CXIX
Salvar o destruir, Parte 1

El centro de la Vía Láctea, a cuarenta mil años luz de la Tierra

—¿Estás segura de lo que vas a hacer? —preguntó Sailor Cosmos a la princesa Serenity, quien seguía juntando poder con el Cristal de Plata—. Si destruyes el Caldero Primordial, ya no nacerán más Sailor Senshi.

—Pero el caos no escapará a este universo —replicó la princesa con fuerza, sintiendo que la energía reunida era la suficiente para aniquilar al agujero negro—. Al final, Sailor Galaxia tenía razón. Mi deber es proteger a todos los seres vivos de la Tierra y de más allá. Y la única forma de hacerlo es destruyendo el Caldero Primordial. Es cierto que no nacerán más Sailor Senshi, pero es un precio que estoy dispuesta a pagar.

—Todos decimos eso —dijo Sailor Cosmos, pero no detuvo a la princesa de hacer lo que se proponía hacer—. Muy pocos realmente lo hacen. Normalmente, aquellos que pueden conseguirlo, se convierten en villanos. Tú no eres una villana, princesa. Nunca lo has sido. Por eso dices que estás dispuesta a pagar el precio al destruir el Caldero Primordial, pero en realidad, temes lo que les pueda pasar a tus amigas si llegan a morir. Sin el Caldero Primordial, jamás reencarnarán. Tú, princesa, no eres mucho sin tus amigas. Si estás sola, correrás mi mismo destino.

La princesa no dijo nada. Sostenía la gran esfera de energía con ambas manos, sin ser consciente de que podía hacerlo sin ayuda.

—Te pregunto nuevamente, princesa —insistió Sailor Cosmos—. ¿Estás lista para pagar el precio? Porque no creo que lo estés. Ninguna persona buena lo está. Cuando llegue el momento, dudarás, y tu voluntad va a flaquear. Lo sé porque a mí me pasó lo mismo. Por un tiempo pensé que podía hacer sacrificios de forma que mi causa triunfara, pero, a la hora de la verdad, reflexioné acerca de lo que realmente estaba haciendo, y no fui capaz de seguir adelante. ¿Sabes por qué? Porque las personas como nosotras estamos atadas a la moral, priorizamos el camino correcto por encima del camino fácil, y eso nos hace enormemente predecibles. Pensé que aquí iba a encontrar una forma de seguir batallando mi combate eterno, pero me equivoqué. Tú vas a tomar el mismo camino que yo, lo sé. No serás capaz de destruir el Caldero Primordial, porque sabes lo que va a pasar si lo haces.

Hubo otro momento de silencio, solamente roto a ratos por el sonido de la esfera de energía encima de la princesa. Luego, ella miró a Sailor Cosmos con una expresión de lástima en su cara.

—Por eso es que estás perdiendo tu batalla —dijo la princesa con simpleza, pero no con menos firmeza—. Pierdes la esperanza muy pronto. Asumes que ninguna persona con integridad está dispuesta a hacer sacrificios, pero son ellas precisamente quienes hacen la diferencia, son ellas las que logran los cambios más necesarios, a menudo sacrificándose a sí mismos antes que a los demás. Cuando peleas una batalla, no debes bajar los brazos, incluso cuando todo esté en tu contra. Da igual si es una pelea corta o eterna. La forma más segura de perder un combate es dándote por vencida. Ese es mi consejo para ti. No te des por vencida. Jamás. Incluso si estás a punto de morir.

