CXII
Las Sailor Guerras, Parte 3
Washington, 28 de agosto de 1994, 00:08a.m. (136)
Gracias a la oportuna acción del presidente Logan, el primer incidente con los nipones había sido solucionado de forma diplomática. Pero, desde ese momento en adelante, Tiberius había tenido que apagar fuegos aquí y allá, pues daba la impresión que el mundo estuviera queriendo entrar en guerra. Por supuesto, no sabía gran cosa sobre la Vanguardia de Ares (algo que Herbert Dixon le había convenientemente ocultado), ni de su líder, por lo que pensaba que aquellos actos de violencia eran causados por terroristas de otros países. Después de todo, un terrorista simplemente era una invención de los poderosos para denominar a cualquiera que se atreviera a desafiar al status quo.
Tiberius Logan jamás pensó que el ofrecimiento de Herbert Dixon le condujera a tener que tapar agujeros a lo largo y ancho del globo. Incluso podía darse la posibilidad que él le hubiera puesto a la cabeza del gobierno estadounidense para comportarse como un pacificador. Sin embargo, estaba al tanto de que Herbert Dixon había pedido como condición que la NASA pasara a ser una rama militar. Pese a que él, tal como pasaba con Gerald Tenet, el actual administrador de la NASA, solidarizaba con la idea de una organización espacial con más seguridad y con un presupuesto casi ilimitado, no sabía por qué Herbert Dixon había pedido esa condición en específico. Al menos no lo supo hasta que le llegó un memo hace dos semanas atrás acerca de algo llamado "proyecto Asgard". Fue allí cuando Tiberius Logan vio los frutos de la militarización de la NASA. Los satélites habían sido desarrollados por el Departamento de Defensa y un consorcio entre Sprague Incorporated (137) y Connor Spaceworks, pero requerían de tecnología de cohetes de la NASA para lanzarlos al espacio, aparte de una serie de lentes especiales que iban a ser empleados en el sistema de adquisición de blancos. Los cañones de riel orbitales, de acuerdo a lo que indicaba el archivo adjunto al memo, usaban lo que el difunto Colbert Sprague llamaba "tecnología Senshi" para entregar potencia a los electroimanes. En total, había catorce satélites Thor orbitando el planeta en ese preciso momento, con otros veinte esperando para ser lanzados.
Aunque a veces entendía el secretismo detrás del proyecto Asgard, el presidente Logan creía que debió haber sido informado de antemano del desarrollo de armas de destrucción masiva en órbita. Después de todo, el presidente gozaba de nivel de acceso UMBRA, lo que venía a significar que podía conocer cada secreto y trapo sucio que escondía la nación. Y, de algún modo, el desarrollo de los satélites Thor había escapado de su esfera de influencia. Y, si el desarrollo de aquellas armas había comenzado antes de que él ascendiera a la presidencia, igualmente debió haber sido informado sobre el asunto.
Después de pensar un poco al respecto, Tiberius Logan concluyó que debió haber ido con más cautela al considerar la propuesta de Herbert Dixon. Después de todo, él había sido el vicepresidente de Jackson MacArthur durante todo su mandato, y había querido ocupar el Despacho Oval por más tiempo que ese. ¿Y si Herbert Dixon se había aprovechado de su ambición para ponerlo en la cúspide del poder? Si era cierto, ¿para qué lo había hecho? Porque, por lo que él tenía entendido, Herbert era un empleado de alto perfil en una contratista de defensa, que tenía conexiones políticas en el senado y en la Cámara de Representantes. No ganaba nada con que él, Tiberius, fuese presidente de la nación, salvo militarizar la NASA, pero estaba de acuerdo en que él estaba a favor de aquel movimiento. Por supuesto, el anuncio hizo que la mitad del pueblo estadounidense se le viniera encima. Y era entendible por qué, pues la NASA, desde sus inicios, había sido una organización civil, representando intereses civiles. Esto hizo que el sueño del ser humano de conquistar el espacio estuviese al alcance del ciudadano promedio, alegrándose con sus victorias y llorando sus tragedias. Sin embargo, al pasar a ser una organización militar, se había alejado del ciudadano, y éste creía que los logros espaciales iban a pasar de ser compartidos con toda la humanidad a convertirse en información confidencial, accesible a solamente unos pocos. Como era predecible, el apoyo republicano al presidente Logan subió como la espuma, mientras que los demócratas intentaron por todos los medios subvertir el proceso, pero desde que Jackson MacArthur había renunciado a su cargo, los demócratas perdieron poder en el senado y en la Cámara de Representantes, lo que hizo que los intereses republicanos ganaran fuerza.
