CXVI
El Caldero Primordial

Washington, 28 de agosto de 1994, 01:22a.m.

El presidente Tiberius Logan jamás pensó que enfrentaría una situación como la que estaba viviendo en ese momento. El reporte que había leído hace una hora atrás le había dejado como estatua. Lo poco que había procesado del informe de la CIA hablaba de un grupo de soldados estadounidenses que había atacado en un centro comercial de Osaka, en Japón, dejando doscientas personas muertas y más de quinientos heridos. Los soldados emplearon armamento de guerra, y fueron plenamente identificados como efectivos activos del ejército estadounidense. El Primer Ministro japonés, que se caracterizaba por ser un hombre generalmente pacífico, había llamado a una conferencia de prensa, en la que había hablado del ataque por parte de los soldados norteamericanos, y de que aquella agresión no iba a quedar impune. Después, con unas palabras que dejaron como un muerto al presidente Logan, el Primer Ministro japonés oficialmente declaró la guerra a Estados Unidos.

El primer mandatario estuvo más de media hora de pie en el Despacho Oval, sin poder articular palabra. Había perdido más de treinta llamadas de parte de diversos organismos gubernamentales, dos memos habían sido dejados encima de su escritorio, y él aún no reaccionaba a la noticia que provenía del lejano oriente. No fue hasta hace quince minutos que el presidente Logan pudo reaccionar apropiadamente. Leyó los memos y respondió las treinta y tantas llamadas, haciendo los preparativos para llamar a su propia rueda de prensa. Claro, eran las una y tantas de la mañana, pero aquel difícilmente era el punto. Japón le había declarado la guerra a Estados Unidos, y aquella era una noticia que todo el pueblo norteamericano merecía saber, con indiferencia de la hora del día. Había convocado a todo el personal de la Casa Blanca, al Secretario de Defensa (quien seguía siendo el mismo), más el Estado Mayor y a los comandantes en jefe de las cuatro ramas militares principales de la nación: el ejército, la armada, la fuerza aérea y los marines. Si las cosas se ponían más complicadas, emplearía ramas más especializadas, como los comandos SEAL, los Rangers y la recién formada Fuerza Omega, cuyos efectivos se encontraban en las fases finales de entrenamiento. Le impresionaba y asustaba al mismo tiempo la Fuerza Omega, porque los soldados que formaban parte de ella iban a estar preparados para emplear los mismos poderes que las Sailor Senshi, e incluso había soldados de élite que podían usar más de un poder al mismo tiempo. Y eran doscientos de ellos, con la posibilidad de reclutar mil efectivos más que ya habían sido pre aprobados por el ejército. Por supuesto, aquellos que fuesen pre aprobados aún tenían que pasar por rigurosas pruebas físicas y psicológicas antes de ser aceptados para entrenamiento.

Seré el primer presidente en más de setenta años que declare la guerra a otro país.

El último presidente en haber hecho precisamente eso fue Franklin D. Roosevelt, cuando le declaró la guerra precisamente al Japón, después del ataque a Pearl Harbor. Sin embargo, en esa ocasión, habían sido los japoneses los agresores, pero, como todo presidente antes que él, Logan sabía que habían sido los mismos estadounidenses los que provocaron al Japón para que entraran en guerra. (145)

El presidente Logan se preguntaba cómo sería recordado él después que acabara la guerra. ¿Sería recordado como un héroe, un villano, un genocida o un humanitario? Sus acciones serían las que iban a decidir eso, pero aún no tenía idea por qué camino le iba a conducir lo que fuese que iba a ocurrir durante la inminente contienda. Quizás las circunstancias le forzaran a tomar decisiones difíciles, más difíciles que las que un presidente en tiempos de paz tomaría, decisiones que iban a costar vidas, lo quisiera o no.

Es una mierda gobernar un país en medio de una guerra.

