería forzado a responder al Primer Ministro del Japón acerca de la muerte de los ciudadanos nipones, pero, al mismo tiempo, debía reaccionar al ataque de la base aérea norteamericana en las afueras de Tokio. El presidente Logan tendría mucho trabajo en las siguientes horas, de eso estaba seguro.

Y las cosas se pondrían cada vez más complicadas.

Herbert no solamente había reactivado el negocio de los bancos para disponer de más fondos para sus propios planes. También lo había hecho para reactivar el sistema capitalista que casi se había venido abajo después del sacrificio de Sailor Silver Moon, lo que había creado alianzas económicas y políticas, lo que condujo a la formación de dos bloques fundamentales distintos en sus ideologías sociales. Herbert predijo que tal cosa iba a ocurrir, porque eso era lo que el ser humano siempre hacía: dividirse, creyendo que así podrían vencer al caos. Pero lo cierto era que el conocido dicho era perfectamente aplicable: divide, y vencerás.

Y era eso lo que Herbert quería probar, que los seres humanos eran aún inmaduros, que se regían por ideologías sociales de hace más de setenta años. Eran reacios al cambio, a mejorar las cosas, en aras de mantener el status quo. Sin embargo, si todo salía de acuerdo a lo planeado, el status quo ya no tendría importancia. El poder económico no tendría valor, y la política se volvería irrelevante, como siempre lo había sido. Herbert quería que los seres humanos pudieran ser capaces de cooperar entre ellos en lugar de competir entre ellos, y no había nada mejor para cumplir con ese propósito que desatar lo que era la competición por antonomasia: la guerra. Aunque, en realidad, el objetivo de esa guerra era otro, pero el propósito era lo de menos para él. Cora Dixon sabría sacarle mejor provecho a la eventual contienda. A Herbert le importaba evaluar las reacciones de las personas mientras estaban en guerra. Era una situación del tipo "entre la espada y la pared", y esperaba ver comportamientos instintivos, viscerales y salvajes. Ricos y pobres, bellos y feos, altos y bajos, blancos y negros, ¿qué importaban aquellas diferencias dimensionales? No eran relevantes cuando estaban en peligro, porque Herbert sabía (y esperaba) que los seres humanos se iban a comportar de una sola forma cuando comenzara aquella guerra. Y aquello probaría que el ser humano, lejos de merecer la extinción, necesitaba madurar a golpes, si el objetivo final era encontrar su lugar en la naturaleza y en el universo.

Y era eso precisamente lo que las Sailor Senshi no entendían. Se afanaban en salvar un mundo enfermo, sin saber que no ganarían nada con ello. El mal que aquejaba a la humanidad era como un virus, porque era capaz de adaptarse a las defensas del huésped, y jamás moría realmente. La única forma de erradicar los flagelos de la humanidad era que ésta se comportara de forma distinta, hacerlos colaborar en lugar de pelear. Y la única forma que Herbert veía para lograr semejante objetivo, era empezando de cero.

Soy el único con la voluntad de hacer lo que es necesario para guiar a la humanidad hacia un renacimiento digno de remembranza. Si tengo que derribar este mundo por completo, lo haré. Ningún costo es demasiado alto para lograrlo. Esas Sailor Senshi no serían capaces de ensuciarse las manos por un mundo mejor. Tarde o temprano, ellas lo entenderán.

El Río del Olvido, a cuarenta mil años luz de la Tierra.

El ejército de Sailor Senshi apareció al principio de un vasto vacío, rodeado de corpúsculos de varios colores, que imaginaban que eran estrellas. Aquí y allá se podía ver una nebulosa de gas, lugar de nacimiento de estrellas. Todas flotaban en medio del espacio, encapsuladas por una barrera transparente de energía, que las protegía del vacío y de los rayos cósmicos.

—¿Y ahora adónde mierda vamos? —preguntó Sailor Silver Moon, mirando en todas direcciones, sin hallar algún punto de referencia con el cual guiarse.

Sailor Mercury y Sailor Amethyst sacaron sus respectivos aparatos, y los consultaron por un rato.