En esos asuntos pensaba, cuando uno de sus asistentes entró en el Despacho Oval, llevando lo que parecía un informe de la CIA, por el logo que aparecía en la carpeta. El asistente lo dejó sobre la mesa, mirando al presidente con gravedad.
—Joseph Allen dice que lea este informe a la brevedad, señor presidente —fue todo lo que dijo el asistente antes de salir del Despacho Oval como una exhalación, como si temiera la reacción del presidente al ver el informe.
El presidente Logan tomó el informe con tiento, como temiendo que fuese a explotar en cualquier momento. Abrió la carpeta y vio el título del informe. En ese preciso momento, quiso que se lo tragara la tierra.
—¡Tienes que estar bromeando! —rumió el presidente Logan, llevándose una mano a la sien.
El Río del Olvido, a cuarenta mil años luz de la Tierra
Las Sailor Senshi habían tratado de seguir adelante a través del extenso vacío estelar, pero la barrera invisible no cedía, y Sailor Mercury entendió que aquel era el final del Río del Olvido. La única forma de avanzar era a través de la arcada que Sailor Lethe y Sailor Mnemosyne custodiaban, y Sailor Mercury detectó señales débiles de radiación sigma que provenían desde el interior. Dedujo que el resto de Shadow Galactica esperaba más adelante.
—Vamos —dijo Sailor Moon a las demás. El grupo entero se adentró en la arcada, y vieron que las paredes de la arcada iban desapareciendo de forma gradual, de forma que diera la impresión que podían caminar por el espacio.
Ninguna supo cuánto tiempo estuvieron caminando en medio de la nada, hasta que un brillo tenue apareció más adelante. Después se dieron cuenta que la pared volvía a materializarse, pero en lugar de presentar un aspecto desgastado, mostraba superficies lisas, como si alguien las hubiera mandado a tallar hace poco. Las Sailor Senshi avanzaron varios metros más allá, y vieron un portal amplio, desde el cual brotaba el brillo que habían visto antes. Una mirada más minuciosa por parte de Sailor Mercury le dijo que los objetos que emitían el brillo eran cristales, muchos de ellos, de diversos colores, pero todos de la misma forma: un octaedro alargado.
—Son Sailor Cristales —explicó Sailor Silver Moon, quien ya había estado en ese lugar—. Esa maniática de Sailor Galaxia los colecciona para quién sabe qué. Quién sabe a cuántas Sailor Senshi ha asesinado.
—Muchas —dijo una voz que no le pertenecía a ninguna de las Sailor Senshi. Sailor Moon miró hacia el portal que daba a la salida del amplio salón donde flotaban los Sailor Cristales, y vio a dos mujeres, una ataviada con un vestido muy largo, y la otra con un pantalón bombacho y un peto bastante raro. Ambas ostentabas colas de caballo en sus cabellos, y sostenían cetros muy largos—. Y los de ustedes ampliarán la colección de la gran Galaxia.
—Somos más que ustedes —gruñó Sailor Jupiter, esgrimiendo un puño en contra del par de Sailor Senshi frente a ella—. Ya verás cómo te haremos puré.
—Estoy segura que así será —dijo la de la derecha, la de los pantalones bombachos—, pero aquí hay muchos Sailor Cristales, ¿no creen?
Sailor Mercury se percató del peligro en el acto. En ese lugar, sus números no contaban para nada, pues bastaría con amenazar con destruir siquiera una de ellas para neutralizar la ventaja que ellas disponían. Mientras pensaba en una estrategia alternativa, Sailor Silver Moon salió de en medio de sus compañeras, y, de forma sorpresiva, ambas abrieron mucho los ojos, y se quedaron como enraizadas al piso.
—Sailor Phi y Chi, ¿verdad? —dijo Sailor Silver Moon en un tono amistoso, pero ambas seguían petrificadas de miedo—. ¿Qué les parece si hacemos un trato? Ustedes nos dejan pasar, y no las haré mierda a ambas por tercera vez consecutiva. ¿Verdad que es un trato justo?
