CXXIV
El retumbar de la Tierra (152)
Planeta Utopía, a 15.000 años luz de la Tierra.
En los últimos dos años, Aurora y Anorus se habían ocupado de observar lo que ocurría en la Tierra, y no les estaba gustando para nada lo que estaba pasando. Resultaba que las Sailor Senshi habían derrotado a Sailor Galaxia y a sus secuaces, pero enfrentaban un problema peor en la Tierra. Un hombre llamado Herbert Dixon había decidido que la humanidad debía erradicarse para construir un nuevo mundo, y había empleado más de una década y una cantidad inconcebible de dinero para construir un aparato capaz de causar devastación incalculable a escala global. Era posible que las Sailor Senshi pudieran salvar a un puñado de seres humanos antes de la hecatombe, pero eso no evitaría que miles de millones de personas perdieran la vida. Aquello no molestaría mucho a Aurora, si no fuese por el hecho que todo lo malo que estaba ocurriendo en la Tierra era responsabilidad de Sailor Moon. Ella había estado de acuerdo con el monstruoso plan de Herbert Dixon, y, por culpa de sus decisiones, muchas personas iban a pagar el precio.
—Lo que me pregunto es por qué una Sailor Senshi, una persona que supuestamente lucha por el amor y la justicia, estaría de acuerdo con un genocida —dijo Anorus, mientras descendía hacia Utopía. La fricción atmosférica no era un problema para él, tratándose de alguien que podía caminar por la superficie de una estrella, y Aurora poseía poderes que le permitían protegerse de los elementos—. ¿Acaso ese tal Herbert Dixon tiene razón?
—Da lo mismo si Herbert Dixon está en lo cierto o no —repuso Aurora, dando con los pies en el suelo, y mirando al lago donde había dejado los cuerpos—. Lo que importa es que las acciones de Sailor Moon justifican plenamente lo que estamos haciendo. La galaxia no necesita a las Sailor Senshi. Necesita algo más, algo que ponga el bienestar de todos los seres vivos de esta Vía Láctea por encima de ideas de gente como Herbert Dixon.
Aurora y Anorus caminaron unos pocos pasos, hasta llegar al borde del lago. Miraron hacia el lugar donde Aurora había dejado los cuerpos, y vieron que ellos no se habían movido de su sitio. Aurora pescó una rama suelta, y tocó a uno de ellos con ésta. El cuerpo se movió levemente.
—Están vivos —dijo Aurora, visiblemente aliviada—. Es cuestión de tiempo para que despierten. Mientras tanto, esperaremos aquí.
Aurora y Anorus tomaron asiento sobre el pasto, mirando fijamente a las aguas del lago. Aurora, mientras observaba lo que estaba pasando en la Tierra, vio algo que estaba segura que llamaría la atención de Anorus, y decidió que aquel era el momento para platicar sobre el tema, pues creía que sería una conversación larga.
—¿Sabes, Anorus? Mientras observaba la situación allá en la Tierra, vi algo muy interesante.
Anorus, cuya vista no llegaba tan lejos, miró a Aurora con el ceño fruncido.
—¿Y que puede ser? Aparte de que Sailor Moon está de acuerdo con matar miles de millones de seres humanos.
—Había un montón de Sailor Senshi agrupadas en la ciudad de Tokio —contestó Aurora, sabiendo que había una de ellas que iba a hacer que Anorus se alterara—. Pero no pude evitar notar a una en particular. Usaba un vestido de color azul, de una pieza…
—Es la asesina de Sailor Zephyr —interrumpió Anorus, sin mostrar emoción alguna—. Adoptó su mismo nombre para ponerse al servicio de Sailor Galaxia. Y, asumo que, si está con las demás Sailor Senshi, eso significa que encontró su conciencia—. Anorus se quedó mirando a Aurora con el ceño fruncido—. ¿Pensaste que esa noticia me iba a afectar?
—Ella es la responsable de que el amor de tu vida esté muerta —dijo Aurora, como queriendo hacer que Anorus se enojara. Sin embargo, él no cambió la expresión de su cara—. Realmente estás hecho de acero, ¿verdad?