Dichas esas palabras, la princesa movió los brazos hacia delante, y la esfera de energía avanzó hacia el agujero negro, sin que la poderosa gravedad pudiera afectar su dirección en lo absoluto. Eso último llamó la atención de Sailor Mercury, quien miraba junto a todas las demás lo que la princesa acababa de hacer. La princesa del planeta del fuego miraba con asombro cómo Serenity se había atrevido a hacer lo impensable. Ella también conocía la naturaleza del Caldero Primordial, no con los datos de Sailor Mercury, pero sí con la sabiduría de muchos años de experiencia, y sabía que Serenity había tomado un riesgo gigante al tratar de destruir el origen de los Sailor Cristales. Las Sailor Starlights también entendían lo que Serenity estaba haciendo, pero no por eso iban a estar de acuerdo con ello. Ninguna de las Sailor Senshi restantes estaba al tanto de las implicaciones de lo que la princesa estaba haciendo.

Cuando la esfera de energía llegó al horizonte del suceso, hubo un destello que aniquiló la visión de todas las Sailor Senshi presentes, seguido de un rugido apocalíptico y una onda gravitacional que sacudió todo el espacio-tiempo en un radio de varios cientos de años luz. Fue como si se pudiera sentir un terremoto en medio del aire, pero las Sailor Senshi no tenían ninguna forma de agarrarse de algo, por lo que fueron dispersadas de forma violenta en todas direcciones, sintiendo que sus entrañas se retorcían.

Ninguna de las Sailor Senshi supo cuánto duró el evento, pero cuando todo terminó, vieron, con asombro y terror, que el agujero negro había desaparecido por completo. A Sailor Mars le causaba pavor que el poder del Cristal de Plata pudiera borrar de la existencia un fenómeno capaz de retorcer el espacio-tiempo a una escala que no se había observado en toda la galaxia. Pensaba que el Cristal de Plata era capaz de hacer polvo un planeta, no que pudiera hacer lo mismo con un objeto que pesaba cuatro millones de veces más que el Sol. A continuación, se preguntó si el poder del Cristal de Plata tendría un límite, sin saber que la respuesta a esa pregunta la obtendría mucho tiempo después.

Tanto Sailor Cosmos como la princesa Serenity se quedaron mirando el enorme vacío que había dejado el agujero negro. Ni siquiera el disco de acreción había sobrevivido a la colosal explosión. Las estrellas cercanas se veían como deformadas, y formaban órbitas irregulares alrededor de un centro de masa que ya no existía.

—Lo has hecho —dijo Sailor Cosmos con voz queda, como si no quisiera creer lo que estaba viendo—. Has destruido el Caldero Primordial. No nacerán más Sailor Senshi… jamás.

—No importa… lo que digas —repuso la princesa, recobrando la forma de Sailor Moon, respirando de forma agitada a causa del cansancio—. Ya… lo hice. Y… viviré con las… consecuencias.

Mientras tanto, el resto de las Sailor Senshi miraba el enorme vacío que había dejado el agujero negro, lentamente percatándose de las implicaciones que dejaba la destrucción del Caldero Primordial, pues Sailor Mercury y las Sailor Starlights habían explicado lo que Sailor Moon había hecho.

—Si morimos en algún momento —dijo Sailor Venus, señalando al espacio vacío en el que antes había un devorador de estrellas—, ¿no volveremos a nacer?

—Nunca —dijo Sailor Starfighter, mirando con pena en dirección a Sailor Moon. Sus compañeras compartían sus sentimientos. El hecho que jamás volviese a nacer una Sailor Senshi era una tragedia en sí misma, porque, con el tiempo, ya no habría seres quienes defendieran a la Vía Láctea de las fuerzas del mal, porque la destrucción del Caldero Primordial no había hecho que el mal desapareciera del universo. Si había un momento en que la paz podía verse amenazada, aquel era el momento ideal para que las fuerzas oscuras atacaran.

—Tenemos que irnos de este lugar —dijo Sailor Mercury, sobresaltando a las demás—. De todos modos, ya no hay nada que podamos hacer aquí. Hay cosas que están pasando en la Tierra que requieren nuestra atención.

—¿Qué cosas? —inquirió Sailor Venus, acercándose a Sailor Mercury, asumiendo que iba a mostrarle algo en su computadora de bolsillo. No se equivocó.