Dos minutos después, las Sailor Senshi, claramente desconcertadas, avanzaban por un pasillo muy largo, en cuyas paredes se podían vislumbrar las estrellas, y lo que parecía un disco de luz, en cuyo centro había un esfera más negra que el espacio que lo rodeaba.
—¿Qué rayos fue eso? —preguntó Sailor Mars a Sailor Silver Moon, quien compuso una sonrisa de lado.
—Resulta que Sailor Phi y Sailor Chi son las guardianas de ese lugar lleno de Sailor Cristales —contestó Sailor Silver Moon con una risa divertida—. Pero yo las he derrotado en dos ocasiones ya, la primera en la década de los sesentas, y la otra hace no mucho, cuando investigaba algunas formas de devolver a la vida a las Sailor Gems. Esas pobres idiotas están traumadas por las dos veces que las he vencido. Eso explica por qué nos dejaron pasar. El miedo que le tienen a Sailor Galaxia es menor al que me tienen.
Las Sailor Senshi, especialmente Sailor Moon, estaban muy contentas por haber avanzado sin tener que pelear o matar. Sailor Amethyst no podía estar más orgullosa de su novia, y las Sailor Starlights eran las que más impresionadas se habían mostrado. Ellas eran fuertes, pero no al nivel de causar un miedo irracional en sus enemigas. Sailor Silver Moon debía tener un poder abrumador para causar ese efecto. De hecho, Sailor Starhealer había experimentado en carne propia su fuerza, la que era brutal.
El corredor había llegado a su fin, y las Sailor Senshi vieron un amplio salón, cuyas paredes parecían estar hechas del mismo espacio, porque podían verse las estrellas, muy apretadas unas con otras, y, de fondo, el disco brillante que encerraba una negrura tan profunda que ni siquiera la luz podía escapar.
—Es el agujero negro que descubrió Kakeru —dijo Sailor Mercury, a veces olvidando que, directamente al frente, sentada en un trono dorado, se hallaba la Sailor Senshi más poderosa de la Vía Láctea y líder de Shadow Galactica. Cuando su mente volvió a la realidad, vio que, aparte de Sailor Galaxia, había dos Sailor Senshi más. La del vestido de una pieza la identificó como Sailor Zephyr, pero a la otra jamás la había visto en su vida. Curiosamente, se parecía bastante a ella, por el cabello azul y corto, y el uniforme, idéntico al de las Sailor Senshi del sistema solar, solamente que era de color púrpura, y uno bastante oscuro. No obstante, a diferencia de Sailor Mercury, ella tenía una expresión más dura, y la miraba como si ella le hubiese hecho un agravio horrible.
—Con que han llegado al fin —dijo Sailor Galaxia, sin pararse de su trono, adoptando una expresión burlesca—. Qué grupo de guerreras más impresionante. Han podido vencer a casi todo mi ejército, una hazaña no menor. Por eso, las felicito—. Sailor Galaxia dio un aplauso, lo que sonó más como una burla que como un auténtico cumplido—. Ahora, ha llegado el momento de que mueran.
—¿Cómo quieres enfrentar esto? —preguntó Sailor Moon a Sailor Mercury. Ella no necesitó mucho tiempo para formular una estrategia.
—Yo me voy a enfrentar a la Sailor Senshi de púrpura —contestó, y Sailor Moon notó que Sailor Mercury había hablado en un tono afectado, como si la existencia de esa Sailor Senshi que se parecía a ella representara una amenaza a su propia esencia, pero, por respeto a su compañera y amiga, no dijo nada—. Sailor Silver Moon se encargará de Sailor Zephyr, pues ella conoce sus técnicas. Las demás tratarán de vencer a Sailor Galaxia. No ataquen por separado. Háganlo juntas, todo el tiempo. No claudiquen.
—¡Cuenta con nosotras! —corearon sus amigas. Las Outer Senshi asintieron en señal de reconocimiento, y las Sailor Starlights le sonrieron a Sailor Mercury.