—Alysia no querría que perdiera el temple —repuso Anorus, encogiéndose de hombros—. ¿Y qué me dices de ti? Ella era tu hermana.
—Es por su muerte que estoy haciendo esto —dijo Aurora, lo que no era exactamente una sorpresa para Anorus, pero él quería medir sus reacciones. A juzgar por lo que estaba viendo, Aurora se veía bastante compuesta y decidida. No había trazas de pena o rabia en su expresión—. Hay movimiento en el lago. Vayamos a ver.
Los dos se pusieron de pie, y volvieron a acercarse al borde del lago. En efecto, los cuerpos bajo el agua se estaban moviendo. Los cuatro abrieron los ojos y, lenta pero decididamente, se pusieron de pie. Ninguno de ellos usaba ropa alguna, pero eso no era un problema para Aurora. Pronto, tal como las Sailor Senshi, ellos tendrían su propio uniforme. Además, Aurora ya tenía un nombre para ellos. Era una palabra que, en la lengua nativa del planeta del sol naciente, significaba "héroes".
Un nuevo tipo de guerrero había nacido.
Tokio, 30 de septiembre de 1996, 09:09p.m.
Las Sailor Senshi, Tuxedo Mask y Jeremy Burns esperaban al alero de un edificio parcialmente en ruinas por el resultado de los datos de Sailor Mercury sobre quiénes querían salvarse y quiénes no. Sailor Silver Moon, por increíble que pudiera parecer, había decidido permanecer en el edificio en lugar de seguir peleando. En ese momento, se encontraba en el tercer piso, junto con Sailor Amethyst, haciendo cosas privadas. Sailor Uranus y Sailor Neptune hacían lo propio en el quinto piso, pero Sailor Moon y Tuxedo Mask habían decidido esperar a que Sailor Mercury acabara de consultar su visor. Jeremy y Sailor Tourmaline conversaban en un rincón un poco alejado, pues ambos creían que sus palabras no eran para las demás.
—¿Y qué se siente estar muerta? —preguntó Jeremy, tentado en tomarle las manos a Sailor Tourmaline, pero sin hacerlo.
—Es como estar en todas partes, y a la vez en ninguna parte —repuso Sailor Tourmaline, viendo que las manos de Jeremy temblaban, pero ya llegaría a eso—. Podía ver hechos de forma simultánea, hechos que ocurrían a lo largo y ancho del universo. Es una lástima que no pueda recordar qué hechos eran.
—Bueno, al menos recuerdas cómo se sentía —dijo Jeremy, mirándose las manos, y sintiéndose mal por sí mismo. No era solamente que la chica frente a él hubiera regresado de la muerte sin que él pudiera anticiparlo. También estaba la idea de que ella, tal vez, era demasiada mujer para él—. La verdad, jamás pensé que volverías a la vida.
—Yo tampoco —admitió Sailor Tourmaline, soltando una carcajada breve—. Para serte honesta, el que te haya dejado atrás no me importaba en lo mas mínimo. Cuando mueres, todo lo que era importante para ti ya deja de serlo. Me imagino que es parte de morir.
—Supongo —dijo Jeremy de forma incierta. Sailor Tourmaline decidió que era el momento de que Jeremy perdiera el miedo a mostrarle un poco de cariño. Iba a hablarle, cuando un temblor hizo que polvo cayera del techo. No fue demasiado intenso, y Sailor Mercury informó que había sido un sismo de grado 6,1 en la escala de Richter, y que no había riesgo de tsunami. Aquellos movimientos telúricos se estaban haciendo cada vez más constantes e intensos. Cuando la impresión pasó, Sailor Tourmaline retomó lo que se había propuesto hacer. Tal vez no hubiese una próxima vez.
—Jeremy —comenzó Sailor Tourmaline en un tono suave, destinado a calmar a la persona frente a ella—, no tengas miedo. ¿Recuerdas lo que te dije cuando nos separamos por primera vez, cuando estabas a punto de enfrentar tu primer juicio?
—Dijiste que volverías, y que estarías solamente para mí.
—¿Sabes qué es lo que ha cambiado desde ese entonces?
Jeremy no era muy perceptivo cuando se trataba de chicas, pero se dio cuenta que había solamente una razón por la que Sailor Tourmaline haría esa pregunta. Quería confirmar que sus sentimientos por ella eran igual de intensos que cuando nacieron.
