Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin les pertenecen a sus respectivos autores, editoriales y productoras. Es una historia destinada sólo al entretenimiento y sin fines de lucro.

Este fic ya lo había publicado como una historia corta en una serie que hice llamada Tiempo de amar para el Rivetra Weekend, pero disfruté particularmente de ella escribiéndola, además que se me venían un montón de ideas más, que decidí hacer una versión extendida, por así decirlo. Espero que les guste y ahí les va!


Capítulo 1: Tres familias

Al sur de Francia, por la región de Bocas del Ródano, en la Provenza francesa, había un pueblito llamado Aubagne. La mayoría de sus habitantes eran pequeños comerciantes y mercaderes y a sus alrededores tenían las tierras más fértiles que se hayan visto, ideales para las plantaciones de todo tipo y la cría diversa de ganado.

Eran tres las familias propietarias de las tierras más extensas de la región, cuyas viviendas estaban alejadas del resto de la población: los Jäger, los Ackerman y los Ral. La familia Jäger, encabezada por Grisha, eran originarios de Austria y eran los hacendados más ricos de la zona, pasando mucho tiempo en la ciudad (repartían sus días de ocio y distinción social entre Marsella y París) y siendo los típicos ricos estirados y cultos. Los Ackerman, por su parte, tan ricos como los Jäger, tendían a ser ese tipo de hacendados ignorantes y dedicados sólo a la tierra y creyendo que no había más ley que la que ellos imponían en su pequeño mundo rural. Por último estaban los Ral, gente buena y desinteresada que no eran tan rica como las familias anteriores, y cuyas propiedades eran más pequeñas, pero tenían algo que hacía que su valor fuese mayor de lo que parecía: un hermoso manantial que nacía de un acuífero también situado en el dominio de esta familia, lo que les generaba buenas ganancias debido a la calidad de sus cosechas al tener esa agua tan sana.

Manantial que los Ackerman y los Jäger ambicionaban desesperadamente. Aunque quienes estaban particularmente obsesionados con ella eran los primeros.

Pasando a los protagonistas, los tres hijos de dichas familias eran amigos desde muy pequeños: Petra Ral, Zeke Jäger y Levi Ackerman pasaban sus días corriendo a través de los campos de las tres familias, embebidos en su amistad y ajenos a las envidias e intrigas dentro de sus casas. Poco sabían ellos que eso les cambiaría las vidas.

Zeke, rubio como el sol, era el hijo mayor de Grisha Jäger y su primera esposa, Dina Fritz, quienes llegaron de Salzburgo para que por cuestiones de salud, Dina disfrutara del aire fresco y curativo del campo francés. Pero no fue suficiente, porque luego de una larga enfermedad, falleció dejando a su esposo y a su hijo de 10 años sumidos en la desdicha. Petra y Levi fueron grandes soportes emocionales para Zeke, inclusive cuando poco después, su padre empezó a frecuentar a una joven de Aubagne llamada Carla. Eso llenaba al rubiecito de ira: aún el cuerpo de su madre no estaba frío en su sepulcro y su progenitor ya planeaba rehacer su vida.

De parte de su madre, Zeke descendía de los Fritz, noble y respetada rama emparentada con la antigua casa imperial de Habsburg-Lothringen, siendo Ymir Fritz la cabeza de la familia. Su hijo Karl era el padre de Dina, y el pequeño Zeke era, a pesar de la distancia, la luz de los ojos de su bisabuela. También estaban emparentados con otra rama aristocrática de la nobleza: los poderosos Reiss. Ambas familias vivían aún de forma onerosa en Salzburgo yendo a teatros, dedicándose al negocio bancario y administrando fundaciones, para después vacacionar en los Alpes suizos o en los castillos que poseían en Austria y Alemania. Fue en uno de esos viajes de ocio que la joven Dina conoció a Grisha Jäger, heredero de un imperio agrícola más no noble, con lo que se ganó el recelo de los Fritz y los Reiss, hasta finalmente ser aceptado en ese cerrado círculo social. Con la muerte de Dina, Ymir Fritz volvió a su actitud hostil con Grisha y exigió la custodia de su bisnieto y con eso su regreso a Austria; Grisha fue duro y categórico, su hijo se quedaría y criaría con él hasta la mayoría de edad.

Y la posterior y pronta aparición de la pueblerina Carla a la vida del empresario sólo empeoró la relación de Grisha y de las dos poderosas familias con las que emparentaba mediante Zeke.

Y el pobre niño no sabía para dónde correr.

Levi, por su parte, llevaba una existencia un tanto díscola. Comenzando con una familia disfuncional y peculiar: su abuelo, Jonathan Ackerman, a quien simplemente le decían Abuelo o el Viejo, se la pasaba quejándose por todo y llevando de arriba a abajo a su gallo de pelea para que nadie se atreviera a cocinarlo. Hasta dormía con su gallo el viejo demente. Así que debido a esos arranques seniles del patriarca, su hijo Kenny Ackerman se encargaba de administrar y sacar adelante las propiedades.