Sailor Mercury mostró a las demás lo que ocurría en la Tierra. Debido a que estuvieron cerca de un agujero negro, el tiempo había pasado más lento para ellas, pero en la Tierra ya era 1996, y, de acuerdo con la computadora de Sailor Mercury, la Tercera Guerra Mundial había estallado. El Bloque Oriental combatía contra el Frente Occidental en diversos teatros de operaciones, diseminados mayormente en Europa. Los reportes hablaban de que Japón había comenzado la guerra, atacando a unos buques de batalla a unas doscientas millas náuticas de la costa de Tokio.

—Tienes que estar bromeando —gruñó Sailor Mars, frunciendo el ceño al ver las imágenes de las batallas teniendo lugar en la Tierra—. Por si una lunática en armadura dorada no fuese suficiente.

—Pero no es lo único que está pasando allá —dijo Sailor Mercury, oprimiendo una tecla en su computadora para cambiar de noticia—. El acelerador de partículas está a punto de funcionar. Todos los chequeos previos han sido realizados con éxito. Por supuesto, nadie le presta atención porque hay una guerra teniendo lugar. Pero yo creo que es relevante.

—¿Por la ciencia? —preguntó Sailor Mars, apenas pudiendo creer que Sailor Mercury pensara en algo así en un momento como ese—. Por si no te habías dado cuenta, no estamos en una situación normal.

Sailor Mercury le dedicó una mirada de desdén.

—Estuve haciendo unos cálculos desde que supe que el acelerador de partículas había sido completado. Suponiendo que va a funcionar a plena capacidad desde el principio, el campo electromagnético que va a generar el acelerador de partículas va a ser tan grande que va a interferir con el campo electromagnético terrestre. Puede que no lo debilite, pero lo hará más inestable.

—¿Y eso es malo para la Tierra? —preguntó Sailor Uranus, quien también veía la diminuta pantalla junto a sus compañeras, con el ceño fruncido y los labios apretados.

—Muy malo —respondió Sailor Mercury, y Sailor Amethyst le dio la razón, consultando sus propios aparatos—. Es probable que el campo electromagnético del acelerador de partículas altere el movimiento de las placas tectónicas, generando terremotos generalizados en todo el mundo, acompañados de una ola de maremotos jamás vista en la historia de la humanidad.

Las Sailor Senshi quedaron en silencio, pasmadas por las implicaciones del funcionamiento de aquel acelerador de partículas. Sin embargo, Sailor Uranus no se veía impactada, sino que enojada por alguna razón.

—Si sabías que ese acelerador de partículas puede causar tanta devastación, ¿por qué diablos no nos dijiste antes sobre ese asunto? ¿Acaso no tenías las especificaciones de ese aparato? Fácilmente pudiste haber hecho los cálculos cuando supiste de su construcción, pero no nos advertiste hasta ahora. ¡Es posible que ya no haya nada que podamos hacer para impedir que comience a funcionar, y todo por tu culpa!

Sailor Uranus no conocía bien a Sailor Mercury, pero lo poco que había escuchado de ella, hablaba de que ella era una chica tímida e insegura, por lo que esperaba que su reacción fuese acorde a lo que esperaba de ella. Cuál fue su sorpresa al ver la expresión de desdén que ponía Sailor Mercury al mirarla.

—¿Eres idiota, o qué? —le espetó, y Sailor Uranus tragó saliva, pero fue el único exabrupto de Sailor Mercury, porque después habló con la educación que le caracterizaba—. Lo siento. Es que a veces hablas sin saber lo que estás diciendo. Lo que pasa es que, hasta hace poco, la teoría de la deriva continental no la había tomado en serio a causa de la falta de evidencia que la apoyara. Por eso no creía que el acelerador de partículas fuese a causar un gran impacto en el planeta. Pero ahora, que conozco el trabajo de Thomas Jeffries, puedo decir, con total certeza, que ese aparato va a acabar con miles de millones de personas. Por eso, no podemos perder más tiempo.