—Nada —repuso Jeremy. Sailor Tourmaline mostró una amplia sonrisa, lo que le dijo a Jeremy que había contestado correctamente.
—Entonces no tienes nada que perder. Absolutamente nada.
Cuando Sailor Tourmaline terminó de hablar, Jeremy vio que ella se había pasado la lengua por sus labios de forma muy subrepticia. Si aquella no era una señal de que podía seguir adelante y hacer lo que siempre quiso hacer, no sabía qué más podría serlo. De hecho, a juzgar por los latidos de su corazón, Jeremy supo que aquello iba a funcionar mucho mejor que su fallida relación con Heather, y aquello le alegraba mucho. Era paradójico que, a las puertas del fin de los tiempos, Jeremy hubiese, al fin, encontrado el amor.
Mientras tanto, Sailor Mercury seguía contando la cantidad de personas que se habían contactado con ella, o mejor dicho, con su algoritmo de respuesta automática. Ya llevaba el noventa y nueve por ciento de las llamadas, cuando vio que Sailor Tourmaline y Jeremy Burns no perdían el tiempo. Compuso una sonrisa al ver que, incluso en tiempos tan difíciles, el amor era capaz de florecer. Ni siquiera el temblor de grado 6,6 interrumpió el beso.
Un pitido le indicó a Sailor Mercury que el conteo había acabado. No había muy buenas noticias.
—Chicas, tengo que darles unas noticias que posiblemente no les gusten —dijo, y las Sailor Senshi presentes, salvo Sailor Tourmaline, quien aún estaba ocupada con Jeremy, se reunieron para escuchar lo que Sailor Mercury debía decirle—. Mi computadora terminó el conteo de personas que quieren ser salvadas, y, lamento decirles que son un poco más de diez millones de personas. Diez millones, quinientas treinta y dos mil, ochocientos nueve para ser exactos. Es un poco menos de la población de Tokio.
—¿Tan pocos? —dijo Sailor Moon con voz queda, sintiéndose un poco arrepentida por haber solidarizado con Herbert Dixon—. ¿Tan pocos creen en nosotras?
—Muchas de las respuestas decían que las imágenes eran un montaje, no reales pruebas de lo que realmente estaba ocurriendo en el mundo— dijo Sailor Mercury, entendiendo a Sailor Moon a la perfección, así como a las personas que decidieron no ser salvadas por las Sailor Senshi—. Y realmente no los puedo culpar. Hay muchas teorías de conspiraciones dando vueltas por internet, y eso es lo que ha disminuido la fe de la gente en lo que ve.
—Deberían ser capaces de ver que estamos diciendo la verdad —acotó Sailor Mars, frunciendo el ceño—. ¡Idiotas!
—Aún a las puertas del fin de los tiempos, la gente actúa como si nada estuviese ocurriendo —añadió Sailor Jupiter, crispando los puños—. ¿Por qué rayos no pueden aceptar algo tan simple?
—Es terrible —dijo Sailor Venus lacónicamente.
—Bueno, es simple —intervino Sailor Uranus, encogiéndose de hombros—. Salvemos a los que quieren ser salvados. El resto que se vaya al diablo.
—Estoy de acuerdo —añadió Sailor Neptune.
—Yo no —dijo Sailor Kakyou con una expresión de tristeza en su cara—. Las personas que no nos creen igualmente quieren ser salvadas. Hay una guerra teniendo lugar, y hay mucha gente que vive asustada en sus casas, temiendo que una bomba les caiga encima, o un tanque les arrolle. Tenemos que darles una razón para que crean en nosotras, hacerles ver que estamos para ayudarles, no para perjudicarles.
—Sailor Moon —dijo Sailor Mercury de repente, con una expresión apropiada para alguien que hubiese tenido una idea—. Podrías intentar usar el Cristal de Plata. Si pudiste destruir un agujero negro supermasivo, creo que puedes usar su energía positiva para convencer a más gente de que les salvemos. Incluso podrías detener los terremotos por completo, deshabilitando el acelerador de partículas.
De pronto, Sailor Mars lucía furiosa.