Y la situación podía tornarse aún más complicada, puesto que muchos países tomarían lados. Había muchos bloques políticos y económicos a los que les convenía que ganara un bando o el otro., así como tratados que obligaban a países a apoyar una nación u otra. Al presidente Logan le sorprendía que, en menos de tres años, el panorama geopolítico pudiera haber cambiado tanto, siendo que, antes de 1992, el mundo parecía ir en un camino muy distinto, influenciado en gran medida por el sacrificio de Sailor Silver Moon, a mediados de 1969. No obstante, por mucho que tratara de encontrar explicaciones para lo que estaba ocurriendo en ese momento, tenía que enfrentar la realidad.

Suspirando hondo, el presidente Logan tomó asiento en su despacho, mirando al frente, esperando por la rueda de prensa más importante de su carrera.

El centro de la Vía Láctea, a cuarenta mil años luz de distancia

Sailor Mercury vio por el rabillo del ojo que Sailor Moon estaba a escasos metros de Sailor Galaxia, y supo que se iba a desatar un combate a escala galáctica, pues Sailor Moon estaba cegada por la rabia y por la tristeza a causa de haber perdido a sus amigas y compañeras. Sailor Mercury entendió, entonces, que disponía de poco tiempo para averiguar por qué sus compañeras aún emitían radiación sigma, pese a que estaban muertas.

Usando su computadora de bolsillo en conjunto con su visor, Sailor Mercury examinó cada uno de los cuerpos, y vio que todos ellos tenían sus respectivos Sailor Cristales en su interior, y que eran ellos los que emitían la radiación. No obstante, se dio cuenta que, en la mayoría de los casos, aquella radiación parecía como atenuada, como que no desprendía toda su intensidad, salvo en un caso; en la Sailor Senshi cuyos brazaletes habían sido tomados por Sailor Silver Moon. ¿Y si los brazaletes están atenuando las emisiones de radiación sigma? ¿Qué implicaciones tendría aquel hecho?

Mientras Sailor Moon y Sailor Galaxia seguían peleando de forma encarnizada, Sailor Mercury se dio cuenta que había otra fuente de radiación sigma, que no parecía provenir de ninguna de las Sailor Senshi presentes. Estuvo un minuto completo tratando de discernir el origen de aquella nueva fuente de radiación sigma, hasta que apuntó el visor hacia el agujero negro supermasivo que dominaba la vista desde el salón del trono de Sailor Galaxia. ¿Por qué ese agujero negro emite radiación sigma? Se supone que nada puede escapar del horizonte del suceso de un agujero negro. Pero claro, cada vez que una porción de materia cae al agujero negro, éste emite rayos x desde fuera del horizonte del suceso. Y, si la longitud de onda de la radiación sigma es similar a la de los rayos x, entonces pueden escapar del horizonte del suceso (146).

Sailor Moon y Sailor Galaxia seguían combatiendo con todas sus fuerzas, destruyendo de a poco el salón del trono, y Sailor Mercury tenía que evadir sus ataques mientras realizaba sus análisis. Comparó las longitudes de onda de los rayos x con las de la radiación sigma, y vio que eran casi idénticas. De hecho, lo único que diferenciaba a ambas era la amplitud, porque hasta las diferencias de fase eran similares. Sin embargo, la amplitud de la onda no se parecía en nada a lo que acostumbraba ver en el espectro electromagnético, pues la amplitud de una onda de radiación sigma parecía variar de acuerdo a una función exponencial acotada, cuyo intervalo se repetía cada noventa ciclos de la onda.

Sin embargo, cuando Sailor Mercury amplió la visión del agujero negro con su visor, vio que no era exactamente el agujero negro lo que emitía la radiación sigma. Justo en el borde del horizonte del suceso, había varios puntos brillantes cuya luz era distorsionada por la intensa gravedad. Sailor Mercury realizó diversas compensaciones para reducir los efectos de la gravedad sobre sus lecturas, y comprobó que, en efecto, aquellas diminutas partículas de luz eran Sailor Cristales. Pero, ¿por qué están tan cerca del agujero negro? Sin embargo, Sailor Mercury se dio cuenta que aquellas preguntas debían esperar. La prioridad era saber qué pasaba con los Sailor Cristales que aún emitían radiación en los cuerpos de sus amigas.