Cuando Sailor Mercury acabó de hablar, Sailor Moon había llegado junto a las demás. Tuxedo Mask, quien había permanecido en silencio todo el tiempo desde que volvió a la vida, se quedó mirando a Sailor Moon como si ella fuese todo su mundo. Y, en cierto modo, así era. Pero sabía que la situación era seria, y que después habría tiempo para ellos. En ese momento, tenían que impedir el funcionamiento del acelerador de partículas.

—¿Y cómo vamos a regresar? —preguntó Sailor Jupiter a Sailor Mercury—. Esa Sailor Senshi del cabello blanco perdió sus brazaletes.

—Se llama Sailor Zephyr —aclaró Sailor Mercury, y Sailor Jupiter enrojeció un poco—. Ahora que no hay distorsión gravitacional, podemos usar nuestra teletransportación para llegar a la Tierra. Así les voy a pedir que todos nos tomemos las manos y formemos un círculo. ¡Rápido!

Sin perder mucho tiempo, las Sailor Senshi y Tuxedo Mask se tomaron de las manos. Cuando lo hicieron, todos gritaron "teletransportación" a coro, y desaparecieron del centro de la galaxia.

Ninguna de ellas recordó que había una integrante de Shadow Galactica que seguía con vida.

Ginebra, Suiza, 30 de septiembre de 1996, 01:17p.m.

Las Sailor Senshi jamás habían estado alguna vez en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear en sus vidas. Aunque en cualquier otro día, Sailor Mercury habría estado embelesada por estar en lo que para ella era el paraíso científico definitivo, sabía que no podría hacer ningún tour en esa ocasión. Había una emergencia, y había que hacer algo…rápido.

En otros tiempos, habría controles de seguridad en las entradas, pero parecía ser que, en lugar de un centro científico, el CERN era una fortaleza, porque todo el complejo estaba rodeado por un muro de energía, el cual Sailor Mercury estaba analizando en ese mismo momento.

—Esa energía emite amplitudes de onda que son exactamente opuestas a la radiación sigma —dijo, usando su visor en tándem con su computadora de bolsillo—. Si la atravesamos, estamos muertas. Debemos emplear los brazaletes para atenuar la radiación sigma de nuestros Sailor Cristales. De ese modo, las ondas no se cancelarán y podremos atravesar la barrera sin arriesgar nuestras vidas.

—¿Y qué hay de mí? —preguntó Sailor Zephyr, mostrando sus brazos, dando a entender que ella no poseía brazaletes—. ¿Tendré que quedarme atrás?

Sailor Mercury se quedó en silencio por un momento, llevándose una mano al mentón. Sailor Uranus se mostraba inquieta. Sailor Neptune la miró, luciendo un poco preocupada por su novia. Ya la había visto despotricar en contra de Sailor Mercury, y sabía que aquel comportamiento era fruto de la impaciencia. Sailor Uranus era una mujer de acción, y no le gustaba esperar a combatir contra el enemigo. En ese sentido, ella era parecida a Sailor Jupiter, pero, a diferencia de ella, Sailor Jupiter entendía que Sailor Mercury necesitaba tiempo para pensar en el mejor plan de acción. Después de todo, aquella era su función en el equipo, y Sailor Uranus no la conocía bien.

Sailor Mercury abandonó su postura pensativa, y encaró a las demás. Su mirada decidida les indicó que tenía una idea.

—Nadie se quedará atrás, pero no todas entraremos en el complejo. Las Sailor Senshi más fuertes entrarán en el complejo, y neutralizarán cualquier amenaza que se presente. Las demás nos encargaremos de salvar a la mayor cantidad de gente posible de los bombardeos y los combates. Las Outer Senshi, las Sailor Starlights y parte de las Sailor Gems, junto con Sailor Moon, entrarán en el complejo. Las Inner Senshi, Sailor Amethyst, Sailor Jade y Sailor Zephyr iremos a los frentes de batalla. Tuxedo Mask también ingresará al complejo. Necesito que él con Sailor Moon siempre estén juntos.