—En esa dirección —indicó Sailor Mercury con un dedo hacia una especie de nebulosa brillante y de forma esférica—. Hay que guiarnos por las ondas gravitacionales.

—El agujero negro supermasivo en el centro de la galaxia emite muchas de estas ondas —añadió Sailor Amethyst, sin dejar de mirar su aparato aparatoso—. Tenemos que ir en la dirección donde esas ondas sean más intensas.

—Si ustedes lo dicen —dijo Sailor Mars, encogiéndose de hombros.

—¿Y cómo nos movemos? —preguntó Sailor Moon, haciendo movimientos de nado, sin avanzar siquiera un milímetro.

—Serás tonta, Sailor Moon —replicó Sailor Mars, haciendo un ademán para que las demás se tomaran de las manos—. Podemos transportarnos si todas trabajamos juntas. Además, las Sailor Starlights pueden viajar más rápido que la luz.

—Lo olvidé —dijo Sailor Moon, soltando una carcajada nerviosa y llevándose una mano a la nuca.

Cuando todas estuvieran sujetas, un campo más grande que el que envolvía a cada una de ellas apareció, aislándolas de los peligros del espacio exterior, y las Sailor Starlights, guiadas por Sailor Mercury y Sailor Amethyst, comenzaron su avance.

Las estrellas comenzaron a verse como líneas multicolor a causa de la velocidad a la que cruzaban el Río del Olvido (nombre que había escuchado Sailor Silver Moon de una de las secuaces de Sailor Galaxia), sin encontrarse con ninguna oposición por media hora de vuelo. Sin embargo, el trayecto fue interrumpido por una especie de barrera flexible, y todas las Sailor Senshi cayeron sobre una especie de anfiteatro que flotaba en medio del espacio. Según los cálculos de Sailor Mercury, el anfiteatro tenía un diámetro de quinientos metros, suficiente para librar una batalla. Porque eso es lo que esperaba.

Y, en efecto, un grupo de cinco Sailor Senshi esperaban en uno de los extremos del anfiteatro. Era como si supieran que iban a recibir visitas.

Sailor Moon se adelantó al resto de sus compañeras, y lo mismo hizo Sailor Iron Mouse. Seguramente iba a tratar de intimidarlas para que se fueran de ese lugar, pero eso no iba a pasar, no cuando el destino de toda una galaxia se encontraba en juego.

—Vaya —dijo Sailor Iron Mouse, luciendo sorprendida—. No pensé que tendrían el coraje para venir aquí. Y, en caso que te lo preguntes, no, no estábamos esperándolas. Es sólo que éste es una especie de punto seguro de salto. Hay unos pocos de estos lugares a lo largo del Río del Olvido. Me sorprende que no hubieran muerto apenas aparecer en el espacio. El Río del Olvido es un lugar donde los rayos cósmicos son especialmente intensos, y es imposible navegarlo sin el equipo apropiado.

Sailor Moon no dijo nada, pero alzó ambos brazos, y Sailor Iron Mouse arqueó una ceja. Vio que usaba los mismos brazaletes que ostentaba todo Shadow Galactica, y una mirada más detallada hacia el grupo de Sailor Senshi detrás de Sailor Moon le indicó que todas usaban los mismos brazaletes.

—Ah, ya veo —dijo Sailor Iron Mouse, poniendo los brazos en jarras—. Pues podrían aprovechar este punto de salto seguro para regresar a su planeta, y esperar que nuestra señora les arrebate sus Sailor Cristales. Porque ese es su destino final, y nada de lo que hagan podrá evitarlo. Ya se los he…

Pero Sailor Iron Mouse no alcanzó a terminar su perorata, porque había recibido un golpe de parte de Sailor Silver Moon, y cayó al suelo de granito, unos cien metros más allá. Sailor Moon se quedó mirando a Sailor Silver Moon con un cara de reprobación.

—No me gusta como habla esa idiota —se excusó Sailor Silver Moon, encogiéndose de hombros—. Además, está dilatando lo inevitable. Ahora, ¿te parece si vamos a la pelea?