Los Ackerman eran originarios de Inglaterra, del cual sus antepasados se exiliaron a mediados del siglo XIX a Francia en busca de mejores oportunidades en el área rural. En la Inglaterra victoriana en esos tiempos empezaba a florecer la Revolución Industrial, lo cual llevaba a muchos campesinos querer emigrar a los centros urbanos, dejando el campo despoblado y con las oportunidades disminuidas de un trabajo próspero en el sector agrícola. Los Ackerman fueron de los afectados: al reducirse los recursos humanos para el trabajo de campo, quedaban en una encrucijada con sus pequeñas tierras, ya que no disponían de dinero suficiente para comprar maquinaria que reemplazara la fuerza humana. Fue así que hicieron de tripas corazón, vendieron sus tierras, tomaron sus ahorros y decidieron mudarse al sur de Francia en un intento de comenzar de cero y sin que el éxodo rural los volviera a afectar.

Con el tiempo, se hicieron de pequeñas pero fértiles tierras en la región de Bocas del Ródano, que les dieron muchas satisfacciones y ganancias como productores (cosa que casi no habían tenido en Inglaterra), hasta finalmente poder hacerse de las famosas maquinarias que les facilitaron la vida hasta hacerlos ricos y prósperos. Aunque fue con la actual administración y mando de Kenneth Ackerman que esas propiedades fueron incrementando.

Kenny era un ladino: usaba su astucia y su labia (también su fuerza bruta) para hacerse con las tierras de los pequeños productores a su alrededor, con el objetivo de aumentar el patrimonio de su familia. Era mujeriego y bebedor, y lo que más lo obsesionaba era cierta fuente de agua pura que por el momento no le pertenecía. Distinto a él era su hermana Kuchel, mujer algo enfermiza pero amorosa, siendo el pequeño Levi su fuente de felicidad, así como también producto de un amorío adolescente con un joven zapatero de Aubagne al cual su hermano Kenny no dudó en llenarle la cabeza de plomo por honor a la reputación mancillada de la hermana menor. Eso no evitó que Kuchel, presa del dolor de haber perdido a su amor, estuviera dispuesta a traer a su hijo al mundo, cosa que le vino bien al Viejo, viendo que Kenny no parecía dispuesto a sentar cabeza. Y como buena cría de su abuelo y su tío, Levi fue criado de manera que su carácter fuera grosero, impertinente y violento, rompiéndoles las mandíbulas a casi todos los niños de Aubagne y siendo diestro en el uso de cuchillos, para horror de su madre y orgullo de su tío. Era pequeño en estatura, pero eso no era impedimento para que el chicuelo de inexpresivos ojos grises y rictus amargo hiciera que todos corrieran a sus casas despavoridos.

Y mientras Levi se la pasaba intimidando a todo ser de su edad a puño limpio y Zeke andaba de punta en blanco por la vida cual príncipe de carácter trágico y delicado, la pequeña Petra Ral hacía las veces de cable a tierra para ambos niños, y de la misma manera era el punto de unión entre esas dos personitas tan diferentes entre sí. Petra era la hija menor de Pierre y Manon Ral, después de Moblit y Farlan, y con su corta cabellera pelirroja y sus ojos como un par de soles, la pequeña era dueña de una belleza y una dulzura sólo comparables a las de su propia madre, quien en sus años mozos era la muchacha más admirada de Aubagne, a tal punto que hasta un joven Kenny Ackerman sentía que su corazón se desbocaba al verla, incluso planteándose el matrimonio. Mayúsculo fue su ataque de ira cuando Manon se casó con Pierre Ral, pasando a odiarla automáticamente.

Pierre Ral era una gran piedra en el zapato para Kenny Ackerman. Pierre Ral era el propietario de Romarins, la modesta hacienda que obsesionaba a Kenny como si de un tesoro se tratase.

Había llegado hacía unos años a Aubagne, al morir el último dueño de Romarins y tío suyo, y siendo el heredero del lugar. Pierre Ral no tenía nada que ver con la agricultura en ese entonces, el joven era profesor de Matemáticas en Marsella y llevaba una vida bastante simple y justa, hasta que lo contactaron para comunicarle que su tío Yves había muerto y le había legado Romarins, con lo que decidió mudarse allí a empezar una nueva vida haciéndose cargo de la finca, que producía no sólo todo tipos de vegetales y criaba cabras: también Yves Ral se había dedicado al cultivo de lavandas. Lavandas que apenas necesitaban cuidados, ya que los campos de cultivo se encontraban a la vera del manantial que estaba entre unas colinas y que también era parte de las propiedades de Pierre.

Allí, en ese mismo manantial donde conoció a la pastorcilla Manon Langnar, apodada "la bella", quien lo enamoró con sus maneras delicadas, su larga cortina de cabello pelirrojo y sus ojos amielados y gentiles.

Pierre Ral era una gran piedra en el zapato de Kenny Ackerman. Era el propietario de Romarins, y también del corazón de la bella Manon.