¿Y si el agujero negro es la fuente de los Sailor Cristales?

Sailor Mercury apuntó nuevamente el visor hacia el agujero negro, y se enfocó nuevamente en los Sailor Cristales alrededor del agujero negro, registrando la distancia entre éstos y ella. Esperó veinte segundos y repitió la misma medición, empleando el efecto Doppler para ver si estaban acercando o alejando, y, para su sorpresa, las mediciones indicaban que los Sailor Cristales se acercaban. No había otra conclusión posible: los Sailor Cristales provenían del agujero negro.

Y si eso es cierto, entonces... el agujero negro es el Caldero Primordial. ¡Ese es el lugar donde nacen los Sailor Cristales! ¡Ahora recuerdo que Sailor Silver Moon nos platicó sobre eso! Si mis compañeras tienen aún sus Sailor Cristales en su interior, entonces aún hay una posibilidad de regresarlas a la vida, tal como Sailor Silver Moon hizo con las Sailor Gems.

Sailor Mercury, a sabiendas que debía internarse en el espacio exterior, salió del salón del trono, tratando de hallar una salida hacia el espacio exterior. Iba a necesitar los brazaletes para recolectar la energía que necesitaba.

De vuelta al salón del trono, Sailor Moon y Sailor Galaxia respiraban agitadamente después de pelear por varios minutos sin darse tregua. Galaxia lucía impresionada por la fuerza con la que Sailor Moon estaba batallando, aunque debió haber esperado que lo hiciera, pues había hecho que ella asesinara a sus propias compañeras.

—Sailor Moon —dijo Sailor Galaxia con una carcajada divertida—. No sabía que tenías a una guerrera tan fiera en tu interior. Siempre creí que eras una Sailor Senshi débil, que necesitabas la ayuda de las demás para derrotar a tus enemigos. Te he estado observando desde que desperté en el laboratorio de Herbert Dixon y escapé a mi palacio con la ayuda de Sailor Zephyr. Bueno, el punto es que esperaba verte destruida mucho antes que llegaras aquí. Pensé que los Cazadores de la Muerte o el mismo Circo de la Luna Muerta acabarían contigo y tus amigas. Yo los envié a tu planeta, ¿sabes? No directamente, por supuesto. Después de todo, lo que es un aparato de biotecnología bastante avanzado en Tau Ceti es un simple huevo extraño para los terrícolas (147). Tampoco es común que un eclipse pueda romper un sello creado por el Sailor Cristal más poderoso de toda esta Vía Láctea. No puedo decir que no estoy decepcionada, porque tú, Sailor Moon, has demostrado que no tienes lo que se requiere para ser una Sailor Senshi. Una Sailor Senshi que se precie de serlo tiene que ser independiente, solitaria. Tú dependes mucho de tus compañeras, y, me creas o no, es una debilidad. Estás rodeada de palancas que otros pueden usar para llegar a ti y destruirte. Mírate ahora: tus compañeras están muertas, y solamente en este momento me estás dando pelea. Mira a la idiota de Sailor Silver Moon. Nadie la ayudó, y es capaz de contender conmigo. Estás rodeada de pruebas que te gritan que debes ser fuerte por tu cuenta, que no necesitas a nadie más y que tus compañeras solamente deberían estar ahí para cumplir con tu voluntad. ¿Qué me dices, Sailor Moon? ¿Estoy en lo cierto, o no?

Sailor Moon no dijo nada por un rato, respirando con dificultad a causa del combate. Miraba a Sailor Galaxia con una expresión que jamás se le había visto antes a ella, pero Sailor Galaxia no le preocupaba aquel detalle. De hecho, le convenía que se mantuviera lo más emocional posible, pues la gente que peleaba con el corazón tendía a cometer errores, y, a larga, terminaban derrotados.