Por mucho que no le gustasen los métodos de Sailor Silver Moon, Sailor Moon sabía que ella tenía razón. No podían perder mucho tiempo dialogando. Con un gesto de su mano, indicó a las demás que podían comenzar la lucha.

Y así, dio comienzo a la pelea por el futuro de la Vía Láctea. Sailor Mercury se quedó atrás para coordinar las acciones de las demás, y proveer soporte a quienes lo requirieran. Al principio, daba la impresión que el combate estaba muy desnivelado en contra de Shadow Galactica, porque eran como cinco contra uno, pero Shadow Galactica ya había demostrado sus fuerzas antes, y no podía darse el lujo de subestimar a ninguna de ellas.

Las Inner Senshi (y Sailor Moon tomó el lugar de Sailor Mercury) peleaban contra Sailor Aluminum Seiren, quien no tenía muchos inconvenientes para luchar con cuatro adversarios al mismo tiempo. Las Outer Senshi hacían lo propio con Sailor Lead Crow, las Sailor Gems y Sailor Jade luchaban contra Sailor Heavy Metal Papillon, las Sailor Starlights se enfrentaban a Sailor Iron Mouse, y Sailor Tin Nyanko encaraba a Luna, Artemis, Diana y Tuxedo Mask. Sailor Silver Moon, sin embargo, atacaba objetivos de oportunidad. Sailor Mercury no quería hacerla ver como una guerrera demasiado poderosa, esperando engañar a Sailor Galaxia cuando llegaran a luchar contra ella. Sailor Chibi Chibi Moon parecía dar vueltas alrededor del campo de batalla, aparentemente sin hacer nada, pero Sailor Mercury notó que sus enemigas a veces parecían moverse de forma errática o tropezar con cosas invisibles, dando ventanas de oportunidad a las Sailor Senshi para ganar ventaja.

Sailor Mercury esperaba que el combate fuese encarnizado, pero no al nivel que estaba viendo. Era como si hubiese algo mucho más importante en juego que el destino de toda la Vía Láctea, porque Shadow Galactica, pese a que eran inferiores en número, podían pelear de igual a igual con varias Sailor Senshi al mismo tiempo. No obstante, Sailor Mercury seguía pensando que Sailor Silver Moon no debía mostrar todas sus fuerzas hasta el inevitable combate contra Sailor Galaxia, aunque eso implicara exponer más al resto de sus compañeras. Solamente esperaba que hubiese tomado la decisión correcta, porque muchas vidas se iban a perder si se equivocaba.

La pelea seguía, y las combatientes iban perdiendo fuerzas lenta, pero sostenidamente. Las integrantes de Shadow Galactica estaban padeciendo las consecuencias de combatir con varias oponentes al mismo tiempo, y varias veces tuvieron que volver a ponerse de pie para reanudar la lucha. Pero estaban llegando al límite de sus fuerzas, y huir no era un opción, viendo que eran superadas en número, y que Sailor Silver Moon podía atacarlas por sorpresa. De ese modo, Sailor Aluminum Seiren fue asesinada por un ataque particularmente violento de parte de Sailor Jupiter, aprovechando que Sailor Venus la tenía sujeta con su cadena. Sailor Moon iba a ayudar al resto, pero Sailor Mercury le hizo una seña para que no lo hiciera.

—¿Por qué? —preguntó Sailor Jupiter, frotándose los nudillos.

—Necesito que conserven energías —contestó Sailor Mercury, observando el resto de la pelea con su visor, y entregando instrucciones mediante su comunicador—. Tenemos que anticiparnos a lo que Sailor Galaxia nos tenga en reserva más adelante, y para eso, tienen que estar en plena forma para pelear.

Sailor Mars y Sailor Venus estuvieron de acuerdo con Sailor Mercury, pero Sailor Jupiter y Sailor Moon tenían sus reparos, especialmente al ver la pelea entre Sailor Tin Nyanko y Luna, Artemis, Diana y Tuxedo Mask.