—¿Y por qué rayos no se te ocurrió antes? En lugar de perder el tiempo tratando de hacer una transmisión.
—Es que pensé que Sailor Moon podría no tener la fuerza suficiente para usar el Cristal de Plata a su máximo potencial —arguyó Sailor Mercury razonablemente—. Recuerda que lo usó para destruir un agujero negro.
—¿Y crees que vale la pena intentarlo?
—Yo pienso que sí, si es que Sailor Moon está de acuerdo.
Pero Sailor Moon no esperó a que Sailor Mercury terminara de hablar, porque ya había alzado los brazos al cielo, convocando el poder del Cristal de Plata. Éste comenzó a brillar y a emitir rayos plateados, que se iban diseminando en un radio demasiado pequeño en opinión de Sailor Mercury. Ella sabía que el Cristal de Plata podía emitir más poder, pero no era lo que estaba observando. Vio que Sailor Moon estaba haciendo un esfuerzo colosal por incrementar el poder del cristal, pero hubo muy pocos cambios. Era como si algo intangible la estuviera deteniendo. Asustada, Sailor Mercury activó su visor y vio, para su espanto, que el Cristal de Plata emitía muy poca radiación lambda. Sailor Mercury contaba con los resultados de la investigación que había hecho Sailor Amethyst para revivir a su princesa, y recordó que la radiación lambda (la que no podía ser detectada por instrumentos científicos convencionales) era la que le daba poder al Cristal de Plata. También observó que Sailor Moon apenas emitía esa clase de radiación, y se dio cuenta que ambos eventos estaban relacionados. Probaba con más contundencia la tesis a la que había llegado Sailor Amethyst. No le sorprendía que ese fenómeno se conociera en el futuro como la Ley de Taylor. (153)
Igualmente poco sorprendente fue que, al cabo de varios minutos de esfuerzo, Sailor Moon bajara los brazos, cayendo de rodillas al suelo, y el Cristal de Plata desapareciendo en su pecho. Las demás Sailor Senshi se quedaron petrificadas al ver el fracaso de Sailor Moon, pero fue Sailor Kakyou la que dijo algo al respecto.
—¿Ves, Sailor Moon? —dijo, con el ceño fruncido, mirándola con una severidad que no se le había visto antes—. No puedes usar tu arma más poderosa porque estuviste de acuerdo con un genocida. El Cristal de Plata no puede desplegar todo su poder cuando el corazón de la portadora está desprovisto de amor. Porque si hubieras actuado con el corazón, podrías haber detenido a Herbert Dixon, y se hubieran salvado más personas.
Sailor Moon no dijo nada. Miraba al suelo, como conteniendo las ganas de llorar. Fue en ese momento que Sailor Silver Moon y Sailor Amethyst aparecieron en el primer piso del hotel. No había que ser un genio para darse cuenta que Sailor Kakyou había hablado con Sailor Moon en duros términos. Esto enojó a Sailor Silver Moon, y encaró a Sailor Kakyou con una cara que avisaba peligro.
—¿Qué mierda le hiciste? —increpó con violencia. Sailor Kakyou no pareció amedrentarse ante la mujer frente a ella.
—Solamente le dije la verdad —repuso, indicando con el dedo a Sailor Moon—. Ella estuvo de acuerdo con que Herbert Dixon pudiera asesinar a miles de millones de personas. Trató de usar el Cristal de Plata para reparar el daño, pero, por desgracia, su decisión le impide usarlo con todo su poder.
Sailor Silver Moon se quedó en silencio, tratando de digerir las palabras de Sailor Kakyou. Debía reconocer que, en parte, tenía razón, pero, por otro lado, al ver a Sailor Moon al borde de las lágrimas, se percató de que Sailor Kakyou pudo haberse expresado mejor. Porque la conocía lo suficiente para entender que ella no sería tan dura con Sailor Moon. Aparentemente, la había juzgado mal.