—¡No me importa si tienes razón o no! —exclamó Sailor Moon con la voz ronca a causa de la rabia—. ¡Lo único que quiero es que dejes de ser una amenaza para la Vía Láctea, de la forma que sea!

—Entonces tendrás que matarme —dijo Sailor Galaxia, poniendo los brazos en jarras y ladeando la cabeza—. Pero claro, tú no serías capaz de hacer eso. Crees que también soy una Sailor Senshi, que deberíamos ser compañeras en nuestra lucha contra el mal, pese a lo que haya hecho en el pasado. Pero creo que, en este preciso momento, ni tú te crees ese cuento. Sabes que soy la responsable de la muerte de tus amigas, y quieres hacerme el mayor daño posible. Pues bien, inténtalo. Pero, aunque logres derrotarme, eso no devolverá a la vida a tus amigas. Ellas están perdidas, y no las volverás a ver otra vez. ¡Estás sola, Sailor Moon, y nadie te va a ayudar!

Al escuchar las burlas de Sailor Galaxia, Sailor Moon sintió que crispaba sus puños, sin que le hubiera dado tal orden a su cuerpo. Temblaba de la cabeza a los pies, pero no de miedo, pues las venas de sus sienes parecían a punto de estallar.

—Oh, ¿te hice enojar? —dijo Sailor Galaxia, sin abandonar su tono burlesco—. Qué pena por ti, pero tus amigas siguen estando muertas. Como dije, no hay nada que puedas hacer al respecto. Lo único que puedes hacer es atacarme, así que hazlo de una vez. Cuando obtenga tu Sailor Cristal, haré lo propio con el del resto de tus compañeras.

Sailor Galaxia, apenas acabó de hablar, sintió cómo sus pies dejaban el suelo y se trasladaba a gran velocidad, impactando contra la pared contraria y cayendo de pie, pero con un intenso dolor en su espalda. Vio que Sailor Moon avanzaba a paso decidido hacia ella, esgrimiendo su cetro con ambas manos, preparada para atacar nuevamente. Sailor Galaxia, decidiendo que aquella batalla se había prolongado demasiado, extendió ambos brazos hacia delante, mientras que Sailor Moon hacía lo propio con su cetro. Ambas atacaron al mismo tiempo, y una gran esfera de luz se formó entre Sailor Galaxia y Sailor Moon, haciendo que todo el salón temblara. Las paredes se agrietaban y el techo comenzó a caerse a pedazos, pero los trozos no parecían hacer daño ni a Sailor Moon ni a Sailor Galaxia. Ninguna de las dos claudicaba en su afán por destruirse la una a la otra, y aquello iba lentamente destruyendo el salón del trono. No faltaba mucho para que éste se desintegrara por completo.

La esfera de luz se fue volviendo cada vez más inestable, a medida que Sailor Moon y Sailor Galaxia seguían jugando al tira y afloja, hasta que ésta explotó con fuerza y violencia. El estallido envió a ambas en direcciones opuestas, y el salón del trono se redujo a polvo. Los cuerpos de las Sailor Senshi quedaron a la deriva en medio del espacio.

Sailor Galaxia había quedado a muy poca distancia del agujero negro, y podía sentir el tirón de la gravedad en su cuerpo, pero ella podía resistirlo a causa de su gran poder. Sailor Moon, por otro lado, había acabado casi en la entrada al palacio, pero ya no vestía como una Sailor Senshi, sino que usaba los ropajes de la princesa de la luna, con la salvedad que éste, en lugar de blanco, era negro. Y Sailor Mercury, quien no andaba tan lejos de ambas, flotando en medio del espacio, recolectando energía de los alrededores del Caldero Primordial, se dio cuenta del cambio.

¿Por qué su vestido ahora es negro? Se supone que debe ser blanco. ¿Tendrá que ver con su estado de ánimo? ¿Se habrá vuelto malvada? ¡No pienses así, Sailor Mercury! Tiene que haber otra explicación por la que Sailor Moon ahora luce así.