—No podemos quedarnos sin hacer nada —dijo Sailor Moon, arrugando la cara al ver a Tuxedo Mask recibir un ataque violento de parte de su oponente—. Tenemos que ayudar en lo que podamos.

Sailor Mercury iba a acceder, pero, al ver a Luna atacar a Sailor Tin Nyanko, recordó algo que ella le había dicho hace tiempo ya, cuando trataban de decidir qué hacer acerca del trato que les había propuesto Aurora, después de la pelea contra Kamikaze.

—Si decides ayudar, estás en tu derecho de hacerlo —dijo Sailor Mercury, y Sailor Moon se dio cuenta que a continuación venía un "pero", lo que no le gustó mucho—, pero tienes que tener presente que la siguiente batalla puede que sea más dura que ésta, y si no peleas con todas tus fuerzas, estarás en serios problemas. Aún no sabemos qué es lo que viene, y conviene estar preparadas para el peor escenario posible. Si realmente valoras a tus compañeras y amigas, debes hacerlo, aun a riesgo de que algunas de nosotras perdamos la vida. Yo ya tenía asumido que, posiblemente, éste sea un viaje sin retorno, y vengo preparada para dar la vida si es necesario. Este no es el momento de andar salvando a todo el mundo, Sailor Moon. Tienes que confiar en tus compañeras, tienes que descansar para la siguiente batalla. Solamente de ese modo tendremos una oportunidad para contar el cuento.

Sailor Moon se quedó mirando a Sailor Mercury como si ella hubiese anunciado que se iba a dedicar al ballet. Muy pocas veces la había visto defender con tanta solidez sus puntos de vista, porque lo normal era que ella claudicara en cuanto se topara con un poco de resistencia. Había sentimientos encontrados dentro de ella: por una parte, no podría soportar la idea de quedarse sin hacer nada, pudiendo hacer algo, pero por otro lado, cuando Sailor Mercury decía algo, rara vez lo hacía sin haber reflexionado lo suficiente sobre el asunto. Y, conociendo la tendencia de Sailor Mercury de analizar cada escenario con suma frialdad, Sailor Moon entendió que ella debió haber considerado más variables para tomar su decisión. Ya había visto lo que sucedía cuando no se tomaban en cuenta las indicaciones de Sailor Mercury, y no quería pasar por lo mismo nuevamente.

—De acuerdo —dijo Sailor Moon, suspirando, viendo a Luna, Artemis, Diana y Tuxedo Mask atacar juntos a Sailor Tin Nyanko, haciendo que cayera al suelo, de las tantas veces que lo había hecho durante su batalla—. Lo haremos a tu modo.

—Confiaremos en tu juicio —añadió Sailor Jupiter, y Sailor Mars y Sailor Venus asintieron en señal de aprobación.

Sailor Moon vio a lo lejos cómo las Outer Senshi iban lentamente debilitando a Sailor Lead Crow, hasta que, finalmente, Sailor Saturn fue la que le dio el golpe final, atravesándola de parte a parte con su alabarda. Sailor Moon se estremeció al ver a Sailor Saturn, técnicamente una niña, matar a alguien con semejante frialdad, pero luego recordó que ella era la Sailor Senshi del silencio y la destrucción. Sería raro que no pudiera matar a sangre fría, cuando tenía el poder de hacer polvo a un planeta entero.

La siguiente en caer fue Sailor Heavy Metal Papillon. Sailor Jade la había atrapado en un cristal, después de que Sailor Jasper hubiera usado sus poderes en su contra. Sailor Tourmaline fue la que le puso punto final a la existencia de su oponente cuando rompió el cristal en mil pedazos con una torre de roca que brotó del suelo. Sin embargo, Sailor Moon se dio cuenta que Sailor Turquoise estaba mal herida, y Sailor Amethyst trataba de curarla con su magia.