De ese modo, la batalla por el destino de la Vía Láctea había alcanzado su punto álgido. El grueso de las Sailor Senshi, incluyendo a Tuxedo Mask, encararon a Sailor Galaxia y se prepararon para el ataque, decidiendo emplear sus técnicas al mismo tiempo. Sailor Mercury se aproximó a la Sailor Senshi desconocida, juzgando que ella bien podría representar ideales opuestos.
—Sailor Mercury —dijo la Sailor Senshi de púrpura, mostrando una sonrisa burlona—. No sé cómo diablos sigues con ese uniforme, cuando eres lo menos digna que existe de usarlo. Te preocupas por los demás, eres desinteresada, amable… todas ellas debilidades. Por eso es que no eres tan fuerte como tus compañeras. Yo debería ocupar tu lugar como Sailor Mercury, porque, desde luego, tú no mereces serlo.
Pero ya había pasado el tiempo en que ella se mostraba insegura y tímida. Aquella era agua pasada. Desde que tuvo esa conversación con su madre, Sailor Mercury decidió hacer frente a sus defectos, y, aunque aún le quedaba trabajo por hacer, pensar en lo orgullosa que estaba su madre de ella, le dio fuerzas para defender su mundo de personas como la que tenía enfrente.
—Si piensas que ser amable, desinteresada y preocuparse por los demás son debilidades, entonces tú eres la que no entiende lo que significa ser Sailor Mercury. Prepárate para pelear.
La Sailor Senshi de morado se encogió de hombros.
—Que pena. Vas a morir engañada. Ahora, vas a sentir el verdadero poder de Sailor Dark Mercury (138). ¡Prepárate!
Mientras el grueso de las Sailor Senshi empleaba todas sus técnicas en contra de Sailor Galaxia, Sailor Silver Moon y Sailor Zephyr se miraban con los ojos entornados, midiéndose entre sí, buscando debilidades que ambas sabían que no iban a encontrar.
—¿Por qué diablos no te mueres? —increpó Sailor Zephyr, sonando frustrada—. Siempre que pienso que jamás vas a volver a aparecer, apareces. ¡Se acabó! ¡Yo seré quien te entierre de forma definitiva!
—Soy persistente —repuso Sailor Silver Moon, encogiéndose de hombros—. Pero tú también te las arreglas para sobrevivir. Eres como la mala hierba, así que no voy a matarte. Hay otras formas de poner en su sitio a personas como tú.
—Ja. La única forma en que me puedes poner en mi sitio es matándome —dijo Sailor Zephyr, mostrando una sonrisa de burla—. Parece que estoy destinada a ser una molestia para ti.
Sailor Silver Moon no dijo nada. Adoptó su postura de batalla, y Sailor Zephyr lo interpretó como que las palabras estaban de más. Sin perder más tiempo, ella extendió sus brazos hacia delante, y Sailor Silver Moon cruzó los antebrazos delante de su cara, bloqueando el ataque de viento. Sin embargo, la fuerza de las corriente de aire fue tal que rompió los brazaletes de Sailor Silver Moon. Aquello significaba que no podría volver a la Tierra, pero no podía preocuparse por eso en ese momento. Tenía una batalla que ganar primero. Después se ocuparía de resolver su otro problema.
Mientras ambas Sailor Mercury jugaban al tira y afloja con sus ataques acuáticos, Sailor Galaxia estaba teniendo problemas para soportar los ataques de una multitud de Sailor Senshi. Tuvo que ponerse de pie y hacer el mismo movimiento que Sailor Silver Moon para bloquear de mejor manera los ataques de sus contrincantes, y aún así, se veía a sí misma retroceder hasta el trono. Sin embargo, no podía permitir que su reputación como la Sailor Senshi más poderosa de la Vía Láctea quedara en entredicho, y se afirmó lo mejor que pudo en sus piernas, esforzándose al máximo. Dejó de retroceder, pero tampoco avanzaba. Al final, decidió que iba a continuar haciendo lo mismo hasta que se le ocurriera un plan alternativo. Al parecer, derrotar a tantas Sailor Senshi al mismo tiempo no era algo que se pudiera solucionar por fuerza bruta.