La princesa Serenity se aproximó a Sailor Galaxia a toda velocidad, decidida a llevar esa batalla hasta las últimas consecuencias. Por otra parte, Sailor Galaxia sabía que no se encontraba en la mejor posición para librar una batalla, pero confiaba en sus poderes para darle la vuelta a la tortilla. Sailor Moon, o quienquiera que fuese, no podía ganar. El futuro de toda la galaxia dependía de ello.

—Mírate, Sailor Moon —dijo Sailor Galaxia, tratando de ganar un poco de tiempo—, peleando contra enemigos que sabes que no puedes derrotar sola. Puede que creas que tus amigas son importantes para ti, que gracias a ellas has llegado hasta acá. Lo que creas o no es irrelevante. Lo que quiero que entiendas, Sailor Moon, es que hay enemigos que no deben ser derrotados, porque esos seres forman parte de la estructura misma del universo, y si los eliminas, destruyes todo también, seres queridos o no. Y es eso lo que estás enfrentando en este momento. Si me destruyes, habrás dado el primer paso hacia la total aniquilación, no solamente de esta galaxia, sino que de todo el universo. ¿Quieres saber por qué estoy juntando todos los Sailor Cristales de la Vía Láctea? Pues te lo diré, y en una de esas recapacitas y me dejas en paz.

—¡No me importa por qué haces lo que sea que haces! —rugió Sailor Moon, sus puños tan crispados que sangre salía de las palmas de sus manos—. Lo único que me importa es destruirte, Galaxia. ¿Qué te has creído, arrebatando cosas que no te pertenecen? Actúas como si fueras la ama y señora de todo lo que ves. Personas como tú ya no son personas. Son seres sin conciencia, son simples animales descarriados que merecen la muerte.

—Te voy a dar una última oportunidad para que pienses muy bien lo que estás a punto de hacer —dijo Sailor Galaxia calmadamente, mostrando una sonrisa, a ver si conseguía encolerizar más a la princesa—. Si me destruyes, serás la responsable del asesinato de incontables seres a lo largo y ancho de todo… el… universo. Piénsalo bien. Es mucho peso para una sola persona. ¿Serías capaz de pagar el precio?

Pero Sailor Galaxia no podía ponerse en el lugar de Serenity. No era capaz de hacerlo, porque no le importaban las vidas que se perdieran, con tal de cumplir con sus propósitos. No era capaz de ver que a Serenity solamente le importaba vengar la muerte de sus amigas, más que nada porque se sentía responsable de lo que les había pasado. A cada momento repasaba la muerte de sus amigas en su mente, y se torturaba a sí misma pensando en que, tal vez, hubiese una alternativa mejor. Siempre hay una mejor alternativa era lo que siempre decía, pero, en el momento, no fue capaz de ver ninguna segunda opción. Y, después de haber asesinado a sus amigas y compañeras, su visión se había estrechado, y había solamente una posibilidad que podía ver con toda claridad.

Matar a la Sailor Senshi frente a ella.


(145) Hay investigaciones independientes que apuntan a que Estados Unidos deliberadamente provocó que Japón los atacara. Entre las medidas tomadas por los norteamericanos figuraban el corte del suministro de petróleo, apoyo estratégico y militar a naciones enemigas del Japón, bloqueos económicos y otros. La idea era que Japón no tuviera otra alternativa que entrar a la guerra. Los motivos de por qué se hizo esto aún están sujetos a especulación.

(146) El horizonte del suceso es el límite más allá del cual la gravedad de un agujero negro es tan poderosa que ni la luz puede escapar. La distancia existente entre el centro del agujero negro y su horizonte del suceso se denomina Radio de Schwartzchild (aplicable solamente a agujeros negros esféricos no rotatorios, pues para agujeros negros de rotación crítica, el momento angular derivado de la rotación distorsiona su centro).

(147) Ver el capítulo 26 de este fic.