En otro punto del anfiteatro, Sailor Tin Nyanko había herido de gravedad a Diana, y Artemis y Luna se interpusieron entre su hija y su enemiga, mientras que Tuxedo Mask se posicionaba para atacar por sorpresa. Sin embargo, cuando estuvo a punto de darle el golpe de gracia, Sailor Tin Nyanko empleó un ataque de área, tan potente que hizo un cráter en el anfiteatro. Tuxedo Mask tuvo que cubrirse los ojos a causa de la intensa luz, intuyendo que lo peor había ocurrido.

Cuando el domo de luz desapareció, vio que tanto Luna como Artemis y Diana yacían en el suelo, cubiertos de sangre y con los ojos carentes de expresión y vida (135). Tuxedo Mask se quedó de piedra al ver los cadáveres de los últimos sobrevivientes de los habitantes del planeta Mau, apretando con fuerza el bastón en su mano derecha. Cuando recobró el movimiento de sus extremidades, se abalanzó sobre Sailor Tin Nyanko, quien, sonriendo, trató de tomarlo por sorpresa, pero él esquivó su ataque gracias a sus poderes mentales, y golpeó a Sailor Tin Nyanko con tal fuerza que hasta Sailor Silver Moon estaría orgullosa de él.

Pero no acabó allí la batalla. Tuxedo Mask alzó ambos brazos hacia el cielo, crispó los puños, y los bajó con violencia. De inmediato, el suelo se abrió y se tragó a Sailor Tin Nyanko, quien lanzó un grito de terror, que fue acallado de súbito por otro movimiento de brazos de Tuxedo Mask, lo que cerró la grieta en el suelo. Un chorro de sangre brotó de la grieta antes de cerrarse.

La última en ser derrotada fue Sailor Iron Mouse, la que fue reducida a polvo cuando todos los ataques de las Sailor Starlights dieron de lleno en su cuerpo, dejando otro cráter sobre el anfiteatro.

La batalla se había acabado, y todas las oponentes habían sido derrotadas, pero tuvieron que pagar un precio horroroso por ello. Respirando hondo, las Sailor Senshi rodearon los cuerpos de Luna, Artemis y Diana, algunas derramando lágrimas, otras crispando los puños. Sailor Silver Moon miraba los cadáveres con una expresión de silencioso respeto. Como guerrera experimentada, aquella escena era común para ella, y, tal como Sailor Mercury, sabía que ese solamente era el comienzo. Habría más muertes que lamentar, y más tumbas que cavar, pero aquella era una guerra, y las pérdidas eran inevitables. También, como en toda guerra, se necesitaba una estrategia para salir victorioso, y Sailor Mercury era la que mejor desempeñaba ese rol. Aunque sus decisiones hubiesen costado la vida de tres personas, tenía que considerar los resultados a largo plazo.

—Tenemos que seguir adelante —dijo Sailor Silver Moon, en un tono que no reflejaba dolor por el destino de Luna, Artemis y Diana—. Sé que es una pena que ellos tuvieran que dar sus vidas, pero su sacrificio será en vano si no nos tragamos las lágrimas y continuamos con este camino.

—Tiene razón —dijo Sailor Moon, con voz queda, secándose las lágrimas—. Asegurémonos que sus muertes signifiquen algo.

—Yo los regresaré a la Tierra —dijo Sailor Amethyst, y ella usó su magia para activar los brazaletes de Luna, Artemis y Diana. Segundos más tarde, desaparecieron del anfiteatro.

Las Sailor Senshi iban a reanudar el camino a través del Río del Olvido, cuando escucharon a Sailor Turquoise, quien tenía una pierna enyesada mágicamente por Sailor Amethyst.

—¿Les parece si descansamos unos quince minutos?

Lo extraño era que había mirado directamente a Sailor Jasper cuando dijo esas palabras. Como era natural, la aludida se puso roja como un rábano.

—Bueno, supongo que podemos esperar un poco —dijo Sailor Silver Moon, encogiéndose de hombros, percatándose al instante de lo que significaban aquellos sonrojos de Sailor Jasper.


(135) Luna, Artemis y Diana son asesinadas por Sailor Tin Nyanko en el manga, o al menos eso supongo. Que alguien que haya leído el manga me confirme o refute.