Sailor Dark Mercury había ganado el primer tira y afloja, y tenía a su oponente en el suelo. Sin ninguna misericordia, ella alzó ambos brazos hacia el cielo, y castigó a Sailor Mercury con un chorro de agua helada que iba calando rápido en sus huesos, impidiéndole moverse con libertad. Notó que sus piernas se iban cubriendo de hielo, y que éste ascendía lentamente, amenazándola con dejarla completamente vulnerable. Debía pensar en una forma de detener el avance del hielo, y, al mismo tiempo, abrir una ventana por la que pudiera atacar a su adversaria.
Al otro lado del amplio salón, Sailor Zephyr había cometido el error de entablar un duelo de fuerza con Sailor Silver Moon, sabiendo que no podría ganar. De todos modos, no habría podido evitarlo, pues había atacado a Sailor Silver Moon, esperando que ella bloqueara su técnica, pero ella la había evadido con un doble mortal bastante elevado, y la habría tomado por sorpresa, de no ser por haberla detenido con sus propias manos. Había reaccionado por instinto, y, en ese momento, Sailor Silver Moon le estaba triturando las manos, empujando hacia delante con relativa facilidad, y Sailor Zephyr pensó que la iba a arrinconar contra la pared, pero, contra todo pronóstico, Sailor Silver Moon perdió fuerza, pero no dejó de apretarle las manos. Sailor Zephyr fue capaz de revertir la situación, y, empujando con todas sus fuerzas, arrastró a su oponente hacia la pared opuesta, y, por primera vez en esa batalla, sintió que podía ganarle a la poderosa Sailor Silver Moon.
Sailor Zephyr notó que Sailor Silver Moon ni siquiera intentaba oponer resistencia. Pensó que ella se había cansado a causa del esfuerzo anterior, e iba a estamparla contra la pared, cuando ocurrió algo inesperado.
Sailor Silver Moon se inclinó hacia atrás, como si desfalleciera del cansancio, pero Sailor Zephyr se dio cuenta, muy tarde, que su oponente llevaba los brazos hacia atrás y levantaba ambas piernas. Para cuando pudo reaccionar, Sailor Silver Moon ya le había encajado una patada doble en el bajo vientre, haciendo que se doblara a causa del dolor. Sailor Silver Moon se puso de pie, la tomó por el cabello, y tiró hacia arriba, de modo que las piernas de Sailor Zephyr quedaran colgando.
—Supe que mataste a la verdadera Sailor Zephyr para que tú pudieras ocupar su lugar —dijo Sailor Silver Moon, sin enojo, solamente con seriedad—. También supe que esa es la forma de operar de Sailor Galaxia; matar Sailor Senshi problemáticas para que una de sus secuaces tome su lugar. Todo eso lo averigüé la última vez que estuve aquí, hace poco. Ahora, lo que quiero preguntarte es, ¿por qué mierda sigues a Sailor Galaxia, cuando puedes labrarte tu propio camino?
Sailor Zephyr no respondió de inmediato. Aún sentía la bala de cañón en el estómago que había sido la doble patada de Sailor Silver Moon. No había pensado realmente en la cadena de acontecimientos que le había llevado a ser una sirvienta de Sailor Galaxia, pero no era capaz de recordar en qué momento se había convertido en Sailor Zephyr, ni por qué había decidido servir a Galaxia. Sin embargo, pese a que eran preguntas legítimas, no cambiaba el hecho que debía seguir a su servicio si no quería perecer. Cuando Sailor Silver Moon percibió en la mirada de su oponente que iba a seguir tratando de matarla, entendió que había que recurrir a otros medios para que Sailor Zephyr entrara en razón, mientras daba una mirada de soslayo hacia Tuxedo Mask.
(136) El paso del tiempo es variable de acuerdo a la velocidad a la que uno viaja, de acuerdo a lo postulado en la Teoría de la Relatividad. Las Sailor Senshi viajaban a velocidades relativistas mientras surcaban el Río del Olvido, por lo que es perfectamente posible que haya pasado una cantidad significativa de tiempo desde que las Sailor Senshi dejaron la Tierra.
(137) Hay que recordar que Sprague Incorporated fue la empresa que investigaba cómo convertir los poderes de las Sailor Senshi en armas. Ver capítulo 53 para más detalles.
(138) Esta Sailor Senshi aparece en el live action de Sailor Moon, para que no piensen que me la saqué de los bajos fondos, lo que justifica la aparición de una anti-Amy, como lo es Amy Snow.