—¿Y que hay de Sailor Silver Moon y el Sailor Quartetto? —preguntó Sailor Moon, a sabiendas que ellas debían estar peleando ya.

—Ellas se encuentran en Tokio —contestó Sailor Mercury, consultando información en su visor—. Han salvado a miles ya. Sailor Chibi Moon ha hecho un excelente trabajo liderando a sus guardianas. Sailor Silver Moon… bueno… ya sabes cómo es ella. Ha matado a miles de soldados norteamericanos, e incluso derrotó a unos pocos miembros de la Fuerza Omega, ya saben, esos soldados que usan nuestros poderes para combatir.

Ninguna de las presentes tenía algo más que aportar, así que, sin decir nada, las Sailor Senshi que iban a entrar en el complejo se aseguraron que tuvieran sus brazaletes puestos, y, algunas de ellas tragando saliva, atravesaron la barrera de energía. Se sintieron extrañas, como si una mano invisible les apretara el corazón con una fuerza moderada, pero ninguna de ellas colapsó. Aliviadas, miraron hacia atrás, y vieron a las demás tomarse las manos en círculo para transportarse. Pero no podían perder mucho tiempo, por lo que siguieron su camino, sin encontrar alguna amenaza en el exterior ni en los edificios circundantes. Sailor Mercury les había enviado la ubicación del corazón del CERN, las instalaciones del Gran Colisionador de Hadrones, a sus comunicadores personales, y ellas los estaban usando como dispositivos GPS para ubicarse en el enorme complejo.

A Sailor Saturn le parecía extraño que no hubieran encontrado oposición en su camino hacia el Gran Colisionador de Hadrones. En todo caso, ella mantenía su alabarda en ristre, mirando de un lado a otro, esperando encontrar alguna amenaza que estuviera oculta en medio de los edificios, pero aún no aparecía ningún enemigo. Sailor Tourmaline también lucía inquieta por la ausencia de oponentes. Se preguntó si estarían todos concentrados en el laboratorio central del CERN, y qué encontrarían allá. Si Sailor Mercury les había entregado esa posición, entonces eso quería decir que había algo importante allá. Tal vez allí se encontraba el centro de operaciones del acelerador de partículas del tamaño de la Tierra. Pero, si eso era cierto, aquello no explicaba por qué todo el lugar estaba desierto. Supuso que sería algo que averiguaría pronto.

Tres minutos les tomó al grupo llegar a las puertas del laboratorio central. La puerta de acceso estaba protegida por un candado electrónico, el cual consistía en una contraseña (había un teclado numérico a un lado de la puerta), y un sensor biométrico (había un lector de palma bajo el teclado). Sailor Moon se rascó la cabeza, denotando su confusión, pero no pasaron más de cinco segundos, cuando la puerta emitió un pitido, y se abrió por su propia cuenta. Sailor Moon asumió que Sailor Mercury debía estar monitoreando su avance a distancia, empleando Alfombra Roja para inutilizar los dispositivos de seguridad y asegurarles el paso.

Una a una, las Sailor Senshi penetraron en el laboratorio central. Se trataba de una sala gigantesca, repleta de computadoras, las que estaban dispuestas en hileras, servidores, cables por doquier y una gran pantalla dominaba todo el laboratorio, la que mostraba un diagrama de un acelerador de partículas que, obviamente, no era el LHC, pues el anillo rodeaba el planeta en el diagrama. Y, justo debajo de la pantalla gigante…

—Bienvenidas, Sailor Senshi —atronó la voz de Herbert Dixon, haciendo un gesto teatral con sus brazos—. Las estaba esperando.