—Definitivamente tienes un punto —dijo Sailor Silver Moon, cuando otro terremoto, uno de grado 7 en la escala compuesta, hizo que trozos de pared cayeran al suelo, así como fragmentos del techo—, ¿pero debías ser tan dura con ella? Sailor Moon sabe, mucho mejor que tú, lo que ha hecho la humanidad para que Herbert Dixon tomara esa decisión tan terrible. A mí tampoco me gusta que Sailor Moon estuviera de acuerdo en sacrificar a miles de millones de personas, pero la decisión ya está tomada, y fue la mejor decisión que pudo haber tomado en ese momento.
—Pudo haberse opuesto y usar el Cristal de Plata para detener el acelerador de partículas.
—No entiendes ni mierda, ¿verdad? —gruñó Sailor Silver Moon dando un paso hacia Sailor Kakyou, y pudo comprobar lo alta que era la mujer frente a ella—. Sailor Moon venía con el corazón ensombrecido desde antes que fuéramos al Río del Olvido. No habría podido detener ningún acelerador de partículas. ¿Acaso no viste cómo ella destruyó un agujero negro allá en el centro de la Vía Láctea? El Cristal de Plata no conoce lados. Solamente responde a lo que hay en el corazón de la persona que lo posea. Al estar de acuerdo con Herbert Dixon, se aseguró de salvar al menos a un puñado de personas. Si se hubiera opuesto, podría haber acabado con Herbert, pero habría garantizado la total erradicación de la especie humana de la faz de la Tierra. Así que… sí, fue una buena decisión. Terrible, pero buena. Para la próxima, cuando ataques a una persona por sus decisiones, no juzgues. Entiende.
Sailor Kakyou iba a responder, cuando un terremoto realmente poderoso sacudió todo el edificio. Las Sailor Senshi cayeron al suelo (Sailor Silver Moon flotó en el aire), y salieron a gatas del perímetro del edificio. Sailor Silver Moon vio cómo Sailor Uranus y Sailor Neptune salían a la carrera de las escaleras, con el uniforme a medio poner, solamente para caer al suelo, y, como las demás Sailor Senshi, salir a gatas. Apenas pusieron sus rodillas fuera del perímetro del edificio, éste comenzó a desmoronarse de a poco. Un trozo de hormigón cayó sobre la pierna de Sailor Neptune, y ella aulló de dolor. Sailor Uranus tuvo que arrastrarla con ella para seguir avanzando.
Y mientras tanto, el terremoto seguía sembrando devastación en la ciudad, y en todo el mundo también.
—¡Hay terremotos de grado 9 o más en todas partes! —gritó Sailor Mercury, consultando su visor en pantalla dividida—. El acelerador de partículas ha llegado a su máxima energía. En Chile hay sismos de hasta 9,8 grados a lo largo de toda la placa de Nazca. (154). Aquí, los sismos llegan a una intensidad de 9,6, y el menos intenso es de 9,1. Tsunamis se están formando en todos los océanos del planeta.
—¡No pensé que pudiera ser tan terrible el plan de Herbert Dixon! —exclamó Sailor Mars, gateando como un bebé, a veces golpeándose en la rodilla con un trozo de concreto. La sensación era parecida a estar en altamar durante una tormenta, solamente que se encontraban en tierra firme.
—¡Es mucho peor de lo que me imaginaba! —chilló Sailor Venus, guiando a las demás Sailor Senshi hacia un lugar donde no hubiera edificios que les cayeran encima—. ¡Y esto puede durar días!
—¡Tenemos que salvar a esas diez millones de personas! —exclamó Sailor Moon—. ¡De cualquier manera en que podamos!
Afortunadamente, Sailor Silver Moon tenía una idea.
(152) El título del capítulo lo saqué de un evento que tiene lugar en el manga de Shingeki no Kyojin. Es un spoiler de los gordos, así que no diré nada, en honor a aquellos que no han leído el manga.
(153) El apellido de Violet es Taylor. Curiosamente, tiene el mismo apellido que un matemático llamado Brooke Taylor, en cuyo honor fueron nombradas las Series de Taylor, aproximaciones polinómicas de una función real, útil para determinar integrales definidas de funciones que no posean primitiva. Espero que no haya una Ley de Taylor realmente. xD
(154) El terremoto más poderoso registrado en la historia de la humanidad ocurrió un día 22 de mayo de 1960, en la ciudad de Valdivia, Chile, con una magnitud de 9,5.
